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La entrada La agroecología se puso de moda, sobre todo entre funcionarios. El Ministerio de Ambiente creó su propio programa para impulsarla se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>A través de su secretaría de Política Ambiental, el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible dictó este miércoles la Resolución 1/2020, mediante el cual se aprobó la creación del Programa de Promoción de la Conservación y el uso sostenible de la biodiversidad en Agroecosistemas. Su objetivo central será la promoción de la agroecología como modelo productivo. En la justificación de la medida no se ahorran críticas al impacto ambiental de la agricultura convencional.
“La deforestación, la escasez de agua, la alteración de los ciclos de nutrientes, la pérdida de biodiversidad, el agotamiento de los suelos y las emisiones de gases de efecto invernadero deben ser tenidos en cuenta al momento de analizar los impactos de los modelos agropecuarios convencionales”, define la cartera que dirige Juan Cabandié al fundamental la necesidad de contar con su propio programa para fomentar la biodiversidad en materia productiva.
No es el único que existe en el organigrama de gobierno, donde muchas veces las temáticas se repiten. En el Ministerio de Agricultura, que es al área natural para definir e impulsar políticas productivas, en agosto del año pasado se creó oficialmente una Dirección Nacional de Agroecología, que sería conducida por el ingeniero agrónomo Eduardo Cerdá, uno de los pioneros en esa materia.
Aquella resolución de Agricultura decía que el objetivo primordial de la nueva Dirección Nacional sería “intervenir en el diseño e instrumentación de políticas, programas y proyectos que promuevan la producción primaria intensiva y extensiva de base agroecológica en todas sus escalas”.
En el caso de la nueva resolución del Ministerio de Ambiente que crea el Programa Nacional el objetivo declarado es: “Promover la conservación y uso sostenible de la biodiversidad en los agroecosistemas, a través del fortalecimiento de la agroecología y otras medidas que fomenten la sostenibilidad de los servicios ecosistémicos, la mitigación al cambio climático y la inclusión social”.
Pese a la evidente superposición de esfuerzos estatales, la nueva resolución del Ministerio de Ambiente ni siquiera menciona el antecedente de la cartera agropecuaria. Por el contrario, el texto fundacional del nuevo programa es bastante crítico de las prácticas agropecuarias más tradicionales en el país, sobre los cuales cargan varias culpas por el cambio climático y otras alteraciones climáticas.
“La intensificación de la agricultura convencional y la expansión de la frontera agrícola amenazan tanto la conservación de la biodiversidad de los ecosistemas naturales como de los propios sistemas agrarios”, apunta el texto de creación del Programa de Biodiversidad en Agroecosistemas. Luego culpa al sector productivo de generar el 37% de las emisiones de GEIs (gases del efecto invernadero) y recuerda que la tasa de deforestación anual en Argentina ronda el 0,35%, fundamentalmente a manos de actividades agrícolas y ganaderas extensivas.
“Estos impactos reconocen la necesidad de promover prácticas que mitiguen las emisiones, preserven los recursos como el suelo y el agua y sostengan la biodiversidad de los ecosistemas para asegurar su funcionamiento y la producción de alimentos. Los sistemas de producción agroecológicos contribuyen a una serie de beneficios de producción, nutrición, socioeconómicos y ambientales”, se proponen los funcionarios de Medio Ambiente.
La resolución, por supuesto, menciona la frase mágica: dice que la biodiversidad garantiza “la soberanía alimentaria”.
El Programa de Promoción de Conservación y Uso Sostenible de la Biodiversidad en Agroecosistemas lanzado por Cabandié se propone tener un “enfoque holístico que engloba las tres dimensiones del ambiente y del desarrollo sostenible: ecológica, social y económica”.
Su principal objetivo será “impulsar transiciones hacia sistemas productivos que conserven y regeneren la biodiversidad necesaria para el mantenimiento de los agroecosistemas y sus servicios ecosistémicos”.
Por lo pronto, el nuevo programa oficial a favor de la agroecología tendrá tres componentes: Acciones de promoción; Capacitación y difusión; y Articulación institucional para la investigación e innovación.
Por ahora es eso.
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]]>En este mapa construido por Télam se destaca que la “agroecología” ya tiene una serie de políticas públicas instaladas en diversas gestiones provinciales y municipales. Además, la agencia de noticias del Estado entrevistó a Eduardo Cerdá, un reconocido impulsor de estas modalidades productivas que sería designado como primer “Subsecretario de Agroecología” de la Nación, en el ámbito del Ministerio de Agricultura.
El informe afirma que en las provincias más pobladas, como Buenos Aires y Córdoba, la agroecología gana terreno, a punto que el Gobierno bonaerense creó en junio el programa provincial de Promoción de la Agroecología, además de un Registro de Productores -para que se inscriban quienes lleven adelante plantaciones respetando prácticas agroecológicas- y una Red Provincial de Facilitadores de Prácticas Agroecológicas, en la que técnicos, educadores, extensionistas y agentes capacitan y acompañan a los agricultores.
En Córdoba, por su parte, hay más de 70 municipios y comunas que, por intermedio de la red Nacional de Municipios y Comunidades (Renama), promueven la agroecología del sistema agroalimentario, según informó la delegada local de la Subsecretaria de Agricultura Familiar del Ministerio de Agricultura, Adriadna Arrigoni.
Uno de los casos es el municipio de Las Acequias, en el sur provincial. El intendente Gastón Tomatis está avanzando con la planificación y la creación del marco jurídico de las ordenanzas para luego concretar los proyectos agroecológicos en 88 hectáreas fiscales, con la prohibición de utilizar agroquímicos tóxicos, y con las “expectativas de generar 100 puestos de trabajo en 3 años”.
En la provincia de Santa Fe, el gobierno local cuenta desde 2014 con una red integrada por 36 “Viveros Inclusivos” ubicados en distintas localidades, en los que personas en situación de vulnerabilidad social reciben formación en jardinería, agricultura sustentable y paisajismo.
Desde el inicio de la pandemia, el Gobierno santafesino impulsó un programa llamado “Huerta Familiar” que reparte kits gratuitos de semillas y brinda asesoramiento con el objetivo de incentivar la producción de verduras y hortalizas orgánicas, frescas y sanas para el autoconsumo en los diferentes espacios que las familias dispongan.
“El programa ya alcanzó a 200 mil personas y permitió el cultivo hortícola de una superficie aproximada de 125 hectáreas, con una producción estimada de 2.500 toneladas de alimentos saludables”, indicaron fuentes oficiales, que además estimaron que el ahorro en cada familia fue “en promedio de 3.000 pesos debido a la cosecha propia de alimentos y teniendo en consideración los 50.000 beneficiarios, el impacto económico del programa se traduce en aproximadamente 150 millones de pesos”.
En Mendoza, por su parte, Valentina Navarro, directora de Agricultura del Ministerio de Economía mendocino, remarcó a esta agencia “la importancia de la horticultura orgánica en Mendoza, y los vinos y mostos” certificados.
“Hoy creo que hay una buena perspectiva sobre todo hacia lo orgánico, ya que la pandemia nos acercó hacia ciertas cosas de la naturaleza, a comer alimentos más sanos, sin tantos agroquímicos. Por eso va a haber una mayor demanda de lo orgánico, pero también una mayor conciencia de lo que uno come”, aseguró.
Por su parte, en el este de Santiago del Estero hay una región muy extensa que abarca 10 departamentos donde hay pequeños, medianos y grandes productores y desde “el INTA impulsamos para que adopten prácticas de agricultura con principios de sustentabilidad y sostenibilidad, los cuales muchos ya lo hacen”, dijo a Télam Graciela Leguizamón, directora de la Estación Experimental Agropecuaria Quimilí del organismo en el noreste de la provincia. Dijo que están “orgullosos” de su trabajo porque de 700 productores pasaron a tener actualmente 3.500 que trabajan en huertas.
En La Pampa, y a través del Centro Regional de Educación Tecnológica (Ceret) creado en 1997 en General Pico, “se llevan adelante huertas municipales que paulatinamente fueron creciendo en cantidad, y así como en 2015 teníamos en 14 localidades hoy ya son 38”, detalló el ministro de la Producción, Ricardo Moralejo.
Mientras tanto, el sistema de producción agroecológica se encuentra en pleno debate en la Legislatura provincial, en la que se acaba de formar una comisión para debatir proyectos presentados al respecto.
En la cámara de Diputados provincial se dio dictamen favorable al Programa Provincial de Huertas Escolares en La Pampa, iniciativa del diputado Espartaco Marín (PJ) que por un lado promociona la cultura del uso de la tierra de manera natural y por otro, se convierte en una herramienta pedagógica en las escuelas.
También el ingeniero Fernando Frank, técnico de la secretaría de Agricultura Familiar en San Luis, considera que en esa provincia se articulan dos modelos agroecológicos de mucho valor como son la agroecología campesina y la “neoruralidad”. En el primer caso se trata de familias que apuestan a la ganadería de pastizal natural, habitantes de zonas áridas y semiáridas, ligadas por naturaleza al bosque nativo que en San Luis se encuentran en el valle y en las sierras centrales con “producción caprinera”.
También en la Patagonia la agroecología es una realidad que crece: en Neuquén hay un incipiente desarrollo de producciones orgánicas de horticultura con respaldo del Gobierno provincial y expectativas puestas a partir del año 2021, cuando comiencen a regir un conjunto de normas de “Buenas Prácticas Agrícolas”.
La directora de Horticultura del Ministerio de Producción de Neuquén, Abril Manzano, dijo a Télam que “es necesario un cambio de cabeza en los productores para ir hacia la agroecología, que tiene que ver con la convicción de producir alimentos y con el equilibrio ecológico porque es una producción que debe encararse de una manera totalmente distintas a la tradicional”.
En Santa Cruz, la agroecología está presente a través de unos 254 agricultores familiares y unas 220 toneladas de productos, de las cuales más de 60 son cultivos de hoja y el resto corresponde a fruta fina y otros productos como ajo, papa y legumbres, según un relevamiento del INTA. “Es una foto que varía, muy dinámica, por eso ahora se está haciendo una nueva encuesta entre los agricultores familiares”, dijo Jorge Birgi, de la Estación Experimental INTA Santa Cruz. Agregó que “son núcleos de agricultores familiares que trabajan la tierra, muchos para autoconsumo, trueque o ventas, aunque no a grandes escalas”.
Por su parte, el Gobierno de Río Negro desarrolla el programa “Río Negro Nutre”, que contempla la construcción de 1000 invernaderos en distintas ciudades con el objetivo de que las familias puedan acceder a alimentos seguros, frescos y una vida saludable promoviendo la soberanía alimentaria. El programa selecciona las familias y las capacita en la producción de hortalizas en Invernaderos Escuela, donde también se brinda información alimentaria y nutricional y se enseñará a manipular alimentos.
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]]>La entrada Los padres de la agroecología: “El costo ambiental que tiene el sistema agrícola actual no lo mira ni evalúa nadie”, advierte Eduardo Spiaggi se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Por esa conjunción que tiene la agroecología de conocimiento científico-académico con el de saberes en el campo es que, según Spiaggi, hay discusiones. “El diálogo de saberes es uno de los pilares de la agroecología; entonces, tenemos un saber científico académico que es muy valido, pero lo ponemos en juego con el saber campesino indígena”, manifestó.
La agroecología es, para este profesor adjunto de la cátedra de Biología y Ecología de la UNR, “un cambio de paradigmas que no todos quieren hacer”. Pero resaltó que de a poco aparece más interés de parte de los productores que hacen números y evalúan encarar una transición. “Se trata de ver todos los costos, pero el costo ambiental que tiene el sistema agrícola actual no lo mira ni evalúa nadie”, resaltó.
Mirá la entrevista completa a Eduardo Spiaggi:
Spiaggi, que comenzó a hablar de agroecología allá por la década del ´90, recordó sus orígenes y destacó que el investigador mexicano de raíces indígenas, Efraím Hernández Xolocotzi, hizo importantes aportes en el estudio del maíz y la etnobotánica, es decir, las relaciones entre el hombre y las plantas, tuvo mucho que ver en el surgimiento de la disciplina.
“Xolocotzi era un especialista en maíz, y sostenía que las comunidades indígenas tenían un conocimiento muy válido, aunque no fuera científico, en el manejo de las variedades de maíz que tenemos hoy. En ese juego de saberes surge la agroecología, la cual pone justamente en diálogo ese tipo de conocimientos”, argumentó.
El especialista es de los que piensan que todo lo que hacemos está cargado de ideología y sin dudas esta también fluye al hablar de agroecología. Pero Spiaggi aclaró que “no hay que ideologizar a la ciencia”, razón por la cual pidió que haya “más profesionales jóvenes formados en esta línea, porque tenemos una demanda del municipio, de las comunas y de los productores. Algo bueno es que de a poco van apareciendo cátedras libres y optativas, pero la universidad debe dar más respuestas e integrarla en sus currículas”.
El agroecólogo mencionó a su par Eduardo Cerdá, quien espera a asumir pronto al frente de la dirección nacional de Agroecología dispuesta por el ministerio de Agricultura, y remarcó que hace años viene mostrando buenos resultados agroecológicos en campos extensivos.
“Los que se reconvierten o comienzan la transición empiezan a ver el campo de otra forma y evalúan esto: que si yo produzco 2.500 kilos de trigo bajo sistema agroecológico, y mi vecino, con todo el paquete tecnológico, produjo apenas 500 kilos más, es decir 3 mil kilos. Muchos me dirán que el sistema es menos productivo, pero si yo les digo que sólo gasté 100 o 150 dólares en hacer un trigo agroecológico, y el otro productor gastó 300 dólares en hacer el trigo de modo tradicional, es otro cantar”, describió, haciendo mención a que usualmente la agroecología implica un menos costo por la menor dependencia de insumos.
Para Spiaggi “es lógico que lo primero que quieran ver los productores sean números. No estoy diciendo lo contrario. Pero de a poco, ya sea por crisis, por necesidad o por convencimiento, cada vez más productores evalúan sumarse a la agroecología”.
Tras la consulta sobre si se puede superar la confrontación entre producción a gran escala y agroecología Spiaggi respondió que “esa respuesta debemos encontrarla entre todos. La crisis ambiental ya está presente, y el Covid-19 demostró que el avance sobre la biodiversidad, bosques, calidad de aire y agua no da para más. La agroecología viene a ser una herramienta para mitigar todo eso. Luego, a nivel macroeconómico, sobre cuántas divisas debamos generar, es otra discusión y también debemos darla”.
Sea como sea, para Spiaggi hay una cosa clara: “Si seguimos con la agricultura industrial tal como ahora, la crisis crecerá”.
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]]>La entrada Los padres de la agroecología: Eduardo Cerdá, el flamante director nacional, afirma que “no es lógico que el 70% de nuestra superficie agrícola sea ocupada por dos cultivos” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>De entrada, en diálogo con Bichos de Campo, el presidente de la Red Nacional de Municipios que fomentan la agroecología (Renama), considera que esta decisión refleja que hay mucho interés de parte de los consumidores por conocer la forma en que se producen los alimentos, pero también de parte de muchos productores, que comienzan a revisar su estructura de costos y sus prácticas diarias en el campo. En ese sentido, lanza una primera definición tajante sobre la agroecología: “No es retroceder sino avanzar hacia algo diferente”, afirma.
“La agroecología se está consolidando de a poco y su demanda es cada vez más grande. A su vez, hay que sostener la soberanía alimentaria de cada comunidad. El Estado debe propiciar el debate y por eso me parece atinada la creación de una dirección nacional de Agroecología”, dijo Cerdá, quien se involucró con este tema de trabajo desde el año 1996 luego de recibirse de agrónomo en la Universidad de La Plata.
Mirá la entrevista completa a Eduardo Cerdá:
El modelo actual de agricultura lleva, de acuerdo a Cerdá, a la concentración. “Vos fijate que cuatro empresas manejan el 75% del mercado de agroquímicos, y lo mismo pasa con la maquinaria. Y no es lógico que el 70% de nuestra superficie agrícola sea ocupada por solo dos cultivos. El productor tiene que entender que si se diversifica, diversifica su suelo”, remarcó.
“No creo que el modelo agrícola actual aguante mucho más. El INTA establece que hemos perdido entre el 40% y 50% de la materia orgánica del suelo. Todo país o cultura que perdió su fertilidad no existe más. Si no empezamos a mirar cómo cuidarlo con la expectativa de mejorarlo, es muy difícil que generemos plantas sanas. Sino tendremos que usar más agroquímicos para compensar, y así no podremos tener nunca un sistema inmunológico fuerte. Esto tiene que ver con tu comida”, resaltó Cerdá.
Como muestra del creciente interés, el agrónomo recordó que el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) realizó una capacitación el año pasado que estuvo dirigida exclusivamente a descubrir qué es la agroecología, cuáles son los diferentes enfoques y cómo se traduce en prácticas agrícolas. Se inscribieron unos 40 mil participantes y en la segunda edición ya eran 100 mil.
Los inicios de Cerdá como promotor de la agroecología se ubican en Tres Arroyos, donde fue director de Producción del municipio y luego director del Plan Estratégico del mismo, a fines de los noventa. “Ahí ya hablábamos de agroecología. Yo fui alumno de Santiago Sarandón, y años más tarde, me invitó a editar un capítulo de su libro, que consistía en contar los desafíos de una gestión municipal sustentable: el caso Tres Arroyos. Ahí dejamos muy en claro que los costos por producir se iban a disparar”, relató Cerdá.
El agrónomo de la UNLP destacó que “Tres Arroyos, era en ese momento, la capital nacional del trigo y un lugar donde se fertilizaba. En ese momento, cerca del 2000, con varios productores discutíamos que de seguir con ese esquema, los costos iban a triplicarse. Y en efecto, producir una hectárea de trigo que costaba entonces 100 dólares, pasó a costar 400 dólares en 2015”.
Lo que más le llamaba la atención a Cerdá era que en sólo 10 años los productores argentinos pasaron a duplicar sus costos para producir, mientras que -mirando los modelos productivos actuales-, no creció tanto la productividad media de los cultivos. En el caso del trigo, “hoy la media en Tres Arroyos anda entre 4 mil y 5 mil kilos la hectárea, cuando el costo está entre 3 y 4 veces más que lo que salía en los ´90, entre 300 y 400 dólares”, manifestó.
“En su momento llegamos a calcular el PBI de Tres Arroyos, y el mismo era equivalente al de un pueblo de Suiza, teniendo 14 bancos con sólo 60 mil habitantes. Eso hablaba de un municipio que movía plata. Bueno, yo advertía que si bien el municipio tenía suelos muy buenos, sólo el 14% de esos suelos eran clase 1, y el resto eran clase 2, 3 o 4. Que antes teníamos 12 cultivos o productos y que ahora nos achicábamos. Y a la vez, que estábamos perdiendo los cultivos recuperadores de fertilidad, reemplazando la fertilidad que nos daban las pasturas por fertilizantes químicos”, explicó Cerdá.
Atento a todo esto, Cerdá comenzó a trabajar para lograr un modelo de transición hacia la agroecología en el establecimiento “La Aurora”, un campo de 650 hectáreas ubicado en el sur bonaerense, que fue premiado por la FAO como una de las 52 experiencias mundiales de explotación con agroecología, porque ya no utilizan agroquímicos y obtienen rindes superiores a otros campos con modelos tradicionales de agricultura.
El establecimiento fue adquirido en 1981 por Juan Kiehr y Erna Bloti, y hasta 1997 el modelo agropecuario seguido también era el tradicional. La fecha coincide con la introducción de la soja transgénica en la Argentina. Ellos viraron hacia la agroecología con ayuda de Cerdá y otros técnicos como Martín Zamora, que hoy maneja los programas agroecológicos del INTA. Allí, cuenta Cerdá, se bajaron los costos directos por hectárea en la zona, que en manejo convencional eran de 350 dólares a unos 100 dólares bajo el manejo agroecológico. Este ahorro de 250 dólares es el que se traduce en una mejoría del margen bruto.

El presidente de Renama admitió que hace 25 años no veía la dimensión que tomaría por estos días la movida agroecológica. Pero aclaró: “Decíamos que esto iba a ser como el cigarrillo. Antes los colectivos traían ceniceros. En un restaurante era impensable pedir que dejaran de fumar y hoy pasa lo mismo. No es lógico que los cultivos tengan agroquímicos, y los tenemos en el suelo, en el aire y en las nubes”.
Acerca de los cultivos transgénicos, Cerdá consideró que “todos perdieron calidad alimenticia”. Remarcó que “38 países de la Unión Europea ya los prohibieron, y a su vez, la Unión Europea ya estableció que quiere bajar en un 50% el uso de agroquímicos”.
Para Cerdá, a partir del agotamiento del modelo anterior, es posible producir cuidando el suelo con rendimientos similares y menores costos. “Así tendremos mejor balanza y la posibilidad de acceder a más mercados. Tenemos que tener la mirada de que el campo debe dar valor agregado”, concluyó.
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]]>La entrada El “gurú” de la agroecología, Eduardo Cerdá, explica por qué se debe terminar con una agricultura tan dependiente de insumos químicos se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Cerdá, que preside desde hace unos años una red de treinta municipios que fomentan la agroecología, no lo desmiente. Todo lo contrario. “Todavía falta la designación, pero a mi me parece una propuesta interesante que el Estado visibilice este tipo de agricultura que para nosotros es la agricultura de los próximos años, pues conserva la fertilidad, que va disminuyendo el uso de los insumos, que a su vez disminuye los costos de los productores, considerando los precios en dólares que presentan, y ni hablar para los años que se vienen de tanta inestabilidad climática”, explicó el agrónomo a Bichos de Campo.
“A lo largo de estos años la agroecología demostró que se puede producir con rendimientos similares, pero con costos muy bajos al no usar fertilizantes, fungicidas e insecticidas”, indicó el especialista surgido hace más de veinte años en Tres Arroyos. Que contrastó: “Venimos de un proceso donde el modelo químico, industrial y predominante no dio respuestas al hambre del mundo y pormovió un uso inadecuado de los agroquímicos. Y lo dicen las Naciones Unidas, no solo yo”, enfatizó.
Escuchá el reportaje completo a Eduardo Cerdá:
“Pensá que en los años 90 la Argentina usaba 38 millones de litros de agroquímicos, y todavía no duplicó su superficie de siembra. Si duplicásemos la superficie, ¿cuántos litros de agroquímicos usaríamos por año? ¿120 millones? No. Estamos ya superando los 500 millones de litros de agroquímicos por año”, advirtió.
Luego aseguró que “no hay chance de que nuestro ecosistema pueda metabolizar tantos millones de litros. Trabajos científicos internacionales y nacionales ya establecen que tenemos agroquímicos en las nubes, en el aire, en la tierra, en lagunas y hasta en el Río Paraná”, enumeró Cerdá.
Hace muchos años que Cerdá asesora e investiga sobre las prácticas agroecológicas, pero el se resiste a ser considerado como un gurú. “Los 20 años recorridos por todo el territorio nos dieron el conocimiento necesario, y hacen que podamos conectar con muchos profesionales y productores, y difundir aún más la actividad”, explicó el presidente de la Red Nacional de Municipios y Comunidades que Fomentan la Agroecología (Renama).
Cerdá declaró que “cada vez se suman más municipios, provincias y hasta países a los postulados de una agricultura que reniega de los insumos químicos. “Recientemente adhirió a Renama el municipio de Merlo, en San Luis, e hicimos jornadas en Río Cuarto, Córdoba, y en Bolívar y Guaminí, en Buenos Aires”. No lo quiso decir, pero también un municipio de Uruguay adhirió a la red.
-¿Y por qué cree que la propuesta logra esta adhesión?
-Coincidimos en que es muy difícil estar enterrando de 300 a 500 dólares por hectárea, cuando no sabés si te va a llover o no, si vas a poder, al menos, salvar tu dinero invertido.
Cerdá puso como ejemplo un informe de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires (BCBA). “Esta bolsa ya está diciendo que más del 50% de los productores quizás no pueda cubrir sus costos en maíz. Y todo esto tiene que ver con una forma de producir que aspira a rendimientos muy altos y que apuesta a un costo y una inversión que deja a muchos productores fuera del sistema porque no pueden recuperar el dinero que invierten”.
En contraste, contó el caso de productores agroecológicos del oeste de Buenos Aires, en donde el año pasado llovieron de 300 a 400 milímetros y hasta hubo productores que resignaron sus trigos como alimento para las vacas. “Sin embargo, (estos productores) no tienen deudas, no han tomado crédito, están capitalizados tras un año tan difícil. Eso habla de la resiliencia, que es poder pasar momentos difíciles”, explicó el agroecólogo.
Vea aquí la primera entrevista a Eduardo Cerdá en Bichos de Campo en junio de 2017:
Según el especialista, hoy los productores obtienen los mismos rindes que en 1990, pero con un costo mayor de inversión por hectárea en cuanto a uso de insumos.
“En los 90 hacer una hectárea de trigo en Tres Arroyos costaba 100 dólares. Al cabo de 10 años, esa misma hectárea costaba 200, y en 2015 el valor ascendió a 400 dólares. A su vez, en los 90 cosechábamos 2.500 kilos por hectárea, y la cuenta es que, ahora, con un gasto de 400 dólares la hectárea, obtenemos el mismo rinde que en los 90”, dijo Cerdá.
En esa lógica, “hablamos de que ahora deberíamos obtener de 7.500 a 10.000 kilos para estar igual que en los 90. Es una pérdida bastante angustiante, cuando la media en Tres Arroyos es de 4.000 kilos por hectárea hace cinco años”.
Desde su experiencia como asesor de campos agroecolóicos, Cerdá señaló que “nosotros estamos en esos rindes, y hasta los hemos superado, llegando incluso a lograr lotes de 6.000 kilos por hectárea, sin fertilizantes, herbicidas o fiungicidas, con un costo de 150 dólares la hectárea. Entonces ¿Qué le conviene al productor?”, preguntó.
“El productor tiene que entender que maneja organismos vivos, de los cuales uno de los más importantes es el suelo; por ende hay que cuidarlo y alimentarlo. En la Facultad nunca lo vimos desde ese lugar”, recomendó.
Desde ese punto de vista, “es inevitable complementar el sistema con la ganadería, y otra de las claves que usamos es la de los cultivos asociados, es decir el poder sembrar cultivos como trigo y cebada con cultivos acompañantes como trébol o alfalfa por poner ejemplos”.
“Así podés cosechar, por ejemplo, un trigo, y te queda otro cultivo cubriendo el suelo, evitando que crezcan malezas, y nutriéndolo, porque permite fijación de nutrientes de forma biológica. Es un margen de secuencia, y no de un cultivo solo. Ese es un cambio grande”, concluyó Cerdá.
Cerdá es ingeniero agrónomo de la Universidad de La Plata (UNLP) y escribió los primeros libros que se escribieron sobre agroecología en Argentina. Es el caso de uno escrito junto a Santiago Sarandón (presidente de la Sociedad Argentina de Agroecología y presidente de la Sociedad Científica Latinoamericana de Agroecología), en cuyo capítulo 16 se relata el caso del establecimiento La Aurora, en Benito Juárez, que es asesorado por Cerdá desde hace 28 años. Ese establecimiento fue elegido por la FAO como una de las 52 experiencias exitosas del mundo en agroecología.
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