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La entrada Córdoba tendrá una Escuela de Comunicación Agropecuaria: “Esta falsa dicotomía entre campo y ciudad fue instalada de forma premeditada”, dice el decano de Agronomía, Juan Marcelo Conrero se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La primera idea de la Escuela nació en julio 2014 pero fue hace poco, este 2021, cuando se dio el gran salto: la UNC realizó un convenio con el Círculo de Periodistas Agropecuarios de Córdoba para ofrecer capacitación a sus asociados y fue en ese intercambio de ideas donde Conrero propuso crear la Escuela de Comunicación Agropecuaria donde participan la Facultad de Ciencias Agropecuarias y la Facultad de Ciencias de la Comunicación, que ya comenzará a funcionar en el próximo mes de agosto.

-A veces parece que el sector hace piezas de comunicación que le gustan al sector pero sin pensar mucho en su público objetivo. ¿A qué cree que se debe?
-Creo que la mayoría de los casos es por no contar con los conocimientos básicos de comunicación y por no conocer el lenguaje de cada medio o plataforma en la que nos expresamos. Entonces perdemos todos: el medio, la facultad y el público porque amplificamos el problema y no aportamos solución. Al mismo tiempo, el sector ha hecho muy bien su comunicación interna en la concepción que ese es el público objetivo (el periodismo) pero sin darse cuenta de que una publicidad a nivel de medios masivos también llega a oídos de toda la sociedad y aquí es donde comienzan las malas interpretaciones.
-¿Cuál es la línea editorial o de comunicación de la Escuela?
-Que no podemos hacernos los distraídos: hay una batalla que debemos darle a las campañas del miedo y de la desinformación y creemos que eso se hace con más conocimiento. Nuestro mayor desafío es restaurar los canales de diálogo que han sido dinamitados en los últimos años: la gente de las ciudades tiene miedo y muchas veces la asiste ´la razón´ porque no hay conocimiento suficiente, y aquí creo que muchas universidades no estuvimos a la altura de las circunstancias acompañando a la gente mediante la difusión y comunicación con información científico-técnica (no ideológica) que pudiese ser entendida por la ciudadanía.
-Hay un gran trabajo por hacer…
-Sí porque hay que arrancar con esto de “cambiando temor por conocimiento” mediante capacitaciones para mejorar la formación de los comunicadores sobre producción agropecuaria y, a la vez, brindar herramientas modernas y estrategias de comunicación a los diferentes actores de los sectores agropecuario, agroalimentario y agroindustrial para poder transformar esta realidad. Con esta iniciativa, puedo decir que estamos escribiendo una nueva página de responsabilidad social, para la Universidad Nacional de Córdoba.

-En su opinión, ¿qué debería mejorar el sector de su comunicación?
-Es un riesgo simplificar el “qué debería mejorar el sector”. No obstante me arriesgo a decir hay que empezar por la forma de comunicar o contar nuestras verdades. Las críticas más recurrentes es que “no sabemos comunicar”, así que desde hace muchos años venimos trabajando junto a todos los periodistas de Córdoba (hoy integrados al Círculo de Periodistas Agropecuarios de Córdoba) dándole forma a diferentes piezas de comunicación, aportando respuestas en diferentes programas y entrevistas. También comprendimos que como el proceso es complejo y multidisciplinario es necesario sumar los criterios instituidos en la Facultad de Ciencias de la Comunicación.
-O sea: la comunicación tranqueras adentro ya está hecha y ahora hay que ir más allá…
-Es que todos entendemos a nivel nacional que el sector agropecuario tiene un falencia enorme en la comunicación con el resto de la sociedad argentina y que hoy, a través de las redes sociales, es importante que cada uno de los integrantes del sector agropecuario pueda formarse para conformar una gran red de comunicadores de lo que nuestro sector implica y aporta para toda la sociedad argentina. Ya está claro que no solo se trata de la formación de periodistas sino que debemos avanzar en el diseño e implementación de “estrategias comunicacionales para nuestro sector” que incluyan a la población involucrada en el agro.
-¿Nos puede dar algunas ideas de cómo se puede hacer?
-Necesitamos ser más empáticos, ponernos en el lugar del otro y no sólo comunicar a los propios actores del sector sosteniendo que ´total hacemos las cosas bien y no hay de qué preocuparse´. De allí nuestro error original, ya que nuestros públicos están tanto dentro como fuera del sector agropecuario. El objetivo de poner en Marcha la Escuela de Comunicación Agropecuaria es aportar herramientas para que todos los actores de la cadena agropecuaria, agroalimentaria y agroindustrial logren fortalecerse a través del conocimiento de la comunicación efectiva. Para ello debemos trabajar interdisciplinariamente programas de educación formal en todos sus niveles (pregrado, grado y posgrado), como así también capacitación mediante el dictado de cursos y talleres para brindar soluciones a una problemática que se viene arrastrando desde hace tanto tiempo en nuestro país.

-¿Cómo podemos dar ese primer paso?
-El primero y más importante es el que ya hemos dado en nuestra Provincia, donde el trabajo interinstitucional con el gobierno, asociaciones, universidades y empresas es una acción cotidiana. Por ello, la Escuela de Comunicación Agropecuaria contará con un Consejo Asesor que será presidido por el/la directora/a de la Escuela y estará integrado por un representante de cada uno de los sectores involucrados: Las facultades de Ciencias Agropecuarias y de la Comunicación de la UNC; el Círculo de Periodistas y Periodistas Agropecuarios de Córdoba; el Ministerio de Agricultura y Ganadería; la Secretaría de Ambiente; el Centro Regional del INTA; la Fundación FADA; la Fundación COLSECOR; la Mesa de Enlace de Entidades Agropecuarias; la Bolsa de Cereales; el Colegio de Ingenieros Agrónomos; el Colegio de Comunicación Social y cámaras empresarias. Más otras organizaciones que puedan sumarse y de esta manera podremos abrir nuevas visiones y “el cómo” surgirá del proceso de escucha que abordaremos con la comunidad, sintonizando las necesidades que nos expresen los diferentes actores socio productivos.
–¿Por qué será que mucha gente “se alegra” cuando al campo se le ponen retenciones e impuesto? ¿Cómo puede ser que aun sabiendo racionalmente que es un sector que ayuda al país se esté de acuerdo con “castigarlo”?
-Existe una intencionalidad basada en una necesidad política de desprestigiar un sector pujante para justificar quitarle de forma desproporcionada y así sostener el déficit que ellos mismos generan con las malas políticas implementadas. Más de una vez hemos participado activamente en espacios de discusión que cuestionaban el aporte o el valor del profesional en ciencias agropecuarias o los demás actores de la cadena agroalimentaria.

-¿Será que todo esto es lo que alimenta “la grieta”, independientemente de las ideas políticas?
-Es probable porque esta construcción imaginaria está presente en la mayoría de los argentinos y va más allá de lo estrictamente político. Esta falsa dicotomía entre campo y ciudad fue instalada de forma premeditada por los máximos referentes políticos de nuestros propios gobiernos como estrategia de acumulación política y de consolidación de un sistema basado en el asistencialismo condenatorio para sostener pobres y dependientes del gobierno. Esta teoría de castigar al laburante y premiar al que no, necesita indefectiblemente de la grieta para poder lograr fuerza social que los ampare y encubra para sostenerse ellos mismos en el poder.
-¿En eso trabajará la Escuela?
-Desde ya y es más, podemos repasar la letra que Diego Torres interpreta en su tema “La grieta” quien le puso melodías a preguntas tales como: “¿Quién puso reglas al juego de la verdad? ¿Quién decidió lo que está bien sin preguntar?” Nosotros, como universidad pública, en los temas que tengamos autoridad vamos a opinar y a preguntarnos lo mismo que se pregunta la sociedad porque nos debemos a ella. La Escuela de Comunicación Agropecuaria tendrá como desafío integrar todas las visiones y durante el proceso de formación vamos a reflexionar puertas adentro sobre todas las problemáticas que nos vinculan con la sociedad porque sabemos que todo proceso pedagógico educativo tiene que problematizar el contexto para descubrir e incorporar nuevos conocimientos. La clave está en el proceso de escucha.
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]]>La entrada La grieta por los agroquímicos vuelve a apoderarse del INTA: El director nacional desautorizó un pedido de la Experimental Pergamino para poder seguir investigando se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Para los lectores desatentos, “antojadizo” debe ser leído como que es una decisión que no tienen sustento técnico y que surge de un antojo del juez federal de San Nicolás, Carlos Villafuerte Ruzo. Pod´ria haber definido 100, 500 o 1.000 metros, pero definió 1.095.

En agosto de 2019, y tras la denuncia de una vecina del lugar que denunció diversas enfermedades por la presencia de agroquímicos en el agua potable, ese magistrado aplicó el “principio precautorio” y estableció esa fuerte restricción, que dejó fuera de producción -al menos con la modalidad más convencional- cerca de 6.000 hectáreas de las tierras más productivas de la Argentina.
Dentro de esta prohibición, el INTA Pergamino tiene nada menos que 631 de las 744 hectáreas de las que dispone. Y allí, desde hace meses, los investigadores que se dedican a desarrollar tecnologías para la agricultura más tradicional de la zona no pueden ensayar con insumos de origen sintético. Esto representa una gran limitantes la tarea natural del INTA, que es la investigación. Algunos ensayos pudieron amucharse en la zona donde aplicar agroquímicos está permitido. Pero en otros casos eso no fue posible.
Mariano Luna, un reconocido entomólogo que trabaja allí, relató su propia odisea para seguir con los ensayos de control de plagas. Y hasta se tomó la situación con humor, al pedir por las redes sociales que les prestasen algunas hectáreas en otras zonas. Ahora, con la reculada de la conducción del INTA quedo expuesto de mal modo.
Lo que había pedido Trebino, para tratar de salvar estos inconvenientes y poder desarrollar las tareas habituales del INTA, era un permiso judicial o una suerte de excepción. Es decir que se “autorice a continuar con las tareas de investigación y producción” dentro de la experimental y como parte “de un programa de investigación que tiene como objetivo desarrollar un modelo productivo sostenible”.
Pero la organización de la abogada Sabrina Ortiz, llamada Naturaleza de Derechos y que fuera la que inició este conflicto judicial a mitad de 2019, rechazó el pedido del director regional del INTA y denunció que Trebino “oculta” que dentro del predio de la Experimental Pergamino funcionan un jardín de infantes y una escuela agrotécnica.
Para la abogada, el pedido del INTA para poder seguir trabajando se funda “en el falso entendimiento de que los procesos investigativos presentados son benévolos e inocuos, cuando en realidad por las extensiones y el uso de agrotóxicos son tan peligrosos y contaminantes como los procesos productivos desarrollados en las parcelas de los demás imputados y procesados que motivaron el inicio de la causa judicial”. Ortiz llega incluso a desmentir el uso “experimental” de la EEA Pergamino: “Se trata también de procesos productivos cuyas resultas luego son comercializadas y gestionadas por una cooperativa del Inta Pergamino”, afirma sembrando sospechas.

Frente a esta reacción, lo que hizo ahora Parera, la máxima autoridad administrativa del INTA luego de su presidenta Susana Mirassou, es pedirle formalmente a Villafuerte Ruzo que “desestime” el pedido que había hecho Trebino para continuar con los ensayos.
La situación vuelve a dividir a la comunidad de investigadores del propio INTA. Hay una camada importante de trabajadores, la mayoría de ellos incorporados durante el gobierno de Cristina Kirchner, que deploran públicamente los agroquímicos y prefieren promover la agroecología como método alternativo. Pero también hay muchos investigadores de larga data que afirman que prescindir de insumos sintéticos será imposible al menos en el corto plazo, y si la Argentina pretende mantener los niveles productivos actuales.
Los sindicalistas de ATE que representan a los trabajadores de Pergamino están claramente alineados con la primera posición. Enviaron una carta al juez pidiendo que la institución no sea exceptuada de la prohibición, como el resto de los campos de la zona.

Parece absurdo que un organismo técnico no logre consensuar una posición técnica respecto de lo que solo son insumos. Pero la gran carga ideológica que existe en torno al debate social sobre los agroquímicos ha permeado hasta el Instituto que debería ser palabra autorizada en la materia. Tanto así que en tiempos del kirchnerismo el INTA y sus investigadores tenían prohibido pronunciarse en torno a este tipo de debates de modo público. Luego, en 2018, los kirchneristas acusaron al gobierno de Macri de haber prohibido utilizar a sus técnicos la palabra “agrotóxicos” para referirse a los productos fitosanitarios.
En este debate casi infantil y bastante idiota, en el que la desautorización de Parera parece haberle dado la razón al sector que deplora los agroquímicos, la más afectada es la comunidad productiva de Pergamino, que pide el cese de la antojadiza distancia establecida por la justicia federal (repetimos que no hay argumentación técnica para que sean 1.095 metros de exclusión, cuando hay municipios que establecen distancias preventivas mucho menores a esa) y la vigencia efectiva de la ordenanza municipal 8126/14, que regulaba sobre estas cuestiones.
“La ordenanza da suficientes garantías para asegurar la salud de la población y el cuidado del ambiente. Es
necesario destacar que con ligeras variantes, este tipo de medidas rige en todo el ámbito de la Provincia de Buenso Aires”, dijeron en un comunicado una decena de organizaciones de productores de esa zona.
En esta carta a su comunidad, las entidades recordaron “el perjuicio de la medida precautoria en las 6.000 hectáreas afectadas en el periurbano de la ciudad de Pergamino, con la consiguiente pérdida de productividad que impacta no solo en la economía de los más de 100 productores afectados, sino también a la comunidad toda”. También marcaron “las externalidades negativas en el deterioro de los suelos por las labranzas y la no reposición de nutrientes y la proliferación de malezas y plagas, entre otros aspectos ambientales”.
Pero ante esas situaciones los ambientalistas no ofrecen reparos.
Las entidades de productores también fueron solidarias con el INTA, al recordar que el fallo judicial de larga data “afectaba al desenvolvimiento de la investigación, la experimentación y la enseñanza, ya que en la zona afectada desarrollan actividades instituciones públicas y empresas privadas dedicadas a la innovación de tecnologías para el sector agropecuario”.
“El INTA, con su Estación Experimental de Pergamino que data de 1912, ha producido en su rica trayectoria innumerables desarrollos tecnológicos en beneficio de la producción agropecuaria del país. Basta mencionar sus aportes en variedades mejoradas de especies forrajes, cereales y oleaginosas, producción de carnes vacuna, aviar y porcina. De sus experimentos en manejo de suelos, rotaciones de cultivos, control integrado de malezas y plagas, surgieron los principios de la agricultura conservacionista moderna adaptada a esta región, entre los cuales se destaca la siembra directa”, subrayaron.
En el comunicado se recordó que dentro de esta área de la experimental, se encuentra la ECANA (Escuela de Ciencias Agrarias, Naturales y Ambientales) dependiente de la UNNOBA y la Escuela de Educación Secundaria (EESA N°1) Lorenzo R. Parodi. “En la primera se forman Ingenieros Agrónomos y en la segunda Técnicos Agropecuarios. Ambas unidades académicas no pueden realizar las prácticas que establecen los respectivos planes de estudios por las prohibiciones establecidas, lo que afecta a la adecuada formación de ambos tipos de profesionales”, se destacó.
Este escrito está firmado por la Asociación Ingenieros Agrónomos del Norte de Buenos Aires, Coninagro, la Federación Agraria, los grupos CREA, la Regional Aapresid Pergamino-Colón, la Sociedad de Cerealistas del Norte de la Provincia de Buenos Aires y la Sociedad Rural de Pergamino.
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]]>La entrada El hombre frente al tanque: O cómo entender la reacción del periodista frente a los ataques en las redes sociales se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>El periodista agropecuario no debe saber como un ingeniero agrónomo ni nada por el estilo, porque producir no es su tarea. Debe tener un conocimiento básico para entender la historia que tiene que contar, pero no está obligado a memorizar ni densidades de siembra ni principios activos ni nombres de semillas. Su oficio es escribir, no obtener buenos rindes. Son los productores los que deben contarle cómo se hacen las cosas en el campo.
Hay periodistas agropecuarios que han incursionaron en la actividad productiva, pero son muchos más los casos de fracasos que de éxitos. También hay productores que en algún momento pasaron por el periodismo. Pero la mayoría se cansó al descubrir que era mucho más sencillo y rentable producir soja que escribir una crónica sobre la pelea de las barras de Flandria y Almagro, 60 líneas y que no falte nada.
El periodista agropecuario no debe ser especialista en agronomía ni el productor tiene por qué saber escribir una noticia. Hay algunos periodistas agropecuarios que aparentan saber más de agronomía que los profesionales del propio sector, pero eso suele ser solo porque quieren impresionar a sus audiencias y sobre todo a sus anunciantes.
El mejor mérito de un periodista nunca es tener un gran conocimiento sobre algo sino contar con la capacidad de identificar a la gente que sí sabe, escucharla, entender los escenarios y construir una historia con todo eso que no le pertenece. Mucho más se necesita de ese don cuando hay conflicto en torno a una noticia, y más de una posición en pugna. En ese caso se requiere además de mucho equilibrio.
La inmensa mayoría de los periodistas agropecuarios no tiene más que un par de macetas en el balcón, pero no necesita tenerlas: no producimos, hacemos otra cosa. Eso no es malo sino muy bueno: que haya periodistas profesionales cubriendo lo que sucede en el agro le aporta a la construcción de las noticias que involucran al sector un muy sano equilibrio.
Ya hemos logrado formar un par de generaciones de periodistas agropecuarios que trabajan en los principales medios de difusión y que no son ni ingenieros agrónomos ni hijos de productores ni gente vinculada al sector ni a sus negocios: son simplemente periodistas. Ahora, quienes pensamos que esto es bueno estamos enfocados en otra batalla, que es conseguir mejores ubicaciones para hacer nuestro periodismo especializado, lo que implica salir de los espacios marginales, para intervenir más y mejor en la construcción de la agenda informativa.
A la inversa de este proceso de profesionalización del periodismo agropecuaria, en los últimos tiempos suele suceder que muchos productores se ponen a difundir noticias, a escribir y hasta a cuestionar a los periodistas. Muchos lo hacen cotidianamente en las redes sociales, porque para eso sirven estas nuevas plataformas, que sin duda son más democráticas y horizontales que los medios de comunicación tradicionales.
El hecho de que algunos productores y agrónomos escriban profusamente en las redes no los convierte en periodistas. Están muy lejos de serlo. Las redes son más bien propaladoras, que esparcen la información y el conocimiento (también la desinformación y el desconocimiento). Pero esa difusión está muy lejos de reemplazar el periodismo, que como ya se dijo es un oficio que tienen sus propias reglas y sus secretos, como la agronomía tiene los suyos.
La mejor evidencia de que los productores que escriben en las redes jamás podrán reemplazar a los periodistas es justamente su falta de conocimiento del oficio, lo cual es muy sano porque ellos son productores y saben hacer otra cosa. En muy raras ocasiones escriben manteniendo el sano equilibro al que debe tender el periodismo. Casi nunca, mejor dicho, escriben desde afuera de la noticia. Más bien, suelen considerarse ellos mismos como parte de la noticia. Sus ideas, sus vivencias, sus problemas y sus rencores lo son. Ellos forman parte. No logran casi nunca guardar la distancia recomendable.
La mayor parte de los productores de este país son acosados de mal modo y tienen derecho a sentirse mal. El agro -y sobre todo los productores- en la Argentina hace rato que es una minoría, el hijo bobo al que es muy fácil someter, la Cenicienta. Sufre el éxodo rural, la falta de reglas estables, la alta presión impositiva, el prejuicio histórico, la sospecha ambiental y muchas otras desgracias. Lo sabemos los periodistas porque continuamente entrevistamos a productores que nos cuentan esas y otras penurias.
Como perros apaleados desde chicos, cuando pueden expresarse algunos productores lo hacen con grandes dosis de bronca y de impotencia. Es lo que deja traslucir de modo permanente la población de productores y técnicos que interviene en las redes.
Las redes sociales y en especial Twitter, que se enfoca más en la agenda noticiosa y política, representan un terreno fértil a esas semillas de rencor y resentimiento conque razonablemente carga el sector productivo en un país que suele darle la espalda y lo somete a un destrato cotidiano. Muchos integrantes de la comunidad agropecuaria solo difunden sus cosas y tratan de hacer visible esta realidad despareja. Pero muchos otros que se reconocen víctimas se abroquelan, y forman jauría.
Muchos productores sienten que como ellos están enojados, los periodistas especializados en cubrir el sector debemos estar tan enojados como ellos. Pero no siempre sucede así y tampoco tiene por qué pasar: ya se dijo que hacemos cosas diferentes y el enojo es además un muy mal consejero para hacer nuestro oficio. La soja no crece si solo la regamos con rabia. Tampoco florecen así las noticias.
Los periodistas solemos utilizar estas redes en las que muchos productores destilan su rabia con el objetivo primordial de divulgar el fruto de nuestro trabajo: las noticias. A partir de ese suceso, la difusión de una noticia, puede suceder que muchos productores expongan su bronca o desazón porque no les gusta lo que leen. No les gusta la noticia en una realidad que suele serles adversa. Están en su derecho de opinar, de putear y hasta de destilar odio. Derecho de lector. La noticia pasa a pertenecerles y las críticas forman parte de las reglas de juego.
Los perros suelen marcar territorio. En jauría lo hacen de modo más violento. Pero nadie ha establecido hasta acá que Twitter deba ser una gran perrera ni un territorio solo apto para polemizar, denigrar a los demás o insultar a quien piensa diferente. A todos se nos puede soltar la cadena alguna vez, pero la gran mayoría de los periodistas usamos este terreno para informar, simplemente porque creemos que esas noticias son útiles a muchos otros, incluyendo a una comunidad agropecuaria que suele estar dispersa.
La noticia agropecuaria hace rato que ni empieza ni termina con los productores, aunque varios de ellos se crean el centro mismo del universo. También, en el mundo contemporáneo, está muy cuestionada la idea de que sea más viril el que la tenga más grande, o que sea el más sabio quien acumula la mayor cantidad de datos. Los periodistas eso lo tenemos muy claro: Existe Google y si no se pregunta. Ignorar, dudar e investigar es la base de nuestro oficio.
Desde hace un buen tiempo la agenda del agro está condicionada por múltiples actores que tienen derecho a expresar sus opiniones tanto como los productores, y que de hecho lo hacen, comenzando por los consumidores, los reyes del mercado. Por eso está muy bien que las crónicas de los periodistas del agro incluyan de vez en cuando a las Soledad Barrutti y sus reparos sobre cómo se producen los alimentos.
El ambientalismo, mal que le pese a muchos y a pesar a veces de sus modos autoritarios, también es una voz a considerar. Cada vez más. Sobre todo ahora que el planeta se está calentando y nadie tiene muy claro por qué motivo. Es muy sano que el periodismo agropecuario incorpore entonces las voces de los Hernán Giardini advirtiendo sobre el desmonte y otras dimensiones del problema. Muchos modos de producción están en discusión en este nuevo escenario.
También están los Juan Grabois, que mal que nos pese nos recuerdan que vivimos en un país llenos de pobres. O los Nahuel Levaggi y su UTT, tratando de demostrar que la agroecología puede ser un camino hacia la “soberanía alimentaria”. Y hasta aquel periodista trasnochado que se hace un análisis de sangre en busca de glifosato.
Pero sobre todo hay en el país, y dentro del propio sector productivo, cientos de agrónomos y de emprendedores que creen que hay modos diferentes de producir y están haciendo ensayos. No sabemos si tienen razón. Pero no podemos invisibilizarlos. No sería de buenos periodistas hacerlo.
Negar estas voces sería construir una noticia incompleta. Repetir únicamente los argumentos de quienes los descalifican como interlocutores válidos, de quienes los impugnan solo por pensar diferente, sería construir una crónica con un parche en el ojo, traicionar nuestro oficio. Hacer un periodismo de mierda. Como la soja RR, en el buen periodismo necesita combinar distintos genes en la búsqueda del equilibrio.
Los periodistas agropecuarios sabemos que no siempre tienen razón estas voces disonantes. Lo tenemos clarísimo. Sabemos además que hay gran dosis de injusticia y de interés en la demonización de la producción agropecuaria convencional que muchos de estas nuevas fuentes pregonan. Pero no por injusta o dolorosa la noticia no debiera ser contada. Una guerra es una guerra. Una polémica es una polémica. Que puedan llegar a existir dos bandos no obliga a los periodistas a tener que optar por uno de ellos. Todo lo contrario, enfatiza en la necesidad de tomar distancia. A lo sumo seremos cronistas de guerra. Los agropecuarios estamos lamentablemente muy acostumbrados a serlo.
Quizás estas confusiones acumuladas sean la razón para este tan largo escrito. No hay corporativismo, pero sí una defensa de nuestro oficio. No hay mucho periodista que se crea productor, pero sí hay cada vez más productores que creen que pueden ocupar los roles del periodismo. No hay mucho periodista que quiera enrolarse en el ejército, pero sí cada vez más productores que pretenden que los periodistas solo usen sus armas y batallen únicamente en defensa de sus intereses. Pero no es eso lo que nosotros hacemos. Ni producimos soja, ni somos soldados de ejército ajeno.
Los periodistas agropecuarios no solemos tomar a un productor individual como objetivo de nuestras broncas ni lo exponemos graciosamente ante nuestros lectores. Quizás lo hagamos con algún político o algún dirigente que ha decidido asumir cierto grado de responsabilidad y de exposición. Pero no solemos elegir un blanco para descargar nuestra andanada de bronca.
En cambio, suele suceder últimamente que algunos productores parecen divertirse exponiendo a los periodistas (a los que desertan de sus filas, claro). Y lo hacen frente a su propia jauría. Los perros se ponen felices al despellejarnos. Mueven la cola al grito de “comunistas”, nos espetan ignorar de lo que hablamos (recuerdo que la ignorancia es la base de nuestro oficio), nos acusan de recibir “sobres” y de actuar condicionados por extraños poderes ocultos. Todo tipo de afrentas soportamos de esa plebe incendiaria, que en general se escuda en el anonimato que se permite en las redes.
La más insólita agresión, pues surge de un pensamiento perverso, la pudimos leer días atrás: Un productor muy reconocido por sus pares (con muchos seguidores hay que decir ahora) afirmó que los periodistas éramos responsables de las desgracias de su sector por haberle dado micrófono a los Grabois o a las Barruti. Según ese razonamiento, la responsabilidad de que al agro le vaya bien o mal no era culpa ni de los políticos, ni los dirigentes rurales, ni del propio sector, ni de los chinos, e incluso tampoco la era de los propios detractores del modelo de producción. Éramos nosotros los que le hacíamos daño aplicando la primera premisa de nuestro oficio, tratar de ser ecuánimes haciendo del modo más plural posible nuestro trabajo.
Son, entendemos, solo mordiscones de perro rabioso contra los cuales por suerte se ha inventado una buena vacuna desde hace rato. Lo mejor será ignorarlos.
Aunque aquí subsiste un problema algo mayor que el de un simple bull dog embravecido por la fuerte presión impositiva sobre su renta, que parece ser el único tema que lo desvela. Y es este pequeño problema el que justifica tan largo texto.
Los productores se dedican a producir; los periodistas a escribir noticias. Suele suceder que unos disponen de un capital importante, ya sea en campos propios o en maquinaria o en cabezas de ganado, y hasta corresponde que se los considere como empresarios.
Los otros son o simples empleados rasos o emprendedores que pocas veces disponen de muchos bienes más allá de un celular y una computadora. Parece trillada la frase, pero no deja de ser real: el mayor capital que tiene un periodista es su credibilidad. Muchas veces depende solo de ella para poder seguir trabajando.
¿De qué le sirve a algunos productores denigrar a quienes debieran ser sus aliados para construir una información equilibrada sobre el sector? ¿Cuál es el regocijo de esmerilar el crédito de los periodistas agropecuarios? ¿Qué extraño placer encuentran en calificarlos de “ensobrados” y “zurdos”, o en tratarlos de “ignorantes”? ¿En serio creen que deberíamos saber de todo? ¿En serio creen no estar jamás equivocados?
¿Por qué no aceptar que pueden existir otros puntos de vista? ¿Es un buen camino el de la confrontación? ¿No terminan construyendo una imagen demasiada hostil y perjudicando al resto de su sector?
No sé cuándo fue que sucedió que hacer bien el oficio de periodista agropecuario se transformó en una molestia para algunos productores. Quizás fue culpa nuestra que nos desviamos del oficio, pero no creo. Yo presiento con honestidad que el problema esta vez lo tienen los productores, dentro de sus propias filas. Por eso lo escribo.
Los productores se dedican a producir alimentos. Los periodistas a contar noticias. Para jugar a la guerra, mejor no convocar a ninguno de ellos.
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]]>La entrada Una cosecha récord en un país con pobreza récord: La explicación del productor Guillermo Lenti se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Bichos de Campo aprovechó la reunión de la Fundación FADA en Río Cuarto para hablar de este cortocircuito con diferentes personas. En este caso entrevistamos a Guillermo Lenti, el presidente de esa entidad formada por productores agropecuarios de esa zona del sur cordobés.
“Los argentinos estamos en una trampa muchas veces creada por los dirigentes de turno, que son los que provocan la fragmentación y la división en el país, porque es rédito para ellos y no para el conjunto de la sociedad”, dispara Lenti desde el principio, echando sobre la clase política buena parte de la culpa de que convivan en el mismo país estas dos realidades.
Escuchá las palabras del presidente de FADA:
Reflexiona Lenti: “Nos ponemos a discutir si somos de derecha, de izquierda o de centro, cuando tenemos problemas básicos sin resolver en los últimos 80 años. ¿Cual es la razón para discutir sobre ideología cuando no tenemos resueltas las necesidades básica de todos los argentinos?”
Luego afirma: “Si estaríamos todos juntos, si no estuviéramos divididos por la famosa grieta, elegiríamos de otra forma. Elegiríamos el proyecto que nos presente una Argentina de mediano y largo plazo, pero también de quien puede presentar la resolución inmediata de estas necesidades”.
“Tenemos que dejar los ‘anti'”, implora el productor cordobés y titular de la Fundación FADA, quien se manifestó en contra además de quienes fagocitan una diferencia entre el sector agropecuario favorecido por la devaluación y las poblaciones urbanas pauperizadas.
“Al campo hay que dejarlo producir porque si no nadie produce. Y hay que cobrarle los impuestos que correspondan, para con ese dinero solucionar las cuestiones sociales pendientes”, asegura el productor.
La entrada Una cosecha récord en un país con pobreza récord: La explicación del productor Guillermo Lenti se publicó primero en Bichos de Campo.
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