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La entrada El historiador Roy Hora derriba mitos sobre la oligarquía: “El capitalismo agrario pampeano tuvo una considerable capacidad integradora y los recursos no se concentraban solo arriba” se publicó primero en Bichos de Campo.
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Si de prejuicios y mitos hablamos, el agro carga con varios, que prendieron mucho en una sociedad urbanizada que no suele conocer cómo se trabaja y se vive en el campo. Que los productores son oligarcas, que son envenenadores, que acaparan soja para conspirar contra el resto.
Sea cual sea el mito a analizar, para Hora “el campo es un buen punto de observación para pensar problemas más amplios de la sociedad argentina, porque está en un lugar central de esa sociedad”. Tras sus estudios, este investigador del Conicet sabe que no todo el campo era reflejo de latifundios, oligarquía, poder y familias patricias con grandes extensiones de tierra, sino que en la conformación del agro también hubo espacio y posibilidad para que crecieran otros sectores medios.
“El capitalismo agrario pampeano del Siglo XIX y parte del siglo XX tuvo una considerable capacidad integradora. Los recursos no se concentraban solo arriba”, sostuvo Hora. Y agregó: “No había solo grandes estancias, sino también empresas familiares, a veces campesinas, y a veces no tanto”.
Mirá la entrevista completa a Roy Hora:
El historiador, doctorado en la Universidad de Oxford y docente en la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ), relató que “desde muy temprano la agricultura pampeana tuvo unidades productivas muy grandes, porque había muy bajo precio de la tierra, y una ganadería inicial muy primitiva. Había que trabajar en escala”, relató.
Para ejemplificar que este desarrollo también vino acompañado del chacarero y del trabajo familiar, Hora mencionó el caso de Martín Fierro, nuestro poema nacional. “Socialmente hablando, Fierro no era un peón, sino un propietario de ganado que tenía hijos, hacienda y mujer, con todo lo que eso significaba en un contexto de renta de sueldo bajo, donde había mucha tierra y faltaba mano de obra, la cual se importaba más bien. Así llegaron muchos inmigrantes y se dio espacio para que aparecieran empresas familiares. Esto acompañó el desarrollo ganadero y luego subió un escalón en la agricultura”, describió.
-¿Se puede tratar de establecer un paralelo entre aquel Martín Fierro emprendedor que tenía su pequeño capital y figuras de hoy como los contratistas o gente que hace agricultura sin ser dueña de la tierra, conviviendo con el gran latifundio?
-Fierro era parte de una clase popular. El agro de entonces les daba a sus clases populares o los que estaban más abajo, cierto espacio para dejar atrás la condición de trabajador o peón y pegar el salto para convertirse en un productor independiente en tierra que no era propia.
-Entonces, ¿el origen es de grandes latifundios pero con espacio para productores independientes en convivencia?
-Si, a veces, fuera de las grandes empresas, pero también adentro. Es decir, quizás una persona con recursos podía comprar 20 o 30 leguas de campo en 1850 o 1890. Ya el hecho de contarlos en leguas y no en hectáreas nos dice algo sobre el valor de la tierra de ese momento, y es que valía poco. Entonces era más fácil comprar la tierra que darle un uso productivo, porque para eso se requiere invertir en recursos que no son muy abundantes en una economía de frontera. Esto luego da lugar a que aparecieron en el mapa productivo los trabajadores cuyo principal aporte eran su saber y su energía productiva.
Pongo como ejemplo el caso de la familia Anchorena, que en 1850 o 1860 tenía muchísima tierra. Pero cuando uno pone la lupa sobre cómo funcionaban sus empresas, había muchos que cedían una parte de sus tierras para que otros iniciaran sus actividades y luego compartían los beneficios.

-De tan grande que era el latifundio, se hacía inmanejable para la centralidad del propietario…
-La palabra latifundio no me gusta porque evoca un uso irracional de los recursos, y yo creo que si ponemos la lupa en lo que pasaba en el siglo XIX, la tierra era muy abundante a punto tal que era libre en algunos lugares. Pero no es que estaba monopolizada por un grupo social que excluía a otros del acceso a ese recurso. Pasó en otros lugares de América Latina, pero no cuenta bien la historia de la pampa, en donde había grandes empresas que buscaban distintas maneras de combinar capital, de modo de poner en marcha el proceso productivo.
-La Sociedad Rural, en esta contexto, ¿sería algo así como un club de estancieros grandes que se juntan para intercambiar conocimientos y tecnologías, más allá del lobby y poder acumulado?
-Exacto. Y acá es muy importante para entender la era dorada y el crecimiento agroexportador. En la era del cuero y de la lana no hubo tanto cambio tecnológico, pero después sí. La ganadería vacuna se hizo toda con razas importadas y renovando completamente las pasturas. La pampa cambió radicalmente, incluso desde el punto de vista físico, y conquistó los mercados más demandantes de Europa, lo que requería inversión de tecnología y de un grupo empresario que viera un negocio en la inversión y una oportunidad allí de ganar invirtiendo, lo que efectivamente sucedió.
Pero este cambio tecnológico también se dio en la agricultura. Lo que se notó en la alta inversión en maquinaria. La pampa no podría haber sido una potencia exportadora si no hubiera crecido sobre la base de la inversión en maquinaria. Mientras que la agricultura europea de 1900 era de pequeñas parcelas de 5 a 20 hectáreas, muy intensivas, la agricultura pampeana no era así, como tampoco lo era la agricultura de grandes praderas de América del Norte. Por eso, para que pudieran explotarse millones de hectáreas se requirió de mecanización muy acelerada.
-¿El correlato de estas grandes extensiones o estancias es la oligarquía en la política?
-Ahí hay que empezar a hilar más fino. Cuando nos acercamos más al comienzo del siglo XX se empieza a ver un Estado más fuerte, con más recursos y capacidad de controlar los territorios, con políticas más ambiciosas. Había, por ejemplo, aunque no se conecte tanto con esto, un proyecto educativo muy ambicioso y muy caro. Sarmiento no era un propagandista de la educación. Montó un proyecto colectivo que hizo que Argentina tuviera el descenso más rápido en la tasa de analfabetismo de América, y eso no es gratis y no basta solo con discursos. Hubo que poner recursos. Por eso, a la hora de mirar el Estado argentino en la era oligárquica, hay que tener en cuenta que también fue un periodo de formación de burocracias públicas como de desarrollo y políticas públicas en planos que no están vinculados con los intereses de las clases propietarias más poderosas.

-O sea, era un Estado que construía autonomía respecto de la supuesta oligarquía…
-Claro. Acá vemos un fenómeno de complejización de las ambiciones de un Estado que no responde de modo inmediato a los intereses de los sectores económicamente predominantes. Es un Estado que en un contexto internacional favorable, promueve el desarrollo exportador, pero que a la vez es más autónomo al respecto de los intereses inmediatos de los grupos predominantes pampeanos.
Reparemos en esto: hubo crecimiento exportador muy veloz pero también crecimiento industrial muy rápido. De hecho, hasta los años ´30 de la gran depresión, la industria creció más rápido que el campo, y sin embargo partió de una base más baja que el campo. Hacia1930, la Argentina no era solo la principal potencia agrícola, sino que también era el país más industrializado. Brasil y México estaban abajo en PBI, y en la Argentina de ese entonces, el campo empujaba al crecimiento de la economía en su conjunto. Esto también se dio porque el país contó con una tasa de urbanización muy alta desde muy temprano.
-Bueno. Hoy hay demanda, y si el agro genera más exportaciones quizás pueda traccionar a la industria. Pero en el medio pasaron más de 100 años de historia. ¿Por qué decís en tu libro que el origen del campo fue ese y que algo cambió y que ya no es el mismo?
-Es que la Argentina no puede volver a soñar con esa Argentina del centenario como modelo de crecimiento, porque hoy es distinta a como era en 1910 o 1920. En ese período Argentina importaba trabajadores de Europa. La demanda era más grande que la oferta. Hoy no es así, mucha gente no encuentra trabajo y si puede se raja.
Algo pasó en el medio, y lo que yo creo que sucedió es que Argentina, que era de los países estrella de la primera globalización, se vio obligada a cambiar de golpe, porque el mundo cambió. Ese cambio se llamó gran depresión, es decir, el cierre del mercado mundial. Y el patrón de crecimiento que Argentina había adoptado y que permitía que hubiera ricos muy ricos, y que a su vez tenía capacidades para integrar y tener clases medias en expansión, con trabajadores con niveles salariales más altos que los del sur de Europa, se acabó. Lo que ocurre es que en 1930 el mercado mundial se achicó mucho, luego vino la segunda Guerra Mundial, otro golpe importante, y después el proteccionismo agrícola, que fue cuando Europa comenzó a recuperarse.
Entonces, la idea de que Argentina podía crecer como lo hizo hasta los años ´20 o ´30 es equivocada porque el mundo cambió. La Argentina reaccionó y tuvo que buscar un plan B en el momento que el mundo le dio la espalda. Ese plan B se llamó industrialización por sustitución de importaciones, o bien desarrollo sobre la base de la expansión del mercado interno, y ahí el balance es más gris porque Argentina ya no podía ser una estrella de la era industrial; porque no tenía una pampa para brillar, tenía poca energía, no tenía carbón ni petróleo ni minerales, tenía un mercado chico para lo que requería la era industrial, tenía países vecinos más pobres a los que no podía exportar y además tenía los salarios más altos de América Latina. Independientemente de la calidad de políticas públicas, para mi era muy claro que Brasil y México estaban mejor preparados para la era industrial que Argentina, así como antes Argentina estaba mejor preparada para la era agroexportadora.

-Ahora hay un regreso a una nueva globalización, ¿tenemos alguna chance frente a este escenario actual?
-Yo no digo que esa era industrial fue del todo mala (para la Argentina), fue más bien gris, porque hubo progreso social, mejora del bienestar y un mejor nivel de vida en sus clases populares, pero el avance fue hasta los ´70. De ahí en adelante Argentina se quedó. Desde los ´70 el ingreso per cápita no crece. Va y viene, sube y baja, pero no logra progresar.
Hoy tiene más sentido darle al país una oportunidad de estrategia exportadora, y avanzar por un camino que le otorgue a la Argentina una mayor solidez. Yo creo que es necesario que crezca sobre la base del incremento de sus exportaciones, con la salvedad de que no podemos ser la Argentina del centenario, porque nuestra sociedad es distinta y porque tenemos otros problemas. Por caso, mucha pobreza urbana. Por eso no podemos sacar a la mitad de nuestros compatriotas solo con exportaciones. Tenemos que combinarlo con otras cosas.
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]]>La entrada Siguen en cuarentena las estancias que ofrecen turismo rural: “Estamos preparados para abrir”, dice Asunti Pereyra Iraola se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Entre otras contradicciones de la política oficial, durante mucho tiempo resultaba que se podían practicar algunos deportes, ir al supermercado, y más recientemente hasta comprar en los shoppings. Pero todavía está pendiente de aprobación que se pueda visitar un establecimiento de turismo rural.
Ese es el reclamo del espacio “Abramos las tranqueras”, detrás del cual se nuclearon decenas de Pymes que dan el servicio de turismo rural que por ahora no figura en el radar de las autoridades, pese a que podría garantizar el distanciamiento social teniendo en cuenta las características propias de la actividad, que suele desplegarse al aire libre.

María Asunción “Asunti” Pereyra Iraola habló con Bichos de Campo de esta situación. Argumentó que la posibilidad de contagio del coronavirus es mucho mayor en actividades urbanas, como por caso el transporte público, que en espacios rurales.
Asunti inauguró hace 20 años el establecimiento Ave María en Tandil, ubicado a apenas 8 kilómetros de la ciudad. Desde el arranque de la cuarentena está cerrado, pero ella dice que “quisiera recibir huéspedes”. Explicó la emprendedora que “aquí las mesas del desayuno estas a 3 metros y hasta podríamos hacer turnos. Y se podría por ejemplo andar a caballo sin peligro”. O andar en bici. O simplemente caminar en el paisaje serrano. Y todo sin grandes riesgo de contagio.
Escuchá la charla con Asunti Pereyra Iraola:
La empresaria turística dijo que necesitan que se definan protocolos. Ellos están ya preparados con los sanitizantes y termómetros correspondientes, además de haber aprendido a tomar todo tipo de cuidados. “Con protocolos se podría garantizar el distanciamiento social, se podría hacer incluso el seguimiento del pasajero. Se puede inventar algo para que podamos empezar a trabajar”, señaló.
Hay por lo menos 37 establecimientos que hacen turismo rural agrupados en la central de reservas Estancias Rurales, pero muchas estancias y emprendimientos trabajan fuera de esa plataforma. Todos tienen la necesidad de volver al ruedo, para generar ingresos y devolver el empleo a sus trabajadores. Están pidiendo que se les preste un poco de atención para volver a hacer lo que saben.
“Estamos preparados para abrir”, dijo Asunti.
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]]>La entrada Antonio y María Victoria resisten en la Patagonia profunda: Cuando el turismo rural es el manotazo para no largar todo se publicó primero en Bichos de Campo.
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-¿Dónde están ubicados exactamente?
-En la estancia La Angostura, a 50 kilómetros de la localidad de Gobernador Gregores, sobre el río Chico, provincia de Santa Cruz.
-¿A qué se dedican?
-Somos productores ganaderos de ovejas Merino y vacas Hereford (vendemos los terneros) y también hacemos turismo rural.
-¿Desde cuándo y por qué comenzaron?
-En 1993, como opción para no abandonar la estancia por la crisis económica de los ’90, reforzada porque en 1991 nos agarró la erupción del volcán Hudson que nos dejó sin ganado. Literalmente nos fundimos y había que seguir de alguna manera. Ahí el INTA nos apoyó con un licenciado en Turismo que nos ayudó a armar nuestra propuesta turística.
-¿En qué consiste su propuesta?
-Somos un alto en la ruta: estamos de paso camino a Calafate, sobre la Ruta 40 vieja, y la estancia es una parada para pernoctar, comer un asado, tomar un desayuno campestre y seguir viaje. También recibimos observadores de aves. Muchos en busca del macá tobiano, una especie endémica que atrae la atención de aficionados y especialistas de todo el mundo.
-¿Quiénes son sus visitantes? ¿Qué buscan?
-El 95% es turismo europeo, más que nada alemanes y holandeses, pero en general de toda Europa. Buscan la inmensidad y la soledad de la Patagonia, descubrir la estepa sin gente.
-¿Usan energías limpias en la estancia?
-Tenemos paneles solares y aerogeneradores para energía y también un calefón solar para agua caliente. Lo pusimos porque acá sobran el sol y el viento y para ahorrar en costos de gas, que es muy alto.
-¿Tienen alguna otra iniciativa sustentable?
-Tenemos un invernáculo para producir algo de verdura fresca. También frutales y algo de berries; hacemos dulce para la temporada.
-¿Cómo los ha afectado el Covid?
-Bastante, ya que no es posible abrir el establecimiento, lo cual nos afecta mucho porque el turismo era casi el mayor ingreso, más que la ganadería.
-¿Hay grieta entre la gente del campo y la ciudad? Si es así, ¿a qué creen que se debe?
-Hay una grieta porque la gente de la ciudad cree que todo el mundo que vive en el campo es terrateniente y por ende millonario, cosa que no es así.
-Es un tema para un largo debate…
-Sí, lo mismo que lo que le pasa al productor agropecuario, que en este país no tiene nada de apoyo del Estado… Pero ese también es otro tema para un largo debate.
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]]>La entrada Sexta parada en Coronel Suárez: Los veranos de Anita en una estancia con 120 años de historia se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Ana conoce la historia de cada objeto histórico que hay en los incontables salones de el viejo casco de estilo inglés construido en 1896, hace más de 120 años, por unos ingleses de apellido Hudson. Sus bisabuelos, los Amadeo y Videla, la compraron en 1905 y desde entonces pertenece a la familia. Anita comparte esta historia y la de cada uno de los objetos porque ella alguna vez las escuchó de sus mayores y las retuvo, consciente de que junto a cada anécdota estaba conservando un pequeño retazo de la historia de la Argentina.



No hay que se muy avispado para darse cuenta de que “Santa Ana”, que alguna vez tuvo 8.000 hectáreas y ahora conserva 1.000, es una estancia típica de las que se levantaron tras la campaña del desierto. Incluso hay ruinas de un fuerte en el lugar, de esos fuertes que un embrionario Ejercito Argentino levantaban para frenar los malones de los indios que se resistían al desalojo.
Mirá la entrevista que tuvimos con Anita Serigós:
La vieja estancia Santa Ana queda equidistante, a 45 kilómetros de Sierra de la Ventana, a 45 kilómetros de Coronél Suárez y a 45 kilómetros de Coronel Pringles. Anita y sus hermanos decidieron hace bastante tiempo compartir también estas historias con quienes decidan visitar este lugar y pasar algunos días en el campo, que alrededor del viejo casco se mantiene productivo, con cultivos extensivos y ganadería.



Hay de todo para hacer y para mirar, dentro y afuera del viejo edificio. La estancia Santa Ana se incluye en la propuesta del grupo de Cambio Rural Las Cortaderas, integrado por varios emprendimientos dedicados al turismo rural en esta región del sur bonaerense. En el caso de Santa Ana, se ofrece alojamiento, hospitalidad, comidas caseras, tranquilidad en un monto hermoso, cabalgatas, recorridas históricas culturales y religiosas, pileta, juegos y pesca en el arroyo para chicos.
Además de historias. Cientos de historias que Anita Serigos atesora y comparte con quien quiera escuchar.
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]]>La entrada Ni lidiar con perros pueden los políticos: Tierra del Fuego va camino a quedarse sin ovinos se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Eso informó en su muro de Facebook el fueguino Carlos Peschiutta, donde además colgó dos fotos con los camiones llevándose los ovinos de esa estancia. Detrás aparece la inmensa estepa patagónica, que en Tierra del Fuego va despoblándose paulatinamente de actividad ganadera por culpa del fenómeno de los perros asilvestrados y la desidia de los políticos argentinos que ni con eso pueden lidiar, tanta su impotencia, tanta su impunidad.
El primer comentario que sigue al posteo de Peschiutta dice más o menos lo que pensamos también en Bichos de Campo: “Recién cuando los perros maten a alguna persona que vaya a acampar o pescar al campo, los políticos van a hacer algo”. Por suerte eso todavía no sucedió (más allá de algún ataque a personas cerca de Ushuaia) y los perros salvajes solo han matado miles de ovejas y guanacos, la mayoría de las veces jugando, solo por diversión.

Finalmente la noticia dura es que la Estancia Rubi abandonó el negocio de los ovinos, y que todos los que conocen el paño le echan la culpa de esa decisión a los constantes ataques de los perros. El establecimiento, que tenía uno de los mayores y más bellos galpones de esquila, está ubicado en el departamento Río Grande.
Allí, en la ciudad del mismo nombre, está el origen del problema. Muchos habitantes tienen perros que abandonan o dejan sueltos en las calles, que luego se reúnen en grupos y salen hacia los campos eternos de la Patagonia. Algunos no vuelven y tienen crías, que van recuperando paulatinamente las conductas más silvestres, los instintos del ancestro lobo. Su alimento y diversión son las majadas de ovejas sin custodia. También los guanacos y otra fauna autóctona. Hacen desastres.
Pero nadie en la isla quiere o puede meterse con los perros. Hya una barrera cultural y políticos con muy pocas agallas como para encarar el conflicto. Tiempo atrás Bichos de Campo dedicó un programa especial a este fenómeno:
Cuenta el sitio La Contratapa que la estancia “La Rubi”, o “Rubi”, como se la conoce en la jerga rural, está situada a 42 kilometros de la ciudad de Río Grande, por la ruta complementaria F. Su principal actividad hasta aquí era la cría de ganado ovino para la producción de lana y leche.
El medio fueguino contactó a Ariel Aguilar, el referente de UATRE (Unión Argentina de Trabajadores Rurales y Estibadores) en Río Grande, quien agregó otra mala noticia: “Hace un mes aproximadamente también se llevaron las ultimas 1.000 ovejas de Estancia Buenos Aires”. También está ubicada sobre la denominada Ruta F.
“Esto viene pasando hace un par de años. Se vienen cerrando las producciones ovinas del centro de la provincia”, dijo el dirigente gremial, que apuntó directamente contra “los perros asilvestrados”. Según su experiencia, el problemas “es devastador y no le encuentran la vuelta. Por este motivo muchas estancias han optado por trabajar con bovinos o ponen las estancias en venta o alquiler para casa de fin de semana”, reveló.
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