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emprendedores – Bichos de Campo http://wi631525.ferozo.com .:: Periodismo que pica ::. Sun, 07 Nov 2021 22:41:42 +0000 es-AR hourly 1 https://wordpress.org/?v=5.8.13 http://wi631525.ferozo.com /wp-content/uploads/2018/06/cropped-mosca-32x32.png emprendedores – Bichos de Campo http://wi631525.ferozo.com 32 32 Florencia Andolfatti creó una marca de abonos naturales a partir del compostaje de estiércol de ovejas Merino en Chubut http://wi631525.ferozo.com/florencia-andolfatti-creo-una-marca-de-abonos-naturales-a-partir-del-compostaje-de-estiercol-de-ovejas-merino-en-chubut/ Sun, 07 Nov 2021 11:56:01 +0000 https://bichosdecampo.com/?p=84888 Florencia Andolfatti nació en Tandil y estudió Licenciatura en Turismo. En la universidad conoció a Julián Gonzalo, proveniente de Río Pico, Chubut, que había ido a estudiar veterinaria. Cuando se recibió, Julián viajó a Australia a realizar un intercambio durante 6 meses sobre la raza de ovejas Merino, porque es hijo de una familia propietaria […]

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Florencia Andolfatti nació en Tandil y estudió Licenciatura en Turismo. En la universidad conoció a Julián Gonzalo, proveniente de Río Pico, Chubut, que había ido a estudiar veterinaria. Cuando se recibió, Julián viajó a Australia a realizar un intercambio durante 6 meses sobre la raza de ovejas Merino, porque es hijo de una familia propietaria de una cabaña que cría esa raza de ovejas allí en Río Pico, ubicado a 200 kilómetros al sur de Esquel.

Corría marzo de 2004 cuando Julián regresó de Australia a Tandil y Florencia se puso de novia con él. Pero enseguida Julián tuvo que regresar a vivir a Chubut. Mantuvieron un noviazgo a distancia durante cuatro años. Ella viajaba a Río Pico o él viajaba a Tandil, hasta que en 2008 decidieron unirse y alguien debía resignar su lugar de origen. Pues fue ella quien aflojó y se fue a vivir con Julián a Río Pico, a una casa en un campo vecino al de los padres de Julián. Tuvieron 4 hijos, Joaquina, Paulina, Constanza y Julián Alfonso. Cuando las hijas tuvieron que empezar la escuela, en 2015 se mudaron a Esquel y desde allí vuelven a trabajar al campo los fines de semana.

Un día Florencia comenzó a tomar conciencia de la cantidad de estiércol que quedaba al limpiar los bretes y corrales de las ovejas en el campo de sus suegros, donde se formaba una gran parva, ya que poseían varios miles de ovejas criadas sanamente a campo. Y por otro lado le llamaba la atención la poca oferta que había en el mercado de fertilizantes y abonos naturales.

Entonces empezó a llevarse un poco de estiércol para preparar un compostaje en su casa y probarlo en su propio jardín. Como le resultó ser un producto muy rico en materia orgánica, comenzó a llevarlo a Tandil, para su familia. Le resultó tan bueno que se lanzó a crear un producto comercial con dos líneas: abonos naturales y sustratos naturales. ¿El lugar? En Río Pico, a la altura del kilómetro 34 de la Ruta 19.

Decidió envasarlo en potes de medio litro y bolsas de 5 litros. Y registró el producto bajo la marca “Merinas Patagonia”. Comenzó a venderlo poco a poco y hoy lo recomienda para jardines, invernáculos y huertas.

Florencia dice que no es un fertilizante, sino estrictamente, un mejorador de suelo. Hace parva y el INTA se lo testea. “Luego de procesar el abono, preparamos las muestras para llevar al laboratorio del Centro de Investigación y Extensión Forestal Andino Patagónico (CIEFAP). De este modo registramos los componentes de cada una de las parvas”, explica Florencia.

En 2018, embarazada, con tres hijos, Florencia se dio cuenta de que le iba a ser imposible seguir con todo sola. Entonces asoció a Cintia Goicoechea, una colega de turismo, que por más de un año y medio se ocupó de ir vendiendo el producto a los viveros. Ese mismo año el Ministerio de Ciencia y Técnica de la Nación le otorgó el premio “Innovar 2018”. En 2019 recibió otro premio del CEDEM Chubut (Centro de Desarrollo Económico de la Mujer).

Florencia aconseja a sus clientes: “El producto se puede diluir. En 20 litros de agua se echa el equivalente a dos latas de duraznos. Se lo deja estacionar durante dos días, revolviéndolo cada tanto y luego se riega. En el caso de los almácigos de hoja verde, se mezcla en una proporción de 20% a 30% respecto de la tierra. En el caso de árboles frutales, aflojar y fertilizar la tierra debajo de la copa de los mismos”.

Orgullosa, Florencia explica que “El emprendimiento es de triple impacto ambiental, porque utilizamos desechos de la producción ovina, cuidando el medio ambiente, haciendo un aporte para que los cultivos sean sanos y sustentables, y además genera cierta rentabilidad. Utilizamos bolsas biodegradables que se fabrican en Buenos Aires. Y donamos a escuelas de la zona el 10% de lo que producimos, como también al INTA. Ya lo hemos hecho a escuelas especiales y también a la escuela del lago Futalaufquen, que tiene vivero de plantas nativas”. Merinas Patagonia produce hoy 400 bolsas por mes de abono natural para huerta y jardín.

Hace un año consiguió un crédito gracias al cual pudo comprar una chipeadora para aumentar el volumen de producción. A fin de 2020 pudo obtener el registro en Sustrato y Enmiendas del SENASA para poder comercializar su abono por todo el país. Por ahora su producto se vende en Tandil, Comodoro Rivadavia, Trelew, Buenos Aires, San Justo, pero a Florencia le preocupa que el flete está cada vez más caro y hoy representa el 50% del precio final.

Este año 2021 se presentó en el concurso Premios Latinoamérica Verde, en la ciudad de Guayaquil. En el mismo concursaron más de 4000 proyectos y Merinas fue seleccionada entre los mejores 500, con el puesto 152. También este año hizo un curso de comercio exterior, pensando que en el futuro podría armar una franquicia.

Apenas llegó a Chubut, Florencia pensó que ella debía devolver al Estado nacional la excelente educación pública que había recibido en la UNICEN (Universidad del Centro de la Provincia de Buenos Aires), en Tandil. Entonces comenzó dando clases de historia, geografía e italiano –su título la habilitaba- en la escuela Gobernador Costa, ahí mismo, en Río Pico. Y actualmente viaja dos veces por semana a dar clases en escuelas rurales de frontera, en Los Cipreses y dentro del Parque Nacional Los Alerces.

A Florencia no le fue fácil adaptarse al rudo clima cordillerano y patagónico. Recuerda que cuando llegó, la nieve alcanzaba el metro de altura. Y algún invierno que, como por la nieve era imposible hallar la tranquera de las escuelas, debía ir contando los kilómetros en su auto. También, cuando el volcán Chaitén hizo erupción en Chile y se formaba un sedimento de ceniza cubierto con nieve. Cuenta que extrañaba tanto su pago de Tandil que a cada una de sus gallinas le puso el nombre de sus amigas de allá. Para graficarnos las distancias de la Patagonia, nos contó que hizo amistad con dos vecinas de su casa, una a 40 kilómetros para un lado y la otra a 60 kilómetros para el otro. Y los jueves se juntaban a tomar el té. Además, con su marido, solían hacer 80 kilómetros para ir a cenar a casa de amigos.

El mayor regocijo de Florencia y de Julián es que sus cuatro hijos saben explicar perfectamente qué contiene la bolsa de su producto y todos dicen que van a estudiar alguna carrera afín para continuar con la actividad agropecuaria y con la naciente empresa. El suegro de Florencia acaba de recibirse de profesor de acordeón y da gusto ver cómo sus nietos lo impulsan a tocar. Cuando Florencia se conoció con Julián en la facultad, bailaron el chamamé Kilómetro 11 y nos quisieron dedicar de despedida, ese himno litoraleño de Mario del Tránsito Cocomarola, por el Chango Spasiuk:

 

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La corazonada de Gilda: Se dio cuenta de tenía que “transitar un camino diferente” y ese fue el inicio de su emprendimiento de alimentos naturales http://wi631525.ferozo.com/la-corazonada-de-gilda-se-dio-cuenta-de-tenia-que-transitar-un-camino-diferente-y-ese-fue-el-inicio-de-su-emprendimiento-de-alimentos-naturales/ Sat, 25 Sep 2021 13:45:41 +0000 https://bichosdecampo.com/?p=81044 A los 15 supo que no ya no quería comer carne de ningún tipo. Sentía un rechazo cada vez mayor y la tildaban de rara. Así pasaron 10 años tratando de aprender, porque ella no tenía ningún conocimiento sobre vegetarianismo y su entorno tampoco. “Mis padres son de San Luis, criados con forma de comer […]

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A los 15 supo que no ya no quería comer carne de ningún tipo. Sentía un rechazo cada vez mayor y la tildaban de rara. Así pasaron 10 años tratando de aprender, porque ella no tenía ningún conocimiento sobre vegetarianismo y su entorno tampoco. “Mis padres son de San Luis, criados con forma de comer convencional y eso me sirvió para darme cuenta de que tenía que transitar un camino diferente”, dice hoy Gilda Luna, luego de mucho reflexionar y de llevar adelante su emprendimiento de alimentos naturales.

“Como en muchas familias mi papá tenía la costumbre de hacer asado los domingos, que era el día para estar en familia y relajados pero a mí no me caía bien: estaba 4 o 5 días sin digerir esa comida y sentía como si un vidrio bajara lentamente por mi órgano digestivo”, describe. “Así que debido a esa sensación dejé de comer carne porque acepté respetar lo que mi cuerpo me decía”.

En el año 2000 Gilda se mudó a la Ciudad de Buenos Aires a buscar trabajo y ahí el mundo alimenticio cambió para ella, porque conoció vegetarianos y rápidamente se sintió identificada ya que hablaban el mismo idioma. “Yo había hecho cursos de auxiliar de farmacia y comida hospitalaria, siempre buscando algo relacionado a la salud y también trabajé 11 años en panadería, lo cual me mostró cómo la harina blanca daña el sistema digestivo”.

Así, en 2004 se lanzó a elaborar productos sin conservantes ni harinas, barras de cereales, granolas y un mix gourmet sin azúcar. “Esto es también una búsqueda personal y un hermoso aprendizaje”, reflexiona. “Amo los animales, son seres muy sensibles: he conocido vacas, caballos y cerdos que demostraban personalidad como cualquier persona, así que verlos en un plato para mí era inconcebible”.

“Ya van siete años de nuestro emprendimiento gracias al cual pude fusionar la vida familiar con el trabajo y vivir de este modo, algo para mi muy importante. Las recetas son inspiraciones en equipo, a veces en grupo y a veces individual pero siempre buscamos calidad, nutrición y originalidad”, cuenta. “Nuestros clientes son gente que valora la diferencia de lo industrial a lo artesanal y quiere productos simples, sin conservantes ni agregados extraños, lo cual influye no solo en sabor sino también en salud”.

Gilda agrega, contenta, que cada vez tiene más clientes y que la pandemia hizo que sus productos llegaran a muchos nuevos lugares: “El hecho de no tener ferias ni universidades abiertas (yo llevaba mi mercadería a centros de estudiantes y bufetes) me obligó a buscar otros canales de distribución y así empecé con los nodos, que son grupos de personas que compran y distribuyen productos de cooperativas y emprendimientos familiares. Gracias a esto mis productos empezaron a llegar a todos lados y se generaron muchas ventas”.

“Cuidamos la calidad de todo lo que usamos y del proceso que realizamos; aspiramos en un futuro a ser orgánicos”, enfatiza Gilda. “Ha sido una maravillosa aventura conocer todas propiedades nutricionales que hay en el mundo vegetal y esto, sumado al reto de trabajar en familia y generar nuevos sabores, es el espíritu de nuestro emprendimiento”.

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Abril Tolentino tiene 14 años y como se aburría en la pandemia se puso a criar gallinas felices: Ya tiene 800 y vende los huevos en su pueblo http://wi631525.ferozo.com/abril-tolentino-tiene-14-anos-y-como-se-aburria-en-la-pandemia-se-puso-a-criar-gallinas-felices-ya-tiene-800-y-vende-los-huevos-en-su-pueblo/ Wed, 15 Sep 2021 11:57:21 +0000 https://bichosdecampo.com/?p=79779 Villa Mugueta es una pequeña localidad agrícola del sur de Santa Fe en la que viven unas 2.500 personas. Entre ellas Abril Tolentino, una joven de solo 14 años que en tiempos de pandemia, como se aburría de tanto encierro, les dijo a sus padres que quería comenzar a criar gallinas. Se inició como avicultora […]

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Villa Mugueta es una pequeña localidad agrícola del sur de Santa Fe en la que viven unas 2.500 personas. Entre ellas Abril Tolentino, una joven de solo 14 años que en tiempos de pandemia, como se aburría de tanto encierro, les dijo a sus padres que quería comenzar a criar gallinas. Se inició como avicultora comprando diez, luego 20 y al cabo de poco más de un año de trabajo ya tiene 800.

Bichos de Campo estuvo en la pequeña localidad y pudo hablar con ella. Nos la presentaron como “la productora agropecuaria más importante del pueblo” y casi que tiene razón. En esta zona de chacareros, ubicada muy cerca de Alcorta, donde en 1912 se originaron las revueltas de arrendatarios que dieron origen a la Federación Agraria Argentina (FAA), es muy difícil encontrar casos de un crecimiento tan rápido. Por supuesto que Abril contó con ayuda de sus vecinos y su propia familia.

Mirá la entrevista a Abril Tolentino:

“Todo empezó en la pandemia. Se me ocurrió a mí que quería criar gallinas y me dijeron que sí. Primero habíamos comprado 10, luego 20, en el medio hicimos calabazas y con la plata que juntamos compramos otras 30, y bueno… Empecé así. Ahora tengo 800 gallinas”, nos contó Abril, que siempre vivió en Villa Mugueta pero ahora estudia en la Escuela Agrotecnica 327 de Bigand, el pueblo vecino.

La pequeña emprendedora le puso a su empresa el nombre MEVA, una sigla formada por las iniciales de su hermanito, su padre, su madre y el suyo propio al final. Las gallinas las cría en el campo familiar, donde había un pequeño gallinero al que debía ampliar el ritmo en que crecía su stock de ponedoras. Las gallinas pastorean de día pero a las noches hay que encerrarlas por temor al ataque de los depredadores. Abril hace una mueca al reconocer que por esos ataques a perdido muchas de sus aves.

Los huevos “de gallinas felices” que produce Abril son vendidos en maples por económicos 300 pesos (en la ciudad de Buenos Aires pueden llegar a cotizar al doble en los circuitos más acomodados). Están cuidadosamente empaquetados y tienen hasta etiqueta. Fuera de las cámaras, Abril  nos cuenta que junto a sus colaboradores pesa uno por uno para clasificarlos por tamaño, y los limpia. Por ahora no tiene una calibradora que le haga más sencillo ese proceso.

No todo fue fácil. El emprendimiento de Abril debió recurrir estos meses algunas veces a los subsidios (en esta caso, de sus propios padres), para hacer frente al elevado precio del alimento balanceado con el que complementa la alimentación de sus gallinas. Recordemos que el maíz -el principal insumo de los avicultores- ha subido más del 100% de precio en medio de la pandemia. Eso descoloca hasta a los empresarios más audaces.

 

Otra tarea que asumió Abril con ayuda de su familia ha sido la comercialización de los huevos que recoge todos los días, y que van a comenzar a crecer en cantidad ahora que asoma la primavera. La mayoría los vende entre familias amigas de Villa Mugueta y otros pueblos de la zona, pero se los han encargado desde Rosario. Así se empieza.

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A dos emprendedores misioneros se les ocurrió que había que resucitar la vieja industria del aceite de Tung, una rara nuez que solo crece en Misiones http://wi631525.ferozo.com/a-dos-emprendedores-misioneros-se-les-ocurrio-que-habia-que-resucitar-la-vieja-industria-del-aceite-de-tung-una-rara-nuez-que-solo-crece-en-misiones/ Tue, 14 Sep 2021 10:59:44 +0000 https://bichosdecampo.com/?p=79732 Matías Weresczuk y Javier Obyszuk son dos jóvenes misioneros vinculados por la familia (son primos) y por las ganas de emprender. Ambos son productores de yerba mate y té en Oberá, la capital nacional del inmigrante, y un buen día de 2016 al dinero que les quedó de la cosecha de sus tradicionales infusiones decidieron […]

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Matías Weresczuk y Javier Obyszuk son dos jóvenes misioneros vinculados por la familia (son primos) y por las ganas de emprender.

Ambos son productores de yerba mate y té en Oberá, la capital nacional del inmigrante, y un buen día de 2016 al dinero que les quedó de la cosecha de sus tradicionales infusiones decidieron reinvertirlos en el montaje de una fábrica de aceite de Tung. La industrialización de esta particular nuez había dejado de existir cerca de 2010, lo que derivó en que muchos productores de Misiones comenzaron a desatender sus plantaciones. Había materia prima pero nadie que la procesara.

Del tung se extrae un aceite no apto para consumo humano pero de grandes cualidades para la industria. El aceite que ambos primos producen lo venden con la marca Kyra al por menor en el mercado interno y todo lo que les ingresa por la comercialización del producto lo reinvierten en el desarrollo de la propia empresa.

Del árbol de Tung, que crece sólo en China y -como la yerba mate- en zonas de Paraguay, Misiones y Brasil, se extrae una nuez que se procesa y cuyo aceite sirve para trabajar la madera como si fuese un barniz, pero de origen vegetal.

“Lo que ofrecemos es algo totalmente ecológico”, explicó Werecszuk a Bichos de campo. La pequeña fábrica hoy produce entre 2.000 y 2.500 litros al año, aunque esperan ir creciendo con el sueñoo de alcanzar los niveles que supo tener esta actividad cuando se lograban producir hasta cientos de miles de litros. El aceite de tung, en aquel momento, era muy utilizado por la industria naval.

Escuchá la entrevista a Matías Weresczuk.

“La fábrica la arrancamos de cero. Estuvimos averiguando por maquinaria de las viejas de fábricas cerradas, pero eran de un tamaño mayor al que necesitábamos”, contó el emprendedor. Tuvieron que recorrer mucho para conseguir los fierros necesarios para su proyecto, hasta que pudieron adaptar una prensa de soja para la molienda de la nuez.

“Nuestra limitante es la poca cantidad de plantaciones que hay. Desde que se siembra hasta que la planta da producción tiene un lapso de 5 años y por eso desde 2018 hicimos plantaciones propias  y de productores que se iban convenciendo del proyecto. Pero todavía no están en producción, eso lo esperamos para dentro de 2 o 3 años”, contó Matías.

Mientras tanto se manejan con las cosechas de los agricultores que lograron convencer tras el cierre de las últimas fábricas. “En su momento los productores quedaron sin cobrar la materia prima y por eso no nos creían que les íbamos a pagar. Con algunos hubo un proceso de hasta 2 años, hasta que los convencimos porque vieron que les pagábamos”, explicó el productor y ahora industrial del Tung.

La cosecha de Tung es en forma manual, pero Werecszuk y su primo están buscando la forma de mecanizarla. “Nunca se intentó hacer una máquina y ese es uno de los grandes desafíos que tenemos. Para el año que viene tenemos pensados comenzar a desarrollar unos prototipos, pero no es tarea difícil debido a las irregularidades del terreno”.

Los cultivos abandonados de la tierra colorada

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La historia de amor entre Ivana y Hugo dio frutos, pero su pequeña hija no nació de un repollo sino de una lechuga hidropónica http://wi631525.ferozo.com/la-historia-de-amor-entre-ivana-y-hugo-dio-frutos-pero-su-pequena-hija-no-nacio-de-un-repollo-sino-de-una-lechuga-hidroponica/ Fri, 11 Jun 2021 13:01:41 +0000 https://bichosdecampo.com/?p=69790 Este es una pequeña gran historia de amor. Sus protagonistas son Ivana Matvichuk y Hugo Guerrero, dos diseñadores gráficos que se cansaron de lo que estaban haciendo dentro de su profesión y se lanzaron a producir alimentos mediante una técnica bastante antigua pero que recién ahora está comenzando a revolucionar el sector hortícola de la […]

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Este es una pequeña gran historia de amor. Sus protagonistas son Ivana Matvichuk y Hugo Guerrero, dos diseñadores gráficos que se cansaron de lo que estaban haciendo dentro de su profesión y se lanzaron a producir alimentos mediante una técnica bastante antigua pero que recién ahora está comenzando a revolucionar el sector hortícola de la Argentina: la hidroponia.

“Raiza” le pusieron de nombre al emprendimiento, que está ubicado en las afueras de la ciudad de Posadas, y que lleva apenas un año y medio de funcionamiento. Casi la misma edad de la pequeña hija de Ivana y Hugo, que no nació de un repollo sino de una lechuga hidropónica. Es que -como en la mayoría de los casos- este planteo hidropónico se especializa en verduras de hoja.

Mirá la entrevista a los dos emprendedores:

Los chicos se conocieron en tiempos de facultad. Y luego cada uno de ellos consiguió trabajo como diseñador, pero que no los terminaban de conformar. Hasta que la hidroponia se cruzó en su camino. “Hay varios factores que nos llevaron a esto. Por un lado queríamos pegar un giro en nuestro estilo de vida, por cuestiones de salud. Y más allá de eso vimos una oportunidad comercial”, contó Hugo a Bichos de Campo.

Los jóvenes empezaron a capacitarse hace tres años y luego, como muchos de estos emprendedores, lo primero que hicieron fue producir verduras con  sustrato de agua en el patio de su propia casa. Cuando se animaron pidieron plata prestada que hoy todavía están devolviendo. Pudieron montar un invernadero de 960 metros cuadrados. Aunque todavía tienen muchas cuotas para devolver, les va bien. Tanto que están agregando otros 260 metros.

“Nos tiramos a la pileta y acá estamos, haciendo de todo. Tuvimos un montón de errores, de pérdidas, pero así se fue aprendiendo”, simplifica Ivana la experiencia.

Los chicos de Raiza se volcaron por el sistema NFT, que es el de caños agujereados por donde se introduce cada plantín. Dentro del sistema cerrado circula el agua con los nutrientes necesarios para que las plantas crezcan sanas y luzcan rozagantes. “El beneficio principal es que no hay derrame del agua y hay un aprovechamiento de ese recurso”, afirma Hugo. A su lado Ivana explica que los caños están apoyados sobre mesas, poco más arriba de la cintura de una persona adulta, para facilitar la tarea de cosecha que ellos mismos realizan.

Por allí corretea la pequeña hijita de la pareja, nacida de una lechuga.

-¿Y cómo resolvieron la cuestión comercial?

-Nos pasó que hicimos la primera cosecha  justo cuando comenzó la cuarentena. Nos encontramos con esta situación y comenzamos a golpear puertas de verdulerías, mercados y almacenes. Hoy estamos colocando todo lo que producimos.

En Posadas no había hasta ese momento un emprendimiento de este tipo, y la verdura hidropónica llegaba desde Oberá, donde sí existen. Hugo cree que había mercado porque también en la capital de Misiones “la gente busca verduras más sanas, que no hayan sido producidas con pesticidas”. Ellos hacen varias variedades de lechugas y rúcula, aunque esa verdura de hoja tiene mucho menos público en Misiones del que cosecha en la Ciudad de Buenos Aires.

Ivana,  casi sin querer, nos describe uno de los secretos que podrían hacer que la hidroponia consolide su espacio en la oferta de productos para los misioneros: “Acá hace mucho calor en el verano y las altas temperaturas hacen que no haya mucha oferta de la chacra, de la tierra”. El bache de oferta de verduras de hoja se produce en la temporada estival. Y ellos están en condiciones de cubrirlo.

-¿Y en qué se equivocaron?

Hugo reconoce que hubiera sido ideal hacer un invernadero un poco más alto, justamente para atemperar un poco más esos altos calores. Pero a la vez dice que no hay que mortificarse, pues haciendo hidroponia se aprenden nuevos secretos técnicos todos los días. Por suerte, recalca el joven, hay mucha solidaridad y cooperación entre este tipo de emprendedores en el país.

“Una puntual recomendación para alguien que quiera hacer hidroponia es estudiar bien el mercado. Nosotros hoy estamos produciendo para comercializar a 20 kilómetros a la redonda. ¿Se puede despachar a 100 kilómetros? Si, se puede, pero hay un montón de factores a considerar en los costos”, recalcó el flamante productor, que ya dejó del todo el diseño.

Del todo no, porque Raiza, el nombre elegido para esta empresita, está cuidadosamente pensado y tiene logotipo muy coqueto. Un visitante desprevenido podría pensar que esa palabra viene de “raíz” y más o menos. En realidad, es un homenaje a la abuela de Ivana, que se llamaba Raiza y era descendiente de los inmigrantes ucranianos que colonizaron esta provincia. “Ella era una enamorada de la chacra, de la tierra”, relata la joven madre.

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Mayma BIO: Crearon un programa de mentorías para acompañar a productores que quieran “transitar” hacia la agroecología http://wi631525.ferozo.com/mayma-bio-crearon-un-programa-de-mentorias-para-acompanar-a-productores-que-quieran-transitar-hacia-la-agroecologia/ Wed, 14 Apr 2021 13:07:37 +0000 https://bichosdecampo.com/?p=63956 Mayma es una palabra que en guaraní significa ‘todos’. Hace 15 años, con ese mismo nombre, nació un proyecto que buscaba forjar una economía regenerativa, colaborativa e inclusiva, a través del fortalecimiento de emprendedores. En palabras de su cofundadora, el objetivo es lograr que las empresas persigan propósitos que den valor y que no generen […]

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Mayma es una palabra que en guaraní significa ‘todos’. Hace 15 años, con ese mismo nombre, nació un proyecto que buscaba forjar una economía regenerativa, colaborativa e inclusiva, a través del fortalecimiento de emprendedores. En palabras de su cofundadora, el objetivo es lograr que las empresas persigan propósitos que den valor y que no generen daño.

Recientemente ese mismo grupo lanzó Mayma BIO, un programa destinado a acompañar y dar herramientas a aquellos productores que desarrollen producciones agroecológicas o quieran hacer la transición hacia ellas.

“El desafío de un productor hoy es llegar a escala y al mercado en tiempo y forma. Eso requiere de apoyo. Somos muy colaborativos, el trabajo se hace bajo la filosofía de consultoría entre pares”, explicó a Bichos de Campo Margarita Carles, cofundadora de Mayma e ideóloga de Mayma BIO.

La primera edición de mentorías se realizó el año pasado, de la que participaron 33 productores de todo el país. El programa ofrece 15 encuentros con emprendedores y especialistas en el método de producción específico de cada participante.

Dado que Mayma cuenta con presencia en Córdoba, Santa Fe, Jujuy, Chubut y Río Negro, no hay limitantes geográficas. También tienen representantes en Chile, Colombia y Uruguay.

Entre los expertos invitados se encuentran Enrico Cresta de Pampa Orgánica, Pablo Borrelli de Ovis 21, Irmina Vénica de Naturaleza Viva y Marcos Meichtry de PLP Group.

“La agroecología es una enorme oportunidad. Es una de esas cosas en las que decís ‘que increíble que no prenda más’. Hablamos de agroecología porque no nos jugamos por ningún tipo de certificación, alentamos todas. Nos queda claro que hay muchos productores que quieren llegar al mercado interno y no necesitan ninguna certificación”, indicó Carles.

Este año el programa se realizará en forma virtual por las condiciones sanitarias, pero esperan tener algunos encuentros semi presenciales luego de mitad de año. La inscripción está abierta y tiene un costo de 20 mil pesos. Las mentorías se realizarán entre mayo y septiembre.

“El cambio profundo para la humanidad viene para mí de la reconexión con la tierra, el suelo y el agua, entendiendo que se puede generar una abundancia infinita a partir de la producción sana y no contaminada de químicos, que además de ser nocivos para la salud son caros”, sostuvo Margarita.

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Entre las sierras de Córdoba funciona una especie de bóveda para atesorar… bulbos de azafrán http://wi631525.ferozo.com/entre-las-sierras-de-cordoba-funciona-una-especie-de-boveda-para-atesorar-bulbos-de-azafran/ Thu, 18 Feb 2021 14:47:46 +0000 https://bichosdecampo.com/?p=59085 Federico Paak e Ivana Amaya son una joven pareja que hace unos años decidió armar su propio emprendimiento productivo en la zona de Atos Pampa, en el Valle de Calamuchita, al sur de Córdoba capital. Optaron por producir azafrán, también llamado “oro rojo” porque se trata del cultivo más caro en todo el mundo. Se […]

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Federico Paak e Ivana Amaya son una joven pareja que hace unos años decidió armar su propio emprendimiento productivo en la zona de Atos Pampa, en el Valle de Calamuchita, al sur de Córdoba capital. Optaron por producir azafrán, también llamado “oro rojo” porque se trata del cultivo más caro en todo el mundo. Se considera que tiene mucho potencial porque la Argentina es deficitaria.

Pero la vida les tendría reservada una sorpresa.  “Comenzamos con la primera siembra de cormos o bulbos en el año 2007, como un emprendimiento familiar. Hoy somos una red consolidada de productores e inversores”, cuentan ahora desde la página web de Azafrán Mediterráneo, la empresa que armaron y que viró de ser un proyecto netamente productivo a un negocio con un alto componente financiero, aunque ellos prefieren definirlo como “lúdico”.

Es que, en efecto, con el correr de los años Federico, que es licenciado en Economía, se fue dando cuenta de que las mejores posibilidades no pasaban por producir el azafrán (que son los tres estigmas secos del pistilo de la flor de Crocus sativus) sino los bulbos de esa planta. Además descubrió que el verdadero negocio no era la producción en sí misma sino captar inversores que quisieran destinar parte de sus ahorros a esta red, que los retribuye -según contaron los emprendedores a Bichos de Campo– con tasas de retorno muy superiores a las que ofrece el mercado financiero tradicional.

Hoy la empresa Azafrán Mediterráneo tiene varios cientos de inversores que le confían su dinero a Paak para apuntalar la producción de estos bulbos tan parecidos a un diente de ajo. Los capta, según contó, a través de una red de doce sucursales ubicadas en diferentes lugares del país y también en el exterior. Por ejemplo en Chile y Uruguay.

Es más, en el pequeño campo que la pareja tiene cerca de la localidad de Villa General Belgrano hay una suerte de bóveda (se trata en realidad de un cuarto especialmente acondicionado) donde la inversión de cada socio está custodiada en forma de… bulbos de azafrán. En vez de cajas de seguridad de un banco, las que se acumulan unas sobre otras (con la respectiva identificación de cada dueño) son bandejas plásticas con los bulbos que corresponden a cada inversor. Hay incluso cajas más grandes para los inversores más grandes. Algunos nombres allí expuestos son de gente reconocida, pero no los vamos a revelar.

Varían según su calibre, que son cuatro. Pero cada bulbo de azafrán puede llegar a valer en promedio unos 400 pesos. De todos modos, esto siembra más confusión en nosotros, que nos preguntamos si estaremos frente a la primera criptomoneda de origen vegetal. Paak nos aclara que en todo este proceso “lo que vale no es el bulbo sino la experiencia, que es muy lúdica”.

“La demanda de azafrán está totalmente insatisfecha”, nos explica Federico, mientras Ivana nos muestra planillas de un inversor X que ha obtenido inéditas rentabilidades. Parece haber aquí una suerte de fiebre por el oro rojo que nosotros -acostumbrados a los números duros de la actividad agrícola- no terminamos de entender. La clave, suponemos, es que existe confianza en que el negocio va a seguir creciendo por largo rato.

Que el azafrán cotice tan caro no es extraño. Se necesita un trabajo infernal para obtener un kilo de esa especie, que además de ser clave en la tradicional paella española tiene probados beneficios medicinales. Se necesitan doscientas cincuenta mil flores de azafrán para lograr un kilogramo de azafrán puro. Por eso, según dice la Wikipedia, en España el precio rondaba los 3.000 euros por kilo en 2010, luego subió a 5.000 euros en 2016 y tocó hasta 8.000 euros el año pasado.

En nuestra visita a Azafrán Mediterráneo no pudimos ver el cultivo, ya que se suele sembrar en marzo/abril y se cosecha en octubre. El matrimonio de emprendedores nos cuenta que ellos empezaron sembrando sobre suelo, como productores tradicionales, pero que luego se dieron cuenta de que era mejor hacerlo sobre una suerte de piletones o cajones de altura, que cuentan con sustratos especiales y riego, y que están claramente identificados para asociarse con los bulbos de cada inversor.

El azafrán es una planta herbácea, perenne, con una altura normal de 10 a 25 centímetros. Posee un bulbo sólido de 2,5 a 3 centímetros de diámetro, que se halla recubierto por una túnica reticulada de ásperas fibras de color terroso o marrón claro. Las hojas parecen nacer del bulbo, envueltas en su base por unas vainas. Las flores suelen ser de 1 a 3 por tallo de la planta, que a su vez puede constar de 2 ó 3 tallos. Pero cuando la producción apunta a producir nuevos bulbos, el proceso de floración debe ser interrumpido.

Cuando el negocio es producir azafrán, en cambio, cobran importancia los estigmas de la flor, que son 3, de color amarillo rojizo o anaranjado, tienen de 3 a 4 centímetros de largo, y que una vez desecados quedan reducidos a solo 2 centímetros. “El estigma seco posee una intensa fragancia y constituye lo que se denomina puramente azafrán”, explica un completo informe del sitio español Infoagro.

En este establecimiento cordobés, las flores comienzan a brotar en días sucesivos a partir de abril y el periodo de cultivo duran entre 30 y 45 días. “Se cosechan a mano una a una, y ese mismo día realizamos el desbriznado, que es separar los pétalos de los pistilos. El siguiente paso es el secado de los pistilos que se realiza en un horno a 40 grados. Se necesitan entre 150 a 170 flores aproximadamente para obtener 1 gramo de azafrán”, relatan los emprendedores en su web.

Pero, ya se ha dicho, ellos priorizan por ahora la producción de bulbos o cormos. “En los meses de octubre o noviembre, cuando comienza el aumento de la temperatura, se procede a la recolección de los cormos. En este punto todos los cormos son sacados de la tierra, se limpian, se clasifican por tamaño y sanidad, para ser almacenados hasta el nuevo ciclo”. Son estos los que aguardan dentro de la bóveda.

En la Argentina, la mayor parte de la producción de flores para azafrán se concentra en el Valle de Uco, en Mendoza, donde la actividad ha contado con gran apoyo del INTA La Consulta y ya se ha armado un grupo de ocho productores llamado Azafrán Mendoza. Pero en Córdoba, según datos extraídos de la revista Acción, el 80% de la producción se orienta a la obtención de nuevos bulbos.

Federico reconoce que es su caso, la producción de la especie azafrán ha quedado relegada a un segundo plano, y que recién ahora -con una masa de inversores suficiente- están enfocados en explotar el mercado de consumo final del azafrán. Ya tienen algunos productos con su marca propia, que también incluye otras aromáticas y especies características de las sierras cordobesas. En su bello entorno han montado también una suerte de spa, para que los inversores y turistas que se acerquen puedan conocer también as cualidades medicinales del azafrán.

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Los muchachos que se imaginaron produciendo alfalfa y terminarán elaborando los primeros vinos de Cruz del Eje http://wi631525.ferozo.com/los-muchachos-que-se-imaginaron-produciendo-alfalfa-y-terminaran-elaborando-los-primeros-vinos-de-cruz-del-eje/ http://wi631525.ferozo.com/los-muchachos-que-se-imaginaron-produciendo-alfalfa-y-terminaran-elaborando-los-primeros-vinos-de-cruz-del-eje/#comments Thu, 11 Feb 2021 19:52:02 +0000 https://bichosdecampo.com/?p=58553 La historia de la firma Bodem SRL arrancó cuando Franco Debattista le dijo a sus dos amigos de Laguna Larga, Nicolás y Matías Bonetto, que “el negocio” que les permitiría sobrevivir eran los fardos de alfalfa. Entonces se pusieron a buscar dónde producirlos. Así llegaron hasta un campito de 30 hectáreas ubicado a muy pocos […]

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La historia de la firma Bodem SRL arrancó cuando Franco Debattista le dijo a sus dos amigos de Laguna Larga, Nicolás y Matías Bonetto, que “el negocio” que les permitiría sobrevivir eran los fardos de alfalfa. Entonces se pusieron a buscar dónde producirlos. Así llegaron hasta un campito de 30 hectáreas ubicado a muy pocos kilómetros de Cruz del Eje, que pudieron comprar.

Cruz del Eje se encuentra a 144 kilómetros al noroeste de Córdoba, justo cuando termina el valle de Punilla y comienza el desierto. Se trata de una región seca que tiene 300 días al año de sol pleno, por lo menos. Pero gracias a un dique llamado Arturo Illia, dispone de aguas para regar unas 4.000 hectáreas ubicadas alrededor de la ciudad. Eso permite, por ejemplo, que haya varios emprendimientos olivícolas en la zona.

En algunas hectáreas de su campito, los muchachos comenzaron a producir alfalfa bajo riego, en rollos y en fardos que vendían por toda la zona. Pero Matías Bonetto, el menor de los hermanos, que se había recibido de agrónomo en Córdoba, quería más. Así que muy pronto también tendieron las mangueras de riego sobre varias hectáreas donde se pusieron a hacer horticultura.

A la sociedad se sumó el padre de los Bonetto, Sergio, que se mudó a vivir al lugar. Allí una de las principales cosas que construyeron fue una plantinera, ubicada en un galpón donde se encuentra toda la maquinaria para realizar la siembra (llenadora de bandejas, sembradora neumática, cámara de germinación) y un invernadero con calefacción y enfriamiento, que tiene una capacidad instalada para confeccionar unos 250.000 plantines por temporada. Parte de esos plantines son para uso propio y el resto se destina a la venta.

Sobre cerca de 6 hectáreas los socios de Bodem producen una gran variedad de verduras: tomates, berenjenas, chauchas, morrones, choclo dulce, zapallitos. Venden la cosecha en Córdoba capital. El hermano mayor, Nicolás, que estudió economía, es quien lleva los números.

Pero Matías, el agrónomo, quería más. Su razonamiento es que nadie puede vivir sobre 30 hectáreas ( y menos ellos, que ya eran cuatro socios) si no desarrollan sobre ellas producciones intensivas. Fue allí que aparecieron, a partir de 2012, los viñedos.

Primero los chicos implantaron 3m5 hectáreas con uvas Malbec, Syrah y Cabernet. Ahora agregaron 2 hectáreas más con Malbec y Ancellota, una variedad tinta que sirve para dar más color a los caldos. La uva que cosecharon estos años la venden a bodegas de Colonia Caroya y a algún otro establecimiento vinificador de Traslasierras. En Cruz del Eje no hay bodegas instaladas. Hay otro viñedo pequeño como el de ellos, que tampoco elabora en la zona.

Matías explica a Bichos de Campo que Cruz del Eje es una  muy buena zona para tener viñedos, pues hay una alta insolación y muy poca humedad, lo que es ideal para producir uvas sin necesidad de tener que hacerle muchas aplicaciones. Ellos, en sus sucesivas cosechas, vienen obteniendo un rendimiento promedio más que aceptable de unos 10 mil kilos por hectárea.

Y una vez más, Matías quiso más. Entonces la empresa familiar comenzó hace un par de años a construir un nuevo galponcito al lado del invernadero, que es de techos bastante más altos porque allí se montará la bodega, que necesita permanecer siempre fresca. De a poco, además, van comprando los tanques de aluminio y las máquinas que necesitan para procesar sus propias uvas. Piensan arrancar con una capacidad para elaborar unos 12 mil litros de vino.

Este año ya está jugado: la cosecha comenzará a fines de febrero y no llegan con los plazos. Pero nada los apura. Si todo sale bien, los chicos que comenzaron haciendo alfalfa y luego agregaron verduras, en la vendimia 2022 debutarán con sus propios vinos. Serán los primeros en reaparecer en Cruz del Eje, donde en los años 70 supo haber una pujante bodega que producía vinos blancos genéricos. Serán también los vinos más norteños de la provincia de Córdoba, donde ya hay más de 600 viñeros desparramados en toda la geografía.

Todavía no tienen nombre ni para los vinos ni para la bodega. Nos dicen al despedirse los muchachos que se escuchan sugerencias.

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El Colorado López en primera persona: Cuando parece que el vaso queda vacío, las historias de gente sencilla vuelven a llenarlo de esperanza http://wi631525.ferozo.com/el-colorado-lopez-en-primera-persona-cuando-parece-que-el-vaso-queda-vacio-las-historias-de-gente-sencilla-vuelven-a-llenarlo-de-esperanza/ Sat, 26 Dec 2020 13:33:56 +0000 https://bichosdecampo.com/?p=54476 Entre el Coronavirus, la cuarentena y la recesión económica que aumentó la pobreza y redujo la clase media y las fuentes de trabajo en el año 2020 que termina, se oye a mucha gente exclamar que éste ha sido un año horrible. Yo no pienso así porque, por ejemplo, hace poco hice una nota sobre […]

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Entre el Coronavirus, la cuarentena y la recesión económica que aumentó la pobreza y redujo la clase media y las fuentes de trabajo en el año 2020 que termina, se oye a mucha gente exclamar que éste ha sido un año horrible.

Yo no pienso así porque, por ejemplo, hace poco hice una nota sobre la Biopandilla de San Andrés de Giles, que nació gracias a la Cuarentena. Y surgió de tomar conciencia de que si el mundo se había descontaminado en semejante medida, durante los primeros quince días de la misma, pues entonces si entre todos nos ocupáramos de mantener algo de esa descontaminación, de darle continuidad a un mínimo porcentaje, habríamos convertido en milagro, el “barro” de esta cotidianeidad e inercia que nos lleva a la autodestrucción del planeta.

Siempre dependerá de adónde enfocamos nuestra atención en la amplia realidad. O miramos el medio vaso lleno o la otra mitad vacía.

Cada sábado he dado a luz una nota sobre algún personaje de nuestro país que está haciendo patria. Bichos de Campo me ha dado el privilegio de poder contar las buenas noticias del campo y de la ciudad, nunca del todo exitosas, pero de gente admirable que no ha bajado los brazos y que no se ha dado por vencida. Como aquel emprendedor en Cura Brochero, que contabilizó haber sobrevivido a ocho crisis político-económicas de nuestro país. Es cierto que muchos miles van quedando en el camino y cada vez hay menos PyMEs.

Pude ver a muchas parejas que se enamoraron en plena cuarentena y también a muchos ancianos que murieron por depresión o por no ser atendidos. Tantos millones de personas sin chequeos durante un año dejarán tremendas secuelas en la salud pública.

Es cierto que millones de argentinos son más pobres luego de esta cuarentena. Pero Cicerón (o Chíchero) dijo que “de las ruinas nace la virtud”.

Algunos dicen que más abajo no podemos caer, pero eso es falso. Basta con ver que se sigue actualizando todo al valor del dólar, menos los salarios. Pero también es verdad que no podemos perder la esperanza de vivir en un país más justo, con más equidad, porque sabemos que hoy mismo podría empezarse a salir, poco a poco, aunque tardáramos toda una vida y recién nuestros nietos pudieran llegar a ver la luz.

En mis notas me ocupo de pequeños productores y de cocineras ancestrales, de emprendedoras jóvenes, de campesinos y también de gente que tuvo éxito, con o sin buena suerte, o rompiéndose el lomo. Y trato de hacer ver que hay otro país, además de Buenos Aires, con menos visibilidad nacional.

Gente que nos habla del apepú, de la pitanga, del ticueí, del chañar, del patay, de la mostata, de la alcayota, de los catutos, de la carbonada -porque no sólo le llaman así a un guiso agridulce, sino también al relleno de la empanada, en varias provincias-, y pronto haré nota sobre la empanada típica de la provincia de Misiones, como ya he hecho nota de la empanada correntina. Si nos parásemos en una esquina concurrida de la Capital Federal, notaríamos que casi nadie sabría responder cuáles serían y cómo.

Sabores y saberes: las empanadas argentinas

Lo mismo me pasó cuando llegué a Buenos Aires. Conocía a los famosos del folklore que salen por TV. Y gracias a que puse una peña, comenzaron a llegar artistas de todo el país y del extranjero, de los que jamás había oído hablar, pero que son tanto o más grandes que los mediáticos, como Mónica Abraham, Jorge Giuliano, Julio Lacarra, Claudio Sosa, Facundo Picone, Pato Gentilini, Rudi y Nini Flores, los hermanos Ariel y Néstor Acuña, Topo Encinar, Pedro Conde, La Bruja Salguero, o los poetas Jorge Sosa, Néstor Soria, Duende Garnica, Alejandro Carrizo y miles de artistas geniales, incluso muchos otros que ya no están, como Carmen Guzmán y Suma Paz. Tan poco mediáticas como las emprendedoras rurales que presento en mis notas.

Ahora desde la clase media hacia arriba demonizamos a los de abajo, que no quieren trabajar. Pero nadie habla de que el salario es lo único que no se actualiza en dólares y sigue cayendo. Y si cae el consumo, al empresario le seguirán cayendo las ventas y achicándose los márgenes de ganancia, como para tener margen para contratar a un desocupado. De estas dos claves casi nadie habla.

Me quiero despedir con una sublime obra poética y musical, poco mediática, dedicada a los campesinos de las provincias, esos que siguen llegando a las villas miseria de las grandes ciudades donde los espera la droga o el clientelismo político como tentadoras fuentes de ingresos. Espejitos de colores. Pan para hoy y hambre para mañana. Estos artistas también convierten a diario, en milagro, el barro.

Chacarera tucumana “La Calladita”, de Néstor Soria y Pato Gentilini, por Claudio Sosa, en su CD “Astillas de un pago”. Feliz Navidad y Año Nuevo para todos.

Calladita me llamaron
los paisanos de mi pueblo
y acompaño penas
sólo si me van pidiendo.

Las tarucas me enseñaron
que escuche cuando habla el viento
porque, calladita,
secretos me irá diciendo.

Pescador de los remansos
dormido con el silencio
muere por la voz del agua
cuando enamora el misterio.

Redención de mis mayores
callada brota en el monte,
quiero pedirte, mi copla,
que pecho adentro los nombre.

Campesino de mi tierra
que vas tragando reniegos
cuéntale a tus siembras
lo que desvelan tu sueños.

Guitarrero amanecido
tu canto se queda mudo
si anda por el vino
temblando de alcohol, tu pulso.

Lento paso de los años,
me van silenciando el modo,
oigo secretear la muerte
que busca llevarse todo.

 

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Juan Gatti produce y enseña agroecología en Mercedes: “Tengo todo lo que quiero y si hace falta algo hacemos intercambio” http://wi631525.ferozo.com/juan-gatti-produce-y-ensena-agroecologia-en-mercedes-tengo-todo-lo-que-quiero-y-si-hace-falta-algo-hacemos-intercambio/ Tue, 22 Dec 2020 11:24:44 +0000 https://bichosdecampo.com/?p=54195 En Mercedes, provincia de Buenos Aires, se extienden las 2 hectáreas de la Huerta El Origen donde se producen verduras agroecológicas (y también algunos duraznos) y se elaboran biopreparados para que potencian la producción de todos aquellos que quieren producir sin agroquímicos. “Hace 4 años que vivo aquí con mi familia”, relata Juan Gatti, refiriéndose […]

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En Mercedes, provincia de Buenos Aires, se extienden las 2 hectáreas de la Huerta El Origen donde se producen verduras agroecológicas (y también algunos duraznos) y se elaboran biopreparados para que potencian la producción de todos aquellos que quieren producir sin agroquímicos.

“Hace 4 años que vivo aquí con mi familia”, relata Juan Gatti, refiriéndose al predio de la huerta que era propiedad de su familia y donde pasó su infancia. “Trabajé durante muchos años como empleado de una fábrica de alimento balanceado hasta que un día decidí que quería que mis hijos tuvieran la infancia que yo tuve”.

Esa decisión, sumada a un interés por la agroecología y haber conocido al famoso Jairo Restrepo, ingeniero agrónomo referente en la producción orgánica y agricultura regenerativa, fueron los primeros pasos para una vida “feliz, autosustentable y tranquila en el campo”.

Mirá la entrevista que le hicimos a Juan Gatti:

 

Desde la Huerta El Origen fomentan la transparencia de la producción y aseguran que todos los productores pueden trabajar de esta manera (agroecológica). Con el tiempo se fue sumando gente al proyecto, sobre todo al participar de la Asamblea Agroecológica Mercedina, y hoy en día son dos quienes llevan adelante la huerta y la elaboración de biopreparados.

“Estar acá es único: tengo todo lo que quiero y si hace falta algo hacemos intercambio. Somos varios productores entrelazados que nos unimos, por ejemplo, para comprar semillas, plantines o lo que haga falta. La venta de biopreparados y el asesoramiento a personas que quieren tener su propia huerta complementan los ingresos de la venta de bolsones de verdura”, detalla. “Queremos diversificar y dar a conocer cómo es esta forma de producción”.

“Hay gran demanda de productos agroecológicos porque hay muchas personas que se han lanzado a producir y necesitan insumos y asesoramiento”, reflexiona Pedro Spinelli, ingeniero agrónomo especializado en producción agroecólogica y permacultura. “El objetivo es recuperar la vida en el suelo, es decir, la materia orgánica, los microorganismos y los minerales para lograr un planta sana, alimentos sanos y consumidores sanos”.

Los biopreparados que elaboran son 4: El MEN (Microorganismo Eficientes Nativos), con una base de hojarasca, salvado de trigo y melaza; el Bokashi, a base de abono fermentado de oveja; el Supermagro, fermentado de bosta de vaca fresca con cenias, levaduras y melaza, entre otras cosas y los Fosfitos, que es cascarilla de arroz con ceniza de hueso. Estos preparados, según Pedro “cualquier productor puede elaborarlos con lo que hay en el campo pero no se hace de forma cotidiana por desconocimiento”.

La huerta El Origen también trabaja con la estación experimental de Mercedes del Ministerio de Producción de la provincia de Buenos Aires en un ensayo con duraznos aportando los biopreparados para lograr fruta fuerte y sana y con un sistema de trampas para combatir la famosa mosca de los frutos.

“De chico yo vivía en el campo y quería eso para mi familia. Y cuando entendés lo que significa producir convencionalmente, con agroquímicos, te das cuenta de que querés otra cosa. Este es mi trabajo y mi forma de vida”, concluye Juan.

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