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La entrada La película de la carne revela por qué subieron tanto los precios: Te spoileamos el final y el asesino no era el mayordomo se publicó primero en Bichos de Campo.
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El principal argumento de estos analistas, que invitan a mirar la película desde que comenzó la actual crisis económica, en enero de 2018, en pleno gobierno de Mauricio Macri, es que si bien los precios de la carne al consumidor subieron mucho, lo hicieron en menor cuantía que sus costos. Por eso la consultora duda de que los precios vayan a bajar con este cierre de las exportaciones impuesto por Alberto Fernández y sus ministros.
Entre enero de 2018 y abril de 2021, según este documento, se observa que la invernada (los terneros para engordar) subió 410%, que el maíz (un insumo alimenticio carne para terminar los animales) lo hizo 501%, que la hacienda para faena (el animal terminado) incrementó 457%, mientras que la carne al consumidor subió 365%. A la par, el dólar oficial (pisado por el Banco Central) se incrementó 377% y el dólar blue lo hizo nada menos que 699%.
Obviamente que la suba del 365% en los precios finales de la carne sacuden a los consumidores. Pero lo que quieren exponer Santángelo y Gil es que los costos de producir esa carne subieron todavía más.

Tras mostrar este gráfico, los analistas dicen que “queda claro que hay una brecha entre el valor del gordo y el de la carne que paga el consumidor. Esa diferencia notable entre el valor de la hacienda de consumo y la carne se vende en el mercado doméstico la vienen absorbiendo el sector industrial y minorista”. Es decir, los que se vienen ajustando el cinturón para no subir más todavía los precios al consumidor son frigoríficos, matarifes y carniceros.
El trabajo destaca también la incidencia del precio del maíz, que subió más del 500% desde 2018. “Se incrementó más que el precio de la hacienda gorda como consecuencia directa del impacto de la devaluación de la moneda”. Se trata de un insumo crítico para “terminar” el engorde de los animales que usualmente se consumen en el mercado interno, y que suelen pasar sus últimas semanas en un feedlot.
Gil y Santángelo recordaron que en marzo de 2018 en la Argentina el dólar cotizaba a 18 pesos. Luego “comenzó una corrida cambiaria que elevó notablemente y en sucesivas oportunidades el valor de la monera nortemericana”.

“Como consecuencia de la suba del maíz desde el año 2018 y el fuerte incremento del ternero de invernada durante el 2020, los feedlot perdieron rentabilidad y por momento tuvieron que asumir importantes pérdidas económicas, lo que provocó una disminución de la oferta de faena para abastecer el mercado interno”, enfatizaron los especialistas.
En esta película que llevó la carne a precios insostenibles para muchos consumidores -lo que repercutió en una baja del consumo a menos de 50 kilos anuales por habitante-, también el Covid-19 tiene sus culpas.
Los socios de Agroideas sostienen que la gran disparada de los precios se produjo en noviembre y diciembre 2020, que fueron meses de muy alta faena “como consecuencia de la salida de la cuarentena por parte de la población y de la alta emisión monetaria”.
Para los expertos, está claro que mirando la película “el incremento del valor de la carne es consecuencia de múltiples factores intrínsecos a la cadena: por ejemplo menor oferta de hacienda proveniente de engorde a corral o por el incremento del maíz, etc. Pero sobre todo nos es ajeno a las condiciones macroeconómicas del país: emisión monetaria e inflación y baja del poder
adquisitivo”.
¿Y entonces? ¿Por qué el gobierno le echa todas las culpas solamente a las exportaciones?
Andá a saber. Pero en esta película al parecer el asesino tampoco era el mayordomo.
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]]>La entrada La razones de fondo: Desde hace varias décadas, una producción estancada de carne vacuna debe repartirse entre más argentinos se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>En el año 1980, en la Argentina había poco menos de 30 millones de habitantes y entonces, con una producción cercana a los 3 millones de toneladas de carne vacuna, el consumo era de 83 kilos de promedio por persona.
Pero desde entonces, la producción nacional del alimento más demandado se mantuvo estable mientras que la población fue creciendo. Entonces en 1990 el consumo fue de 77 kilos anuales per cápita, en el año 2000 se redujo a 64 kilos, en 2010 descendió a 54 kilos y en 2020 a solo 51 kilos.
La caída entre 1980 y el año pasado fue de 38%. En ese lapso la producción ganadera estuvo estancada.

Los datos se desprenden de la estadística elaborada por la consultora Agroideas en base a los datos oficiales. La estadística, por fortuna, muestra que en paralelo a este proceso han crecido los consumos de carnes sustitutas de la vacuna, en especial el pollo y el cerdo. Si esto no hubiera pasado la caída del consumo hubiera sido catastrófica.

El analista Fernando Gil (foto), que trabaja en dicha consultora, dijo que “no hay más carne porque la producción está estancada” y que eso es consecuencia de las señales negativas que recibió la actividad. En los últimos 40 años fueron recurrentes las crisis económicas en el país y también las políticas contrarias al desarrollo pecuario.
Por eso el mismo ejercicio puede realizarse comparando la cantidad de población en la Argentina contra el stock bovino. En los años setenta, con menos bocas que alimentar que ahora la cantidad de bovinos era mayor que ahora, y entonces teóricamente cada argentino tenía una disponibilidad superior a dos vacas. Hoy, en cambio, son 54 millones de cabezas para 44 millones de habitantes y la relación ha caída a cerca de 1,2.
“Las inversiones en ganadería son de largo plazo, entonces las señales deben ser claras, tanto las económicas como las jurídicas. Cuando no hay previsibilidad en el negocio no se dan las inversiones necesarias y no se hacen los ajustes que se deben hacer. Estas señales -como las que dio Paula Español- son negativas, detienen la inversión y por lo tanto la producción deja de acompañar al crecimiento de la población”, dijo el consultor de Agroideas.
La secretaria de Comercio deslizó que al gobierno no le iba a temblar el pulso si debía cerrar las exportaciones de carne ante nuevas subas de precios, como ya hizo el gobierno de Néstor Kirchner en marzo de 2006, produciendo enormes pérdidas en la cadena productiva.
Gil agregó que, por otro lado, la presión impositiva sobre la ganadería es excesiva y que hay tributos “como ingresos brutos que se van acumulando y encarecen el producto final”. Actualmente también “el desdoblamiento cambiario para exportar reduce el ingreso a la cadena y resta incentivos productivos.
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