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La entrada Reina es cocinera en los Esteros del Iberá y llevó la comida correntina hasta la Casa Rosada: “Yo soy peona y patrona de mí misma” se publicó primero en Bichos de Campo.
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Estamos en su casa/comedor llamado Yacarú Porá (“comer lindo” en guaraní) con una mesa al aire libre pero a la sombra, y es difícil que Reina se siente un rato a dar la entrevista porque está acostumbrada a hacer y a servir, a servir y a hacer; será porque cocina desde los 6 años, tiene 7 hijos y porque ha realizado un largo recorrido para llegar hasta aquí. También pertenece a la red de Cocineros del Iberá.
“Yo soy peona y patrona de mi trabajo”, resume con orgullo. “Hasta 2011 trabajé como cocinera muchos años en la Costa Atlántica, luego volví a mi pueblo y en 2017 comencé aquí, en mi casa, a cocinar y a dar de comer. Trabajé muchos años afuera porque no valoraba mi pueblo y hasta veíamos con desconfianza la venida del turismo, pensábamos que íbamos a perder todo y nos íbamos a convertir en esclavos… Hasta que cambié mi manera de ver las cosas y hoy veo que es una realidad y una realidad hermosa”.
Pero la historia de Reina tiene un hito. Fue en 2016 cuando, ya de vuelta en Concepción del Yaguareté Corá, trabajaba para una posada del pueblo y un día le pidieron que cocinara para un evento de 200 personas y que sonaba muy “pituco”… y Reina no aceptó. “Yo no quiero hacer eso, tener que ponerme otra ropa, tacos… es como ponerse una máscara”, cuenta que fue su respuesta. Y agregó: “Yo lo que quiero es feriar”.
¿A qué se refería Reina? A que en vez de cocinar ella con un equipo, toda la gente que cocinaba y hacia artesanías de la región viniera a ofrecer lo que hacían. Y por supuesto que fue un éxito. “Hasta la torta quemada se vendió, no quedó nada, se llevaron todo”, grafica con alegría.
También para Reina fue muy especial porque ese día, sin saber nada de antemano, se encontró con Mauricio Macri, ahí cerquita, frente a ella: “No me habían dicho nada que venía el Presidente”, recuerda, “así que de pronto paró un auto de esos lujosos y se bajó y yo me quedé como helada porque no lo esperaba. Resulta que mi patrón le había hablado de mí como cocinera y él vino a saludarme. Yo tenía un pastel en la mano y me salió decirle: ´Este pastel le va a enamorar´ y eso quedó nomás”.
Al cabo de unos meses la llamaron de Presidencia y ahí se materializó su sueño: cocinar en la Quina de Olivos. “Fue la primera vez que viajé en avión y que estuve en un hotel”, cuenta, “además conocí la Casa Rosada y como buena correntina me identifiqué con la palmera que hay ahí”.

Cuando llegó a Olivos Reina cuenta que la recibieron 18 cocineros, que al principio se sintió intimidada pero que luego todo salió perfecto: trabajaron en equipo y prepararon comida típica correntina para la reunión que había.
“Cuando terminó todo vino Juliana (Awada) y el Presidente trajo a cuatro obreros de la Quinta (uno ya se estaba por jubilar) y él nos sirvió la comida. Fue una hermosa experiencia. A partir de ese día, me llamó todo el mundo y todos querían venir a comer a mi casa, así que acá estoy cocinando comida correntina para todo el que quiera venir y probar”.
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]]>La entrada Nelly Cardozo “cose” el espartillo y la palma en Iberá: “Tengo la memoria en los dedos” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“Cosechamos el espartillo a unos 20 kilómetros de aquí; hay que tener cuidado porque tiene filo y si uno anda distraído se puede cortar”, advierte. “La hoja de palma la busca mi marido, de cuya abuela yo aprendí esta técnica hace 43 años y me encantó desde el primer día porque se pueden hacer cosas muy bellas y con lo que uno tiene acá”.
Y es cierto: las artesanías de Nelly además de hermosas son “la prolijidad misma” y resultan útiles para el uso diario, no son sólo “objetos de decoración” (aunque también pueden serlo) y es por eso que es una pena que la técnica se vaya perdiendo. En este sentido el programa Artesanos del Iberá, llevado adelante por el Instituto de Cultura de Corrientes, cumple un rol importante.
“El objetivo es darle visibilidad al trabajo de los artesanos, al patrimonio cultural que representa en Iberá y promover el bienestar y desarrollo local reconociendo esa labor y con la posibilidad de generar ventas”, resume Hada Irastorza, coordinadora del Programa. “Arrancamos el 2020 realizando un censo para saber cuántos artesanos activos hay y conocer cuáles son sus problemáticas. Contactamos a 215 artesanos, estamos trabajado con unos 100 y esperamos seguir sumando”.

Nelly cuenta que desde hace unos 3 años sus ventas fueron creciendo notablemente gracias al turismo y que hay un trabajo en equipo con la gente de los hoteles que hace conocer sus artesanías a los visitantes que llegan. “Mis clientes en su mayoría son turistas pero también tengo mucha interacción a través de mi Instagram, donde me contacto mucho gente y me hacen pedidos de todos lados”, dice.
Lo que más salida tiene es el posaplato de 30 centímetros de diámetro y luego las paneras, aunque a nosotros lo que más nos llama la atención son unas gallinas multifunción: sirven para guardar huevos, como adorno, como costurero o para guardar comida bien tapada y protegida por las moscas (es gracioso porque justo en el momento en que miramos esta artesanía, una gallina “de verdad” pasa corriendo a unos metros de nosotros y todos nos reímos).
“Artesanos del Iberá apunta a la recuperación de técnicas en peligro de extinción o que ya están extintas y que hay que recuperar con acciones muy concretar”, reflexiona Hada, que tiene un gran compromiso con el patrimonio cultural correntino.

“El año pasado fue muy exitoso en ventas a pesar de la pandemia y a la no circulación del turismo. Hoy, muchos artesanos siguen sosteniendo sus clientes porque se logró que casas de decoración y de regalos hicieran pedidos y eso facilitó el movimiento económico que también favorece a la conservación del patrimonio porque lo que no tiene salida no se sostiene en el tiempo y las nuevas generaciones no lo quieren hacer si ven que no es rentable”.
“Si uno se dedica en exclusivo puede vivir de esto”, asegura Nelly. “Pero claro, hay que estar dispuesto a trabajar todo el día. La técnica no es difícil, es práctica, pero tiene que haber interés en aprender el cosido y la forma de cosechar y almacenar tanto la palma como el espartillo, que una vez recolectado hay que dejar secar al sol varios días. A mí me encanta coser y ya lo puedo hacer mientras converso o miro una película. Tengo la memoria en los dedos”.
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]]>La entrada Mingo Ávalos cría vacas estero adentro y recibe turistas que quieren saber cómo es eso del arreo acuático se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Aquí nos encontramos con Juan Aguirre (foto), técnico agropecuario y que trabajó 6 años para la FUCOSA, Fundación Correntina para la Sanidad Animal, vacunando estero adentro, así que es bien baqueano en el terreno y en el asunto de la ganadería de esta zona (y otras), donde quedan 7 familias viviendo con un promedio de 50 cabezas de Brangus y Braford colorado, unas ovejas para autoconsumo y algo de huerta, cuando se puede.

Al grupo se suma Mingo Ávalos, poblador de este lugar, dedicado desde siempre a la ganadería y desde hace algunos años devenido también guía baqueano de turismo por sus profundos conocimientos de los esteros. Mingo habla guaraní, puramente guaraní y Juan nos hace de intérprete aunque algunas de sus miradas alcanzan para que entendamos que hay que caminar por aquí y no por allá y que hay que tener cuidado con las tahýi, las hormigas (que se ensañaron unos instantes con los pies de esta cronista pero que finalmente abandonaron gracias a los sacudones de Mingo).
“Aquí la alimentación es a campo y por año hay dos campañas de vacunación: aftosa y brucelosis. También se suministran antiparasitarios internos y externos y se suplementa con minerales”, explica Juan. “Hacen cría y venden al destete, que se realiza a los 6 meses y de ahí van a un feedlot de Concepción para su terminación”.
El arreo es acuático, a través de los esteros con caballos baqueanos (entrenados desde potrillos para no asustarse y nadar de forma sostenida) y con canoas a botador (foto), donde se suelen subir a los animales más chicos o que presentan dificultades. El arreo se hace entre abril y mayo.

La distancia que deben nadar los animales son unos 6 kilómetros y si están muy cansados se puede hacer un alto en alguna isla; de lo contrario van derecho nomás. Y siempre tienen que estar atentos a la crecida de las aguas -que ocurre en las épocas de las grandes lluvias- para que no suba de golpe y mate a los animales por inundación. La última grande fue en 2017.
Nosotros estamos yendo rumbo al “refugio” turístico Lechuza Cuá (cueva de lechuzas) donde hay un quincho para que el visitante descanse y tome unos mates o haga una comida completa, según lo que haya acordado. También puede dormir en unos catres muy cómodos pensados para siestear debajo de un gran timbó.
Vamos estero adentro y el manejo que tiene Mingo de la canoa, de los caballos y de su propio cuerpo despierta admiración y respeto: cuando nos vamos metiendo y el agua llega hasta casi el lomo del caballo Mingo simplemente se acuclilla y va así todo ese largo tramo, como si nada, impertérrito ante el calor y las circunstancias bajo su sombrero de ala ancha.
Luego de una hora de marcha entre caminatas en el agua, canoa a botador (esa tacuara larga al estilo gondolero) y caballo, llegamos al refugio. El quincho tiene el techo construido con la forma tradicional de las casas del estero, con techo de paja colorada y paredes de piri, un pasto también de la zona.
Mingo nos explica que para hacer un techo se necesitan 350 atados de paja colorada que se corta a foifa (guadaña) y que dura unos 12 años, mientras que las paredes de piri (que se corta con machete) duran apenas 4, así que hay que ir renovándolas. Se tarda unos dos meses en hacer la casa completa; el piso es de tierra apisonada.
“No es fácil criar vacas en el estero y aunque a veces no es muy rentable, se sigue haciendo por tradición y para autoconsumo”, reflexiona Juan. Agrega que ahora el turismo está trayendo otras opciones para complementar ingresos de la gente de la zona.
Como es el caso de Mingo que, además de seguir criando vacas, desde 2012 trabaja con la asociación local de guías de Concepción, donde reciben visitantes de todo el mundo que quieren ver carpinchos, yacarés, ciervos de los pantanos o acompañar el arreo acuático para vivir la experiencia de arrear animales en un entorno distinto y flotar a caballo en el agua del estero, agarrados apenas de la crina.
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]]>La entrada Ley de Humedales: “Hagan lugar en el conurbano para 800 mil correntinos” por si prospera esa norma, desafía Jorge Vara se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Así surgió una docena de proyectos de ley que ya están en el Congreso, los cuales en su mayoría van a tono con lo que piden los ambientalistas, que es que se establezcan políticas más restrictivas a las actividades humanas que se puedan hacer en esos territorios. Así, según cuál sea el criterio que se considere para la legislación, podría quedar improductivo el 70% de la superficie de una provincia como Corrientes, pudiendo afectar hasta 62 millones de hectáreas en todo el país.
Jorge Vara, diputado nacional radical, es oriundo de Corrientes y autor de uno de los 12 proyectos de ley de Humedales en danza. Pero esa iniciativa tiene la particularidad de ser el que más apoyo tuvo de los sectores productivos. “El único proyecto que salió de la comisión de Agricultura es el mío, que en realidad es un proyecto compartido porque lo trabajamos en conjunto con Alicia Fregonese, del PRO, y sus asesores”, dijo Vara a Bichos de Campo.
El pedido inicial de Vara es el no dejar afuera del debate a la comunidad agropecuaria, porque teme que eso puede derivar meramente de una imposición ambiental. “Es un proyecto de ley que puede afectar a unas 62 millones de hectáreas, de las cuales, el 50% están en el Litoral o región pampeana”, aclaró.
Ironizó con que, si eso sucediera, “hágannos un lugar en el conurbano para colocar 800 mil correntinos”, porque será imposible producir en su provincia.
Mirá la entrevista a Jorge Vara:
Vara, que es ingeniero agrónomo y fue ministro de la Producción de su provincia, comentó que todos los demás proyectos entraron por otras comisiones tales como Ambiente, Recursos Naturales, y desde la parte tributaria o penal, pero la comisión de Agricultura tanto de Diputados como de Senadores no fue partícipe. “Es más, se presentaron proyectos que no fueron consultados ni con los legisladores de provincias afectadas como Corrientes y Entre Ríos, ni con la comisión de Agricultura”, remarcó.
El dilema principal pasa por entender qué se considera por humedal, y dependiendo de su definición, el área protegida puede ser del 13% o del 25% del territorio nacional. El Delta, por ejemplo, es un humedal porque está permanentemente surcado por agua, y sería lógico que recaiga sobre este una protección especial.
Pero zonas como la Cuenca del Salado, que incluye distritos como Ayacucho, Bragado, Brandsen, entre otros, ingresan en una zona gris que es preciso aclarar, dado que se inundan de vez en cuando. Según los ambientalistas, deberían ser considerados humedales, mientras que los productores sienten que si esto fuera así, se verían obligados a retirar parte del stock de vacas del país. Allí está el 25% de las existencias.
En esta discusión fina sobre qué debería ser considerado un humedal, Vara aseguró que si prosperan las demás iniciativas legislativas avaladas por los ambientalistas, el 70% de Corrientes pasaría a ser considerado un humedal, Allí, además de los Esteros del Iberá, casi todo se hace entre ríos y bajos que claramente conforman un gran humedal donde hay millones de vacas y producciones claves como el arroz. Por esa razón deberá prestarse mucha atención a qué tipo de definición de humedal se dará.
¿Qué significa esto para el sector agropecuario? ¿Es una nueva amenaza o una oportunidad de comenzar a ordenar el territorio y evitar nuevas acusaciones del ambientalismo? Para el diputado correntino, “la mayoría de los productores ganaderos de acá tienen menos de 100 cabezas. Son productores chicos, y son cerca de 23 mil, pero no viven de 100 cabezas, sino que es gente que vive de otra cosa y tienen un complemento con la actividad ganadera”.
El diputado agregó que “los ambientalistas sostienen que los principales enemigos del ambiente en la zona nordeste son la forestación, la ganadería y el arroz, todas actividades que, en Corrientes, representan el 85% del producto bruto productivo”.
En referencia a la acusación de los ambientalistas, de que ciertas actividades productivas en provincias como Corrientes atentan contra el cuidado de los humedales, Vara manifestó que “somos la provincia con mayor porcentaje de bosques cultivados, respetamos las 700 mil hectáreas de bosques nativos que tenemos, y sólo 7 mil hectáreas fueron tocadas en los diez años de ley Bonasso o ley de Bosque Nativo, y no lo decimos nosotros, sino Greenpeace en sus evaluaciones, ¿Y saben cuál era la lapicera que firmaba esas autorizaciones? La mía”.

Según el diputado y agrónomo, “todas las provincias de la región norte, salvo Misiones que autorizó tocar sólo 32 mil hectáreas, tocaron de 200 mil hectáreas para arriba. Lo que nos permitió en Corrientes el no tener que tocar ninguna de las 700 mil hectáreas de la provincia, es que plantamos 526 mil hectáreas; el 80% de los establecimientos industriales de nuestra provincia son de la madera. Y luego nos dicen que la forestación es la principal amenaza de los humedales”, se quejó.
Mientras tanto, los proyectos de ley de Humedales siguen desfilando en el Congreso, y de fondo se discute el destino de millones de hectáreas. Una cosa queda clara: la definición de humedal que le den los legisladores puede implicar ciertas restricciones a las actividades productivas, o bien al 85% del producto bruto productivo de una provincia. Este debate recién empezó, y levanta cada vez más temperatura.
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]]>La entrada Corrientes reacciona ante una posible Ley de Humedales: “Va a generar nuevos problemas”, advirtió el arrocero Cristian Jetter se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“En nuestra provincia no vemos un problema ambiental real. El problema se da en las islas del delta y algunas regiones de Buenos Aires, pero no en la provincia de Corrientes. Aquí el tema está bien legislado y convivimos perfectamente, porque hay 1,4 millón de hectáreas de reservas”, explicó Cristian Jetter, integrante de la Asociación Correntina de Plantadores de Arroz.
El productor y empresario arrocero agregó que “uno espera que se legisle para solucionar los problemas. Al contrario, se van a generar problemas entre lo privado y lo público y entre lo provincial y lo nacional” si se avanza en una Ley de Humedales, tal como plantean algunos proyectos de ley ingresados al Congreso Nacional.
Escuchá la entrevista completa a Cristian Jetter:
El comunicado que rechaza una mayor regulación sobre este tipo de zonas húmedas, que en el caso de Corrientes incluye a los estratégicos Esteros del Iberá, está firmado por la Coordinadora de Entidades Productivas de Corrientes. Allí se enrolan la Asociación Correntina de Plantadores de Arroz, la Asociación de Sociedades Rurales de Corrientes (ASRC), la Asociación Forestal Argentina (AFoA-Regional Corrientes), la Asociaciones de Citricultores de Corrientes (ACC) y la Asociación de Plantadores del Nordeste Argentino (APNEA).
Esas entidades consideran que de avanzar los proyectos de ley en cuestión se podrían en riesgo la posibilidad de inversiones en las producciones correntinas, ya que se generaría mucha desconfianza.
Al respecto, Jetter consideró que esos proyectos de ley podrían “restringir actividades o poner exagerados controles” sobre las actividades agropecuarias tradicionales.
“Hablan incluso en algunos casos con quedarse con la cosecha de frutos o con lo que generan los ambientes que tienen hidromorfismos. Pero el arroz se hace en suelos con problemas de hidromorfismo y si se generan esas nuevas legislaciones van a ser considerados nuestros suelos como humedales y no podremos seguir desarrollando la práctica del arroz”, indicó el productor.
Por eso Jetter cree que es necesario “tomar el toro por las astas” y recomendó “actuar en esos lugares que generar una nueva ley ambiental que generaría más conflictos”.
“No hace falta agregar legislaciones nuevas. Nuestra Constitución tiene 10 artículos que hablan de la protección del ambiente y tenemos fiscalías ambientales. No vemos necesidad de agregar nueva legislación nacional”, resumió.
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]]>La entrada Sabores y saberes: el chipá So’ó y la Red de Cocineros del Iberá se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Resulta que en esos tiempos yo acababa de entrar a trabajar en el INTA y me habían encomendado producir algunos contenidos culturales para INTA Radio, que consistió en buscar una cocinera de cada provincia, en general de la Red ProHuerta, para que nos contara la receta característica de la empanada, con sus diferencias con las de las demás provincias. Esto en la línea de fomentar el consumo de comidas regionales, que están hechas con productos regionales. Un caso típico es el de los chipacitos, cuyo éxito elevó la demanda de la fécula de mandioca a cantidades industriales, siendo esto un guiño para los productores de la región guaranítica.
Cuando me tocó buscar a una cocinera de Corrientes, elegí a una señora de la ciudad de Goya, que me dio su receta de la empanada de surubí, y habló de la afamada Fiesta en honor a ese pez gigante del Paraná.

Cuando Estefanía oyó ese audio en la página de INTA Radio, se enojó y me llamó para hacerme una fervorosa crítica, comenzando por decirme que lo más similar a una empanada, en la cultura de la gastronomía regional y tradicional de Corrientes, es el “Chipá So’ó” o chipá con carne, que no se amasa con fécula de mandioca sino con apenas una cucharadita de fécula y harina de maíz criollo, que no es la polenta, sino más fina, la misma que se usa para la sopa paraguaya (Chipá = torta, y So’ó = carne), a la que algunos hoy han bautizado la “chipanada” correntina.
Recordemos que el chipá ya es una fusión criolla, de la cultura aborigen con la española, ya que la carne vacuna no es originaria de América, y tampoco la leche, ni los huevos, ni el queso, con los se amasa todo chipá.
Yo, que soy Colorado, me ruboricé más que nunca. Y me excusé diciéndole que lo había tenido en cuenta, pero que me dejaba dudas de si no era muy compartido con la cultura del Paraguay, también guaranítica, claro. Y Estefanía comenzó a contarme que ella era parte de un grupo numerosísimo de gente que venía trabajando con mucho sacrificio y respeto hacia la gente de cada lugar para revalorizar las cocinas ancestrales de la región de los Esteros del Iberá, a la que habían decidido entre todos nombrar Red de cocineros del Iberá.
Ver: Cocineros del NEA formaron una red de gastronomía local | INTA
En el marco de los paseos de ecoturismo, el INTA, la Fundación “Flora y Fauna Argentina” (Hada Irastorza), y la “Fundación Yetapá”, con Hada Irastorza y Javier Kuttel a la cabeza, respectivamente, junto con productores de pequeña escala, conformaron la Red de Cocineros del Iberá, que reúne a 102 personas, organizadas en 64 unidades productivas como pequeñas chacras, asociaciones de productores, emprendimientos gastronómicos familiares y cocineros que trabajan en hoteles de la región, con el fin de acudir con un programa de capacitación que permita trabajar los numerosos eslabones que constituyen la cadena de valor, desde los cultivos tradicionales hasta los servicios gastronómicos, que demandan cada vez más calidad para el turismo, según la ingeniera Cutro.
El área de trabajo abarca siete localidades que circundan a los esteros: Caá Catí, Concepción, Ituzaingó, Loreto, Mburucuyá, San Miguel, Colonia Carlos Pellegrini y parajes aledaños a los municipios.
El fin concreto de la Red es generar trabajo para que estas personas, lugareñas de cada lugar, no tengan que emigrar a las grandes ciudades, a sufrir el desarraigo y todo lo que ya conocemos.
Entonces, ahí nomás, Estefanía me contactó con la cocinera Gisela Medina, de Mburucyá, hoy coordinadora de la Red. Madre de un hijo que ya pasó la adolescencia, Gisela vivió en Formosa unos cuantos años y allí estudió gastronomía, hasta que decidió volver a Corrientes capital, donde se puso a vender viandas. Pero un día se dio cuenta de que trabajaba mucho y ganaba poco, y menos gozaba de su vida. Entonces se fue a Mburucuyá, que felizmente está en crecimiento por el auge del ecoturismo en los Esteros del Iberá.
Gisela comenzó diciéndome que un día tomaron conciencia de que su propia comida tradicional era considerada comida de pobres, y pobre en sí misma como para ser mostrada al mundo. Ella, en cambio, descubrió una gran virtud en las cocineras populares: que no tienen secretos sino que comparten todos sus conocimientos, y que ella misma podía aportar los conocimientos técnicos y modernos que harían falta para poder ofrecerlos al turista de Los Esteros.
Realizó un viaje a Jujuy y conoció el proyecto de recuperación y puesta en valor de la comida ancestral jujeña, encabezada por la ingeniera y cocinera Magda Choque Vilca. Gisela regresó con el ímpetu necesario para replicar aquella quijotada, y junto a Cutro, a Kuttel y a Irastorza y a muchos más emprendieron la patriada.
Hoy Gisela cocina en su casa, como muchas y muchos otros cocineros, y gana más dinero y calidad de vida que cuando fue empleada en Corrientes capital.
Los cocineros y cocineras de la Red, como Gisela, reciben a los turistas en sus casas o en hoteles, y les hablan de su cultura y les cocinan chipá so’ó, y hasta 20 variedades de chipá, chicharrón trenzado, mandioca frita, butifarra, huesitos de chancho, mbaipí de chorizo o de choclo, sopa correntina, charque, fiambres, chacinados, embutidos, y hasta mbutucá, que es similar a la humita en chala del NOA, y hasta el pollo embetunado que hacían las abuelas, y muchísimos platos regionales más.
Y de postre, dulces de aguaí, ñangapirí o pitanga, mamón, andaí, que es el zapallo del litoral, como el anco, pero más grande, más anaranjado y más fibroso, al que los lugareños ya habían dejado de comer y sólo lo usaban para alimentar a los chanchos.
Gisela y Estefanía creen en el emponderamiento de las y los cocineros populares de su región. Creen en el trabajo comunitario de aunar esfuerzos y conocimiento para alcanzar lo que en estos tiempos tan difíciles no podrían por sí solos. Creen en la fuerza de la identidad que se logra recuperando la memoria de sus mayores, la experiencia de su pueblo arandú (sabio), fruto de la sabiduría milenaria de los guaraníes, fusionada con los españoles, sobre todo con los curas jesuitas, y los gringos venidos de Europa y del Oriente Medio.
Ellas se levantan cada mañana con más ganas al ver los frutos de, por ejemplo, haber llegado a estar presentes con sus comidas en la Fiesta Nacional del Chamamé, en la Usina del Arte, en Buenos Aires, junto a famosos chefs, y próximamente en la Feria Masticar. Allí nos veremos, amigas, para aprender de sus saberes y degustar sus sabores, porque esto hay mucho camino por andar.
Escuchemos la receta del Chipá So’ó, de la dulce voz correntina de Gisela:
También le pedí a Gisela que nos regalara una canción de artistas locales, y eligió Taragüisero, por el Grupo La Fronda, con letra del poeta santafesino Gustavo Machado (autor de más de 800 canciones), y música del excelente guitarrista, Daniel Giménez. Elegimos la versión que realizaron en la Fiesta del Chamamé, en Corrientes capital:
Dice La Fronda: “Con cada tema invitamos también a la nostalgia pueblera y buscamos recrear las sensaciones en imágenes nuevas que surgen de nuestra manera de sentir y vivir a Corrientes hoy”.
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