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La entrada En Uruguay crece fuerte un cultivo que se exporta a precios más altos que la soja y no es el cannabis ¿Cuál será? se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Se trata de la colza, también conocida como canola, una semilla oleaginosa que Uruguay comenzó a producir tímidamente hace algunos años para abastecer su propio mercado de biodiésel, pero que ahora se ha comenzado a exportar también directamente a Europa, donde se la destina no solo a ese biocombustible sino también al aceite.
Los 700 dólares mencionados por Blasina han sido un precio récord, pero los valores de mercado recogidos esta semana por la firma Insumos y Granos mostraban que en el mercado uruguayo, donde no existen las retenciones ni las brechas del tipo de cambio, la colza le sacaba varios cuerpos de ventaja al resto de los cultivos.

Los productores del vecino país que apostaron a esta oleaginosa se frotan las manos pensando en la cosecha de la colza, que se concentra hacia fines de octubre. La colza, en la campaña 2020/21, está ocupando una superficie también récord entre los cultivos de invierno, con nada menos que 160 mil hectáreas, el 25% del total de la superficie sembrada con trigo, cebada o avena. Para el año próximo, Blasina nos dice que ya se habla de que crecería a 200 mil hectáreas.
“La colza creció primero promovida por la empresa petrolera estatal para mezclar el biodiésel con el gasoil. Pero fue creciendo y ahora es un cultivo que se exporta a un precio mucho mayor que el de la soja”, relató el ingeniero y comunicador agropecuario. Su destino casi excluyente es Europa.

La siembra de esta opción de invierno se disparó a partir de 2017. Según recuerdan Catalina Rava y Gonzalo Souto en un estudio sobre la colza en Uruguay, su cultivo era casi marginal hasta que “al comenzar el actual decenio empieza a registrarse un incremento significativo de la superficie de colza en el país, al influjo de la iniciativa de la firma ALUR, que aborda un programa de abastecimiento de colza –como materia prima para la extracción de aceite para elaborar biodiesel- mediante la contratación previa de cultivos”.
La superficie, a partir de esa nueva demanda, creció desde 4 mil hectáreas en 2010 hasta 26 mil hectáreas en 2016 y mucho más al año siguiente. En el año 2017 “la incorporación de otros actores y canales comerciales dio lugar a otro salto en área, que alcanzó un nuevo máximo de 47 mil hectáreas. Según datos oficiales del Ministerio de Ganadería y Agricultura del Uruguay, esta campaña se llegó a las 160 mil hectáreas, casi cuatro veces eso.

Hasta ahora el rendimiento promedio de la colza en el vecino país ronda los 1.500 a 1.600 kilos por hectárea, pero en la cosecha que se avecina se esperan productividades mayores, de hasta 20 quintales. Blasina afirmó que la recolección es algo compleja porque el grano de colza es muy pequeño y se deben evitar pérdidas. Algunos productores optan por cosecharla directamente y otros prefieren el hilerado previo. Las plantas permanecen una semana en el campo y luego se trillan.
La cosecha esperada esta campaña podría llegar a las 256 mil toneladas (aunque oficialmente se contabiliza junto a la carinata). Si se mantuvieran los valores actuales de exportación el volumen del negocio podría superar los 150 millones de dólares.

“La colza tiene un ciclo muy corto y entonces la soja que viene atrás es casi una soja de primera, Por eso seguro que el año que viene va a igualar al trigo y la cebada”, define Blasina, entusiasmado con esta nueva veta que se abrió para el agro uruguayo. Además, define, para esta época del año los cultivos se llenan de flores amarillas y los paisajes se vuelven increíblemente bellos. Ganan las abejas que pueden polinizar y ganan quienes viajan por las rutas uruguayas.
En Entre Ríos, de este lado del río, suelen verse paisajes parecidos para esta época. Según la Bolsa de Cereales de esa provincia, allí se han implantado este año unas 4.800 hectáreas con colza, especialmente en los departamentos de Victoria, Nogoyá y Gualeguay. Pero los rendimientos son bastante menores, de apenas poco más de 1.000 kilos por hectárea. Y la producción esperada sería de magras 5.130 toneladas esta campaña.
El Observatorio de Oleaginosos del Uruguay, en un informe del año pasado, indicó que en ese país el inicio de siembra y cosecha de la colza es cada vez más temprano. En 2019, del 21 al 30 de abril se sembró el 95% del área y otro tanto de la cosecha se concentró entre el 21 y 31 octubre.

Pablo Uteda, director de IPB Semillas, explicó entonces que el cultivo de colza tiene dos perfiles de productores bien marcados. “Por un lado están los agricultores que están entrando al cultivo, que lo toman como una cobertura que se cosecha (en Uruguay es obligatorio por ley mantener los suelos cubiertos todo el año). Y por otro, los que ya tienen un manejo más ajustado y que apuntan con la colza a lograr la mayor productividad posible”.
Según Uteda, “hay un círculo virtuoso, porque los productores que tienen en cuenta todas las medidas de manejo siguen ajustando y mejorando, mientras que los que comienzan con una colza como cobertura van entendiendo al cultivo, les gusta y también van sumando medidas de manejo y la tecnología disponible”.
El agrónomo explicó que el cultivo se adapta a las condiciones de Uruguay. “La zona núcleo de Argentina es mucho más fría y las heladas son más fuertes y más secas, eso dificulta el desarrollo de la colza. Las condiciones climáticas que ofrece Uruguay para las brassicas no las tiene Argentina ni Brasil, que tiene el clima pero la presión de enfermedades es muy alta”, detalló.

Los mercados internacionales también están jugando a favor de este novedoso negocio. Para esta campaña, según un informe del Ministerio uruguayo de Agricultura, “se prevé que la producción mundial de colza y canola no alcanzará las expectativas de 74 millones de toneladas” en especial por la importante caída de la cosecha en Canadá, el mayor productor mundial de esa oleaginosa.
Estas perdidas serían parcialmente compensadas por cosechas mayores de lo esperado inicialmente en la Unión Europea (UE-27) y Ucrania, así como por condiciones climáticas favorables en Australia. “Se estima que la producción total de colza de la UE alcanzará un máximo de tres años de 16,9 millones de toneladas en 2021”, apuntó el análisis, que de todos modos aclaró que “las existencias iniciales inusualmente bajas mantendrán el saldo de colza de la UE relativamente ajustado, lo que requerirá grandes importaciones continuas de terceros países”.
Es allí donde la colza en Uruguay llega a cotizar hasta 200 dólares más cara que la soja.
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Dos semanas atrás Bill era Gardel. Pagaba por carbono captado por la ganadería! Para el país con más vacunos por habitante y con un buey (novillo) en el escudo, era una excelente noticia. Los nerds del Silicon Valley buscaban una solución sinérgica con nuestra producción pastoril y nos premian por capturar carbono. Cuánta inteligencia, desarrollar un mercado de carbono, mejorar las técnicas de pastoreo, la materia orgánica en el suelo, el humus, las lombrices y los escarabajos que descomponen las boñigas del ganado. Ganadería regenerativa, o rotativa, o climáticamente inteligente cobrando con justicia por el carbono capturado.
Esta semana se ha convertido en el demonio. Propone que los ricos se pasen a la carne sintética para compensar el calentamiento global que causan los jets privados, la vida lujosa y consumista. Su exhortación además de ser divulgada por los medios de prensa del MIT, es decir una de las trincheras de vanguardia de la innovación y el cambio tecnológico, sale en formato de libros y se descargará por millones, incidiendo en un púbico vasto.
Pero ni santo ni demonio, lo que dice ya lo ha dicho en Uruguay desde hace décadas Juan Grompone. Para quienes viven en el mundo de la informática, que conocen las implicancias de la ley de Moore, es obvio que el cambio tecnológico en los alimentos puede ser una gran oportunidad de negocios. Y es claro que el sector alimentario tiene que ser carbono neutral, como todos los demás sectores de la economía. Gates como tantos en el Silicon Valley ve todo bajo la lógica algorítmica, una especie de algoritmo en cuatro pasos de “problema” “solución”, tecnología, negocio. La obsolescencia de la carne ya ha sido pronosticada muchas veces.
Podemos reírnos, podemos burlarnos, podemos enojarnos. Podemos tener derecho a todo eso. Puede que el producir carne nos parezca algo que está tan bien como producir jamón crudo o caviar. Pero en la era del calentamiento global el automóvil y la vaca o el novillo son bienes de utilidad obvia, pero con un costo ambiental en debate. Imaginemos a un jeque árabe o al Nicolás Maduro burlándose de Elon Musk o enojándose porque hace automóviles que no necesitan petróleo. No es desde la descalificación lo que mejorará el posicionamiento de la carne uruguaya.
Los vacunos emiten metano, posiblemente capturan carbono en buenos sistemas de pastoreo. Si la defensa uruguaya a los vacunos no es profundamente argumental, el sector económico principal, la columna vertebral de la identidad uruguaya corre peligro. La tendencia al cuestionamiento de la carne y a buscar alternativas que la imiten está instalada y captando centenas o miles de millones de dólares en investigación y desarrollo.
¿Porqué debemos defender a los vacunos? ¿Es apenas por un interés comercial? Si tal fuera el caso, no nos diferenciaríamos de habitantes de una zona petrolera defendiendo al petróleo cueste lo que cueste pero en definitiva sin razón desde un punto de vista de la preservación de la estabilidad climática de la Tierra.
Bill Gates no es como un predicador místico anunciando el apocalipsis. El caos climático es un escenario altamente posible y cuanto más aumenta la temperatura más probable se hace. Si algo cambia la pandemia es que viviremos para achatar curvas el resto de nuestras vidas, por longevos que seamos. En el corto plazo bajar la curva de la pandemia. Durante todo este siglo, bajar la curva de la temperatura.
Mientras la temperatura del planeta que habitamos siga subiendo, y eso pasará por décadas, la gente tendrá razón para estar cada vez más preocupada. No solo los snobs del Silicon Valley, no solo las clases medias pudientes de la Unión Europea, Canadá o Japón. Una proporción cada vez mayor a lo largo y ancho del planeta. Y en algún momento los chinos que hoy están fascinados con la carne de verdad emigren a la competencia artificial.
Hay una disrupción tecnológica ocurriendo muy velozmente. Ya una empresa israelí, Aleph, presentó un entrecot cultivado de células de músculo. Es una de las empresa más preciadas de Israel. El propio Primer Ministro Benjamín Netanhaju la visitó en diciembre acompañado por su asesor en bienestar animal y el director del Instituto de la Buena comida. En la visita Netanhaju se convirtió en el primer jefe de Estado del mundo en comer un churrasco cultivado. Mientras, los veganos isreaelíes con camisetas que decían “orgulloso de ser vegano” aplaudían. En definitiva se trata de una típica batalla de mercado. Si la carne muscular de animales pierde el favor de los nuevos consumidores puede quedar obsoleta. Hay una nueva competencia y reaccionar con enojo o soberbia es peligroso.
¿Es distinta la ganadería con sus emisiones de metano que la industria petrolera? Es distinto un novillo de un automóvil con motor de combustión? Si no explicamos paciente y amigablemente esa diferencia, la ganadería tendrá un auge chino, pero en la próxima década es probable que los chinos migren a imitaciones de carne cultivadas que además muy probablemente sean muy competitivas en costos. Ya la lana ha enfrentado la dura competencia de las fibras sintéticas y está en los albores de una revalorización de una fibra natural y compostable.
En lo personal considero que el argumento central a explicar es que la desaparición de la ganadería en Uruguay sería una catástrofe ecológica tremenda .
Además sería muy grave socialmente. Pero un trabajador ganadero se puede reciclar sus tareas a actividades forestales o agrícolas. Uruguay sin ganado sería una parte sojera y otra eucaliptera. No solo morirían los millones de vacunos y ovinos que hoy pastan felices, sino que habría que despedirse de ñandúes, mulitas y una multitud de animales que sólo pueden vivir en nuestros maravillosos campos naturales, acompañando a los grandes herbívoros. Nos despediríamos también de paisajes únicos y de miles de especies vegetales.
Eliminar la ganadería en Uruguay es como arrasar nuestra Amazonia de formato pastizal. No hay pradera sin herbívoros. Además de los capitales que han apostado a las imitaciones a la carne, hay un montón de capitales seguramente ávidos de hacer aquí un gran bosque que capture carbono, se mantenga con poco trabajo, es imposible de robar, fácil de manejar y tal vez logra salir por zona franca.
Somos la última reserva de pastizales del hemisferio Sur, somos los guardianes del bioma Pampa que ha sido diezmado en los países vecinos. En el propio país de Bill Gates el consumo de carne alimentada a pasturas crece velozmente en un mercado cuyo consumo total de carne vacuna permanece estable. Sería excelente que Bill y su esposa Melinda viniesen a Uruguay.
La ganadería vacuna y ovina son las que sostienen económicamente la protección de la mayor parte de nuestra flora y fauna nativas. Eso es un dato ineludible que Bill Gates, Greta Thunberg y toda persona genuinamente preocupada por el colapso de la Naturaleza comprenderán fácilmente. La distopía del Uruguay sin herbívoros es casi aterradora.
La defensa es mostrarnos al mundo como un país que toma la agroecología en serio construye un escudo racional para proteger su ineludible y noble tarea de productor de alimentos de calidad que mide al menos cuatro variables: balance de carbono, biodiversidad, calidad de aguas y calidad e inocuidad de los alimentos. No se trata de demoler los actuales sistemas productivos para sustituirlo por la azada y los bueyes. Se trata de construir transiciones en la ganadería y en todos y cada uno de los rubros de producción. Como están haciendo los granjeros con su producción “integrada” poniendo mallas especiales en sus montes para proteger la fruta del ataque de insectos y aves, poniendo hormonas para causa confusión sexual en los insectos y prevenir su propagación y sorteando mil obstáculos para llegar a mercados externos. Y plantear el objetivo de la neutralidad del agro uruguayo como un todo, y en eso los árboles son fundamentales.
El grupo brasileño Marfrig puso en el mercado la primera “Carne Carbono Neutro” de la región
Se trata de construir todas y cada una de las transiciones, empezar a medir y llegar lo más lejos posible en revertir la pérdida de biodiversidad, aumentar la materia orgánica (y por lo tanto la fertilidad de los suelos), mejorar sostenidamente la calidad de las aguas y hacer retroceder cada verano a las cianobacterias.
Todo eso le tenemos que explicar a Bill y Melinda Gates, comiendo una buena parrilla por supuesto. De un herbívoro que vivió una vida feliz, al aire libre comiendo pasturas apetitosas, con agua a disposición y humanos atentos a cualquier parásito o enfermedad que lo afecte. Un vacuno que tuvo una muerte indolora, piadosa, respetuosa, infinitamente mejor que la muerte causada por un felino hambriento que ataca por sorpresa. Y que con su pastar sostiene el ecosistema clave de Uruguay: el país pradera.
Más convincente tal vez que la variedad de argumentos racionales será una buena tira de asado crocante por fuera y jugosa por dentro, con una buena picaña que tenga la grasa periférica tostada y un buen Tannnat. Porque los buenos alimentos como la carne pueden ser imitables, pero son insuperables. No habrá laboratorio que haga un buen asado de verdad, ni un puchero. Sería como el esfuerzo por hacer vino sin uvas. Hay algo en la esencia que siempre faltará. Bill puede tener razón en negarse a comer carne de un lugar donde la selva fue talada, o de un animal condenado al sedentarismo y a una vida de encierro y aburrimiento. Pero si quiere tener una experiencia gourmet que preserva la diversidad biológica y cultural, puede servirse un buen plato.
El mundo está cambiando muy rápido y cambiará cada vez más rápido. La amenaza para la carne uruguaya no es tal o cual persona. Es el cambio tecnológico y cultural acelerado. Hay que dar la batalla tecnológica de la medición y determinación de las mejores prácticas para el clima. Hay que dar la batalla cultural que explique dentro y fuera de fronteras la importancia del campo natural para sostener productiva y éticamente a la ganadería uruguaya. Y trabajar activamente para que Bill Gates nos visite, y que tras él vengan Elon Musk, Greta Thunberg, y tantos más.
Somos un país de muy bajas emisiones por hectárea, queremois llegar a la neutralidad, ser un país post petróleo. Bill puede ayudarnos con sus ideas. Somos verdes en cualquier carretera que se recorra. Hay que concretar lo antes posible las mediciones que certifiquen que la carne uruguaya se puede comer sin culpa, y con el disfrute de siempre. Y convencer a Bill y Melinda que pasen unos días por aquí, conociendo las soluciones uruguayas al problema real del cambio climático y a la gastronomía local.
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]]>En este escenario, el consultor y periodista uruguayo Eduardo Blasina estuvo la semana pasada en la Argentina, para brindar una charla organizada por Uruguay XXI, una entidad que busca captar inversiones para ese país. Blasina vino en busca justamente de ganaderos argentinos interesados en invertir en el vecino país.
“En el caso de la ganadería se dan dos situaciones extremas. Por un lado hay una demanda de China que es inédita. En el caso de Uruguay, ya van 5 años que la demanda de China sube año tras año y este año también se da una suba fuerte de precios de los cortes que compra”, declaró Blasina.
El consultor agregó que “por otro lado hay una situación muy restrictiva en la oferta de novillos en Uruguay, porque la exportación de hacienda en pie hasta el año 2017 fue muy intensa, lo que da un marco muy bueno para el criador. Pero para el invernador que compra los terneros para engordar, es más complejo”, aclaró.
Escuchá el reportaje completo realizado a Eduardo Blasina:
Blasina informó que “en Uruguay se producen unos 2,8 millones de terneros, y con una salida de 400.000 animales por año para la exportación en pie, esto significó una restricción muy fuerte en la disponibilidad de novillos”.
“Entonces la industria hoy, para cumplir con China, tiene que competir muy fuerte. Y así tuvimos precios que llegaron a 4,40 dólares por kilo carcasa novillo, algo que nunca se había visto en Uruguay. Ahora aflojó un poquito y cotiza cerca de 4,15 dólares por kilo”, indicó. Es mucho más de lo que vale la misma categoría de animal en la Argentina y el resto de la región.
La situación es tal que se ha hecho común en el vecino país la importación de carne vacuna para atender su demanda interna sin frenar sus negocios de exportación. “Consumir carne en Uruguay es muy caro para el consumidor de ese país. Se trae mucha carne de Brasil y Paraguay, porque se exporta a un precio más alto del que se importa”, indicó Blasina.
Luego explicó que “ese es un flujo comercial que empezó hace 2 años y medio y que crece mes a mes, donde el Estado casi no interviene, excepto en dos cosas: en garantizar la sanidad y en abrir mercados. Después, acá está descartado un impuesto a la exportación, porque (la exportación) es vital para nosotros”, explicó a Bichos de Campo el director de Blasina y Asociados.
¿Y los frigoríficos uruguayos cómo viven la situación? El experto declaró que “la industria no lo está pasando bien porque, justamente, está pagando precios muy altos por la materia prima, pero también es cierto que nadie quiere incumplir con los chinos”.
Blasina agregó que “hay distintas situaciones, porque las empresas multinacionales como Marfrig, JBS y Minerva, que son las tres grandes brasileñas, tienen espalda. Pierden en Uruguay pero saben que es una apuesta de mediano plazo y ganan en otros países de la región”.
“Hace poco estuvimos con la gente de NH Foods, que es una empresa japonesa que tiene un frigorífico de última generación aquí, y nos decían que es cierto que les cuesta conseguir hacienda, pero a su vez mantienen una expectativa alta y una apuesta por Uruguay, porque están entrando bien a Japón que es la llave más difícil de conseguir y es el mercado más exigente”, contó el periodista uruguayo.
En este contexto, según Blasina “hay un estímulo tremendo para producir. Habrá pariciones muy importantes. La gente está entorando todo lo que puede, y sobre el segundo semestre del año entrante empezará a restablecerse de a poco la oferta de novillos, porque, además, la exportación en pie mermó mucho con estos precios”.
“La invernada está pagando 2,60 dólares por kilo vivo de ternero, y de esa manera le gana la competencia a la exportación en pie. Por eso digo que hay un estímulo muy intenso para aumentar la producción, y eso empezará a percibirse en el segundo semestre del año que viene, con un aumento gradual de la faena”, concluyó.
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]]>Blasina dialogó con los Bichos de Campo y explicó el origen de este malhumor rural, que lejos está de terminar. “La suba de tarifas que se anunció a principios de 2018 colmó la paciencia de los productores, sumado a un dólar que viene en baja por tercer año consecutivo. Y en medio de este cóctel, el Whatsapp configuró una red instantánea en pleno enero que convocó a miles de personas en esta marcha que significó un reclamo a que el Gobierno le imprima un shock de austeridad a su funcionamiento”.
Escuchá el reportaje completo a Eduardo Blasina:
Frente a la masiva concentración de Durazno, Tabaré Vázquez anunció un primer paquete de medidas que implican bajar costos a partir de un mecanismo de rubros por producción. Es el caso del sector lácteo, se extenderá una rebaja de 15% en la tarifa eléctrica desde marzo hasta diciembre. La misma rebaja le corresponderá al sector arrocero, que fue uno de los sectores más ninguneados por el jefe de estado, y que tantas críticas le valió. Y el sector frutihortícola, recibirá también una rebaja del 18% en el costo del gasoil a través de la devolución del IVA.
Pero nada de esto alcanzó para desactivar las protestas del agro uruguayo. Quizás sea oportuno mirar el discurso de Blasina para entender que las causas del malhumor son mucho más profundas.
“Se dio una especie de rebelión del contribuyente, llamando al Gobierno a que no suba más impuestos, y que rebaje muchos otros. El despilfarro del Estado no se aguantaba más y eso es lo que movilizó a tantos sectores económicos, y no sólo al agro”, declaró Blasina.
¿Tendrá esta situación repercusiones en la Argentina? Blasina sostuvo que “tanto acá como en Argentina estamos padeciendo un desfasaje entre la evolución de la inflación y el tipo de cambio. Los argentinos porque tienen una inflación alta, y los uruguayos porque tienen un dólar que baja con una inflación del 7%, que complica el panorama. Hay que equilibrar la ecuación de costos. Y si vemos la situación, en el sur de Brasil, pasan por una situación parecida, como es el caso de los arroceros que enfrentan allí la baja del dólar, lo que denota un problema más regional”.
Cómo sigue la protesta que tiene a este periodista agropecuario como uno de sus protagonistas. “El 31 de enero y el 1 de febrero habrá una vigilia en las rutas para reflejar que el descontento continúa con el gobierno uruguayo. Si el gobierno uruguayo no aplica el shock de austeridad que pedimos, pagará un costo político alto”, evaluó Blasina.
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]]>Las exportaciones de carne vacuna de Uruguay subieron en 2017 y fueron las más altas desde 2006. Informa la consultora Blasina & Asociados que el volumen total de carne vacuna exportado por el país vecino sumó 442.631 toneladas peso res, con una suba interanual de 3,6% respecto a las 433.923 toneladas de 2016. En valor el incremento fue de 2%, con 1.528 millones de dólares frente a 1.474 millones previos.
De acuerdo a los datos primarios publicados por el Instituto Nacional de Carnes (INAC), se trata del mayor volumen exportado desde 2006, cuando se alcanzaron 517.891 toneladas.
China tuvo una participación de 50% de los envíos totales y 40% sobre el monto exportado. El volumen exportado el gigante asiático pasó de 188.648 toneladas en 2016 a 218.484 en 2017. La facturación a este destino fue de 603 millones de dólares.
“Uruguay fue el principal proveedor de carne de China en 2017 (…) muestra claramente que el mercado crece y crece y Uruguay está siendo posicionado como de los principales socios comerciales en materia de carne con China”, subrayó el trader uruguayo Daniel Castiglioni. Añadió que el consumo de carne de China “seguirá aumentando en 2018 a un nivel de 5% a 6% anual mínimo, según la China Meat Association”.
La carne vacuna fue el principal producto exportado por Uruguay en 2017, con una participación de 17% sobre el total de las ventas.
Frente a la prontitud del Estado uruguayo para dar a conocer los números de exportación, aquí seguimos manejando datos hasta noviembre. Mario Ravettino, presidente del Consorcio de Exportadores de Carnes Argentinas (ABC), indicó que en los once primeros meses las exportaciones de carne bovina han sumado 282 mil toneladas peso res, 32% más que en igual lapso de 2016. El año, según el sector privado, podría cerrar por arriba de las 300 mil toneladas.
El total facturado por los frigoríficos argentinos en concepto de exportaciones sumó 1.175 millones de dólares, 12% mayor al de los primeros once meses del año pasado. “La disminución de las cotizaciones y la mayor participación de China, un mercado de inferior valor unitario, recortaron parte de la mejora que se observó en términos de volumen”, reconoció Ravettino.
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