Error en la base de datos de WordPress: [Table 'wi631525_new.wp_ppress_plans' doesn't exist]SELECT COUNT(id) FROM wp_ppress_plans WHERE status = 'true'
La entrada Eduardo Crespo advierte sobre los “Palermo rúcula” que atacan las granjas porcinas, la soja y otros sectores exportadores: “Es un disparate la idea de pensar que el subdesarrollo es bueno para el ambiente” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“No existe un frente antiexportador sólo en el agro sino en cualquier otro sector también. Es indudable que hay temas ambientales en el mundo. Somos 8 mil millones de habitantes, hay calentamiento global y hay también problemas específicos en la Argentina. Pero me parece que hay una confusión muy grande cuando se plantea esta contradicción entre el desarrollo o crecimiento y el ambiente. Nadie la defiende, pero está en el aire una idea que sostiene que cuanto menos se produzca, menos se consuma y cuantos menos recursos utilicemos, eso será bueno para el ambiente”, analizó Crespo.
“Es un disparate la idea de que el subdesarrollo es bueno para el ambiente. Alcanza con ver la situación ambiental en continentes como África o países como Haití para darse cuenta que eso es totalmente falso”, agregó el especialista en Desarrollo Económico
Mirá la entrevista completa a Eduardo Crespo:
Desde su mirada como economista, Crespo no ve con malos ojos cualquier proyecto productivo y exportador, por considerar que ese es el camino que debe recorrer la Argentina para generar divisas genuinas. Pero sabe que cualquier iniciativa de ese estilo encontrará de inmediato una fuerte resistencia. “Hay movimientos que se activan inmediatamente cada vez que se activa un proyecto con potencial exportador”, advirtió.
“Esto pasó con las granjas porcinas, con el tema de los salmones en Tierra del Fuego, con Vaca Muerta, con la minería en casi todas las provincias cordilleranas y hasta con los programas de explotación de petróleo off shore. Y claramente pasa con la soja”, enumeró.
“Digamos que todo lo que tiene un potencial exportador tiene una enorme oposición y viene con todo el discurso del extractivismo. Pero para vivir necesitamos extraer de la naturaleza. Es decir, no podemos vivir sin minería y no podríamos alimentar a 8 mil millones de personas sin agroquímicos y sin agricultura moderna”, remarcó el economista.
Sin embargo, aclaró que decisiones de este tipo no deben prescindir del correspondiente debate ambiental. “Esto tiene que mejorar, debemos ser más benévolos con el ambiente, es necesario desarrollar tecnologías y sin dudas que el planeta no puede continuar en este tren”.

Pero yendo al caso particular de los problemas ambientales de la Argentina, Crespo consideró que “su problema principal no es el calentamiento global ni tampoco el tema ambiental tiene relación con alguna extracción”, tomando distancia de la agenda que colocan por delante las principales organizaciones ecologistas del país e inclusive los funcionarios del gobierno.
-¿Y cuál sería a tu juicio la urgencia ambiental?
-Tiene que ver con más de 5 mil basurales a cielo abierto, con un conurbano con ríos contaminados que son cloacas a cielo abierto. Ahí no vi a ningún movimiento muy activo por el tema del Riachuelo o del plomo en sangre en chicos de barrios humildes.
Según esta crítica mirada del ambientalismo vernáculo, “los movimientos que se arman apuntan contra lo que más efectos perjudiciales puede traer sobre la economía argentina, como es tratar de parar proyectos de exportación. Pero si la Argentina no aumenta significativamente sus exportaciones no tienen ninguna chance de salir de donde está”, recalcó Crespo.
-Si tuvieras el tablero de comando de la Argentina, ¿la primera necesidad seria económica y no ambiental?
-Si fuera solo un tablero ambiental, yo estaría mucho mas preocupado por los basurales, por plomo en sangre en las ciudades y por las cloacas que van a los ríos, por la falta de infraestructura. Y además, el tema del ambiente responde a una falta de infraestructura: hacen falta cloacas, plantas depuradoras, plantas de tratamiento de residuos. Todo eso exige recursos, plata, para lo cual se requiere de una macroeconomía sana. Y para eso debemos aumentar las exportaciones. Estamos renegociando un default de la deuda externa, y mientras tanto acumulamos una deuda social impresionante; tenemos devaluación permanente y cepo cambiario, y todo esto en un contexto de pandemia. La Argentina no crece desde 2011 y tenemos mas del 60% de la población en la pobreza, al menos como la medimos nosotros, mientras la Argentina no resuelve su problema de balanza de pagos.
-¿Pero vos proponés exportar a cualquier costo ambiental?
-No. Yo creo que lo que se necesitan son regulaciones, un estado fuerte que pueda invertir en infraestructura allí donde haya mayor riesgo de daño ambiental. No hay ninguna actividad que no enfrente este movimiento antiexportador en la Argentina que no se realice en otros lugares del mundo. La producción de porcinos la vemos en Dinamarca, lo de la extracción por fracking lo vemos en Estados Unidos, en Canadá, en Australia o en Rusia. Que alguien me diga cuál es la actividad que se está queriendo llevar a cabo en Argentina y que no se realice en otro lado.
-Es como que hay una desconexión entre el ambientalismo local y el del extranjero…
-Además con estos movimientos antiexportadores hay una desconexión total con el tema del consumo. Acá nadie le explica a la gente que si no producimos y no exportamos no podemos consumir. Ni que no podemos demandar muchos más dólares de los que genera nuestra economía, porque sino pasamos por una devaluación permanente, y una tendencia a la caída del salario real y de la demanda agregada, que es la consecuencia natural de una economía que tiene sus exportaciones estancadas, además de todos los problemas más estrictamente macroeconómicos.

-En este contexto, ¿Cómo definirías a esos movimientos antiexportadores?
-No tienen una visión de conjunto, son irresponsables y bastante demagógicos, porque nadie le dice a la gente que en definitiva van a tener que comer más caro o viajar menos. Miren a cualquier militante ambientalista de estos conocidos, se lo pasan viajando. Un día van a protestar a San Juan, al otro día van a Catamarca. Después van a un congreso en Bolivia, después vuelven a Buenos Aires. Estos militantes también generan una huella ambiental. Colocar un avión a 10 mil metros de altura tiene una huella ambiental tremenda y compárenlo si quieren con cualquier granja porcina, con la soja o con el glifosato.
-¿Es un problema de ‘argentinidad al palo’ o hay corrientes globales que estimulan este tipo de pensamientos en países subdesarrollados para impedir que se desarrollen? Porque hay muchos argumentos importados.
-Hay muchas ONG financiadas desde afuera claramente, y habría que hacer un seguimiento de la ruta del dinero y no me cabe duda que son norteamericanas y europeas. Pero también hay muchas avivadas. A diferencia de lo ‘orgánico’, que tiene una certificación, la ‘agroecología’ no la tiene y presta a pensar que uno puede comprar productos con agroquímicos y después venderlos como productos agroecológicos con su precio multiplicado por tres.
-Ahí suele aparecer también el concepto de soberanía alimentaria, para significar que la prioridad debería ser nuestro alimentos y si hay excedentes, entonces recién exportamos.
-Si, pero esta noción de que podemos producir más y más barato alimentando a todos no es viable porque no alcanzan las escalas para atender al mercado local y no alcanzan ni de cerca los precios que se alcanzan con la agricultura tradicional. Si uno quiere producir sin agroquímicos la productividad será más baja. Y también hay mucha irracionalidad en torno al efecto ambiental que esto produciría; alcanza con suponer lo siguiente: tratemos de producir la misma cantidad de alimentos con menos productividad. Esto significaría que habría que usar muchísima mas tierra y entonces habría que deforestar más.
-¿Te parece deshonesto ese pensamiento agroecológico?
-Con ese pensamiento deberíamos dejar de utilizar todo lo que no producimos, autos, computadoras, celulares, deberíamos dejar de viajar al exterior. Incluso al no poder importar ningún químico, no sé si podamos asegurarnos comer. Son cosas que no se sostienen. Sobre todo, repito, miremos el nivel de vida de cualquier ambientalista y veamos de qué vive y todo lo que consume este ciudadano de clase media, del tipo ‘Palermo-Rúcula’, y veremos que tienen un nivel de consumo totalmente incompatible con lo que consumen. Eso es totalmente incompatible con lo que proponen.
La entrada Eduardo Crespo advierte sobre los “Palermo rúcula” que atacan las granjas porcinas, la soja y otros sectores exportadores: “Es un disparate la idea de pensar que el subdesarrollo es bueno para el ambiente” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La entrada Para nosotros y el país: El biólogo Cristian Desmarchelier explica por qué la biodiversidad puede ser también un buen negocio se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>–¿Es cierto que conocemos el 1% de la riqueza natural de nuestro Planeta?
-En verdad, es una forma de decir que lo que conocemos de la biodiversidad es muy poco. Por ejemplo, ¿cuántas especies de plantas existen en el Planeta? Quizás medio millón, pero sólo conocemos en profundidad un porcentaje muy pequeño de ellas. Y sin embargo ese porcentaje tan pequeño nos ha dado alimentos, medicina, y hasta productos industriales.
-¿Y en Argentina?
-En nuestro país se calcula que hay unas 10.000 especies de plantas que son autóctonas, es decir que no fueron traídas de otras partes del mundo. Pero no creo que lleguen a diez en total las que han sido estudiadas exhaustivamente desde el punto de vista nutricional o medicinal, y menos aún puestas en valor desde lo económico. Si miramos esa cifra, el 1% quedó grande. Entonces, si de un porcentaje tan pequeño se pudo obtener un impacto económico tan grande para la humanidad, el potencial de lo desconocido es enorme.
-¿Quiere decir que todos nuestros avances en medicina y ciencia los hemos hecho desconociendo el mundo en que vivimos?
-Al contrario. En el caso particular de la biodiversidad, los avances han sido gracias a su observación y estudio. El problema es que quedaron varios factores fuera de la ecuación, como el hecho de que los recursos genéticos y los ecosistemas en los cuales los encontramos no son ´gratis´ e ilimitados. El Planeta se va achicando por decirlo de alguna manera, y muchos recursos que antes parecían ilimitados ahora sabemos que no lo son. Pasa con el agua, el aire, y también con la biodiversidad. Además, estuvo siempre la idea equivocada de que la naturaleza no le pertenece a nadie y que por lo tanto podemos tomar lo que queramos de ella sin pedir permiso ni perdón.
-¿No es así?
-¡No! Los recursos genéticos se encuentran en países, provincias o regiones donde también evolucionaron sociedades que tienen un profundo conocimiento de sus usos y aplicaciones, y que en la actualidad son reconocidos como los dueños legítimos de esos recursos a quienes se les reconoce algún tipo de derecho sobre su explotación. Entonces, es necesario que la puesta en valor de la biodiversidad de aquí en más se haga en forma sustentable y con un reparto justo y equitativo de los beneficios. La ecuación poco a poco va cambiando.
-Usted menciona que el 20% de las especies ha desaparecido o lo hará pronto. ¿A qué se debe?
-En parte porque la biodiversidad (que se encuentra casi siempre representada en ecosistemas que muchas veces son considerados un freno al desarrollo económico) va desapareciendo para dar espacio a actividades productivas como la ganadería y agricultura, a la urbanización, y otras presiones típicamente demográficas. También como consecuencia del cambio climático, como es el caso de la degradación en la Gran Barrera de Coral de Australia. Pero esto se podría revertir poniendo en valor a la biodiversidad desde un enfoque financiero.




-¿Cómo sería?
-Un ecosistema puede tener valor económico gracias a su capacidad de captación de carbono de la atmósfera, de la generación de agua, y de los organismos vivos que la componen, que podrían ser de valor para la industria de los alimentos, cosmética o de la salud. Y esto es sólo un ejemplo.
-¿Cómo incide el avance de la frontera agropecuaria?
-Depende a qué nos referimos por ´agropecuario´. Si hablamos de producción de ´commodities´ como la soja o carnes, que por lo general se asocia a la idea de desmonte y reemplazo con monocultivos o cría ganadera, el impacto es negativo, ya que para aumentar la producción es necesario reemplazar áreas de diversidad biológica. Pero existen algunas alternativas que pueden ser menos traumáticas como la incorporación de agricultura agroecológica o de agroforestería, dos modelos productivos que tendrían un menor impacto sobre la biodiversidad. Desde la agricultura convencional también se vienen incorporando mejoras tecnológicas como la siembra directa, la utilización de bioinsumos obtenidos a través de procesos biotecnológicos y la incorporación de nuevas características en cultivos gracias a la biología molecular. Bien utilizadas, permiten, en teoría, un uso más eficiente y racional de las zonas de producción tradicionales. Ello conlleva a un menor impacto ambiental y a una mayor productividad por hectárea, lo cual a su vez debería reducir la presión sobre áreas silvestres.
-¿Cómo se hace para aprovechar la naturaleza económicamente y sin perjudicarla?
-Existen muchos modelos y en algunos casos se va dando algo así como una ´marca país´ que diferencia unos de otros. Por ejemplo, Brasil es el mayor emisor de bonos verdes de Latinoamérica, un instrumento financiero que permite poner en valor a regiones de alta diversidad biológica como la Amazonia; Costa Rica se transformó en un destino de ecoturismo a nivel mundial; Perú hace ya más de dos décadas impulsó el concepto de ´biocomercio´, y más importante aún, se transformó en un símbolo de gastronomía global. Y todo esto gracias, en parte, a la puesta en valor de muchos de los recursos genéticos originales que ellos tienen. Es posible que Panamá se esté perfilando hacia la bioprospección, que consiste en la búsqueda de nuevas moléculas para la industria farmacéutica. Quién sabe, quizás la próxima molécula disruptiva en la industria farmacéutica provenga de las selvas del Darién en Colombia y Panamá.
-¿Por qué si Argentina tiene tan alta biodiversidad permanece desconocida incluso como posibilidad económica?
-Creo que la oportunidad que existe en Argentina no radica en el hecho de presentar una biodiversidad interesante; de hecho, nuestro país ni siquiera se encuentra catalogado dentro de la lista de los países megadiversos. Lo que sí tenemos es un ´mix´ que no es tan fácil de encontrar en otras partes del mundo, y que consiste en la combinación de recursos genéticos, un sistema científico-tecnológico capaz de desentrañar el potencial de esos recursos, y un sector empresarial capaz de transformarlos en productos innovadores. Ahí está el secreto. Por otro lado, el desconocimiento del potencial económico de la biodiversidad no es un problema que sólo se da en Argentina, sino que es a nivel global. Recién en los últimos años se está tomando conciencia de que la biodiversidad no es un impedimento al desarrollo económico sino más bien una oportunidad para desarrollar nuevos negocios, y que la sustentabilidad ambiental y el impacto social pueden ser rentables.
-¿Hay nuevas ideas de usos sustentables de biodiversidad?
-Además de los antes mencionados hoy se habla del ´lujo sustentable´. Se trata de desarrollar productos innovadores y de alto valor agregado para los mercados premium y que incluye alimentos funcionales, indumentaria, salud y belleza. Los productos deben tener impacto ambiental positivo y una participación activa de las sociedades que están vinculadas con los recursos genéticos, o sea poblaciones campesinas, nativas, o productores rurales en zonas de interés ecológico. Tienen que ser percibidos como productos sanos, naturales, amigables con el medioambiente, y sobre todo con un impacto social positivo.

-¿Existen casos de este tipo de productos en nuestro país?
-Existen pocos pero son suficientes para confirmar que es un modelo posible: aceites esenciales de plantas patagónicas para la industria cosmética, indumentarias a base de lana de vicuña del altiplano, mieles diferenciadas del parque chaqueño, productos para el cuidado capilar a base de arbustos del desierto, y fitoterápicos elaborados con plantas de la selva misionera.
-¿Todo eso ya existe?
-Sí, son productos innovadores, de alto valor agregado, validados científicamente, y de comprobado impacto positivo sobre los ecosistemas de donde provienen y de las poblaciones que los habitan. Son los atributos por lo que el consumidor responsable está dispuesto a pagar.
-Parece de vanguardia…
-Lo es y si bien todavía estamos lejos de lograr un porfolio de productos que genere divisas para el país a cambio de la preservación de nuestra biodiversidad, la valoración de los pueblos ancestrales y de las economías regionales, que hay una gran oportunidad frente a nuestros ojos, un modelo innovador que hay que explorar.
La entrada Para nosotros y el país: El biólogo Cristian Desmarchelier explica por qué la biodiversidad puede ser también un buen negocio se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La entrada Retenciones bajo la lupa: “Yo creo que nadie bien nacido puede estar a favor de este impuesto”, dice la economista Iris Speroni se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Sin duda que uno de los temas más polémicos de la política agropecuaria en la Argentina son sin duda las retenciones, un impuesto arraigado desde hace más de medio siglo. Speroni es una especialista para analizar el impacto de los derechos de exportación -como se llaman técnicamente, y ella nunca menciona la palabra retenciones- en el agro y toda la economía. Al fin y al cabo considera que se trata de un problema “político”, pues detrás se esconde la transferencia de riqueza desde las provincias a la ciudad de Buenos Aires y otros centros urbanos.
Vale la pena mirar esta entrevista completa con Iris Speroni para entender su posición:
Speroni basa su argumentación sobre cómo “deforman” la economía estos tributos aduaneros en que los impuestos, con el paso del tiempo “cambian los precios relativos de las cosas”.
“Al igual que el IVA y todos los impuestos acumulados, más los costos del flete, del local, (las retenciones) terminan sumando en el valor de los productos más del 50% de impuestos. Por eso una manzana del Alto Valle termina siendo más cara en Buenos Aires que en Londres”, ejemplificó.
Los derechos de exportación, para Speroni, alteran además el llamado “costo de oportunidad” de hacer una actividad por sobre la otra, afectando con esto a las actividades que producen tierra adentro. Según ella, las agropecuarias podrían ser la “locomotora del país” pero las retenciones la frenan y por eso el país no avanza. “Los derechos de exportación le sacan combustible a la locomotora del país, poniéndole un lastre”, dijo refiriendo a los principales cultivos de grano del país, la carne y economías regionales.
Speroni insiste que los derechos de exportación le quitan riqueza a los sectores que más pueden traccionar para el crecimiento de la economía del país. “Y hacen más pobres a las provincias, porque el dinero que sale del interior entra derecho al Tesoro Nacional, en donde se usa para pagar gastos corrientes. Y la gente termina yéndose del interior a la capital, aunque sea para limpiar baños en un ministerio, o hasta para ser trapito, porque eso les permite vivir”, se lamentó. “Yo creo que nadie bien nacido puede estar a favor de este impuesto”, subrayó.
“Hablamos del sector más dinámico de la Argentina que podría estar dando de 5 a 10 veces más de empleo que lo que da hoy”, dijo Speroni, en referencia al agro. “Pero se le saca rentabilidad para dársela a una masa de empleados públicos”, agregó.
“Hace un tiempo escribí una nota, cuando los chinos compraron Nidera en 10 mil millones de dólares, que es lo que el campo le da al Estado por derechos de exportación en un año. Se podría comprar una Nidera por año, eso es el costo de oportunidad que se afecta”, volvió a comparar.
La entrada Retenciones bajo la lupa: “Yo creo que nadie bien nacido puede estar a favor de este impuesto”, dice la economista Iris Speroni se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La entrada Retenciones bajo la lupa: Para el historiador Osvaldo Barsky, habría que acordarlas con el sector como sucedió tras la crisis de 2001 se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Se trata en definitiva de un intelectual muy capacitado para analizar este gran trauma que son las retenciones para los productores agropecuarios. Mejor dicho, los derechos de exportación, un impuesto aduanero que impacta de lleno en el precio de los granos para el productor local. Está herramienta económica y política, si se quiere, está presente desde mediados del siglo pasado y la han utilizado gobernantes de todo tipo e ideología.
–¿Es posible pensar en eliminar este impuesto tan arraigado en la Argentina?
-En este momento seguro que no. Es absurdo pensar de que hoy pueden desaparecer ya que es una herramienta muy tentadora para mantener o incrementar los ingresos rápidamente. Si Mauricio Macri, que por su ideología estaba en contra, tuvo que volver a poner las retenciones… Ahora en momento de grave crisis y donde los demás impuestos se caerán en la recaudación, es el peor de los contextos posibles para que desaparezcan. Lo que sí, se viene un gran debate. Recuerdo a nuestro actual presidente (Alberto Fernández) al mando de las negociaciones por las retenciones en el 2008, y para él puede ser en vivo y en directo un gran revival de todo eso. Tendrá cuidado con ese conflicto.
Aquí la entrevista completa con Osvaldo Barsky:
-Las retenciones, ¿son una discusión ideológica o de plata?
-Ambas cosas mezcladas. Ahora es por dinero claramente, pero si uno revisa escritos de gente que está hoy en el Gobierno y en la provincia de Buenos Aires, repiten la idea de que las divisas del agro son producto de la renta de la tierra. Sin mirar la reinversión y el recambio tecnológico, siempre lo han visto desde otra concepción. Hay gente que sigue teniendo ese concepto de gran excedente agropecuario.
-¿Usted considera que existe esa renta extraordinaria o ese excedente del agro que lo hace punible para que el Estado intervenga?
-No, no existe tal renta extraordinaria. Lo que hay es un aumento de la producción motivo de la inversión tecnológica que el productor realiza y muchas veces existen subas y excedentes por eso. Y a pesar de todos los avatares durante las últimas décadas con políticas agropecuarias oscilantes, existe una línea de crecimiento en productividad. A la renta hay que juzgarla por tres cosas: el precio internacional, el tipo de cambio y los impuestos. Todavía el precio de los granos se sostiene, lo mismo que los insumos, pero el tipo de cambio y los impuestos te ponen un piso muy importante.
-Por la conjunción de estos tres factores, el impacto de este 33% de retenciones en soja debe ser el más alto de la historia…
-Claro, es muy importante. Pero lo que tendremos que evaluar ahora es el tema de la salida económica ante esta crisis. Va a ser compleja porque tenemos un Estado muy grande que debe distribuir y financiar a jubilados y una masa social con subsidios gigantezca, que por ahora se banca con emisión pero habrá que ver a futuro. Del 2001 se salió con una brutal devaluación y con el inicio de una suba de precios internacionales, y el agro terminó siendo el motor de la recuperación nacional. Ahora habrá que ver si conciben al agro como el único motor que quedó en pie y habrá que hacer una gran alianza estratégica.
-Pero para eso habrá que modular las retenciones buscando no ahogar al motor de la economía que todavía funciona, que es la soja.
-No nos olvidemos que en 2002 el aumento de las retenciones con (Eduardo) Duhalde fue consensuado. Todo el mundo era consciente que subían los precios internacionales, crecían los alimentos en el plano local y aumentaba la pobreza. Ahora claro que la cosa será mucho más aguda, por la desesperación de las autoridades nacionales para obtener recursos por la masa demandante de recursos. Pero es importante que exista un dialogo amplio con todo el sector agroindustrial, para acordar la salida y no ir a un salvajismo.
-Imaginando un escenario distinto al actual, con todo más calmo, ¿no hay herramientas mejores que las retenciones para cobrar impuestos?
_Sí las hay y de hecho se aplican. Como el impuesto a las Ganancias, que es un cobro mucho más razonable y justo. Pero su implementación es mucho más compleja.
-¿El Estado podría recaudar lo mismo que las retenciones cobrando Ganancias?
-Por supuesto habría que subir la escala, como en otros países donde son mucho más altas. Pasa que complican otros impuestos pesados que se fueron sumando. Es difícil que el sector privado soporte tanta cantidad de impuestos.
-¿Qué es lo que no le gusta de las retenciones?
-Que es un impuesto que afecta a la producción en porcentaje, y no tiene nada que ver si al productor le fue bien o perdió, por una contingencia climática por ejemplo. Comparándolo con Ganancias, que es más justo porque no afecta lo producido sino lo ganado. Como impuesto es pésimo. Si además le sumamos el tema del tipo de cambio y la inflación, se termina de complicar todo el panorama. Porque tampoco es que las retenciones bajen el precio de los alimentos, como se decía. Porque además del insumo primario entran todos los gastos de la cadena. En la época de Néstor y Cristina se acordó con los grandes actores fabricantes y distribuidores, afectando al productor primario, que son miles. Pero es más fácil pactar con unos pocos grandes que con miles de productores.
-Por último, ¿no es un contrasentido que sectores progresistas defiendan las retenciones, siendo éstas un impuesto tan regresivo?
-Es que nunca entendieron a la población que vive en el campo y lo siguen viendo como grandes unidades de terratenientes, sin entender el gran entramado productivo que existe. Y desde esa ideología aceptan la retención porque la ven como un castigo al grande. Y esa visión la mantienen muchos periodistas, políticos y hasta universitarios.
La entrada Retenciones bajo la lupa: Para el historiador Osvaldo Barsky, habría que acordarlas con el sector como sucedió tras la crisis de 2001 se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La entrada Un mundo nuevo: Experta en economías regionales, Silvina Campos Carlés cree que exportar resultará ahora más difícil se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“No creo que en un futuro haya grandes cambios para el agro, pero sí considero que habrá modificaciones en el vínculo del agro con los demás sectores”, opinó en diálogo con Bichos de Campo.
“Pueden darse dos cosas: que los consumidores estén mucho más detrás de los procesos, o que algunas producciones o commodities no tengan tanta demanda en el mediano plazo, y que deban rotar o transformarse”, agrega.
Mirá la entrevista completa con Silvina Campos Carlés:
En cuanto a la situación de las economías regionales, la especialista analizó que hay algunas que ya venían con severos problemas. “A las que son exportables les está bajando mucho el precio internacional y otras que son de consumo interno, como la leche, están afectadas por la baja del consumo”, alertó.
La industria vitivinícola tampoco lo está pasando bien, según Silvina. “Más allá de que se cosechó 20% menos, no se reducirán los stocks de vino, y en este contexto lo que preocupa es la caída del consumo”.
En el caso de los cítricos, Silvina explicó que, al ser frutas de invierno, se comenzaron a cosechar por estos días. El problema es que dependen mucho de la exportación a Rusia, Europa o sudeste asiático. “Si no se exportan, se generarán sobreofertas muy grandes. Todo dependerá de como se acomode el precio interno”, afirmó.
Pero otras producciones como por caso, la yerba mate, según Silvina “están bien, porque en ese caso la planta puede esperar”.
Otra de las producciones regionales que mejoró, según Silvina, es el arroz. “Venía con precios muy bajos en los últimos dos años, hasta que -no se si de casualidad o por estructura del mercado-, empezó a subir y recién este mes le cerró el negocio al productor”.
La economista de Coninagro cree que debido a la pandemia, y aunque el mundo no deje de comer, “será más difícil exportar. No habrá problemas en los mercados que ya se conquistaron en el pasado, sino más bien en ampliar nuevos. Ahí será más difícil”.
¿Podrá el Gobierno resolver la salida de los excedentes más allá de la urgencia de la pandemia? Silvina evalúa que “no hay cabeza para un plan elaborado, pero le pediría que mantenga las funciones básicas de control, que mantenga la logística y que las normativas que se impongan no la empeoren”.
La entrada Un mundo nuevo: Experta en economías regionales, Silvina Campos Carlés cree que exportar resultará ahora más difícil se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>