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frambuesas – Bichos de Campo http://wi631525.ferozo.com .:: Periodismo que pica ::. Thu, 09 Dec 2021 14:27:51 +0000 es-AR hourly 1 https://wordpress.org/?v=5.8.13 http://wi631525.ferozo.com /wp-content/uploads/2018/06/cropped-mosca-32x32.png frambuesas – Bichos de Campo http://wi631525.ferozo.com 32 32 La frambuesa del postre: En El Bolsón hay un lugar donde se producen frutas finas, cereales, yogures, quesos, helados y hasta novedosos trigos, todo con certificación orgánica http://wi631525.ferozo.com/la-frambuesa-del-postre-en-el-bolson-hay-un-lugar-donde-se-producen-frutas-finas-cereales-yogures-quesos-helados-y-hasta-novedosos-trigos-todo-con-certificacion-organica/ Thu, 09 Dec 2021 11:05:35 +0000 https://bichosdecampo.com/?p=87694 A principios de la década del ochenta Paul Adrion llega a la Argentina desde el sur de Alemania, muy cerca de la famosa “selva negra”, donde producía frambuesa en un predio de media hectárea. Ya en 1984 sienta las bases de Chacra Humus, establecimiento que comenzó con 3 hectáreas y hoy cuenta con 36, de […]

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A principios de la década del ochenta Paul Adrion llega a la Argentina desde el sur de Alemania, muy cerca de la famosa “selva negra”, donde producía frambuesa en un predio de media hectárea. Ya en 1984 sienta las bases de Chacra Humus, establecimiento que comenzó con 3 hectáreas y hoy cuenta con 36, de las cuales 7 están dedicadas a la fruta fina en El Bolsón, provincia de Rio Negro. En 1995 obtuvo la certificación orgánica.

“Siento que aún hoy no hay un reconocimiento a lo orgánico certificado; de hecho en el mercado local no tenemos precio diferenciador, algo que sí se reconoce en el mercado internacional”, explica Wenceslao, hijo de Paul e ingeniero agrónomo. “A pesar de esta diferencia hoy no exportamos porque la demanda local es alta y creciente y, por otra parte, exportar hoy es cada vez más engorroso”.

Humus vende toda su producción de fruta fina en la zona, especialmente en Bariloche, donde el consumo de fruta fresca de estación es muy interesante y el formato de congelados permite la comercialización durante todo todo año.

Aunque producen mora, cassis, corinto, grosella, guinda, sauco y frutilla, la mayor parte de la producción de fruta fina del predio está dedicada a la frambuesa porque se da muy bien en la zona. Debido tanto a las condiciones climáticas como agronómicas, se obtienen rindes de entre 12 y 15 toneladas por hectárea (algo que no ocurre con la cereza, que tiene mejores producciones más al sur).

En este punto, la pregunta que surge es por qué, si la frambuesa cada vez más está posicionada, no llega a Buenos Aires ya que es un producto que no se ve en las verdulerías y rara vez en un supermercado.

“El tema es que el acopiador, que es el mismo que compra sandías y papas, no sabe manejar el producto y a esto se le suma que las verdulerías no quieren arriesgarse a perder nada y como la frambuesa es delicada, prefieren evitarla”, resume Wenceslao.

“El mercado y la demanda están, pero hay que ajustar los procesos para lograr que llegue el producto en buen estado; esto en la gastronomía está resuelto porque se manejan con congelados, pero quien quiere comer frambuesas frescas en Buenos Aires, por ahora no puede”. La comarca andina, compuesta por una buena suma de pequeños productores de menos de media hectárea, y medianos  de 2 a 3 hectáreas,, produce 250 toneladas de frambuesas por año.

Pero Humus no se limita a las frutas finas sino que se compone de 5 unidades de negocio. En el mismo predio hay vacas, para la elaboración de yogur, dulce de leche, helados y quesos; hay vivero de plantines de fruta fina; hay cereales; y hay un circuito de agroturismo (con heladería incluida) que culmina en una sala de ventas de sus productos.

En cuanto a los animales, poseen 70 vacas (de las cuales hay 50 en ordeño) en su mayoría de raza Holando, aunque algunas con cruza Jersey para ganar en leche con mayor tenor graso para la producción de lácteos, y un toro (antes hacían inseminación). “Los animales son grandes generadores de abono, algo que nos resulta indispensable para la producción orgánica”, detalla.

“Nos manejamos con parcelas con eléctrico y hacemos nuestro propio forraje ya que las vacas están encerradas 4 meses y medio por el frio y hay que alimentarlas”. (En total, con las tierras arrendadas, el predio suma 110 hectáreas).

Wenceslao enfatiza que en el sistema de rotación de parcelas la clave es hacerla lo más sistemáticamente posible y para eso hay que estar siempre “encima del campo” y pensando la mejor forma de hacer las cosas. “Los cuadros más alejados y que son más incómodos para la cosecha de fruta fina los dejamos directamente para pasturas. Hacemos siembras consociadas con gramíneas y leguminosas (como trébol con raigrás) porque nuestras primaveras son frías y si tenemos que esperar a la alfalfa para hacer un corte perdemos muchos días, mientras que las gramíneas son más rápidas y ya tenemos un primer uso tanto en primavera como en otoño y logramos más oferta de pastoreo”, explica.

“Una vez que la pastura está agotada y la parcela ya no es rendidora nos vamos a una rotación con un cereal, que tiene rápida reacción y así no dejamos el suelo descubierto en invierno a la vez nos ayuda a controlar las malezas, algo que para nosotros, como chacra orgánica, es fundamental”.

“En lo que es berries el ciclo es más largo: hacemos una rotación de unos 10/12 años de ese uso y recién después de ese tiempo ponemos un cereal, que puede ser avena, centeno o cebada, o también algo de trigo espelta; para volver a tener berries en esa parcela van a pasar 10 años más”.

El trigo espelta en los últimos años se ha convertido en un producto gourmet y muy buscado (otro “difícil” en Buenos Aires), así que parte de la producción que tienen la venden localmente a una panadería que elabora todos sus productos con masa madre y, también, el turista que va a visitar la chacra puede comprar la harina de espelta en el salón de ventas.  Pero, debido al gran valor nutricional de esta variedad de trigo, la mayor parte se destina a forraje para silo en un proceso donde se corta antes de espigar y los rollos de heno permanecen en nylon para producir una fermentación anaeróbica donde predominan la fermentación lactica.

“Esto hace que el forraje sea más nutritivo y palatable y sobre todo nos da un alimento con buen aporte en la época de frío”, dice Wenceslao. “Es lo más parecido a tener un pastoreo en invierno”. El rinde en granos es de 6 toneladas por hectárea y tienen 10 plantadas.

Tan buenos resultados ha dado el sistema de rotación de parcelas que su vecino, también productor de frutas finas, se sumó a esta idea y desde hace un tiempo Wenceslao lo está asesorando: “Con mi vecino no tenemos ni siquiera cerco divisorio, así que cuando se interesó por el sistema rotativo en seguida empezamos y ya está viendo los resultados de la rotación y de los suelos con descanso… y de paso mis vacas se pasan a su chacra y ahí comen también”, cuenta entre risas.

“Es fundamental trabajar en sintonía, estar al tanto de lo que le pasa al vecino, compartir experiencias y ver cómo entre todos se puede mejorar”, concluye.

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Paula Costa: “Es más barato traer fruta fina de Serbia y Polonia que de Lago Puelo” http://wi631525.ferozo.com/paula-costa-es-mas-barato-traer-fruta-fina-de-serbia-y-polonia-que-de-lago-puelo/ Tue, 31 Oct 2017 14:06:10 +0000 http://bichosdecampo.com/?p=4839 Frambuesas, moras, grosellas, casis, corinto y frutillas. La fruta fina de origen argentino también está sufriendo una dura competencia de la mercadería que viene de otros países. Una constante de las economías regionales que están alejadas de los mercados de consumo: los productores locales no pueden competir con la fruta importada por los altos costos […]

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Frambuesas, moras, grosellas, casis, corinto y frutillas. La fruta fina de origen argentino también está sufriendo una dura competencia de la mercadería que viene de otros países. Una constante de las economías regionales que están alejadas de los mercados de consumo: los productores locales no pueden competir con la fruta importada por los altos costos que deben afrontar, entre fletes, cámara de frío, impuestos y mano de obra.

Paula Costa, productora primaria de fruta fina y vicepresidente de la Asociación de Productores Agrícolas de Lago Puelo, en Chubut, explicó a Bichos de Campo que sufren el ingreso de fruta del exterior, sobretodo con las frambuesas que entran de Serbia y Polonia, debido a que los costos con los que deben producir en Argentina son muy altos.

“No llegamos a ser competitivos porque estos productos entran de esos países a precios más bajos, y producir acá en Lago Puelo, el Hoyo y Chubut se complica por los altos costos que debemos afrontar”, comentó Costa.

Escuchá el reportaje completo:

“En la Comarca somos todos pequeños productores con explotaciones de no más de 2 hectáreas, y nos vemos obligados a vender a precios que nos impone el mercado. Tengamos en cuenta que se trata de fruta perecedera, y no se puede mantener en cámaras de frío, ya que los costos crecen exponencialmente”, enunció la productora.

En referencia a los trabajos culturales que se haciendo en aquella zona patagónica, Costa expresó que “las tareas de abono, poda y fertilización los estamos haciendo nosotros mismos porque nos cuesta tomar gente para esas labores. A todo esto, la distancia y el flete nos encarece el producto”.

“Por otro lado el productor primario no siempre está inmerso en la comercialización; muchas veces vendemos a intermediarios, y eso encarece costos en góndola. No vemos interés en nuestra actividad y no vemos la rentabilidad deseada”, finalizó la productora.

 

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Melones en el glaciar, cosas de agrónomo http://wi631525.ferozo.com/melones-en-el-glaciar-cosas-de-agronomo/ Sat, 19 Aug 2017 13:47:31 +0000 http://bichosdecampo.com/?p=3223 AgroLeaks, por Alejandra Groba.- Cerca del glaciar Perito Moreno, Pablo Morresi está probando hacer melones. No porque sea un loco lindo, sino porque es agrónomo. Radicalmente: toda cosa viva que llega a sus manos y no es animal, la planta. Y si bien por ahora lo de los melones es más bien un experimento por […]

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AgroLeaks, por Alejandra Groba.-

Cerca del glaciar Perito Moreno, Pablo Morresi está probando hacer melones. No porque sea un loco lindo, sino porque es agrónomo. Radicalmente: toda cosa viva que llega a sus manos y no es animal, la planta. Y si bien por ahora lo de los melones es más bien un experimento por gusto, no habría que tomar en broma a alguien que, en un lugar con inviernos de 15°C bajo cero, saca tres veces más frutillas por metro cuadrado que lo normal.

Morresi pisa los 30, se crió en Bariloche y se recrió en Concepción del Uruguay. Hace menos de tres años, recién recibido, se instaló en Calafate y armó Las Moras, que hoy es el principal proveedor de frutas finas y hortalizas gourmet de la zona. Los socios capitalistas fueron su padre, agente de turismo, y los dueños de uno de los restaurantes más tradicionales de Calafate, La Tablita. Él sería el CEO, o mejor, el que pone el lomo, el conocimiento y el tesón.

El proyecto partió de una necesidad insatisfecha. Los restaurantes selectos de la ciudad, que atienden a muchos turistas potentados, comparten el problema del abastecimiento. Para poner un plato en la carta, la continuidad se les hace más importante que el precio.

Morresi se propuso atender esa demanda, sobre todo con el mayor problema, las hortalizas. Hoy les vende lechugas de todos los colores y formas, rúcula, espinaca bebé, hakusai, pack choy, tomates raros, canónigos y otros toda la temporada, que allí empieza a tener fuerza en octubre/noviembre. También produce frutillas, frambuesas, cerezas, grosellas, moras, cassis, sauco, corinto, zarzamora, ciruelas, rosa mosqueta, ruibarbo y hasta flores comestibles. Y aromáticas: mostaza roja, ciboullete, albahaca, romero, tomillo, orégano, salvia, curry, cilantro y eneldo. A diferencia de las verduras, las frutas se las compran principalmente los habitantes de la ciudad, algunos para producir dulce.

A la legua se nota que a Morresi le gusta mucho lo que hace. Anda todos los días por esa hectárea que es la chacra, siempre con ropa de trabajo, si no es haciendo plantines es inspeccionando si hay babosas o si se tapó el riego por goteo, calculando el momento exacto de la siembra en función de cuándo precisa cosechar, viendo las podas, evaluando el compost para ir mejorando el suelo, arreglando tutores, comprando o reparando lo que se rompe, calculando los precios, y así. Entre varios que viven del turismo y se ganan el mango más fácil, su actitud provoca entre admiración y respeto.

Aprovechar al máximo lo que natura parece uno de sus lemas. El problema en esa latitud es el frío extremo y las escasas horas de luz del invierno, que hace que una planta que tarda seis meses en desarrollarse en el centro del país, allá requiera ocho. Pero el frío permite sembrar con mayor densidad. Y, a medida que llega el verano, las horas de luz pasan a ser la gran mayoría y la fotosíntesis festeja. De allí, en gran medida, los 3,5 kilos de frutillas por metro cuadrado que obtuvo la cosecha pasada en su vivero.

Así como en el resto del país, la frutilla es la fruta fina más requerida. La variedad que Morresi puso bajo cubierta es refloreciente, por lo que da dos cosechas anuales. La temporada pasada le dio 3.500 kilos. Pero entre una y otra cosecha, se quedaba cerca de un mes clave sin producción. Lo resolvió poniendo unas hileras de otra variedad de una sola floración a la intemperie, que calibró para que genere unos 500 kilos justo en el medio, con lo que no se queda sin frutillas ni un día de la temporada.

Si bien no es fanático, evita los agroquímicos todo lo posible. Por ejemplo, al pulgón, quizá su mayor enemigo, si se pasa del umbral tolerable le abre el techo del vivero una noche de helada y deja que la naturaleza se encargue. “No me interesa certificar como orgánico, es muy caro y complejo, y mis clientes no me lo van a pagar. Si las cosas se complican, sé que puedo acudir a un plaguicida y manejar los períodos de carencia”, dice.

Hace unos meses abrió la chacra al público, con la idea de convertirla en una atracción turística y vender también dulces y frutas con su marca. Está a un par de cuadras de la reserva de aves Laguna Nimez, en la llamada zona de Chacras, porque allí cultivaban los primeros pobladores, muchos de ellos croatas, cuando Calafate era un punto de acopio de lana de las estancias camino al puerto de Río Gallegos. Por entonces, se producía sobre todo papa y cebolla.

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