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ecología – Bichos de Campo http://wi631525.ferozo.com .:: Periodismo que pica ::. Tue, 02 Mar 2021 16:52:26 +0000 es-AR hourly 1 https://wordpress.org/?v=5.8.13 http://wi631525.ferozo.com /wp-content/uploads/2018/06/cropped-mosca-32x32.png ecología – Bichos de Campo http://wi631525.ferozo.com 32 32 Marcelo Viñas es biólogo y documentalista: “Desmontar un bosque milenario para cultivar soja es un acto abominable que sólo tiene sentido en una sociedad alienada” http://wi631525.ferozo.com/marcelo-vinas-es-biologo-y-documentalista-desmontar-un-bosque-milenario-para-cultivar-soja-es-un-acto-abominable-que-solo-tiene-sentido-en-una-sociedad-alienada/ Tue, 02 Mar 2021 16:52:26 +0000 https://bichosdecampo.com/?p=60087 Marcelo Viñas es biólogo y desde su productora Timbó Films se dedica a realizar documentales sobre naturaleza, conservación y sobre la relación con la sociedad, por eso muchas veces reciben la denominación de “documentales ecosociales”. Y en este tema hay algo que le preocupa especialmente: el suelo. -¿Por qué? -Siempre me preocupó la ausencia del […]

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Marcelo Viñas es biólogo y desde su productora Timbó Films se dedica a realizar documentales sobre naturaleza, conservación y sobre la relación con la sociedad, por eso muchas veces reciben la denominación de “documentales ecosociales”. Y en este tema hay algo que le preocupa especialmente: el suelo.

-¿Por qué?

-Siempre me preocupó la ausencia del tema suelo en las agendas de las organizaciones ambientales o conservacionistas porque para mí el suelo no es sólo una parte más de un ecosistema. Hay un autor, Chris Maser, que propone verlo como una placenta, como una matriz donde ocurren los intercambios que hacen posible que las plantas se expresen por encima de la superficie, sirviendo de contexto para que el resto de los integrantes del ecosistema puedan vivir y reproducirse. Cuando vemos un bosque o un pastizal lo que vemos es la expresión de ese suelo en ese clima, con esa historia evolutiva.  Además el suelo en sí mismo es el ecosistema terrestre con mayor biodiversidad: en un gramo puede haber mil millones de bacterias y hongos de un millón de especies diferentes (además de cientos de ácaros y nematodos, entre otros).

-¿La degradación de los suelos es “el” tema?

-Sí. Cuando analizamos un poco la agricultura industrial que se hace en la Argentina y en gran parte del mundo, una agricultura que busca producir bienes comerciables (y no alimento para humanos) y que toma el suelo como un mero soporte físico para los cultivos, es evidente que estamos pasando por alto esta dimensión ecológica de los suelos y que el principal problema ambiental de nuestro país es la degradación de los suelos.

-¿Hay cifras?

-Claro, y están reflejadas en el informe del Ipbes (Plataforma Intergubernamental sobre Diversidad Biológica y Servicios Ecosistémicos, impulsada por las Naciones Unidas), que señala que el 40% de las tierras del mundo se usan en actividades agrícolas y más de la mitad está severamente degradada.  La Argentina no es la excepción: el 40% de la Patagonia está directamente desertificada y otro 40% tiene problemas gravísimos de erosión. Los suelos agrícolas de la región pampeana perdieron más del 50% de su materia orgánica y la mayor parte de su fósforo, y en menos de 20 años se desmontaron 7 millones de hectáreas de bosques chaqueños para hacer monocultivos. Como si esto fuera poco, la meta actual es llegar a los 200 millones de toneladas de granos. ¿De dónde van a salir las tierras para llegar a esa meta?  ¿Con qué tecnología se van a gestionar? ¿Hay espacio para implementar masivamente sistemas agrícolas menos destructivos? Es hora de que la sociedad comience a pensar su futuro en términos de uso del suelo.  Por eso cuando puedo trato de incluir este tema en mis documentales.

-Se habla de que el urbanita no tiene idea de lo que se hace en el campo. ¿A qué cree que se debe? ¿Ocurre lo mismo con los temas ambientales? 

-Las personas vivimos en un contexto que nos posibilita vivir, comunicarnos y tener relaciones sociales.  Cuando toda o casi toda la vida de una persona transcurre en una ciudad, a nivel perceptivo es la ciudad la que provee esos insumos que forman el contexto vital que necesitamos.  Es muy difícil o imposible extender ese contexto más allá de lo que conocemos cotidianamente, por eso hay una limitación sensorial para reconocer nuestra inevitable dependencia de la naturaleza.

-Usted también sostiene que ni ese urbanita ni la gente de los pueblos perciben su realidad biológica. ¿A qué se refiere?

-Nuestra realidad biológica es muy fácil de comprender cuando no tenemos comida o aire, o agua porque toda la cultura pierde valor si nos quedamos sin esos recursos. Nacemos primates y siempre somos primates antes que nada, y luego somos primates culturales, y tenemos inteligencia pero no somos los únicos animales capaces de desarrollar tradiciones y por supuesto que no somos los únicos animales inteligentes en el Planeta.

-¿Cómo que nacemos primates y siempre somos primates?

-Es que todo ser humano nace cazador-recolector y por la imposición, a veces violenta, de una enorme cantidad de pautas culturales, somos compelidos a ser habitantes de ciudades y agricultores sedentarios.  Cuando éramos humanos coexistiendo con el resto de la naturaleza, tomando de ella sólo lo necesario (mucho antes de la aparición de la agricultura) todo ese entorno vital en el que desarrollábamos nuestra vida estaba atravesado por la biodiversidad, por el paso de las estaciones, por la lluvia, el viento, el sol.  Así evolucionamos desde hace más de 2 millones y medio de años y como Homo sapiens desde hace unos 300 mil años.

-¿Usted está diciendo que en el interior de cada uno de nosotros vive un cazador-recolector?

-Así es. Somos un ser que añora visceralmente estar en la naturaleza, ver el sol, sentir los perfumes, la brisa, el sonido del agua… pero somos ignorantes de nuestra dimensión evolutiva y ecológica.  A los Estados les lleva décadas adoctrinar a los ciudadanos y alfabetizarlos para que se acomoden a la vida sedentaria, citadina, para hacernos creer que la cultura, el trabajo, es lo único importante y que el campo es un lugar que hay que colonizar y despojar de alimañas. Esa es la base de la gran estafa del antropocentrismo: la idea de que el ser humano tiene derechos especiales con respecto a las otras formas de vida con las que comparte el Planeta.  Hoy están dadas las condiciones para que esas ideas nos lleven rápidamente al colapso de nuestra sociedad porque el Planeta no lo puede soportar.

-¿Qué hacemos entonces?

-En virtud de la crisis de extinción y el cambio climático, si queremos tener una oportunidad como humanidad y que nuestros hijos tengan un futuro, debemos comenzar a “analfabetizarnos” de antropocentrismo para dejar de ser ignorantes de esa dimensión ecológica nuestra.  Si hay alguna oportunidad para iniciar un camino de restauración ambiental para que la humanidad tenga un futuro, como dice el ecólogo Paul Shepard, vendrá de la mano de reconocer ese ser humano ancestral que todavía está intacto en cada uno de nosotros.

-Retomando la idea anterior, ¿acaso los humanos no somos especiales? ¿No tenemos cosas que otros seres no tienen, como la cultura? 

-Soy ateo. Creo que la religión monoteísta es uno de los inventos humanos más mortíferos.  En nombre de dios se destruyeron culturas y se arrasaron ecosistemas; en nombre de dios se cometen los actos más aberrantes. Desmontar un bosque milenario para cultivar soja es un acto abominable que sólo tiene sentido en una sociedad alienada y basada en la religión del dinero. Cuando un agricultor o el gerente de una corporación deciden sacrificar un ambiente integrado por miles de especies y producto de millones de años de evolución para promover el crecimiento personal o empresario, están actuando bajo la premisa de que las necesidades humanas justifican cualquier tipo de abuso sobre el ambiente.

-Pero no me ha respondido: ¿está seguro de que no somos especiales, superiores?

-Es que la idea de que el humano es superior al resto es una idea religiosa, incompatible con el conocimiento científico desarrollado en los últimos 200 años. El escritor Jerry Mander sostiene que la premisa central de la sociedad tecnológica es que el sometimiento de la naturaleza y de los pueblos indígenas constituye una virtud. Y esto es posible gracias al siguiente razonamiento: que nuestra sociedad representa la expresión más perfecta de la evolución.

-No parece que estemos en ese estado…

-Y… a la luz de lo que hacemos con el Planeta, nuestra sociedad está lejos de ser la expresión de cualquier tipo de perfección.  Sin duda existen elementos sagrados en la humanidad, en el reconocimiento de otras personas y en la vinculación con todo lo viviente, pero eso no necesita de una religión que lo administre y lo ponga a su servicio. Por otra parte, claro que somos singulares como especie porque tenemos cosas que otras especies no tienen… ¡así como otras especies tienen cosas que nosotros no tenemos!  Ser humano es ser parte de la naturaleza.

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Qué buena idea: Investigaron las propiedades del bambú y crearon sorbetes ecológicos para reducir los deshechos plásticos http://wi631525.ferozo.com/que-buena-idea-investigaron-las-propiedades-del-bambu-y-crearon-sorbetes-ecologicos-para-reducir-los-deshechos-plasticos/ Mon, 08 Feb 2021 14:57:45 +0000 https://bichosdecampo.com/?p=58266 Constanza y Federico se fueron de vacaciones a Uruguay en enero de 2020 y regresaron al país con un emprendimiento entre sus manos. No fue hasta que encontraron unos sorbetes muy rudimentarios, fabricados una década atrás de forma artesanal por la familia de Federico, que esta joven pareja se preguntó: ¿Qué onda con el bambú? […]

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Constanza y Federico se fueron de vacaciones a Uruguay en enero de 2020 y regresaron al país con un emprendimiento entre sus manos. No fue hasta que encontraron unos sorbetes muy rudimentarios, fabricados una década atrás de forma artesanal por la familia de Federico, que esta joven pareja se preguntó: ¿Qué onda con el bambú? Allí comenzó a germinar la semilla de un proyecto ecológico y sostenible: Sorbentables.

Se trata de una iniciativa que busca disminuir el uso de sorbetes plásticos descartables para emplear, en cambio, a la caña de bambú como materia prima alternativa. Y la idea no pudo tener mejor “timing” porque mientras la pareja investigaba las formas de trabajar con esa planta en su taller localizado en Tortuguitas, en la ciudad de Buenos Aires y parte de la Costa argentina se implementaba la prohibición para el expendio de sorbetes plásticos de un solo uso.

“En la Argentina se sabe muy poco del bambú. Se piensa que hay pocas especies, pero hay más de mil. Empezamos a investigar y a ver cómo perfeccionar el producto”, contó Constanza Ávila Testa a Bichos de Campo.

Internet les permitió conocer emprendimientos similares en otros países y los cultivos de bambú de la familia de Federico –en la provincia de Buenos Aires- les garantizaron suficientes recursos para hacer las pruebas necesarias.

Los primeros modelos se hicieron a partir de una caña plana. Si bien tuvieron un buen recibimiento en el mercado, a Constanza no le convencía la forma. La idea era que fueran lo más parecido posible a los descartables, para que las personas se acostumbraran rápidamente. Por eso cuando identificaron ciertas cañas con forma redonda, dirigieron todos sus esfuerzos a trabajar únicamente con ellas.

“Haber encontrado la caña redonda fue espectacular. Estamos analizando en un futuro hacer mayores cultivos solamente de esa caña”, aseguró Constanza. Pero lo cierto es que el cultivo de bambú puede demorar hasta siete años en crecer. Eso sí, cuando lo hace tiene una tasa de crecimiento diario muy importante, llegando a estirarse casi un metro por día.

Por este motivo, no se corta al bambú de raíz, sino que podan algunas de sus ramas (sólo aquellas con el grosor justo para que no se quiebren durante su manipulación). Por caña se pueden obtener entre cinco y ocho sorbetes, de acuerdo al largo en que se corten. Sorbentables ofrece sorbetes de 15 y 20 centímetros, siendo más popular el de 20.

Una vez que la caña ingresa en el taller, se remueve la cáscara externa y se procede con el fraccionamiento. Luego del proceso de esterilización, que no emplea ningún producto químico, se las deja secar al sol. Al no hacer uso de ninguna máquina (para reducir la huella de carbono) y preservar el material, este proceso puede demorar entre dos y tres días, dependiendo del clima.

Pasado ese tiempo se pulen los sorbetes por dentro y por fuera, usando cepillos de cerdas naturales. Eso no sólo les otorga brillo y suavidad, sino que impide que queden astillas.

El último paso consiste en el grabado de las piezas con el logo del proyecto. Esto se hace a partir de un láser que quema la caña, evitando así el uso de tintas. En cuanto a los deshechos de todo el proceso, Constanza y Federico se encargan de compostarlos y usarlos en su huerta.

 

Los sorbetes se pueden comprar por unidad o en kits junto a un cepillo y bolsa de tela para transportarlos. Aunque la experiencia les ha demostrado que con buenos cuidados pueden llegar a durar una década, desde Sorbentables sugieren usarlos en un lapso de hasta 18 meses y hacer una limpieza regular con agua y vinagre.

El precio sugerido al público es de $98 y ya está a la venta en Buenos Aires, Santa Fe, Chubut, Mendoza y Tierra del Fuego. Son distribuidos también por la cadena The Food Market y pronto estarán disponibles en una de las cadenas de cafeterías más importantes del país.

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Entrevista con Fernando Andrade: El flamante “Investigador de la Nación” afirma que se puede producir mucho y ser sustentable al mismo tiempo http://wi631525.ferozo.com/entrevista-con-fernando-andrade-el-flamante-investigador-de-la-nacion-afirma-que-se-puede-producir-mucho-y-ser-sustentable-al-mismo-tiempo/ Fri, 25 Dec 2020 13:58:51 +0000 https://bichosdecampo.com/?p=54399 Fernando Andrade aún no se recupera de la sorpresa que fue recibir la distinción “Investigador de la Nación Argentina” y del reconocimiento que le siguió de parte de sus colegas y todo su alumnado. Se podría decir que entre todos sus abultados títulos –investigador principal del CONICET, profesor titular de la cátedra de Ecofisiología de […]

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Fernando Andrade aún no se recupera de la sorpresa que fue recibir la distinción “Investigador de la Nación Argentina” y del reconocimiento que le siguió de parte de sus colegas y todo su alumnado. Se podría decir que entre todos sus abultados títulos –investigador principal del CONICET, profesor titular de la cátedra de Ecofisiología de Cultivos y coordinador nacional del Área Estratégica de Ecofisiología Vegetal del INTA- “lo más preciado de su vida profesional”, como le gusta decir, es acompañar a todos sus entusiastas alumnos.

Como ecofisiólogo, distinguido por aportar nuevos conocimientos y desarrollar innovaciones con impacto social, Andrade estudia el funcionamiento de los cultivos y su interacción con el ambiente. Al entender cómo crecen, cómo se determina el rendimiento y su fisiología vegetal, es posible adaptar las prácticas de manejo, aumentar la eficiencia y reducir el impacto ambiental.

Los estudios que realizó con su grupo durante los albores de la producción sojera, en el sur de la provincia de Buenos Aires, lo transformaron en una suerte de guía para el sector. “Cuando mi equipo empezó a trabajar allí se veía que no era una zona muy apta. Nuestras experimentaciones empezaron a demostrar que con ciertos ajustes la soja podía andar: la manera en que se la sembraba, espaciamiento entre hileras, densidad, etcétera. Por suerte en los últimos años estamos yendo hacia sistemas más diversos, con mas gramíneas en la rotación”, recordó, satisfecho.

Mirá la entrevista completa a Fernando Andrade:

Haber rechazado varias ofertas para trabajar en el sector privado, incluso en el exterior, hoy lo reconforta y le permite volcarse de lleno a la docencia y la investigación. Algo de este interés quedó plasmado en su participación en el Proyecto 10 de Balcarce, una iniciativa solidaria que arrancó en medio de la crisis de 2001 y que sigue funcionando y se encarga de acompañar a estudiantes con potencial académico.

Ante la pregunta por el rumbo ambiental que ha tomado la agricultura argentina, Andrade aseguró que el aumento en la demanda de alimentos por el crecimiento poblacional a nivel mundial, representa una gran oportunidad para el país, pero también una gran responsabilidad de cumplir con los esquemas de la sostenibilidad.

Ver también: ¿Quién es Fernando Andrade? El investigador del INTA Balcarce que es distinguido por el Presidente y celebrado por sus propios alumnos

“Todos los aumentos de producción en el mundo vienen acoplados con un impacto ambiental de distinta índole. Argentina tiene una de las regiones más ricas del mundo para producir alimentos. Es una gran oportunidad pero hay que darle también un valor agregado”, reflexionó.

-¿Es posible ser sustentable y a la vez intensivo?

-Es posible en la medida en que se hagan buenas rotaciones, se apliquen buenas prácticas, principios ecológicos y ecofisiológicos para una producción sostenible. Cada vez hay más científicos en el mundo que aceptan que es totalmente compatible el concepto de la intensificación con el de la sostenibilidad. Hay que ir en contra de la tecnología pura de insumos. Tenemos que usar los insumos cuando son necesarios, pero tratar de ir sustituyéndolos con tecnologías de conocimientos y procesos, que hagan un uso más eficiente de los recursos e insumos.

Frente a ese pensamiento, para Andrade esta tarea es indisociable del trabajo colaborativo entre actores. “El modelo interactivo de innovación se nutre de la sinergia entre distintas visiones, actores y disciplinas. En mi experiencia, cuando abordamos temas junto con los productores, junto con profesionales del campo, cuando hay empresas, ese sinergismo genera muchos mejores resultados que la suma de los efectos individuales”, sostuvo.

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Los padres de la agroecología: “Esta es una ciencia, debe ser objetiva y estar más allá de la discusión ideológica”, reclama Eduardo Requesens http://wi631525.ferozo.com/los-padres-de-la-agroecologia-esta-es-una-ciencia-debe-ser-objetiva-y-estar-mas-alla-de-la-discusion-ideologica-reclama-eduardo-requesens/ http://wi631525.ferozo.com/los-padres-de-la-agroecologia-esta-es-una-ciencia-debe-ser-objetiva-y-estar-mas-alla-de-la-discusion-ideologica-reclama-eduardo-requesens/#comments Thu, 08 Oct 2020 12:25:16 +0000 https://bichosdecampo.com/?p=48781 Eduardo Requesens es docente y titular de la cátedra de Agroecología de la facultad de Agronomía de la Universidad del Centro (UNICEN) desde 2005, hace quince años. Pero desde cinco años antes comenzó a transitar entre este modelo agrícola que, según su mirada, se plantea como “el más acorde para conservar el ambiente”. De todos […]

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Eduardo Requesens es docente y titular de la cátedra de Agroecología de la facultad de Agronomía de la Universidad del Centro (UNICEN) desde 2005, hace quince años. Pero desde cinco años antes comenzó a transitar entre este modelo agrícola que, según su mirada, se plantea como “el más acorde para conservar el ambiente”.

De todos modos, Eduardo advirtió que se está ideologizando demasiado el debate público en torno a la agroecología. “Hay que tratar de bajar los decibeles de discusión para entendernos un poco mejor. No queremos que la agroecología sirva como excusa de una nueva grieta en el país. Hay que trabajar mucho para evitar que eso suceda”, dijo a Bichos de Campo.

Requesens declaró que “se la está asociando a determinados posicionamientos ideológicos, y la verdad es que una ciencia debe ser objetiva y estar más allá de la discusión ideológica. También se la redujo mucho a la problemática de pequeños productores, cuando en realidad tiene propuestas para todas las tipologías de productores, no sólo los chicos”.

“La agroecología es una disciplina científica, es una síntesis entre la agronomía y la ecología, que son las dos ciencias madres sobre la cual se basa. No podemos tergiversar sus verdaderos alcances. No hay cinco agroecologías. Tenemos que ser coherentes porque es muy común que se la asocie con modos de vida, cuando desde lo científico, es otra cosa”, argumentó.

Mirá la entrevista completa a Eduardo Requesens:

Por cierto, a la agroecología se la suele asociar con conceptos como la “soberanía alimentaria” o a la producción de bolsones de verduras de pequeños productores que llegan a mercados de cercanía. Pero Requesens manifestó que “la agroecología también tiene propuestas para los productores extensivos de mediano o gran tamaño, porque los principios básicos son los mismos, pero las aplicaciones varían de acuerdo a la tipología del productor”.

Lo cierto que todo nace en la crisis de la llamada Revolución Verde, que buscó enfrentar la demanda creciente de alimentos con tecnologías nuevas, fundamentalmente en semillas, agroquímicos y fertilizantes. Requesens explicó que ese proceso, iniciado hace unas seis décadas, “tuvo una serie de anomalías que se acumularon a lo largo del tiempo, como la degradación del suelo y la pérdida de biodiversidad”.

“Los que abordamos la agroecología hace años lo venimos notando, y ahora esto tomó estado público y cada vez más gente se da cuenta”, celebró el docente.

Uno de los principios básicos de la agroecología, de acuerdo a Requesens, es “la biodiversificación”. Esto significa “pasar de sistemas con pocas especies o con tendencia al monocultivo a sistemas mucho más diversificados. Por ende, no se aplica solo a productores chicos de productos hortícolas de venta local” sino que también debería implementarse a gran escala, en la agricultura extensiva.

“La agroecología es mucho más que el mero hecho de quitar agroquímicos de un sistema. Si, por ejemplo, te dedicás al monocultivo de soja bajo esquema convencional, y querés pasar a un sistema orgánico, lo único que debés hacer es quitar los agroquímicos, pero eso no quiere decir que pases a un sistema de base agrecológica, porque no tiene diversidad”, desarrolló.

Los padres de la agroecología: Eduardo Cerdá, el flamante director nacional, afirma que “no es lógico que el 70% de nuestra superficie agrícola sea ocupada por dos cultivos”

 

Sin embargo, Requesens aclaró que “la adopción de la agroecología no es algo que se de de un día para el otro. Hay cada vez más productores que evalúan entrar en un proceso de transición, pero el cambio de un modelo a otro necesita tiempo”.

“Es un proceso, porque para reemplazar una agricultura de altos insumos, se requiere de una preparación del sistema para que este pueda defenderse solo. Implica pasar de uso de insumos a usar tecnologías de procesos”, indicó.

-¿Y se prenden los productores?

-En Azul ya tenemos algunas experiencias agroecológicas, con profesionales que están empujando mucho; incluso estamos viendo de armar una unidad de base agroecológica demostrativa, para que el resto de los productores tenga un espejo en el cual poder mirar y comparar.

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Manuel Otero picante: Puso reparos a los mercados de cercanía y criticó las restricciones que imponen las provincias http://wi631525.ferozo.com/manuel-otero-picante-puso-reparos-a-los-mercados-de-cercania-y-critico-las-restricciones-que-imponen-las-provincias/ Wed, 30 Sep 2020 20:16:00 +0000 https://bichosdecampo.com/?p=48475 Manuel Otero, el director general del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), es el argentino mejor posicionado en los organismos multilaterales en estos momentos. Participó este miércoles de una nueva edición de “Diálogos sobre el Futuro de la Agricultura”, un ciclo organizado por Bayer Crop Science. El objetivo de la charla era discutir […]

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Manuel Otero, el director general del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA), es el argentino mejor posicionado en los organismos multilaterales en estos momentos. Participó este miércoles de una nueva edición de “Diálogos sobre el Futuro de la Agricultura”, un ciclo organizado por Bayer Crop Science. El objetivo de la charla era discutir cómo implementar sistemas de alimentación más sustentables, una necesidad que quedó en evidencia con el inicio de la pandemia. Y allí el alto funcionario dejó un par de definiciones para la polémica.

No es noticia que Bayer, principal proveedora de insumos y tecnologías agrícolas del mundo, viene alentando la aplicación de practicas más sustentables y esto quedó a la vista en el último congreso de Aapresid, donde anunció que comenzaría a “recompensar” a los productores que logren una agricultura que permita la captura de gases de efecto invernadero. Pero en el caso de este ciclo de debates, la empresa buscó abocarse a la problemática mundial de producción y acceso de alimentos. El encuentro tuvo como ejes centrales el desperdicio de alimentos –que según estimaciones de la FAO llega al tercio de la producción total global-, el rol de las nuevas tecnologías en la ecología y los retos a enfrentar para lograr sostenibilidad.

Uno de los temas más discutidos fue la compra local de productos, que es una política que se suele propiciar desde el Ministerio de Agricultura y el INTA, a veces en desmedro de otras opciones comerciales. Las “ventas de cercanía” son además uno de los caballitos de batalla de la agroecología. Desde este concepto, los consumos de cercanía representan ventajas sustentables en tanto que disminuyen la contaminación generada por el transporte pesado y porque permiten dinamizar economías locales.

Sin embargo, desde el punto de vista del sistema global de comercio actual, que permite el envío de productos frescos de punto a punto comunicando continentes, Manuel Otero remarcó que la localía representa un gran reto para la agroindustria.

¿Qué son los Grupos de Abastecimiento Local (GAL)? Nos lo explica Gabriela Pretto, que coordina a varios productores agroecológicos en Colón

“Hay quienes creen que sólo se debe consumir lo que se produce localmente. Esto creo que ignora muchos desarrollos por los que han pasado los agricultores. Se dice que menos de una tercera parte de la población mundial podría satisfacer su necesidad de comida a nivel local. La verdura fresca por ejemplo es imposible conseguirla en el hemisferio norte con el frio. El comercio internacional tiene más ventajas que desventajas”, señaló el titular del IICA, que remarcó que hay gran desconocimiento sobre cómo llega la comida a la mesa y lo que implica la cadena de suministros.

Se discutió además cómo el acceso a las tecnologías está logrando colmar el hueco entre lo rural y lo urbano, y está logrando fomentar la producción desde una visión ecológica. Los panelistas considerador que hacia el futuro, es posible que estas tendencias conlleven a un equilibrio entre la producción local y la internacional.

Hacia el final del encuentro, una pregunta de uno de los asistentes trajo la problemática argentina a la mesa: ¿Cómo se debe enfrentar la falta de acceso a las provincias por la pandemia? Sucedió cuando se registran protestas de productores en todas la s provincias límitrofes a San Luis por las restricciones que el gobierno provincial ha impuesto al movimiento de personas, incluso de actividades esenciales.

Allí el expositor argentino fue tajante: “Lo peor que podemos hacer es tomar medidas proteccionistas. El gobierno federal tendría que aplicar medidas reguladoras para permitir que los insumos más importantes y las personas puedan ir de una provincia a otra. Tenemos que promover el sistema de certificaciones, protocolos, respetar y aplicar las BPA. Lo mismo vale también para las restricciones de país a país”, enfatizó.

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Agroecología, Agricultura Orgánica y Buenas Prácticas: Para Eduardo Requesens, la confusión es grande y hay que “desensillar hasta que aclare” http://wi631525.ferozo.com/agroecologia-agricultura-organica-y-buenas-practicas-para-eduardo-requesens-la-confusion-es-grande-y-hay-que-desensillar-hasta-que-aclare/ http://wi631525.ferozo.com/agroecologia-agricultura-organica-y-buenas-practicas-para-eduardo-requesens-la-confusion-es-grande-y-hay-que-desensillar-hasta-que-aclare/#comments Thu, 24 Sep 2020 14:59:24 +0000 https://bichosdecampo.com/?p=48110 Este artículo fue escrito por el ingeniero agrónomo (MSc) Eduardo Requesens, quien se desempeña como profesor de Agroecología en la Facultad de Agronomía de la Universidad Nacional del Centro (UNICEN). Originariamente, la Agroecología surge como una disciplina científica que, como su nombre lo indica, tiene raíces en la Ecología y en la Agronomía como ciencias madres. […]

La entrada Agroecología, Agricultura Orgánica y Buenas Prácticas: Para Eduardo Requesens, la confusión es grande y hay que “desensillar hasta que aclare” se publicó primero en Bichos de Campo.

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Este artículo fue escrito por el ingeniero agrónomo (MSc) Eduardo Requesens, quien se desempeña como profesor de Agroecología en la Facultad de Agronomía de la Universidad Nacional del Centro (UNICEN).

Originariamente, la Agroecología surge como una disciplina científica que, como su nombre lo indica, tiene raíces en la Ecología y en la Agronomía como ciencias madres. Pero en la actualidad, se ha convertido en un concepto polisémico cuya interpretación está condicionada por el ámbito y las motivaciones a partir de las cuales es abordada.

A los diferentes significados que ha adoptado el término Agroecología, debe sumarse también la existencia de interpretaciones similares para términos diferentes. Todo ello genera confusión y dificulta la comunicación entre los diferentes actores del sector agropecuario (científicos, profesionales y productores) y entre éstos con los ámbitos de decisión política y el resto de la sociedad.

En este contexto, este artículo pretende hacer un aporte para esclarecer algunas de las confusiones más frecuentes, como las que involucran a los términos Agroecología, Agricultura Orgánica y Buenas Prácticas Agrícolas.

¿Qué se entiende por Agroecología y cuáles son sus alcances?

Una manera de reducir el nivel de confusión cuando nos referimos a la Agroecología, es definir previamente desde qué perspectiva o en qué contexto vamos a utilizar este término. Así, por ejemplo, desde la perspectiva académico-científica, la Agroecología es considerada una “disciplina que utiliza los conocimientos de la Ecología para aplicarlos al estudio, diseño, manejo y gestión de los sistemas productivos, con miras a mejorar la sustentabilidad del sector agropecuario”.

Esta definición ubica el centro de acción de la Agroecología en el propio sistema de producción y su contexto ambiental. A partir de ello, es posible desarrollar modelos productivos alternativos a la agricultura convencional, capaces de compatibilizar los intereses económicos del sector agropecuario con los límites que impone el medio ambiente y producir alimentos sanos para satisfacer las necesidades de la población humana.

Ahora bien, cuando el concepto de Agroecología trasciende los ámbitos de la propia disciplina, suele nutrirse de una serie de nuevas consideraciones que no necesariamente aportan a su desarrollo. En algunos casos, por el contrario, se transforman en intentos de apropiación que terminan limitando sus verdaderos alcances.

Así, por ejemplo, se la suele asociar a determinados posicionamientos dentro del espectro ideológico y ello, lamentablemente, conduce a una internalización de la grieta que domina la escena nacional desde hace algunos años. De esto se deriva, a su vez, un intento de encasillamiento socio-cultural de la Agroecología que restringe sus aplicaciones a determinadas modos o estilos de vida, o a determinadas tipologías de productores, particularmente los productores pequeños y de escasos recursos. Por supuesto, estas situaciones merecen ser abordadas y atendidas por la Agroecología, pero no de manera excluyente.

Marcelo Torres, de Aapresid, no evita el debate sobre la agroecología: “Somos un país pobre y no podemos darnos el lujo de tener sistemas de muy baja productividad”

Volviendo a su definición original, la “aplicación de los conocimientos de la Ecología al estudio, diseño, manejo y gestión de los sistemas productivos, con miras a mejorar la sustentabilidad del sector agropecuario” alcanza a todos los tipos de productores, no discrimina por ideología, modo de vida, clase social o cultura. Sus principios fundamentales son aplicables a todos ellos y la verdadera importancia de considerar la dimensión socio-cultural radica en que permite adaptar las propuestas tecnológicas y las metodologías de trabajo a una diversidad de situaciones muchas veces contrastantes en cuanto a tamaño y perfil empresarial, tipo de producción, condición económica, tradiciones, etc.

Por ejemplo, los procesos de transición agroecológica aplicados en pequeños productores intensivos de hortalizas, o aplicados en medianos/grandes productores extensivos de “commodities”, sin dudas requieren abordajes y estrategias particulares aunque las bases científico-tecnológicas de la Agroecología son las mismas para ambos casos.

La transición agroecológica requiere comprender sus fundamentos teóricos

Para poder reconocer claramente cuáles son las deficiencias del modelo agrícola convencional y cómo podemos resolverlas, es indispensable entender en primer lugar cómo funciona la naturaleza. Ello implica que para abordar la Agroecología en profundidad, necesariamente hay que transitar previamente por la Ecología como ciencia madre, la cual nos aporta los fundamentos teóricos y metodológicos para el cambio de modelo productivo. En ese sentido, un aspecto fundamental a considerar es que los sistemas agrícolas, tanto intensivos como extensivos, poseen todos los elementos estructurales y funcionales para ser considerados verdaderos ecosistemas. En Agroecología se los denomina “agroecosistemas”.

Sin embargo, existen profundas diferencias si comparamos los agroecosistemas que se encuadran en el modelo convencional con respecto a los ecosistemas naturales. Estos últimos se desarrollan hasta alcanzar un estado de madurez donde mantienen la máxima biodiversidad compatible con las condiciones ambientales del lugar. Ello les permite aprovechar de manera integral y eficiente los recursos disponibles y mantener equilibrados todos los procesos naturales (flujo de energía, ciclo de la materia, ciclo del agua, las diferentes interacciones entre organismos, etc.).

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En cambio, desde mediados del siglo pasado, pero fundamentalmente en las últimas décadas, el hombre ha desarrollado una estrategia completamente opuesta para diseñar los sistemas agrícolas. En primer lugar, ha reducido al máximo la biodiversidad para canalizar los recursos utilizados por las plantas (agua, luz y nutrientes) hacia unas pocas especies de interés económico. En segundo lugar, fuerza al sistema para mantenerlo en estados ecológicamente inmaduros, lejos del equilibrio, porque en ese estado se potencia la productividad. Pero, al mismo tiempo, se pierden todos los buenos atributos de los ecosistemas maduros como la protección del suelo o la conservación de nutrientes y, lo más importante, la estabilidad y la resiliencia frente a cambios en el ambiente.

Entonces, el primer paso para desarrollar una agricultura con bases ecológicas es diseñar sistemas productivos que sean capaces de compatibilizar la alta productividad de los estados inmaduros de la naturaleza con los buenos atributos de los estados maduros. Ésta es una tarea compleja pero no imposible.

Se necesita, en primer lugar, aumentar significativamente la biodiversidad de los agroecosistemas. Ello se logra de dos maneras: incrementando la cantidad de especies cultivadas destinadas a cosecha (diversidad planeada) e incorporando cultivos de servicios y corredores biológicos para promover la diversidad funcional (aquella que contribuye al reciclaje y conservación de nutrientes, la protección del suelo, la polinización, el control biológico de plagas, etc.). La biodiversificación de los agroecosistemas es indispensable para promover un reemplazo progresivo de las tecnologías de insumos por tecnologías de procesos, otro aspecto central de la propuesta agroecológica.

¿Es la Agroecología sinónimo de Agricultura Orgánica?

Hay diversas razones por las que, definitivamente, la Agroecología no es sinónimo de Agricultura Orgánica.

En primer lugar, mientras que la Agroecología propicia la biodiversificación y la labranza conservacionista como cuestiones fundamentales, la Agricultura Orgánica admite el monocultivo y la labranza convencional. Así, por ejemplo, si un sistema basado en el monocultivo de soja con tecnología convencional es despojado totalmente de agroquímicos, se convierte en otro monocultivo de soja, en este caso orgánico, pero no en un sistema de base agroecológica. Más aún, con frecuencia la práctica de monocultivos orgánicos responde principalmente a una motivación económica asociada a un precio diferencial de sus granos, más que a un verdadero compromiso socio-ambiental. En concreto, la Agricultura Orgánica resuelve el problema de la contaminación química, pero en ella pueden persistir otros problemas ambientales igualmente importantes como son la degradación de los suelos y la pérdida de biodiversidad.

En segundo lugar, mientras que en la Agricultura Orgánica la ausencia total de agroquímicos es una condición sine qua non, en la propuesta agroecológica constituye una meta a perseguir pero no una condición necesaria.

Luego de ocho años de ensayos, el INTA mostró los resultados económicos de la agroecología

La Agroecología promueve una drástica disminución en la aplicación de agroquímicos y su reemplazo por tecnologías de procesos, pero no prohíbe su uso cuando los mecanismos intrínsecos del agroecosistema resultan insuficientes para controlar el crecimiento poblacional de alguna plaga o para compensar la exportación de algún nutriente en las cosechas.

En el capítulo 2 de su libro “Agroecología: bases teóricas para el diseño y manejo de agroecosistemas sustentables”, el propio presidente de la Sociedad Argentina de Agroecología y de la Sociedad Latinoamericana de Agroecología, Ing. Agr. Santiago Sarandón, lo manifiesta taxativamente cuando responde a la pregunta ¿Qué no es la Agroecología?

¿Es posible combinar ambos enfoques?

Absolutamente, es posible desarrollar un planteo de base agroecológica y alcanzar además la meta de prescindir totalmente de agroquímicos. Pero ello no se logra de un día para el otro.

Una vez reemplazada la labranza convencional por labranza conservacionista y diseñada la diversidad productiva y funcional, se necesita tiempo para que el sistema en transición desarrolle los mecanismos que le permitan resolver intrínsecamente lo que, en el enfoque convencional, se resuelve con labores mecánicas o insumos externos de fabricación industrial.

Por ejemplo, la aplicación de un plaguicida o un fertilizante sintético tiene efectos inmediatos, pero al agroecosistema le lleva mucho tiempo “fabricar” mecanismos de control biológico para mantener las plagas por debajo de los niveles de daño económico, o alcanzar un balance equilibrado entre la provisión y la exportación de nutrientes. La transición, entonces, puede llevar varios años y se necesita paciencia, convicción y perseverancia.

¿Cuál es el rol de las denominadas “Buenas Prácticas Agrícolas”?

Según el Manual de Buenas Prácticas Agrícolas elaborado por Senasa (2010), éstas consisten en “la aplicación del conocimiento disponible a la utilización sostenible de los recursos naturales básicos para la producción, en forma benévola, de productos agrícolas alimentarios y no alimentarios, inocuos y saludables, a la vez que se procura la viabilidad económica y la estabilidad social“.

También propone que “para trabajar utilizando buenas prácticas agrícolas se debe tener en cuenta, entre otras, las siguientes actividades: selección de sitio seguro para la producción, utilización de semillas con identidad y de calidad, preparación conveniente del terreno, manejo de plagas y enfermedades en forma responsable, riego con agua segura y utilización racional de la misma, cosechar respetando normas higiénicas, acondicionamiento y transporte adecuado e higiénico de los productos generados”.

Facundo Alvira rompió con el agronegocio y ahora se dedica a “educar” a quienes quieran transitar hacia la agroecología

Está claro que algunas de estas “buenas prácticas agrícolas”, como aquellas vinculadas a la manipulación y aplicación de plaguicidas y fertilizantes, tienen mayor relevancia en la agricultura convencional de altos insumos. Pero muchas otras no están atadas a un modelo productivo en particular sino que deberían alcanzar a todos ellos.

A modo de ejemplo, las labranzas conservacionistas, la siembra de precisión o la agricultura por ambientes son buenas prácticas que pueden ser aplicadas tanto en los modelos productivos convencionales de altos insumos, como en la agricultura orgánica o en aquella basada en principios agroecológicos.

Consideraciones finales

En los últimos años, la Agroecología ha tomado estado público producto de su circulación por una diversidad de ámbitos como los universitarios, tecnológicos, productivos, culturales, políticos, etc. Las interpretaciones, motivaciones y propósitos con los cuales es abordada pueden ser muy diferentes según estos ámbitos, y aún dentro de cada uno de ellos. Pero, aunque ello genera confusión y muchas veces inseguridad a quienes pretenden transitar por este espacio disciplinario, es un hecho de la realidad que debe ser aceptado a favor del respeto por el disenso y la libertad de opinión.

Sin embargo, cuando nos referimos específicamente a la Agroecología como disciplina científica, no puede existir tanta ambigüedad. Para reconocer y potenciar su relevancia científico-tecnológica es necesario volver a las fuentes, recuperar su sentido original, ubicarla en su hábitat natural (el agroecosistema y su entorno ambiental) y poner el foco de su desarrollo en los aportes que puede hacer para el diseño de sistemas productivos alternativos que permitan superar las anomalías de la agricultura convencional.

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De Piriápolis al mundo: una búsqueda personal que se transformó en negocio sostenible http://wi631525.ferozo.com/de-piriapolis-al-mundo-una-busqueda-personal-que-se-transformo-en-negocio-sostenible/ Wed, 17 Jun 2020 22:48:16 +0000 https://bichosdecampo.com/?p=41743 La Casa del Hornero está localizada en Piriápolis, en una zona semiurbana, a 100 kilómetros de Montevideo y a 40 kilómetros de Punta del Este. Este emprendimiento propone un “turismo vivencial”, que se basa en tener nuevas experiencias relacionadas al hacer o a aprender algo mientras se conoce un destino y se descansa. En este […]

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La Casa del Hornero está localizada en Piriápolis, en una zona semiurbana, a 100 kilómetros de Montevideo y a 40 kilómetros de Punta del Este. Este emprendimiento propone un “turismo vivencial”, que se basa en tener nuevas experiencias relacionadas al hacer o a aprender algo mientras se conoce un destino y se descansa.

En este caso se trata de propuestas para adquirir conocimientos relacionados a la vida saludable y al ambiente a través de talleres de huerta, de construcción natural, de alimentación consciente y de elaboración de proyectos sostenibles, entre otros.

“Nuestro alojamiento está construido con materiales naturales, rescatando saberes ancestrales mediante las distintas técnicas en construcción, con techo vivos, energías renovables y el 100% de reutilización de agua. De esta manera se genera toda una experiencia para los turistas que nos eligen”, dice Natalia Díaz Kopec, ideóloga de La Casa del Hornero.

El proyecto como idea nació en 2012 como una búsqueda personal y profesional de Natalia, que en 2016 participó de un programa del gobierno de Estados Unidos para emprendedores de Latinoamérica y el Caribe. Se postularon 4.000 personas y Natalia quedó seleccionada para realizar un intercambio en las ciudades de Reno, Dallas y Washington. Esta experiencia, más sus viajes por muchos países del mundo, fue la inspiración.

En relación al concepto de “sustentabilidad”, Natalia hace una distinción diciendo que ellos hablan de “sostenibilidad”, un concepto que desarrollan desde lo económico, lo social, lo ambiental y lo cultural, que atraviesa a los anteriores. “Desde el punto de vista económico el emprendimiento funciona como cualquier empresa: tiene que ser rentable, y lo es; estamos en una primera fase donde se han validado distintas unidades de negocio para desarrollar el turismo todo el año y apuntamos a captar mayor capital para las siguientes fases”, explica.

Ya han recibido turistas de todas las partes del mundo. Y aunque vienen de muy lejos, todos buscan lo mismo: conectarse con ellos mismos, estar en paz, tocar el pasto con los pies, despertarse con el sonido de los pájaros (horneros, cardenales, teros, entre otros) y respirar aire puro. Algo tan simple que parece que no puede ser eso solo. Suena a discurso marketinero pero es la pura verdad. ¿Cómo es posible?

“Los recibimos con una cara y se van con otra, renovados, con la sonrisa de ´volveremos´. Nos comentan que aquí encontraron lo que estaban buscando….Y será porque aquí no hay televisor, ni teléfono, pero sí mucho para ver y escuchar”, resume Natalia. “Algunos vienen con sus mascotas, felices de que pueden alojarse con ellas y disfrutar del espacio, hasta los animales se van renovados”.

Actualmente hay una pequeña huerta y han plantado árboles nativos como arazá y guayabo, y también ciruelo y pomelo, que son para el consumo de los huéspedes. La idea es expandir la parte productiva. En cuanto a lo económico, el proyecto también es sostenible en ese aspecto, recalca Natalia, ya que la rentabilidad es indispensable para la captación de inversores, una idea presente desde los inicios.

“Estamos creando la opción de franquicia con La Casa del Hornero, considerando el constante cambio a nivel mundial donde hay que adaptarse para que las organizaciones sigan existiendo, con modelos de negocio que marquen la diferencia”, reflexiona. “Más que nunca el turista busca lo auténtico de cada destino, por eso la tendencia a lo sostenible, consciente y a los espacios naturales no es cuestión de moda sino una necesidad”.

Ahora bien, en estas épocas de cuarentena, donde el turista no llega, ¿qué hacen en La Casa del Hornero? Lanzaron el Programa Brío Uruguay (junto a la embajada de Estados Unidos, el Ministerio de Turismo y el emprendimiento Delishop) que tiene como objetivo brindar herramientas prácticas para potenciar a emprendedores y generar nuevas oportunidades: “Está dirigido a jóvenes entre 16 y 35 años, residentes en Uruguay, que tengan una idea de negocio con foco en el turismo y el tiempo libre, y estén buscando herramientas para hacerla crecer”.

Mientras tanto, Natalia sigue trabajando en la conformación de una red de emprendimientos turísticos sostenibles (alojamientos, guías de naturaleza, artesanías realizadas con materiales reutilizados, circuitos temáticos) en alianza con la Dirección de Turismo de Maldonado, para estar preparados para salir al ruedo cuando el coronavirus sea un recuerdo: “La idea es relanzarnos al mercado con propuestas adaptadas a los visitantes conscientes que más allá de todos los cuidados necesarios que se incorporen a la nueva normalidad, optan por propuestas saludables para sus salidas”.

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Un mundo nuevo: “Si esta pandemia no es refundacional, no habremos aprendido nada”, afirma Jorge Adámoli http://wi631525.ferozo.com/un-mundo-nuevo-si-esta-pandemia-no-es-refundacional-no-habremos-aprendido-nada-afirma-jorge-adamoli/ http://wi631525.ferozo.com/un-mundo-nuevo-si-esta-pandemia-no-es-refundacional-no-habremos-aprendido-nada-afirma-jorge-adamoli/#comments Fri, 08 May 2020 17:51:10 +0000 https://bichosdecampo.com/?p=38570 Jorge Adámoli es ingeniero agrónomo de la Facultad de Agronomía de la UBA muy dedicado durante toda su vida a la ecología. Señala cada vez que tiene oportunidad que “producción y ambiente son la misma cara de una moneda”. Nos lo repitió cuando lo llamamos para que nos ayudara a pensar sobre el mundo pospandemia. […]

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Jorge Adámoli es ingeniero agrónomo de la Facultad de Agronomía de la UBA muy dedicado durante toda su vida a la ecología. Señala cada vez que tiene oportunidad que “producción y ambiente son la misma cara de una moneda”. Nos lo repitió cuando lo llamamos para que nos ayudara a pensar sobre el mundo pospandemia.

“La agricultura y la ecología, no pueden ir por caminos diferentes”, dijo en Bichos de Campo. “Y tenemos mucho por revisar en la forma que producimos”, enfatizó.

Aquí la entrevista completa con Jorge Adámoli:

En medio de la cuarentena por el coronavirus, Adámoli reflexionó sobre el mundo en el que vivimos en tono histórico, como dice apasionarle. “Hace diez años ya Bill Gates dijo que la próxima guerra mundial iba a ser contra una pandemia”, recordó. “Ahora cabe pensar en qué invertimos nuestro dinero y esfuerzo, si en armas o en medicina”, razonó.

Pero Adámoli se mostró optimista hacia el futuro. “Luego del brote de fiebre amarilla en 1871 se generó una transformación muy positiva en el país”, recordó, argumentando que fue el motivo para que se comenzaran a realizar obras de agua y saneamiento en la ciudad de Buenos Aires.

“A partir de ahí la Argentina se transformó en un país próspero, pasando de un país pobre y colonial, con varios cambios institucionales a desarrollarse con el agro como fuerza”, afirmó.

Y se ilusionó: “Esta pandemia tiene que ser refundacional, sino no habremos aprendido nada”.

“Es increíble como la naturaleza se expresó durante la cuarentena: los bichos por las ciudades, el aire es más puro y las vacas son las mismas. Está claro que el desastre viene por el derroche energético del hemisferio norte”, explicó.

En cuanto a la agricultura practicada en los tiempos que corren, Adámoli destacó que se están haciendo cosas bien, que le dan orgullo, pero otras le producen vergüenza.

“Hay que destacar que hace 30 años un grupo de locos cuestionó algo tan arraigado como la remoción de suelos y creó la siembra directa, y somos líderes en el mundo en esta práctica. Y ahora se sigue avanzando en la cuestión sistémica de la agricultura, y aparecen los cultivos de servicio. Todo eso me da orgullo”, mencionó.

Pero remarcó: “Ahora bien, hay otros que erosionan los suelos, pulverizan arriba de las escuelas… esos me dan vergüenza”.

Adámoli volvió a las citas históricas para terminar la entrevista: “Luego de la peste negra, apareció el Renacimiento. Y luego de la segunda guerra, floreció la economía y se fundó Naciones Unidas. Yo soy optimista por naturaleza, haciendo honor a la palabra sapiens que nos acompaña. Y prefiero que así sea, porque los pesimistas no pueden salir a festejar que se corroboró su hipótesis”.

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Metele flores al campo: La Fauba y CREA trabajan en un proyecto para aportar diversidad a los planteos agrícolas http://wi631525.ferozo.com/metele-flores-al-campo-la-fauba-y-crea-trabajan-en-un-proyecto-para-aportar-diversidad-a-los-planteos-agricolas/ http://wi631525.ferozo.com/metele-flores-al-campo-la-fauba-y-crea-trabajan-en-un-proyecto-para-aportar-diversidad-a-los-planteos-agricolas/#comments Fri, 20 Mar 2020 16:15:52 +0000 https://bichosdecampo.com/?p=36105 Cuenta una nota del sitio de divulgación Sobre la Tierra, que en las décadas del ’70 y ’80, las terrazas y las vías vegetadas fueron herramientas de manejo frecuentes en la Pampa Ondulada para controlar la erosión hídrica de los suelos. Luego, al llegar la siembra directa, cayeron en desuso. Dado que la erosión siguió […]

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Cuenta una nota del sitio de divulgación Sobre la Tierra, que en las décadas del ’70 y ’80, las terrazas y las vías vegetadas fueron herramientas de manejo frecuentes en la Pampa Ondulada para controlar la erosión hídrica de los suelos. Luego, al llegar la siembra directa, cayeron en desuso. Dado que la erosión siguió ocurriendo, hoy ambas prácticas volvieron a ser usadas, pero con una particularidad: también sirven como fuente de biodiversidad vegetal y animal.

Un proyecto conjunto entre la UBA y el Consorcio Regional de Experimentación Agropecuaria (CREA) busca, a partir de esas franjas vegetadas, recuperar y valorizar funciones ecológicas en los agroecosistemas, tales como la polinización, y generar protocolos de manejo que los productores puedan aplicar sencillamente.

Santiago Poggio, docente de la cátedra de Producción Vegetal de la Facultad de Agronomía de la UBA (Fauba) y director del proyecto ‘Diseño e Implementación de Instrumentos para Promover la Biodiversidad en Agroecosistemas Pampeanos’, señaló la necesidad de pensar la agricultura más allá de producir alimentos, fibras o biocombustibles.

De ese mismo tema hablamos con el investigador en Bichos de Campo:

“La perspectiva debe ser amplia, ya que los paisajes agrícolas brindan otros beneficios al ser humano. En particular, en áreas no cultivadas, encuentran hábitats plantas y animales silvestres que brindan servicios -desde aumentar la biodiversidad hasta proveer flores melíferas, polinización, control de plagas, refugio de aves, etc-, claves para sostener la productividad de la agricultura”.

“Los primeros resultados experimentales del proyecto los obtuvimos en parcelas pequeñas en la FAUBA. Encontramos una combinación muy satisfactoria de especies forrajeras con flores melíferas: trébol blanco, trébol rojo, tréboles de olor y achicoria. Los resultados preliminares sugieren que este conjunto de especies aumentaría la cantidad de flores ofrecidas y alargaría la oferta estacional. La mezcla posee dos ventajas; la primera es que a esas plantas las visitan muchas abejas e insectos polinizadores, y la segunda es que son especies conocidas por los productores, lo cual, en principio, facilitaría su introducción”, explicó Poggio, quien también es investigador del Conicet.

En este sentido, Santiago añadió que un segundo resultado al que él y sus colaboradores arribaron tras el primer año de experimentación es que, una vez que se comience a llevar esta tecnología a situaciones productivas, para asegurar el establecimiento del conjunto de especies forrajeras de la mencionada mezcla será necesario realizar una única aplicación de herbicidas al inicio. Ello permitirá lograr una supervivencia adecuada de las plantas y una buena oferta de flores melíferas.

Poggio afirmó que este año comenzarán a trabajar a campo con productores de la región CREA-Norte de Buenos Aires para agregar la mencionada mezcla de semillas a las terrazas y franjas vegetadas.

“La condición para que la flora natural más la que se añada pueda establecerse y perdurar en las franjas y terrazas es que los productores se comprometan a no aplicar herbicidas ni insecticidas, tal como lo hacen en las partes cultivadas. Lo ideal es que manejen estas áreas vegetadas con, por ejemplo, cortes periódicos”.

“Aunque parezca mentira, las superficies sin cultivar cubren una proporción considerable de los paisajes agrícolas. Me refiero, por ejemplo, a caminos, banquinas, vías férreas y alambrados. Son espacios menos perturbados donde puede residir una fauna y flora silvestre capaz de brindarle diversos beneficios al ser humano. Puntualmente, me refiero a los llamados servicios ecosistémicos”, sostuvo Santiago.

Ver Otra señal de que los tiempos cambian: Syngenta promueve refugios para polinizadores

Asimismo, agregó: “Cuando hablamos de servicios ecosistémicos, ponemos en el centro a la sociedad, ya que todos usamos productos que vienen de la agricultura o de la naturaleza. Estos servicios tienen que ver con la producción de alimentos, fibras, biocombustibles y bienes. También se relacionan con el soporte de la vida, como en el caso de las comunidades microbianas del suelo, que ayudan a ciclar la materia orgánica y a sostener la fertilidad”.

La polinización es un servicio ecosistémico muy importante que no sólo brinda la abeja melífera, sino también otros insectos nativos. Foto: muyinteresante.com.mx

Poggio también resaltó la importancia de otros servicios clave para la agricultura. “Por ejemplo, si falla la polinización en el cultivo de girasol, que depende de estos insectos, no se cosecharán granos ni se obtendrá aceite. Y podemos también mencionar la regulación de plagas por parte de ciertos insectos benéficos, o de roedores que consumen semillas de malezas, o de sapos y ranas que consumen insectos”.

Ver ¿Qué hace un entomólogo?: Gastón Zubarán nos cuenta para qué sirve estudiar los insectos en el campo

En último lugar, pero no menos importante, el docente mencionó que existen servicios ecosistémicos vinculados con las necesidades recreativas y espirituales de la gente. “Podemos encontrar valores escénicos en un paisaje, ya sea porque tiene sierras o cierto tipo de vegetación, o porque permite avistar aves, practicar la pesca u otros deportes, tomar fotos o hacer un pic-nic. Nuestro proyecto también busca valorizar estos servicios”.

Poggio destacó que entre los productores agropecuarios existe una preocupación por la vegetación de las áreas no cultivadas como fuente potencial de plagas y malezas. Eso los lleva a aplicar en esos espacios los mismos insecticidas y herbicidas que usan en sus lotes. De esta manera, y sin quererlo, se produce la selección de ciertas especies resistentes a esos agroquímicos y una reducción general de la biodiversidad que puede prestar los servicios antes mencionados.

“Si logramos establecer un manejo de la vegetación espontánea que no se base en aplicar herbicidas, ya sea con cortes o con otras herramientas, podemos ver la posibilidad de reintroducir especies que tengan algún interés o atenuar el problema de las malezas. Para implementar un manejo estratégico va a ser necesario trabajar en conjunto con los productores”, aseveró.

Ver Leonardo Galetto, del Conicet: “Hay pocas posibilidades de que la biodiversidad de insectos se mantenga en la soja”

El docente profundizó su explicación agregando que el manejo de la vegetación espontánea sin usar herbicidas es una preocupación actual de los productores cuyos campos están alcanzados por las zonas de exclusión de aplicación de agroquímicos cuando los campos están ubicados cerca de zonas urbanas, áreas pobladas o escuelas rurales.

“Nuestro proyecto está financiado por la UBA y tiene como beneficiario al CREA -comentó Poggio-, con quien ya hemos tenido experiencias previas en proyectos de investigación adaptativa. La propuesta, que presentamos junto con Federico Bert y Ariel Angeli, profesionales del CREA, es generar un protocolo o cuaderno técnico, apoyado por material multimedial, que contenga una serie de lineamientos de fácil aplicación por el productor y que le demanden poco tiempo y recursos”.

“Estamos promediando el primer año del proyecto, poniendo a prueba nuestras ideas. En esas franjas vegetadas —a las que los productores ya no le aplicarán herbicidas— vamos a medir tanto la acumulación de biomasa como ciertas variables ligadas a la erosión hídrica, además de seguir estudiando la dinámica de las comunidades de arañas, que son depredadores de otros insectos, y las de insectos polinizadores… Tal como decía antes, ya tenemos resultados concretos sobre los cuales seguir avanzando con confianza”, cerró

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Carlos Fernández Balboa: “Muchos extranjeros creen que todavía tenemos una pampa para galopar sin límites” http://wi631525.ferozo.com/carlos-fernandez-balboa-muchos-extranjeros-creen-que-todavia-tenemos-una-pampa-para-galopar-sin-limites/ Thu, 27 Feb 2020 14:23:25 +0000 https://bichosdecampo.com/?p=34908 Carlos Fernández Balboa es educador ambiental, museólogo, especialista en patrimonio y en el escritor Guillermo Hudson, considerado el primer ambientalista argentino y cuyas obras retratan una pampa que ya no existe. –¿Puede definir a Hudson en 3 renglones? -Naturalista, ambientalista y humanista argentino. Reconocido como uno de los más importantes escritores de lengua inglesa en […]

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Carlos Fernández Balboa es educador ambiental, museólogo, especialista en patrimonio y en el escritor Guillermo Hudson, considerado el primer ambientalista argentino y cuyas obras retratan una pampa que ya no existe.

¿Puede definir a Hudson en 3 renglones?

-Naturalista, ambientalista y humanista argentino. Reconocido como uno de los más importantes escritores de lengua inglesa en el siglo XX. Y como muchos argentinos célebres, ignorado en su país.

¿Qué diferencia hay entre la pampa que él describía y la actual?

-La parcialización de la tierra a partir del alambrado en 1888; luego la incorporación del ganado y los monocultivos como la soja modificaron todo. Hudson pudo ver una pampa casi virgen donde abundaban los venados y no había límites para galopar.

¿Queda algún lado así hoy?

-El Parque Nacional Campos del Tuyú en Buenos Aires o algunas pequeñas zonas en San Luis. Muy poco espacio en relación con la pampa húmeda idílica del gaucho y que todavía muchos extranjeros suponen que tenemos.

-¿Cómo pueden vivir en armonía naturaleza y conservación?

-Conservar implica utilizar racionalmente y eso está en contra del modelo ultra-capitalista donde el sobreconsumo es la regla. En este proceso la naturaleza siempre pierde y todo lo que se haga (como crear parques nacionales) será un paliativo a una segura destrucción futura si no se modifican las pautas de consumo. Hudson lo advierte en su obra Un naturalista en el Plata ya en 1892, por eso se lo considera uno de los primeros ambientalistas argentinos.

Usted que trabaja en educación ambiental, ¿qué falta para unir al urbanita con la naturaleza y al campo?

-Lo mismo que le falta a toda la sociedad en este momento: empatía y un poco de humanidad. Hemos evolucionado en la naturaleza y es extraño que hayamos quedado tan desconectados, porque estar en contacto con ella nos beneficia física y espiritualmente.

¿Con empatía se refiere a respetar al entorno?

-A prestarle atención al entorno y a las otras personas: caminar en la naturaleza con los sentidos abiertos y mirar a los ojos a nuestros interlocutores. Tener contacto con la naturaleza porque es una necesidad fisiológica como animales que somos. Recomiendo un libro que me impactó: La dosis natural: por qué la naturaleza nos hace más felices, de Florence Williams.

-¿Y cómo acercamos al ambientalismo con el campo?

-Creo que el ambientalismo cayó en la trampa de tratar de “combatir” el sobreconsumo con las mismas herramientas que impone el capitalismo. Por eso la palabra “sustentabilidad” se ha vaciado de contenido tanto como “ecología”. Son palabras que toma el mismo sistema imperante para no cambiar nada. Por otro lado, los primeros ambientalistas (de Argentina y del mundo) eran naturalistas, tenían un contacto directo con la naturaleza, veían su destrucción y luego se convertían en activistas para impedirla. Hoy hay ambientalistas de escritorio que hasta se jacta de no leer y de confundir el yaguareté con el yacaré. Creo que cambió mucho la visión ambiental y si no salimos de nuevo al campo para después motivar a los urbanitas sobre lo que pasa, todo se convierte en una cuestión cíclica que no conduce a nada.

¿Y qué hacemos?

-No todo está tan mal como las noticias lo pintan. Deberíamos dejar de mirar tantos noticieros e invertir ese tiempo en cultivar la amistad. Creo que el camino es volver a encontrar el disfrute en la naturaleza: tratar de que la mayor cantidad de gente experimente salidas al campo, a mirar en lugar de ver y a tener contacto con los animales, desmitificando que son peligrosos, dañinos, etcétera. No hay nada que reemplace al contacto directo…tanto de la naturaleza como de las personas entre sí. La tecnología es muy buena e irremplazable para muchas cosas, pero hay una sobrevaloración de la información y de los sistemas tecnológicos. Lo cierto es que no podemos vivir sin la naturaleza y sin el contacto con el otro, e ignorar esto es coquetear con el suicidio. El hombre se dará cuenta a tiempo.

*Carlos Fernández Balboa es Licenciado en Museología y Educador ambiental con una maestría en el Instituto de Investigaciones Ecológicas de Málaga (España). Autor de 22 libros y varios artículos de su especialidad, actualmente se desempeña como docente de materias vinculadas al patrimonio cultural y natural en las universidades de San Martin, Avellaneda, Buenos Aires y en la Universidad de Entre Ríos. Es el museólogo del Parque Ecológico y Cultural Guillermo Enrique Hudson, solar natal del escritor, en la provincia de Buenos Aires.

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