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La entrada Yeny Yurchag no tiene ni una hectárea de campo, pero sus convicciones se pesan en toneladas: Es la primera mujer en dirigir la Sociedad Rural de San Luis se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Es así. Yeny no tiene campo pero sí pasión por la producción y eso fue lo que la ayudó a cumplir con su sueño a pesar de las contras que le presentaron sus padres y los tabúes del rubro. Una mujer y sin campo, presidenta de la Rural.

“No vengo de familia de productores sino citadina. Pero siempre tuve amor por el campo desde muy chica. Para nosotros ir al campo era ir al río a tomar mate. Cuando pude me inscribí en una escuela agraria, a mi mamá no le gustaba pero mi papá me anotó. Cuando llegué a cuarto año mi mamá me cambió. Luego quise estudiar la carrera de veterinaria pero dijeron que eso era un hobbie y que iba a terminar cuidando perritos”.
Entonces Yeny comenzó a estudiar una licenciatura en comercio internacional y otra vez en 4º año cambio de rumbo cuando en San Luis se comenzó a dictar la tecnicatura en negocios y producción agropecuaria. “Cuando terminé me convocaron para hacerme cargo del censo agropecuario en san Luis y dos profesores de invitaron a trabajar con ellos”, relató a Bichos de Campo.
Escuchá la entrevista completa:
Uno de estos docentes le dio una cartera de clientes para atenderlos comercialmente: tenía que comprarles hacienda o venderle granos. Ahí se encontró con la cara machista del agro: “Cuando iba con el profesor a ver productores te explicaban todo y la situación era una. Pero luego, cuando iba sola, me daba la espalda hasta que les hablaba y les ganaba por cansancio”, recordó.
“Costó, como todo, como ser parte de la Rural. San Luis es un ambiente muy machista, pero machista de la puerta de la casas para afuera. Puertas adentro las decisiones las toman las mujeres”, bromeó la ruralista.
Con el otro profesor que le hizo también las veces de padrino puso un pie en la entidad agropecuaria puntana, que hoy dirige y en la que colaboró durante 20 años.
“La primera vez que voy me dijeron: ‘Genial, necesitamos una chica que esté el stand de la Rural'”, porque se estaba desarrollando un evento. “Les dije que yo no era un florero y me fui directo a la descarga, agarré las planillas y boletas de ingresos, me trepé al brete y conté los terneros”, relató.

En estos años, Yeny tuvo varios trabajos y también diferentes actividades y funciones dentro de la entidad. Junto con otras audaces crearon una comisión de mujeres rurales. También organizó diferentes block test de novillos, por citar algunos ejemplos de su actividad.
Ahora que está al frente de la Sociedad Rural de San Luis dice que su objetivo es integrar al campo y la ciudad: “Queremos hacer una Rural de puertas abiertas, que haya integración y poder comunicarle al resto de la sociedad las cosas tal cual son, que no somos ni víctimas ni victimarios, que trabajamos como todo sector y que somos parte de la sociedad”.
“También queremos ir a los campos, ver la realidad de los productores, salir hacia el productor” finalizó. Queda claro que hay pocas tranqueras que se le resistan.
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]]>La entrada Lía Encalada, la primera agrónoma: Lanzan un premio para visibilizar las historias de las mujeres rurales se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Para cumplir con esa misión, la organización acaba de lanzar un concurso que busca que las mujeres rurales reconozcan a las mejores de ellas. La iniciativa fue bautizada como Premio Lía Encalada, en honor a la primera mujer en recibirse de ingeniera agrónoma en la UBA en 1927.
Las mujeres rurales son discriminadas y así lo expresaron en una encuesta
Según la convocatoria, desde este 1° de abril y hasta el 31 de julio todos los interesados podrán postular a las mujeres que quieran reconocer. El premio se entregará en octubre, en el marco del Día Internacional de la Mujer Rural.
Dice la convocatoria que “las mujeres rurales construyen con labores diarias, el amplio universo al que denominamos campo, aunque en muchas ocasiones siguen invisibilizadas”. Por eso se trata de sacar varias historias a la luz
“Una de las particularidades de este premio es que será el público quien defina qué mujeres podrán ser destacadas. ¿Cómo? A través de un formulario online en el que la persona que acceda deberá seleccionar y completar unos pocos casilleros con los datos de la mujer que quiere postular (nombre y apellido, localidad y provincia y edad -solo en caso de saberla-). Para hacerlo, tendrá además que seleccionar una de las quince ternas previamente fijadas para la nominación y explicar brevemente los motivos de la misma”, se explicó.
Las ternas son Educación rural, trabajo social/comunitario rural, agroecología, investigación/innovación tecnológica, juventudes, gremialismo agropecuario, cooperativismo, comunicación, prestación de servicios agropecuarios, trabajo en territorio con pueblos originarios, campesinos o indígenas, ganadería, agricultura, lechería, economías regionales, trabajadora rural, valor agregado en alimentos.
Luego de la postulación, “cada persona podrá votar más de una vez y a más de una mujer con solo refrescar la página del formulario”.
Durante todo agosto se procesará la información de las nominadas para anunciar las ternas y sus finalistas en septiembre, y finalmente en octubre, en el marco del Mes Internacional de la Mujer Rural, se entregarán los Premios Lía Encalada.
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]]>La entrada Cecilia Picca es la nueva directora del INTA Rama Caída: “La humanidad evoluciona y lo más inteligente que podemos hacer como mujeres y hombres es sumarnos a esa evolución”, define se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Cecilia es la nueva directora de la Estación Experimental Agropecuaria (EEA) Rama Caída del INTA, ubicada en el departamento mendocino de San Rafael. Recorrió un largo camino para llegar a ese puesto. Pero afirma que “es tiempo de hacer las diferencias a un lado y de generar la oportunidad de complementarnos”.
De perfil bajo, Cecilia es una mujer de riendas tomar y los que la conocen la consideran así también. “Yo creo que existe siempre la persona más idónea para cada rol, y ese rol se lleva a cabo más allá del género; debemos superar el prejuicio del género sexual”, afirma.
El agro fue para Cecilia un terreno gobernado por el género masculino pero ella no cree que esto haya sido así por machismo sino por una distribución de roles que fueron cambiando a lo largo del tiempo. “Por suerte la humanidad evoluciona y lo más inteligente que podemos hacer como mujeres y hombres es sumarnos a esa evolución. Ahora vamos hacia un punto en donde la mejor persona para cada puesto y rol es elegida más allá de su género y me parece que eso marca un crecimiento increíble”, resalta.
-Entonces ¿No es el campo un universo machista?
-No, no lo creo. Lo que sí creo es que por la distribución de roles que se daba en otra época, las tareas más grandes del campo o las más visibles las desarrollaron los hombres. Por fortuna ese modelo evolucionó y las mujeres nos convertimos en el motor de esa evolución. Luego cada uno tiene sus propias diferencias, la fuerza física talvez influya pero con astucia y maña también se pueden vencer dificultades.
El trabajo de las mujeres se está visibilizando cada vez más y creo que hoy más que nunca es tiempo de complementarnos. No venimos a ocupar puestos para sacárselos a ellos sino que queremos los mismos derechos y oportunidades. Es momento de generar una corresponsabilidad familiar porque los hijos son de los dos y del mismo modo las posibilidades en el campo deben ser equilibradas. Sumar y complementarnos en las diferencias para crecer.
-¿Qué te acercó al campo?
-Nací en un pueblo rural, Jovita, en Córdoba, y a ese terreno me acercaron mi papá, mi mamá, mi abuelo y luego la vida misma. Mi papá es contratista rural y como muchas personas de campo es fanático del turismo carretera. En el patio de casa teníamos sembradoras, rastros, arados y tractores. Con esas maquinas jugaba yo cuando era chiquita. Mi papá nació en el campo junto a otros cinco hermanos y creo que esa pasión de vida me la transmitió a mi. Y lo que más valoro es que si a él una temporada de contratista rural le salía bien, se juntaba con algún socio que tuviera tierra e invertía en el campo como tantos otros que, si ganan dinero, lo invierten en sus regiones. Del mismo modo, mi abuelo materno, que falleció hace pocos días, trabajó mucho tiempo en el campo sembrando, trabajando con hacienda y alquilando campos ya que nunca tuvimos campo propio. Siempre lo recuerdo como un gringo colorado, de ojos azules y amplia sonrisa. Testarudo, trabajador y con gran disfrute por la vida. En algunos aspectos me siento un poco como él.
-Eso me da la pauta de que no renegás de tus orígenes…
-Para nada. Algunas veces las cosas le salieron bien a mi familia y otras mal pero mi familia siempre buscó la forma de salir adelante. Con el tiempo mi papá se jubiló; es que ya no pudo seguir trabajando en el tractor porque le salió una hernia de disco y entonces, el taller que tenía preparado para arreglar sus maquinarias pasó a emplearlo para hacer rejas o canastos que van quedando plasmados en distintas casas de nuestro pueblo en Jovita.
-¿Tu mejor recuerdo?
-Cuando mi papá me llevaba sentada arriba de la rastra o el escardillo, algo impensado hoy pero en ese momento era algo bastante normal y fue parte de lo que me hizo amar tanto al campo argentino. Era ver la naturaleza de cerca, cómo los discos surcaban la tierra y dejaban los gusanos blancos a la vista que iban a ser comidos por las gaviotas que volaban detrás nuestro. Así empecé a amar el campo de chiquita. Con mi abuelo salía a recorrer cultivos y estimaba rendimientos; me acuerdo de que él tenía miedo que me fuera mal siendo “mujer” agrónoma.
-¿Qué hay de tu mamá?
-En la década del ´70 mi mamá tuvo la posibilidad, por su tesón, de estudiar una carrera universitaria. Se recibió de profesora en Ciencias Naturales en Río Cuarto y cuando llegó a Jovita fundó una escuela agro técnica junto a varios colegas y amigos: el Instituto Provincial de Enseñanza Media (IPEA) número 13, que hoy todavía continúa desarrollando sus actividades en el pueblo pero con otro nombre. Esa escuela fue su vida y lo que me permitió a mi seguir relacionada a la vida de campo.

Cecilia tiene tres hermanos: María Eugenia, diseñadora gráfica, Diego, ingeniero agrónomo y Eliana que trabaja en el registro civil del pueblo y que también hace trabajos de diseño gráfico. “Ellos son lo máximo para mi y los tres amaron también de pequeños la pasión por el trabajo; creo que eso es algo que caracteriza bastante a nuestra familia”, responde orgullosa Cecilia.
La charla va quedando surcada por la cuestión de género indefectiblemente, porque Cecilia recuerda que luego de hacer la secundaria en la escuela agrotécnica, aparte de todo el trabajo de huerta, apicultura y cría de pollos, también se enseñaba a las mujeres algunas materias que tenían que ver con el hogar rural, como costura y cocina y repostería. “Ojo, esto me vino muy bien y no reniego de eso pero te da la pauta de que había todavía marcadas diferencias de género que probablemente hoy en día no sean las mismas”, manifiesta.
Cuando terminó la secundaria los padres de Cecilia, convencidos de que ella debía estudiar, la mandaron a ella y a sus hermanos a la ciudad de Río Cuarto. “Lo hicieron con un esfuerzo titánico porque la del ´90 fue una época muy difícil para mi familia y eso es algo por los que les estaré eternamente agradecida dado que estudiar una carrera universitaria me abrió puertas impensadas en diferentes partes del mundo”, recuerda.
-¿Creés que es necesario un título universitario para alcanzar lugares como el que alcanzaste vos, de dirigir una Experimental del INTA?
-Si bien estoy de acuerdo con algo que dijo la productora Julia Balzarotti en otra nota de Bichos de Campo que leí, sobre la idea de que un titulo no define sino la voluntad y pasión con la que una haga las cosas, yo siento que un título sí ayuda y ese fue mi caso. Durante la carrera de agronomía que estudie en Río Cuarto tuve la posibilidad de trabajar en un proyecto de investigación en el área de Economía Agraria y eso me fue vinculando con congresos y diferentes seminarios en algunas partes del país, y también me abrió la mente.

-¿Y cómo llegaste al INTA?
-En el último tramo de la carrera me inscribí en una pasantía del INTA central y cuando me avisaron que la había obtenido yo estaba con algunas entrevistas de trabajo en otras partes. Al mismo tiempo que me enteré lo del INTA me confirmaron que había quedado en Compañía Argentina de Granos para trabajar en el pueblo de General Levalle, al sur de Córdoba, muy cerca de mi seno familiar. La pasantía del INTA que me ofrecían quedaba en Capital Federal, por eso fue muy difícil la decisión, pero siguiendo mi corazonada y algunos consejos me fui para el INTA, y allí trabajé desde fines de 2002 hasta el 2006.
Los primeros meses estuve bajo pasantía pero luego se abrió la posibilidad de trabajar bajo contrato. Ese fue mi camino. En esa central trabajé en la coordinación de Vinculación Tecnológica donde hacíamos ensayos con empresas privadas. También ahí conocí un grupo de gente impresionante que me enseñó muchísimo. Ahí me dieron la posibilidad de hacer una maestría en la sede de la Universidad italiana de Bolonia que había en Buenos Aires. Y al finalizar esa maestría me fui a hacer otra pasantía pero de tres meses y en Italia.
-¿Cómo fueron esos meses en Italia? ¿Qué diferencias encontraste con el campo de Argentina?
-En esos meses en Italia recorrí los campos de la zona de la Emilia-Romaña, una zona de características productivas similares a los campos donde trabajo ahora, con frutales de carozo y frutos rojos. Me encantó estudiar los sistemas productivos de allí porque ya contaban con ciertos niveles tecnológicos que acá están llegando recién ahora en forma más masiva. En Italia pude conocer las cosechadoras de vid y de frutales de carozo. Pero con respecto a la Argentina la diferencia fundamental para mi pasa por el nivel adquisitivo para adquirir esa maquinaria, lo que no significa que los productores de acá no conozcan de la existencia de esas tecnologías.

-¿Considerás que a la Argentina agropecuaria le falten políticas públicas para ayudar a desarrollar esas cosas?
-Creo que si. Quiero que las nuevas generaciones vean que el mejor trabajo también puede ser el de productores agropecuarios pero para eso debemos generar mecanismos que valoricen el sentido de producir alimentos. Hay que poner en valor al productor y a los distintos eslabones de la cadena que con su propio esfuerzo generan los alimentos que el mundo necesita.
La sociedad toda debe ser motor de cambio. La política luego será la forma de traducir eso en algo oficial y normativo o reglamentario pero la sociedad en conjunto es la que hará los mayores cambios. En esto el campo es fuente del alimento que consumimos día a día. Si revisás tu alacena o heladera, verás que alguien produjo lo que tenés ahí y ese alguien debe ser reconocido y valorado, y tener las facilidades para producir esos alimentos. Para eso hay que coordinar acciones. El INTA es como una gran política de Estado y debe colaborar con ese productor generador de alimentos.

-¿Cómo es un día de tu vida dentro y fuera del INTA Rama Caída?
-Me levanto a las 6 de la mañana. Unos buenos mates amargos antes de irme al INTA son la energía que necesito para afrontar el día. Como no me alcanzan las 24 horas del día voy priorizando actividades, como todos. Si no tengo reuniones previstas con productores o con empresas con las cuales hacemos ensayos, muchas veces me reúno con la gente del laboratorio para resolver problemas en forma conjunta. En el INTA trabajo de corrido hasta las primeras horas de la tarde.
El INTA Rama Caída es precioso, una antigua estación que era la casa del jefe de estación del ferrocarril. Esa antigua casa de estilo inglés es donde tenemos nuestra administración y la oficina de la dirección que ahora voy a ocupar. Vas llegando y te va recibiendo un callejón de pinos que te conducen hasta allí con un parque amplio y con un estanque, rodeada de los edificios que hacen a los diferentes laboratorios y áreas de nuestra unidad experimental y con algunos módulos y cultivos demostrativos.
-Se nota que no concebís la vida sin el espacio verde. ¿Cómo complementás la labor de laboratorio?
-Desde 2006 que en realidad pongo manos a la pala porque mi trabajo era en el laboratorio de Protección Vegetal de rama Caída. Allí me especialicé en el área de nematología agrícola. Los nematodos son gusanos microscópicos que están en el suelo y muchos de los cuales son plagas importantes de los cultivos; para encontrarlos hay que hacer análisis de suelos. A diario desarrollamos muchos sistemas de muestreos y ensayos en papa, vid, frutales y otros cultivos de la zona, de nematicidas, fertilizantes, fungicidas y productos bioestimulantes, nuevas moléculas que están desarrollando las empresas en base a productos naturales. Paso horas y horas en la lupa y en el microscopio.
Es como una interacción permanente entre trabajo a campo, a laboratorio y trabajo de gestión con las cooperativas vitivinícolas, con empresas del sector, programación de ensayos y definir qué acciones y capacitaciones hacer, y armado de gestión con los municipios, delegaciones y escuelas del distrito donde también hay tanto por hacer.
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-Pero hay un momento para la familia me imagino
-Por supuesto. Cuando llego a casa ahí si pongo todo mi empeño en hacer un trabajo de calidad junto a mi familia, no es la mayor parte de mi tiempo pero sí el de mejor calidad. Mis hijos son lo más importante que tengo y ellos, al ver el trabajo y el esfuerzo que le pongo y la satisfacción personal que me genera van entendiendo que la cultura del trabajo también hace a la felicidad del ser humano. La familia y el trabajo son lo más importante.
Mi marido Aníbal también es ingeniero agrónomo, pero él trabaja en la actividad privada y en un emprendimiento propio, con lo cual tiene más flexibilidad en los horarios. A mi me gusta decir que es mi socio en un 50 y 50 para muchas actividades, y si bien cada uno tiene un proyecto personal propio, porque es algo vital para el desarrollo de cada uno, tratamos de complementar nuestra vida para que ambos podamos desarrollar nuestros sueños. Pienso que esta es la mejor forma de crecer junto a nuestros hijos.

-¿Hay ocio en tu vida? ¿Algo extra aparte de familia y trabajo agronómico?
-¡Claro! Además de hacer yoga con una vecina cerca de casa me encanta pescar. Es un deporte que aprendí de chica en las lagunas del sur de Córdoba, y también me encanta remar en kayak. Eso sí, siempre elijo que mis actividades extra sean cerca de mi casa o que me den la posibilidad de estar cerca de mi familia. Ahora, lo que sí extraño es la familia materna en Jovita, a mis hermanos y sobrinos, pero cuando viajo para allá me concentro totalmente en ellos y en mi grupo de amigos.
-¿Vos elegiste Mendoza para vivir o Mendoza te eligió a vos?
-Con mi marido nos vinimos a vivir a San Rafael en 2006 y elegimos este lugar por su calidad de vida y porque es una ciudad grande con vida de pueblo y con bastantes servicios. Al mismo tiempo, es una ciudad que está rodeada de lugares bellísimos; en menos de 35 kilómetros te podés encontrar con lugares como El Nihuil, Valle Grande, Cañón del Atuel o Los Reyunos.
Vivo en una casa que pudimos hacer gracias al Instituto Provincial de la Vivienda en una zona de fincas bastante cercana a la ciudad de San Rafael. Tenemos un parque grande, una huerta y un pequeño invernadero que mantenemos nosotros mismos porque nos gusta mucho vivir así, en tranquilidad y en medio del verde del oasis regado de Mendoza.

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]]>La entrada Liliana Fernández coordina el ente sanitario del Sur Pampeano: “La mujer no está solo en el campo para hacer la huerta y darle mamadera a los corderitos” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“Tengo a cargo el departamento de Caleu Caleu y Lihuel Calel, con casi un millón y medio de hectáreas, 655 productores y 13 vacunadores a mi cargo. Hace 12 años que coordino este ente que no es fácil. Esto generalmente es una actividad que la hacen los hombres”, contó orgullosa Fernández a Bichos de Campo.
Mira la entrevista completa a Liliana Fernández:
En 1999 se quedó sin trabajo cuando la aftosa se erradicó del país, pero lo recuperó en 2002 cuando la enfermedad volvió del peor modo posible. Con treinta años de trabajo hoy está segura de que se ganó su espacio y el respeto de los productores.
“El lugar se luchando, trabajando, capacitándote. A mí me ha tocado estudiar mucho para estar acá, participar de congresos, perder el miedo y enfrentarme a un ministro, sentarme a charlar con el presidente del SENASA, intendentes, gobernadores”, dijo.
¿Cambió el rol de la mujer en el agro? Fernández cree que sí y lo ve reflejado en las distintas campañas que coordina año a año y que suelen ser llevadas adelante por hombres.
“La mujer no está solo en el campo para hacer la huerta y darle mamadera a los chivitos o corderitos que quedaron guachitos. Hay que ganarse el espacio y creo que están dadas las condiciones para hacerlo”, aseguró.
Esta mujer rural también festeja que la Sociedad Rural de esa zona está presidida por una mujer, y que tanto la secretaria de la comisión directiva como la tesorera también sean mujeres. “Están buscando un lugar y se los están otorgando. Debemos buscarlo”.
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]]>La entrada Soledad Stadler, una mujer rural en el duro mundo de los contratistas: “Son un eje central en el agro y sin embargo no son tenidos en cuenta”, lamenta se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>En 2011 durante su paso por la universidad, Soledad comenzó a involucrarse con el universo de los contratistas rurales y entendió que, a pesar de estar en las raíces de la historia del campo argentino, este sector no tiene representatividad. “Los contratistas son un eje central del agro, son el fusible por el que todo se corta y se rompe. Sin embargo no son tenidos en cuenta. No se sabe cuántos contratistas hay en el país y sin eso es imposible que el Estado cree una política acorde a ellos”, afirmó Stadler a Bichos de Campo.
Mirá la entrevista completa a Soledad Stadler:
En 2019 esta técnica ganó un proyecto de extensión de la Secretaría de Políticas Universitarias vinculado a los contratistas, y despegaron sus ideas de promoción a este actor. Si bien el no tener que depender de la Cámara de Contratistas le representó un gran desafío, Stadler asegura que también le dio más libertad y les permitió empoderarse.
A través de un grupo de Facebook comenzó a ponerse en contacto con contratistas de la provincia y armó una red de acompañamiento y asesoramiento. “Es una gestión constante. Si bien hay objetivos grupales, hay otros personales. Hay muchos que nunca estuvieron en un grupo y surgen todo el tiempo problemas. Por ejemplo, quieren cambiar una maquinaria y yo me veo escribiéndole al banco. Hay que hacer un poco de asesoramiento financiero”, comentó.
Para esta promotora, los contratistas dinamizan el agro y además lo financian. Sin embargo su posibilidad de acceder a un crédito es muy baja y la mayoría ni siquiera quedó incluido en el último censo nacional agropecuario. “Son los principales consumidores de gasoil en el país con los transportistas y aun así no tienen un precio diferencial. Ni tienen capacitación en mano de obra ni en acceso al crédito. Son temas fundamentales”, dijo.
A pesar de ser mujer en un universo que tiene una abrumadora mayoría de hombres, Soledad asegura que siempre fue muy bien recibida en las recorridas por distintas localidades, porque la representación que ella ofrece es distinta a una de tinte gremial.
“Para mí no habría nada sin los contratistas. Si yo estoy acá es porque ellos también me acompañaron y me dejaron ser”, concluyó.
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]]>La entrada Mujeres rurales: “Lo que existe es una moda de mostrar mujeres en distintas instituciones, pero eso no tiene nada que ver con inclusión femenina”, señala Pato Gorza se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La semilla de MRA surgió por mera causalidad, como a Gorza le gusta pensar, en el banco de una plaza luego de un encuentro de mujeres rurales en Saladillo. Pero el proyecto no es para nada uno tirado con hilos y hoy está más que consolidado. “Nos encontrábamos charlando y todas planteábamos que habían varios espacios de mujeres rurales pero que en ninguno no sentíamos completamente contenidas, incluso participando en ellos”, contó a Bichos de Campo.

¿Qué es el movimiento de MRA? “Un grupo diverso con mujeres de toda Argentina. Nos reconocemos en las diferencias y juntas damos un paso para acortar la brecha”, dice la descripción en sus redes sociales. El espíritu, que es ante todo federal y va más allá del acompañamiento a la mujer rural, busca romper con ciertos códigos arraigados en el agro.
“Creo que lo que existe es una moda, una tendencia a mostrar mujeres en distintas instituciones y tener un marketing alrededor de eso. No tiene nada que ver con que realmente haya inclusión femenina. Si la inclusión es mostrar mujeres en un evento pero después a la hora de tomar decisiones los únicos sentados en la mesa son hombres, es un bluff”, reflexionó la productora y agregó que la responsabilidad es en parte de las mujeres que no han irrumpido reclamando esos espacios.
Mirá la entrevista completa a Pato Gorza:
La lucha de la mujer rural no empezó ahora sino que se remonta a las movilizaciones de Mujeres Agropecuarias en Lucha, allá por los años 90’ y con lemas como “Pan tierra y trabajo, remates al carajo. MRA tuvo esto presente cuando invitó a Lucy de Cornelis a su primer conversatorio. Aunque hoy la situación rural no es la misma y la lucha va por otro sendero, Gorza se siente unida a esos movimientos “por la mística y la fuerza de pelar por los derechos”.
Y si de machismos en el agro se trata, las mujeres no están únicamente en un lugar de padecimiento sino que muchas veces ellas mismas lo ejercen. Por eso, para MRA las herramientas para pensar el feminismo en la ruralidad no pueden ser otras que la paciencia, comprensión y empatía.
“Todo requiere de tiempo. Uno no puede caer en una localidad del interior profundo, ir a una reunión con mujeres y hablar de género como podríamos hablar en una reunión citadina. La paciencia que requiere empezar a incorporar estos conceptos es el eje principal. El feminismo muchas veces genera rechazo. La ruralidad tiene otros códigos y requiere otro trabajo”, aseguró la referente.
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]]>La entrada CRA ya tiene su rama femenina: “Nosotras trabajamos con los muchachos, porque si no cinchamos juntos nos tapa el agua”, explica Mariana Martínez se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Así, hace no más de tres meses, surgió Mujeres CRA (Confederaciones Rurales Argentinas), que ya cuenta con 110 participantes, Se trata de un espacio para debatir los problemas de la ruralidad y la búsqueda de soluciones desde una mirada de género, pero no con la intención de profundizar una supuesta grieta entre hombres y mujeres sino para aportar al fortalecimiento de la dirigencia y de la entidad.
Mariana Martínez, ganadera de Nogoyá, es una de las que promueve ese espacio dentro de CRA, una entidad donde dominan los dirigentes varones. Explicó el cambio que se dio de una generación a la otra respecto del rol de la mujer en la comunidad agropecuaria. “Hace unos cuantos años ya empezamos a hacer más ruido de lo que le permitieron en la generación de mi madre. A nuestras mamas les dijeron que fueron criadas para ser esposas de alguien, pero nosotras (fuimos criadas) para ser nosotras, y si queremos, esposas de alguien”, graficó.
Escuchá la charla con Mariana Martínez:
Este movimiento de Mujeres CRA, por lo pronto, ya participó de una reunión con el ministro de Agricultura, Luis Basterra, y con varias funcionarias de esa cartera, como la jefa de Gabinete, Diana Guillén, y la presidente del INTA, Susana Mirassou. Días antes, la primera dama Fabiola Yañez se había reunido con Basterra con el fin de difundir la campaña “Mujeres rurales, mujeres con derechos” (foto).
Respecto del encuentro con el ministro, Martínez contó: “Nos querían llevar la charla para el lado de la cuestión de género, nos hablaban de si éramos conscientes -por ejemplo- de que a las mujeres que quieren comercializar sus productos se las destrata. Pero nosotras no nos sentimos de esa manera. Nosotras trabajamos con los muchachos, no sin ellos. Construimos a la par, porque si no cinchamos juntos, nos tapa el agua”.

Mariana Martínez sostuvo que el espacio al que pertenece quiere ayudar a que el sector agropecuario y su representación gremial funcione mejor, que están para aportar con las características propias de su género. “Entendemos que somos diferentes hombres y mujeres. Eso es maravilloso, y en los equipos de trabajo mixtos es donde más florecemos. El punto no está en la posibilidad de construir juntos algo mejor y fortalecer al sector”, expresó.
Para graficar cómo ve la inclusión explicó que “para el Día del Veterinario generamos un videíto con una chica hipoacúsica dando el saludo en lenguaje de señas. Eso es la inclusión, no hablar con la e”, determinó.
Dijo Martinez que entre otros objetivos la intención de este espacio femenino dentro de CRA es también mostrar situaciones de solidaridad, porque muchas veces en el campo “no hay conectividad, caminos, salud, y todo eso nos atraviesa. Sin conectividad no podes sacar el DTE (documento para el tránsito de animales), pero nuestros hijos tampoco pueden tomar clases. Todo eso nos atraviesa como familia rural y prometieron trabajar en eso”.
El espacio Mujeres CRA es reciente, pero nació con empuje y ganas. Por eso Martínez afirmó que “no podemos quedarnos en los dolores viejos y nuevos. Busquemos gente en la que uno se pueda apoyar y vayamos para adelante”.
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]]>La entrada Quieren crear por ley el Sello “Mujer Rural”: qué es y por qué sería un camino hacia la paridad de género se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“Las Mujeres Rurales constituyen un mosaico social que ha sido postergado por muchas décadas en América Latina”. Con esa frase la diputada Liliana Schwindt, del Frente de Todos, desarrolla los fundamentos de su proyecto.

El objetivo es crear un sistema de promoción, apoyo y estímulo a la producción de los productos desarrollados por mujeres rurales. Alimento, una prenda de ropa, un telar, todos estos productos tendrían el Sello Mujer Rural en ellos. “Eso hace que quien lo tiene en sus manos tenga la conciencia de que eso fue hecho por mujeres y el esfuerzo que eso implica en muchos casos. Es una reafirmación y un reconocimiento”, explicó a Bichos de Campo la diputada, que es licenciada en trabajo social y proviene de Olavarría, en la provincia de Buenos Aires.
La medida, de aprobarse la ley, alcanzaría a todas las productoras intensivas y no intensivas, que vivan o no en esas tierras y que tengan o no un salario fijo. También estarían incluidos las artesanas, las recolectoras, las microempresarias y las mujeres vinculadas a la pesca.
Schwindt participa del Frente Parlamentario Contra el Hambre de América Latina del Caribe y analizó que este tipo de leyes, donde se busca equiparar el trabajo de la mujer rural, ya están en otros países. “En Argentina ya hay organismos que trabajan sobre esta problemática. El Ministerio de Agricultura lo tiene muy claro y el INTA tiene programas que apuntan a capacitaciones”, agregó. Lo que falta es una ley que lo vuelva extensivo a todo el territorio.
El sistema será aplicable a los pequeños comercios, mercados de cercanía, ferias de alimentos, supermercados e hipermercados de todo el país, y el sello deberá aparecer de forma clara en todos los productos comercializados.

El proyecto de la diputada establece además un régimen de alícuota del 10.5% sobre el IVA para las beneficiarias, inscriptas en el registro. “En esto tampoco tenemos paridad con los hombres. A veces son discriminaciones positivas que son necesarias para hacer una deconstrucción del machismo que todavía queda”, afirmó Schwindt.
Si bien aún no tiene fecha de tratamiento, la legisladora espera su discusión dentro del bloque del Frente de Todos y la posibilidad de realizar reuniones informativas para que el resto de los diputados acompañen el proyecto.
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]]>La entrada Esta debe ser la primera nota sobre Lenguaje Inclusivo para un portal agropecuario: ¿Por qué nos irrita tanto? se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Santiago Kalinowski es licenciado y profesor en Letras (Universidad de Buenos Aires), doctor en estudios hispánicos y director del Departamento de Investigaciones Lingüísticas y Filológicas de la Academia Argentina de Letras*.
–¿Por qué el lenguaje inclusivo genera tanta irritación y rechazo?
-Porque es una lucha política por la igualdad de género. Es una intervención en el discurso público que busca que se tome conciencia sobre una injusticia en la sociedad y de la urgencia de que eso cambie. Entonces, quienes se benefician del modo en que la sociedad está organizada, reaccionan de un modo violento porque no quieren perder privilegios.
–¿Entonces es una “irritación política”?
-Así es. Y surge ante el intento de las minorías de lograr una sociedad más igualitaria, una sociedad que implique menos privilegios para el varón blanco heterosexual y de clase favorecida.

-“No por cambiar la lengua va a cambiar el mundo”, se argumenta…
-Esto es cierto. Pero quienes dicen eso se olvidan de que toda lucha política (desde la Revolución de Mayo al Peronismo, por ejemplo) se vio rodeada de rasgos discursivos propios que buscan cambiar cosas en la sociedad. Porque el consenso se logra por medio del mensaje y por lo tanto hay que configurar un discurso para lograr un objetivo de cambiar algo en lo social. Luego, el cambio se concretará en la sociedad a través de distintos mecanismos.
–Otro argumento es que la lengua no cambia porque a alguien “se le ocurra”.
-Tienen razón. Las gramáticas cambian con el tiempo. Una muestra (entre muchas) es la incorporación del voseo. Aunque al principio fue rechazado y hasta prohibido en la radio finalmente nada se pudo hacer contra su uso porque tenía que ver con la identidad de un pueblo.
–¿Entonces el lenguaje inclusivo no quiere cambiar la gramática?
-¡Para nada! El Lenguaje Inclusivo no viene a cambiar la gramática sino lo social. Muchos dicen que está condenado al fracaso porque creen que su triunfo sería convertirse en gramática, pero ese no es su objetivo: su objetivo es lograr la igualdad de derechos en la sociedad. Fracaso sería que se convirtiera en gramática y la desigualdad siguiera.
-¿Por qué está tan naturalizado el masculino genérico?
-Que el masculino genérico exista no es una casualidad. Vemos que las sociedades son patriarcales desde hace miles de años, así que desde que el humano evolucionó como especie que usa lengua empezó a quedarse como telón de fondo la idea de que era el varón quien ocupaba todos los espacios: la religión, el arte, la ciencia, la política. Como el varón ocupó todos los lugares de visibilidad, el hablante asumió que cuando un género no estaba marcado se podía presuponer como masculino general ante la duda. El masculino genérico es abrumador porque la desigualdad en la sociedad es universal.
–¿Y quienes dicen que la lengua es inocente y que los racistas son los hablantes?
-Bueno, basta recordar que son los hablantes los que codifican la lengua (de un modo inconsciente) y transfieren a la lengua sus valores y prejuicios para que esta afirmación no se sostenga. El masculino genérico es el eco gramatical de un ordenamiento social.
–¿Por qué muchos esgrimen que el verdadero lenguaje inclusivo es el braile o el de señas?
-No me parece apropiado comparar el braile o el lenguaje de señas y descalificar la búsqueda de la igualdad de género, argumentando que lo verdaderamente inclusivo tiene que ver con alguna discapacidad. Una inclusión no cancela la otra. Todo el mundo se asustó cuando el Lenguaje Inclusivo se volvió una posibilidad pronunciable y dejó de ser sólo x y @. El Lenguaje Inclusivo implica la lucha de género que es la lucha más importante de esta época y no pierde relevancia por no ser masivo: los movimientos que quieren cambiar la sociedad son siempre núcleos minoritarios de vanguardia. Es lo que siempre ha pasado en las luchas políticas humanas.
¿Podemos hablar como queramos?
Todos los hablantes tenemos derecho de tener nuestra propia configuración discursiva (que no es la configuración gramatical) y no se puede aceptar la prohibición que el otro se exprese de la manera que le parezca mejor. Ahora, que quede claro: no se trata del derecho a nuestra propia gramática porque nadie puede imponer un cambio gramatical ni torcer la evolución lingüística de una sociedad porque ésta depende de un enorme y complejo sistema que ningún grupo ni institución puede dominar.
–¿Cuál es el aporte que puede destacar del Lenguaje Inclusivo a la sociedad?
-Creo que sin esta discusión hubiera sido mucho más difícil una ley de identidad de género, porque la cuestión del transgénero es un tema que la sociedad puede evitar y tomarlo como algo de segundo plano. Y uno de los efectos que tuvo la intervención de la lengua con el Lenguaje Inclusivo es que para mucha gente tornó “personal” algo que le era ajeno, como la cuestión trans. Porque si uno quiere que los políticos levanten la bandera de la identidad sexual deben sentir que hay una ganancia política o que al menos no hay una pérdida. No vamos a esperar que un político se inmole por una causa, pero sí apoyará temas que pueda capitalizar y ahora puede tomar lo trans como algo que le hacer tener más llegada a distintos sectores.

–Muchas mujeres se quejan de que igualdad no es la “e” sino que les paguen lo mismo que a un hombre…
-La “e” no es un objetivo en sí mismo sino un recurso retórico usado para contribuir, justamente, a un cambio social que es la igualdad para hombres, mujeres, personas trans y todos los colectivos minoritarios. Y la igualdad incluye la igualdad de remuneraciones.
-¿Y cuando dicen que el Lenguaje Inclusivo es una falta de respeto al español?
-El español no tiene sentimientos. La lengua no es una cosa sagrada que no se puede tocar sino una herramienta para la evolución humana y vive en nuestras mentes, no en una biblioteca. La lengua es para comunicar todos los contenidos comunicables que sea necesario. Cuando se hace estéticamente, como lo hacía Julio Cortázar en algunos de sus textos u otros autores que inventan palabras, se toma de buen grado. Pero cuando se interviene la lengua con una búsqueda política, ahí no gusta. En verdad, lo que molesta es el feminismo que está atrás.
–En su opinión, ¿qué falta para que el Lenguaje Inclusivo se instale más?
-El objetivo que se propuso el Lenguaje Inclusivo es instalar un tema en la agenda pública así que me parece imposible que se instale más. Ya es un éxito rotundo. Desde el punto de vista de la instalación en la gramática, no importa porque ese no es su objetivo.
Nota de la redacción: Las declaraciones del entrevistado son opiniones personales y no expresan la postura institucional de la Academia Argentina de Letras.
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