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La entrada Desde Glasgow llegó un mensaje del gobierno para los productores: “Tranquilos, no habrá que sacrificar ni una cabeza de ganado” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“Que se queden tranquilos, que no habrá que sacrificar ni una cabeza de ganado”, transmitió a Bichos de Campo el subsecretario de Coordinación Política del Ministerio de Agricultura, Ariel Martínez, quien formó parte de la delegación argentina en Glasgow y que todavía permanece en esa ciudad escocesa, donde todos los países del mundo están tratando de acordar una agenda urgente para poner freno a las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI) que recalientan el planeta y provocan un cambio climático peligroso para la humanidad.

La aclaración oficial resulta oportuna. Ni bien todos los presidentes llegaron a Glasgow, a principios de esta semana, la Argentina -junto a otro centenar de países- se mostró como firmante de los dos principales acuerdos que las potencias más desarrolladas querían imponer en esta cumbre climática. Uno de ellos lo firmaron casi todos, incluidos países díscolos como Rusia y China: pretende poner freno a la deforestación a partir de 2030. El otro pacto global, impulsado por Estados Unidos y la Unión Europea, se conoce como “Compromiso Metano” y resultó un poco más discutido, pues es “vinculante” y establece que las emisiones de ese gas deberán reducirse en un 30% en 2030.
La adhesión argentina a este pacto -que también asumió Brasil pero fue rechazado por otros países ganaderos como Australia y China- despertó algunos temores entre los productores. ¿Por qué? Porque se sabe que buena parte de las emisiones de metano son generadas por los rumiantes y por eso en la Argentina, del total de emisiones de metano, más del 60% son atribuibles a la ganadería según los criterios establecidos por el Panel Intergubernamental del Cambio Climático. Si Argentina se comprometió a recortar un 30% e sus emisiones, ¿eso implicaría que habría que reducir otro tanto el stock de vacunos?
“En absoluto”, respondió el funcionario argentino, quien aclaró que ese 30% mencionado en el documento es el objetivo de reducción global (es decir, que el mundo debería llegar a cumplirlo en 2030) y que no debe ser aplicado literalmente en cada uno de los 105 países signatarios.
Es bueno saberlo: Comenzó a instrumentarse la acción global destinada a liquidar al sector ganadero
¿Qué significa eso? Que por ahora está acordada cuál es la meta objetivo (reducir las emisiones globales de metano en un 30% para 2030, desde los niveles de 2020), pero todavía debe discutirse la “métrica”, lo que significará definir cuál será el aporte efectivo que tendrá que hacer cada país y en qué sector de la economía se debería producir ese ajuste.
En ese sentido, el funcionario de la cartera agropecuaria destacó que el ganado es responsable de solo una parte de las emisiones de ese GEI y aclaró que en la Argentina otro casi 40% proviene de los residuos, la energía y otras actividades económicas. De hecho, al anunciar este pacto, Estados Unidos y Europa anticiparon que pondrían su propio esfuerzo en reducir las emisiones de metano de sus industrias petroleras.

“La reducción planteada del 30% en las emisiones de metano es global, y de ninguna manera nos obligará a bajar el número de cabezas. Este acuerdo no irá en contra de la seguridad alimentaria y nuestra consigna al firmarlo fue ‘ni un alimento menos’. Por el contrario, podemos producir más y hasta extender la cantidad de cabezas si comenzamos a trabajar en la eficiencia de nuestra ganadería”, enfatizó el subsecretario que acompañó a Domínguez hasta Glasgow.
En ese sentido, el funcionario consideró que ahora debe comenzar un proceso arduo de trabajo tal como se definió en el documento que el Ministerio de Agricultura firmó con el Consejo Agroindustrial Argentino (CAA), la Mesa de Enlace y Aapresid unos pocos días antes de la cumbre climática. Allí, básicamente se establecía que “la agricultura no es el problema sino parte de la solución” para reducir las emisiones.
https://twitter.com/DominguezJul/status/1455603660835237898?s=20
En este sentido, los objetivos del gobierno -o al menos de su ala más productivista encarnada ahora por Domínguez-, pasan por desplegar una agresiva agenda en los próximos meses para definir una “métrica” cumplible en materia de compromisos de reducción del aporte nacional de metano al planeta, donde este gas colabora con 17% de las emisiones totales y, una vez en la atmósfera, se elimina en tiempos bastante más cortos que el carbono (se habla de una diferencia de 10 años contra casi un siglo de permanencia).
Martínez citó en esa agenda buena parte de las medidas que la propia cadena de ganados y carnes pregona, especialmente a partir del trabajo del investigador del Conicet Ernesto Viglizzo. Entre otros puntos eso implicaría:
-¿Y qué sucedía si la Argentina se negaba a firmar ese acuerdo, como hizo Australia?- preguntamos en un tramo de la conversación.
Martínez explicó que de entrada los países en vías de desarrollo -como la Argentina- se encontraron en la COP26 con una posición muy agresiva por parte de las naciones desarrolladas, que querían cerrar la cumbre de Glasgow con compromisos estrictos para evitar que la temperatura planetaria llegue a subir los 2°C tan temidos durante este siglo. Un condimento fue que, luego de varios años en los que Donald Trump minimizara este problema, el nuevo presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, se mostró en Glasgow como el más entusiasta de los ambientalistas.
La delegación argentina, según esta descripción, se empecinó en aclarar que la responsabilidad nacional para haber llegado a este escenario era mínima, pues el país solo emite 0,7% del total de GEI, según los últimos inventarios. Pero a la vez había que mostrar voluntad de ser parte de la cruzada mundial para resolverlo. “Por eso en el documento que la Agricultura firmó con las entidades rurales se priorizó la adaptación al nuevo escenario de cambio climático, pues sin haber sido culpables, igual nos lastima”, explicó el subsecretario de Coordinación Política del Ministerio de Agricultura.
Según esa visión, más allá de quién pateó la pelota y rompió el vidrio, todos jugamos el partido y existen “responsabilidades comunes, aunque tengamos que hacer esfuerzos diferenciales para resolver el problema”.
Otra verdad de Perogrullo es que por su delicada situación económica la Argentina no está como para sacar los pies del plato de ninguna de estas negociaciones y mucho menos para hacerse la canchera. “Estar afuera te corre del marco del financiamiento y no vas a estar entre los países que va a recibir inversiones”, reconoció el funcionario, que recordó que en el marco del Acuerdo de París el artículo 6 habla concretamente del compromiso de las naciones desarrolladas para financiar proyectos que permitan al resto de los países mitigar el impacto del cambio climático y adaptar sus sectores productivos a las nuevas realidades.

Martínez, que por ahora permanece en Glasgow junto a un grupo técnico de funcionarios de la Cancillería y el Ministerio de Ambiente, comentó que ahora se está negociando sobre un tercer acuerdo global impulsado por la Unión Europea para intentar que en un futuro se imponga la obligatoriedad de certificar que los alimentos no provengan de tierras que hayan sido deforestadas, de modo de detener el “cambio de uso del suelo” que también provoca emisiones de GEI. La novedad es que se pretende que estos condicionamientos asuman la forma de reglas comerciales.
Esa nueva ofensiva mantiene ocupados a los delegados argentinos. Y es la mejor evidencia de que las grandes potencias esta vez han intentado avanzar con la agenda climática de modo mucho más intenso que en otras ocasiones.
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]]>La entrada Martín Fraguío dice que urge dar pelea contra el calentamiento: “Para que el clima mundial no se transforme en una cosa complicada nos quedan aproximadamente 10 años” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Fraguío dirige la consultora Carbon Group, que se dedica al desarrollo de estrategias de adaptación y mitigación del cambio climático. Para él, la captura o secuestro de carbono puede dar muchas posibilidades a un país como la Argentina. “Es una oportunidad gigantesca, porque es un país de pequeña población pero con recursos naturales enormes. Tenemos 100 millones de hectáreas de pastizales que podrían transformarse en ámbito de secuestro de carbono”, dimensionó a Bichos de Campo.
Mirá la entrevista completa a Martín Fraguío:
¿Cuánto emite el agro argentino? Desde que Fraguío integraba la Asociación Maíz y Sorgo Argentino (Maizar), consideró que había que revisar los números de emisión de la agricultura, porque entendía que no se podía ofrecer algo al mundo que no estaba bien mensurado. “Nos dimos cuenta que lo que Argentina informaba acerca de emisiones GEI en producción de maíz estaba sobreestimado”, remarcó.
“Argentina estaba mostrando que tenía uno de los maíces más emisores del mundo. Conseguimos financiamiento, armamos un grupo de científicos liderado en aquel momento por Miguel Taboada del INTA, y demostramos que había una sobrestimación de 170%. No era un error estadístico. Estábamos diciendo que emitíamos el triple de lo que emitíamos”, explicó.
Según el director de Carbon Group, es difícil medir la emisión de la agricultura. “La principal emisión de la agricultura es óxido nitroso, que sale de procesos que ocurren en el suelo, en gran medida, involucrados con la fertilización nitrogenada”. Pero resaltó que el 23% de las emisiones globales, y en el caso de la Argentina, poco más del 40%, son emisiones que provienen del sector agropecuario.
En la XXI Conferencia sobre Cambio Climático (COP 21) que se dio en el marco del Acuerdo de París firmado en 2015, se establecieron medidas para reducir las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI) y se determinó que su aplicación comenzaría en 2020, una vez finalizada la vigencia del Protocolo de Kioto, que fue adoptado en 1997 con el mismo objetivo.
“En ese acuerdo, del cual fui parte, se presentó a los suelos, ecosistemas del mundo y productores, como la llave para bajar el nivel de CO2 de la atmósfera y las emisiones de óxido nitroso. Esa es la razón por la que creamos esta consultora”, describió Fraguío.
-¿Cómo hacés tangible todo esto a nivel del productor? ¿Primero hay que asumirse como parte del problema?
-Exacto. Porque lo que pasa con las metodologías y con las emisiones de Gases de Efecto Invernadero es que no son necesariamente intuitivas. Hubo casi 20 años de discusión en torno a si la Siembra Directa emitía más o menos. Lo que pasa es que atrás hay un montón de procesos en el suelo y en los residuos que allí quedan, que son muy complejos. Por eso, como primera medida trabajamos con los productores, para tratar de que comprendan que las emisiones de la agricultura son muy importantes en el mundo y que hay que tratar de bajarlas. Esto no quiere decir que se esté haciendo todo mal, sino que hay que hacerlo mejor. Porque el productor sabe que cuando fertiliza, y ese fertilizante se volatiliza en forma de óxido nitroso, está perdiendo plata.
El especialista contó que su consultora trabaja para lanzar muy pronto en la Argentina un programa junto a la empresa Corteva, que sería semejante al que ya anunció Bayer, y que tiene el objetivo de acercar esta problemática a nivel del productor. La idea final es ver cómo estas capturas se transforman en incentivos económicos para la actividad, “porque lo que el mundo necesita es que el productor agropecuario sea un actor económicamente próspero, y no el pobre tipo que está con sus 200 hectáreas tratando de llegar a fin de mes”, explicó Martín.

-¿Cómo te imaginás todo dentro de 20 años en términos de estímulos y castigos?
-Hoy ya se ve un ámbito de beneficio real existente, que creció mucho en el mundo en el marco del Covid-19, que es el financiamiento climático. Son grandes fondos de inversión, bancos y otros instrumentos como obligaciones negociables, que se hacen con un propósito de una mejora ambiental. En la normativa argentina hay tres especies de financiamiento apuntando a esto: los (bonos) Verdes, para cambio climático; los Sociales, para financiamiento de vacunas o construcciones de hospitales, y los Sustentables, que son una combinación de factores que pueden incluir mejoras ambientales. Es impresionante ver cómo está creciendo esto. Hay un movimiento rápido para que, a quienes hagan las cosas bien, se les de dinero, devolviéndolo luego en mejores condiciones.
-Es decir que empieza a existir financiamiento. Pero me parece que se necesitan modelos sistémicos en los países para que ese financiamiento se desparrame a pequeña escala…
-Si, y esa es la clave del programa de la FAO: ver cómo llegar a pequeños y medianos productores, los que tal vez deban participar en forma organizada, cooperativa, y con ayuda del Estado. En Argentina, muchos mecanismos no fueron eficientes, y creemos en esta visión de que hay bienes comunes que tenemos que resguardar, por nuestros hijos.
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]]>La entrada Patricio Gunning nos cuenta qué piensa hacer Bayer para ayudar a los productores argentinos a subirse al mercado de carbono se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“Tenemos que tangibilizar la sustentabilidad. Para Bayer es una obligación bajar en un 30% la emisión de dióxido de carbono, secuestrándolo como carbono”, aseguró a Bichos de Campo Patricio Gunning, líder en asuntos industriales en el Conosur de Bayer.
Para esta empresa es importante reducir las variables negativas para pasar a una neutralidad en sus propias operaciones e incluso tener un balance positivo desde la perspectiva ambiental. Es por esto que desde hace cuatro años estudian la forma de intensificar los procesos agronómicos y hacerlos más sustentables.
Mirá la entrevista completa a Patricio Gunning:
“En este triangulo agrícola de sustentabilidad social, ambiental y económica, el productor se siente parte y quiere ser el primer adoptante. Hay mucho entusiasmo por esto. Debemos pasar de la retorica a la lógica”, afirmó Gunning.
El primer reto entonces será volver atractivo para el mercado de bonos de carbono la adopción prácticas agrícolas que actúen capturando carbono de la atmósfera, y así es que cobrarían valor procesos como la Siembra Directa, los cultivos de cobertura o las nuevas tecnologías en semillas, teniendo en cuenta siempre las variables de cada lugar.
Por eso, la primera ayuda que prestaría Bayer (y otras empresas, porque por ejemplo Corteva prepara una iniciativa semejante) tiene que ver con poder medir la situación de cada campo, para poder determinar si es carbono neutro o si, como se especula para la mayor parte de los casos, tiene un excedente por la captura de carbono, que podría canjear en el mercado.
Según nos explicó Gunning, la intención de Bayer, una vez identificados los productores que estén en condiciones de ingresar a este nuevo flanco del negocio, podría ser adquirir directamente de ellos los bonos de carbono que le hagan falta para compensar sus propias emisiones (generadas, por ejemplo, por la producción de aspirinas en una fábrica de otra latitud del mundo) y así lograr tener balance neutro de carbono, como se propuso, para 2030.
Pero la otra opción, y la más probable, es que Bayer pueda actuar como una “facilitadora” , en este incipiente mercado global optativo de bonos de carbono, reuniendo una masa de oferta de productores agropecuarios americanos (en Brasil ya están trabajando con 500 de ellos) para que se suban a esta ola, puedan trabajar sus excedentes y entrar en un círculo virtuoso de mitigación de riesgos.
“Esto no lo resuelve una compañía o un productor sino una mesa redonda de integrantes y de jugadores”, sentenció Gunning, quien mencionó a modo de ejemplo que Bayer, de origen alemán, bien podría reunir la oferta de bonos de muchos productores argentinos para compensar el balance negativo de una aerolínea aérea como Lufthansa.
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