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hierbas – Bichos de Campo http://wi631525.ferozo.com .:: Periodismo que pica ::. Tue, 23 Nov 2021 20:30:43 +0000 es-AR hourly 1 https://wordpress.org/?v=5.8.13 http://wi631525.ferozo.com /wp-content/uploads/2018/06/cropped-mosca-32x32.png hierbas – Bichos de Campo http://wi631525.ferozo.com 32 32 Como un brujo de las pociones, Nicolás Cestari se animó a abrir una pequeña destilería y revivió la vieja receta de fernet de su abuelo http://wi631525.ferozo.com/como-un-brujo-de-las-pociones-nicolas-cestari-se-animo-a-abrir-una-pequena-destileria-y-revivio-la-vieja-receta-de-fernet-de-su-abuelo/ Tue, 23 Nov 2021 15:02:59 +0000 https://bichosdecampo.com/?p=86301 Como buena familia tana, los Cestari siempre se preocuparon por hacer sus propias preparaciones caseras. Eso incluyó desde conservas y embutidos hasta cervezas y vinos. Cuando Don Vicente Cestari decidió cruzar el Atlántico desde Salerno, Italia, hacia la Argentina, la valija venía cargada de esas recetas que buscaban mantener vivas las costumbres familiares. Pero la […]

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Como buena familia tana, los Cestari siempre se preocuparon por hacer sus propias preparaciones caseras. Eso incluyó desde conservas y embutidos hasta cervezas y vinos. Cuando Don Vicente Cestari decidió cruzar el Atlántico desde Salerno, Italia, hacia la Argentina, la valija venía cargada de esas recetas que buscaban mantener vivas las costumbres familiares.

Pero la más importante terminó siendo una que, irónicamente, se encontraba incompleta: la receta del fernet.

Vicente, que se instaló en la localidad bonaerense de Mercedes, tuvo dos hijos: Nicolás y José. Ellos se encargaron de elaborarlo durante muchos años, a partir de los consejos de su padre. Don José fue el único que tuvo descendencia e intentó transmitir a sus hijos los secretos de todas estas preparaciones familiares, aunque como puede ocurrir, algunas cosas se perdieron en el camino. Fue así que su nieto, Nicolás Cestari, dio con la receta original de fernet de Don Vicente y decidió, con mucha paciencia, completarla.

El periplo duró cuatro años pero culminó con una bebida que la familia describe como “de gran carácter, con aroma a chocolate, café, roble, caramelo, menta, canela y un exquisito balance entre lo dulce y lo amargo”. Esto fue lo que impulsó a Cestari a abrir su propia destilería.

“Siempre tuve la inquietud y le sueño de tener algo propio, y en mi familia hay una cultura de hacer esto. Hace 20 años me recibí de ingeniero en alimentos y trabajé siempre en la industria de bebidas alcohólicas y fermentadas. Me acostumbré a trabajar en grandes líneas envasado pero tenía ganas de trabajar en pequeñas producciones, cuidadas y de otra calidad”, dijo a Bichos de Campo Nicolás Cestari, dueño de la destilería Familia Cestari.

El proyecto inició hace diez años, cuando Nicolás compró una hectárea de campo en Mercedes. Se trataba de un monte abandonado de ciruelas que decidió arreglar, y en cual separó 1200 metros para construir las instalaciones principales de la pequeña fábrica, que concentra todos los eslabones del proceso productivo: elaboración, destilación, filtrado, envasado y etiquetado. En otro sector comenzó a cultivar sus propias hierbas para las distintas bebidas.

Hasta el momento los productos que se fabrican en la destilería son el gin, cuyo tiempo de fabricación es de un mes; el fernet, cuyo tiempo de fabricación es de 15 meses, y tres variedades de vermut -roso, blanco y añejo-, que se fabrican en 25 días.

“Tenemos aloe vera, carqueja, orégano, cedrón, poleo, tilo, albahaca, manzanilla y enebro. También planeo colocar cuatro limoneros, cuatro naranjos y cuatro arboles de pomelo. El limón se usará en el gin, el pomelo en el vermut y la naranja en un licor de naranjas amargas”, contó el ingeniero.

El proceso más largo es el del fernet, que demora 15 meses entre el macerado de las hierbas y el embotellado. Cada ingrediente es seleccionado y procesado por separado. Inicialmente son lavados y molidos o machacados según corresponda. Posee 35 ingredientes entre hierbas, semillas, cortezas, raíces y frutos, de los cuales ocho son cultivados allí en la chacra.

Una vez listos, los ingredientes atraviesan tres maceraciones diferentes: una alcohólica que dura un mes, una hidroalcohólica más larga, y una infusión en agua caliente de dos horas. Una vez terminado el proceso, la preparación obtenida se lleva a una barrica de roble francés, de 225 litros, en donde madura durante 12 meses. Luego se retira y se reduce la graduación alcohólica a 40 grados con dos caramelos distintos (uno común y otro especiado). Una vez listo, el fernet queda listo para ser envasado.

De ese extenso proceso se desprende la fabricación del gin, cuya preparación es más rápida ya que depende por un lado de la destilación del fernet, y por el otro de un destilado de otras hierbas y especias. Una vez realizada la destilación con el enebro, el regaliz, la manzanilla, la canela y la cáscara de limón, el mismo se encuentra listo para ser filtrado y envasado.

El vermut, en cambio, se obtiene a partir del macerado de tres vinos distintos que Cestari adquiere desde Mendoza.

-¿Qué sentido tiene para vos elaborar tus propias materias primas?- le preguntamos al ingeniero.

-Nos da un valor agregado en el sentido que podemos controlar la calidad y ver lo que vamos obteniendo. Esa calidad constante, con un producto siempre cuidado, que utiliza hierbas con la mínima cantidad de agroquímicos posibles. Hay incluso hierbas que las necesito frescas para el fernet, y que no están disponibles todo el año. Por eso armé una cámara de frío y una de atmosfera modificada hacer fernet todo el año. Es algo que las grandes empresas no les interesan porque buscan una producción y una rentabilidad más grande. Yo busco estar cerca del consumidor y de quien vende mi producto. Esa cercanía nos diferencia.

Por ahora, el gin y el fernet de Familia Cestari puede encontrarse en Buenos Aires, Mendoza, Córdoba y Rosario. El objetivo es llegar a más regiones del país, y lanzar a la brevedad la línea de vermuts. Cuando llegue al cien por ciento de su capacidad, la destilería podrá producir al mes 500 botellas de fernet, 300 de gin y 300 de vermut.

“Estoy llegando casi a esa capacidad que es la que quiero tener. Es una escala chica pero me alcanza. Fue un camino lento pero la verdad es que satisfactorio porque logré tener lo que quería. Lo he disfrutado”, afirmó Cestari.

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“La idea es que las alacenas vuelvan a estar llenas de alimentos genuinos”, dice Julio Hernández, que enseña a buscarlos en el monte y las ciudades http://wi631525.ferozo.com/la-idea-es-que-las-alacenas-vuelvan-a-estar-llenas-de-alimentos-genuinos-dice-julio-hernandez-que-ensena-a-buscarlos-en-el-monte-y-las-ciudades/ http://wi631525.ferozo.com/la-idea-es-que-las-alacenas-vuelvan-a-estar-llenas-de-alimentos-genuinos-dice-julio-hernandez-que-ensena-a-buscarlos-en-el-monte-y-las-ciudades/#comments Tue, 31 Aug 2021 14:47:53 +0000 https://bichosdecampo.com/?p=78189 La propuesta consiste en talleres/charlas/caminatas donde quienes participan aprenden a reconocer los alimentos silvestres que nos rodean (sí, “nos” rodean a todos porque siempre hay alguna plantita cerca de nosotros), el alimento/medicina de nuestro entorno, ya sea en el monte o en un baldío a la vuelta de casa. “Es un intento por recuperar un […]

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La propuesta consiste en talleres/charlas/caminatas donde quienes participan aprenden a reconocer los alimentos silvestres que nos rodean (sí, “nos” rodean a todos porque siempre hay alguna plantita cerca de nosotros), el alimento/medicina de nuestro entorno, ya sea en el monte o en un baldío a la vuelta de casa.

“Es un intento por recuperar un saber ancestral con el cual hemos convivido y evolucionado durante milenios, una relación con la naturaleza que se ha roto profundamente en los últimos 200 años”, dice Julio Hernández, que es cocinero, viajero, recolector, fermentador y explorador de las culturas alimenticias. También es creador de Alimento Genuino , una propuesta que engloba todo esto que estamos contando.

El concepto “madre” es que las alacenas vuelvan a estar llenas de alimentos genuinos y de la naturaleza, no de latas ni paquetes que nunca vencen y que no se sabe bien qué tienen. Para lograr esto, explica Julio, es necesario recuperar conocimientos que nos permitan reconocer los alimentos, recolectarlos, fermentarlos, almacenarlos y/o transformarlos para poder consumirlos.

Entonces, los espacios de encuentro en Alimento Genuino son momentos para reflexionar sobre lo que está sucediendo en nuestro entorno más cercano, ya sea en el monte, el campo o la ciudad. Y esto es lo interesante: que vivamos donde vivamos siempre es posible pensar  sobre qué comemos.

“El alimento del monte no solo crece en el monte, también crece en los grandes centros urbanos modernos (que alguna vez fueron monte). En las ciudades crece muchísimo alimento silvestre pero muchas veces está contaminado por los residuos urbanos, los autos, las cloacas”, reflexiona Julio.

“¿Podríamos consumirlos? ¿Qué debería cambiar para poder hacerlo? Entonces el taller es una invitación a observar aquello que crece a nuestro alrededor y a preguntarnos si realmente podemos consumirlo. Y, si la respuesta es no, poder preguntarnos por qué para seguir indagando, deconstruyendo y construyendo la realidad que nos rodea”.

La idea de toda esta propuesta es parte de un proceso que se viene desarrollando desde hace varios años. Un día Julio empezó a preguntarse qué comemos, qué llevábamos a nuestros cuerpos y cómo reacciona ante esos estímulos. Y así empezó a investigar sobre el sistema digestivo, todo lo que sucedía en el intestino y allí llegaron las bacterias, la microbiota, las fermentaciones y los alimentos naturales.

“Los talleres son itinerantes. Hemos llevado estas propuestas a varias provincias de Argentina y principalmente los realizamos en los alrededores de Córdoba Capital, en pequeños pueblos donde aún se conserva gran parte del monte nativo. Siempre es bueno recordar que a la provincia de Córdoba solo le queda menos del 5% de su monte nativo, producto del desmonte para el desarrollo inmobiliario, el avance de la frontera agropecuaria, etcétera, e incluso debido a un gran desconocimiento del rol fundamental que cumple el monte para la salud de la tierra y el sostenimiento de la vida”.

Julio ha coordinado caminatas de reconocimiento también en otros países como Bolivia, Paraguay, Perú y Austria. Son talleres que pueden darse en un patio, en una plaza, en una escuela, en el monte, e incluso en un balcón de un departamento. “¡Seguro encontraríamos alguna plantita creciendo en alguna maceta!”, dice, y hasta han compartido estos talleres de manera online.

“Hay talleres donde aprendemos a transformar estos alimentos que el monte nos brinda para poder incorporarlos a nuestra alimentación diaria y caminatas donde aprendemos a reconocer estos alimentos del monte y a diferenciarlo de aquellas plantas que pueden ser tóxicas” describe. “También son espacios de reflexión, de puesta en común e intercambio de saberes, incluso hay momentos para el arte, por ejemplo, a través del dibujo o la poesía”.

Algunas de las comidas que elaboran son una bebida dulce con frutos de mistol (conocida como añapa); pesto de suico; mbejú (un alimento típico guaraní a base de fécula de mandioca) con harina de hojas de quinoa blanca; sopa con distintas verduras y el agregado de raíces de achira roja y hierbas deshidratadas. Y para salar usan jume, un pequeño arbusto que crece en las salinas de Córdoba y es muy salado.

“El monte nativo corre peligro; estamos ante un momento de extractivismo brutal de la vida en general (el extractivismo minero, el de la agricultura, el pool sojero y los desarrollos inmobiliarios, entre otros) que están acabando con el agua, con el monte y la vida”, asevera Julio. “Aprender a reconocer el monte nos lleva a aprender a valorarlo, debemos comprenderlo, volver a dialogar con él y reconocer su importancia para la vida. Nos damos la oportunidad de verlo con otros ojos”.

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La Naturaleza está colmada de remedios y María Eugenia Suárez lo sabe: “Los médicos deberían recetar más plantas”, define http://wi631525.ferozo.com/la-naturaleza-esta-colmada-de-remedios-y-maria-eugenia-suarez-lo-sabe-los-medicos-deberian-recetar-mas-plantas-define/ Thu, 20 Aug 2020 15:36:02 +0000 https://bichosdecampo.com/?p=45576 María Eugenia Suárez es etnobióloga, es decir que estudia la relación entre la naturaleza y el ser humano. Trabaja en el Grupo de Etnobiología del Departamento de Biodiversidad y Biología Experimental e Instituto de Micología y Botánica (CONICET-UBA). -Las plantas, ¿tienen efectos medicinales reales? -Tendríamos que pensar qué significa “reales”. Pero si la pregunta se […]

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María Eugenia Suárez es etnobióloga, es decir que estudia la relación entre la naturaleza y el ser humano. Trabaja en el Grupo de Etnobiología del Departamento de Biodiversidad y Biología Experimental e Instituto de Micología y Botánica (CONICET-UBA).

-Las plantas, ¿tienen efectos medicinales reales?

-Tendríamos que pensar qué significa “reales”. Pero si la pregunta se orienta a si tiene efectos químicos comprobados, la respuesta es que, en términos generales, sí. Digo en ‘términos generales’ porque muchas de las plantas medicinales que la gente conoce no han sido estudiadas en profundidad a nivel farmacológico, farmacobotánico o fitoquímico. Pero estoy segura de que si se estudiaran, esto sería así para la gran mayoría. Pensemos que muchos fármacos industriales derivan de las plantas y otros productos naturales desde siempre.   

Los medicamentos que se compran, ¿tienen su base en plantas?

-Algunos sí, otros no, porque la industria farmacéutica moderna se basa en productos sintéticos. En aquellos que sí, la droga proviene directamente de la planta, o bien la droga se produce sintéticamente pero a partir de precursores naturales.

¿Cómo es el proceso? ¿Las empresas farmacéuticas van al monte a recolectar plantas?

-El proceso de búsqueda de plantas con principios activos o componentes de interés a la industria se llama bioprospección y las formas de realizarla son diversas. Por ejemplo, se buscan componentes en ciertas plantas sabiendo que determinada especie pertenece a un grupo o familia de plantas que suele tener ciertos componentes de interés. Otra forma es basarse en los usos tradicionales de las especies, porque justamente, y en línea con las preguntas anteriores sobre si tienen efectos reales, el conocimiento local sobre la utilidad de especies medicinales es la fuente por excelencia para enfocar ahí la búsqueda de ciertos componentes.

O sea que el conocimiento de los pueblos originarios es esencial.

-Así es y esto siempre ha generado controversia porque las industrias deberían reconocer que esa es la fuente del conocimiento y retribuir a la gente por ello.

¿Le parece que se podría proponer que los médicos alópatas “receten” plantas?

-Claro que se podría y es más: se debería.

-¿Y por qué no ocurre?

-Hay varios obstáculos. Uno es que la formación de base de los médicos alópatas no se orienta hacia el uso de medicinas herbales o naturales en general sino, por el contrario, se basa en el uso de medicamentos industriales. Incluso con terapias complementarias que podrían “recetarse” o recomendarse para prevenir problemas de salud o colaborar con un reequilibrio del cuerpo y sanación, no son tomadas como algo serio. Queda entonces mucho en el propio médico la búsqueda y formación en este sentido, para entonces sí poder “recetar” plantas. A esto se suma la falta de información científica sobre muchas especies, y esto es importante, por ejemplo, para evitar efectos secundarios y conocer bien contraindicaciones.

¿Qué plantas medicinales podemos encontrar en la Pampa Húmeda?

-Muchísimas. Sobre todo porque no sólo encontramos hoy en día nativas de la región, sino plantas naturalizadas, es decir, que fueron introducidas desde otras zonas. Algunas muy conocidas son el ceibo (Erythrina crista-galli), la anacahuita (Blepharocalyx salicifolius), el culantrillo (Adiantum raddianum), el junquillo (Juncus imbricatus), la pasionaria (Passiflora caerula), la cola de caballo (Equisetum giganteum), el diente de león (Taraxacum officinale), el poleo o incayuyo (Lippia turbinata) entre tantas otras. Cada una se usa para distintos fines, incluyendo afecciones de la piel, respiratorias, digestivas, y, como todo remedio, deben usarse bajo la guía de un experto.

-¿Cuáles son fáciles de tener (cultivar) en un jardín o ambiente chico?

-Varias de las anteriores, como la cola de caballo, el culantrillo, el diente de león, la pasionaria, y tantas otras, como la manzanilla y la lantana. Ahora bien, para cultivar en macetas o en jardín chico sugiero considerar qué plantas necesitan y/o les gustaría tener en el hogar, y ahí ver cuáles conviene tener, más allá de si son de la región o de otras. Muchas aromáticas y especias comunes tienen también efectos medicinales, como la albahaca, las mentas, el orégano, los ajíes, además de las que mencioné al principio, y todas ellas pueden cultivarse en macetas o espacios chicos.  

-¿Desde cuándo usted se dedica a estudiar plantas medicinales?

-Me dedico a la etnobiología wichí en general y voy variando los temas. Hace un par de años comencé a enfocarme en salud wichí, estudiando su vinculación con cambios ambientales y sociales. Dentro de ese tema está el estudio de las plantas, hongos, animales y minerales que emplean o empleaban porque a través de ella puedo responder interrogantes sobre esa relación.

¿Por ejemplo?

-Si hubo cambios en el uso de recursos naturales para tratar la salud y por qué, qué itinerarios terapéuticos utiliza la gente, cuándo se usan y quiénes conocen de plantas medicinales, entre muchos otros. Me centré en plantas nativas silvestres, para además resaltar su valor tanto práctico como simbólico, del bosque nativo en general. Pero estudio las exóticas también como parte de la farmacopea actual.

¿Qué aprendió sobre plantas en su trabajo con las comunidades wichí de Salta?

-Uno de los aspectos más destacables es que en la base de la relación del hombre y mujer wichí con la naturaleza no está la idea de apropiación del entorno ni de las plantas. Sí, por supuesto que se utilizan como medicina o alimento, pero no existe una idea de ser ‘dueño’ de eso o de que puedo hacer lo que quiero. Se trata de un vínculo más profundo donde se entiende que uno como individuo está en este mundo, conectado con las plantas y con todos los seres vivos y que lo yo haga va a repercutir en ese ecosistema.

¿Es cierto que hay plantas que no se nombran?

-Sí, en distintas culturas hay plantas que no se mencionan en voz alta. Puede pasar con plantas asociadas a seres espirituales que cumplen un rol en el ecosistema y entonces, en determinados contextos, es mejor no nombrarlas porque la palabra nombrada tiene potencia y genera efectos. Hay que tener cuidado con lo que uno dice, como en cualquier ámbito de la vida.

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Sabores y saberes: En las sierras de Córdoba, Felipe rescata la peperina y aprovecha el vetiver en aceites esenciales http://wi631525.ferozo.com/sabores-y-saberes-en-las-sierras-de-cordoba-felipe-rescata-la-peperina-y-aprovecha-el-vetiver-en-aceites-esenciales/ http://wi631525.ferozo.com/sabores-y-saberes-en-las-sierras-de-cordoba-felipe-rescata-la-peperina-y-aprovecha-el-vetiver-en-aceites-esenciales/#comments Tue, 12 May 2020 12:11:41 +0000 https://bichosdecampo.com/?p=39748 En mi incesante búsqueda de personajes que sean testigos o actores vivos de los sabores y saberes de nuestra Argentina, hallé al ingeniero agrónomo Felipe Ramón Villa Abrille, nacido en La Plata en 1958, pero que ha rumbeado con su familia para el pueblito de Atos Pampa, en Córdoba. Felipe me obliga a sumar una […]

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En mi incesante búsqueda de personajes que sean testigos o actores vivos de los sabores y saberes de nuestra Argentina, hallé al ingeniero agrónomo Felipe Ramón Villa Abrille, nacido en La Plata en 1958, pero que ha rumbeado con su familia para el pueblito de Atos Pampa, en Córdoba. Felipe me obliga a sumar una palabra al título de mi columna, que es el de los “Aromas naturales”, porque decidió emprender un proyecto de aromáticas a partir de especies regionales del valle de Calamuchita.

Ya hemos hecho notas de mermeladas con pétalos de rosa en Mendoza, o de bebidas a partir de la flor de la Rosella, el Agua de Jamaica, o de madera comestible en Misiones. Pero hierbas, hojas de árboles, flores, pecanes y frutas esparcen por el aire aromas deliciosos que nos llenan la vida de ensueño, además de sus propiedades terapéuticas y espirituosas.

Déjenme contarles algo de este personaje indómito y trotamundos, antes de ir a su emprendimiento.

En 1979, antes de recibirse de ingeniero, Felipe fue colaborador en la Base Marambio de la Antártida Argentina durante 10 meses, en un proyecto para aprovechar el calor de escape de la usina con el fin de derretir hielo y generar agua líquida, minimizando residuos. También fue marinero en Angra dos Reis,  Brasil, haciendo fletes entre las islas durante cinco años, en el barco de unos amigos.

Además Felipe trabajó para Altos Hornos Zapla y durante los dos gobiernos de Menem la empresa le encargó la recolección de chatarra, desguazando material de descarrilo, puentes que se habían caído, con destino de fundición, teniendo que levantar vías y durmientes por todo el Norte. Anduvo por Metán, Embarcación, San Antonio de los Cobres, Tintina, Otumpa, Aerolito, Quimilí, también por Chaco y hasta en Uspallata, Mendoza.

De este periplo le quedaron amigos en todos lados, pero le cuesta recordar esos años porque fue testigo de una tragedia nacional. Lo acosan las imágenes de tanta gente llorando desconsolada al verlo levantar los fierros de aquellos trenes que les dieron la vida a sus pueblos. Tiene anécdotas tremendas, como la de un peón golondrina con todo su “avío” en una estación, esperando el tren que lo llevaría de vuelta a Formosa, y Felipe teniendo que decirle que ese tren nunca llegaría porque habían levantado las vías, y el pobre paisano que no le creía y seguía esperando…

Otra de cuando lo mandaban a levantar un puente y la gente le suplicaba que no lo hiciera porque su pueblo quedaría aislado, Y otra, la de un jefe de estación que luego de años de no pasar el tren, seguía yendo a su puesto de trabajo con su uniforme y su gorra, como si nada hubiese cambiado. Pasaba horas con su mirada en las vías al horizonte, que eran su esperanza para seguir vivo.

Felipe hizo un postgrado en crio-conservación de alimentos. Diseñó y puso en marcha una planta de congelado de frutillas y hortalizas. Lo mismo, respecto de un laboratorio de micropropagación. Ha sido disertante en congresos de ingeniería ambiental y producciones alternativas. Fue alumno de una maestría de Ciencias Ambientales FLACAM / UNESCO en un proyecto de sustitución del quebracho colorado para durmientes por maderas provenientes de forestaciones impregnadas. Me contó que los habitantes originarios contratados para hachar la “madera de acero” decían “quiebra hacho”, por el hacha, lo que dio nombre al “quebracho”.

Felipe se casó con Patricia Visus, que es arquitecta, oriunda de la ciudad de Lincoln, y tuvieron dos hijos. Luego de la crisis del 2001, con su esposa estaban pasando una mala situación y pensaron irse del país, pero decidieron vender todo e irse a vivir con sus hijos al poblado de Atos Pampa, en el Departamento Calamuchita, de Córdoba, entre Villa General Belgrano y La Cumbrecita. Compraron una chacra de 7 hectáreas sobre la Ruta Provincial “S 210”,  en el kilómetro 15. Su esposa dejó la arquitectura y se puso a la par de su marido agrónomo a trabajar en la chacra. Hicieron además su propia casa de madera.

Comenzaron juntos a trabajar en un emprendimiento familiar de producción y destilado de aromáticas, herbáceas y forestales, basado en la economía circular: van desde la producción de plantas hasta la elaboración de biofertilizantes con los subproductos.

Aprovechan las excelentes condiciones agroecológicas de Atos Pampa para la producción de cultivos relacionados con las actividades del valle. Están abocados en rescatar las plantas nativas aromáticas que corren riesgo de extinguirse por la desforestación, debido al avance de la frontera agrícola y los trágicos incendios forestales.

“Hay poco tiempo y mucho por hacer para que no se pierda la reserva genética de la peperina”, dice Felipe.

También trabajan el Vetiver, una gramínea que se usa para tratar las aguas grises y negras, las aguas contaminadas de lavado y las cloacales. Su raíz tiene gran poder descontaminante dando un aceite espectacular, difícil de cosechar y destilar, pero que vale la pena. Además da un perfume de estilo oriental muy solicitado. Parte del material de propagación se los proveyó el INTA de Oberá, Misiones, y otra parte, les llegó de Haití.

En este momento tienen poco menos de 2 hectáreas de lavanda, una especie híbrida que Miretti, un generoso vecino, llevó del INTA Castelar a Altos Pampa, junto al Romero, que también aprovechan. También están intentando domesticar el Suico, que es una maleza de la zona, muy buscado en perfumería porque es el único fijador de aromas vegetales, ya que anteriormente eran de origen animal -se extraía de una glándula- o sintéticos.

A las hojas y ramas de las coníferas como Ciprés, Pino, Cedro y Eucalyptus, que podan los pobladores en el monte, ellos se las reciben y las chipean. Es decir que las muelen para optimizar el lugar en el destilador. Han creado la marca “Quinta esencia”, bajo el slogan “aceites esenciales 100% naturales, puros y completos”.

Últimamente Felipe se halla abocado a la instalación de un biodigestor anaeróbico con tanque recuperador de biogás, y riego de una laguna de una profundidad de un metro, con plantas de Vetiver.

Acaba de presentar un proyecto ecológico para que Atos Pampa llegue a ser una “Comuna Rural Sustentable”. Los políticos no le prestaban mucha atención, salvo al saneamiento cloacal para que el lago del Dique Los Molinos no terminara como el de Carlos Paz. Pero últimamente varios funcionarios han ido a ver lo que él y su familia hacen con el Vetiver y con otras plantas y eso le da mucha esperanza.

No puede disimular su pena, Felipe, al contarme que con muy buena suerte y sacrificio pudo agenciarse de equipos muy caros y eficientes con los que podrían tratar hasta 70 hectáreas de aromáticas, pero que no consigue ni inversores que se interesen, ni personal que quiera trabajar.

Felipe y Patricia hallaron su lugar en el mundo en este valle fértil que se llama Pampa de Zorro (Atoq, Atos, en quichua) y nadie los moverá de ese atractivo paisaje. Sus hijos los ayudan los fines de semana, porque Victoria es gastronómica y Augusto estudia agronomía. Felipe es un ávido lector y es fanático de José Larralde, a quien quiso dedicarle, como también a todos sus vecinos de Atos Pampa, la canción “Garzas Viajeras”, que es de autoría de Aníbal Sampayo, pero que aquí interpreta el mismísimo “El Pampa”.

 

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El Código Alimentario se puso cachondo: Autorizaron la pitanga y la paramela http://wi631525.ferozo.com/el-codigo-alimentario-se-puso-cachondo-autorizaron-la-pitanga-y-la-paramela/ Mon, 23 Sep 2019 14:46:49 +0000 https://bichosdecampo.com/?p=27930 El Código Alimentario Argentino (CAA) es algo así como la biblia de la industria alimenticia, pues regula los alimentos, los ingredientes y procedimientos habilitados en el país. Pero a diferencia de aquel texto sagrado, nuestro código se actualiza con frecuencia, pues aparecen nuevas opciones y técnicas. Este lunes, los dos organismos que administran el CAA, […]

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El Código Alimentario Argentino (CAA) es algo así como la biblia de la industria alimenticia, pues regula los alimentos, los ingredientes y procedimientos habilitados en el país. Pero a diferencia de aquel texto sagrado, nuestro código se actualiza con frecuencia, pues aparecen nuevas opciones y técnicas.

Este lunes, los dos organismos que administran el CAA, la Secretaría de Regulación y Gestión Sanitaria (por el área de Salud) y la Secretaría de Alimentos (por Agricultura) emitieron varias resoluciones que dan lugar a chistes fáciles, porque incorporaron al digesto dos nuevas opciones: la pitanga y el paramela.

Por un lado, la Resolución Conjunta 26/2019 reaccionó a un pedido de la Dirección Nacional de Biodiversidad de la Secretaría de Ambiente y Desarrollo Sustentable, que había solicitado la inclusión en el CAA de los frutos de Eugenia uniflora L, una planta de la familia Myrtaceae. En la Argentina, a estos frutos se los conoce vulgarmente en Argentina como “ñangapirí”, “pitanga” y “arrayán”. También como “cereza brasileña”.

Por otro lado, la Resolución Conjunta 27/2019, hizo lo propio con una hierba que crece a ambos lados de la Cordillera de los Andes, desde Neuquén hasta Santa Cruz, y que puede ser utilizada para la elaboración de diferentes bebidas. Se llama paramela.

Vamos por partes. Dice el Boletín Ofciial que la pitanga “es una planta nativa que crece como arbusto o árbol pequeño, ampliamente distribuida en las provincias del norte argentino, tanto como en el sur de Brasil, Paraguay y Uruguay”. Sus frutos se consumen crudos o se emplean para elaborar jugos y pulpa, para la preparación de helados, yogures, licores, jaleas y mermeladas.

“A nivel regional, esta especie es de gran valor para la biodiversidad de la flora nativa y se destaca como un recurso con potencial de explotación tecnológico y económico, pudiendo ser utilizada como opción para el aprovechamiento sostenible de los bosques nativos y de cultivos en predios familiares, en función de las propiedades nutricionales de sus frutos y el valor agregado de los productos obtenidos”, justifica la norma que aprobó la inclusión de la pitanga en el listado de frutos autorizados por el Código.

La inclusión en al CAA de la paramela, en tanto, fue solicitada por la Provincia de Santa Cruz, para ser utilizado como ingrediente en bebidas alcohólicas y en infusiones de manera conjunta con otras hierbas. esto fue así porque el establecimiento elaborador de bebidas espirituosas Destilados Patagónicos SRL había pedido autorización para elaborar una bebida alcohólica con paramela, en cuyo proceso se utilizan tallos y hojas de ese vegetal en un porcentaje del 1%.

“La paramela, cuyo nombre científico es Adesmia boronioides Hook. f., es una especie autóctona de la zona andina patagónica y crece a ambos lados de la Cordillera de los Andes”, se explicó en la resolución. La hierba cuenta con una larga historia de uso entre las sociedades originarias que habitaron y habitan la Patagonia.

“Por su valor cultural y simbólico se destaca como parte del patrimonio biocultural de la región, formando parte de conocimientos y prácticas ligadas principalmente a la salud y la subsistencia de comunidades Mapuche y Tehuelche desde tiempos pre-hispánicos”, añadió la norma.

Especialistas del Conicet que investigaron esta planta concluyeron que “Adesmia boronioides tiene una larga historia de utilización como planta medicinal. Hasta el momento no se han encontrado evidencias de toxicidad o alergenicidad en las formas tradicionales de empleo en cuanto a su preparación y posología. Sin embargo, no existen estudios de inocuidad a altas dosis, ni ante el uso durante periodos prolongados”.

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