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Huella Hidrica – Bichos de Campo http://wi631525.ferozo.com .:: Periodismo que pica ::. Tue, 16 Nov 2021 13:28:44 +0000 es-AR hourly 1 https://wordpress.org/?v=5.8.13 http://wi631525.ferozo.com /wp-content/uploads/2018/06/cropped-mosca-32x32.png Huella Hidrica – Bichos de Campo http://wi631525.ferozo.com 32 32 Bosta, eructos, fertilizantes y agua: ¿Qué indicadores se analizan en el INTA Rafaela para medir las culpas de las vacas en el cambio climático? http://wi631525.ferozo.com/bosta-eructos-fertilizantes-y-agua-que-indicadores-se-analizan-para-medir-las-culpas-de-las-vacas-en-el-cambio-climatico/ Tue, 16 Nov 2021 12:14:37 +0000 https://bichosdecampo.com/?p=85606 En el INTA Rafaela un grupo de investigadores viene trabajando desde hace varios años en el análisis de indicadores de la ganadería, para comprender qué efecto tiene esta actividad sobre el ambiente y de qué forma volverla una actividad más sustentable. A través de la sistematización de varios datos obtenidos de sus estudios experimentales, trabajan […]

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En el INTA Rafaela un grupo de investigadores viene trabajando desde hace varios años en el análisis de indicadores de la ganadería, para comprender qué efecto tiene esta actividad sobre el ambiente y de qué forma volverla una actividad más sustentable. A través de la sistematización de varios datos obtenidos de sus estudios experimentales, trabajan en conjunto con las autoridades de Ambiente y productores particulares para mejorar los sistemas actuales.

¿Cuáles son estos indicadores ambientales que se analizan? Uno de ellos es el balance de nitrógeno y fósforo, que puede ser estudiado desde la conformación de las dietas y las excreciones. Se trata de uno de los indicadores más antiguos, que incluso en varios países de Europa debe ser medido por los productores en forma obligatoria todos los años. Ambos elementos están presentes de forma natural en el ambiente, pero también pueden ser entregados de manera suplementaria como fertilizantes.

“El fósforo es un nutriente que está en las plantas pero que también se entrega como fertilizante. No llega al agua de las napas pero sí al agua superficial, con lo cual se puede tener una problemática en los cursos de agua. Depende del manejo que uno haga de las excretas de los animales es como se está manejando el fosforo”, explicó a Bichos de Campo María Paz Tieri, agrónoma y doctora en Ciencia Animal de la Universidad del Centro de la Provincia de Buenos Aires en el INTA Rafaela.

“El nitrógeno, en cambio, es un elemento que sí llega a las napas, y que si tenés una alta concentración en la superficie y llueve, termina generando un problema de nitratos en agua”, agregó la especialista.

Allí reside la importancia en la dieta. Si la pastura es una con mucha presencia de fósforo y nitrógeno, el animal eliminará gran parte de eso en la bosta y en la orina –nitrógeno en bosta y orina y fósforo principalmente en bosta- para evitar una intoxicación, consumiendo así más agua y regresando estos elementos al sistema mediante las excretas.

Eso da lugar a un doble movimiento. Por un lado la bosta emite gases, en tanto los microorganismos naturales procesan ese nitrógeno y lo transforman en óxido nitroso, que es otro gas de efecto invernadero, pero por otro lado también genera una fertilización natural.

“Si manejás bien las excretas en un sistema pastoril, estás fertilizando naturalmente con la bosta y la orina de los animales, y además estás incorporando materia orgánica. Si bien emite tiene también su parte buena. Con este tema del secuestro del carbono, donde la idea es incorporar en el suelo materia orgánica, las excretas son parte del proceso de secuestro de carbono. Y después tenés la fijación biológica de nitrógeno usando especies como la vicia, la alfalfa, la soja, entre otras”, indicó Tieri.

En promedio, una vaca lechera puede consumir entre 20 y 25 kilos de materia seca (en pasto pueden ser 100 kilos si se tiene en cuenta el porcentaje de agua). De lo excretado por animal, solo el 15% o 16% es materia seca, lo que en general representa seis kilos de materia por vaca. El volumen de orina depende de la cantidad de agua consumida.

En relación con el manejo de las excretas, de la mano de las emisiones de óxido nitroso entra en escena otro de los indicadores a estudiar: el metano, específicamente el metano entérico.

“El metano es uno de los gases de efecto invernadero de mayor importancia en la ganadería. El entérico es el que viene por el rumen a través del eructo. Siempre se dice que es se emite por los gases pero es una parte mínimo, sólo un 5%. El metano del eructo es el de mayor porcentaje e importancia, y por eso se trabaja mucho con las dietas para ver qué pasa en ese rumen”, aseguró la agrónoma.

De esta forma, la bosta emitirá metano y óxido nitroso según la dieta, y su impacto también estará atado a la forma en que se traten dichas excreciones. Por eso desde el INTA insisten en distinguir las emisiones de la bosta que permanece en el campo a cielo abierto, de aquella que se tapa o que se envía a un biodigestor.

“Todo eso emite distinto. Hoy se sabe a nivel internacional que cuánto más fibra tenga una dieta seguramente emita más metano. Con el nitrógeno (utilizado como fertilizante de las pasturas) es más complicado. Por ejemplo, con distintos niveles de proteína no varío la emisión de metano. Eso es bueno porque pudimos bajar la excreción de nitrógeno y no aumentar la emisión de metano. Lo que buscamos es mejorar indicadores sin disparar otros, que es lo que suele pasar a nivel ambiental”, afirmó Tieri.

Otro indicador a estudiar está vinculado con el consumo de agua en la producción. Puede ser calculada en base a dos metodologías distintas. Una es la famosa “huella hídrica”, que tiene en cuenta el agua de la lluvia, el agua extraída y el agua azul, que es la cantidad de agua que se necesita para llevar a un contaminante a un nivel que no contamine. Esta modalidad fue muy cuestionada ya que frente a una importante lluvia, el resultado indicaba un impacto mayor del real. La otra opción es calcular la huella del agua, que tiene en cuenta solo el agua extraída por una actividad.

“Ambas tienen que ir siempre de la mano con la parte productiva y física. Hoy en día los acompañamos también de la parte social y económica para incluir todas las patas de la sustentabilidad”, remarcó la agrónoma.

Dado que una vaca puede llegar a consumir 150 litros de agua en verano –en invierno está entre 100 y 110-, los investigadores se encuentran estudiando formas de reciclar y cosechar agua, recolectando por ejemplo el agua de lluvia o instalando bebederos móviles para evitar contaminar cursos de agua, y permitir una distribución más pareja de las excretas en el campo.

“Hay muchas estrategias que se pueden implementar para reducir el impacto que no tienen que ver con reducir cabezas. Si un establecimiento tiene los números ordenados generalmente tenés la información para trabajar. Necesitas saber cuántas vacas tenés, qué comen, los alimentos y los fertilizantes que compras. Creo que este pedido de estudio vendrá de parte de las mismas industrias”, concluyó Tieri.

Un video explica clarito por qué el metano generado por bovinos es parte de un ciclo natural que no es equiparable con las emisiones de origen fósil

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Un estudio del IPCVA asegura que más del 80% de las tierras de pastoreo demuestran potencial para el secuestro de carbono http://wi631525.ferozo.com/un-estudio-del-ipcva-asegura-que-mas-del-80-de-las-tierras-de-pastoreo-demuestran-potencial-para-el-secuestro-de-carbono/ Tue, 07 Sep 2021 20:42:33 +0000 https://bichosdecampo.com/?p=79060 La ganadería enfrenta un doble desafío. Por un lado, una campaña sistemática que pretende demostrar que se trata de una actividad dañina para el ambiente. Y, por otra, una nueva estructura de proteccionismo arancelario ambiental que pretende imponer la Unión Europa como nuevo estándar global. Pero en el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna […]

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La ganadería enfrenta un doble desafío. Por un lado, una campaña sistemática que pretende demostrar que se trata de una actividad dañina para el ambiente. Y, por otra, una nueva estructura de proteccionismo arancelario ambiental que pretende imponer la Unión Europa como nuevo estándar global.

Pero en el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA) creen que en la actual coyuntura existe una oportunidad si la misma, claro, se sabe y puede aprovechar. “Para el productor la ganadería es más que un trabajo, es un estilo de vida en el que lleva muy presente el cuidado del ambiente y del ecosistema”, indicó hoy Juan José Grigera Naón, presidente del instituto.

“Por supuesto que no negamos que hay que revisar cosas, pero frente a una serie de cuestionamientos ambientales aclaramos que las emisiones de (gases de efecto invernadero de) la ganadería nacional sólo representan el 0,15 % de las emisiones totales del planeta”, apuntó Naón durante un seminario en formato virtual en el cual se mostraron los resultados de un estudio que la entidad encargó a la Red de Seguridad Alimentaria del CONICET.

En estudio reunió a 45 científicos argentinos que relevaron la situación actual de la sostenibilidad de la ganadería argentina para poner en blanco sobre negro qué es lo que el sector de ganados y carnes está haciendo bien y dónde tiene que mejorar.

“El relevamiento actual que encargamos a la Red de Seguridad Alimentaria del Conicet  involucra investigadores nacionales, provinciales y otras instituciones como el INTI y el INTA, los cuales analizan diversos temas tales como impacto ambiental, efluentes, gases de efecto invernadero (GEI), entre otros”, aclaró Grigera Naón y agregó que “lo que queremos reflejar es que la ganadería no es parte del problema, sino parte de la solución”.

Temas como la huella hídrica, la huella de agua, la huella de carbono, la emisión de GEI, el cuidado ambiental y la sustentabilidad como atributo de calidad cruzan las más de 50 páginas del informe, en el cual se expone que la Argentina está en línea con lo exigido en el Acuerdo de París (COP21), firmado por 174 países más la Unión Europea, en el cual se establece el compromiso de reducir sus emisiones de GEI.

La Contribución Nacionalmente Determinada (NDC por su sigla en inglés) por el Estado argentino en 2016 planteaba para el año 2030 no exceder la emisión neta de 483 millones de toneladas de dióxido de carbono equivalente (MtCO2eq). Pero, en el marco de la Cumbre de Ambición Climática, realizado el pasado 12 de diciembre en formato virtual, el presidente Alberto Fernández anunció que esa meta para 2030 sería ahora es de 360 millones de toneladas para alcanzar la situación de carbono neutral en 2050, lo que implica asumir metas mucho más exigentes en ese sentido.

Según el último inventario nacional de gases de efecto invernadero (INGEI), la ganadería de carne aporta un 16% de las emisiones totales nacionales, siendo la categoría fermentación entérica del ganado vacuno la que aporta la mayor proporción dentro de las emisiones del sector agricultura, ganadería, silvicultura y otros usos de la tierra.

La cuestión es que los aspectos ambientales incorporados en las relaciones comerciales internacionales son cada vez más tenidas en cuenta en las condiciones de acceso a muchos de los principales mercados. Es por eso que el estudio en cuestión desglosó cada uno de los ítems clave.

Emisiones GEI. El estudio sostiene que el sector ganadero bovino puede mitigar emisiones en base a procesos naturales y armónicos con la naturaleza, lo que conforma una fortaleza y una oportunidad porque requiere poca inversión económica, debido a que tales atribuciones están asociadas a tecnologías de procesos más que de insumos. “En ganadería, estas emisiones han mostrado una tendencia negativa desde 1990, explicada parcialmente por reducción de cabezas, aunque también por mejoras sustanciales de eficiencia del ciclo productivo. Esta evolución positiva no exime al sector de mayores esfuerzos para controlar y reducir las fuentes de emisión principales, en especial la fermentación entérica y evitar pérdidas de CO2 por deforestación, pérdidas de pastizales y pasturas perennes”, remarca el documento.

También argumenta que “las emisiones de la ganadería Argentina son de por si bajas, debido a que es de carácter extensivo, con la mayoría de los sistemas de producción sobre sistemas pastoriles. Esa base productiva está basada en pastizales ocupando el 95% del área ganadera bovina del país, unos 60 millones de hectáreas, con la mitad del rodeo ubicado en la zona pampeana, que representa alrededor de un tercio de esa superficie”.

Secuestro de carbono. El informe destacó que tanto la genética bovina, como la nutrición balanceada, la alimentación y el manejo del pastoreo “son ejemplos de cuatro tecnologías que han probado su eficacia
para reducir la huella de carbono”, aunque reconoció que es necesario mitigar aún más las emisiones agropecuarias “favoreciendo el diseño y la implementación de buenas prácticas ganaderas que reduzcan el impacto de la producción sobre el cambio climático”.

Según el estudio, “cerca de tres cuartas partes del país tienen a la ganadería bovina como actividad principal o única relevante, y se trata de la misma superficie que tiene baja competitividad agrícola. A su vez, más del 80 % de las tierras de pastoreo demuestran potencial para el secuestro de carbono”.

“Hay consenso en sostener que el sector agrícola-ganadero puede ser un importante sumidero de CO2, particularmente los sistemas productivos a base de pasturas y/o con presencia de árboles, y esto representa una gran oportunidad para el sector, dado que el secuestro de carbono puede contrarrestar parcial o totalmente a las emisiones, o inclusive en algunos casos superarlo dejando un saldo positivo en términos de acumulación de carbono. El desafío es definir cuán cerca o lejos de la saturación de carbono están los suelos, para determinar de esa forma cuál es el potencial de captura y en qué medida esa captura puede llegar a superar, reducir o neutralizar las emisiones del sistema productivo”, explicó el estudio.

Para lograrlo, el informe indicó que es necesaria la cooperación entre el sector privado y los organismos de ciencia y tecnología del Estado. “Con una estrategia basada en el conocimiento se puede conseguir mucho en poco tiempo”, resaltó, aunque aclaró que “sería altamente deseable que la noción de ´Carbono Neto Cero´ entendido como un secuestro y almacenamiento de carbono que iguale o exceda las emisiones producidas por los combustibles fósiles y los procesos biogénicos (entéricos, excreciones animales, descomposición vegetal), sea incorporado como una meta a incorporar dentro de los Inventarios Nacionales de GEI que regularmente reporta el gobierno nacional”.

Huella Hídrica. En este aspecto, el informe consideró que “dado que la mayor parte de la producción ganadera argentina se realiza en pastizales naturales con cargas bajas a moderadas, la huella hídrica es
principalmente verde y es posible la convivencia entre la flora y fauna nativas. Además, el mantenimiento de cierta cobertura vegetal permite obtener beneficios como mejorar la retención de agua y conservar el contenido de materia orgánica de los suelos”.

En Argentina, según el informe preliminar realizado al IPCVA en el marco de un proyecto con el INTI, el 99,2% (16,10 m3) del agua consumida para la producción de un kilogramo de carne deshuesada y empacada corresponde a la huella denominada “verde”, que deriva de las precipitaciones y es aprovechada por los cultivos.

“Sólo el 14% del rodeo nacional es alimentado en confinamiento para su terminación previa a faena, y un 28% adicional lo hace en sistemas mixtos basados en granos. Como resultado, el 71% de la biomasa vegetal consumida por kilo vivo de producción (ciclo completo desde cría) corresponde a pastizales y otras comunidades nativas, en tanto que 21% corresponde a pasturas sembradas, 5% a grano de maíz, 1,5% a pellets de oleaginosas, y 1,5% a silaje. El uso de fertilizantes y agroquímicos es prácticamente nulo para la producción de forraje de los ambientes naturales, y muy limitado en las pasturas y verdeos”, desarrolló.

A su vez, evaluó que “los mayores stocks ganaderos coinciden con las zonas de mayor producción agrícola. En este marco, las rotaciones agrícolas ganaderas contribuyen a mejorar la sustentabilidad del suelo y la biodiversidad”.

Preservación del recurso forestal y servicios ecosistémicos. El informe ilustró que el sistema silvopastoril (SSP) argentino ocupa gran parte de las producciones en pastizales naturales de las regiones extrapampeanas, que contempla una región donde se da una adecuada combinación de forestación y aprovechamiento del pasto en una superficie de 34 millones de hectáreas y, a su vez, de la superficie total forestada. “Aproximadamente el 70 por ciento de los bosques de ñire en la Patagonia tienen un uso silvopastoril con un escaso manejo integral en los establecimientos. En el Chaco, más de 6 millones de hectáreas están en aprovechamiento silvopastoril con distintos grados de intensidad”, sostiene el informe.

Al mismo tiempo, reconoce que “hay preocupación por la deforestación, pero hay una tendencia que muestra una reducción, dado que en el 2007 se dictó la Ley Nº 26.331 de presupuestos mínimos de protección ambiental de los bosques nativos (Ley de Bosques)”.

“Los sistemas de producción de carne con presencia de árboles integrados están vigentes en la Argentina y pueden expandirse, ya que podrían aumentar la capacidad de secuestro de carbono del sistema y otros beneficios, entre los que se puede mencionar: proveer sombra y reparo a los animales”, asegura.

El informe encomendado por el IPCVA a la Red de Seguridad Alimentaria del CONICET también hizo espacio para quejas, dado de que las llamadas “responsabilidades comunes pero diferenciadas (CBDR, por sus siglas en inglés, Common But Differentiated Responsibilities), establecidas en la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático, no conceden a todos los países las mismas obligaciones ni responsabilidades”.

“Los mayores niveles de industrialización de los países desarrollados implica que estos históricamente generaron más emisiones de gases de efecto invernadero. Este es un principio fundamental de las negociaciones vinculadas al cambio climático. La intención de los países desarrollados de eludir el principio de Responsabilidades Comunes pero Diferenciadas impacta directamente en las condiciones de acceso a los mercados de los países en desarrollo y es ciertamente más sensible en el caso de los alimentos como la carne vacuna”, expresa el informe.

“De allí que la problemática ambiental como argumento para restringir el comercio sea ámbito de disputas comerciales severas en el cual podemos encontrar argumentos genuinos para restricciones espurias. Tal como se explicita mas adelante, las negociaciones internacionales deben
basarse en normas públicas basadas en ciencia y no en normas privadas”, concluye.

Un video explica clarito por qué el metano generado por bovinos es parte de un ciclo natural que no es equiparable con las emisiones de origen fósil

 

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