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La entrada Para fomentar el contacto con la naturaleza y la biología, crearon el proyecto “Una casa, una huerta” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>El proyecto obtuvo el nombre de “Una casa, una huerta” y se enmarca en un escenario más amplio, relacionados con los propósitos de esta organización. ¿Qué busca Plan País? “Elaborar –valga la redundancia- un plan de país compuesto de políticas públicas de Estado que trasciendan los ciclos políticos”. Lo que en criollo explicaríamos como “que no venga un nuevo gobierno y cambie todo lo que hizo el anterior”.

Dentro de ese plan de mirada macro, esta ONG diseñó uno específico para el agro con foco en la bioeconomía y la tecnología, para fomentar por ejemplo la producción de las economías regionales. Es allí donde se incluye el programa de la huerta, que consiste en la entrega de materiales educativos y prácticos para la realización de cultivos sencillos, para el consumo personal.
“La campaña arranca con cultivos para todo el año: acelga, espinaca, rabanitos, lechuga, remolacha, ciboulette. Entregamos las semillas con un instructivo que dice la forma de siembra, la distancia entre plantas, y los días aproximados que pasan hasta la cosecha. Y también un paso a seguir para armar la huerta, que aclara cómo elegir el lugar y cómo seleccionar la especie según el tipo de espacio disponible”, explicó Fernando Lapolla, ingeniero agrónomo y miembro de Plan País, a Bichos de Campo.

La entrega de los materiales se realizará en coordinación con distintas instituciones, especialmente aquellas educativas, que podrán aplicar para este programa a través de la web de la organización. El proyecto se financiará a través de los aportes de sus voluntarios.
“Vamos a empezar de abajo hacia arriba, de los chicos a los padres, para que cualquier persona la tenga. No es un programa comercial”, señaló Lapolla y agregó: “Creemos que los beneficios más importantes que de tener una huerta es fomentar el contacto con la naturaleza a través de las plantas, estudiar y conocer el proceso de crecimiento, observar el desarrollo de los seres vivos, valorar el agua y no malgastarla, entre otros. Todo esto genera un hábito de despertar curiosidades, ingenio, de tener paciencia”.

En este sentido el agrónomo indicó que el foco no estará puesto en los debates sobre la producción orgánica o la agroecológica de forma específica, pero si en el cuidado del medio ambiente, de los recursos y del uso racional de fertilizantes y otros productos.
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]]>La entrada ¿Qué me conviene sembrar ahora? Lanzan una App que responde las preguntas más elementales para manejar una huerta se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Fue desarrollada por la Asociación Cultural para el Desarrollo Integral (ACDI) en el marco del proyecto “ICT4 Resilience to Climate Change in the Gran Chaco Region” y surgió para dar continuidad al trabajo que ACDI realiza en el sureste de la provincia de Tucumán desde 2017, donde se trabajó con más de 100 familias por medio de capacitaciones y con asistencia técnica sobre medidas agroecológicas.

Actualmente, la App está disponible únicamente para sistemas Android y funciona también en modo offline.
“Cuando realizamos el trabajo de campo encontramos que los productores dependen de agentes externos que les provean semillas o de profesionales para hacer consultas técnicas sobre cómo realizar sus huertas”, explica Luciana Palacio Manrique, licenciada en Trabajo Social y coordinadora del proyecto Kokue, “y sus preguntas más comunes eran: ¿por qué no funciona lo que hago?, ¿cuándo debo regar mis plantas?, ¿cómo puedo saber si ya está liito para cosechar? Y así es como nace la aplicación, para que las respuestas a estas preguntas estén siempre disponibles”.
En resumen, Kokue apunta a promover el conocimiento y la educación hacia la agricultura sostenible junto con el uso de tecnologías de la Información y la comunicación para crear resiliencia al cambio climático. La app complementa las acciones llevadas a cabo hasta el momento por ACDI con los pequeños productores del Gran Chaco y puede ser usado en otras regiones del hemisferio sur.
“La aplicación me ayudó bastante en el sentido de que yo no tenía mucho conocimiento para monitorear mi huerta”, cuenta Luciana Díaz, que tiene su huerta familiar en Jujuy. “También está buena porque tiene algunas herramientas como el calendario que te sirve para saber en qué tiempo se debe cultivar distintos tipo de semillas y demás”.
Muchos de los contenidos de la App se basaron en las planillas de INTA ProHuerta, como la información técnica sobre distintos cultivos, la distancia que tiene que haber al sembrarlos, la posibilidad de asociar especies para que la huerta sea más diversa, las épocas del año para la siembra, el momento de cosecha y las atenciones qué hay que darle a cada cultivo.
Además, esos contenidos fueron complementados con otras fuentes de información que permiten una integración de la App con el calendario lunar, y así estar atentos con qué luna conviene sembrar las plantas de hoja, con cuál las plantas que dan bulbos o raíces. De esta manera, los productores pueden ver para cada día en particular, que plantas pueden ser manipuladas con las mayores chances de éxito, y así crear huertas resilientes.
“Actualmente el número de personas que la utilizan es 270 y al encontrarnos en etapa de lanzamiento y difusión de la App, consideramos que ese número puede aumentar pronto”, afirma Luciana.
“Kokue está asociada a un juego de mesa como complemento para facilitar la incorporación de los conocimientos y el uso de la tecnología, pensado también para los niños y niñas. Nuestra intención es producir y distribuir el juego para llegar a las escuelas, sobre todos aquellas ubicadas en zonas rurales”, añade.
En general, la App es utilizada por las mujeres, ya que en la mayoría de los grupos familiares el hombre trabaja fuera del hogar, muchas veces realizando changas en los rubros rurales o de la construcción.

Actualmente en ACDI están en una segunda etapa de desarrollo de la aplicación donde estarán disponibles nuevas herramientas como recetas de biopreparados fertilizantes y pesticidas orgánicos, un espacio de socialización entre los productores para promover el intercambio de semillas y productos agroecológicos a nivel local, y un recetario para promover la buena nutrición con el aprovechamiento de los cultivos cosechados.
“Kokué me ha ayudado mucho para organizar la huerta porque te avisa cuando se acerca la fecha de las cosechas y de las siembras y de una forma clara y que se entiende rápido”, explica Brenda Canteros de Tucumán, “también algo buenísimo es que se puede leer toda la info sin usar datos ni Internet, entonces facilita mucho las cosas”.
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]]>La entrada Una visita al corazón de la UTEP en Navarro: “Antes los vecinos nos veían como planeros y con desprecio, pero con el tiempo demostramos que las huertas dignifican” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La recorrida la hicimos junto a Jorge Yuse, referente de la UTEP (Unión de Trabajadores de la Economía Popular) y del Movimiento Evita, y a Patricio Walsh, técnico de la Secretaría de Agricultura Familiar, Campesina e Indígena (SAF) del Ministerio de Agricultura de Nación.

“Creemos que hay un sujeto que quedó fuera del sistema formal de trabajo y en nuestra ciudad (Navarro) encontramos un lugar emblemático para instalarnos”, explica Yuse (foto) refiriéndose al predio donde se ha ubicado la huerta comunitaria, el mercadito, el taller textil y próximamente el local a la calle de la UTEP/Movimiento Evita, en tierras del Ferrocarril Belgrano Cargas, que fueron cedidas en comodato (al igual que las otras unidades productivas ubicadas en otros pueblos).
Hace 5 años que en este lugar se producen verduras y frutas de forma agroecológica y ahora han sumado vivero forestal y sus propios plantines que arman a partir de semillas del INTA 25 de Mayo y de las que cosechan de los mismos árboles de la ciudad con el acompañamiento de Eduardo Cura, docente y especialista en producción agroecológica (y con el permiso de los vecinos en cuyas veredas están los árboles). “El objetivo es forestar sin gastar”, me dice Eduardo, quien a falta de turba (que es muy cara) para que enraícen los plantines encontró la solución usando vellón de oveja.
Luego de visitar la huerta vamos a la unidad textil donde las chicas preparan 3.000 kits sanitarios descartables por semana para los hospitales de la provincia de Buenos Aires. “Estamos muy contentas, esta es una gran oportunidad”, me cuenta con una sonrisa Isabel Urbina, coordinadora del taller. “Es dignificar el trabajo de las compañeras”, agrega.
Y me detengo un instante aquí.
Isabel dijo dos cosas que se van a repetir en los pueblos que visitaremos luego: “dignificar” y “compañeras”. En las charlas que tendré más tarde con los integrantes de las unidades productivas de Las Marianas y de Almeyra (los otros pueblos del Partido donde la UTEP está presente, entre otros) me dirán esto: “Antes los vecinos nos veían como ´planeros´ y con desprecio, pero con el tiempo demostramos que las huertas crecen y que es trabajo real y eso dignifica”.
Lo otro, lo referido a “compañeras”, es que el 80% de los y las integrantes de las unidades productivas son mujeres, en su mayoría con hijos a cargo y que no encontraban cómo insertarse laboralmente debido a la escasez de trabajo y al eterno problema de quién cuida a los chicos si ellas están ocupadas. Para solucionar esto último es que se están creando los EPI, Espacios de Primera Infancia.
Luego de la recorrida en la ciudad de Navarro partimos hacia Las Marianas, pueblo a 20 kilometros por camino de tierra y de unos 800 habitantes. Estuvo lloviendo hasta hace un rato, así que el camino está difícil. De pronto “recuerdo” en carne propia que he vuelto al campo y desde el asiento de atrás de la camioneta (que pega unos lindos coletazos), sonrío para mí sola. Es lindo volver.
“Hoy los vecinos nos compran todo y los turistas que vienen el fin de semana se llevan verdura a su casas”, lanza como un boomerang Dulce Landaburu (foto), coordinadora de la unidad de Las Marianas. “Nos llegan muchas consultas a través de las redes, desde saber qué tiene el bolsón, cómo llegar al pueblo o cómo trabajamos”.
Además de huerta, el grupo también cuenta con una unidad de carpintería y un almacén donde venden todo lo producido. El almacén se ubica en uno de los galpones del ferrocarril, donde también funciona el museo local y la biblioteca.
“La idea es que cada localidad se autoabastezca de verdura y fruta y si sobra se lleva a Navarro”, explica Yuse. “En total son 500 personas que reciben salario de la UTEP y ese dinero también contribuye a mover las economías locales porque se utiliza en el mismo pueblo”. Los fondos provienen del Ministerio de Desarrollo Social y los salarios son de 10.450 pesos por mes.
Almeyra está a 32 kilómetros de Navarro (también por tierra) y ronda los 200 habitantes. Ha dejado de llover así que ahora todo es más sencillo. Entonces, luego de atravesar un puentecito colgante llegamos a la huerta, que se ve muy ordenada y productiva. A modo de recepción me dan unos mini cherries que consumo cual caramelos ultramasticables y deliciosos, junto con unas hojas de lechuga mantecosa cuya carnosidad me tentó.
“Hay que andar con cuidado con esos caballos, que no se metan en la huerta”, expresa Javier Lobos, encargado de producción y quizás un poco preocupado. No se dirige a mí sino a Walsh (técnico de la SAF que nos acompaña) quien asiente, se acomoda la boina anaranjada (que alguna vez fue colorada) y le da unas recomendaciones.

“Con tanto tiempo en la agricultura familiar (21 años) uno tiene puesta la camiseta, además yo también soy pequeño productor”, me dice Walsh (foto), que también fue jugador de pato en la década del 90, “así que uno los acompaña en la lucha y en el día a día. Para mí la UTEP es la frutilla del postre, es haber encontrado el lugar ideal para desarrollar la agricultura familiar, se busca que cada persona crezca, se capacite y así ocurre; y cada día me sorprenden desde lo productivo y lo humano”.
Enseguida llega Laura Pinto, representante de la UTEP en Almeyra, quien asegura que también para ella la huerta ha sido un desafío, ya que pasaron de algo “familiar” a “producir en serio” con el predio comunitario. “Al principio el vecino no se acercaba, hasta que empezamos a hablar y ahí cambió todo”, cuenta. Le pregunto qué significa exactamente “empezar a hablar” y responde: “Empezamos a contarles a todos, vecino por vecino, quiénes somos, qué hacemos y por qué. Luego, el tiempo y los resultados que están a la vista hicieron el resto”, resume con orgullo.
“Estamos empezando con un banco de semillas propio y todos los fines de semana recibimos turistas que se acercan a la huerta para saber cómo se produce y llevan mucha mercadería a su casa porque que sea agroecológica despierta mucho interés”, describe Laura. “Cada día tenemos más demanda”.
“Cuidadores domiciliarios, empleadas domésticas, personas que hacen changas, gente que cocina en su casa, agricultores familiares que resisten en el campo… a todos los recibe la UTEP, todos pueden estar en el RENATEP, que es el registro nacional de trabajadres de la economía popular”, concluye Yuse, mientras volvemos para Navarro, con el camino un poco más oreado.
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]]>La entrada Juan Gatti produce y enseña agroecología en Mercedes: “Tengo todo lo que quiero y si hace falta algo hacemos intercambio” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“Hace 4 años que vivo aquí con mi familia”, relata Juan Gatti, refiriéndose al predio de la huerta que era propiedad de su familia y donde pasó su infancia. “Trabajé durante muchos años como empleado de una fábrica de alimento balanceado hasta que un día decidí que quería que mis hijos tuvieran la infancia que yo tuve”.
Esa decisión, sumada a un interés por la agroecología y haber conocido al famoso Jairo Restrepo, ingeniero agrónomo referente en la producción orgánica y agricultura regenerativa, fueron los primeros pasos para una vida “feliz, autosustentable y tranquila en el campo”.
Mirá la entrevista que le hicimos a Juan Gatti:
Desde la Huerta El Origen fomentan la transparencia de la producción y aseguran que todos los productores pueden trabajar de esta manera (agroecológica). Con el tiempo se fue sumando gente al proyecto, sobre todo al participar de la Asamblea Agroecológica Mercedina, y hoy en día son dos quienes llevan adelante la huerta y la elaboración de biopreparados.
“Estar acá es único: tengo todo lo que quiero y si hace falta algo hacemos intercambio. Somos varios productores entrelazados que nos unimos, por ejemplo, para comprar semillas, plantines o lo que haga falta. La venta de biopreparados y el asesoramiento a personas que quieren tener su propia huerta complementan los ingresos de la venta de bolsones de verdura”, detalla. “Queremos diversificar y dar a conocer cómo es esta forma de producción”.
“Hay gran demanda de productos agroecológicos porque hay muchas personas que se han lanzado a producir y necesitan insumos y asesoramiento”, reflexiona Pedro Spinelli, ingeniero agrónomo especializado en producción agroecólogica y permacultura. “El objetivo es recuperar la vida en el suelo, es decir, la materia orgánica, los microorganismos y los minerales para lograr un planta sana, alimentos sanos y consumidores sanos”.
Los biopreparados que elaboran son 4: El MEN (Microorganismo Eficientes Nativos), con una base de hojarasca, salvado de trigo y melaza; el Bokashi, a base de abono fermentado de oveja; el Supermagro, fermentado de bosta de vaca fresca con cenias, levaduras y melaza, entre otras cosas y los Fosfitos, que es cascarilla de arroz con ceniza de hueso. Estos preparados, según Pedro “cualquier productor puede elaborarlos con lo que hay en el campo pero no se hace de forma cotidiana por desconocimiento”.
La huerta El Origen también trabaja con la estación experimental de Mercedes del Ministerio de Producción de la provincia de Buenos Aires en un ensayo con duraznos aportando los biopreparados para lograr fruta fuerte y sana y con un sistema de trampas para combatir la famosa mosca de los frutos.
“De chico yo vivía en el campo y quería eso para mi familia. Y cuando entendés lo que significa producir convencionalmente, con agroquímicos, te das cuenta de que querés otra cosa. Este es mi trabajo y mi forma de vida”, concluye Juan.
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]]>La entrada Yelmi Urrutia impulsa las huertas en Venezuela: “Hay una magia que se instala en las familias que deciden cultivar” se publicó primero en Bichos de Campo.
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Yelmi (en la foto) tiene la responsabilidad de coordinar este proyecto que ha crecido notoriamente a lo largo de estos meses, hasta estar presente en 21 municipios de Venezuela. Son unas 1.480 familias las que participan y en el 60% de los casos las huertas son atendidas por mujeres.
“Iniciamos en febrero de 2019 y, según el espacio con el que cuenten las familias y las condiciones edafoclimáticas, las acompañamos a producir todo lo que ha sido posible”, describe. “Algunos rubros que son muy usados aquí en Venezuela para sazonar las comidas, como ají dulce, pimentón, cebollín y cilantro; leguminosas como caraotas negras (porotos negro), vainitas (chauchas), quinchoncho (arvejas), otros frijoles; maíz amarillo; papa; musáceas (diferentes bananas); calabacín (zuchini), auyama (zapallo); patilla (sandía), tomate, pepino, fresas (zonas de mayor altitud); lechugas; acelga, berenjena, yuca, zanahoria, remolacha… En total hemos producido unos 32 rubros diferentes a lo largo de este tiempo”.
Un dato importante y que tiene que ver con eso de lo que se habla tanto hoy en día de la alimentación consciente, soberana y saludable: lo que se produce es muy importante para la dieta de las familias ya que gracias a las huertas han incorporado a sus dietas alimentos nuevos que también era la primera vez que sembraban y cocinaban. Un ejemplo (que aquí en Argentina nos va a sonar raro) es la acelga y otro dato relevante es que algunas familias han podido vender o intercambiar los excedentes.
“Nos adaptamos a los espacios de que disponen las familias; se trabajan desde 5 metros cuadrados hasta extensiones mayores, cuando se cuenta con agua para regar. Actualmente la temporada de lluvias nos ha permitido sembrar en algunos casos hasta unos 40 a 50 metros cuadrados de maíz y otros cultivos propios de la temporada”, cuenta Yelmi.
Las familias trabajan todo el año, aprovechando el ciclo de lluvias. Cuando es la época seca se dedican a los cultivos que demanden menos agua y van reduciendo las superficies. Todo es manual porque trabajan en superficies pequeñas.
“No usamos productos químicos que contaminen el ambiente”, enfatiza. “Hemos usado con mucho éxito para el control de plagas, enfermedades y desinfección de suelo productos entomopatógenos como Trichoderma; Beauveria Bassiana, Bacillus Thurigensis, así como diferentes formas de preparación de extractos vegetales para control de plagas. También impulsamos el uso preferente de abonos orgánicos”.
Las familias que han vendido producción lo hacen a otras familias o a comercios, sin embargo la mayoría de la producción es para el autoconsumo, para compartir con vecinos y otros familiares. También se realizan donaciones a comedores solidarios y, en las zonas donde hay pesca, se intercambian los productos de la huerta por pescado.
Con respecto a esta situación de Covid, las huertas han sido más fundamentales que nunca porque garantizaron la buena alimentación durante la cuarentena, en especial para las personas que se quedaron sin trabajo o suspendidos durante un tiempo. “Además nos han contado que dedicar el tiempo a las huertas les ha resultado una forma de distraerse y desestresarse, nos cuentan la enorme satisfacción que experimentan cuando cosechan y consumen sus productos”, destaca Yelmi.

“Hay familias que en cuatro meses han producido alrededor de 200 kilogramos de alimentos y esto ha sido muy significativo en el periodo de hiperinflación y crisis general que venimos viviendo desde hace tiempo en Venezuela”.
“Hay una magia que se instala en las familias que deciden cultivar las huertas y se involucran personas de todas las edades. Además, el Proyecto cuenta con un componente de género, donde divulgamos el derecho de las mujeres y las niñas a vivir una vida libre de violencia y sensibilizamos en torno a la igualdad, y hemos tenido una gran apertura de las familias hacia este tema”, añade.
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]]>La entrada La triste decadencia del espantapájaros: Consejos del INTA para que las aves no arrasen con la huerta se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“Para prevenir estos ataques, muchas huerteras y huerteros –agrega el especialista– acuden a diversas técnicas que van desde los clásicos espantapájaros hasta las trampas de colores”, afirmó el técnico, para quien, de todos modos, la técnica más efectiva es la utilización de redes con alambre finito, hilos finos o mallas anti pájaros.
“Estas redes se ponen por encima del cantero y evitan que puedan acceder los pájaros cuando están los primeros brotes. Cuando las plantas ya tienen un tamaño aceptable dejan de ser atacadas por los pájaros con lo que podemos retirar las redes hasta la próxima temporada”, recomendó Pescio.
¿Y los espantapájaros? Para el técnico del INTA AMBA tienen un efecto limitado que dura unos días. “El pájaro ve algo extraño y entonces no se acerca pero ni bien se da cuenta que es un palo de madera recubierto deja de tenerle miedo y de respetarlo”.
Lo mismo ocurre cuando se cuelgan CD o plásticos de colores, acotó.
No obstante el especialista agrega que la confección de espantapájaros pueden ser muy útil como “una actividad muy divertida para realizar con los chicos y en famili, ya que en el momento de confeccionar a nuestro muñeco, incluso podemos pensar en diversos modelos”.
Según el técnico, los espantapájaros “quedan muy bonitos como parte de una huerta: no hay espacio de siembra que se precie de tal sin tener un bello espantapájaros”. Pero queda claro que contra los pájaros sirven poco y nada.
Pescio advirtió que estos inconvenientes son mayores en las etapas iniciales del cultivo, cuando los plantines están emergiendo o son muy tiernos. “Esto se debe a que, en épocas invernales, las fuentes de alimento se reducen mucho para los pájaros; mientras que nuestra huerta puede ofrecer brotes tiernos de plantas muy preferidas como lechugas, acelgas o habas. Es ahí que los pajaritos pueden traer problemas”, indicó. En algunas ocasiones, en las cuales el tamaño del lote también adquiere significancia, la incidencia del daño por aves puede llegar a valores de 70 u 80% de lo cultivado.
No obstante, destacó el técnico del ProHuerta, los pájaros también pueden ser de gran ayuda, ya que se alimentan de plántulas de posibles malezas y de diferente tipo de insectos.
Fotografía: Paula Aguilera (INTA)
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]]>La entrada Sabores y saberes: Tres agrónomos que decidieron vivir en el campo y producir verduras agroecológicas para 100 familias en Balcarce se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>El padre de Juan es productor agropecuario en la tierra que heredó de sus ancestros y prácticamente no utiliza agroquímicos. Juan ya desde niño fue tomando afecto por la agroecología, cuando no era moda aún. Tuvo su propia colmena de abejas desde sus 12 años y aún la tiene. Hizo la secundaria en la escuela agraria de Las Flores, donde definió su vocación: eligió seguir el oficio de su padre y se fue a estudiar agronomía a Balcarce, por su cercanía a las sierras y el mar. Allí en la “facu” conoció a su novia, María Paula, de Mar del Plata, que hoy es su compañera de vida y ya es Licenciada en Alimentos.
En aquellos años de estudio en Balcarce Juan fue alarmándose de cómo se despoblaba el campo por la falta de rentabilidad para los pequeños productores, frente a la sojización y el auge de los pooles de siembra, con el creciente uso de los agrotóxicos. También vio que FAO señala que el 70% de lo que consume la humanidad proviene de la agricultura familiar, de modo que no es bueno que cada vez haya menos.
Eso lo llevó a participar en el centro de estudiantes de la Facultad. Poco a poco, como “Centro”, un día se les ocurrió poner en práctica todo lo que iban aprendiendo sobre cultivos orgánicos y agroecológicos, pidiendo un lote que la facultad tenía en desuso. Se les otorgó una hectárea. Luego pidieron herramientas, un tractor, discos y demás, y comenzaron a invitar a todos los estudiantes a producir sus propios alimentos sin agroquímicos, de modo agroecológico, poniendo en práctica lo que iban aprendiendo.

“Comenzamos a leer mucho, a aprender teoría leyendo a Miguel Altieri y conocimos a Santiago Sarandón, profesor de la Universidad de La Plata, y asistir a cursos con el objeto de no montar una huerta familiar sino una huerta productiva”, cuenta Juan. Comenzó a vivir en quintas a unos cinco kilómetros de Balcarce y ahí le comenzó a tomar el gusto a vivir en el campo como espacio de libertad, cuando la vista alcanza el horizonte y se pueden apreciar las noches estrelladas.
Pero mientras Juan era estudiante no le quedaba mucho tiempo para ser emprendedor. En cambio al final de su carrera ya era ayudante de Horticultura y Fruticultura en la Facultad, lo que le daba algunos ingresos que le servirían de base para comenzar su propio emprendimiento. Consiguió un campo para cuidar e irse a vivir con Paula a 15 kilómetros de Balcarce, donde les prestaron un lote de 1 hectárea por casi dos años, que luego pasaron a alquilar. Allí comenzaron, Paula y él, un proyecto agroecológico al que llamaron “Huerta de Bichos y Flores”. Tomaron como modelo a un amigo con el que había vivido en tiempos de Facultad, Martín Biocca, que había empezado antes que ellos un proyecto de huerta agroecológica que llamó Los Serenos, en Mar del Plata.
Los comienzos fueron duros, basados en un proyecto que comenzó sin tierra propia ni capital. Pero lo bueno fue que tenían muchos vecinos cerca y solidarios, porque uno le daba huevos para vender, otro les iba a disquear la tierra. Hasta que con la ayuda de su suegro pudieron irse a la Capital Federal a comprar un motocultivador, que hasta hoy funciona muy bien. Esa fue su única herramienta mecánica hasta octubre de 2019, para afinar el suelo en las siembras y trasplantes.
Fueron comprando semillas, tratando de no utilizar semillas curadas sino más bien utilizando las variedades antiguas que tienen mejor sabor y son más rústicas o tienen otras ventajas. Y los plantines, a un conocido.
Juan me explicó que en Balcarce la producción es muy estacional porque los inviernos son muy largos, con heladas hasta en octubre y noviembre, lo que retarda mucho la llegada de los frutos como zapallitos de tronco, berenjenas, pepinos, zucchini, ajíes, pimientos, choclos, tomates, que llegan a fin de diciembre o mitad de enero. Necesitan tener buenos trasplantes de otoño con frecuencia y cantidad para ir cosechando en invierno o tener buen acopio de cebolla, papa, zapallo para que no decaigan las ventas de invierno. Zanahoria, es un cultivo que aún no les sale.
Comenzaron a vender bolsones a domicilio con la ayuda de la huerta de Los Serenos cuando no les alcanzaba su producción, hasta que en el año 2016 lograron que el bolsón fuera 100% de producción propia, salvo en épocas de heladas, ya que al no tener invernáculo los morrones, las berenjenas, los tomates, les duraban poco y debían volver a recurrir a Los Serenos.
En ese mismo año Juan decidió hacer una especialización en Agroecología, en Buenos Aires, lo que le implicaba descuidar su huerta y ahí le cargó sacrificio a Paula, su pareja, cuya ayuda fue fundamental. También en ese año y en 2017 Juan hizo la capacitación docente y comenzó a dar clases de Taller de Huerta y de Forrajes, en el Colegio San José, que es la Escuela Agraria de Balcarce.
Fueron años de mucho trajín, con altibajos, superando bajones en el estado de ánimo. Pero curiosamente Juan recuerda que fueron los mismos clientes quienes los sostuvieron y ayudaron a superar aquellas crisis agradeciéndoles que con sus productos les acercaban salud, sabores más intensos, seguridad alimentaria, y les valoraban su esfuerzo, de ir a contrapelo de la corriente masiva, demostrando que hay otras formas posibles de vivir y, mejor.
En 2018 decidió asociarse con dos amigos y ex compañeros de Facultad, Denis Moller Kent, quien ya es agrónomo y además es músico y cantor. Y luego se sumó Alejandro Hansson, también agrónomo. Comenzaron compartiendo el trabajo que era mucho. Y pronto se vieron en la necesidad de crecer en escala y de agregar tecnología. Solicitaron una línea municipal de microcréditos y con esos fondos invirtieron en un invernáculo de 700 metros cuadrados. Alquilaron 2 hectáreas más y en 2019 lograron adquirir un tractor Fiat 411 usado, que les alivianó el trabajo.
Se incorporaron al Programa Cambio Rural, del INTA, justo cuando el Estado dio de baja gran parte de los grupos existentes en el país, pero a ellos los ha enriquecido, al estar conectados con sus vecinos, productores mixtos, agrícolas, ganaderos, de producciones intensivas o innovadoras como el amaranto, lino, quinoa, arveja, lenteja, poroto, garbanzo, cebada cervecera, trigo pan, abonos verdes. Otro, de harina integral, “Monte callado”, y “Calma Tierra”, ambos de Tandil. Y otro de un campo chico, en Balcarce, con ganadería y cutivos exóticos como el trigo sarraceno, que además posee una reserva natural sobre la sierra donde promueve investigaciones arqueológicas, geológicas y botánicas junto con la Universidad. Ganaderos de Ayacucho, que producen fermentos, que son fertilizantes naturales y reproducciones de organismos en una biofábrica, con los que ellos ya están experimentando.
En estos tiempos de crisis Juan valora la solidaridad de tanta gente, que los ayuda haciéndoles descuentos en los repuestos; o quien les vendió un arado está yendo a ayudarlos a armarlo; unos amigos de Tandil que los están ayudando a colocar allí sus verduras, y desde octubre de 2018 están participando en la Feria Agroecológica “Cuatro Estaciones” de Balcarce, donde se venden dulces caseros sin aditivo ni conservantes y panificados, cosmética natural, con mucho temor a cosechar las verduras y que si no las vendían, tendrían mucha pérdida. Pero tuvieron muy buena aceptación y además ahora en su delivery entregan productos de sus compañeros de feria, y complementándose se ayudan a bajar costos.

Conservan más de diez variedades de tomates de diversos colores y formas, perita, cherry, redondos, alargados, rosados, amarillos, casi negros. Desde sus comienzos Juan y Paula se preparan salsa de tomate casera para todo el año y para compartir con familiares, quitándole la cáscara y trozándolo o triturándolo con una picadora de carne, le agregan sal, pimienta, laurel, orégano, tomillo, romero, ajo y lo que se les ocurra, luego lo esterilizan con media hora de hervor y les dura más de un año en las botellas cerradas al vacío. Este año hicieron salsa de tomate amarillo y siempre hacen escabeche de berenjenas. Cultivan una variedad exótica de “Ajo elefante” que un viejito de la zona de Mar del Plata les vendió. Hacen dulce con unos duraznos “remolacha” de cáscara y pulpa morada, y últimamente, dulce de frambuesa.
La cuarentena por el Coronavirus les provocó un aumento en la demanda de la venta a domicilio, llegando a abastecer, de 100 familias, hoy a casi 180 familias entre Balcarce y Tandil.
Como están a 3 kilómetros de la Facultad los visitan alumnos de diversas cátedras y de jardines de infantes y de escuelas. Ellos pretenden ser como un faro que pueda alertar de que hay otros modos más sanos de producción. No descartan que en el futuro agreguen animales. Ya poseen gallinas ponedoras y Juan piensa sumar la apicultura, asociando a algún productor de miel, ese viejo oficio que él ama desde niño y que hasta hoy mantiene en la chacra de su padre.
La agroecología, sostiene Juan Paggi, es un camino en permanente transición, buscando no perder nutrientes e ir aprovechando toda la energía. Es un estilo de vida sin fanatismos ni dogmatismos, favoreciendo la cooperación, viendo las posibles alianzas y la ayuda mutua entre los competidores, la producción local y la diversidad de cultivos, tratando de cuidar a los consumidores y al planeta que nos contiene. Que genere fuentes de trabajo, con precios justos para que los productores vivan dignamente y no tengan que regalar su producción por culpa de que los consumidores, por ejemplo, pierden poder adquisitivo. No puede haber precios justos en un mundo globalmente injusto.
Estos jóvenes agrónomos que luchan por un mundo más sano y con más equidad allá en Balcarce, en su agroecológica “Huerta de Bichos y Flores”, nos quisieron regalar una canción, “Germinando”, que compuso y escribió Denis Moller Kent, uno de ellos. La interpreta con su banda Sonchus Asper, que simpáticamente hace referencia al nombre científico de un yuyo.
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