Error en la base de datos de WordPress: [Table 'wi631525_new.wp_ppress_plans' doesn't exist]SELECT COUNT(id) FROM wp_ppress_plans WHERE status = 'true'
La entrada Opinión: “Acusar a la ganadería como gran contaminante ambiental es tratar de colgar otro sambenito al campo”, argumenta Jorge Ramayon se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>
Más allá que como integrantes de nuestro sector agropecuario nos veamos como un sano soporte económico y ambiental de nuestra república, no podemos dejar de tener en cuenta que, según voces autorizadas en estos aspectos, reflejamos entre la población urbana una imagen tanto o más predatoria respecto al ambiente que la ofrecen los pesqueros japoneses cazando inocentes y simpáticas ballenas.
No hay duda que nuestro sector tiene culpas, inducidas o por propia iniciativa, pero identificar a nuestra ganadería vacuna como una gran contaminante ambiental y usar esto como excusa para tratar reducir el consumo de carne, permite decir que nos están tratando de colgar un sambenito, poncho de uso religioso que en la edad media indicaba al portador de un pecado.
Que por la actividad agrícola usemos un ponchito de estos, sucio con restos de desmontes, chorreado con glifosato y manchado con tierra erosionada, parece a primera vista más razonable que cargar contra los rumiantes, cuya capacidad de producir proteínas de alto valor biológico a partir de alimentos de escasa calidad digestiva parece poco valorado en estos análisis.
Sobre si los bovinos emiten gases de efecto invernadero (GEI) como resultado de su proceso digestivo no hay duda. Estas características son comunes al orden taxonómico que agrupa no solo a los bovinos sino también a ovinos, caprinos búfalos, llamas, guanacos, alpacas, vicuñas y muchos más, que en todo caso también deberían formar parte del análisis en la proporción que les corresponda.
La cuestión para discutir, sobre esta contribución ganadera a la emisión de GEI, requiere un análisis serio y con bases ciertas sobre cómo se originan, en qué cantidad y a partir de qué número de cabezas, para luego establecer su magnitud.
La primera pregunta para hacer entonces es: ¿Qué es un análisis serio?
El IPCC (Intergovernmental Panel on Climate Change) clasifica y recomienda los métodos de análisis para la preparación de los Inventarios Nacionales de Gases de Efecto Invernadero en tres niveles, de menor a mayor, los de Nivel 1 son simples y poco precisos, mientras que en el otro extremo el Nivel 3 recomienda métodos de orden superior, incluidos modelos y sistemas de medición de inventario basados en datos de la actividad, de alta resolución y desagregados, por lo que ofrecen estimaciones de mayor certeza que los niveles más bajos, siendo el Nivel 2 intermedio entre ambos.
Creo que la respuesta a la primera pregunta, valorando nuestra capacidad científica y técnica (INTA-CONICET-Universidades-expertos privados), es que un análisis serio para nuestro país es uno de Nivel 3.
La segunda pregunta, ¿con que bases ciertas?, es bastante más difícil de responder.
El INDEC, ya repuesto de la enfermedad que lo llevó a inutilizar el Censo Nacional Agropecuario (CNA) de 2008, en el CNA 2018 relevó una existencia bovina ligeramente mayor a 40 millones de cabezas, mientras que nuestras autoridades ambientales utilizan para el cálculo en el Inventario Nacional de Gases de Efecto Invernadero de 2019 la cantidad de 52 millones de cabezas informado por el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA).
Claramente, 52 millones es distinto y un 30% que 40 millones, por lo que cualquier monto de emisiones calculado por una u otra base diferirá en ese rango, generando una incerteza mayúscula sobre las emisiones reales de la actividad.

Ante esto, la siguiente pregunta que lógicamente resuena es:
¿De qué tamaño es el rodeo bovino argentino, de 52 millones de cabezas como dijo un organismo del estado creado para ejecutar las políticas nacionales en materia de sanidad y calidad animal y vegetal e inocuidad de los alimentos de su competencia, pero no para realizar estadísticas nacionales, o de 40 millones, como estableció el INDEC, cuya misión es ejercer la dirección superior de todas las actividades estadísticas oficiales del territorio nacional?.
Probablemente ninguna de las dos sea la cantidad real, pero es un tema central que debe ser aclarado antes de exponer conclusiones al respecto.
Como contraparte, la ganadería extensiva sobre forrajes perennes involucra otro aspecto muy relevante, como es la absorción de dióxido de carbono (CO2) mediante el proceso fotosintético, que permite el crecimiento de esa vegetación que la alimenta.
Parte de esos gases vuelven a la atmósfera mediante las emisiones ya comentadas y el posterior uso de los productos ganaderos, pero una parte importante es retenida en los suelos y mediante esa fijación incrementar su contenido de materia orgánica, remediando en plazos relativamente breves procesos de degradación que hayan sufrido previamente (Figuero Salas, 1999, Reunión de Expertos Internacionales) generando un secuestro concreto de CO2.
Por lo dicho, antes de que obliguen al sector a probarse que tal le queda el vergonzoso ponchito, necesariamente debe trabajarse sobre bases más serias que lo hecho hasta ahora, para establecer con la mayor certeza posible las magnitudes reales de los flujos en ambos sentidos y sus correspondientes balances, que variarán año a año según varíen los condicionantes principales.
Como conclusión, considero que no hay que tomar como problema lo que es una solución -probablemente la única en términos económicos- que permite obtener un uso ambientalmente equilibrado de nuestros recursos, teniendo en cuenta que es perfectamente posible balancear los efectos de degradación de actividades agrícolas con los efectos positivos de la ganadería bovina extensiva en la remediación de suelos, obteniendo una recuperación cierta de las cualidades de nuestro ambiente productivo.
La entrada Opinión: “Acusar a la ganadería como gran contaminante ambiental es tratar de colgar otro sambenito al campo”, argumenta Jorge Ramayon se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La entrada Argentina es el único país sudamericano que aceptó reducir las emisiones de metano a pesar del perjuicio que eso genera para el sector ganadero se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“Los países que se unen al ‘Compromiso Global de Metano’ se comprometen con un objetivo colectivo de reducir las emisiones globales de metano en al menos un 30% desde los niveles de 2020 para el 2030”, asegura el comunicado emitido por las dos potencias globales.
Lo curioso es la exigua lista de países que adhirieron a la iniciativa: además obviamente de la UE-27 y EE.UU., se sumaron Reino Unido, Italia (que forma parte de la UE-27), Irak, Ghana, Indonesia, México y la Argentina.
Argentina es el único país sudamericano en sumarse a la iniciativa, lo que representará un desafío enorme, especialmente si se tiene en cuenta que, de acuerdo al criterio establecido por el Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC por sus siglas en inglés), una molécula de metano (CH4) es equivalente a 28 moléculas de dióxido de carbono (CO2).
Por otra parte, si bien existe abundante evidencia científica que indica que el metano emitido por bovinos forma parte de un ciclo natural que se recicla en el ambiente, el estándar establecido por el IPCC considera que los eructos de los vacunos –fuente de la emisión de CH4– son tan o más peligrosos que las emisiones de origen fósil, que permanecen en la atmósfera durante siglos y, por lo tanto, son acumulativas y contribuyen así a ser el principal impulsor del cambio climático.
Los otros grandes países ganaderos de Sudamérica –Brasil, Uruguay y Paraguay– no firmaron el “Compromiso Global de Metano” porque, evidentemente, el mismo representa un perjuicio para uno de los sectores más dinámicos de sus economías.
No es el caso de la Argentina, cuyo gobierno, además de la firmar el nuevo compromiso ambiental, viene implementando en los últimos meses medidas orientadas a desincentivar inversiones en el sector ganadero, tales como aplicar un cepo a las exportaciones cárnicas bovinas.
En la lista de naciones firmantes del “Compromiso Global de Metano” solamente hay dos que son exportadoras de carne bovina. Una es la Argentina. Y la otra es EE.UU, aunque este país cuenta con muchos otros sectores económicos con capacidad para compensar las emisiones generadas por el sector bovino y, no menos importante, tiene a mano la “máquina para fabricar dólares” que permite financiar soluciones tecnológicas o bien la compra de créditos de carbono.
El comunicado oficial de la iniciativa menciona que la Comisión Europea “está trabajando para acelerar la adopción de tecnologías de mitigación mediante el despliegue más amplio de la ‘agricultura de carbono’ en los Estados miembros de la Unión Europea y a través de los Planes Estratégicos de la Política Agrícola Común (PAC)”.
En tanto, EE.UU. asegura que “está trabajando para expandir significativamente la adopción voluntaria de prácticas agropecuarias climáticamente inteligentes que reducirán las emisiones de metano de fuentes agropecuarias clave al incentivar el despliegue de sistemas mejorados de manejo de estiércol, digestores anaeróbicos, nuevos alimentos para ganado y compostaje, entre otras prácticas”. Nótese que el párrafo menciona expresamente que se trata de acciones “voluntarias”.
No hay ninguna mención a la política que implementará la Argentina al respecto, pero está claro que –tal como sucedió una década atrás–, si la intervención del mercado cárnico provoca una reducción considerable del stock bovino, entonces logrará alcanzar la meta establecida en el “Compromiso Global de Metano”.
Aprobaron un aditivo “reductor de metano” para bovinos pero no quieren decir cuánto cuesta
La entrada Argentina es el único país sudamericano que aceptó reducir las emisiones de metano a pesar del perjuicio que eso genera para el sector ganadero se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La entrada Un estudio del IPCVA asegura que más del 80% de las tierras de pastoreo demuestran potencial para el secuestro de carbono se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Pero en el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA) creen que en la actual coyuntura existe una oportunidad si la misma, claro, se sabe y puede aprovechar. “Para el productor la ganadería es más que un trabajo, es un estilo de vida en el que lleva muy presente el cuidado del ambiente y del ecosistema”, indicó hoy Juan José Grigera Naón, presidente del instituto.
“Por supuesto que no negamos que hay que revisar cosas, pero frente a una serie de cuestionamientos ambientales aclaramos que las emisiones de (gases de efecto invernadero de) la ganadería nacional sólo representan el 0,15 % de las emisiones totales del planeta”, apuntó Naón durante un seminario en formato virtual en el cual se mostraron los resultados de un estudio que la entidad encargó a la Red de Seguridad Alimentaria del CONICET.
En estudio reunió a 45 científicos argentinos que relevaron la situación actual de la sostenibilidad de la ganadería argentina para poner en blanco sobre negro qué es lo que el sector de ganados y carnes está haciendo bien y dónde tiene que mejorar.

“El relevamiento actual que encargamos a la Red de Seguridad Alimentaria del Conicet involucra investigadores nacionales, provinciales y otras instituciones como el INTI y el INTA, los cuales analizan diversos temas tales como impacto ambiental, efluentes, gases de efecto invernadero (GEI), entre otros”, aclaró Grigera Naón y agregó que “lo que queremos reflejar es que la ganadería no es parte del problema, sino parte de la solución”.
Temas como la huella hídrica, la huella de agua, la huella de carbono, la emisión de GEI, el cuidado ambiental y la sustentabilidad como atributo de calidad cruzan las más de 50 páginas del informe, en el cual se expone que la Argentina está en línea con lo exigido en el Acuerdo de París (COP21), firmado por 174 países más la Unión Europea, en el cual se establece el compromiso de reducir sus emisiones de GEI.

La Contribución Nacionalmente Determinada (NDC por su sigla en inglés) por el Estado argentino en 2016 planteaba para el año 2030 no exceder la emisión neta de 483 millones de toneladas de dióxido de carbono equivalente (MtCO2eq). Pero, en el marco de la Cumbre de Ambición Climática, realizado el pasado 12 de diciembre en formato virtual, el presidente Alberto Fernández anunció que esa meta para 2030 sería ahora es de 360 millones de toneladas para alcanzar la situación de carbono neutral en 2050, lo que implica asumir metas mucho más exigentes en ese sentido.
Según el último inventario nacional de gases de efecto invernadero (INGEI), la ganadería de carne aporta un 16% de las emisiones totales nacionales, siendo la categoría fermentación entérica del ganado vacuno la que aporta la mayor proporción dentro de las emisiones del sector agricultura, ganadería, silvicultura y otros usos de la tierra.
La cuestión es que los aspectos ambientales incorporados en las relaciones comerciales internacionales son cada vez más tenidas en cuenta en las condiciones de acceso a muchos de los principales mercados. Es por eso que el estudio en cuestión desglosó cada uno de los ítems clave.
Emisiones GEI. El estudio sostiene que el sector ganadero bovino puede mitigar emisiones en base a procesos naturales y armónicos con la naturaleza, lo que conforma una fortaleza y una oportunidad porque requiere poca inversión económica, debido a que tales atribuciones están asociadas a tecnologías de procesos más que de insumos. “En ganadería, estas emisiones han mostrado una tendencia negativa desde 1990, explicada parcialmente por reducción de cabezas, aunque también por mejoras sustanciales de eficiencia del ciclo productivo. Esta evolución positiva no exime al sector de mayores esfuerzos para controlar y reducir las fuentes de emisión principales, en especial la fermentación entérica y evitar pérdidas de CO2 por deforestación, pérdidas de pastizales y pasturas perennes”, remarca el documento.
También argumenta que “las emisiones de la ganadería Argentina son de por si bajas, debido a que es de carácter extensivo, con la mayoría de los sistemas de producción sobre sistemas pastoriles. Esa base productiva está basada en pastizales ocupando el 95% del área ganadera bovina del país, unos 60 millones de hectáreas, con la mitad del rodeo ubicado en la zona pampeana, que representa alrededor de un tercio de esa superficie”.
Secuestro de carbono. El informe destacó que tanto la genética bovina, como la nutrición balanceada, la alimentación y el manejo del pastoreo “son ejemplos de cuatro tecnologías que han probado su eficacia
para reducir la huella de carbono”, aunque reconoció que es necesario mitigar aún más las emisiones agropecuarias “favoreciendo el diseño y la implementación de buenas prácticas ganaderas que reduzcan el impacto de la producción sobre el cambio climático”.
Según el estudio, “cerca de tres cuartas partes del país tienen a la ganadería bovina como actividad principal o única relevante, y se trata de la misma superficie que tiene baja competitividad agrícola. A su vez, más del 80 % de las tierras de pastoreo demuestran potencial para el secuestro de carbono”.
“Hay consenso en sostener que el sector agrícola-ganadero puede ser un importante sumidero de CO2, particularmente los sistemas productivos a base de pasturas y/o con presencia de árboles, y esto representa una gran oportunidad para el sector, dado que el secuestro de carbono puede contrarrestar parcial o totalmente a las emisiones, o inclusive en algunos casos superarlo dejando un saldo positivo en términos de acumulación de carbono. El desafío es definir cuán cerca o lejos de la saturación de carbono están los suelos, para determinar de esa forma cuál es el potencial de captura y en qué medida esa captura puede llegar a superar, reducir o neutralizar las emisiones del sistema productivo”, explicó el estudio.
Para lograrlo, el informe indicó que es necesaria la cooperación entre el sector privado y los organismos de ciencia y tecnología del Estado. “Con una estrategia basada en el conocimiento se puede conseguir mucho en poco tiempo”, resaltó, aunque aclaró que “sería altamente deseable que la noción de ´Carbono Neto Cero´ entendido como un secuestro y almacenamiento de carbono que iguale o exceda las emisiones producidas por los combustibles fósiles y los procesos biogénicos (entéricos, excreciones animales, descomposición vegetal), sea incorporado como una meta a incorporar dentro de los Inventarios Nacionales de GEI que regularmente reporta el gobierno nacional”.
Huella Hídrica. En este aspecto, el informe consideró que “dado que la mayor parte de la producción ganadera argentina se realiza en pastizales naturales con cargas bajas a moderadas, la huella hídrica es
principalmente verde y es posible la convivencia entre la flora y fauna nativas. Además, el mantenimiento de cierta cobertura vegetal permite obtener beneficios como mejorar la retención de agua y conservar el contenido de materia orgánica de los suelos”.
En Argentina, según el informe preliminar realizado al IPCVA en el marco de un proyecto con el INTI, el 99,2% (16,10 m3) del agua consumida para la producción de un kilogramo de carne deshuesada y empacada corresponde a la huella denominada “verde”, que deriva de las precipitaciones y es aprovechada por los cultivos.
“Sólo el 14% del rodeo nacional es alimentado en confinamiento para su terminación previa a faena, y un 28% adicional lo hace en sistemas mixtos basados en granos. Como resultado, el 71% de la biomasa vegetal consumida por kilo vivo de producción (ciclo completo desde cría) corresponde a pastizales y otras comunidades nativas, en tanto que 21% corresponde a pasturas sembradas, 5% a grano de maíz, 1,5% a pellets de oleaginosas, y 1,5% a silaje. El uso de fertilizantes y agroquímicos es prácticamente nulo para la producción de forraje de los ambientes naturales, y muy limitado en las pasturas y verdeos”, desarrolló.
A su vez, evaluó que “los mayores stocks ganaderos coinciden con las zonas de mayor producción agrícola. En este marco, las rotaciones agrícolas ganaderas contribuyen a mejorar la sustentabilidad del suelo y la biodiversidad”.
Preservación del recurso forestal y servicios ecosistémicos. El informe ilustró que el sistema silvopastoril (SSP) argentino ocupa gran parte de las producciones en pastizales naturales de las regiones extrapampeanas, que contempla una región donde se da una adecuada combinación de forestación y aprovechamiento del pasto en una superficie de 34 millones de hectáreas y, a su vez, de la superficie total forestada. “Aproximadamente el 70 por ciento de los bosques de ñire en la Patagonia tienen un uso silvopastoril con un escaso manejo integral en los establecimientos. En el Chaco, más de 6 millones de hectáreas están en aprovechamiento silvopastoril con distintos grados de intensidad”, sostiene el informe.
Al mismo tiempo, reconoce que “hay preocupación por la deforestación, pero hay una tendencia que muestra una reducción, dado que en el 2007 se dictó la Ley Nº 26.331 de presupuestos mínimos de protección ambiental de los bosques nativos (Ley de Bosques)”.
“Los sistemas de producción de carne con presencia de árboles integrados están vigentes en la Argentina y pueden expandirse, ya que podrían aumentar la capacidad de secuestro de carbono del sistema y otros beneficios, entre los que se puede mencionar: proveer sombra y reparo a los animales”, asegura.
El informe encomendado por el IPCVA a la Red de Seguridad Alimentaria del CONICET también hizo espacio para quejas, dado de que las llamadas “responsabilidades comunes pero diferenciadas (CBDR, por sus siglas en inglés, Common But Differentiated Responsibilities), establecidas en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, no conceden a todos los países las mismas obligaciones ni responsabilidades”.
“Los mayores niveles de industrialización de los países desarrollados implica que estos históricamente generaron más emisiones de gases de efecto invernadero. Este es un principio fundamental de las negociaciones vinculadas al cambio climático. La intención de los países desarrollados de eludir el principio de Responsabilidades Comunes pero Diferenciadas impacta directamente en las condiciones de acceso a los mercados de los países en desarrollo y es ciertamente más sensible en el caso de los alimentos como la carne vacuna”, expresa el informe.
“De allí que la problemática ambiental como argumento para restringir el comercio sea ámbito de disputas comerciales severas en el cual podemos encontrar argumentos genuinos para restricciones espurias. Tal como se explicita mas adelante, las negociaciones internacionales deben
basarse en normas públicas basadas en ciencia y no en normas privadas”, concluye.
La entrada Un estudio del IPCVA asegura que más del 80% de las tierras de pastoreo demuestran potencial para el secuestro de carbono se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La entrada Alejandro Tozzini nos explicó el verbo de moda en el agro: “Hay que descarbonizarse. Es inminente e ineludible” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Ese carbono neutro puede obtenerse mediante la captura de CO2 atmosférico, que se puede hacer incrementando la materia orgánica de los suelos o bien, a través de la ganancia de biomasa con la forestación.

“El agro argentino debe descarbonizarse. Es inminente e ineludible. La Argentina ya tiene un camino hecho con la Siembra Directa, y la situación competitiva en términos de huella de carbono es muy favorable”, dijo a Bichos de Campo Alejandro Tozzini, que es ingeniero agrónomo y doctor en biología, especialista en evaluación de Impacto Ambiental y en Energías Renovables. Durante largo tiempo, Tozzini trabajó estos temas en el INTA y en varias empresas del sector.
¿Y qué tiene que ver la Siembra Directa con la descarbonización?
El experto indicó que es una de las prácticas que -bien hechas- permite capturar CO2 en el suelo, incrementando su materia orgánica. “En eso tenemos toda una historia, y nuestros suelos mejoraron mucho. Además, no sólo mejoramos lo que capturamos, sino que el consumo de combustible en las labores agrícolas es muy inferior al que teníamos, antes cuando usábamos el arado de reja y vertedera”, explicó.
Mirá la entrevista completa a Alejandro Tozzini:
Llegar a un balance cero entre lo que se emite y lo que se captura implica, para Tozzini, un equilibrio en la cuenta del agro semejante al que buscan otras actividades y regiones. “Eso, por ejemplo, es lo que está planteando la comunidad europea, a través del Pacto Verde Europeo, para llegar a 2050 con una economía de carbono cero o neutro”, comparó.
La posibilidad de capturar el carbono con prácticas agrícolas sustentables daría beneficios económicos importantes al sector. De acuerdo a Tozzini, a futuro “esto va a tener un valor, pero debemos estar preparados para acceder a ese mercado, porque no es algo que se arme de un día para el otro”, remarcó.
El lanzamiento del Programa Argentino de Carbono Neutro es, según el biólogo y agrónomo, un modo de acceder al mercado de carbono. Nació como una iniciativa privada, impulsado por las Bolsas de Cereales del país,.

En el mundo están, de todos modos, más avanzados. Tozzini contó que “hoy hay un mercado voluntario de empresas que hacen un balance de carbono y buscan llegar a la neutralidad a partir de la compra de distintos bonos que les están reportando este balance cero. Pero más adelante habrá un mercado obligatorio o un mercado en el que será necesario operar”, advirtió.
El especialista enmarcó en este contexto “el anuncio de la empresa Bayer” en el reciente congreso de Aapresid. “Ellos proponen llegar al 2030 con un balance neutro de carbono en todo lo que haga la compañía en sus operaciones diarias”, resaltó Tozzini.
-¿Y cómo puede una empresa tender a un balance neutro de carbono?
-Puertas adentro se pueden hacer montones de cosas dentro de una empresa en sus procesos industriales. Por ejemplo, dentro de los edificios se pueden bajar consumos para refrigeración y calefacción, o bien obtener calefacción a partir de biomasa y fuentes renovables.
-¿Y puertas afuera? ¿En el campo?
-Desde lo más sencillo, favorecer la forestación y lograr ciertos bonos, y desde lo más complejo como lo es el manejo agropecuario, llegando a un balance en las rotaciones que le permitan generar un saldo positivo.
Le preguntamos a Tozzini si es necesario un click mental de los productores agropecuarios para subierse a esta ola de la “descarbonización”.
El agrónomo manifestó que mcuchos productores “lo tienen ya incorporado, porque la Siembra Directa está metida en nuestro ADN”.
“Pero sí serán necesarios otros clicks, para empezar a entender qué es lo que hay que medir y certificar, porque no basta con hacer las cosas sino que también hay que demostrarlas y auditarlas de modo tal que eso tenga un valor transable, no sólo como valor económico si es que se puede acceder a un bono, sino también para mostrar que las cosas se hacen bien”.
La entrada Alejandro Tozzini nos explicó el verbo de moda en el agro: “Hay que descarbonizarse. Es inminente e ineludible” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>