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La entrada Último tren a Liniers: El mercado de Mataderos recibió grandes cantidades de ganado en ferrocarril incluso hasta 1990 se publicó primero en Bichos de Campo.
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“Como me dijo en la última visita Oscar, el cafetero del Mercado, ´el barrio que lo rodea, entero trocó su nombre por el de Mataderos pero el mercado sigue siendo De Liniers´. Tal es su fuerza de pervivencia en el tiempo”, resume Ezequiel Semo, que es artista visual, investigador y tiene fascinación por el Mercado de Hacienda y por los trenes que allí ingresaban cargados de hacienda.
-Hay muchas personas que hoy se refieren al Mercado de Hacienda como el “ex mercado” porque no pueden creer que en 2021 haya vacas en plena ciudad. ¿A qué cree que se debe?
-Creo que esta amnesia urbana tiene relación con varios factores: el primero es la ubicación donde está emplazado dentro de la Ciudad de Buenos Aires. Luego tenemos las políticas urbanísticas de erradicación de industrias que generan polución o contaminación (entrada de hacienda con su consecuente movimiento de camiones y residuos de orina y excrementos) y el cierre de los otros mercados de hacienda (Avellaneda, Tablada) que dejaron como único sobreviviente al que nos referiremos. Además, ese desconocimiento creo que está ligado a no transitar una parte de la ciudad: la zona del Mercado de Hacienda aún hoy sigue siendo un extremo, un margen de la ciudad y por lo tanto no es un lugar de paso o transito masivo. Sin embargo, sí generó un gran sentimiento de identidad para los locales, para su barrio.
Entre el barrio de Mataderos y los barrios más poblados de la ciudad hay una distancia muy grande. Siempre me da la sensación de que al cruzar Rivadavia para internarse en las calles de estos barrios, uno se encuentra en otra ciudad. Como si fuéramos a Olavarría o Azul por algunas horas para luego volver a lo cotidiano y conocido.
-¿Es el último de los mercados concentradores en CABA?
-Sí, es el último de animales vivos que queda en la Ciudad de Buenos Aires y alrededores, ya que los mercados de lanares de Tablada y Avellaneda fueron desarmados hace ya muchas décadas atrás, el primero en 1932 y el segundo a mediados de los años 80.

-¿Fue por políticas urbanísticas?
-Se han llevado adelante alguna reformas que han tenido como fin la erradicación de distintas instalaciones ligadas a una industria pesada: los mataderos (en 1979 cierra el de Lisandro de La Torre) y curtiembres, las plantas fraccionadoras de vino en La Paternal y Palermo, el Mercado del Abasto en Once, los molinos harineros como el Gral. Mitre – Morixe en Caballito o Puerto Madero y distintas playas de carga ferroviarias que aún sobreviviendo al cierre y privatización de la empresa Ferrocarriles Argentinos entre 1990 y 1993 fueron desafectadas hace relativamente poco tiempo (Colegiales, Casa Amarilla, Palermo y La Paternal, Federico Lacroze, Estación Buenos Aires). En muchos de estos espacios, una vez desmantelados, se asentaron barrios precarios o fueron entregados al negocio inmobiliario y en menor medida al espacio verde o esparcimiento.
-Como una forma de que lo rural desaparezca de la ciudad, ¿no?
-El lechero que visitaba casa por casa con su vaca o la presencia por las calles de distintos carros de trabajo tirados a caballo fueron blanco de la ley de prohibición de tracción a sangre en Buenos Aires. Esta ausencia generó en el imaginario colectivo el pensar una ciudad sin olor a bosta. Pareciera que la entrada de ganado vivo a la ciudad está ligada a la Exposición de Ganadería, Agricultura e Industria internacional realizada una vez al año en el predio de Palermo y al estudio veterinario en el barrio de Agronomía. Y hasta posiblemente mucha gente desconozca que en dicho barrio también hay animales que pastan (Inclusive exóticos para esta región como llamas, guanacos) y que se pueden ver desde la ventanilla de un colectivo o mientras se transita por las Avenidas San Martín o Chorroarín. Pero son poquitos ejemplares y su presencia está relacionada al estudio de la Facultad Veterinaria de la UBA.
Esto tiene que ver con la ley 622 sancionada por la Legislatura de la CABA en 2001 que prohíbe el ingreso de ganado vacuno en pie en todo el territorio de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, con la excepción de aquellos destinados a exposiciones, ferias o actividades científicas, culturales o deportivas. Esta ley sumó su grano a la invisibilización del camión de hacienda por la ciudad.

-¿Hasta qué año llegó hacienda en tren?
-Todos los ferrocarriles en Argentina, en todas las trochas (ancha, media, angosta y económica) transportaron ganado vivo, tanto cuando eran administrados por británicos o franceses como cuando se transformaron en un sistema de transporte estatal, luego de la nacionalización de 1948.
-¿Pero a Liniers ingresaba solo la línea Sarmiento?
-El Sarmiento y el Belgrano eran los únicos ferrocarriles que tenían estaciones e instalaciones en dicho predio para abastecer al Matadero y Mercado de Hacienda. Pero hay que remarcar que el ferrocarril (en toda su historia y hasta 1993) era un sistema de transporte y entonces, por medio de combinaciones por empalmes, cualquiera de los otros ferrocarriles podía despachar hacienda desde los rincones de su línea al Matadero Municipal o al Mercado de Hacienda. También hay que aclarar que los trenes no tenían como destino exclusivo el Mercado de Hacienda de Liniers y que además transportaban equinos, porcinos, ovinos y caprinos (estas últimas tres especies en vagones de doble piso que permitían optimizar el uso del espacio) directamente a los mercados de lanares de Tablada y Avellaneda, a frigoríficos como el Lisandro de La Torre, el Anglo en Dock Sud, La Negra en Avellaneda, los Swift y Armour ubicados en Berisso y Rosario o Cuatreros en Gral. D. Cerri, Bahía Blanca. También hacían el servicio de transporte internacional como medio para llevar hacienda a países limítrofes o a al puerto de Buenos Aires para la exportación de ganado en pie.
-¿Qué otros usos tenían los vagones jaulas?
-Eran solicitados por productores para transportar ganado con destino a invernada o para mover hacienda de un campo a otro campo debido a inundaciones o sequías. Estos traslados podían ser de provincia a provincia, entre dos puntos lejanos y con combinaciones ferroviarias que hoy parecen imposibles de lograr. Analizando el formulario ‘Pedidos de vagones para Hacienda’ que perteneció a la estación Adela (ubicada en la vía a Mar Del Plata, del Ferrocarril General Roca, partido de Chascomús), que se usó entre los años 1953 y 1964, hay algunos datos interesantes como cantidad de vagones o diversos movimientos: de Adela a la estación Pinto (Santiago del Estero FC. Mitre), de Adela a la estación Rufino (Santa Fe, FC G San Martín), de Adela a Rivera (FC. Sarmiento) y lo más sorprendente, de Adela a la estación Paso de los Libres en la provincia de Corrientes. Algo poco divulgado es que también se trasladaban fieras: cuando los circos se desplazaban de un sitio a otro, transportaban sus animales por ferrocarril.
-¿Cuándo aparecieron los trenes de “hacienda solamente”?
-El 20 de septiembre de 1903 se habilitó el ramal Tablada a Mataderos del Ferrocarril Oeste (FCO) con este fin exclusivo. Existía un edificio destinado solo a este transporte, la estación Mataderos. Pero el FCO no fue el único ferrocarril que se introdujo en el Mercado ya que en 1908 se inaugura el ramal de la Compañía General de Ferrocarriles en la provincia de Buenos Aires (CGBA) que salía de la estación Villa Madero y llegaba a Mataderos. Emplazadas sus instalaciones en la zona de Murguiondo y Eva Perón, esta estación, desde su inicio y a diferencia del FCO, estaba habilitada también para productos forestales, pasto seco y alfalfa y recién en 1952 queda exclusivamente para la descarga y carga de hacienda. La estación de La trocha, como muchos entrevistados la recuerdan y nombran (por ser este ferrocarril de trocha angosta de 1 metro), CGBA/Belgrano, seguía en pie hasta hace algunos años, pero hoy solo sobrevive el tanque de agua, sobre la avenida Eva Perón (Vereda Sur) casi esquina M. Leguizamón. En la base de esta construcción funciona un kiosco.
El CGBA, una vez nacionalizado, pasó a formar parte junto a los otros ferrocarriles de trocha angosta, del FC Nacional Provincia de Buenos Aires y luego del Belgrano. Y trabajó con transporte de hacienda destinada a Mataderos hasta 1977.

-¿Y con el Sarmiento qué pasó?
-Tuvo una agonía más larga. Los récords en el transporte se dieron entre 1935 y 1940 donde se sabe de ochenta trenes semanales diagramados por itinerario, más los trenes especiales, que corrían agregados y fuera del itinerario. En una visita al Centro de Consignatarios de Productos del País pude acceder a distintos anuarios del Mercado donde se registra que en los años 1969, 1970 y 1971 los ferrocarriles Sarmiento y Belgrano transportaron 2.112.718 bovinos y 86.477 porcinos. Ya era un porcentaje muy bajo comparado con las cifras transportadas en camión.
Alberto Bernades en su nota ‘Los Ramales a Mataderos’ publicada en la revista Todo Trenes Nº 90, escribe que 1990 fue el último año en que el Sarmiento transportó hacienda usando el ramal Tablada – Mataderos. Solo llegaba un tren semanal compuesto por 12 vagones jaulas dando un número promedio de 257 animales por semana, 13.335 al año. Este magro tráfico más el pésimo estado de la vía hicieron que se clausurara la estación Mataderos el 1 de junio de 1991. Días después, el 10 de junio de 1991, se autorizaba a levantar las vías desde Eva Perón hasta Piedrabuena.
Para cerrar, así como en el Ferrocarril San Martín el principal transporte era vino a granel y embotellado, en el Sarmiento el transporte fuerte fue el ganado vivo. Cada ferrocarril dejó en el recuerdo una memoria olfativa, por eso se habla del “perfume” que dejaba un tren al pasar por la estación: el primero a vino, el segundo a bosta.
(Continuará…)
Ezequiel Semo es artista visual y fundador del archivo Textil Ferroviario, una colección e investigación sobre los uniformes ferroviarios provistos entre 1948 y 1993. En 2020 editó el documento audiovisual PARA EN TODAS, EL GUARDA SARMIENTO y está redactando la tesis para la licenciatura en Artes Visuales UNA de la Universidad Nacional de las Artes.
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]]>La entrada ¿Y qué sucedió con el avance chacarero? Según Javier Balsa, “se desarmó porque el agronegocio empezó a definirlo como un modo errado de ver el mundo” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>En su clímax, el avance chacarero fue muy significativo. Los arrendatarios que habían hecho visibles a partir del Grito de Alcorta en 1912, en este tramo histórico se hicieron chacareros: alrededor de la mitad de ellos consiguieron ser propietarios de la tierra, ya sea por colonización o bien porque los terratenientes comenzaron a vender tierras, temerosos por las expropiaciones o debido a los precios congelados durante varios años.
Luego del crack de 1929, “hubo un cimbronazo mundial muy fuerte y yo quería entender por qué los productores seguían produciendo. Me llamaba la atención que la producción agropecuaria siguiera casi estable a pesar de que los precios bajaron a un tercio. Hice entrevistas a viejos chacareros allá por 1990, y me explicaron que ellos tenían mucha pauta de vida campesina, trabajo familiar, mucho de autoconsumo, podían reducir drásticamente sus consumos en dinero, y así fue como siguieron produciendo”, contó Balsa a Bichos de Campo sobre su investigación.

Su análisis acerca de cómo se había armado el entramado de productores pequeños y medianos en la Argentina lo llevó a descubrir algo en esas entrevistas que realizó. “Me daba cuenta de la distancia social de la persona que yo entrevistaba y el relato que me contaba. Es que me contaban una infancia de mucho trabajo en la chacra de sus padres, y ahora buena parte de ellos tenía un lindo chalet en la ciudad. Ocurre que la mayoría de los chacareros se fue a las ciudades y puso a trabajar la tierra en manos de obreros y contratistas. En parte, para acabar con esa vida de sacrificio”, resaltó.
Según Balsa, el “desvanecimiento del mundo chacarero” se fue produciendo entre la década de 1930 y el comienzo de la de 1990. Hubo un proceso por el cual el chacarero quiso aspirar a la vida urbana. “Fue muy fuerte ese discurso en las siguientes generaciones, de transmitir de padres a hijos que el progreso no pasaba por el campo. Hubo en el medio mucha inestabilidad política y golpes de estado, pero no se logró cuajar ese modelo del ‘farmer’ norteamericano familiar que habíamos querido imitar, con su explotación, con sus cooperativas, que vivía en el campo y que tenía tiempo para hacer producción mixta”, manifestó el investigador del Conicet y docente universitario.
Mirá la entrevista completa a Javier Balsa:
En épocas más recientes, todo ese mundo chacarero “se desarmó también de la mano del discurso del agronegocio, que empezó a definirlo como un modo errado de ver el mundo. Y tanta fuerza cobró ese discurso, que muchos productores de 200 a 300 hectáreas se consideran aún hoy inviables, cuando en la mayor parte de países del mundo eso es sinónimo de un gran productor”, destacó Balsa.
“Ese modo de vida rural con pueblos y cooperativas, que entre los ´50 y ´60 llegó a tener una vida impresionante, se desarmó y los pueblos empezaron a quedar vacíos”, lamentó.

-El discurso del agronegocio dominante sostiene además que tampoco el Estado argentino debiera hacer política agropecuaria para sostener a la gente en su territorio.
-Ahí está la clave del problema: la mayoría de los productores compraron este discurso. Es un problema mundial. En los ´70 se instaló el discurso neoliberal de Reagan y Thatcher, con la promesa de que bajando impuestos, capacidad sindical y salarios habría más ganancias de capitalistas y eso reactivaría la economía. Pero eso no pasó. La economía se reactivó muy poco, y las tasas de crecimiento mundiales de los ´90 y de primera parte de este siglo son la mitad de las que había en los ´60 y ´70, e incluso buena parte de la burguesía mediana se vio absorbida por las grandes empresas. Entonces esa promesa neoliberal no les sirvió. En el caso del sector agrario es más notorio esto, porque en los últimos 30 años desapareció la mitad de los productores de la región pampeana. Hoy deberían estar saliendo a la calle, movilizados y pidiendo políticas que frenen la concentración.
-El año pasado escribí la crónica sobre el Censo Nacional Agropecuario (CNA) en 2018 y surgía con claridad este dato: desde 1988 hay 40% menos de explotaciones y este proceso es más acelerado en la zona pampeana. Sin embargo no vi ninguna conmoción, ni política ni social. El dato pasó inadvertido.
-Lo que pasa es que acá hay dos discursos: el latifundista, liberal y conservador de que el Estado no debe meterse, y el discurso agrarista tradicional de Federación Agraria, que planteaba que debía haber intervención estatal para conseguir que la tierra sea de quien la trabajara, y que se deben regular los mercados para que no quedaran en manos de grandes empresas. Esos dos discursos pujaron fuerte hasta que llegó la dictadura del ´76. Desde ahí, el discurso agrarista fue reprimido en términos físicos, hubo una persecución del mismo y hubo desaparecidos, y cuando salió la transición democrática la cuestión agraria desapareció casi por completo de la agenda política argentina.
Algo reapareció a fines de los 2000, donde Carbap y Federación Agraria tuvieron un discurso crítico del proceso de concentración, pero hasta el 2004 o 2005. Luego, cuando ocurrió el conflicto de 2008 ese discurso desapareció. Ahora da más vueltas y con más fuerza el discurso ambientalista que el discurso agrarista, y los productores no tienen un discurso desde el cual pararse.
-¿Cómo es eso de qué no tienen discurso?
-Cuando uno les pregunta cuáles fueron los cambios más importantes de los últimos 20 años, te dicen que es el avance tecnológico o la política de retenciones, y solo 1 de 400 entrevistados te menciona la quiebra de muchos productores. Cuando luego les preguntás en concreto, sí te dicen que los pooles de siembra les están sacando los campos. O sea que hay un sentido común mediante el cual ellos se dan cuenta que este modelo se va a llevar a muchos puestos en otros 30 años, y al que tiene también 300 hectáreas. Entonces lo que predomina primero es la resignación. El tema es que no logran tener otra propuesta que no vaya hacia la concentración. Lo que pasa es que tener una propuesta distinta implica articular con el Estado, que para ellos es mala palabra. Estamos en una trampa.
-¿No contribuye en todo este proceso de concentración la demonización que muchas veces también se hace desde la ciudad, respecto de que todos los productores son parte de una oligarquía beneficiada?
-Totalmente. Tener ese discurso contra-oligárquico puede ser efectivo para movilizar pasiones. El tema es que tuvieron 200 mil personas enfrente (en el conflicto de 2008) que sabían que esa política de retenciones les impactaría, y ahí vieron que el tejido social rural era mucho más rico de lo que pensaba el Estado. El concepto de oligarquía solo funcionó para explicar la dinámica argentina hasta 1916, donde ese grupo social hizo usufructo del Estado para quedarse con grandes extensiones, pues se repartieron la pampa húmeda en lotes de 40 mil hectáreas que luego no pudieron producir y tuvieron que llamar inmigrantes para ponerlas en producción. Por eso digo, Podría haber habido otro desarrollo. ¿No?
Esa oligarquía perdió poder político y como en democracia le cuesta retomarlo. Apostó al golpe de Estado y además cambió mucho. Invirtieron en otros lugares y ahora, de la mano del neoliberalismo y del discurso del agronegocio lograron construir un consenso muy fuerte en el campo, y que tiene también su peso en lo urbano, en más del 40% de votos que sacó Macri hace cuatro años atrás.
De todos modos, no logran tener un proyecto que realmente sea de ellos, sino que es un proyecto más atado al agronegocio y a las multinacionales que a uno que realmente garantice un desarrollo más local. Yo hablaría hoy más de alta burguesía como concepto político. Y como concepto sociológico, sigue habiendo grandes estancieros, pero el problema de la tierra tiene que ver con la producción periurbana, con los countries. Ahí también hay una serie de cuestiones complejas para armar un modelo, pero debería armarse. Yo celebro que se genere cierta discusión y que la cuestión agraria vuelva a estar en debate.

-En plena pandemia, muchos volvieron a reparar en el campo casi como una tabla salvadora. Se habla de un “repoblemos el campo porque genera trabajo”, pero seguimos sin discutir seriamente qué tipo de campo queremos ¿Qué pensas?
-Podría haber campo para todos y todas, para los grandes, medianos, pequeños e incluso para el agronegocio, pero debe haber una lógica en donde eso no esté totalmente librado al mercado porque sino el proceso de concentración se vuelve inevitable, y además nos deja un agro muy poco diversificado. Yo creo que es un combo muy difícil de armar, porque son actores muy distintos. Pero la Argentina necesita exportar commodities y al mismo tiempo producir alimentos. Podría haber distintos regímenes fiscales que traten de garantizar un poco de todo. O sea que los precios de los alimentos no estén necesariamente atados al mercado mundial, pero que lo que se recaude por esas retenciones, por ejemplo, vuelva a caminos rurales y no sea solo una extracción de dinero del campo a la ciudad. Que se arme un circuito para ese dinero. Para mi es clave tener una política de desarrollo local.
-¿Es una política integradora la que te imaginás? ¿El Estado garantizando esa convivencia con reglas que emparejen la cancha? Esto de seguir confrontando entre chicos y grandes tampoco es una discusión que haya ayudado.
-Es una discusión ociosa. Creo que debería volverse a tasas impositivas como hubo en el siglo XX en Estados Unidos, Inglaterra o Alemania, que generaban cierta distribución. Pero insisto: es tan grande la Pampa que hay lugar para todos. Hay que pensar una política desde el Estado, pero si las entidades agropecuarias, estas o las nuevas, no rompen ese prejuicio de relación con el Estado, será difícil lograrlo.
-Es decir que no se discutirá nada si la única demanda del ruralismo sigue siendo bajar la presión fiscal…
-Hay que pensar en una buena política fiscal, y es algo que no solo Argentina, sino que todo el mundo se debe. Quizás sea mejor una política fiscal hacia el impuesto inmobiliario y que las retenciones tengan una función más compensadora de precios. Hay que tener una mirada global y creo que las entidades del agro deberían dejar de pensar en la política como mala palabra y discutirla.
-¿La concentración es inevitable?
-Hay productores familiares que siguen estando y se los invisibiliza, y no son solo horticultores. Debe haber otro modelo de desarrollo agrario, más integral, que les garantice el lugar a todos. Es una lástima que se desarme ese mundo chacarero que costó tanto construir y que no haya expectativas intergeneracionales. Es un problema de muchos sectores de la Argentina, esto de aspirar a otra cosa siempre, de no conformarse. Es algo que tiene pros y contras.
Las cooperativas, que hubieran sido el eje de esto, entraron en crisis también. Hubo muchas cosas. Pero celebro que haya iniciativas de gente que se vaya a vivir al campo, construyendo explotaciones con un sostén colectivo, porque si estos procesos no tienen ese sostén, se tiende a una individualización fuerte. Todo esto exige pensar la tierra con una función social, pensar que los espacios tienen que ser ocupados y que tiene que haber políticas que descentralicen.
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]]>La entrada ¡Larga vida a las retenciones!: Nacieron con la “Libertadora” y ahora es el peronismo quien más las defiende se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Según la definición de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), los DEX son “tributos aplicados en Aduana que gravan la venta al exterior de distintos bienes, tomando como base imponible las cantidades declaradas al precio internacional vigente”.

Si bien históricamente la principal razón de su aplicación fueron por cuestiones fiscales, “no es propio soslayar la magnitud y relevancia de sus efectos distributivos (de productores a consumidores, del interior a los centros de consumo)”, indicó la BCR en un trabajo publicado en 2015, como así también en la creación de tipos de cambios diferenciales y el desacople de los precios internos a los internacionales.
La primera vez que se introdujeron los DEX para los productos agropecuarios como tales fue durante la autoproclamada “Revolución Libertadora”, iniciada con el golpe de Estado contra Juan Domingo Perón. En 1955, esa dictadura introdujo retenciones del 25% del valor exportado de forma transitoria, en la que fueron incluidos los productos agropecuarios “tradicionales”.
Este esquema “sufriría sustanciales modificaciones en los años siguientes” explicó la BCR, que indicó que, en 1958, el gobierno democrático de Arturo Frondizi volvió a establecer retenciones que iban del 10% al 20%, y se le fijó un impuesto adicional del 15% a la exportación de trigo y otros cereales.

En esos años, la Sociedad Rural ya denunciaba “un tratamiento discriminatorio” hacia el sector, según indicó el historiador y economista Mario Rapoport en un artículo publicado en el diario Página/12.

En 1965, la administración del presidente Arturo Illia fijó las alícuotas en 13% para el trigo, de 9,5% para las carnes y de 6,5% al maíz. En tanto, dos años más tarde, en 1967, durante la gestión del dictador Juan Carlos Onganía, se introdujeron DEX que iban del 20% al 25%, que después se reducirían de manera gradual.
En 1972, se inició una etapa de “derechos especiales móviles” que no podían exceder el 15% del valor FOB del producto. En tanto, en la última dictadura cívico-militar, iniciada el 24 de marzo de 1976, fueron suprimidos la mayoría de los DEX, que, luego, en 1982, ya sobre el final de esa etapa, fueron reinstalados.
Recuperada la democracia, el presidente Raúl Alfonsín eliminó las retenciones al trigo y al maíz, en 1987, y mantuvo las que regían en el complejo oleaginoso. Sin embargo, en 1989, volvió a introducirlos en el marco del Plan Primavera, lo que generó el rechazo y protestas por parte del sector agropecuario, que se manifestó en la apertura de la Exposición de la Sociedad Rural con la presencia del Primer Mandatario.
Durante la gestión del presidente Carlos Saúl Menem, los DEX de los cereales se eliminaron, a excepción de las semillas de girasol y soja, que tributaban 3,5%.
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Las retenciones hicieron su reaparición con el decreto 310/02, de febrero de 2002, en el medio de “una de las crisis más profundas de la historia argentina”, destacó la BCR en su trabajo especial sobre el tema. Inicialmente, las alícuotas fueron del 10% para trigo y maíz y del 13,5% para soja y girasol (los productos procesados pagaban sólo 5%).
A partir de abril de ese año, los porcentajes subieron a 20% en cereales y a 23,5% en oleaginosas, respectivamente, mientras que harinas y aceites de soja y girasol comenzaron a tributar un 20%.
En 2007, los DEX aumentaron y cerraron el año tributando 25% el maíz; 28% el trigo: 32% girasol y 35% la soja.
Durante el primer mandato de Cristina Fernández de Kirchner el entonces ministro de Economía y actual senador nacional Martín Lousteau, diseñó un nuevo esquema de retenciones móviles que llevaban la alícuota de la soja del 35% a casi el 41%, para alcanzar luego un máximo del 48,7%, aunque si el valor FOB superaba los US$ 600 por tonelada la alícuota marginal alcanzaba el 95%. Es decir, “el fisco capturaba casi la totalidad de la mejora de los precios por encima de ese nivel”, explicó la BCR.
La medida, conocida como la resolución 125, generó la abierta oposición del sector que se manifestó con cortes de rutas y desencadenó un conflicto de más de 120 días que tuvo su punto final en la derogación de tal resolución, tras la derrota del oficialismo en el Congreso con el voto “no positivo” del entonces vicepresidente de la Nación, Julio Cobos.
Inmediatamente, tras su asunción como presidente, Mauricio Macri eliminó los derechos de exportación a todos los productos agropecuarios con excepción a la soja, a la cual le realizó una quita del 5% hasta el 30%, y dispuso un cronograma de reducción paulatina de 0,5% por mes a partir del 2017. Si bien la reducción comenzó en 2017, se suspendió su ejecución a mediados de ese año y en 2018.
Acorralado por la fuerte crisis económica, Macri dispuso la reinstalación de los DEX para los productos agropecuarios que habían sido exonerados del pago de la alícuota y aumentó la de soja, aunque, en todos los casos, el tope de retención no podía superar los 4 pesos por dólar exportado. Así, el maíz y el trigo se ubicaron en el 11% y la soja superó el 28%.
A los pocos días de la asunción del presidente Alberto Fernández, a través de un decreto, el nuevo gobierno derogó el tope de 4 pesos por dólar y se llevó los DEX de soja al 30%, los de trigo y maíz al 12% y los de carne al 9%.

El 3 de marzo pasado, el Gobierno, haciendo valer la facultad concedida por el Congreso nacional de aumentar los DEX a la soja y derivados en hasta 3 puntos porcentuales, los llevó hasta el 33%, aunque promete implementar un sistema de compensaciones para aquellos productores sojeros que comercialicen hasta 1.000 toneladas. También dispuso bajas al girasol y algunas producciones de economías regionales.
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]]>La entrada Creer o reventar: Hace 75 años nacía CRA… por una invitación a Bolivia se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Por eso aprovechamos el acto de aniversario del 75° aniversario de Confederaciones Rurales Argentinas (CRA) para preguntarle a Jaime cómo era el contexto que, en 1943, dio origen a una de las cuatro organizaciones tradicionales de productores en la Argentina.
Así nos enteramos que CRA nació casi de casualidad, debido a la invitación que hizo el gobierno de Bolivia a los ruralistas de aquel momento para participar de un seminario en aquel país.
Si no crees lo que te decimos, mirá la entrevista completa con Juan Cruz Jaime:
Pero no minimicemos los acontecimientos históricos. El nacimiento de CRA, según Juan Cruz, fue “parte de un proceso que se inició en los años treinta, cuando a partir de las políticas del gobierno conservador del General Justo se empiezan a crear instituciones como la Junta Nacional de Granos o la de Carnes, que empiezan a regular el comercio agropecuario”.
Hasta ese momento, en el agro local había solo dos gremiales de improntas muy diferentes: la añosa Sociedad Rural Argentina fundada en 1866, y la Federación Agraria Argentina, que nació con posterioridad a la huelga chacarera conocida como grito de Alcorta, en 1912.
Jaime recordó que en un entorno político signado por el Tratado Roca-Runciman, que administraba las transacciones de carne vacuna entre la Argentina y el Reino Unido. “había muchos grupos de nuevos inmigrantes que empezaron a tener campos medianos y pequeños y que no se sentían representados por la Sociedad Rural Argentina, y que necesitaron empezar a agruparse para responder a esta nueva realidad económica del país. Ahí nacieron las confederaciones rurales”.
Como casi todo en el campo, hay una explicación económica. Los grandes terratenientes de aquella SRA tenían campos suficientes como para hacer críe e invernada de su ganado, y por tanto podían negociar mejores condiciones para la venta de la carne. Pero los nuevos inquilinos de la Argentina, en general asentados sobre tierras menos productivas y de extensiones más pequeñas, generalmente eran solo criadores. Como pasa ahora y casi siempre, eran muchas veces la variable de ajuste.
En 1932 se funda Carbap y cuatro años más tarde nacen la confederación del litoral (con impronta en Entre Ríos) y Carclo, que hacía nido en Córdoba.
“Se va haciendo tan compleja esta situación, que en un momento llega una invitación del Gobierno para que estas confederaciones participen de un congreso en ese país para hablar de este tema a nivel latinoamericano. Pero les dicen: ‘No puede venir uno de cada uno. Necesitamos que venga un solo representante por todas las confederaciones’. Y fue ahí que nación Confederaciones Rurales Argentinas en la necesidad de nombra un solo representante para el Congreso de Bolivia”, relata Jaime con pasión de historiador.
De todos modos ese no es el final de la historia. En medio de estos entreveros, hubo una revolución en Bolivia y el bendito congreso jamás se realizó. CRA, de todos modos, permanece hasta nuestros días.
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]]>La entrada Los locos de la soja: Pasaron 50 años de las primeras pruebas para industrializar el poroto en el país se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>El ingeniero Enrique Lasgoity fue parte de ese grupo de visionarios. Junto a un grupo de profesionales del aceite decidieron empezar a ‘moler’ soja en 1968, cuando todavía no se sembraba el poroto en el país o se hacía marginalmente en algunas zonas alejadas. Lasgoity trabajaba en la empresa INDO, que por aquella época se dedicaba a hacer aceite de lino y maní, y que más adelante se transformaría en La Plata Cereal. “Tuvimos que importar soja para hacer las pruebas”, recordó.

Esas pruebas no tuvieron al principio demasiado éxito, básicamente por falta de compradores. “Tuvimos que hacerle análisis de todo tipo para poder venderla”, explicó el ingeniero a Bichos de Campo.
“La soja ya se estaba desarrollando en Estados Unidos y Brasil. En Argentina llegó entrada la década del ’70. Nos ayudó mucho el ingeniero agrónomo
Alberto Piquín de INTA Cerrillos para introducir la soja en los campos. Había que pegarle al productor para que la siembre en aquella época”, contó Lasgoity. “Pero después terminó entrando bien como doble cultivo atrás del trigo”, rememoró.
Aquí la entrevista completa con en ingeniero Enrique Lasgoity:
“Después vino toda la discusión de la construcción en los puertos, en la que estuve muy metido. Y más tarde viene la etapa del biodiesel. Allí la segunda planta autorizada del país la hice partiendo de una planta que hacía cuestiones químicas en San Luis”, recordó el pionero de la industrialización de la soja, que desde hace tiempos e dedica a la consultoría privada..
Lasgoity reconoció que el desarrollo de la soja en el país y el mundo no fue producto del talento sino más bien obra de la necesidad. El factor decisivo para el boom sojero fue el cambio climático, ya que la incipiente aparición de los fenómenos El Niño y La Niña, hicieron correr mar adentro a la anchoveta que se pescaba en el norte del Perú y abastecía las fábricas de harina proteica de pescado que se utilizaba para el alimento balanceado de otras producciones ganaderas en todo el mundo. Como se tornó cada vez más complicado capturar la anchoveta, comenzaron a buscarse sustitutos. Y allí apareció la soja, que tenía un porcentaje de proteína muy similar.
Bichos de Campo le preguntó al veterano ingeniero cómo seguía esta película. “Veo futuro en todos los derivados, como bioplásticos. Pero con especial énfasis en el extrusado, un método sin químicos ni solventes, un producto regional que evita que los camiones vayan y vuelvan del puerto, con lo que eso significa para la huella de Carbono. Hay defender a este sector, escucharlo por lo menos. Porque el expeller se puede vender en la región (Chile, Perú, Uruguay), en aquellos países que no tienen soja”, dijo Lasgoity.
“Además estamos trabajando con el aceite, reemplazando el gasoil y el GLP (gas licuado). Podríamos hacer que el productor tenga su propio combustible con el aceite, no con biodiesel. Rudolf Diesel hizo andar los primeros motores en Sudáfrica con aceite de maní (una oleaginosa como la soja), porque no tenía carbón para el vapor”, ejemplificó .
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]]>La entrada Juan Carlos Grasa: Cien veces escarbando en el Horizonte A se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Con información técnica, productiva y política, Horizonte A se ha convertido en una de las revistas más esperadas en cada establecimiento, oficina y empresa vinculada a la agroindustria. ¿O a quién no le gusta verse en la “Vidriera” o responder “Las 30” preguntas de esta publicación? ¿Y quién no hace cola con ganas de ser invitado a las “mesazas” de Quincho?.
Mirá la nota que hicimos con Juan Carlos Grasa:
Estas son algunas tapas de la larga saga de periodismo agropecuario. En la edición 3 aparecieron las malezas resistentes en soja. La edición de abril 2008: Crisis del campo, para preguntarse ¿y ahora qué hacemos? La número 42, en 2012, fue la primera edición en la que Tomas Bulat escribía en la página 3. Después, se incorporó la editorial de Ivo Ordóñez, con una visión urbana sobre el campo.
Luego siguieron varias tapas con personajes que Grasa considera fundamentales en la historia del agro contemporáneo: Rodolfo Rossi, la soja RR y el padre de la criatura; otra fue María “Pilu” Giraudo; la otra fue con Gerardo Bartolomé, con Don Mario cuando había rumores de venta; y finalmente otra que reunía a Martín Melo y Jorge Lanata hablando de cosas del agro.
¿Y cuál fueron las tapas que más le gustaron al director? Una de granos de soja, la de las caritas nacionales en soja. En 2015, la número 68: el productor aparece encerrado en un laberinto de malezas. En la 70, Vero (esposa de Juan Carlos y la que realmente labura) diseñó una tapa con todas las producciones adentro de una urna (elecciones).
En la edición internacional, la 76, salieron a conocer el mundo, dándose una vueltita por la realidad de la producción agroindustrial en “Iurop”. También hubo una tapa de “Maccartney”.
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]]>La entrada Pasaron siete décadas desde que la Rural puso su último ministro se publicó primero en Bichos de Campo.
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Alejandro Tarruella, autor del libro “Historia De La Sociedad Rural Argentina” (editorial Planeta, 2012), colaboró con Bichos de Campo para recordar cómo participó la entidad colocando a varios de sus presidentes en cargos importantes dentro del Poder Ejecutivo.
Como se ve, el último presidente de la SRA que había ocupado un cargo relevante en el Poder Ejecutivo Nacional es Santamarina,en 1943, años previos al ascenso de Juan Domingo Perón al poder. Desde entonces que la entidad empresaria más vieja del país no había podido colar a uno de los suyos en el Gabinete nacional.
Hay que hacer una aclaración. En tiempos de la última dictadura militar, entre 1976 y 1984, la Sociedad Rural Argentina ejerció cierta influencia sobre la cúpula militar de modo indirecto, ya que Jorge Zorreguieta fue secretario de Agricultura y Ganadería entre 1979 y 1981. El padre de la Princesa Máxima y ex titular del Centro Azucarero Argentino había sido secretario de la SRA y de Confederaciones Rurales Argentinas, pero no había cubierto ningún cargo directivo en la entidad.
La misma ligazón indirecta con la entidad de la calle Florida tenía el ex ministro de Economía José Alfredo Martínez de Hoz, quien era socio de la Rural e hijo de uno de sus presidentes, homónimo, justamente en el apogeo del primer peronismo.
“La irrupción de Luis Etchevehere le da al tiempo político del gobierno de Macri un tinte de ‘década infame’. No por el carácter de aquel gobierno, que tenía intenciones industrialistas debido a la necesidad de sustitución de importaciones, sino por el carácter autoritario que tuvo y ciertas alianzas corporativas tejidas ‘por arriba’, entre los diferentes factores de poder, incluido en ese momento el imperio británico”, evaluó Tarruella sobre la nueva designación. “Hoy hay una connivencia evidente entre las corporaciones financieras internacionales, que apuntan a generar una deuda externa que ahogue al país y lo someta a sus dictados, y los sectores corporativos que operan en el país. La Sociedad Rural es uno de ellos”, añadió.
Para el historiador, la designación de Etchevehere representa pues “el intento de consolidar un país productor de materias primas, receptor de capitales financieros vía pago de intereses de la deuda, que destruya el perfil industrial recuperado en 2003 por Néstor Kirchner”.
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]]>La entrada Al pan, pan, en su día se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Hoy es el día internacional del pan porque así lo decidieron las cámaras que agrupan a las asociaciones de panaderos de Europa y Latinoamérica, la UIB (Unión Internacional de la Boulangerie) y la Cipan (Confederación Interamericana de la Industria del Pan).
Pero está muy bien que el pan, invención tecnológica fundamental en la historia de la humanidad, tenga su día. Así que aquí recopilanos unos datitos en homenaje.
El nombre “pan” viene del latín “panis”, pero el pan se creó mucho antes de que existiera el latín: alrededor del 8.000 AC, en el norte de lo que hoy es Irak.
Los primeros panes se elaboraron con las primeras plantas domesticadas, que venían de trigos y cebadas silvestres. Si bien la invención de la harina permitió conservar el alimento por más tiempo que los granos, su cocción con agua lo hizo transportable. Los antiguos egipcios le agregaron masticabilidad hacia el 1.800 AC, con el dominio de la fermentación.
De esas invenciones tempranas quizá provenga la identificación del pan con el alimento: “El pan nuestro de cada día”, “Ganarás el pan con el sudor de tu frente”, “Pan y circo”, “Pan para hoy y hambre para mañana”, “A buen hambre no hay pan duro”, “Los niños vienen con un pan bajo el brazo”, y tantas expresiones más del refranero popular. En la última cena, el pan es el alimento y el cuerpo de Cristo, que a su vez es Dios y el hijo de Dios. Pavada de metáfora.
También tenemos ejemplos criollos, como en la segunda parte del Martín Fierro, que nos alecciona: “Debe trabajar el hombre para ganarse su pan, pues la miseria en su afán, de perseguir de mil modos, llama a la puerta de todos, y entra en la del haragán”. El dramático cuadro Sin pan y sin trabajo, de Ernesto de la Cárcova, es otra muestra de la identidad entre comida y pan. No conforme con ser el santo patrono del trabajo, San Cayetano también acaparó el patronazgo del pan.
Juan de Garay, el segundo fundador de Buenos Aires, trajo el trigo, y por mucho tiempo el pan se hizo en las casas. Las primeras ventas fueron de manera ambulante, y las sobras servían para múltiples usos: pan rallado, budín de pan, torrejas, tostadas, biscottis.
El pan más consumido en la Argentina es el llamado “francés”, hecho con harina de trigo refinada amasada con agua, que se hornea en bollos y adquiere un color de cáscara dorado o amarillento y con miga bien blanca y esponjosa. Probablemente ello se debe a que los primeros panaderos profesionales en el Río de la Plata fueron franceses, una innovación que no fue indolora, al punto que en 1761 sus panes se convirtieron en blanco de una protesta por parte del Cabildo.
Alrededor de 2/3 de la harina que consumimos en la Argentina es en forma de pan, particularmente el que se elabora en las panaderías, que entra en más del 80% de los hogares. El Gobierno espera una producción récord de trigo, de más de 18 millones de toneladas, y en adelante se buscará que tenga cada vez más calidad panadera, es decir, más valor.
Un kilo y dos pancitos, diría el genial Carlitos Balá.
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]]>La entrada Vieytes, el primer periodista agrario se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>El 1° de septiembre festejamos en la Argentina el día del periodista agropecuario en homenaje al lanzamiento del Semanario de Agricultura, Industria y Comercio en 1802, en la prehistoria de nuestro país.
Esa publicación pionera la fundó Juan Hipólito Vieytes, casi tan olvidado como su primer nombre, cuando andaba cumpliendo cuatro décadas. Este personaje curioso y heterogéneo, que editó el Semanario y en gran medida lo escribió durante los cinco años que duró, había nacido en San Antonio de Areco, hijo de un gallego y una criolla. Estudió filosofía y jurisprudencia, y se hizo una gran formación autodidacta en economía y agricultura.
Aunque había sido minero en el Alto Perú, creía más en la riqueza que podían proporcionar la agricultura y la ganadería en Buenos Aires, un suelo que sabía privilegiado. Como su amigo Manuel Belgrano, estaba influenciado por Adam Smith y por los fisiócratas, y confiaba en las felicidades que resultarían de un cierto liberalismo económico aunque sin confrontar con las supraterrenales que eran el objetivo del catolicismo, ni siquiera respecto de la Inquisición.
El Semanario, que se hacía en la única imprenta porteña –la de los Niños Expósitos- y se publicaba los miércoles, fue la primera publicación destinada a difundir el conocimiento agrícola en estas pampas, y el segundo periódico que vio la luz en el Río de la Plata, después del Telégrafo Mercantil, fundado en 1801 y prohibido al año siguiente. Si bien el Semanario continuaría en alguna medida al Telégrafo, el público al que apuntaba no era tanto el porteño como el rural.
Temáticamente, el Semanario incluía una cierta bajada de línea editorial acerca de cuestiones económico-sociales de la época, que revelaba una confianza en el trabajo y el conocimiento como fuente del progreso, así como consejos técnicos sobre cuestiones agrarias concretas: cómo mejorar la calidad de lana de las ovejas, cómo fabricar cera, cómo curtir cueros, cómo domesticar vicuñas, qué sembrar en cada época y cómo cosechar, y muchas otras. Con conocimiento, los hijos podrían extraer más riqueza de los campos que sus padres, y por eso Vieytes también promovía la enseñanza agraria escolar. El Semanario incluía nociones de química y misceláneas, como la llegada de la vacuna contra la viruela, entre otros temas. Más tarde, fueron ganando espacio cuestiones de tono más general.
El Semanario incluía una cierta bajada de línea editorial acerca de cuestiones económico-sociales de la época, que revelaba una confianza en el trabajo y el conocimiento como fuente del progreso.
Si bien con otro público y objetivos, resulta llamativo cuántas de las dificultades que mencionaba Vieytes siguen siendo las que enfrenta el periodismo 215 años después: cómo ajustar la circulación para alcanzar al público específico, cómo captar su atención, cómo sustentar económicamente la publicación. Pero la aspiración didáctica de Vieytes se topaba con que gran parte del ruralismo al que apuntaba era iletrado. La manera de alcanzarlo era a través de la lectura del Semanario por parte de los curas rurales, algo complejo dado los conflictos ideológicos que suponía para estos difundir un pensamiento liberal, tema que desarrolla el investigador Pablo Martínez en El pensamiento agrario ilustrado en el Río de la Plata: un estudio del Semanario de Agricultura, Industria y Comercio (1802-1807).
La poca efectividad de la comunicación y la primera invasión inglesa ponían en jaque las ideas fuerza de progreso de la modernidad ilustrada. Según Martínez, Vieytes intentó imprimirle un giro al Semanario, apuntando con un ejemplo ficticio a que los curas rurales ya no leyeran los textos sino que los adaptaran a su modo y propiciaran la puesta en práctica en sus comunidades, adaptándolo a sus propios saberes acumulados por la experiencia, tanto a nivel de la naturaleza como de los hombres del lugar.
El cambio de condiciones y las urgencias políticas fueron desvirtuando el objetivo original del semanario, que finalmente dejó de publicarse en 1807, luego de 218 ediciones regulares y unas pocas extraordinarias. Vieytes, que había reemplazado a Belgrano en el Consulado y también peleado con los Patricios, se convirtió junto con varios otros alumnos del Real Colegio de San Carlos –hoy Nacional de Buenos Aires- en uno de los hombres fuertes de la Revolución de Mayo. Muchas de esas reuniones secretas patrióticas se celebraban en la jabonería que él había montado con Nicolás Rodríguez Peña, en el cruce de la avenida 9 de Julio con Venezuela o México (no hay acuerdo entre los historiadores), antes de que la ensancharan.
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]]>La entrada ¿Con qué víveres cruzó San Martín la Cordillera? se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“Lo que no me deja dormir es, no la oposición que puedan hacerme los enemigos, sino el atravesar estos inmensos montes”, le dijo San Martín a su amigo Tomás Guido en junio de 1816, siete meses antes de encarar el cruce de la Cordillera con cerca de 6.000 hombres, 10.000 mulas, 1.600 caballos y todos los víveres, abrigos, pertrechos para la guerra y el hospital de campaña. Quien haya cruzado los Andes hoy día en cualquier vehículo bien equipado entiende cabalmente que la gesta sanmartiniana fue prodigiosa. Porque además de improbable, por las temperaturas, distancias, alturas, precipicios y falta de caminos, ese ejército de hace 200 años no había conseguido equiparse como precisaba.
Lo que no le mandaban de Buenos Aires, San Martín buscaba recolectarlo en Cuyo (por entonces, Mendoza, San Juan y San Luis), donde fue gobernador desde agosto de 1814. Animales, provisiones, elementos, dinero, hombres. Con la persuasión y con la fuerza. Lo agradeció: “Dénme tres pueblos como Cuyo y libertaré toda América”.
¿Cómo se alimentó esa cantidad de hombres y animales que atravesó los Andes por seis pasos y llegaron a Chile simultáneamente? ¿Que, en algunos casos, debieron hacer casi 400 kilómetros y pasar por trechos de hasta 4.500 metros sobre el nivel del mar?

Las exactitudes no abundan, tal vez en parte por la guerra de zapa (o de nervios) de la que San Martín se valió para confundir a los realistas, tal vez porque lo que se consiguió no era todo lo que se necesitaba, tal vez un poco por todo.
Al parecer, cada soldado llevó encima 3,5 kilos de charquicán o guiso valdiviano, según las versiones, consistente en una especie de masa formada por charqui molido, cocinado en grasa, ají y cebollas, a la que se le agregaba agua caliente y maíz tostado, que debía distribuir en raciones diarias durante 8 días.
El ejército también llevó aguardiente y vino, presumiblemente en toneles.
El historiador Pablo Camogli aborda específicamente el problema de la logística del cruce. Para la alimentación de los hombres, dice, “el ejército transportó 3.500 arrobas de charqui (40.250 kilos)”, carne que, al estar deshidratada, se conserva y pesa mucho menos. Él estima que se debieron requerir 143 mulas para ese transporte, restando lo que cada hombre llevaba en su mochila.
El ejército de San Martín también habría llevado 600 vacas para disponer de carne fresca, a razón de una vaca cada cien hombres.
Agrega que la ración diaria incluía 400 gramos diarios de galleta por persona, durante 15 días: 300 mulas más. Pero prácticamente descarta que hayan llevado queso y alimentos secos, como almendras, nueces, higos, pasas de uva y orejones, salvo quizá en las etapas iniciales de la travesía.

San Martín había mandado a acopiar las cebollas de todo Mendoza a fin de diciembre de 2016, pues servía “como medio de combatir la puna”, o apunamiento, mal de altura, Mal Agudo de Montaña (MAM). Al igual que el ajo, son vasodilatadores, con lo ayudan a que la sangre circule más fluida y transporte el oxígeno con menor esfuerzo del corazón.
Como no disponía de cantimploras, San Martín había ordenado, en noviembre de 2016, que “todas las carnicerías de la ciudad y suburbios lleven, a la Maestranza, todas las astas de las reses que matan”, para construir chifles (especie de cantimploras) para transportar el agua.
El ejército también llevó aguardiente y vino, presumiblemente en toneles. En condiciones tan precarias en un medio tan hostil, con horas sin sombra, vientos fortísimos y una variación térmica enorme que por la noche es varios grados bajos cero, poco alimento, malestares y vértigo, accidentes y bajas, y todo para ir a un combate difícil de prever, es probable que el vino fuera una ayuda indispensable. El aguardiente permitiría paliar el frío y quizá también soportar mejor las heridas.
Para abrigar mejor a los soldados, San Martín había mandado también buscar todos los restos de lana de Cuyo, para que metieran entre la ropa y acrecentaran el aislamiento térmico.
También los animales precisaban alimento, en esa travesía por lugares donde definitivamente no hay pasturas. Según Camogli, solo en el paso de Los Patos, por donde habrían ido cerca de 7.000 mulas, “se requirieron 341.250 kilos para alimentarlas durante todo el recorrido”, a razón de 48,75 kilos de forraje para cada una durante la travesía. Así, habrían sido necesarias 2.650 mulas para ese acarreo. Tan necesarias eran que es posible que muchas de silla hayan sido usadas como de carga, dejando a pie a muchos soldados.
Para abrigar mejor a los soldados, San Martín había mandado también buscar todos los restos de lana de Cuyo
En marzo de 2016, San Martín también había mandado a levantar 4.000 o 5.000 pieles de cordero para la montura de las mulas. Es que el aparejo pampeano, relleno y cubierto con paja, en situación de hambre hacía correr el riesgo de que la mula se lo comiera, por lo que se recurrió al chileno, que “recubría con cueros de carnero la albarda, la enjalma y toda la estructura que se cargaba sobre las mulas”, dice Camogli. No se sabe cuántas pieles consiguió finalmente.
Si las mulas eran los animales fundamentales en el cruce, los caballos lo serían en la contienda con los realistas. Los granaderos eran la fuerza más profesional y poderosa con que contaba San Martín. Además de cueros y mantas para abrigarlos, San Martín había mandado fabricar 1.200 bolsas de lona, para que cada soldado llevara granos “para dar dos o tres piensos a sus caballos, ya sea en alguna marcha forzada o en algún otro servicio de los que continuamente son destinados”, cita Camogli. De todos modos, solo alrededor de un tercio de los caballos habría llegado en condiciones de combatir.
Muchos historiadores, desde Gerónimo Espejo, comparan la gesta sanmartiniana con la de Aníbal y la de Napoleón. Varios piensan que el cruce de los Andes fue más difícil, considerando las distancias, la altura, la falta de caminos. Los motivos de San Martín, que no eran ni la venganza ni la conquista, también hicieron su empresa más loable. Es probable que San Martín haya sido el militar más extraordinario que hubo en toda América. De hecho, los propios yanquis tienen un retrato suyo en la academia militar West Point.
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