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La entrada Para Cabaña San Edmundo el hecho de no tener tierra propia se terminó transformando en una fortaleza estratégica se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“Esa debilidad se convirtió en nuestra fortaleza. Una de las cuestiones que más sufren los animales es la mudanza y, al hacerlo, las que quedaban sin duda eran vacas con muchísima rusticidad. Se fortificaba así el rodeo porque implicaba que había superado todas las pruebas. De ahí han surgido toros, hijos de esas vacas, que han trascendido mucho”, dijo Fernando Hernández a Bichos de Campo.
Aunque en los papeles dice que estudió la carrera de Letras, todo lo que Hernández sabe lo aprendió de su papá, que fue productor en la zona de Tandil, y de amigos que estudiaron veterinaria y agronomía, que lo llevaron a trabajar en distintos campos de la provincia de Buenos Aires. Es por eso que a la hora de crear su cabaña, tuvo más certezas que dudas.

El proyecto se inició en General Belgrano, pero el rodeo luego visitó las localidades de Carlos Tejedor, Chascomús, Ayacucho, Benito Juárez, Tandil y Brandsen, localidad esta última en la cual permaneció más tiempo. El mayor número de animales que llegó a tener fue de 300, distribuidos entre Hereford y Angus. Actualmente tiene animales en las zonas de Brandes, Ranchos y en Vivorata, cerca de Mar del Plata.
“Hay dos modelos distintos. Cuando el campo lo asesoro yo, las vacas están capitalizadas y el manejo depende de mí porque yo manejo el campo. Al campo le corresponde un porcentaje de los terneros por la capitalización, por ende compartimos la producción. En cambio, en los momentos en que estamos a pastoreo, se paga por kilo de carne, por animal, por mes, y el manejo depende del dueño del campo”, indicó Hernández.
La experiencia, de todas maneras, le ha hecho aprender a elegir el manejo propio, ya que en varias oportunidades debió afrontar importantes índices de mortandad, ante los malos cuidados del rodeo por parte de terceros.
Otra característica que distingue a San Edmundo es que cuenta con distintas sedes en el país y en el exterior, que le han permitido agrandar la zona de influencia de sus genéticas. Una de ellas es San Edmundo Puntano, ubicada detrás de las Sierras de Comechingones, en San Luis, donde aportó semen y embriones para armar un rodeo en conjunto con un socio de esa localidad.
También está San Edmundo Andino, en Arequipa, Perú, a partir de la cual han logrado desarrollar su genética en condiciones muy especiales. “La cabaña en Perú está desarrollándose en un desierto. Los animales ahí se han comportado de forma distinta y ya estamos replicando esa genética en Cuzco, en la selva, y en zonas a más de 3000 metros sobre el nivel del mar”, señaló el cabañero.
La última apertura será la de San Edmundo Patagónico, en el departamento de Pilcaniyeu, en Río Negro, que está próxima a concretarse. A diferencia del caso de San Luis, allí Hernández tendrá un rodeo ciento por ciento propio. Y a futuro el proyecto es abrir una nueva sede en la provincia de La Pampa.
Todos los animales de la Cabaña San Edmundo mantienen desde hace 30 años una dieta basada completamente en un modelo pastoril regenerativo, que ha significado para la empresa no sólo un ahorro económico importante, sino la posibilidad de desarrollar un negocio sostenible.
Este rasgo para Hernández es clave porque ha sido otro de los causales del mejoramiento de su genética. “Hay momentos de restricciones, por sequías o inundaciones, donde los animales que mayor cantidad de alimento demandan, sufren. Animales como los nuestros, acostumbrados a consumir pasto y con un tamaño más pequeño, tienen una mejor respuesta frente a esas restricciones. Hemos puesto una selección muy dura”, afirmó el criador.
San Edmundo ya lleva acumulados varios premios entre los que se destacan 13 grandes campeones, 19 campeones, 35 segundos premios y 26 terceros premios. Aún así, las exposiciones no son para el bonaerense la principal fortaleza ni objetivo.

“A veces tenemos que compatibilizar cuestiones en la preparación de los animales que no son de nuestro agrado. Los animales que están diseñados para ser expuestos tienen un manejo y una alimentación diseñados para eso. Nosotros tratamos de tenerlos lo más naturales posibles. Pero es un aporte a desmitificar que quienes van a Palermo tienen grandes genéticas y son la ‘oligarquía’. El nuestro es un claro ejemplo de un proyecto que no está atado a las grandes familias tradicionales de Argentina”, afirmó Hernández.
-¿Este manejo que San Edmundo propone terminó siendo rentable?- le preguntamos al cabañero.
-Yo crié a mis hijas y tuve lo que tuve con esta actividad. Tenemos gastos que quién está en campo fijo no tiene, como los fletes. Los animales que se pierden por las mudanzas podrán ser vistos como un gasto, pero nosotros tratamos de mirarlo como un costo con el que hemos logrado una fortaleza mayor. Lo nuestro es una genética rentable.
-¿Qué representa para usted esta cabaña?
-Parte importante de mi vida. Yo empecé sin nada y hoy hay genéticas nuestras en varios países de Latinoamérica. Hay genética que incluso, indirectamente, ha llegado a España por descendencia de vacas nuestras. Hoy veo involucradas a mis hijas, que me ayudan cuando pueden, y eso implica dejarles un camino un poco más liviano que el que me tocó vivir a mí.
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]]>La entrada La cabaña Hereford perteneciente a los monjes trapenses realizó su remate anual con valores promedio de 280.000 pesos se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>En el 34º remate anual de la cabaña “Los Ángeles”, que se llevó a cabo tanto vía web como con público presente, del total de 60 toros puros de pedrigrí y puros registrados ofrecidos, se lograron vender 47 con un valor promedio de 280.000 pesos y un máximo de 530.000 pesos.
El hecho de que la cabaña Hereford “Los Ángeles” tenga ese nombre no es casualidad, porque la misma es propiedad de la Asociación de Monjes Cistercienses y está localizada en las inmediaciones del Monasterio Trapense “Nuestra Señora de los Ángeles” ubicado en el partido bonaerense de Azul.
El monasterio, fundado en 1958 a partir de una donación de 1040 hectáreas realizada por Pablo Acosta y Carmen Leloir de Acosta, se dedicó desde sus inicios a la actividad agropecuaria porque los monjes, según lo dispuesto por la regla de San Benito, deben procurarse el sustento por sí mismos.
El área serrana del campo mixto se dedicó a la ganadería y en 1987 comenzó a funcionar una pequeña cabaña de toros Hereford puro registrados.
Anteriormente el administrador de la cabaña era el hermano Rubén Lacón, pero, luego de que fuera ordenado sacerdote tras 33 años de vida monástica, esa tarea fue encomendada al médico veterinario Omar Horacio de Dominics.
Si bien el aspecto bucólico del paisaje y de las instalaciones puede resultar una suerte de “viaje” al pasado, no hay que dejarse engañar por las apariencias, porque “Los Ángeles” fue una de las primeras cabañas de puro registrado que hizo transferencia embrionaria (2003) y una de las primeras que empleó los DEPs (Diferencias Esperadas de Progenie) con datos de área de ojo de bife, grasa dorsal y porcentaje de grasa intramuscular incluidos. También fue una de las primeras empresas, allá por 1981, en introducir la siembra directa en la zona.
La cabaña cuenta con un rodeo que tiene una genética cerrada que produce toros con una calidad muy homogénea. La producción promedio anual se encuentra en 320 kg/ha de carne en un área ganadera de 620 hectáreas, la cual, además de la zona serrana, abarca verdeos y pasturas realizadas en el sector del establecimiento con potencial agrícola.
Participan desde 1998 del sistema Breed Plan (modelo estadístico que permite valoriza el potencial genético de los reproductores). Y en 2004 se sumaron a la Evaluación Panamericana de Hereford (PanAm) en el marco del Programa de Evaluación (PEG) de la Asociación Argentina de Criadores de Hereford.
El remate realizado hoy estuvo a cargo de Alzaga & Unzué con cobertura de Rosgan por streaming.
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]]>La entrada El viejo almacén, la lavanda, los monjes, los Hereford y hasta la máquina de hacer chorizo (seco): En Pablo Acosta, Viviana encontró su modo de vivir el campo se publicó primero en Bichos de Campo.
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Son las 2 de la tarde de un viernes. Unos diez motoqueros (con campera de cuero y todo) almuerzan en una mesa larga bajo la sombra de los árboles. Vivivana Coluccio, guía de turismo nacional y pulpera, los (nos) atiende sonriente y con celeridad, mientras en la parte de atrás Fabián, su marido, ya ha preparado la tanda de flanes con dulce de leche porque en un rato nomás ya se pone con el otro emprendimiento de la familia.
“Estamos elaborando chorizos secos ´distintos´”, explica, “algunos tendrán whisky, otros avellanas y hasta tendremos una línea baja en sodio. La idea, además, es armar el circuito completo para el turista: que la gente venga, haga su propio chorizo y se lo lleve; el que no quiera elaborar tiene la opción de mirar el proceso completo, por eso hemos armado la sala de elaboración a la vista”.
Viviana es especialista en turismo cultural y por eso también disfruta por partida doble el cambio de haber venido a vivir al Almacén, hace ya 9 años. Claro que al principio no fue fácil debido a la logística familiar (niños, escuela, luego escuela agraria y muchos etcéteras) y por las condiciones en que recibieron el almacén. “Hubo que hacer de todo”, recuerda, “hasta cambiar toda la instalación eléctrica ya que los cables eran de tela”.
“No teníamos un mango así que pudimos hacer todo gracias a la confianza de toda la gente de Azul que nos vendió los materiales a pagar en largos plazos porque de otra forma no podíamos”.

Además de todas las cosas que hace, Viviana también es miembro del Club de la Lavanda, una iniciativa local que agrupa a productores y emprendedores relacionados a esta aromática y que busca que Azul sea la puerta de entrada a la Ruta de la Lavanda. “En lo personal siempre me gustaron las lavandas pero además es una propuesta que tiene que ver con el turismo, y le suma tanto a la comunidad como a visitante”, dice Viviana mientras nos muestra sus plantitas que vienen creciendo.

“Vivimos en un lugar muy especial, privilegiado”, recalca. “Estamos en el sistema de Tandilia que posee las sierras más antiguas del Planeta dado que nacieron cuando Pangea se separó y se formaron los continentes y nuestro almacén se ubica a 7 kilómetros del monasterio de los monjes trapenses, creado en 1958 y que es un lugar muy bello y muy interesante para visitar”.
La orden trapense tiene un perfil agropecuario así que apenas empezaron a habitar las 1.080 hectáreas de su predio que fueron donadas por Pablo Acosta (el nieto del fundador del paraje que lleva el mismo nombre), en seguida comenzaron a limpiar los cerros para hacer agricultura. Hoy, y desde hace ya tiempo, a esa actividad le han sumado una prestigiosa cabaña de toros Hereford.
“Es el primer monasterio de la Orden de América Latina y el último que se construyó con arquitectura cisterciense (de la orden del Cister), de características medievales”, explica Viviana. En la actualidad existen catorce casas trapenses latinoamericanas: dos en Argentina, dos en Brasil, dos en Chile, dos en Ecuador, dos en México, dos en Venezuela, una en República Dominicana y una en Nicaragua.
Viviana hace un alto en nuestra conversación para servir los flanes a los motoqueros que en breve seguirán su rumbo por las rutas argentinas. Se los ve contentos, conversando entre risas y relajados en este paraje bonaerense donde han encontrado un lugar lindo para comer bien.

“Además de trabajar con el turismo, desde 2018 damos de comer a los empleados de las empresas que han venido para instalar los molinos eólicos que suministran energía a la Red Nacional así que tenemos mucho trabajo. Al principio fue difícil pero estamos muy contentos con la decisión que hemos tomado, nos gusta nuestra casa, lo que hacemos, tratar con la gente y vivir en el campo. Aunque nunca me imaginé que iba a terminar viviendo en un lugar como este, hoy es lo que realmente quiero”, concluye Viviana.
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]]>La entrada Agustín Arroyo nos cuenta la historia de la ganadería a través de la etiqueta del whisky Criadores se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Agustín dice que esa etiqueta recuerda la historia del origen de la ganadería moderna, que se remonta a mediados del siglo XIX. Los toros que se ven en la marquilla del tradicional whisky nacional son los primeros reproductores que llegaron al país desde Inglaterra: Tarquino era un Shorthorn que ingresó en 1823; Niágara era un Hereford que se importó en 1862; y Virtuoso un Aberdeen Angus que se introdujo en 1879.

Los primeros ejemplares de aquellas razas fueron traídas con el fin de mejorar el ganado criollo que habían arribado a América en su tiempo con los españoles. Este ganado, a pesar de difundirse por toda la planicie pampeana, no mostraban demasiada producción y eficiencia.
Tan acertada fue la decisión de importar aquellos toros que rápidamente se impusieron las razas británicas, a través de múltiples cruzas. Solamente no fue así en la zona norte de la Argentina, de clima subtropical, donde ni la cruza con las criollas adaptadas funcionaba. Allí debieron entrar las razas índicas para brindar su cuota de rusticidad y resistencia a las altas temperaturas.
Arroyo, a través de esa etiqueta, nos cuenta el comienzo de una historia que más de 150 años después encuentra al país -según sus cálculos- con unas 2 mil cabañas de criadores de todas las razas. Con cuatro razas predominantes en la actualidad, dos en las zonas templadas (Angus y Hereford) y las otras dos en el norte (las sintéticas Brangus y Braford, 1que son mezcla de las británicas con la raza Brahma).
“El clima y los mercados así lo marcaron y se fueron tamizando las razas”, resumió Agustín a Bichos de Campo.
Mirá la entrevista completa con Agustín Arroyo:
Hablando de actualidad, una preocupación que tienen los criadores de las razas es la baja participación de la genética registrada en los campos de la Argentina. “De los 250 mil toros que renuevan todos los años en el campo (20% del 1.200.000 del stock de machos) solo el 30% son de genética formal (puros de pedigree, puros controlados o puros por cruza), y el 70% restante son ‘bolsa blanca’, pues no se conoce su origen”, informó el especialista, trazando un parangón con lo que sucede en el mercado de la semilla.
“Si queremos mejorar la ganadería debemos crecer en la genética, una de las cuatro patas de la ganadería junto a la alimentación, la sanidad y el manejo. Hay que hacerlo para avanzar al ritmo que avanza la agricultura. Desde 1950 hasta la fecha la agricultura creció un 550% y la ganadería solo un 50%”, se lamentó Arroyo.
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