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gauchos – Bichos de Campo http://wi631525.ferozo.com .:: Periodismo que pica ::. Fri, 26 Nov 2021 13:15:49 +0000 es-AR hourly 1 https://wordpress.org/?v=5.8.13 http://wi631525.ferozo.com /wp-content/uploads/2018/06/cropped-mosca-32x32.png gauchos – Bichos de Campo http://wi631525.ferozo.com 32 32 Don Pedro Lucio Sarciat lleva ocho décadas en busca del mejor caballo indomable: Incansable impulsor de las jineteadas, llegó a desfilar hasta en la cancha de River http://wi631525.ferozo.com/don-pedro-lucio-sarciat-lleva-ocho-decadas-en-busca-del-mejor-caballo-indomable-incansable-impulsor-de-las-jineteadas-llego-a-desfilar-hasta-en-la-cancha-de-river/ http://wi631525.ferozo.com/don-pedro-lucio-sarciat-lleva-ocho-decadas-en-busca-del-mejor-caballo-indomable-incansable-impulsor-de-las-jineteadas-llego-a-desfilar-hasta-en-la-cancha-de-river/#comments Tue, 23 Nov 2021 11:58:22 +0000 https://bichosdecampo.com/?p=86249 Don Pedro Lucio Sarciat (82) es el fundador y primer presidente de la “Asociación Argentina de Caballos de Destrezas Gauchas”. Pero detrás de los títulos, Sarciat es sinónimo de la cultura de la doma del caballo, de su adiestramiento y de su preparación para las diversas actividades o destrezas gauchas, ya sean jineteadas o pruebas […]

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Don Pedro Lucio Sarciat (82) es el fundador y primer presidente de la “Asociación Argentina de Caballos de Destrezas Gauchas”. Pero detrás de los títulos, Sarciat es sinónimo de la cultura de la doma del caballo, de su adiestramiento y de su preparación para las diversas actividades o destrezas gauchas, ya sean jineteadas o pruebas de rienda. También para el trabajo en las estancias.

Cerca de Rauch, donde vive, Sarciat tiene un campo familiar donde cría caballos de tropilla para jineteadas. En la ciudad, su antigua casa data de 123 años y bien podría convertirse en museo de la cultura gaucha y equina.

La asociación trata de una de las actividades más antiguas de la cultura equina en nuestro país, pero es de las más jóvenes y fue fundada recién en 2018.

Mirá la entrevista a Pedro Lucio Sarciat:

-¿De dónde le viene esta pasión por los caballos?

-Mi familia materna, Ballester, se remonta al 1600, y en aquellos tiempos fueron criadores de caballos a la fuerza, porque en esa época el caballo era fundamental para la vida y el trabajo rural. Allá por 1920 se comenzaron a traer manadas y empezaron a hacerse selecciones de la raza criolla en la Argentina, de razas para el trabajo agrario y luego para las carreras, etcétera. Mi abuelo Lucio Ballester ayudó a Emilio Solanet. Ambos veterinarios, comenzaron a buscar una tropilla que respondiera a las características originales de la raza criolla. Eso se hizo en la Patagonia porque allí aún no se habían cruzado las razas.

Nacimos con el caballo. Con mis hermanos nos criamos en el campo e hicimos toda la escuela primaria yendo de a caballo. Muy pocas veces en un Ford A, que teníamos, con puertas de lona. Y algunos de mis familiares fueron los primeros jugadores de Pato en la Argentina.

-¿Cuál fue su mejor caballo o el que más recuerda?

-Tuve muchos caballos. Pero tuve un bayo rosillo, cruza de criollo con un puro de carrera, al que domé y era muy mansito, tanto que mis hijos lo andaban en el campo. Trabajó de apadrinador -que son los que ayudan a los jinetes a dejar su propio caballo en las jineteadas- y me acompañó en las fiestas, lo llevé a Palermo muchos años. Entraba a la pista de una fiesta y apenas escuchaba la música ya se ponía en acción y esperaba a que lo mandaran a hacer lo que él debía. Era un maestro, ese caballo.

 

-¿Es cierto que llegó a jinetear en la cancha de River? 

-Sí, fue en 1960 cuando se hizo el sesquicentenario de la Revolución de Mayo y el Ministro del Interior del gobierno de Frondizi, Alfredo Vítolo, armó una semana de destrezas criollas en la que todas las provincias estaban representadas. Hubo salteños, cordobeses, mendocinos, bonaerenses. Y a los que no participábamos en las noches de modo oficial -porque éramos jóvenes estudiantes- nos dieron la oportunidad de jinetear todas las mañanas.

-¿La jineteada es la más representativa de las actividades de competencia del caballo?

-En todo el mundo, el hombre domesticó al caballo y le costó. Y al que no lo pudo dominar para poder andarlo, terminó destinándolo a las jineteadas, es decir, los indomables. Es el desafío entre el hombre y el caballo, de ver si lo voltea o no. Hay jineteadas en todo el mundo, en Macedonia, Australia, Nueva Zelandia, donde el rugby es el principal deporte y las jineteadas están en segundo o tercer lugar.

De ahí partió la Asociación de Destrezas Gauchas, porque hay gente que ha hecho una selección de ese tipo de caballos indomables y crían caballos en cantidad y no les fallan, unos más, otro menos, pero todos les salen indomables, con esos genes ocultos que están en todos los caballos y se despierta sólo en algunos. No hay una raza específica, de cualquiera salen caballos indomables. Yo tuve un caballo de pura raza criolla y toda su familia en su pedegree, fueron mansos, pero éste salió indomable.

Fundamos la asociación con carácter nacional, y celebramos un convenio con la Sociedad Rural Argentina por el cual ella aprueba como “nueva raza”, con estatutos, estándares (tipo de uniformidad y características generales) y lleva los registros de los pedigree. La cría utilizando la genética, transmisora de caracteres, hace la diferencia para trabajo o pruebas de rienda o la cría ya consolidada de caballos para jineteadas, que son los bravos, indomables. También hace la diferencia para las paleteadas o coleadas, pero éstas dos no entran en la categoría de “destrezas gauchas” de nuestra asociación.

-¿Usted ha vivido de las jineteadas toda su vida?

-Desde siempre nos hemos criado a la par de grandes jinetes y ellos nos han encaminado en esta pasión. Uno pasa por distintas etapas, de aficionado a ser un deportista medianamente bueno, hasta que empieza a decaer y termina organizando, ayudando y enseñando. No se si fui jinete, pero subí a varios reservados y he sacado algunos premios. Pasé a criar caballos de jineteadas, comprando, a tener cantidad y a armar fiestas tradicionalistas, siempre a beneficio de escuelas y otras instituciones. Nunca lo hice con fines de lucro ni viví de esto, pero siempre traté de hacerlo bien.

-Me imagino que además de River, la cima es llegar a La Rural de Palermo.

-Yo participé en las primeras jineteadas que se hicieron en Palermo, desde 1962 a 1964, pero luego me alejé porque me vine a Rauch a trabajar al campo. Luego volví a hacer jineteadas desde 1996 hasta 2006, en las exposiciones de julio, que son las más importantes. También participé en las primeras “paleteadas” y “coleadas” de Palermo, con los caballos criollos. Después me vinieron a ver unos chilenos para preguntarme si me animaba a hacer un espectáculo en la fiesta de la Media Luna, en Rancagua, donde se hacen las finales anuales de los rodeos. Acepté y armé una especie de cirquito, porque llevaba mis caballos reservados, mis jinetes y hasta cantores. Me llevaban ellos y me traían. Lo hicimos a partir de 1999, durante cinco años, porque fue un éxito, algo muy lindo, la pasamos muy bien y guardo buenos recuerdos. Y al final terminaron comprándome los caballos que había llevado.

-¿Cuál fue la jineteada que más recuerda?

-Hay muchas, sobre todo recuerdo las de pleno invierno, cuando terminábamos todos emponchados, del frío, en una escuela, o cuando se largaba a llover y se suspendía la jineteada y había que sacar a todos los autos encajados en el barro.

-¿Cómo explica esta pasión o atractivo en la gente de campo, de todo tipo y clase social?

-Es el atractivo natural del gaucho. El que anda a caballo se divierte el día domingo, en el campo, arreglando un caballo, tusándolo -que es cortarle la cerda-, acomodándolo, ensillándolo, domando algún animal nuevo. Y se entretiene adiestrando o jineteando.

-Existe toda una corriente de gente más bien urbana que no está de acuerdo con que esta actividad se practique como un deporte. ¿Le ve futuro a la actividad de las destrezas gauchas?

-Yo creo que tiene futuro, pero hay que luchar mucho. Yo he tenido diálogo con muchos representantes de estas posturas. Nosotros nos oponemos a una humanización del animal. Pero nosotros lo entendemos y lo queremos al caballo. Tenemos reglamentos para evitar que el caballo se lastime. Los tiempos de las jineteadas van de 8 a 14 segundos. No es una actividad tan exigente y cruel, porque se han aceptado todas las reglas, en todo el mundo. Ya sea en Estados Unidos o en Australia. Hay muchachos argentinos que están participando de los rodeos australianos y se han adaptado en sus espuelas, recados, monturas, a la perfección para que el animal no sufra.

-¿Y ve que es algo que guste a las nuevas generaciones?

-Sí, pero es distinto a los jinetes de antes, porque se ha vuelto muy profesional y los jinetes de ahora son mucho más atletas que nosotros. Tengo un yerno, de 25 de Mayo, que fue campeón en Diamante y siendo de campo se preparaba como un boxeador, saltando la cuerda, y ahora tienen hasta la cama elástica. En Estados Unidos se ha vuelto totalmente profesional. Allá hay toros y caballos mecánicos para enseñarles a manejar el cuerpo, como se hace en las escuelas de jockey acá en la Argentina.

En medio de la entrevista, Sarciat relata que lo han llamado de Uruguay para recorrer ellos el mismo camino y crear su propia asociación, porque hasta ahora se manejaban de modo informal. “Esto nos abre un camino nuevo que trasciende las fronteras y no tiene fin”, define.

-¿Y sigue asistiendo el público?

-Si, sigue habiendo un público entusiasta, algunos a favor del caballo y otros a favor del jinete, como en las corridas de toros, donde algunos están deseando que el toro le pegue una cornada al torero.

-Ustedes es amante de los caballos indomables… ¿Quién prefiere que gane?

-El hombre, porque duelen los golpes. Uno puede desear que el caballo haga todas sus demostraciones, que sea bueno, para que se destaque lo que uno cría, pero el jinete sufre más.

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El gaucho Corico Chávez recorrió el país a lomo de mula llevando el mensaje del Cura Brochero: Pasó cerca del obelisco y pensó “qué locura” http://wi631525.ferozo.com/el-gaucho-corico-chavez-recorrio-el-pais-a-lomo-de-mula-llevando-el-mensaje-del-cura-brochero-paso-cerca-del-obelisco-y-penso-que-locura/ Sun, 19 Sep 2021 11:20:55 +0000 https://bichosdecampo.com/?p=80281 Andrés Roberto “Corico” Chávez (59) vive en una chacra de 20 hectáreas que heredó de su familia, en San José, la zona papera por excelencia de Córdoba, en el valle de Traslasierra. Allí vivió siempre y formó una familia conformada por su esposa Carina y cinco hijos, cuatro mujeres y el último, Facundo, que lo […]

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Andrés Roberto “Corico” Chávez (59) vive en una chacra de 20 hectáreas que heredó de su familia, en San José, la zona papera por excelencia de Córdoba, en el valle de Traslasierra. Allí vivió siempre y formó una familia conformada por su esposa Carina y cinco hijos, cuatro mujeres y el último, Facundo, que lo ayuda en la tarea rural y se perfila como el continuador del emprendimiento familiar.

La historia de los Chávez es la historia de la colonización agrícola de esta zona bajo riego que está pegada a Villa Dolores. “Mi papá llegó con mis abuelos en 1930 a la edad de 8 años. Apenas había 6 familias en esta zona, muchas aguadas y la gente vivía de los frutales, duraznos, higos, pelones, uvas pasas. Se fue poblando y mi papá se hizo un pequeño tabacalero. Después se hizo carrero y fuimos naciendo nosotros”, rememora Corico.

Y continúa: “En esa época, la vida era muy dura. ¡Cómo lucharon mis viejos! En mi infancia y mi adolescencia, cuando hacían queso y mi madre amasaba y horneaba el pan. No había luz eléctrica ni televisión hasta que cumplí 15. Yo sembraba y araba con ese arado desde mis 8 o 10 años”, dice Corico, y señala un arado muy viejo junto a un poste de madera de retama que sobrevive desde la misma época.

“Mi padre se manejó en sulki hasta su último día, hace 10 años”, recordó.

Mirá la charla con Corico Chávez:

“Desde el año 1995 comenzó una etapa muy linda que duró unos 20 años, porque se crearon agrupaciones gauchas en todos los pueblos. Llegamos a tener un movimiento gaucho con reglamentos y normas, que todos acataban. Yo fui presidente de una comisión central, que se creó y dimos origen, en el año 2006, a un encuentro en un paraje tripartito al cual confluían gauchos de las tres provincias limítrofes: Córdoba, La Rioja y San Luis”, rememora el productor.

Hoy su chacra se fue diversificando para –como dice el refrán- “no llevar los huevos en una sola canasta”, haciendo alusión a lo difícil que es sobrevivir en nuestro país siendo chacarero. Cultiva papa, cebolla, maíz, zapallo, zanahoria, sandía, melón, tiene unos lechones, una vaca, una cabra, caballos y algunas mulas. Lo bueno es que acá te acompaña el agua del dique la viña. El tambo de cabras “La Colorada”, que es vecino, le da el suero para alimentar a sus lechones y él se lo canjea pagándole con alguna “gauchada”. Allí trabaja su hija, Victoria, como encargada de la fábrica de los quesos caprinos.

Corico dice que ahora a nadie le gusta “mular” –por andar en mula- pero él adquirió esa costumbre serrana de su abuelo. “La mula es mucho más segura para andar en las sierras y nunca te va a dejar a pie, porque no se enferma así nomás”, sostiene.

En sus charlas elogia todo el tiempo al sacerdote Jorge Rearte, quien inició las cabalgatas brocherianas, que se realizan a lomo de mula para recorrer la Argentina de punta a punta.

Rearte invitó a Corico, que es creyente, y en 2014 se sumó a peregrinar. Lo hizo unas cuatro veces, en 2016 desde Villa Silípica, en Santiago del Estero, hasta Misiones. La más larga, desde el Parque Nacional Lapataia, Tierra del Fuego, hasta Humahuaca, transitó el país durante más de cuatro meses, con dos mulas cada uno. Corico contó que anduvo hasta por los mismos senderos del General San Martín, en la cordillera.

Otra peregrinación llegó a Uruguay y de regreso, pasó cerca del obelisco en Buenos Aires. Chávez señala que lo impresionó mucho, porque todo le pareció muy raro, el apuro de la gente y tanto ruido, tantas luces. “Una locura”, dice y se ríe.

Concluye Corico: “Uno ya no tiene la misma fuerza. Pero igual tengo idea de hacer algunas peregrinaciones más, llevando el mensaje del santo cura Brochero”.

“Algunos piensan que uno va paseando y comiendo asados. Pero no, tuvimos muchos inconvenientes y viajamos con mucho sacrificio, pero al final nos dimos cuenta de que nunca sufrimos ni un dolor de cabeza, como que Dios o el Santo (por Brochero) protegió nuestra salud y nos colmó de felicidad y bendiciones, compartiendo con gente muy humilde y conociendo tan lindos paisajes de nuestro país”, define Corico.

Y añade: “Viajar así me dio otra visión de la vida, de saber que hay que valorar el presente y ser gaucho, sin aferrarse a las cosas, sabiendo dar una mano sin esperar nada a cambio”.

Corico nos quiso dedicar la zamba “Bellezas serranas” de Julio Alberto Tello, por Los Troperos de Pampa de Achala, que considera “el himno de Traslasierra”.

 

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La Peña del Colorado: Heredero del autor del tema folclórico más famoso del mundo, Marcelo Zaldívar lamenta que el Covid le impida seguir cantando para sus amigos http://wi631525.ferozo.com/la-pena-del-colorado-herededo-del-autor-del-tema-folclorico-mas-famoso-del-mundo-marcelo-zaldivar-lamenta-que-el-covid-le-impida-seguir-cantando-para-sus-amigos/ Thu, 06 May 2021 13:24:58 +0000 https://bichosdecampo.com/?p=66222   Marcelo Zaldívar es un gaucho bien tradicionalista, de 70 años de edad, nacido en la ciudad de Buenos Aires, pero su querencia ha sido siempre San Antonio de Areco, donde hoy vive. Es técnico en inseminación artificial y ha sido mayordomo de estancia en Olavarría, comisionista y vendedor de hacienda. Pero además, lleva la […]

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Marcelo Zaldívar es un gaucho bien tradicionalista, de 70 años de edad, nacido en la ciudad de Buenos Aires, pero su querencia ha sido siempre San Antonio de Areco, donde hoy vive.

Es técnico en inseminación artificial y ha sido mayordomo de estancia en Olavarría, comisionista y vendedor de hacienda. Pero además, lleva la veta artística de su familia: tiene facilidad para interpretar charango, quena, sikus, guitarra y demás instrumentos, y es cantor y autor de chamarras y estilos. Pero su instrumento preferido es el acordeón de 8 gajos y 2 hileras.

Su padre fue Edmundo Zaldívar (hijo), el autor del carnavalito “El Humahuaqueño”, considerada “La Cumparsita folklórica”, el tema del folklore argentino más famoso del mundo, que dice: “Llegando está el carnaval…”. Fue grabado hasta por Edith Piaff, Luciano Pavarotti y miles de artistas durante los 75 años que ya tiene de vida esta canción. Por este motivo, los restos de este prócer del folklore descansan en el pueblo de Humahuaca, Jujuy.

Marcelo reconoce que se debería haber dedicado de lleno a la música, toda su vida. Recuerda que su padre no manejaba autos y que él lo iba a buscar con sus hermanos a El Viejo Almacén, donde tocaba por las noches.

Cuando Marcelo tenía 17 años de edad, grabó dos canciones para la película Don Segundo Sombra. También tiene chamarritas de su autoría, y tres discos editados: “Mi tierra en un canto”, “Marcelo Zaldívar al estilo de Areco” y “Marcelo Zaldívar cuando cae el ángel”. Sacó su primer casete en el año 1991. Las tres canciones de su autoría que él más prefiere, son: “Preludio de un estilo”, “Mi tierra en un canto” y “Crecencio Medina”.

Este gaucho afable y conversador tiene mucho para contar de su pasada vida campera, y ahora, de su vida en fogones, pulperías y estancias de turismo rural, de Areco. Lo último que hacía era cantar los domingos para extranjeros en la estancia El Rosario, pero desde que comenzó la pandemia ha quedado cesante. Lo venía haciendo desde hace casi 20 años.

Además cantaba y tocaba casi todos los días en diversos lugares, porque para un artista, la música es vital, y la pandemia los paralizó. Es que a su modo de ver, no es lo mismo cantar en vivo y compartir con la gente alrededor de un fogón, o en un boliche o en un campo, que por internet.

Marcelo tiene 4 hijas mujeres, 2 varones y 10 nietos. Uno de sus hijos, Gonzalo, es platero en General Madariaga. Está orgulloso de ser amigo de Claudio Agrelo, de Honorio Serpa, de Los Hermanos Chávez, de Entre Ríos, del gran hacedor de peñas, Choché Márquez Urquiza, y de muchos más.

Antonio Tarragó Ros también es su amigo. Se enteró de que le habían robado a Marcelo el micrófono de su acordeón y le regaló uno de excelente calidad. Fue tal la emoción de Marcelo, que le encargó a su hijo Gonzalo un cuchillo verijero para regalárselo próximamente a Antonio. Marcelo preferiría no enviárselo, sino que Antonio lo fuera a buscar a Areco, como excusa para generar un encuentro de acordeones, y así tratar de cumplir un sueño: el de interpretar juntos, la bella melodía de Historias de la Argentina Secreta, que a Marcelo tanto le conmueve.

Marcelo Zaldívar nos quiso dedicar una bellísima “Milonga corralera”, que no tiene nombre y se desconoce su autor, pero que la tomó de su amigo, Ricardo Almandós Almonacid.

 

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Paula y Rubén protagonizan una historia gaucha de amor que va más allá de ellos dos: Folklore y hospitalidad en Roque Pérez http://wi631525.ferozo.com/paula-y-ruben-protagonizan-una-historia-gaucha-de-amor-que-va-mas-alla-de-ellos-dos-folklore-y-hospitalidad-en-roque-perez/ http://wi631525.ferozo.com/paula-y-ruben-protagonizan-una-historia-gaucha-de-amor-que-va-mas-alla-de-ellos-dos-folklore-y-hospitalidad-en-roque-perez/#comments Sun, 25 Oct 2020 11:33:52 +0000 https://bichosdecampo.com/?p=49957 Paula Reina nació y creció en Banfield, al sur de la Capital Federal. Todos los inviernos soñaba con ir de vacaciones al campo de sus padrinos, que eran peones, encargados de la estancia El Yuquerí, en Roque Pérez, al noroeste de la provincia de Buenos Aires. En la crisis del 2001, ella tenía 19 años. […]

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Paula Reina nació y creció en Banfield, al sur de la Capital Federal. Todos los inviernos soñaba con ir de vacaciones al campo de sus padrinos, que eran peones, encargados de la estancia El Yuquerí, en Roque Pérez, al noroeste de la provincia de Buenos Aires. En la crisis del 2001, ella tenía 19 años. Su hermana se fue a España y ella se fue a vivir al campo con sus padrinos, que tenían un hijo de 42 años, el Pocho. Comenzó a acompañar a éste en todos los oficios rurales, de a caballo, y de él aprendió a pialar, alambrar, vacunar, ordeñar y también capar. Tanto, que hoy no necesita de la ayuda masculina para ningún oficio rural. Pero además se enamoraron y se “acollaró” con Pocho. Pasaron muchos años juntos, sin tener hijos. Comenzaron  a hacerse su propia casita en Roque Pérez, porque Paula ya se daba maña para colocar pisos y levantar paredes.

De pronto, en 2014, se les vino encima la gran inundación del río Salado. Los padrinos de Paula eran muy viejitos y no querían dejar su casa. Como Pocho y Paula eran baqueanos salieron a salvar gente. Les llegaban con unas galletas arriba de los caballos que “no hacían pie” y manoteaban a los terneros de la cola y los cargaban en el recado.

En 2015 el agua les llegó a las ventanas, y Pocho, Paula y sus padrinos tuvieron que irse a la casa de Roque Pérez, ya casi terminada. Pero al poco tiempo le hallaron a Pocho un tumor en el cerebro. Lo operaron. Comenzó a perder la memoria y poco a poco se apagó el amor de pareja, pero el amor de amistad siguió intacto, porque Pocho era un gaucho fuera de serie, muy querido en todo el pago.

En 2016, Paula decidió separarse pero seguir compartiendo el mismo techo, la vida laboral y acompañarlo en su enfermedad hasta las últimas consecuencias. En 2017 compraron una casita en Carlos Beguerie, cerquita de Roque, para acondicionarla como alojamiento de fin de semana. A los pocos días, a Pocho le detectaron leucemia y comenzó a declinar.

Un día Paula, navegando en Facebook, empatizó con Rubén Feit, de 41 años, que le “chateaba” desde Ramírez, cerca de Diamante, en Entre Ríos. Rubén siempre prefirió llamarse recitador, y no payador, porque apenas toca la guitarra. En el año 2010 había creado en Ramírez, el programa radial “Ser campero”. Recitaba las publicidades con versos gauchescos. Fue ganando audiencia hasta que en el 2014 creó en su pueblo, el “Encuentro Internacional de Payadores”, en noviembre. Hoy tiene siete discos con recitados de sus payadas.

Rubén se había separado de su mujer y no dudó en viajar a Roque Pérez a conocer a Paula. Fueron a casa de Paula a buscar algo y Pocho, su ex marido, le preguntó: “’¿No va a bajar el gaucho?”. Y Rubén bajó. Pocho lo invitó con unos mates, y como se cayeron muy bien, le dijo: “No te vas a ir, quedate a compartir con nosotros un rico guiso”. Y Rubén se quedó y le contó que pensaba alquilar para juntarse con Paula. Pero Pocho fue más lejos y le dijo: “No alquiles, venite a vivir a nuestra casa”. Y así lo hizo.

Pocho había sido un peón de campo tan fiel que casi nunca había viajado. Rubén lo llevó a pescar a Entre Ríos, y como Pocho era mayor, lo trataba como al hijo que no tuvo. Un día estaban en medio de la nada, y a Pocho le dolía mucho un oído. Rubén, que había sabido “rumiar” el saber de los indios, buscó tres bichitos bolita, calentó aceite en una cuchara sopera, puso los bichitos en el aceite y luego los retiró. Dejó enfriar el aceite y se lo echó en el oído. Lo calmó enseguida. Parece ser que es una anestesia ancestral.

Rubén le cayó bien a toda la gente y Roque Pérez lo adoptó. Tanto que al poco tiempo le ofrecieron hacer su programa “Ser campero” en la radio más potente, y aceptó. Paula y Pocho lo acompañaban. Y en noviembre de 2021 hará el Encuentro Internacional de Payadores en el “Boliche El 55” de Roque Pérez.

Pero Pocho se estaba muriendo de leucemia y comenzaron las internaciones. Rubén se turnaba con Paula para cuidarlo. Pocho le decía a ella que estaba feliz de verla con tan buen compañero. Falleció en 2018.

El papá de Paula era carpintero y ella es artesana en madera, cuero y cerámica. En los días de lluvia hace cintos, forra mates, hasta hizo una jarra-tatú. Un año entero dio cursos en un taller protegido para chicos con capacidades diferentes y uno de ellos ganó la medalla de plata en el torneo bonaerense con una rastra.

A la casita de Beguerie la llamó Alojamiento turístico “El Rebusque”. Un día, con sus dotes de artista, se puso a cubrir una pared exterior -que tenía una mancha- con la técnica de componer figuras o paisajes con pedazos de mosaicos, que los catalanes llaman “Trencadís”. Al final cubrió casi toda la casa, con un gaucho que representa a Pocho y demás motivos camperos.

La casa quedó hermosa y ahora el pueblo la llama Pedazo de Pueblo, La pequeña Gaudí, la Casa Lúdica, porque fabrica juegos de mesa para los huéspedes y hasta puso un tradicional sapo. Tiene una matera, pileta de natación, una habitación con cama matrimonial y 4 camas individuales para que un grupo familiar pase un buen descanso. La panadería del pueblo obsequia a los huéspedes el primer desayuno, gratis, y ellos les pueden hacer un buen lechón o un cordero al asador, adornado de una buena payada. A Paula y Rubén les “llega un turista y se va un amigo”, dicen.

En Roque Pérez se realiza la fiesta de “La Noche de los Almacenes” el primer sábado de enero. Hay más de 10 almacenes llenos de historia para conocer y sólo dos de ellos permanecen abiertos durante el año. Cuatro de ellos están en Beguerie. Paula sigue trabajando en los campos y, arreando animales, le encanta sacarse selfies con una sonrisa de oreja a oreja, porque al vacío que le dejaron, su gran compañero Pocho y sus padrinos -que ya no están- sólo lo pudo llenar la llegada a su vida de otro gran gaucho, tan especial y querido, el entrerriano Rubén Fleit, que hoy es su pareja y con él sueña casarse y tener un hijo.

Ahí nomás Rubén nos grabó una payada para los Bichos de Campo y también la quiso dedicar a María Inés Goñi y Riki Olazagaste, de Roque Pérez, que los adoptaron como a sus hijos.

 

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Hijo de la estepa patagónica, Mauricio “Chato” González defiende las tradiciones gauchas cerca del fin del mundo http://wi631525.ferozo.com/hijo-de-la-estepa-patagonica-mauricio-chato-gonzalez-defiende-las-tradiciones-gauchas-cerca-del-fin-del-mundo/ http://wi631525.ferozo.com/hijo-de-la-estepa-patagonica-mauricio-chato-gonzalez-defiende-las-tradiciones-gauchas-cerca-del-fin-del-mundo/#comments Tue, 15 Sep 2020 13:49:49 +0000 https://bichosdecampo.com/?p=47420 Mauricio Alberto “Chato” González nació en 1973 en la estepa patagónica del Coirón, la “Cola ´e piche”, la Uña de gato, el Calafate, el Molle y el Llaollín o Yaoyín, más precisamente en Gobernador Gregores, centro geográfico de la provincia de Santa Cruz, pueblo de chacareros y de carreristas de caballos. Allí fue al jardín […]

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Mauricio Alberto “Chato” González nació en 1973 en la estepa patagónica del Coirón, la “Cola ´e piche”, la Uña de gato, el Calafate, el Molle y el Llaollín o Yaoyín, más precisamente en Gobernador Gregores, centro geográfico de la provincia de Santa Cruz, pueblo de chacareros y de carreristas de caballos.

Allí fue al jardín de infantes. Su padre era paratécnico de SENASA, inspector de sarna ovina. Sus abuelos paternos, inmigrantes españoles de la región de Asturias, fundaron una estancia de ocho mil hectáreas, que llamaron “Las Negras”, porque hallaron allí vacas negras matreras. Queda a 300 kilómetros al suroeste de Puerto Deseado, en la región del Bosque Petrificado.

En el año 1980 su familia se mudó a vivir a Puerto Deseado, sobre el mar Atlántico, pero pasaba sus vacaciones y algunos fines de semana en Las Negras, donde vivía su tío Mito, del cual aprendió desde “sancochar” o amansar un potro, a armar trampas para los zorros colorados que les comían los corderos, a castrar un yeguarizo, hasta a “medir las palabras para no estropear el silencio rural”.

Ya mayor de edad, Mauricio trabajó en el campo y más tarde hizo changas en el pueblo. Un día comenzó como chofer de un camión atmosférico, que con el tiempo logró comprar y hasta hoy esa actividad le da una estabilidad. En el 2002 se “acollaró” con Alejandra, quien hasta hoy pelea la vida, cuerpo a cuerpo, junto a él y le dio tres hijos.

En 2009 Mauricio compró media hectárea con su esposa a cinco kilómetros de “Deseado” y en  2015 emprendió un pequeño criadero de cerdos con 16 madres. Además de vender lechones “bien criados” -recordando las tradicionales carneadas-, empezó a elaborar y vender Jamones crudos, bondiolas, chorizos caseros con la receta asturiana de sus abuelos -conocidos como los “mal atados”- secos y ahumados.

Me cuenta que la colectividad boliviana le compra cerdos para cocinar sus “chicharrones”, un plato a base de trozos de cerdo cortados en tamaños medianos, fritos en el mismo tocino de la carne, a la olla o en discos de arados (con bordes altos), con mucha cebolla, y acompañados con una salsa extra picante como aderezo.

Desde chico, al Chato le gustaba escuchar los programas camperos y prefería las milongas y los payadores. En la escuela recitaba versos gauchescos y un día empezó a garabatear hasta que se largó a escribir cuartetas, sextillas y décimas. Desde 2013 a 2015 co-condujo “Atardecer campero”, en AM 740 Radio Puerto Deseado, un espacio para los músicos folcloristas, cantores, acordeonistas y payadores locales, donde comenzó a crear las publicidades con rimas bien “camperonas”.

A sus doce años empezó a desfilar, con caballos prestados, en las fiestas de la ciudad. Poco a poco fue colaborando en las distintas jineteadas y, juntando experiencias, llegó a formar parte de los jurados de las distintas jineteadas de la Patagonia. Hoy es vicepresidente de la Agrupación Gaucha “MAKAMENKE” -que significa “domador” en la lengua tehuelche- en la que ya lleva 25 años. Además es miembro de la Sociedad Rural, que es una de las más antiguas del país, con 107 años. El “Chato” formó parte de la organización de la Fiesta de la tradición, de la Fiesta Homenaje a los “Bravos de Malvinas”, y de otros festivales de jineteadas y destrezas. Ha participado de la Cabalgata a la Difunta Correa, en San Juan, y del Cruce de la Cordillera, por “los tres pasos sanmartinianos”.

Mauricio se hacía tiempo para administrar el campo familiar “Las negras”. Pero como a causa de la erupción del volcán Hudson, el mismo quedó improductivo desde el año 1991, su padre tuvo que invertir en la compra de otros dos campos, “El laurel” y “Cerro chato”. Este último, también para producción ovina, también los administra el Chato.

En esos años el avance del zorro colorado ya diezmaba las majadas, pero actualmente el mayor depredador es el puma, al que rastrean con perros adiestrados o con reflectores de noche y les tienden trampas y lazos. También en estos últimos años preocupa al sector ganadero la superpoblación de guanacos, para lo cual se ha implementado un plan estatal de manejo del animal.

A Mauricio le gusta hacer el cordero al asador, sin charquearlo -sin abrirle los cuartos-; y asados de Potranca, principalmente la parte de la “bania”, que es el vacío, también “al asador”. También el Costillar con paleta, de capón; o Bifes de picana de choique al disco, que son un manjar, bien adobados o simplemente con sal.

Otra especialidad es el el lomo de guanaco en milanesas. La carne de guanaco es ideal para preparar salamines o chorizos secos, dice el Chato. Otra curiosidad culinaria muy campera de aquellos pagos del sur -me cuenta- es la de preparar una salmuera con semillas de la chaucha del algarrobo.

A Mauricio le falta terminar su rancho, completar la educación de sus hijos y con eso ya se sentiría realizado. Su anhelo es que nunca se mueran las tradiciones camperas y seguirá luchando para que esto no suceda.

Eso sí, lo alienta el recuerdo permanente de su  “viejo”, Pipín” González, que lo educó con el ejemplo más que con la palabra, firme estampa de los patagónicos.

Mauricio, el Chato González quiso dedicarnos “Amor deseadense”, una canción de y por Walter López Parrilla.

https://www.youtube.com/watch?v=kk0CQ7lbGpU

 

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Las crónicas del Silvestre del Campo: “El otro secreto” http://wi631525.ferozo.com/las-cronicas-del-silvestre-del-campo-el-otro-secreto/ Fri, 04 Sep 2020 13:33:38 +0000 https://bichosdecampo.com/?p=46778 “Cualquier similitud entre el relato y personas reales es mera casualidad. El protagonista de este relato es un personaje ficticio”, nos advierte el autor, seguramente para evitar que alguien se pueda sentir ofendido. El núcleo del relato que sigue originalmente era parte de “En Secreto”, mi texto de agosto de 2020, publicado en Bichos de […]

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“Cualquier similitud entre el relato y personas reales es mera casualidad. El protagonista de este relato es un personaje ficticio”, nos advierte el autor, seguramente para evitar que alguien se pueda sentir ofendido.

El núcleo del relato que sigue originalmente era parte de “En Secreto”, mi texto de agosto de 2020, publicado en Bichos de Campo la última semana del mes, aunque que por ser largo y muy específico, tornaba algo deshilachado el conjunto. Este Secreto –el otro– describe un matiz sesgado, estrafalario y escabroso, pero igual de pintoresco del manosanta Don Atanasio Doctor Almirón. Por eso creo apropiado leer antes “En Secreto”, del que en realidad es una parte.

Las crónicas de Silvestre del Campo: “En secreto”

En general, la gente con voz grave habla pausadamente y sin gritar, no era el caso con Don Atanasio Almirón.

Él tenía un registro de bajo profundo, como Leonard Cohen o el Sarastro de La Flauta Mágica, pero además hablaba con un volumen apabullante, de megáfono. Supuse que era medio sordo.

Ya anticipé que su vozarrón especial, que se escuchaba de lejos, podía ser uno de los motivos que tenían los perros para detestarlo.

Una de las últimas veces que vino al campo para “curarle el mío mío” a una tropa, hizo lo de siempre y se quedó algunos días más, pero ese jueves tenía que volver a Mercedes.

Se me fue haciendo tarde, ya estaba anocheciendo, hacía mucho frío, cada tanto lloviznaba, yo estaba cansadísimo y me pesaba la perspectiva de manejar casi 4 horas con pésima visibilidad, que es lo que insume ir del campo a Mercedes y volver. Por eso estuve encantado cuando Almirón avisó que me despreocupara, que ya había conseguido “proporción” (*) porque don Juan Arrechea se había ofrecido a llevarlo.

Mi amigo Juan había llegado el día anterior para pasar una temporadita en el campo. Me sorprendió que adelantara su vuelta solo para llevar al Doctor.

Después supe que fue al revés, porque fue Almirón quien pidió a Juan que lo llevara y él aceptó de gaucho, pues sabía que yo estaba muy cansado. Pero siendo un hombre con muchas vivencias en el campo, también en la zona pampeana, pensó que por sus peculiaridades podía ser interesante conversar con el personaje durante el trayecto, casi un programa. Obviamente no tuvo en cuenta el daño auditivo, porque hacerlo en la cabina simple de una camioneta japonesa era una auténtica tortura.

Arrechea me refirió lo que sigue:

Ni bien salieron para Mercedes, Almirón pidió parar en el boliche de “Pueblito Paraguayo”.

Juan aprovechó a comprar cigarrillos y se asombró cuando el Doctor compró colonia.

Llegando al cruce de la estación Holgadino Poblari, había como siempre 2 o 3 travestis, ofreciéndose y mostrándose semidesnudos a pesar de la hora y el clima.

– Pare Don Juan, pare.

– Guarda Almirón, no se vaya a confundir, mire que estos son travestis, varones disfrazados de mujer.

Juan largó la acotación haciéndose el zonzo abriendo la puerta para que al hombre reculara, evitándole una situación desagradable e imposible de administrar.

¿Cómo hacerle el aguante al “Doctor” mientras este cumplía con lo suyo?

Vaya a saber si ante la falta de lugar más apropiado y estando en el medio de la ruta, no pretendería que Juan se baje un ratito de la camioneta. ¿O le estaba planteando un menage a trois en algún espantoso alojamiento de Poblari?

Almirón respondió a la advertencia:

– ¡Pero mire usté don Arrechea!

Es probable que también el paisano se estuviera haciendo el zonzo, aparentando sorpresa, porque es absolutamente improbable que Almirón ignorara de qué se trataba. Sí o sí tiene que haber pasado muchas veces por ese cruce de Poblari, parada conocida de los travestis y a escasos 30 kilómetros de su pueblo.

Las crónicas de Silvestre del Campo: “El último cigarro”

El hombre quedó en silencio unos instantes, aceptando que su compañero de viaje no era pierna para esa parada.

Sabía que había sido una mala apuesta, que Juan lo había pillado y terminó cerrando el asunto con su vozarrón estentóreo, sincerando que sabía de que se trataba y manifestando su resignación ante el programa frustrado.

– Pero ….. ¡También son “lindo”……. chamigooo!

Con Juan damos por hecho que el hombre planeó el asunto, contando con el dinero de los honorarios que traía en el cinto y por eso mismo prefirió que fuera él y no yo quien lo llevara de vuelta.

Es que el Doctor tenía conmigo una relación respetuosa y más bien distante, no se hubiera atrevido a pedirme que le hiciera el aguante y utilizó la picardía, primero para cambiar de chofer pidiéndole a Juan que lo lleve y luego para salir con honor del asunto y hacerse el boludo cuando se dio cuenta que Juan “no le pelaba” (**)

Dentro de todo y a pesar de lo procaz y grotesco del incidente, en Don Atanasio Doctor Almirón se pueden rescatar dos virtudes que se están perdiendo, incluso en el campo.

Respeto y pudor.

Respeto, por lo menos hacia mí,  por haber planeado que fuera otro quien lo acompañe.

Pudor, por que intentó usar el pretexto que Juan le puso a disposición, haciéndose el que no sabía que los travestis eran varones.

Silvestre del Campo

(*) Modismo de Corrientes. Una proporción es algo o alguien que puede llevarte a algún lado. “Salgo a la ruta para ver si consigo alguna proporción que me lleve a Curuzú”

 (**) Ídem en el litoral. No aceptarle algo a alguien. “Le ofreció poca plata por el caballo, pero él no le peló”.

 

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Las crónicas de Silvestre del Campo: “En secreto” http://wi631525.ferozo.com/las-cronicas-de-silvestre-del-campo-en-secreto/ Wed, 26 Aug 2020 14:41:21 +0000 https://bichosdecampo.com/?p=46133 Dedicado a Matías Piasentini   El Problema El asunto era serio, porque complicaba la integración productiva  entre dos establecimientos de la misma firma, ambos en la provincia de Corrientes. Un campo de malezal en el norte, allí no hay “mío mío”; el otro más al sur en el departamento Curuzú, en esas cuchillas sí, y […]

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Dedicado a Matías Piasentini

 

El Problema

El asunto era serio, porque complicaba la integración productiva  entre dos establecimientos de la misma firma, ambos en la provincia de Corrientes.

Un campo de malezal en el norte, allí no hay “mío mío”; el otro más al sur en el departamento Curuzú, en esas cuchillas sí, y brota como en almácigo.

El “mío mío” (Baccharis coridifolia o “romerillo” fuera de la Mesopotamia) es una planta muy tóxica, letal para el ganado que lo consume, algo que casi no les ocurre a animales que lo conocen por haberse criado en su presencia. (* )

En el invierno o cuando hay seca, esta maleza suele ser lo único verde que sobresale y el riesgo aumenta con hacienda hambreada. Yo mismo había tenido experiencias nefastas trayendo a Curuzú o a Entre Ríos, novillos desde donde no hay “mío mío”.

Hay técnicas camperas para prevenir (en Corrientes “curar”) la intoxicación, como frotar boca y morro con la planta o con una infusión de esta, pero si te pasás con lo del té y la frotada, la boca se les llaga. Por unos días les cuesta alimentarse, pierden estado y hasta el sentido del gusto y pueden volver a comerlo.

Otra alternativa –con esta no me fue bien- es hacer fueguitos con pilas del yuyo y para ahumar a los animales en riesgo. Pero sea cual sea la técnica, hay que estar atento y observar si algunos comen cuando se largan al campo. Cuando las precauciones fracasan e igual lo hacen, el último recurso es impedirles tomar agua.

Suele funcionar, en general sobreviven, aunque el rumen pueden quedar dañado de por vida.

En síntesis, que es un lío bárbaro y que todo ese trajín no es gratis, en el proceso de “cura”, enseñanza o acostumbramiento, el ganado pierde peso y algunos mueren.

Según mi estadística, aun cumpliendo con los protocolos de la medicina veterinaria popular, al introducir vacunos de otra zona la mortandad es del 1,5%, incluso soltando animales llenos o saciados.

En esos años, la falta de pasturas e instalaciones en ambos campos dificultaba aún más los procesos.

El Plan “B”

Desde siempre escuché de algunos que “curaban en secreto”, personas que poseen el conocimiento y el don para conjurar el daño de bicheras, verrugas, mío mío, etcétera. Algo que debe ser concedido por quien ya lo posee. Volveré sobre este punto.

Me resistía  –ya no– a creer en esas supercherías, pero el tema era importante y no resolverlo podía implicar ni más ni menos que manejar ambos campos por separado, como si fueran de distintos dueños.

Averigüé con ganaderos conocedores, consignatarios de hacienda aburridos de traer vacunos o yeguarizos que no “conocen” “mío mío”, también con capataces curtidos y hasta con veterinarios.

Todos  me remitían a una sola persona, el “Doctor” Atanasio Almirón, de quien nadie entre los que realmente tenían experiencia me supo referir fracasos concretos.

Terminó de convencerme un profesional, administrador de una compañía ganadera muy importante, acostumbrado a manejarse con un ejército de veterinarios, asesores, “coachs” y varios etcéteras, un estado mayor más numeroso que el personal de a caballo.

-¿Sabés qué Silvestre? Dejá de joder, búscalo al “Doctor” Almirón y terminá con el tema, no vas a tener problema.

El “Doctor” Atanasio Almirón

Hace 15 ó 16 años, el hombre tendría alrededor de 65 y vivía en la orilla de Mercedes.

Cuando lo encontré iba a pié tironeando una ternera guacha con una soguita, para dejarla a la vuelta de su casa en un baldío que estaba lindo de pasto.

Hacían un calor y una humedad africanos, pero él tenía puesta una boina de lana cruda, más adecuada para agosto que para ese febrero sofocante.

Sirve completar la traza del hombre.

Pantalón corto negro, holgado y muy gastado, de los que usaban los futbolistas en la época de Bernabé Ferreyra, esos que se ajustaban con dos piolas como de zapatilla, cuyos extremos a él le colgaban sin atar.

El calzado, botas de goma, las cañas recortadas arriba de los tobillos con una tijera de tusar.

Camiseta con agujeros grandes, originalmente anaranjada, todavía se entendían el emblema de un partido político y el nombre de un candidato de años atrás.

Encima la camisa de trabajo de algodón grueso color caqui, las mangas abrochadas al puño.

Sujetando el conjunto contra una barriga prepotente y firme -no era una panza caída- la faja negra de lana, de esas que ya casi no se usan.

Cuando me presenté, me pasó una tarjeta de impresión casera y confeccionada por alguien en cartulina de colegio, decía: “Doctor Atanasio Almirón”.

Posteriormente supe que el nombre completo en el DNI del personaje era “Atanasio Doctor Almirón” (sic). También que su onomástico coincidía con “San Atanasio Doctor de la Iglesia”. Con picardía él había alterado el orden de los nombres.

Le expliqué los motivos de mi urgencia:

Acababa de descargar una ternerada recién destetada que no conocía “mío mío” y que acumulaba días de trajín en medio de una ola de calor.

La tropa venía muy sufrida por la juntada, la clasificación, el destete, los tratamientos de “limpieza” de garrapata, un arreo de más de 2 leguas, desde el campo de origen al embarcadero, y con toda la burocracia de entonces para cargar y despachar:

Que el paratécnico, que el policía, que volcar en una planilla la parva de dígitos y letras que integraban la identificación de cada uno de los terneros.

Después de salir y hacer 45 kilómetros de camino de tierra,  llegar al pueblo y estacionar los camiones al sol, mientras se “visaban” los documentos.

Además los camioneros tuvieron que descansar un rato, prolongando aún más la duración prevista de 7 u 8 horas de camión. Finalmente, habían descargado a la madrugada en un encierre.

En resumen, todo eso que conocemos los ganaderos del norte, tan difícil de hacer entender a cierta burocracia.

Allí estaban los terneros, hambreados en un corral del que surgía un balerío lastimero.

El tiempo les jugaba en contra, pero largarlos así nomás sería suicida.

Había manejado situaciones similares, con éxito regular, pero con lotes mucho menos numerosos.

Esta vez era otra cosa y yo estaba jugado, magia o técnica, si no funcionaba, sería un desastre.

Cuando le pinté mi cuadro de situación, el “Doctor” no pareció preocuparse ni tampoco compartir mi urgencia. Si aceptó salir esa misma tarde fue más que nada para tranquilizarme. Se lo agradecí, aunque aclaró que acababa de volver de viaje y necesitaba tomarse unas horas antes de que lo buscara. Su idea era llegar al campo esa tardecita con algo de luz como para hacer “el trabajo”.

Cuando lo busqué,  la traza era muy diferente, a su manera, prolija.

Nuevamente es imprescindible la descripción:

Bañado y afeitado, se había puesto un diente de oro.

Sombrero de paño negro y ala 12, pañuelo al cuello, botas de cuero; cinto ancho con un par de hebillas muy grandes a la espalda y adelante una rastra con el centro en forma de escudo, también inmenso, casi como para poner al frente de una comisaría.

En el trayecto hablamos poco, en parte porque aturdía con su vozarrón, pero me interesó saber algo de él y me contó que esa misma mañana había llegado de hacer un “trabajo” en un establecimiento adonde lo habían llevado y traído en avión.

-¿Adónde fueron tan lejos Don Atanasio, para tener que ir en avión?

-Pero no sé Patrón.

Por el nombre del campo, me di cuenta que había estado en una cabaña muy importante y muy conocida de otra provincia. El casi no tenía idea de dónde, tampoco le interesaba.

Como curiosidad, me sorprendió su pregunta sobre si había muchos perros adonde íbamos, si eran sujetos y si no podrían atarlos o mejor llevarlos a otro lado. Equivocadamente supuse que era para impedir que la perrada alborote a los terneros mientras el curandero hacía su “trabajo”.

Sobre Almirón, apenas pude saber que en la juventud había sido tropero, especialmente trayendo ganado desde “las Misiones” hasta los remates de Mercedes, donde casi no hay “mío mío”.

En Corrientes, para la gente de campo de cierta edad, Misiones es una provincia, pero todavía algunos llaman Misiones a todo el nordeste correntino.

Primer “trabajo” con nosotros

Cuando llegamos, no me dio ni un tiempito como para ponerme en capilla y meditar por última vez sobre el riesgo que estaba asumiendo.

Solo y por intuición, Almirón identificó al capataz, le pidió un caballo y le dio instrucciones para que se dispusiera a acompañarlo a largar los terneros de donde estaban encerrados a un potrerito contiguo.

El capataz se sintió obligado de advertir a Almirón en forma fehaciente:

-Mire Don que ese piquete tampoco tiene mucho pasto y hay mucho “mío mío”.

Dijo algo obvio, pero la advertencia fue hecha en mi presencia para desligar cualquier responsabilidad ante lo que podía ocurrir. No quería compartir conmigo la más mínima parte de la culpa.

Fue como si Don Almirón no hubiera escuchado la notificación del capataz, porque ahí nomás montó y salió a caballo detrás de los terneros que por el hambre se desparramaban rápidamente en abanico apenas pasaban la tranquera, dejando de balar por primera vez desde que llegaron.

El “Doctor” llevaba las riendas en la mano izquierda y la derecha atrás, a la altura de la cintura o adelante, en el hueco que hay entre los dos bastos y la carona, lo hacía apretando un puñadito de “mío mío”.

Mientras el caballo iba al paso, él murmuraba algún rezo.

Adelante el capataz, después los terneros, atrás de los terneros él, yo a pie cerrando la procesión, caminando rápido y estirando el cuello para intentar ver lo que pasaba.  Magia o técnica, si no funcionaba, sería un desastre.

No habrán pasado más de 5 minutos desde que el último ternero pasó por la tranquera y Almirón, que estaba como 200 metros por delante, dio vuelta su montado y tranquilamente se puso a mirar un padrillo que estaba al otro lado del alambre; quizás lo hizo como compadrada o para hacerse el interesante.

Por fin vino para mi lado.

-¿Y ahora, Don Almirón, qué falta hacer?

-Ya está.

-¿Cómo ya está?

-Ya están curados patrón.

Semi “agregado” a la estancia

La segunda o tercera vez que lo traje, cuando terminó con su función almorzó con la gente y se quedó un rato conversando con ellos debajo de unos naranjos. Los dejé tranquilos un rato, pero luego tuve que avisarle que se aprontara para llevarlo.

Me avisó que pensaba quedarse unos días, no fue pregunta, solo informó.

Desde entonces siempre que venía se instalaba, evidentemente la pasaba bien o como dicen en Corrientes, “se hallaba”.

El personal estaba pendiente de él y hacía su trabajo con displicencia, yo no podía evitarlo, tampoco quería. Se salteaban la siesta y quedaba por largos ratos con el “Doctor”. Por la noche también la seguían hasta tarde y claro, a la mañana siguiente andaban a los bostezos.

Es que veían a Atanasio Doctor Almirón como lo que era, una suerte de mago o taumaturgo, de intermediario con lo misterioso. Eso en Corrientes se toma muy en serio, más en el campo, donde las “médicas” suelen ser la primera opción ante alguna dolencia o golpe.

Con los paisanos podía ser bastante locuaz en temas como parejeros, jinetes, reservados famosos de los festivales de doma, etcétera.

Varias veces los oí hablando de arreos, algo que casi dejó de haber, pero los jóvenes vieron a sus mayores participar o escucharon de grandes tropeadas y por eso su admiración y curiosidad:

¿Cuántos días de marcha hay de tal lado a tal otro? ¿Cuáles eran los rondaderos? O si le les había ocurrido de grandes tormentas eléctricas y disparadas.

Eso sí, Atanasio Almirón jamás hablaba sobre su trabajo de curar el “mío mío” en secreto y por prudencia tampoco le preguntaban. Pero un día tuvo que dejar bien en claro su reserva sobre el asunto, cuando un “mencho”, muy bueno e ingenuo pero algo desubicado, pretendió que el “Doctor” le enseñara su ciencia.

Ahí nomás y de una, el curandero lo puso en su lugar apelando a una zafaduría, con toda la intención de avergonzarlo delante de los compañeros. Santo remedio.

Las crónicas de Silvestre del Campo: “El último cigarro”

Abordaje racional fallido

Durante 2 o 3 años, traíamos al “Doctor” para que ejerciera su ciencia cada vez que se recibía hacienda que no conocía “mío mío”.

Su eficacia fue casi absoluta; muy de vez en cuando moría algún animal intoxicado, en general vacunos que fueron trasladados siendo adultos.

Él me había prevenido, insistiendo en que si el ganado tenía más de 4 dientes, esperara 3 ó 4 semanas después de la cura, antes de mandarlos a bañados sin “mío mío”, para que los novillos no “perdieran el sentido”, olvidando lo que él les había transmitido.

Durante un tiempo seguí buscándole una explicación lógica al asunto, pero desde su primera visita tuve que descartar de plano la explicación reiterada por quienes pretendían que la trampa estaba en que los animales se saciaran en un lote sin “mío mío”, antes de largarlos a otro bien empastado pero con “mío mío”, algo que supuestamente les daba la alternativa de seleccionar los bocados reduciendo el riesgo.

Restaba enfocarme en el procedimiento de Almirón. Después de algunos “trabajos” del Manosanta creía saber de memoria la parte visible de su liturgia, pero faltaba conocer esos sortilegios misteriosos que parecían ser lo más importante del proceso.

No basta con el cómo ni con repetir las fórmulas

En la Feria de Tristán Narvaja de Montevideo encontré por casualidad tres tomos de unas revistas muy viejas con la transcripción de un manuscrito de Roberto J. Boutón (Él lo llamó “Bien Criollo”) y era la recopilación de costumbres rurales del Uruguay  de fines del siglo XIX y principios del XX.

El autor describe exactamente el ritual visible que yo conocía, pero además incluía una serie de rogativas muy estructuradas y específicas, algo que en su momento habrá sido muy difícil de recopilar y que hoy aún más.

Inferí que como si la parte visible de la liturgia que representaba don Atanasio, coincidía con la descrita por Boutón, los conjuros serían también los mismos.

Para entonces ya casi había dejado de buscarle una explicación racional al proceso, que no parecía tener justificación científica. Pero tampoco me terminaba de resignar concediendo que todo fueran magia o capacidades recibidas.

De un modo bastante “light” y poco convencido, suponía la existencia de un vínculo mecánico entre el ritual completo y la inmunidad al “mío mío”, y que en algún momento hasta podía aparecería esa explicación positivista que terminaría por explicar el funcionamiento de la “cura”.

Si era así, para alcanzar los resultados debería bastar con la simple repetición mecánica del ritual (sortilegios incluidos), sin necesidad de que nadie me transmitiera ningún don ni nada.

¿Para qué lo habré intentado? ¡Fracaso total!

Se murieron todos los terneros, aunque por suerte o como licencia a mi creciente resignación a la irracionalidad, había tenido la prudencia de probar con un lotecito reducido.

Almirón y los perros

La personalidad de Atanasio Doctor Almirón se integraba con matices sorprendentes, entre estos su relación con los perros, porque él les tenía mucho miedo y los detestaba, tanto como los perros lo detestaban a él.

En contra de lo que había pensado por sus insistentes pedidos de mantenerlos alejados, el problema no era que interfirieran mientras el “curaba” los terneros.

Cuando Almirón y quienes  le ayudaban salían a caballo, la perrada no los seguía, algo que es muy raro, porque desde que un paisano se dispone a ensillar, los perros dan vueltas alrededor de los palenques, locos por salir al campo. Pero cuando Almirón montaba con ellos, se mantenían alejados y el hombre si andaba por la cocina o por las piezas, bastaba que lo vieran a media distancia o que escucharan su vozarrón, para que se erizaran y le torearan y los más bravos hasta podían ensayar una atropellada.

Porque otra particularidad era su voz, gruesísima y a todo volumen, que en parte asocio con el nerviosismo de la perrada.

Atanasio Almirón y yo

No puedo decir que con Almirón hayamos desarrollado una amistad recíproca, no era hombre de escuchar a los demás, yo tampoco lo soy. Sin embargo él me consideraba y solía consultarme sobre cuestiones y ámbitos en los que sin justificación, me tomaba como una enciclopedia.

El universo de sus curiosidades e intereses podía ser tan sorprendente como las cosas que no le interesaban en lo más mínimo y en general aprovechaba para hacerme esas preguntas entre largos intervalos de silencio, cuando la gente había salido al campo y podíamos tomar unos mates:

-Dígame Don Silvestre ¿El Antonito Gil era dañino (por el gauchillo Antonio Gil)-. En Corrientes dañino se suele usar por ladrón).

Otra más que recuerdo entre unas cuantas rarezas:

-Patrón ¿Usté hubiera ido a pelear a las Malvinas? Yo conozco otros patrones que fueron, pero eran correntinos.

Con el tiempo y en confianza, le dije lo que había aprendido mirándolo y también la parte de los sortilegios que yo había podido averiguar por mi lado. No le oculté mi experimento fallido.

-Ajá- dijo… Y se quedó callado.

No se rió, no sonrió, ni mostró el más mínimo gesto de sarcasmo ni de satisfacción por mi fracaso al haber invadido sus incumbencias. Pasaron varios minutos y me dijo: “Patrón, a eso se lo tiene que pasar alguien” (yo conocía el nombre de quien había beneficiado a Almirón habilitándolo para curar “en secreto”).

Es que ese don de curar “en secreto” debe recibirse de quien lo posee y éste a su vez solo puede concederlo a una o dos personas en toda su vida. Algo que debe ser hecho en una fecha religiosa determinada, con luna en menguante y en otras circunstancias y condiciones precisas.

Todos querrían haber sabido lo que él hacía, pero Atanasio entendía que mi interés no pasaba por lo económico. De cualquier manera no termino de comprender por qué tuvo conmigo ese gesto.

El secreto y el don

Lamenté mucho la muerte de Almirón hace ya algunos años, y supe que su hijo había recibido de él el don de curar en secreto. Me dicen que es bastante eficaz, pero yo no necesito traerlo.

Puede parecer trillado o mala copia de Borges recurrir a textos u hojas de libros que se esfuman misteriosamente o que de pronto aparecen en blanco.

La realidad es que cuando nos incendiaron la “mayoría “ de la estancia (En Corrientes “mayoría” es la casa patronal de un establecimiento), se quemaron mis tres ejemplares (los tomos XXVIII,  XXIX y XXXI) de la revista Histórica de Uruguay. Los mismos contenían la transcripción de los manuscritos de Bouton antes mencionados, donados al museo por su viuda.

Posteriormente los volvieron a publicar como ordenados y prologados por Lauro Ayestarán, con el título “La Vida Rural en El Uruguay”.

Hace algunos años encontré en Punta del Este, esa edición del texto de Bouton “La Vida Rural en El Uruguay” (** ).

Lo estuve revisando sin demasiado interés, yo no lo necesito pero me había parecido oportuno consignar la cita con las oraciones del ritual.

Ahora veo que esto no tiene sentido, pues en su momento pude comprobar que el simple conocimiento del proceso o la memorización y repetición de fórmulas no alcanzan para curar el “mío mío” y además, es mejor que esas cosas no se anden desparramando por ahí.

Silvestre del Campo

(* ) La Historia Olvidada: Batalla del Mio Mio – María Sáenz Quesada, La Argentina. Historia del país y de su gente.

(**La Vida Rural en El Uruguay – Prólogo y ordenación de Lauro Ayestarán – Convenio – Ediciones de la Banda Oriental y Ediciones de la Biblioteca Nacional Montevideo – 2009

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Agro-Discos: Martín Miguel de Güemes, el gaucho más cantado http://wi631525.ferozo.com/agro-discos-martin-miguel-de-guemes-el-gaucho-mas-cantado/ Mon, 17 Jun 2019 16:35:17 +0000 https://bichosdecampo.com/?p=23661 Revolviendo los arcones de la internet nos encontramos con un excelente trabajo de la profesora María Cristina Fernández, que integraba el Instituto Güemesiano de Salta, escrito y presentado en junio de 2005. Se trata de un gran resumen sobre las cerca de 170 composiciones musicales que homenajearon al caudillo salteño y héroe de la Independencia […]

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Revolviendo los arcones de la internet nos encontramos con un excelente trabajo de la profesora María Cristina Fernández, que integraba el Instituto Güemesiano de Salta, escrito y presentado en junio de 2005. Se trata de un gran resumen sobre las cerca de 170 composiciones musicales que homenajearon al caudillo salteño y héroe de la Independencia Juan Martín de Güemes.

Dice la historiadora que son numerosos los autores que han dedicado obras a exaltar la gesta de Güemes. Y menciona una serie de figuras consagradas: Jaime Dávalos, León Benarós, Carlos Staffa Morris, Jorge Díaz Bavio, Félix Luna, César Perdiguero, Hernán Figueroa Reyes, Payo Solá, Eduardo Prieto, Manuel J Castilla, José Ríos, Constante Aguer, Argentino Luna, Tito Segura, Arsenio Aguirre y algunos otros.

Luego Fernández selecciona algunas de esas obras, que nosotros quisimos compartir en Bichos de Campo como modo de acercarnos a la historia de este personaje histórico tan representativo de Salta.

¡Viva Güemes! fue escrita por León Benarós y fue estrenada en 1971 por Hernán Figueroa Reyes, integrada por 11 temas.

El Cid Americano. Cantata de Claudio Román, musicalizada por Chichí de Angelis y su Orquesta de Cámara Folklórica. Estrenada en 1971, interpretada por Martín Mármol, Isabel Martiarena; Susy Feliz, Marité Medrano y Jorge Lanza. La integran 12 temas.

Güemes, la tierra en armas: Banda original de la Película estrenada en 1971 “Güemes, la tierra en armas”, compuesta por Félix Luna y Ariel Ramírez. La integran 9 temas, tres con letra y música, seis instrumentales. Interpretada por Mercedes Sosa con el acompañamiento de Jaime Torres y Ariel Ramírez.

A Güemes: Escrita, musicalizada e interpretada por Jaime Dávalos. La integran doce temas.

Güemes, por una América Libre: Escrita por Jorge Díaz Bavio y musicalizada por Enrique Ibarra. La integran 6 temas.

Güemes Eterno: Escrita por Carlos Luis Staffa Morris e interpretada por Zamba Quipildor. Estrenada en Salta el año 2001. La integran 2 recitados y 5 canciones.

Romancero de Güemes: Basado en el poemario de Julio César Luzzatto, cuya idea y realización pertenece al Lic. David Slodky, musicalizado dentro del género clásico. La integran 17 temas.

Además de todas estas composiciones, que suman 97 temas, la historiadora detectó que había 28 temas íntegramente dedicados al Gral. Güemes o a personajes vinculados con la gesta. Por ejemplo: Gaucho Guerrero; La Luis Burela; La Macacha; Carmencita Puch, Juana Azurduy, La Juana Moro, etcétera.

Adicionalmente se encontraron 30 temas que mencionan a Güemes o a sus gauchos en alguna de sus estrofas. Por ejemplo: Saltita; Corazón salteño; Al cantar una zamba; Mi niña, Gendarmes de la Puna, etcétera.

Nosotros nos quedamos con “La Martín Güemes”, por el gran Jorge Cafrune:


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Investigación: El director de Equinos esquiva la crisis del turf mientras hace “gauchadas” para sus amigos http://wi631525.ferozo.com/investigacion-el-director-de-equinos-esquiva-la-crisis-del-turf-mientras-hace-gauchadas-para-sus-amigos/ Tue, 17 Jul 2018 23:20:12 +0000 http://bichosdecampo.com/?p=10783 El director de Equinos del Ministerio de Agroindustria, el veterinario Patricio Digilio, mantiene un absoluto silencio sobre la fuerte polémica que por estos meses ocupa a los criadores de caballos pura sangre de carrera (SPC), una de las actividades hípicas más importantes del país. La gobernadora María Eugenia Vidal ha decidido avanzar sobre un fondo […]

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El director de Equinos del Ministerio de Agroindustria, el veterinario Patricio Digilio, mantiene un absoluto silencio sobre la fuerte polémica que por estos meses ocupa a los criadores de caballos pura sangre de carrera (SPC), una de las actividades hípicas más importantes del país. La gobernadora María Eugenia Vidal ha decidido avanzar sobre un fondo de 1.000 millones de pesos que financia la actividad y permite sostener, según dicen los turfistas, una industria con 80 mil puestos de trabajo en la Provincia. Sin embargo, Digilio no ha dicho palabra sobre la cuestión. Ni en contra ni a favor de esa iniciativa.

Ver: Investigación: El llamativo silencio de “la autoridad de aplicación” de la política hípica

Digilio es la “autoridad de aplicación” de la política hípica en la Argentina, un país que figura entre las principales potencias globales en lo que se refiere a la cría de caballos y hasta en su exportación. Según dice en su muro en Linkedin asumió ese cargo en marzo de 2009, bajo el gobierno kirchnerista. Lleva 9 años y cinco meses de gestión y nunca se ha movido de esa silla. Es un caso raro de supervivencia política, que confirma que a veces los cambios que se pregonan en tiempos de campaña electoral finalmente nunca suceden.

Digilio sobrevivió como funcionario del gobierno de Cambiemos a pesar de haber participado, el 5 de octubre de 2015, de aquella foto que muchos consideran fatídica. En el teatro Argentino de La Plata, el ex ministro y ex candidato a gobernador bonaerense, Aníbal Fernández, presentaba el que hubiera sido su gabinete productivo si ganaba las elecciones que luego perdió frente a Vidal. El director nacional de Equinos subió al escenario como parte de un grupo encabezado por el secretario de Agricultura de aquel momento, Gabriel Delgado, quien sonaba para el Banco Provincia.

No es grave eso, para nada grave, porque para ser funcionario del Estado no se necesita sintonizar con tal o cual idea política.

Digilio permaneció como director de Equinos del gobierno de Cambiemos durante la gestión de dos ministros, Ricardo Buryaile hasta octubre de 2017 y Luis Miguel Etchevehere desde aquel momento. Permanece todavía allí, en ese importante cargo, a pesar de algunas incompatibilidades que son fácilmente comprobables.

La primera de ellas es que Digilio ocupó durante largos años un doble puesto de trabajo dentro del Estado Nacional, ya que a su lugar de funcionario del Ministerio de Agroindustria sumaba un empleo en Lotería Nacional Sociedad del Estado. Allí ingresó por decreto 1.684 del 21 de noviembre de 2006, que designa una lista de personas en planta transitoria, entre ellos a este veterinario. Y hay registros públicos que lo vinculan a ese organismo por lo menos hasta abril pasado. Salvo que haya renunciado a alguna de las remuneraciones, se acumulan ocho años de doble salario.

No parece tan grave eso porque todos necesitamos trabajar, a veces en más de un lugar, para redondear un ingreso que nos permita vivir con decoro. Pero desde hace mucho tiempo está prohibido hacerlo en dos reparticiones del Estado al mismo tiempo.

Digilio se mantuvo ininmutable en su puesto pero cometiendo otra visible irregularidad: a pesar de ser el responsable de la política hípica nacional integraba además la conducción de una institución civil que podía llegar a verse beneficiada con algunas de las medidas que él mismo tomaba como funcionario: la Asociación Criolla Argentina. Debería haber renunciado a ella, como hizo Etchevehere con la Sociedad Rural.

Con la misión declarada de “defender al ser nacional” y “difundir el arquetipo argentino, el gaucho”, muchas de las cosas que hace esta ONG –como los cursos de herrado, para empezar- están vinculados con el caballo. Los gauchos lo están.

Digilio llegó a ser presidente de la Asociación Criolla Argentina en el periodo en el que Aníbal perdía las elecciones y Vidal comenzaba a navegar por las difíciles aguas del gobierno: en el bienio 2015/17. Luego, en septiembre del año pasado, dejó ese puesto a manos del actual titular de la entidad, Alberto Spinelli. De todos modos, el funcionario de Agroindustria continúa siendo todavía en la actualidad el tercer vocal en la comisión directiva. Y participa de sus actividades. Por ejemplo, de los actos del último 20 de junio, por el día de la bandera.

Aunque tampoco eso parecería demasiado grave…

La Ley 24.303 establece que todos los 6 de diciembre, que es el día que en 1872 se publicó el Martín Fierro, se celebre el “Día Nacional del Gaucho”. Una de las principales tareas que realiza la Asociación Criolla Argentina en los últimos años ha sido la organización, justamente por ese momento del año, una conmemoración como la que el Gaucho se merece. Hubo entonces festejos en Chivilcoy y los hubo en Azul. Los hubo con jineteadas, con payadores y con recitales.

Digilio, como director de Equinos de la Nación, pero también como integrante de la Asociación Criolla, fue quien dio inicio a por lo menos dos expedientes destinados a otorgar subsidios oficiales para apuntalar la organización de estas fiestas. Entre 2014 y 2015 se aportó una suma total de 2 millones de pesos de parte del Ministerio de Agroindustria, que se canalizó hacia la Asociación Criolla a través de la Fundación Unión, vinculada al gremio de estatales UPCN, que luego figuraba como sponsor de la Feria.

Los expedientes respectivos son:

  • Exp 70009-2014 – Resolución 884/2014 – Destinando a la Fundación Unión un subsidio de 800 mil pesos para colaborar con la organización del Día Nacional del Gaucho
  • Exp 58925-2015 – Resolución 812/2015 otorgando a la Fundación Unión 1.200.000 pesos de aporte para el Día Nacional de Gaucho

Esto sí que parece realmente grave. Más allá de que el dinero haya sido destinado efectivamente a la organización de los festejos gauchescos, Digilio por lo menos incurrió en un claro caso de conflicto de intereses y violó una gran cantidad de artículos de la Ley de Ética en el Ejercicio de la Función Pública.

Digilio conoce bien el trasfondo de la pelea actual respecto de los recursos estatales para la actividad hípica, pues trabajó tanto en Lotería Nacional, rodeado de tragamonedas, como en la Dirección de Equinos, rodeado de caballos y pistas de carreras. Es la máxima autoridad nacional para las diversas actividades hípicas, y sin embargo guarda un absoluto silencio sobre la crisis que atraviesa al turf y que podría condicionar la cría de ese tipo de caballos en el futuro.

La hípica es el área de su competencia, pero Digilio no dice nada, no se pronuncia. Su gestión en Agroindustria parece estar más bien enfocada en hacer gauchadas para los amigos.

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