Error en la base de datos de WordPress: [Table 'wi631525_new.wp_ppress_plans' doesn't exist]SELECT COUNT(id) FROM wp_ppress_plans WHERE status = 'true'
La entrada La alemana Basf también se sube a la agricultura baja en carbono: Ayudará a los productores a medir su huella y obtener bonos se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“Dado que la agricultura es responsable de cerca del 20% de las emisiones globales de CO2 (dióxido de Carbono), las prácticas agrícolas que reducen las emisiones de carbono pueden contribuir significativamente a combatir el cambio climático”, explicó Basf, que así se subió a un sendero que ya había inaugurado la otra alemana líder en el mercado agrícola, Bayer.
Según el anuncio de Basf, su “Programa Global de Agricultura Baja en Carbono” se pondrá en marcha en etapas a partir de 2022. En el mismo, su División de Soluciones para la Agricultura se compromete a reducir en un 30% la huella de carbono por tonelada de cultivo producido hasta 2030 para trigo, soja, arroz, canola y maíz.
Para lograrlo necesita la compañía del compromiso adicional de sus clientes productores. Por eso, dentro de esta iniciativa “promoverá prácticas agrícolas sustentables y la optimización del uso del portafolio ofrecido por Basf, que incluye desde semillas e insumos químicos y biológicos hasta herramientas de agricultura digital (llamada Xarvio) y soluciones de gestión de fertilizantes.
“Además las herramientas de sustentabilidad serán utilizadas para orientar y evaluar las mejoras, ayudando a los agricultores a tomar decisiones asertivas. Todo ello ayudará a los agricultores a reducir las emisiones en la agricultura y a capturar más carbono en el suelo”, se proyectó.
En ese sentido, se prometió que esta compañía alemana creará “una estructura global para que los agricultores puedan generar créditos de carbono de certificadoras reconocidas obteniendo ingresos adicionales que les permitirán una segunda fuente de ingresos, resultante de sus esfuerzos de reducción de carbono”.
“El lanzamiento de nuestro Programa Global de Agricultura Baja en Carbono es una muestra de nuestro compromiso con el desarrollo de una agricultura sustentable. Este programa permitirá a los agricultores de todo el mundo aumentar la salud de sus suelos, reducir las emisiones, capturar carbono y, al mismo tiempo, ser recompensados por sus esfuerzos de sustentabilidad en la lucha contra el cambio climático”, afirmó Vincent Gros, presidente global de la rama agrícola de este grupo.
La entrada La alemana Basf también se sube a la agricultura baja en carbono: Ayudará a los productores a medir su huella y obtener bonos se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La entrada El consultor uruguayo Eduardo Blasina propone convidar… “Un asado para Bill y Melinda” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>
Dos semanas atrás Bill era Gardel. Pagaba por carbono captado por la ganadería! Para el país con más vacunos por habitante y con un buey (novillo) en el escudo, era una excelente noticia. Los nerds del Silicon Valley buscaban una solución sinérgica con nuestra producción pastoril y nos premian por capturar carbono. Cuánta inteligencia, desarrollar un mercado de carbono, mejorar las técnicas de pastoreo, la materia orgánica en el suelo, el humus, las lombrices y los escarabajos que descomponen las boñigas del ganado. Ganadería regenerativa, o rotativa, o climáticamente inteligente cobrando con justicia por el carbono capturado.
Esta semana se ha convertido en el demonio. Propone que los ricos se pasen a la carne sintética para compensar el calentamiento global que causan los jets privados, la vida lujosa y consumista. Su exhortación además de ser divulgada por los medios de prensa del MIT, es decir una de las trincheras de vanguardia de la innovación y el cambio tecnológico, sale en formato de libros y se descargará por millones, incidiendo en un púbico vasto.
Pero ni santo ni demonio, lo que dice ya lo ha dicho en Uruguay desde hace décadas Juan Grompone. Para quienes viven en el mundo de la informática, que conocen las implicancias de la ley de Moore, es obvio que el cambio tecnológico en los alimentos puede ser una gran oportunidad de negocios. Y es claro que el sector alimentario tiene que ser carbono neutral, como todos los demás sectores de la economía. Gates como tantos en el Silicon Valley ve todo bajo la lógica algorítmica, una especie de algoritmo en cuatro pasos de “problema” “solución”, tecnología, negocio. La obsolescencia de la carne ya ha sido pronosticada muchas veces.
Podemos reírnos, podemos burlarnos, podemos enojarnos. Podemos tener derecho a todo eso. Puede que el producir carne nos parezca algo que está tan bien como producir jamón crudo o caviar. Pero en la era del calentamiento global el automóvil y la vaca o el novillo son bienes de utilidad obvia, pero con un costo ambiental en debate. Imaginemos a un jeque árabe o al Nicolás Maduro burlándose de Elon Musk o enojándose porque hace automóviles que no necesitan petróleo. No es desde la descalificación lo que mejorará el posicionamiento de la carne uruguaya.
Los vacunos emiten metano, posiblemente capturan carbono en buenos sistemas de pastoreo. Si la defensa uruguaya a los vacunos no es profundamente argumental, el sector económico principal, la columna vertebral de la identidad uruguaya corre peligro. La tendencia al cuestionamiento de la carne y a buscar alternativas que la imiten está instalada y captando centenas o miles de millones de dólares en investigación y desarrollo.
¿Porqué debemos defender a los vacunos? ¿Es apenas por un interés comercial? Si tal fuera el caso, no nos diferenciaríamos de habitantes de una zona petrolera defendiendo al petróleo cueste lo que cueste pero en definitiva sin razón desde un punto de vista de la preservación de la estabilidad climática de la Tierra.
Bill Gates no es como un predicador místico anunciando el apocalipsis. El caos climático es un escenario altamente posible y cuanto más aumenta la temperatura más probable se hace. Si algo cambia la pandemia es que viviremos para achatar curvas el resto de nuestras vidas, por longevos que seamos. En el corto plazo bajar la curva de la pandemia. Durante todo este siglo, bajar la curva de la temperatura.
Mientras la temperatura del planeta que habitamos siga subiendo, y eso pasará por décadas, la gente tendrá razón para estar cada vez más preocupada. No solo los snobs del Silicon Valley, no solo las clases medias pudientes de la Unión Europea, Canadá o Japón. Una proporción cada vez mayor a lo largo y ancho del planeta. Y en algún momento los chinos que hoy están fascinados con la carne de verdad emigren a la competencia artificial.
Hay una disrupción tecnológica ocurriendo muy velozmente. Ya una empresa israelí, Aleph, presentó un entrecot cultivado de células de músculo. Es una de las empresa más preciadas de Israel. El propio Primer Ministro Benjamín Netanhaju la visitó en diciembre acompañado por su asesor en bienestar animal y el director del Instituto de la Buena comida. En la visita Netanhaju se convirtió en el primer jefe de Estado del mundo en comer un churrasco cultivado. Mientras, los veganos isreaelíes con camisetas que decían “orgulloso de ser vegano” aplaudían. En definitiva se trata de una típica batalla de mercado. Si la carne muscular de animales pierde el favor de los nuevos consumidores puede quedar obsoleta. Hay una nueva competencia y reaccionar con enojo o soberbia es peligroso.
¿Es distinta la ganadería con sus emisiones de metano que la industria petrolera? Es distinto un novillo de un automóvil con motor de combustión? Si no explicamos paciente y amigablemente esa diferencia, la ganadería tendrá un auge chino, pero en la próxima década es probable que los chinos migren a imitaciones de carne cultivadas que además muy probablemente sean muy competitivas en costos. Ya la lana ha enfrentado la dura competencia de las fibras sintéticas y está en los albores de una revalorización de una fibra natural y compostable.
En lo personal considero que el argumento central a explicar es que la desaparición de la ganadería en Uruguay sería una catástrofe ecológica tremenda .
Además sería muy grave socialmente. Pero un trabajador ganadero se puede reciclar sus tareas a actividades forestales o agrícolas. Uruguay sin ganado sería una parte sojera y otra eucaliptera. No solo morirían los millones de vacunos y ovinos que hoy pastan felices, sino que habría que despedirse de ñandúes, mulitas y una multitud de animales que sólo pueden vivir en nuestros maravillosos campos naturales, acompañando a los grandes herbívoros. Nos despediríamos también de paisajes únicos y de miles de especies vegetales.
Eliminar la ganadería en Uruguay es como arrasar nuestra Amazonia de formato pastizal. No hay pradera sin herbívoros. Además de los capitales que han apostado a las imitaciones a la carne, hay un montón de capitales seguramente ávidos de hacer aquí un gran bosque que capture carbono, se mantenga con poco trabajo, es imposible de robar, fácil de manejar y tal vez logra salir por zona franca.
Somos la última reserva de pastizales del hemisferio Sur, somos los guardianes del bioma Pampa que ha sido diezmado en los países vecinos. En el propio país de Bill Gates el consumo de carne alimentada a pasturas crece velozmente en un mercado cuyo consumo total de carne vacuna permanece estable. Sería excelente que Bill y su esposa Melinda viniesen a Uruguay.
La ganadería vacuna y ovina son las que sostienen económicamente la protección de la mayor parte de nuestra flora y fauna nativas. Eso es un dato ineludible que Bill Gates, Greta Thunberg y toda persona genuinamente preocupada por el colapso de la Naturaleza comprenderán fácilmente. La distopía del Uruguay sin herbívoros es casi aterradora.
La defensa es mostrarnos al mundo como un país que toma la agroecología en serio construye un escudo racional para proteger su ineludible y noble tarea de productor de alimentos de calidad que mide al menos cuatro variables: balance de carbono, biodiversidad, calidad de aguas y calidad e inocuidad de los alimentos. No se trata de demoler los actuales sistemas productivos para sustituirlo por la azada y los bueyes. Se trata de construir transiciones en la ganadería y en todos y cada uno de los rubros de producción. Como están haciendo los granjeros con su producción “integrada” poniendo mallas especiales en sus montes para proteger la fruta del ataque de insectos y aves, poniendo hormonas para causa confusión sexual en los insectos y prevenir su propagación y sorteando mil obstáculos para llegar a mercados externos. Y plantear el objetivo de la neutralidad del agro uruguayo como un todo, y en eso los árboles son fundamentales.
El grupo brasileño Marfrig puso en el mercado la primera “Carne Carbono Neutro” de la región
Se trata de construir todas y cada una de las transiciones, empezar a medir y llegar lo más lejos posible en revertir la pérdida de biodiversidad, aumentar la materia orgánica (y por lo tanto la fertilidad de los suelos), mejorar sostenidamente la calidad de las aguas y hacer retroceder cada verano a las cianobacterias.
Todo eso le tenemos que explicar a Bill y Melinda Gates, comiendo una buena parrilla por supuesto. De un herbívoro que vivió una vida feliz, al aire libre comiendo pasturas apetitosas, con agua a disposición y humanos atentos a cualquier parásito o enfermedad que lo afecte. Un vacuno que tuvo una muerte indolora, piadosa, respetuosa, infinitamente mejor que la muerte causada por un felino hambriento que ataca por sorpresa. Y que con su pastar sostiene el ecosistema clave de Uruguay: el país pradera.
Más convincente tal vez que la variedad de argumentos racionales será una buena tira de asado crocante por fuera y jugosa por dentro, con una buena picaña que tenga la grasa periférica tostada y un buen Tannnat. Porque los buenos alimentos como la carne pueden ser imitables, pero son insuperables. No habrá laboratorio que haga un buen asado de verdad, ni un puchero. Sería como el esfuerzo por hacer vino sin uvas. Hay algo en la esencia que siempre faltará. Bill puede tener razón en negarse a comer carne de un lugar donde la selva fue talada, o de un animal condenado al sedentarismo y a una vida de encierro y aburrimiento. Pero si quiere tener una experiencia gourmet que preserva la diversidad biológica y cultural, puede servirse un buen plato.
El mundo está cambiando muy rápido y cambiará cada vez más rápido. La amenaza para la carne uruguaya no es tal o cual persona. Es el cambio tecnológico y cultural acelerado. Hay que dar la batalla tecnológica de la medición y determinación de las mejores prácticas para el clima. Hay que dar la batalla cultural que explique dentro y fuera de fronteras la importancia del campo natural para sostener productiva y éticamente a la ganadería uruguaya. Y trabajar activamente para que Bill Gates nos visite, y que tras él vengan Elon Musk, Greta Thunberg, y tantos más.
Somos un país de muy bajas emisiones por hectárea, queremois llegar a la neutralidad, ser un país post petróleo. Bill puede ayudarnos con sus ideas. Somos verdes en cualquier carretera que se recorra. Hay que concretar lo antes posible las mediciones que certifiquen que la carne uruguaya se puede comer sin culpa, y con el disfrute de siempre. Y convencer a Bill y Melinda que pasen unos días por aquí, conociendo las soluciones uruguayas al problema real del cambio climático y a la gastronomía local.
La entrada El consultor uruguayo Eduardo Blasina propone convidar… “Un asado para Bill y Melinda” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La entrada Si sos vegano y querés erradicar la ganadería, lee antes esta entrevista a José Martín Jáuregui se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>–Según el veganismo, la ganadería es la principal causa del calentamiento global. ¿Cuál es su opinión?
-Si miramos las emisiones globales, el sector energético es responsable del 30% y lo sigue el sector de transporte con el 14,8%. La agricultura en su conjunto emite el 11.7%, y si a eso le sumamos el cambio de uso de la tierra (5.8%) llega al 17,5%. El último informe de la FAO menciona a la ganadería de carne como responsable de emitir el 6% del total de emisiones globales, mientras que la ganadería de leche emite el 3% del total. Los números son bastante elocuentes: la ganadería está lejos de ser la principal responsable del calentamiento global.
–¿Qué nos puede decir del desmonte para hacer agricultura para alimentar animales?
-Esta es una de las cuentas pendientes que tiene la actividad. A pesar de ello, hay trabajos que indican que el potencial de captura de carbono (en zonas tropicales) es mayor en pasturas que en suelos forestados. Otro trabajo con datos de Argentina y Uruguay muestra que forestar incrementa el contenido de carbono del suelo en sitios más secos mientras que en sitios húmedos el carbono bajo pasturas es mayor. Esto no avala salir a desmontar sin control pero sí trae a la luz datos científicos que disienten con la simplificación “monte = bueno”, “pasturas = malas”, al menos en lo que respecta al potencial de captura de carbono.
–O sea, hay que salir del maniqueísmo…
-Sí. Además, la otra cuestión importante a destacar es que gran parte del ciclo ganadero en Argentina ocurre en regiones donde históricamente no hubo presencia de monte ni estrato arbóreo. Estas regiones de pastizales y pasturas perennes hoy ocupan casi 180 millones de hectáreas y tienen un importante potencial de captura de carbono. La ganadería cumple allí un rol central en la recirculación de nutrientes y estimula el crecimiento de esos recursos. Cuanto más crece una pastura por efecto del pastoreo y el manejo adecuado, más carbono puede capturar potencialmente el sistema.

–¿Hay fuentes naturales que emiten más gases metanos que la ganadería?
-Así es. Hay un estudio sobre este tema y sus autores indican que sector agropecuario en su conjunto emite 227 millones de toneladas de CH4 (nombre químico del metano) y el sector energético 108 millones (ambas consideradas fuentes antropogénicas). Las fuentes naturales incluyen emisiones de pantanos (194 millones de toneladas) y de otras fuentes como océanos, animales salvajes, termitas y vegetación (39 millones de toneladas). Así queda en evidencia que las fuentes naturales emiten un 20% más de CH4 que el total del sector agropecuario (donde la ganadería sería solo una parte de ese total).
–Usted afirma que aunque dejáramos de comer carne los rumiantes sobrevivirían y seguirían emitiendo gases. ¿Cómo sería?
-Es aventurado hacer futurología pero hay algunos puntos que sustentan mis afirmaciones. Por empezar, si la “industria” ganadera (no olvidemos que es mayormente una fábrica a cielo abierto que transforma celulosa en carne y leche) deja de funcionar, los animales, 45 millones de vacas en el caso de Argentina, seguirán morando la tierra. Nada les impedirá recorrer campos a su antojo, que es lo que hacen otros animales salvajes en libertad. Es posible que las vacas ingresen a campos de cultivos de maíz, soja, trigo, etcétera. ¿Qué haríamos entonces? ¿Serían consideradas una “plaga” más o, como en India, se las consideraría sagradas?
–Y, no lo sabemos…
-Pero volviendo al punto. Las vacas prácticamente carecen de depredadores naturales y cuando se las cría se mantiene un número de machos de un 3-10% del total del rodeo para hacer más eficiente el proceso de cría. No es difícil entonces imaginar que esas vacas, que tendrían más disponibilidad de recursos al estar en libertad, que prácticamente carecerían de depredadores naturales y que además mantendrían una proporción más “natural” de machos/hembras de 50-50% en su población, lejos de extinguirse se multipliquen con mayor velocidad. El caso de la India es emblemático. Las vacas son consideradas sagradas y no pueden ser faenadas salvo en situaciones extraordinarias. El último censo de ese país indicó que entre 2012 y 2019 el número de vacas creció un 18,6% alcanzando casi las 146 millones de cabezas.
–Otro argumento para eliminar la ganadería es que en una hectárea se producen miles de kilos de legumbres (que sirven para alimentar a mucha gente) mientras que una ha para ganadería no es nada.
-Creo que ese argumento desconoce o bien decide ignorar cuestiones básicas sobre la calidad de los suelos que se clasifican de acuerdo a su aptitud y, en forma muy simplificada, se dividen en suelos agrícolas, ganadero-agrícolas, ganaderos y forestales (estos últimos los de menor aptitud en general). Una hectárea de suelo ganadero no es apta para hacer cultivos de grano (soja, trigo, maíz, etcétera) y la mayor parte de la ganadería de carne de Argentina se hace sobre estos suelos y una porción menor se hace sobre suelos de mejor aptitud. Por eso la actividad compite poco con la agricultura. Los granos son incorporados en la dieta casi exclusivamente en la etapa de terminación y solo el 60% del total de animales faenados son terminados a grano. Todas las etapas anteriores (y el 40% del total de la faena) nacen, crecen y se desarrollan en pasturas y pastizales, en suelos no aptos o marginalmente aptos para agricultura.
–¿Entonces la disyuntiva no es “grano o carne”?
-Claro que no. La disyuntiva es mantener un pastizal que produce celulosa (indigestible para el hombre) o usar un rumiante que lo transforme en proteínas de alto valor biológico. Aun suponiendo que esta transformación de sistemas ganaderos a agrícolas fuera posible, el impacto para el suelo y la captura de carbono sería nefasto. Está ampliamente demostrado que transformar pastizales y pasturas perennes en cultivos agrícolas permanentes implica una caída importante en el contenido de carbono orgánico del suelo y un incremento de las emisiones de gases de efecto invernadero. Asimismo, la agricultura tradicional ha sido una de las principales actividades responsables de la pérdida de carbono en los suelos pampeanos. Incluso renombrados ecólogos sugieren que la zona típicamente agrícola de Argentina debería reconvertirse hacia sistemas mixtos (agricultura en combinación con ganadería) para revertir la pérdida de materia orgánica de los suelos, situación que mejoraría la captura de carbono.

–¿Y entonces?
-La alternativa que se propone desde el veganismo es desmantelar una actividad que genera más de 700.000 puestos de trabajo, tanto en el sector industrial como en el sector primario. En un país azotado por la desocupación y la pobreza, el pedido suena, al menos, irresponsable. Nos debemos un debate con más datos y menos relato, sobre los sistemas de producción de alimentos en Argentina. Es poco serio que el mayor argumento en contra de la ganadería siga siendo un informe de FAO de 2006 que fue refutado en 2009 y terminó generando un nuevo informe en 2013 que mostró datos mucho más benignos de emisiones para el sector.
–¿Es razonable pedirle al productor ganadero que se “reconvierta”?
-No sin conocer las complejidades de la producción ganadera y sin entender que una enorme mayoría carece de suelos aptos para hacer otra cosa. Es necesario un debate científico profundo sobre estos temas para avanzar en el conocimiento y también que el movimiento vegano comprenda que la dieta es una elección que responde a razones familiares, económicas, sociales y culturales, y como tal debe ser respetada. El fanatismo, de uno y otro lado, no lleva a ningún lado. Estamos a tiempo de tender puentes y encontrar puntos en común para que la Argentina pueda crecer y desarrollarse como país.
La entrada Si sos vegano y querés erradicar la ganadería, lee antes esta entrevista a José Martín Jáuregui se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>