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La entrada Ni asesinos ni carmelitas descalzas: Experto en aplicaciones, Mariano Luna cree que hay que establecer reglas muy claras y controles firmes para saldar el debate sobre los agroquímicos se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“Cuandó entré mi mentor era Nicolás Iannone, que es un reconocido entomólogo. Él siempre me decía ´este es un tema muy interesante, vos metete acá’. Así fue como me metí de rebote para empezar a aumentar la eficiencia en el control tanto de insectos, como de enfermedades y malezas”, comentó en diálogo con Bichos de Campo.
Mirá la entrevista completa a Mariano Luna:
Ahora las aplicaciones de agroquímicos están en el centro del debate. Más allá de reconocer que hay gente que hace las cosas bien y otros que no son tan cuidadosos, Luna considera que “hay mucho de emocional” entre quienes tildan a los aplicadores de “asesinos”.
Luna cree que hay de todo, aunque no asesinos: “He conocido tanto verdaderos cirujanos de las aplicaciones como también gente a la que verdaderamente hay que hacerles un llamado de atención”, comentó.
“Yo soy un convencido de que está bueno este llamado de atención de la sociedad. En realidad nunca es malo, porque está bueno que digan ´che, hagan las cosas con cuidado´. Está bueno saber que debemos ser muy responsables con lo que aplicamos, pero bajo ningún punto de vista somos unos asesinos”, remarcó el investigador, actualmente en las filas de la empresa Rizobacter.
Mariano considera que existe una demonización exagerada de la actividad y de los efectos que provoca en la salud de las personas de los entornos rurales y el periurbano. “Cuando uno agarra papers internacionales y ve los análisis de sangre y los estudios de cáncer de los aplicadores o de los asesores, son ínfimos los casos y a veces ni siquiera están ligados a las aplicaciones. Y hablo de análisis en países como Inglaterra o Alemania, que no es que aplican poco. En esas localidades, aunque esté todo muy bien delimitado, aplican casi hasta la ventana y no están preocupados por todos estos temas”, aseguró.

-¿Y cuál es el secreto?
-Saber que se puede aplicar sin ser riesgoso. Esto es muy sencillo: el viento ahora va para allá, ninguna gota va a ir para el otro lado porque ninguna gota desafía la física. Ahí debe estar la regulación para minimizar el riesgo de deriva. Quizás en una franja cercana a las casas haya que extremar los cuidados e incluso se pueden prohibir o limitar los productos más volátiles. Pero nunca decir ‘acá no podés aplicar’. Está recontra demostrado que cuando hacemos las cosas con responsabilidad, la deriva es inexistente. Así lo hacen en Europa y en casi todos los lugares.
Luna, de todos modos, cree que en la Argentina esta discusión se está yendo de cause, porque los grupos ambientalistas cuestionan en realidad otros asuntos. “Hay muchos grupos que dicen que no hay suficiente investigación. Yo no creo que haya más información científica a nivel mundial respecto de la deriva. Te abarrotan de papers. Yo tengo guardados mas de 2 Gigas de papers y seguro no voy a poder leerlos todos. La deriva es una de las cosas mas estudiadas a nivel mundial, sobra información. Lo que hay que hacer es entender, legislar y aplicar esa información”, asegura.
En lo que Mariano aparece inflexible es con los infractores a esa normativa. “Evidentemente nosotros (por quienes utilizan agroquímicos) tenemos que tener nuestro cuidado, nuestra responsabilidad, y si hay que hacer una multa o hay que inhabilitar a alguien, entonces hay que inhabilitarlo”, define el especialista, que también recomendó apelar a las nuevas tecnologías de sensores para controlar en todo momento a los aplicadores.
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]]>La entrada Ahora la fertilización se ajusta con algoritmos: el INTA presentó una herramienta digital para calcular las dosis óptimas de nitrógeno en trigo se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“Los trabajos experimentales conducidos, permitieron generar algoritmos de recomendación para la fertilización en cultivos, como trigo y maíz, validados a través de experiencias en la región pampeana en base al uso de sensores manuales y portables en máquinas. De manera se demostró la factibilidad de asistir a la toma de decisión de re fertilización con sensores”, contó Ricardo Melchiori, investigador del INTA Paraná.
¿Cómo funciona? “N-INTA se basa en la detección de diferencias de vigor mediante el uso de imágenes satelitales y su relación con variaciones en los requerimientos nutricionales de los cultivos para generar prescripciones”, explicó Fernando Calo, responsable de marketing de Auravant. Esta tecnología permite que cada hectárea de campo reciba las dosis correspondientes, aumentando los niveles de producción y minimizando el impacto ambiental.
Esta empresa de Agthech, que ya cuenta con veinte mil usuarios, se encuentra operando sobre siete millones de hectáreas que ya tiene monitoreadas. La herramienta no requiere una capacitación previa para su uso y cualquier usuario de la versión “free” de la plataforma Auravant, podrá implementar de manera semi automática este algoritmo.
“Pretendemos potenciar la generación y difusión de herramientas tecnológicas para promover un incremento y uso más eficiente de los fertilizantes en el cultivo de trigo. Estos trabajos han sido actualizados a las nuevas tendencias de la agricultura digital”, remarcó Melchiori.
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]]>La entrada El INTA insiste con que el suelo es el que sigue pagando la fiesta: “En la Argentina solo se repone el 30% de los nutrientes que se extraen” se publicó primero en Bichos de Campo.
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En marzo de 2004, mucho antes de todo esto, el diario La Nación publicaba una entrevista que era reveladora: “El suelo está subsidiando a los productores y al país”, advirtió en aquel reportaje Roberto Casas (foto), que por ese entonces era director del Instituto de Suelos del INTA. En una frase resumía la situación real: no había renta extraordinaria de la soja por la cual pelearse, porque los dólares que parecían quedar luego del cultivo eran en realidad un subsidio del suelo al sistema.
Ese subsidio no se pagaba en dólares sino en nutrientes. La caja que pagaba la cuenta era la famosa fertilidad de la pradera pampeana, que se iba debilitando. O dicho de otro modo, si las cosas se hubieran hecho preservando el recurso suelo, quizás la rentabilidad de la agricultura no hubiera existido.
Han pasado 17 años y el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) ratificó aquello que había dicho Casas al informar, con un título contundente, que el suelo sigue subsidiando con el constante sacrificio de nutrientes el festival de dólares que parece dejar la agricultura, y por el que vuelven a pelearse el Gobierno, los dueños de la tierra y los productores.
“En la Argentina, sólo se repone el 30 % de los nutrientes que se extraen“. Eso dice la nota. En otro país merecería ser un título catástrofe. Pero aquí ni fu ni fa, a casi nadie le importa.
El informe arranca citando una sentencia de la FAO que dice que “los suelos son una importante reserva de biodiversidad mundial, que permite la agricultura y la seguridad alimentaria, regula las emisiones de gases de efecto invernadero y promueve la salud de las plantas, los animales y los seres humanos. Sin ellos, nuestro mundo no sería el mismo”.

Luego Marcelo Beltrán, un agrónomo del mismo Instituto de Suelos que presidía Casas, describe el estado de situación de ese recurso tan valioso. “En la Argentina sólo un30 % de los nutrientes que se extraen de los suelos cultivados se reponen mediante el uso de fertilizantes”, indicó el especialista, en sintonía con aquel primer y lejano diagnóstico.
“Desde hace varios años, los suelos de la región pampeana han sufrido un intenso agotamiento de nutrientes como consecuencia de una prolongada historia agrícola”, detalló Beltrán, para quien el problema se agrava con el uso de variedades de cultivos de alto rendimiento, que demandan mayor cantidad de nutrientes.

Alberto “Beto” Quiroga (foto), otro especialista del INTA Anguil, La Pampa, agregó que también la ganadería moderna tiene parte de la responsabilidad. “La intensificación ganadera, con cosecha mecánica de forraje y traslado a corrales, triplicó la tasa de extracción de algunos nutrientes”. Y fue más allá al asegurar que “su concentración en corrales y efluentes de tambos acentúa los riesgos de contaminación”.
Ambos investigadores alertaron, según el informe, que desde la década de 90 y como consecuencia de procesos de erosión de los suelos y la remoción de nutrientes sin reposición por fertilización, se inició un proceso de “síntomas del empobrecimiento en nutrientes y reducciones en los contenidos de materia orgánica”.

Como para multiplicar las voces que replican aquello que dijo Casas en 2004, Hernán Sainz Rozas, especialista en fertilidad de suelos y fertilización de cultivos del INTA Balcarce, aseguró que los niveles actuales en toda la región pampeana muestran valores entre un 30 y 40 % menores respecto a los suelos en condición originaria. Es decir, en la comparación contra suelos vírgenes. esta condición “genera problemas físicos (estabilidad estructural y mayor riesgo de erosión) y menor disponibilidad de nutrientes, particularmente de nitrógeno y azufre”, agregó.
En tanto, los niveles actuales de P-Bray (un sistema de medición de Fósforo) son menores a 15 mg kg-1 (0-20 cm de profundidad) en una vasta superficie de la región pampeana, y en los últimos siete años, este problema se agravó. “Esto indica que los niveles actuales de reposición de fósforo (vía aplicación de fertilizantes) están por debajo de la extracción en productos agrícolas (granos, carne, leche, etc.)”, explicó el INTA.
Respecto del pH, el especialista dijo que “hubo un cambio negativo, que se refleja en la disminución de los valores de pH del suelo, sobre todo al norte y este de la región Pampeana, donde se registran preocupantes niveles”. En casos graves de acidificación, aun no alcanzados en la región, en los suelos con pH por debajo de cinco comienza a liberarse aluminio y esto resulta tóxico para las plantas.

Además, la acidez provoca consecuencias sobre diferentes procesos biológicos y químicos que ocurren en el suelo. “En problemas graves de acidez, se recomienda la aplicación de calcita (carbonato de calcio) o dolomita (carbonato de calcio y magnesio)”, recordó Sainz Rozas. En una práctica habitual en otros países, pero muy marginal en la Argentina. Todavía.
Para Quiroga, “que hoy tengamos más de un 30% de suelos degradados o bajo procesos de degradación, donde se ha roto la relación del ecosistema por la presión antrópica preocupa, porque en estos sistemas algunos de los efectos pueden ser irreversibles. El suelo que se perdió no vuelve”, advirtió.
“Es más fácil mantener la salud de un suelo que recuperar un suelo degradado, que frecuentemente condiciona la rentabilidad”, explicó el experto. Es que, la degradación física de los suelos por pérdida de materia orgánica puede afectar la captación del agua, dar lugar a encharcamientos, escurrimientos y dificultar el acceso a los nutrientes por parte de los cultivos.
Un reciente informe de la Asociación Civil Fertilizar aseguró que el consumo de fertilizantes en 2020 registró un récord con 5 millones de toneladas y superaría el 7% interanual. Pero, para Beltrán estas cifras si bien son alentadoras, aún resultan insuficientes.
“En la Argentina, las relaciones aplicación/extracción en grano de nitrógeno, fósforo, potasio y azufre para los cultivos de grano han mejorado durante los últimos años, pero los balances de nutrientes siguen siendo negativos”, señaló Beltrán, recordando que en el país en general se subfertiliza.
“Esto implica una pérdida de fertilidad interanual que repercute en los rendimientos, en la sostenibilidad de los sistemas productivos y en la conservación de los recursos naturales”, agregó, con preocupación, el investigador de Castelar.
Para lograr la sustentabilidad de sistemas agrícolas, Beltrán consideró de vital importancia implementar rotaciones de cultivos que generen un balance positivo de la materia orgánica del suelo en el mediano plazo. Así, se podrá mejorar la calidad del suelo, lo que se traducirá en planteos menos riesgosos y más rentables para el productor y favorables para la salud ambiental.

Ahora bien: ¿Qué hacer ante este escenario?
La primera recomendación del INTA es realizar un análisis de suelo del lote. “Es necesario que cada productor cuente con un análisis de suelo de calidad para conocer el estado nutricional de los lotes en particular y, así, poder llevar a cabo un manejo racional de la fertilización”, remarcó Sainz Rozas.
En un contexto de fuerte incremento en el precio de los fertilizantes, el especialista planteó la necesidad de desarrollar estrategias de manejo que maximicen su eficiencia de uso. Para nutrientes de alta movilidad en el suelo, desde el INTA recomiendan realizar un monitoreo de los cultivos a fin de detectar alertas con tiempo y actuar en consecuencia.
Pocos productores todavía hace este tipo de análisis. Y tiene una explicación: “En general, los productores no perciben como un problema la disminución del contenido de materia orgánica en los suelos”, se lamentó Beltrán. La explicación parece ser que la tecnología que se emplea en la agricultura moderna de alta producción permite mantener, o incluso, incrementar los rendimientos de los cultivos, a pesar de la degradación de los suelos.
Como si esto fuera poco, además, está naturalizada la capacidad productiva de las tierras de nuestro país. Pero, para el investigador, “la calidad natural de los suelos tiene límites y sobrepasarlos implica que su vulnerabilidad se vuelva crítica”.
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]]>La entrada El impacto de una fertilización adecuada: resultados de una red de ensayos de largo plazo se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Así lo determinó un estudio de largo plazo realizado por los grupos CREA de la región Oeste entre 2014/15 y 2019/20 en ocho establecimientos que implementaron –en condiciones equivalentes– dos rotaciones completas de soja de primera, trigo/soja de segunda y maíz.
El objetivo del estudio fue comparar, en términos conceptuales, distintas estrategias: una situación sin nutrición (T0); baja tecnología (T1); suficiencia para fosforo y nitrógeno en función de análisis de suelo (T2); T2 + adición de azufre (T3); esquema de reposición integral de nutrientes (T4). El detalle de cada tratamiento puede verse aquí:

Se realizaron en bloques aleatorios cuatro tratamientos más el testigo con un diseño de tres repeticiones. La fertilización de cada parcela se realizó previo a la siembra para poder evaluar y separar posibles efectos sobre la semilla y logro del cultivo. Las zonas comprendidas en el estudio son las localidades de Casbas, Daireaux, Trenque Lauquen, Pehuajó, Carlos Casares y Ameghino.
Al analizar la producción acumulada de ocho cultivos durante cinco campañas se observa un primer salto importante (T1 versus T0) en el cual la fertilización en el sistema genera una productividad adicional de 6612 kg/ha (a razón de 1102 kg/ha/año), mientras que el aumento en el nivel de fósforo (T2 versus T1) promueve otro aumento de 2381 kg/ha (397 kg/ha/año) y el agregado de azufre (T3 versus T2) impacta en otro incremento adicional de 2100 kg/ha (350 kg/ha/año). Finalmente, el aumento nuevamente de fósforo, pero esta vez balanceado con nitrógeno y azufre, tiene un nuevo impacto adicional de otros 2322 kg/ha (387 kg/ha/año).

El índice de respuesta promedio del primer tratamiento sobre el testigo en todo el período de evaluación fue del 24,5%, mientras que el de T2 versus T1 fue del 7,2%, es del T3 versus su predecesor del 6,8% y el de T4 sobre T3 de 6,6%.
Cuando se observa el desglose de los índices de respuesta por cultivo en cada una de las campañas, tomando como referencia el T1, se advierte el efecto acumulativo de la fertilización. Mientras que la soja de primera producida en 2014/15 registró en T4 un incremento de rendimiento del 13% respecto de T1, en 2017/18 ese cultivo tuvo un crecimiento del 20%. También se evidenciaron aumentos incrementales en trigo y maíz. Y esas mismas relaciones también se observaron en T3 y T2. Tales datos son un indicio de los beneficios de los aportes acumulativos de adecuadas estrategias de fertilización sostenidas en el tiempo. Por otra parte, lo contrario sucede con el testigo sin fertilizar, que experimentó pérdidas superiores acumulativas en los diferentes cultivos que integran la rotación agrícola debido a la extracción de nutrientes y el consecuente balance nutricional negativo.

Otro aspecto por considerar es la salud del suelo evaluada a partir del nivel de nitrógeno mineralizable. La región Oeste se caracteriza por tener valores de NAm (Nitrógeno anaeróbico) relativamente bajos; según datos zonales, los valores pueden ir desde 8 ppm en suelos con lomas arenosas a 55 ppm en ambientes de alta producción y acceso a napa freática. En ese sentido, en el gráfico 3 puede verse la relación entre el valor de NAm y el índice de respuesta del T4.

Todos los establecimientos presentes en el gráfico de arriba, con la excepción de San Fermín (SFER), que venía implementando una estrategia de fertilización intensiva de largo plazo previo al inicio de la red de evaluación, mostraron una relación inversa entre el índice de respuesta del tratamiento de fertilización T4 y los valores de NAm. Ambientes con niveles de NAm del orden de 25 ppp mostraron respuestas del 25% sobre el T1, mientras que campos con unos 35 ppm de NAm expresaron respuestas del 20%; pero en el sitio con un NAm elevado –superior a 50 ppp– la respuesta no fue tan significativa. Estos datos abren una serie de interrogantes relativos a que suelos de la región considerados “pobres” quizás tengan un potencial productivo superior al estimado, el cual se puede evidenciar al realizar fertilizaciones adecuadas de manera sistemática.
Un aspecto importante es que todos los tratamientos adicionales evaluados generaron un resultado económico positivo. La estrategia de mayor renta se logró con el T3, dado que la adición de azufre generó un ingreso muy significativo con un costo relativo bajo.
El balance de fósforo se determina a partir de la diferencia entre lo que se incorpora con el fertilizante y lo que se extrae del suelo con el cultivo de cosecha en función de valores presentes en fuentes bibliográficas validadas.

Los primeros tres tratamientos fueron deficitarios en lo que respecta a balance de fósforo, mientras que el T4 resultó neutro a ligeramente positivo. El tratamiento testigo sin fertilización produce una pérdida del sistema equivalente a 100 kg/ha/año de Súperfosfato Triple, mientras que el T1 extrae 74 kg/ha/año y el T2 unos 47 kg/ha/año. Por su parte, el T3, que incorpora azufre sobre el T2, produce una mejora en el rendimiento que impacta negativamente en el balance de fósforo, lo que promueve una pérdida equivalente a 52 kg/ha/año de SPT.
En resumen: al momento de evaluar un sistema agrícola, no solamente debería hacerse en función del resultado económico, si también del balance de nutrientes, dado que las prácticas de fertilización sostenibles, si bien requieren una mayor inversión, son rentables como estrategia de largo plazo. Este aspecto es particularmente importante para los propietarios que arriendan campos.
El documento completo puede verse aquí.
La entrada El impacto de una fertilización adecuada: resultados de una red de ensayos de largo plazo se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La entrada Un argentino suelto en Nebraska: Juan Pablo Monzón dice que la Argentina podría producir 30% más de maíz con las tecnologías disponibles se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Monzón, entre tantas investigaciones que realiza a diario, se encarga de calcular las brechas de rendimiento en los cultivos extensivos más importantes. Con esto determina el potencial a cosecha que el productor está resignando, por ahí sin darse cuenta, con las tecnologías existentes en el mercado y según prácticas económica y sustentablemente viables.
Esto lo llevó a cuantificar que para el caso del maíz, en la Argentina el promedio nacional, que es de 7 toneladas por hectárea, podría escalar tranquilamente a 9,3 toneladas.
“Se podrían alcanzar entre 2.300 a 2.500 kilos por hectárea más, realizando prácticas disponibles y de forma rentable”, señaló el agrónomo a Bichos de Campo.
Mirá la entrevista completa a Juan Pablo Monzón:
Siguiendo con sus cálculos, haciendo las cosas con las tecnologías disponibles el volumen cosechado de maíz en la Argentina podría trepar de 50 millones de toneladas a 66 millones. Esto, que equivale a un crecimiento del 30% en el tamaño de la cosecha, se podría hacer sin necesidad de incrementar la superficie.
¿Y cómo? El manejo en el que más falla el productor argentino y que podría redundar más rápidamente en una suba de los rendimientos, según los cálculos de Monzón, es sin duda la fertilización. El especialista afirmó que las dosis aplicadas están muy por debajo de lo requerido para que el cultivo alcance su potencial.
“Es verdad que en Estados Unidos ya se fertiliza demasiado, a veces en exceso, pero en Argentina un incremento en las dosis de nitrógeno y fósforo se pagaría. Las relaciones insumo-producto dan más que favorables”, destacó Monzón, dando a entender que hay margen para que la mejora de los rindes amortizaría el mayor costo de producción.
Se calcula que en la Argentina el promedio de dosis de nitrógeno es de 60 kilos por hectárea y para elevar el promedio a las 9,3 toneladas por hectárea que marca el investigador esta dosis debería como mínimo duplicarse.
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]]>La entrada En el día de la conservación del suelo, Lucila Álvarez nos recuerda que cada año perdemos un área equivalente a Costa Rica se publicó primero en Bichos de Campo.
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Por María Lucila Álvarez:
El 7 de julio se celebra el Día Nacional de la Conservación del Suelo, decretado en el año 1963 por la Presidencia de la Nación Argentina en reconocimiento al doctor Hugh H. Bennett, pionero norteamericano en la disciplina.
Quizás no tan sorprendente a la vista como un bosque verde o un lago espejado del sur, el suelo es uno de los ecosistemas más complejos del planeta, albergando una cuarta parte de la biodiversidad. Como si esto no fuera suficiente, el 95% de nuestros alimentos provienen del suelo. Sin embargo, según la FAO cada año se pierden en el mundo hasta 50 mil kilómetros cuadrados de suelo, aproximadamente la superficie de Costa Rica.
Además de la provisión de alimentos, el suelo nos brinda gran parte de los servicios esenciales que hacen posible la vida en la Tierra.

El suelo contribuye a la mitigación del cambio climático a través de la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero y del secuestro de carbono, constituyendo la mayor reserva terrestre de carbono orgánico. Al mismo tiempo un suelo sano contribuye a la regulación de las inundaciones a través de la infiltración del agua de lluvia, a la detoxificación de contaminantes, al ciclado de nutrientes esenciales para los cultivos y es además, el hábitat de miles de organismos.
No menos importantes son los servicios culturales que nos brinda, siendo un elemento fundamental del paisaje y del patrimonio cultural, y espacio para actividades recreativas y espirituales.
Sin embargo, estos servicios se ven amenazados por una creciente presión producto de la intensificación en el uso del suelo. Como si esto fuera poco, el cambio climático y sus fenómenos extremos que varían entre intensas sequías y grandes inundaciones, las prácticas de manejo muchas veces insostenibles, el crecimiento demográfico con la consecuente expansión de las ciudades y el aumento de la contaminación, han provocado la degradación de los suelos.
Esto ha traído importantes consecuencias como la pérdida de biodiversidad, la salinización y sodificación de suelos que antes eran productivos, procesos de compactación que no solamente afectan la producción sino que además agravan las inundaciones, y la disminución en el contenido de carbono orgánico y la pérdida de los centímetros más fértiles de suelo por erosión eólica y escorrentía, por sólo nombrar algunas.
Ahora bien, ¿qué acciones deberían ser llevadas a cabo para frenar la degradación de los suelos? La respuesta puede y debe ser amplia, comenzando por políticas de gobierno enfocadas en la promoción y la sensibilización de la sociedad respecto al cuidado del suelo, el desarrollo de capacidades y el fortalecimiento de la extensión así como también el establecimiento de sistemas de información de suelos y la implementación de la planificación en el uso de las tierras.
También debemos empezar a preguntarnos si el modelo actual de producción es sostenible a mediano y largo plazo e implementar prácticas de manejo tendientes a la conservación y al incremento de la materia orgánica, incluyendo rotaciones de cultivos, manteniendo la superficie del suelo cubierto y haciendo un manejo racional de los nutrientes. Conservar el suelo y gestionar de manera sustentable este recurso tan valioso, es y será esencial para garantizar la seguridad alimentaria mundial.
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]]>La entrada Técnicos del INTA abonaron el maíz con heces y pis de los cerdos: Y los rendimientos crecieron… se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>En línea con la necesidad de reutilizar los subproductos pecuarios para una mayor sustentabilidad de los sistemas productivos, un equipo de especialistas del INTA, junto con Cappcor (Cámara de Productores Porcinos de Córdoba) y el Grupo Río Seco comenzaron a experimentar con la aplicación de efluentes de distintos criaderos de porcinos en cultivos de maíz.
Nicolás Sosa, especialista en manejo de efluentes del INTA Manfredi, mencionó que “es posible considerar que una fertilización basada exclusivamente en aportes de efluentes porcinos podría reducir o sustituir parte de la fertilización inorgánica”. Es decir, bajar a la mitad el gasto en fertilizantes.

¿Qué aportan las haces y la orina de los cerdos? Básicamente nitrógeno, que es “un elemento esencial para las plantas por su rol en los sistemas biológicos. Una de las ventajas que tienen los efluentes porcinos utilizados como abono es la elevada proporción de este nutriente en forma amoniacal que presentan, lo que permite una rápida disponibilidad del mismo para los cultivos”, explicó el INTA en un informe.
Los ensayos se realizaron en tres establecimientos del centro y norte de la provincia de Córdoba: La Constancia (Villa de María de Río Seco), El Cebil (San José de la Dormida) y Dos Ríos (Despeñaderos). En los tres casos se utilizaron efluentes tratados con sistemas de aplicación que incluyeron máquina estercolera (El Cebil), cañón regador (La Constancia) y pivot central (Dos Ríos).
El correcto tratamiento y análisis de los subproductos es clave para cumplir con la legislación vigente que habilita su uso agronómico. En este sentido Diego Mathier, investigador del INTA Manfredi, resaltó que “existe una importante variabilidad en la composición nutricional de los efluentes porcinos entre establecimientos, por eso es muy importante una caracterización del subproducto a utilizar para calcular la dosis de aplicación”.
En los ensayos se analizaron las composiciones químicas de los efluentes, se tomaron muestras de suelo previo a su aplicación y, posterior a la cosecha de los cultivos, se midió el índice de clorofila en hojas, el rendimiento y la calidad de los granos obtenidos.

De acuerdo a los resultados, en las parcelas con aplicación de efluentes porcinos se lograron los mayores rendimientos, estos fueron distintos para cada establecimiento debido a las técnicas implementadas.
Marcos Bragachini, investigador del INTA Manfredi, señaló que “la aplicación de los efluentes generó un doble beneficio para las explotaciones; se incrementaron los rendimientos y se produjo un mejor balance de nitrógeno y fósforo en el suelo”.
Los investigadores concluyeron que los diferentes tratamientos afectaron positivamente al índice de clorofila, contribuyeron con el aporte de nutrientes y no se observaron degradación de los parámetros químicos del suelo.
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]]>La entrada La mirada de Martín Díaz Zorita: Todo está en fila, menos la macroeconomía, para que crezca bien la fertilización en trigo se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Las condiciones iniciales para la campaña son buenas, hay agua en el perfil del suelo, hay precios razonables a cosecha y la relación insumo-producto también es favorable. Es un buen momento para fertilizar y cuidar los nutrientes del suelo. Por este tema consultamos a Martín Díaz Zorita, asesor en la asociación civil Fertilizar y especialista en nutrición de cultivos.
“La dosis de fertilización se define en tres pilares. El primero está asociado al lugar, al análisis del suelo y a saber cuándo nutriente hay disponible. El segundo es la expectativa de rinde, cual es la producción alcanzable. En este caso mi consejo es que el que trabaja en trigo no piense en un resultado promedio sino en mejorar el rinde, porque las condiciones son buenas en el inicio de la campaña. Hay que saber a qué se apunta. Y el tercer pilar, no el primero, es la relación insumo producto”, explicó Díaz Zorita.
Escuchá la entrevista completa con Martín Díaz Zorita:
El especialista dijo que “casi toda el área con capacidad de producir trigo está en condiciones agronómicas como pocas veces las tuvo en cuanto a oferta de agua y liberación de lotes por barbechos. Son condiciones por encima del promedio histórico”.
Luego indicó que también es buena la relación insumo producto: “Está en una condición favorable, por debajo del promedio histórico, y eso hace muy atractivo la reposición de nutrientes como visión de largo plazo”.
Diaz Zorita explicó la respuesta del cultivo a la buena nutrición. “Nuestras mediciones de la red de estudios con INTA y universidades, la que llevamos adelante durante más de 6 años, nos dan que se obtiene 14% más de rinde en soja de segunda cuando el manejo de trigo no está limitado en nutrientes. Esto más allá de la mejora en la nutrición del trigo. Pero además el 30% del rinde está en manos de la estrategia de fertilización”, aclaró.
El especialista añadió que los fertilizantes tienen precios bajos y que la inversión se repaga con más cosecha. “Con el valor de 16 kilos de trigo hoy se compra 1 kilo de fósforo. Por cada kilo de fosforo que se utiliza se cosechan 60 kilos de trigo. La relación es super favorable. Para pagar un kilo de nitrógeno se necesitan 7 u 8 de trigo y se obtienen a cambio por los menos 12 kilos”.

De todos modos insistió en que el rinde lo define el lote. Por eso consideró primordial hacer análisis del suelo para conocer con qué base ya se cuenta, antes de definir a las locas una estrategia de fertilización.
Aunque las condiciones están dadas para que haya una muy buena campaña de trigo, eso no significa que el productor vaya a incrementar la inversión correspondiente en la reposición de nutrientes.
En tal sentido Díaz Zorita consideró: “Hay expectativas de siembra sí, pero la expectativa de incorporación de tecnología es moderada. Solo (será mayor) en ambientes o condiciones muy seguras de mejora de rendimiento, suelos con napas, perfiles cargados y buenos resultados de la gruesa. En el resto del país vemos con más frecuencia muy buen manejo que acompaña buenos rindes pero sin mayores expectativas que las del año pasado. No vemos con tanta intención la reposición de nutrientes”.
Esto se debe a la incertidumbre que “en parte tiene que ver con la situación macroeconómica y en parte en el foco. Cuando tenemos que andar con en la producción y en que el cultivo no me lleve puesta decisiones del otros cultivos. Hay un foco muy fuerte en cómo manejar los recursos que van a la empresa. El foco se fija entonces en el ´paso a paso´, en que es lo que se requiere para hacer lo mejor posible para que, cuando esté la cosecha, se vuelva a pensar en lo que se necesita”.
“No hay una visión de mediano y largo plazo”, se lamentó Diaz Zorita.
La entrada La mirada de Martín Díaz Zorita: Todo está en fila, menos la macroeconomía, para que crezca bien la fertilización en trigo se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La entrada ¿Qué hacemos con las 1,5 millones de toneladas de guano de gallina que se generan cada año? se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>El contexto es el siguiente: la producción de huevos en la Argentina creció de forma notable a partir de 2003. Hay más granjas avícolas que a la vez incrementaron su productividad en base a nuevas tecnologías. A partir de estos cambios, esos establecimientos comenzaron a generar una mayor cantidad de residuos que, sin un tratamiento adecuado, pueden constituir un foco de contaminación y de plagas.
Ver Prueban en la cancha un nuevo jugador del INTA: el pellet de compost
“En la Argentina, las granjas de aves ponedoras se concentran en las provincias de Entre Ríos, Buenos Aires, Córdoba y Mendoza. Más del 90% consiste en galpones con 10 mil o 20 mil gallinas en jaulas. En los últimos años, la actividad avícola del país elevó su producción y así también sus residuos. Se estima que cada año se generan 1,5 millones de toneladas de guano”, explicó Pedro Rizzo, profesional del Laboratorio de Transformación de los Residuos (LTR-IMYZA-INTA Castelar) y estudiante de Doctorado en Ciencias Agropecuarias de la escuela para graduados de la FAUBA.

Un estudio llevado a cabo por Rizzo profundizó sobre las posibles problemáticas de las granjas ubicadas en zonas periurbanas del conglomerado de Buenos Aires. La razón, según explicó el investigador, es que “muchos barrios se extendieron con escasa planificación alrededor de establecimientos de ponedoras. Para evitar que esta cercanía traiga conflictos, hay que prevenir los malos olores y la contaminación de suelo, aire y agua que el guano puede generar. Una forma es aprovecharlo como insumo para otras actividades, ya que contiene nitrógeno, fósforo y otros compuestos químicos útiles para mejorar suelos agrícolas”.
Dado que el guano contiene patógenos y sustancias potencialmente contaminantes, Rizzo advirtió que se lo debe transformar en una enmienda segura antes de aplicarlo a los suelos. “Si queremos prevenir impactos negativos en el ambiente y en la salud de los trabajadores que manipulan el residuo, hay que reducir fundamentalmente su contenido de patógenos y de materia orgánica. Esto se puede lograr mediante el compostaje, así que evaluamos distintas formas de realizarlo”, indicó.
El investigador explicó que el compostaje es el proceso en el que ciertos microorganismos aeróbicos (es decir, que requieren oxígeno para su desarrollo) degradan los restos orgánicos. “Como resultado de esa actividad microbiana, la temperatura del guano aumenta, y al superar los 55°C durante cierto tiempo, el compost se ‘higieniza’; o sea, se eliminan patógenos, semillas de malezas y larvas de insectos. El producto final le puede aportar a los suelos un contenido alto de nutrientes y de materia orgánica estable. Para lograr un compost con esas características, durante su formación hay que generar condiciones físico-químicas de aireación, porosidad y humedad”.
Ver El compost ya es un producto regulado: establecen normas para su producción
“Los mejores resultados los logramos con el compostaje mediante volteos o revueltas mecánicas, una forma simple y efectiva de oxigenar las pilas de guano. Además, agregamos otros residuos agrícolas como aserrín, viruta o y chips de poda. Con este método registramos la mayor actividad microbiana, se alcanzaron las temperaturas más altas, se estabilizó la materia orgánica y se disminuyó la toxicidad y el contenido de patógenos del material inicial. Es una tecnología simple y económica que al valorizar los residuos agrícolas locales también promueve la sustentabilidad de los sistemas productivos”, puntualizó.

Rizzo comentó que el objetivo de su investigación es ofrecerles a los productores alternativas accesibles para procesar el estiércol de las aves, según su disponibilidad de capital y de mano de obra. Para ello, evaluó diversos métodos de oxigenación en el proceso de compostaje. Algunos requieren tratamientos activos con volteo, pero otros, no.
Por otro lado, Pedro evaluó en producciones hortícolas, florícolas y forestales, entre otras, el desempeño de los compost obtenidos. “En especies ornamentales probamos un sustrato con 20% del compost que elaboramos y registramos rendimientos similares a los que obtuvimos con sustratos comerciales”.
Tras años de trabajo, Rizzo afirmó que aún falta información para difundir el tratamiento y el uso productivo de residuos orgánicos, y también faltan sistemas de gestión que faciliten a las granjas elaborar y comercializar las enmiendas. Consideró que “quizás se requiera una cooperativa o una empresa que conecte a los establecimientos que generan compost con las producciones que lo requieran. Por otro lado, desde el Laboratorio de Residuos del IMYZA colaboramos activamente en la reglamentación de una norma que regula la generación y el uso de esta enmienda”.
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A principios de 2019, en rigor, la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable, el Senasa y otros organismos públicos como el INTA generaron una nueva normativa de compost que regula por primera vez sus usos y elaboración. “Se estableció con qué materiales está permitido realizar el compost, qué parámetros de calidad se deben tener en cuenta (niveles máximos tolerables de patógenos, metales pesados, nutrientes, etc.) y, en función de eso, en qué actividades se lo puede usar”.
“En paralelo a la norma, muchos investigadores conformamos un comité para fomentar que los grandes generadores de residuos de la Argentina comiencen a compostar”, y respecto a sus estudios de doctorado, concluyó: “Me gustaría poder llevarle a los productores varias propuestas de transformación y aprovechamiento de residuos orgánicos. Hoy en día casi no se los trata y me gustaría motorizar ese proceso. Es una alternativa que contribuiría a crear empleos y a mejorar la sustentabilidad de los sistemas productivos”.
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]]>“La incorporación de los cultivos de cobertura y la fertilización mineral, son dos prácticas tecnológicas que deben complementarse para contribuir a la productividad del maíz y a la sustentabilidad de los sistemas agrícolas”, señaló Julia Capurro, especialista en cultivos de esa experimental del INTA.
En la región pampeana –sobre todo– se utilizan híbridos de maíz diseñados para adaptarse a las diversas condiciones del ambiente, resistir el ataque de insectos y tolerar las enfermedades más frecuentes. Sin embargo, a pesar de todas estas cualidades, es habitual observar esquemas de fertilización deficientes y que no cumplen con los rendimientos objetivos esperados ni con los parámetros de sostenibilidad.
En este sentido, Capurro indicó que “una proporción importante de lotes de maíz se maneja con planteos de fertilización insuficientes, decisión que limitará la respuesta de la tecnología”. Y agregó: “La adecuada nutrición del cultivo es uno de los pilares básicos en la definición de los rendimientos y, en consecuencia, es uno de los aspectos determinantes de su rentabilidad”.
De todos modos, la búsqueda de sostenibilidad de los sistemas productivos no se limita únicamente a la reposición de nutrientes mediante la fertilización. La incorporación de cultivos de cobertura representa una estrategia para proteger los suelos, minimizar el efecto erosivo que tienen las lluvias sobre suelos desnudos y mejorar la eficiencia de utilización del agua de lluvia.
Ensayos de investigación realizados en campos de productores por especialistas del INTA Cañada de Gómez demostraron que la inclusión de una leguminosa en un esquema de producción agrícola continua es una estrategia recomendable para frenar el deterioro del suelo y aportar a la sustentabilidad del ambiente.

“El cultivo de Vicia sativa aporta carbono, genera cobertura superficial –lo que mitiga los procesos de erosión hídrica y eólica–, inhibe el desarrollo de malezas y reduce el requerimiento de fertilizante nitrogenado”, describió Capurro quien, además, destacó que su incorporación como cultivo de invierno antecesor permitió obtener mayores rendimientos en maíz.
“El maíz que tuvo Vicia sativa como cultivo antecesor y un esquema de fertilización adaptado a los requerimientos de la zona alcanzó los 15.101 kilos por hectárea”, explicó la especialista del INTA y agregó: “Si se compara con el manejo de maíz sin el cultivo de Vicia y sin una adecuada estrategia de fertilización, el maíz rindió 8.602 kilos por hectárea, unos 6.500 kilos de diferencia”.
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“El promedio de incremento de rendimiento de maíz, debido a la leguminosa como cultivo de cobertura, fue de 1.833 kilos por hectárea”, detalló Capurro.
“Nuestro objetivo es proponer prácticas de manejo que fortalezcan las producciones sustentables a lo largo del tiempo”, añadió la especialist, quien destacó que los cultivos de cobertura ocupan una ventana de tiempo entre dos cultivos estivales y se pueden adaptar a todas las rotaciones de los principales cultivos del sistema.
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