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La entrada Según el diputado Fabio Quetglas, la ley de Biocombustibles es “una oportunidad para comenzar a repensar el futuro” se publicó primero en Bichos de Campo.
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La historia del desarrollo puede pensarse como una historia de la energía.
En ese sentido, una mirada del momento actual del ciclo de los hidrocarburos amerita incorporar al debate energético tanto las cuestiones coyunturales como las tendencias estructurales.
El desarrollo, y sobre todo el perfeccionamiento, de los combustibles de origen biológico no es solo una apuesta por la diversificación de la matriz energética, sino un capítulo de la profunda readecuación de la matriz económica a requerimientos de la sostenibilidad ambiental y garantías de provisión futura.
En las últimas décadas se profundizó una tendencia que venía en crecimiento desde los años ’70: la búsqueda de alternativas a los combustibles fósiles para la producción energética. El contexto, con el aumento considerable del precio del petróleo y las mejoras tecnológicas en las alternativas bio, intensificó esa tendencia. En nuestra región, Brasil –que en la década del ’70 importaba el 100% de su petróleo- fue pionero y desarrolló la alconafta, con el fin de bajar su dependencia externa.
En la Argentina, que tiene un abastecimiento recurrentemente insuficiente de petróleo y una alta disponibilidad de cereales y oleaginosas, se dio una demorada política clásica que garantiza lo que se denomina “cortea las naftas”, regulado por la ley de biocombustibles. La norma vence en mayo y, si bien se aprobó su extensión en el Senado, se demora su tratamiento en la Cámara de Diputados.
Detrás de ese “corte a las naftas”, existe un sector empresarial de bioenergía que se consolidó en los 2000 por el alto precio del petróleo. Un amplio tejido pyme, con desarrollo en Tucumán, Córdoba, Santa Fe, Entre Ríos y la Provincia de Buenos Aires, se potenció y logró alcanzar, entre otros resultados positivos, exportaciones significativas (Ej: 1200 millones de dólares a USA).
Es cierto que existe un costo fiscal -al restringirle al fisco los nichos de exportación sobre bienes potencialmente exportables-; sin embargo, ese costo se traduce en creación de empleos de calidad, y fundamentalmente en la posibilidad de generar una transición energética controlada y no traumática, con un horizonte de descarbonización en el mediano plazo.
Si se tiene en cuenta la dependencia de Argentina en relación a la energía y los combustibles “no renovables”, es muy importante dar continuidad a la ley de biocombustibles. Cualquier proyecto de país necesita resolver sus problemas estructurales en el mediano y largo plazo.
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]]>-Sos uno de los pocos diputados a los que, si rascamos, le sacamos algo de letra de política agropecuaria. Me cuesta encontrar diputados que hablen de esto
-Hay una paradoja y es que yo vivo en Almagro y no tengo una sola maceta, pero creo que el tema trasciende el interés sectorial por su dimensión macroeconómica, por lo que significa fuera de las áreas metropolitanas en materia de empleo y por necesidades de infraestructura. Lo que pasa es que los diputados de origen urbano no conocen el tema porque su formación tal vez está ligada al derecho y otras áreas, mientras que los de origen rural lo traen tirado desde la pertenencia gremial, y entonces sigue siendo una visión recortada. En esto yo me siento un rara avis porque tengo un gran interés por el tema, aunque no desde una perspectiva gremial.
-¿Y por qué te despierta interés la política agropecuaria?
-Te doy mis argumentos. La Argentina entró en una larga etapa de turbulencia económica a partir de 1975, cuando quedó de manifiesto que el modelo de industrialización sustitutiva no era suficientemente sólido como para soportar shocks externos como el que tuvimos en ese momento con la crisis petrolera. Hoy uno de los grandes problemas a resolver es el de la restricción externa.
-Esto coincide con el Rodrigazo. Fue el inicio de una serie de crisis recurrentes de la Argentina en materia económica. Después de eso, cada diez años tenemos un ajuste porque no llegamos a pagar las cuentas…
-Claro, y ese es el nombre que le dimos al capítulo argentino donde juntamos mala gestión local mas una situación de shock externo que se convirtió en una bomba. Si Argentina quiere resolver su problema de restricción externa tiene que tener un nivel de inserción global de su cadena de valor mucho más intensivo y ahí hay un capítulo para el mundo agrario.
Luego, si queremos tener un país realmente federal precisamos integrar no solo la zona Núcleo sino otras regiones del país a la dinámica de la modernidad económica y en principio deberíamos poder hacerlo a partir de la calificación de nuestra intervención sobre los recursos naturales.
Por otro lado, antes se asociaba a la producción agropecuaria con lo rústico y se suponía que lo sofisticado era la industria, pero todos sabemos que los niveles de agregado de conocimiento están en ambas áreas. El punto de quiebre no debe ser campo-ciudad, sino que se trata de ver cómo uno incorpora conocimiento y capital para construir una economía que nos permita tener una sociedad con mayor nivel de cohesión social, que es la gran deuda que tiene la Argentina.
Mirá la entrevista completa a Fabio Quetglas:
-¿O sea que discutir sobre política agropecuaria sirve para discutir también sobre los problemas nacionales?
-Claro. Pero cada tanto la política tiene la recurrencia de pensar que cuando hay un problema la solución pasa por darle un manotazo al agro, a veces de modo inteligente pero otras hecho de modo burdo. Nuestro agro no es mejor ni peor que otros sectores económicos, pero merece un tratamiento político institucional adecuado, calificado y serio, porque a los problemas que ya de por sí tiene cualquier sector económico, al agro se le añade uno y es que tiene un ciclo biológico.
-¿Y qué harías?
-Un primer pacto a realizar sería que puedan cosechar con las mismas condiciones macroeconómicas con las que sembraron. La otra vez discutía con amigos esto de que es un milagro que en Argentina haya producción de manzanas, por ejemplo. Hay gente que planta manzanas, peras o ciruelas y están varios años hasta ver resultados. Son verdaderos optimistas, mientras a nosotros un año nos parece un ciclo de difícil comprensión en Argentina, un país que si tuviera políticas sostenidas y resolviera con diálogo social la integración de todos los actores de una cadena de valor, tendría potencial para desarrollar muchas actividades más que la frutihortícola. Cuando ves que Chile exporta en frutas 10 a 12 veces más, tiene que ver con una macroeconomía ordenada y con una logística adecuada.
Con esto quiero decir que no podemos hacernos los giles y no podemos enfrentarnos al agro desde el prejuicio de los textos de sociología de los años ´60. Esos textos también los leí yo e ilustraron nuestra juventud. La pregunta que debemos hacernos es si son útiles para gobernar hoy, cuando no es así porque cambió la sociología rural, se dividió la tierra, desaparecieron muchos productores, ingresaron nuevos paquetes tecnológicos, la globalización le da una oportunidad a los recursos naturales. Jauretche no tenía por qué saberlo.

-Cuando pretendés discutir de este modo sobre política agropecuaria ¿Qué abunda más en los políticos? ¿El prejuicio o la ignorancia y el desconocimiento?
-Son primos hermanos. A ver, no todos tienen que ser especialistas en sociología agraria y en cadenas de valor pero tampoco debemos subirnos a cualquier bondi para hablar a la tribuna y eso es algo que deberíamos pedir a todos. Cuando oigo hablar de ´los garcas del campo´ yo me pregunto ¿Sabrán cuál es el nivel de superficie de explotación promedio en Buenos Aires? ¿Sabrán cuántas son unidades familiares?
-Ese discurso arcaico, que tilda a todosa de garcas, por el contrario contribuye a una mayor concentración agropecuaria. ¿No se dan cuenta de eso?
-Lo más triste de todo este es que en este momento Argentina debería estar haciendo goles en estos temas. Te pongo un ejemplo que es maravilloso porque se puede medir en termino físicos: en Europa, cuando una cuenca láctea da un promedio diario de 18 o 20 litros diarios, festejan de un modo tremendo, y acá nosotros tenemos decenas de cuencas lácteas con 25 a 31 litros diarios. La pregunta del millón es porqué Argentina no es una potencia mundial con un salto comercial en el sector lácteo de 3 mil o 4 mil millones de dólares.
Si hubiéramos producido ese nivel de inserción global y no digo todo el país sino un pedacito no desdeñable, estaríamos más parecidos a Nueva Zelanda. Hablo de incluir tres cuartos de Entre Ríos, la mitad de Santa Fe y un tercio de Córdoba, o sea que no hablo de lugares donde vive mucha gente pero el tipo de la estación de servicio y el escribano estarían contentos. Entonces, bajémonos del prejuicio y discutamos estas cosas.
-¿No hay lugares dónde se discutan de estas cosas?
-Lo que hacemos es, cada tanto, ponernos a discutir en cómo desacoplar los precios internos de los internacionales cuando lo que tendríamos que pensar es en cómo tener más salarios, más gente incluida por la vía del trabajo y por lo tanto no sea problemático tener niveles de inserción internacional más intensos.

-Vos afirmás que no sirve sacarle tanto recurso al agro para subsidiar una industria sustitutiva, porque ese modelo ya fracasó en los ´70 y seguramente no sea el camino a seguir. Decías también que hay que dar certidumbre a las políticas, para que permitan agregar valor en el agro. Ahora, ¿es posible lograr esto con una enorme ciudad, Buenos Aires y su conurbano, que condiciona casi siempre las políticas?
-Para mejorar la productividad las unidades productivas deben estar vivas. Sabemos que, por ejemplo, en el área Metropolitana hay un denso tejido Pyme e industrial, de servicios, etc. y en el interior más actividad agropecuaria. Nosotros precisamos dar un gran salto de productividad, y en esto hay sectores que lo tienen más fácil que otros; lo que tenemos que tratar es de que no muera ninguno. La política debe tener un discurso, una visión y un acuerdo en el que deben ganar las ideas. Yo puedo estar equivocado y no tengo ningún problema si alguien marca que mi visión está mal.
Precisamos que nuestra burguesía barrial y que nuestro tejido pyme prosperen, y ahí se precisa de una visión política. El campo responde rápido a los estímulos pero lo que responde lento es el proceso de adecuación del tejido pyme, porque están sobre endeudados y con mil problemas más que los Pérez García.
Esa es la critica de fondo que me permití decirle a Macri, porque la restricción externa es un golpe que nos dimos y es previsible. Del mismo modo, el kirchnerismo ahora se golpea con el acople o desacople de precios internacionales y es la sexta o séptima vez que Argentina choca con el mismo palo. Evidentemente en esto es más importante la creatividad que el conocimiento. Precisamos hacer una salida creativa para lo cual se requiere de la política para resolver la transformación de esta agenda urbana del modo menos traumático posible en la medida en que incorporemos nuevas cadenas de valor a modelos de inserción global.
-¿Qué pensás de los dirigentes agropecuarios? También ellos discuten poco sobre estos temas…
-Yo le digo lo mismo que le digo a los otros: corrámonos todos del lugar de destino salvífico de la Patria y vayamos a un escenario más colaborativo. Nadie salva esto solo, porque es una mochila muy pesada que te pone en un lugar inadecuado. En general el agro es un sector que nos dio muchos elementos de utilidad social y mucha prosperidad, pero ahora precisamos un diálogo colaborativo con los gobiernos locales, con los colegios de ingeniería, con la política, para bajar los costos. Establezcamos una conversación pública más amable. Propongamos y discutamos ideas. Si mejoramos esto mejoraremos los resultados políticos.
-El productor te va a decir que adelante están los kirchneristas y que con Cristina es imposible debatir en buenos términos.
-Bueno, un poco de clima zen en ese caso. Y respirar hondo. Yo les hablo desde el lugar de legitimidad que me da el poder defender posiciones asociadas al sector y el afecto hacia muchos de ellos. Quiero una Argentina federal en donde al NOA le vuelvan a entrar varios miles de millones de dólares más por las legumbres, donde la lana pueda volver a ser negocio en el sur y haya centros de producción de prendas de alto estándar, que haya muchas más startups bioeconómicas en Argentina.
Pero para todo esto necesitamos tener primero una visión.
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]]>Pero a veces aparecen intentos de mostrar lo contrario. El Grupo de Líderes Empresariales de Argentina (Lide) debatió esta semana esta cuestión de la integración y aseguró en su noveno Forum Nacional de Agronegocios que todavía es posible construir un “nosotros”.
El evento tuvo formato de webinar y estuvo encabezado por Gustavo Grobocopatel y Laura Loizeau, presidente y vicepresidente de Lide Agronegocios. Oficiaron de moderadores en un debate que se dio entre Walter Martín, Director de Abastecimiento Local y Producción de la Secretaría de Agricultura Familiar, Campesina e Indígena del Ministerio de Agricultura; José Martins, presidente de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires; Carlos Achetoni, presidente de la Federación Agraria; y Fabio Quetglas, diputado nacional de la provincia de Buenos Aires por la Unión Cívica Radical (UCR).
Grobocopatel sostuvo que no creía que existiera un enfrentamiento entre la sociedad y los empresarios. “Más bien pienso que la sociedad está decepcionada, porque cree que los empresarios somos parte de la solución y no estamos haciendo lo que nos corresponde”, dijo.
“Tenemos la posibilidad desde los agronegocios de ser parte de la solución, y pasa por la creación de riqueza, que es posible porque hay sinergia y se pueden crear relaciones ganar-ganar. Debemos transformar el miedo, la incertidumbre y la confusión en esperanza”, relató el presidente de Lide Agronegocios.
Rodolfo de Felipe, Presidente de Lide Argentina, aseguró que el mundo cambió su paradigma y que se revolucionaron las formas de producir. “En Argentina, la economía verde juega un papel esencial en el desafío de orientar los esquemas de producción y consumo hacia modelos más sustentables, inclusivos, y comprometidos con el ambiente, que sean capaces de responder a las demandas actuales, muchas veces apremiantes”.
De Felipe expresó que es necesario “un desarrollo con equidad que equilibre las inversiones, el empleo y el uso consciente de los recursos, con un compromiso social ineludible. Y de allí el nombre de nuestro encuentro, quiénes y cómo lo hacemos, quiénes conformamos este renovado ‘nosotros’”.

Walter Martín explicó el trabajo que están llevando adelante en la localidad bonaerense de Daireaux para generar nuevos empleos, dado que muchas veces no alcanzan para todos los que lo necesitan.
Martín diagnosticó que “el ámbito público se encuentra colapsado en la generación de nuevos puestos de trabajo, y que aunque la producción agropecuaria tradicional ocupa mucha gente, ya no genera nuevos puestos debido a la mecanización, entre otros factores, y la producción industrial en el interior crece muy lentamente”.
Ante esta situación, declaró que entre las estrategias que llevan adelante en la secretaría se encuentran “el apoyo a la creación de industrias, al autoempleo, al fomento a la empleabilidad y a la generación de nuevas empresas de producción asociativa (Nepas), las cuales transforman a desocupados y subocupados en productores que generan el alimento necesario para el abastecimiento local”, y aseguró que “en el período 2016-2019 creamos 126 puestos de trabajo, mientras que en el ámbito privado, ese mismo indicador había disminuido un 6%”.
A su turno, Martins destacó la formación del Consejo Agroindustrial Argentino (CAA), compuesto por más de 50 entidades que buscan dinamizar el ingreso de divisas, crear empleos y generar arraigo en el interior. “Hemos sabido dejar ciertas tensiones a un costado y trabajamos en un proyecto abandonando los espacios de poder, los egos y tensiones que vienen a derruir intentos de unidad en nuestra cadena”, recalcó.
El presidente de la BCBA declaró que en los últimos 5 meses construyeron una hoja de ruta y que pudieron sentarse con el presidente, la vicepresidenta, ministros del Poder Ejecutivo, gobernadores y legisladores oficialistas y opositores. “Si queremos construir políticas a largo plazo hay que sentarse con todos”, dijo. Pero para lograr las metas propuestas, Martins pidió que exista “un marco macroeconómico estable, una reducción de la presión fiscal, ciertos incentivos a la inversión para la creación de infraestructura, y trabajar en educación para generar una corriente contra-migratoria, es decir el regreso de las personas a sus lugares de origen”.

El presidente de Federación Agraria manifestó que si bien desde la entidad federada mantienen una importante integración con la Secretaría de Agricultura Familiar y el Consejo Agroindustrial, “somos propulsores, impulsores y defensores de las políticas públicas diferenciadas para que haya arraigo y desarrollo, y evitar que emigren cinco mil productores por año como sucede hasta ahora”.
Achetoni expresó que “en el Consejo Agroindustrial ponemos nuestra mirada, aunque nos gustaría tener más espacio en los equipos técnicos, porque defendemos a sectores que suelen quedar marginados en una cadena tan potente”. También pidió que no se vea a la agricultura familiar “como un sinónimo de pobreza, de marginalidad o clientelismo político, sino que se la vea como una potencialidad, con horizontes de progreso”.
El diputado Quetglas señaló los modelos de trabajo propuestos por Walter Martín y Martins, y dijo que “estos dos programas pueden ser súper exitosos, pero no lo van a ser mañana, ni dentro de un mes, sino dentro de 2, 3 ó 4 años”, y expresó que aunque es necesario hablar con la política, “en general en Argentina la política es el problema”.
De todos modos, Quetglas reconoció que es muy importante hablar con la política y dijo que hay que entender que “si uno subsidia los servicios públicos urbanos y castiga fiscalmente a la producción del interior, lo racional es que la gente se mueva del campo a la ciudad”, razón por la cual manifestó que “se necesita un programa específico de gestión de ciudades para el país”.
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