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“Siempre hablamos sobre el futuro de la carne, pero no le damos lugar a los más jóvenes”, dijo Ulises “Chito” Forte, presidente del IPCVA, quien en las próximas horas sería reemplazado en ese puesto. Agregó que el seminario “demostró que hay muy buena madera juvenil, tanto en la producción como en la industria”. Y prometió: “Es nuestro objetivo seguir trabajando para que aparezca cada vez más sangre joven en las comisiones de trabajo que garanticen que en 2050 tengamos un proyecto serio en el mercado de ganados y carnes”.
Tendencias del consumo, comunicación y márketing, bienestar humano, emprendedores y nuevas tecnologías, influencers fueron algunos de los tópicos del encuentro virtual.
De las dos jornadas del seminario, destacó un panel conformado por representantes de las cuatro entidades agropecuarias donde se abordaron los distintos desafíos a los que se enfrenta la producción ganadera, especialmente los referidos a sustentabilidad y nuevas tendencias del consumo.

Lucrecia Eichman, de Coninagro, dijo que junto a los cambios en las formas de comunicación y de trabajo “también está cambiando la forma de alimentarse. Se están generando muchos sustitutos de la carne, que intentan imitar el sabor y consistencia y veo que en las nuevas generaciones hay un mayor interés por conocer la procedencia del alimento y las formas en que se produce; entonces creo que el desafío es entender qué quiere el mercado, qué quieren los consumidores y qué ven de bueno en nuestra carne para potenciarlo y así poder hacer la diferencia”.

Pedro Doval, integrante de la Sociedad Rural (SRA), opinó que “uno de los desafíos es homogenizar los conocimientos entre todos los productores, para que todos tengamos un mismo panorama y metodología de pastoreo, de certificación, de producción, y eso puede ayudarnos a levantar el estándar de producción y de calidad”.
Matías Ratto, desde la Federación Agraria, manifestó que “tenemos el desafío de producir cada vez más alimentos de mejor calidad y mejores precios, y eso va a tener que ver mucho con los diferentes mercados a los que apuntemos, sabiendo que el mercado asiático va a demandar más volumen”.
Ratto precisó también que “para los mercados más tradicionales vale mucho más la especialización con un producto que ya tenga una historia de trazabilidad y con mucha más comunicación acerca del producto que nosotros hacemos, cómo lo hacemos y con qué practica ganadera lo hacemos”.

Benjamín Sponton, enrolado en Confederaciones Rurales Argentinas (CRA), enfatizó en que hay que “aumentar la eficiencia de las diferentes etapas de la producción y en esto hay mucho material de estudio y permitiría avanzar mucho en la producción de carne”.
Los cuatro jóvenes coincidieron en que hay que desarrollar más la gimnasia exportadora, reforzar el mercado interno y que es clave la formación de alianzas, el cooperativismo, el trabajo en red de productores y las buenas prácticas ganaderas que permitan trabajar ambientes más sostenibles.
Acerca de lograr una producción más amigable con el ambiente, los jóvenes destacaron la enorme cantidad de pasturas que genera un país como la Argentina, las que le permitirían capturar mucho carbono del ambiente, con lo cual se podría aprovechar este recurso para generar producciones más eficientes aplicando tecnologías en los procesos de bajo costo que reduzcan la huella de carbono.
También hablaron de economía circular aplicada en algunos sistemas que ya hacen aprovechamiento de sus afluentes, y comentaron que hay que darle más consideración a la energía que ese proceso podría generar en sistemas ganaderos, sobre todo entendiendo que estos van a apuntar más a la intensificación, mayormente en las etapas de engorde y de terminación.
Otro de los puntos en común entre los jóvenes es que hay una nueva generación ganadera “multi tasking” que busca aprovechar el tiempo al máximo, razón por la cual las nuevas tecnologías son una oportunidad para disminuir costos, agilizar la producción y la comercialización.
En el cierre del seminario, Forte destacó que “a pesar de la pandemia seguimos trabajando muchísimo desde el IPCVA, tanto en la promoción de las exportaciones como en el mercado interno” y declaró que avanzan en una nueva era de la comunicación en redes sociales y con inclusión de influencers de la carne argentina, para llegar apropiadamente con el mensaje a los millennials, a los centennials y a las madres jóvenes”.
Forte resaltó que para 2021 la intención es hacer 3 o 4 seminarios regionales que culminen en un gran encuentro nacional de jóvenes. “Esta vez es tiempo de escucharlos a ellos, que van a ser los protagonistas de las próximas décadas”, resaltó el presidente del IPCVA.
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]]>La entrada Diez años después, los tres mosqueteros analizaron qué pasó con el PEA 2010: Quedaron sin cumplir el 83% de los objetivos que se trazó la cadena ganadera se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>El PEA 2010-2020, que tuvo una primera versión en la gestión ministerial de Julián Domínguez, y sufrió una profunda revisión a partir de 2012, cuando Agricultura era conducido por Carlos Casamiquela, costó fortunas y movilizó un ejército de funcionarios, sociólogos, docentes universitarios, escribas, analistas de sistema y la mar en coche. Pero también involucró a todos los actores del sector privado de las diferentes ramas del negocio agropecuario. La lista de instituciones que participaron de la redacción de los objetivos a 2020 era extensa. Para discutir de ganados y carnes, que es lo que aquí nos ocupa, hubo al menos 20 talleres de trabajo.
Como periodista estoy algo podrido de la dinámica de funcionarios o consultores que se plantan frente a un escenario y dicen muy sueltos de cuerpo que, si las políticas son las adecuadas, la Argentina tiene asegurado un destino de grandeza como productora y exportadora de carne vacuna. La cantidad de pronósticos lanzados al viento es apabullante. Pero nunca hubo una revisión de los resultados de dichos pronósticos.
Para hacerla recurrí a la ayuda de los tres mosqueteros, que son tres personas que saben muchísimo del negocio de ganados y carnes, aman al sector y la han dedicado la vida, han pasado por altos cargos en la función pública, y opinan con desinterés. Guardaré la identidad de Athos, Porthos y Aramis, por respeto a ellos. En esta revisión del PEA 2010-2020 a mi me toca ser le joven d’Artagnan.
El análisis que realizamos entre los cuatro del único programa de desarrollo ganadero institucionalizado, y consensuado entre el sector público y el privado, que tuvo la Argentina en los últimos veinte años se realizó a partir de una serie de documentos oficiales. El más significativo fue el siguiente documento de trabajo, que fijó 18 objetivos de trabajo para cumplir las metas de crecimiento a 2020. Es decir que deberían haberse logrado ahora.
Aquí se puede ver la presentación completa en el Congreso Ganadero de Rosario:
En este estudio bastante casero pero efectivo del grado de cumplimiento del componente ganadero del PEA 2010, lo primero que hicimos con los tres mosqueteros es analizar cuál era el punto de partido en aquel momento (2010, luego del desastre que había provocado Guillermo Moreno), cuál era el punto de llegada al que se pretendía llegar diez años después (es decir ahora, 2020) y qué sucedió en realidad.
Para 2020, el primero PEA de 2010 planteaba objetivos bastante optimistas: una recuperación del rodeo bovino a 54 millones de cabezas. Pretendía levantar la tasa de extracción de 24% a casi 28%. De ese modo, se proyectaba una faena anual de 15 millones de cabezas y exportaciones por casi 1,4 millones de toneladas y 7.000 millones de dólares. Pero como se iba a producir más, el consumo interno se iba a poder mantener en 56 kilos.
Si uno sabe lo que finalmente sucedió, queda muy claro que los pronósticos hechos en el aquel primer PEA (el de Julián Domínguez) quedaron lejísimos, porque parecían dibujados: Nos faltan 400 mil bovinos en el stock. Le erramos por 1 millón de cabezas en la faena. Nos faltan 650 mil toneladas de carne vacuna producida. Nos falta más de medio millón de toneladas para llegar a los volúmenes de exportación que se imaginaron. Y el consumo interno de carne se redujo en nada menos que 7 kilos por habitante y por año.
Por fortuna, y gastando mucho más dinero público, el segundo PEA revisado en 2012 y cerrado en 2014, moderó bastante las expectativas del primero. Ese plan mantenía un stock de 54,5 millones de cabezas. Hablaba de mejorar la tasa de destete al 68%. De ese modo, se proyectaba una faena anual de 16,3 millones de cabezas. Esa alta faena permitiría producir 3,3 millones de toneladas de carne, de las que se podrían exportar 750 mil toneladas. El consumo interno, al aumentar la producción, se iba a poder incrementar a 60 kilos.
Pocas cosas de aquellas que se habían proyectado finalmente se concretaron. Con los tres mosqueteros reconstruimos el escenario actual y el stock a diciembre 2020 rondaría las 54,4 millones de cabezas. La tasa de destete sigue estancada entre 63/64%. La faena podría superar con holgura las 14 millones de cabezas (6,8 millones en el primer semestre). La producción de carne llegaría a 3,3 millones de toneladas. Se exportaría lo mismo que 2019 o un poco más: 840 mil toneladas. Peor, y básicamente aquí está la gran diferencia, el consumo interno se ubicará en niveles muy bajos de 50 kilos per cápita. Son diez kilos menos de los que se proyectaron.

Las conclusiones es que ese plan que contó con aval de toda la cadena de ganados y carnes no cumplió con sus objetivos. La realidad es que:

La segunda pregunta, entonces, es por qué no se cumplió con los objetivos planteados. Esto nos llevó a revisar el grado de avance de los 18 planes de trabajo que se había fijado la cadena de ganados y carnes en los talleres del PEA. Había cuatro líneas de trabajo en el marco institucional, cinco para mejorar la competitividad y productividad de la cadena, seis para poder acceder a nuevos mercados y dos vinculadas a la promoción de la carne vacuna.
Con los tres mosqueteros lo que hicimos fue construir un semáforo mediante el cual cada uno de nosotros opinó sobre cuánto se había avanzado en la tarea luego de diez años. Donde el verde era que se había cumplido satisfactoriamente, el amarillo significaba que había quedado a medio cumplir y el rojo implicaba que no había habido ningún tipo de avances. Los resultados son estos que siguen:




Por supuesto que todo es materia opinable. Pero reitero que los tres mosqueteros saben de lo que hablan y yo, como simple observador, tampoco soy un improvisado. Como no nos gustaba demasiado el semáforo (porque nos recordaba al PRO), reemplazamos el rojo (cero cumplimiento) por el corte vacío; el amarillo (a medio camino) por el matambre; y al verde (tarea hecha) por el lomo. Los resultados de nuestra compulsa fueron estos:
¿Y para qué sirve saber esto? Para nada en especial. Solo para tener claro que en el único plan oficial de ganados y carnes que tuvo la Argentina en las últimas dos décadas, que costó una millonada y que fue construido y validado con la opinión de todos los actores de la cadena, diez años después no nos sirve para nada, porque el 83% de los planes de trabajo no se cumplieron o se cumplieron solo parcialmente.
¿Y para qué sirve conocer esto? Para nada. Solo les puede resultar útil para dudar cuando les toque escuchar al próximo funcionarios o especialista que vaticine escenarios maravillosos para la carne argentina en los próximos diez años. No le crean o sospechen. Nada puede prosperar entre nosotros con semejante nivel de chantada.

O podremos creer cuando nos pongamos finalmente a trabajar en serio y de manera cooperativa entre nosotros. Como decían los mosqueteros, que no eran tres sino cuatro: “Todos para uno y uno para todos”.
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