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La entrada Don Pedro Lucio Sarciat lleva ocho décadas en busca del mejor caballo indomable: Incansable impulsor de las jineteadas, llegó a desfilar hasta en la cancha de River se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Cerca de Rauch, donde vive, Sarciat tiene un campo familiar donde cría caballos de tropilla para jineteadas. En la ciudad, su antigua casa data de 123 años y bien podría convertirse en museo de la cultura gaucha y equina.
La asociación trata de una de las actividades más antiguas de la cultura equina en nuestro país, pero es de las más jóvenes y fue fundada recién en 2018.
Mirá la entrevista a Pedro Lucio Sarciat:
-¿De dónde le viene esta pasión por los caballos?
-Mi familia materna, Ballester, se remonta al 1600, y en aquellos tiempos fueron criadores de caballos a la fuerza, porque en esa época el caballo era fundamental para la vida y el trabajo rural. Allá por 1920 se comenzaron a traer manadas y empezaron a hacerse selecciones de la raza criolla en la Argentina, de razas para el trabajo agrario y luego para las carreras, etcétera. Mi abuelo Lucio Ballester ayudó a Emilio Solanet. Ambos veterinarios, comenzaron a buscar una tropilla que respondiera a las características originales de la raza criolla. Eso se hizo en la Patagonia porque allí aún no se habían cruzado las razas.
Nacimos con el caballo. Con mis hermanos nos criamos en el campo e hicimos toda la escuela primaria yendo de a caballo. Muy pocas veces en un Ford A, que teníamos, con puertas de lona. Y algunos de mis familiares fueron los primeros jugadores de Pato en la Argentina.
-¿Cuál fue su mejor caballo o el que más recuerda?
-Tuve muchos caballos. Pero tuve un bayo rosillo, cruza de criollo con un puro de carrera, al que domé y era muy mansito, tanto que mis hijos lo andaban en el campo. Trabajó de apadrinador -que son los que ayudan a los jinetes a dejar su propio caballo en las jineteadas- y me acompañó en las fiestas, lo llevé a Palermo muchos años. Entraba a la pista de una fiesta y apenas escuchaba la música ya se ponía en acción y esperaba a que lo mandaran a hacer lo que él debía. Era un maestro, ese caballo.

-¿Es cierto que llegó a jinetear en la cancha de River?
-Sí, fue en 1960 cuando se hizo el sesquicentenario de la Revolución de Mayo y el Ministro del Interior del gobierno de Frondizi, Alfredo Vítolo, armó una semana de destrezas criollas en la que todas las provincias estaban representadas. Hubo salteños, cordobeses, mendocinos, bonaerenses. Y a los que no participábamos en las noches de modo oficial -porque éramos jóvenes estudiantes- nos dieron la oportunidad de jinetear todas las mañanas.
-¿La jineteada es la más representativa de las actividades de competencia del caballo?
-En todo el mundo, el hombre domesticó al caballo y le costó. Y al que no lo pudo dominar para poder andarlo, terminó destinándolo a las jineteadas, es decir, los indomables. Es el desafío entre el hombre y el caballo, de ver si lo voltea o no. Hay jineteadas en todo el mundo, en Macedonia, Australia, Nueva Zelandia, donde el rugby es el principal deporte y las jineteadas están en segundo o tercer lugar.
De ahí partió la Asociación de Destrezas Gauchas, porque hay gente que ha hecho una selección de ese tipo de caballos indomables y crían caballos en cantidad y no les fallan, unos más, otro menos, pero todos les salen indomables, con esos genes ocultos que están en todos los caballos y se despierta sólo en algunos. No hay una raza específica, de cualquiera salen caballos indomables. Yo tuve un caballo de pura raza criolla y toda su familia en su pedegree, fueron mansos, pero éste salió indomable.
Fundamos la asociación con carácter nacional, y celebramos un convenio con la Sociedad Rural Argentina por el cual ella aprueba como “nueva raza”, con estatutos, estándares (tipo de uniformidad y características generales) y lleva los registros de los pedigree. La cría utilizando la genética, transmisora de caracteres, hace la diferencia para trabajo o pruebas de rienda o la cría ya consolidada de caballos para jineteadas, que son los bravos, indomables. También hace la diferencia para las paleteadas o coleadas, pero éstas dos no entran en la categoría de “destrezas gauchas” de nuestra asociación.

-¿Usted ha vivido de las jineteadas toda su vida?
-Desde siempre nos hemos criado a la par de grandes jinetes y ellos nos han encaminado en esta pasión. Uno pasa por distintas etapas, de aficionado a ser un deportista medianamente bueno, hasta que empieza a decaer y termina organizando, ayudando y enseñando. No se si fui jinete, pero subí a varios reservados y he sacado algunos premios. Pasé a criar caballos de jineteadas, comprando, a tener cantidad y a armar fiestas tradicionalistas, siempre a beneficio de escuelas y otras instituciones. Nunca lo hice con fines de lucro ni viví de esto, pero siempre traté de hacerlo bien.
-Me imagino que además de River, la cima es llegar a La Rural de Palermo.
-Yo participé en las primeras jineteadas que se hicieron en Palermo, desde 1962 a 1964, pero luego me alejé porque me vine a Rauch a trabajar al campo. Luego volví a hacer jineteadas desde 1996 hasta 2006, en las exposiciones de julio, que son las más importantes. También participé en las primeras “paleteadas” y “coleadas” de Palermo, con los caballos criollos. Después me vinieron a ver unos chilenos para preguntarme si me animaba a hacer un espectáculo en la fiesta de la Media Luna, en Rancagua, donde se hacen las finales anuales de los rodeos. Acepté y armé una especie de cirquito, porque llevaba mis caballos reservados, mis jinetes y hasta cantores. Me llevaban ellos y me traían. Lo hicimos a partir de 1999, durante cinco años, porque fue un éxito, algo muy lindo, la pasamos muy bien y guardo buenos recuerdos. Y al final terminaron comprándome los caballos que había llevado.
-¿Cuál fue la jineteada que más recuerda?
-Hay muchas, sobre todo recuerdo las de pleno invierno, cuando terminábamos todos emponchados, del frío, en una escuela, o cuando se largaba a llover y se suspendía la jineteada y había que sacar a todos los autos encajados en el barro.

-¿Cómo explica esta pasión o atractivo en la gente de campo, de todo tipo y clase social?
-Es el atractivo natural del gaucho. El que anda a caballo se divierte el día domingo, en el campo, arreglando un caballo, tusándolo -que es cortarle la cerda-, acomodándolo, ensillándolo, domando algún animal nuevo. Y se entretiene adiestrando o jineteando.
-Existe toda una corriente de gente más bien urbana que no está de acuerdo con que esta actividad se practique como un deporte. ¿Le ve futuro a la actividad de las destrezas gauchas?
-Yo creo que tiene futuro, pero hay que luchar mucho. Yo he tenido diálogo con muchos representantes de estas posturas. Nosotros nos oponemos a una humanización del animal. Pero nosotros lo entendemos y lo queremos al caballo. Tenemos reglamentos para evitar que el caballo se lastime. Los tiempos de las jineteadas van de 8 a 14 segundos. No es una actividad tan exigente y cruel, porque se han aceptado todas las reglas, en todo el mundo. Ya sea en Estados Unidos o en Australia. Hay muchachos argentinos que están participando de los rodeos australianos y se han adaptado en sus espuelas, recados, monturas, a la perfección para que el animal no sufra.
-¿Y ve que es algo que guste a las nuevas generaciones?
-Sí, pero es distinto a los jinetes de antes, porque se ha vuelto muy profesional y los jinetes de ahora son mucho más atletas que nosotros. Tengo un yerno, de 25 de Mayo, que fue campeón en Diamante y siendo de campo se preparaba como un boxeador, saltando la cuerda, y ahora tienen hasta la cama elástica. En Estados Unidos se ha vuelto totalmente profesional. Allá hay toros y caballos mecánicos para enseñarles a manejar el cuerpo, como se hace en las escuelas de jockey acá en la Argentina.

En medio de la entrevista, Sarciat relata que lo han llamado de Uruguay para recorrer ellos el mismo camino y crear su propia asociación, porque hasta ahora se manejaban de modo informal. “Esto nos abre un camino nuevo que trasciende las fronteras y no tiene fin”, define.
-¿Y sigue asistiendo el público?
-Si, sigue habiendo un público entusiasta, algunos a favor del caballo y otros a favor del jinete, como en las corridas de toros, donde algunos están deseando que el toro le pegue una cornada al torero.
-Ustedes es amante de los caballos indomables… ¿Quién prefiere que gane?
-El hombre, porque duelen los golpes. Uno puede desear que el caballo haga todas sus demostraciones, que sea bueno, para que se destaque lo que uno cría, pero el jinete sufre más.
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]]>La entrada Escondido entre las sierras de Tandil, el soguero Pablo Lozano convirtió ese viejo oficio rural en un arte que trasciende las fronteras se publicó primero en Bichos de Campo.
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-¿Vos que sos soguero, Pablo Lozano, nos podés explicar cómo es este arte y oficio?
-Primero tenemos que aclarar que en el campo, llamamos soga, no a la clásica cuerda, sino a una tira de cuero. Por eso también se llama `guasca` o `wasca`, que viene del quichua de los Incas y significa `tira`. Por eso al soguero también se lo llamaba guasquero. Las sogas de trabajo serían los cueros de trabajo: las riendas, el maneador, un cabresto. Acá en América no había ni caballos ni vacas. Llegaron los españoles, trajeron a estos animales y recurrieron a lo que tenían a mano. Al principio de modo rústico, es decir, no trabajaron el cuero curtido, al que llamamos `suela` o `vaqueta`, que es el cuero curtido o adobado, como ya se hacía en Europa. El gaucho de la colonia no salaba el cuero ni lo ablandaba con química alguna. Utilizaba el cuero crudo y cortaba los tientos con su cuchillo. Y esa es la diferencia entre el soguero y el talabartero.
-¿Soguero no es lo mismo que talabartero?
-El talabartero compra el cuero curtido. El soguero o guasquero trabaja con el cuero crudo, de modo que saca el cuero del animal recién carneado. En el caso del cuero caballar, a mí me lo provee un amigo veterinario, de caballos que se mueren o tienen que sacrificar. En el caso del cuero vacuno, cuando se carnea un animal en el campo.
Mirá la entrevista completa con Pablo Lozano:
-¿Y hay diversidad de cueros?
-No es lo mismo un cuero de un animal flaco, que gordo; joven, que viejo, ni el pelo de uno u otro, influye la raza y hasta la sanidad del animal. Para mí el cuero se comporta como la carne de ese mismo animal: si es novillo gordo, su carne será más rica, más sabrosa y más blanda, por su grasitud. Pues su cuero también tendrá más grasa y permitirá que se sobe más y que quede más blando. En cambio, si el soguero necesita de un cuero más duro o resistente, o rígido como en el caso de un lazo, pues buscará el cuero de un animal más flaco, por ejemplo, de una vaca que en el campo llaman ´de epidemia´, que se ha muerto de vieja, estresada y sin grasa.
-¿Vos tenés alguna preferencia?
-A mí me gusta mucho el cuero de la raza Shorthorn, porque me gustan los cueros blancos, que cuando los lonjeás te aparecen unas pecas marrones. Y cuando los preparás, es decir, lo carneás, lo estaqueás y lo sobás, es cuando te canta realmente para qué te va servir. Ahora tengo un cuero blanco de Shorthorn para hacer una cincha, que tiene muy lindas manchas tirando a ´coloradas´ y lo fui cortando de tal forma que esas manchas quedaran como un mapa. Uno empieza creando desde ahí como lo hace un carpintero o un ebanista, que elige las maderas”

-¿Y qué saca un soguero de los cueros?
-En cuanto a sogas de campo, todas, desde un maneador para amansar a un animal, un cabresto, maneas, bozal, riendas, cinchas, estriberas, lazos, que es donde comienza este arte. Luego, se fue refinando cuando el hombre quiso diferenciarse, distinguirse, para pasear un domingo o en un desfile, y aparecieron técnicas nuevas con creatividad. Porque como herramienta de trabajo la pieza debe tener todo lo necesario para su función, pero después uno le agrega una costura en forma de flor, por ejemplo. Lo primero es cuidar la función porque una manea no se debe cortar por débil, porque si se soltaran las patas de un caballo podrían provocar un accidente. Uno debe asegurar su fortaleza y después recubrirla con bellos adornos. Las técnicas son infinitas. A veces quiero sacar una técnica, pero me sale otra. Si me sale una nueva, la divulgo.

-¿Cómo te iniciaste?
-Yo vivía en Buenos Aires pero mi familia materna tiene campo acá en Tandil. Entonces veníamos los veranos y fines de semana, donde yo veía a los paisanos con admiración y quería parecerme a ellos y así me fue naciendo el gusto por las cosas de la tradición. Los veía haciendo sogas muy rudimentarias y a mí me atraían las manualidades. Un día, estando en el colegio, en Buenos Aires, le ví a un amigo una pulsera de cuero trenzado y le pregunté dónde la consiguió. Me dijo que se la había enseñado a hacer un tal Luis Flores, que vivía en el pasaje Anasagasti, en Palermo, cerca de donde yo vivía. Lo fui a ver y luego de unas bromas me empezó a enseñar.
-¿Luis Flores fue tu referente?
-Él fue mi maestro, buen soguero, gran investigador y difusor. Pasé a ser parte de su familia y me llevaba de vacaciones a Los Cocos, Córdoba, donde él tenía una casa. Y de ahí me llevaba a Catamarca, a Santiago del Estero, a La Rioja, a visitar a tejedoras, cesteras y artesanos del cuero. Lo hacía con la pretensión de recopilar las distintas técnicas, tomaba notas, luego las escribía y publicaba. Luis fue el que además abrió el juego de compartir esos conocimientos y luego empezó a hacer concursos en La Rural de Palermo, con 30 artesanos, donde todos aprendimos mucho. Ese es el lugar por donde todos pasamos y nos sirve para intercambiar saberes y para vender.
-¿Cada región se caracteriza por algún rasgo, en la soguería?
-Sí, por ejemplo, en el sur de Santiago del Estero, por Sumampa y Ojo de Agua, los artesanos del cuero se destacan por los lazos, que son fantásticos. En la zona pampeana es donde más se desarrolla el arte fino de los guasqueros, seguramente porque hay mayor poder adquisitivo. En Corrientes se usan mucho las trenzas gruesas, por la humedad del clima, para que les duren. Y en la provincia de Buenos Aires se usa más el cuero sobado. Es como el caso de los aperos, que varían según la topografía.
-¿Trabajás solo por encargo?
-Sí, pero las cosas que mejor me salen son las que no hago por pedido. Porque no tengo la presión de tardar un tiempo estipulado. Uno la puede dibujar, pero cuando empiezo a trabajar el cuero, puedo ver que algo no me gusta y lo deshago, de modo que no sé cuánto tiempo me va a llevar. Y por todo eso no puedo presupuestar la pieza. Y además me pasa que cuando termino la pieza, la miro y le encuentro muchos errores. Pero pasa más tiempo y ya no le miro los defectos y me gusta. La pieza que más tiempo me llevó confeccionarla, fue en 5 meses. El mejor maestro en este arte es el cuchillo, porque es a fuerza de oficio, por más que otro te enseñe.
-¿Y vos tenés alumnos?
-He tenido muchos alumnos y unos diez han salido muy buenos. Hace muchos años daba cursos de soguería en la municipalidad de Tandil a principiantes y avanzados. Hoy puede ser que vengan sogueros a mi taller, a perfeccionarse, o que yo vaya a dar algunas técnicas a otro lugar. Martin Theill vino a aprender a casa cuando tenía 15 años y es el mejor alumno que he tenido. De modo que pasó a ser mi ayudante durante 20 años y hoy ya arrancó solo, pero cada tanto viene a ayudarme, como hoy. Nació y vive en Tandil, es muy conocedor de las costumbres camperas y muy destacado en sus obras.
-¿Pensás que con el avance de la tecnología y del desplazamiento del caballo de los campos este arte corre riesgo de perderse?
-Hay gente que compra y no sabe lo que es un caballo y sólo quiere la pieza para colgarla de adorno. Cuando yo era chico no había tantos sogueros ni tanta diversidad de piezas y sólo unas pocas talabarterías. Sin embargo, hoy hay muchas y creo que en la medida de que la soguería crezca como arte, vivirá siempre y ganará nuevos adeptos. Y siempre harán falta maestros como lo fue Luis Flores, para que este arte y oficio no se pierda y se siga perfeccionando. Porque él decía: ´Si todo estuviese en los libros, los maestros estarían de más´.

La entrada Escondido entre las sierras de Tandil, el soguero Pablo Lozano convirtió ese viejo oficio rural en un arte que trasciende las fronteras se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La entrada Adrián Brescia revela la clave de los pequeños criadores de caballos criollos: “Sin pasión esto no se puede sostener, porque va al margen del negocio” se publicó primero en Bichos de Campo.
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“Con mi familia veníamos criando caballos generales, siempre con padrillos criollos o yeguas criollas, a las que no inscribíamos. Veníamos buscando el pelaje, en nuestro caso mucho overo negro. Arrancamos con la cabaña de criollos con mis hermanos, pero después me fui quedando solo, porque desde chico tuve una gran pasión por los caballos”, nos cuenta.
Luego lanza la frase que nos servirá de título: “Sin pasión, esto no se puede sostener, porque va al margen del negocio, al menos en los cabañeros chicos, donde es difícil que sea rentable”, afirma Brescia.
-¿Y de dónde vendrá tanta pasión?- nos preguntamos en Bichos de Campo. Adrián nos cuenta una anécdota que no sirve como respuesta racional pero sí marca bien el punto de partida,
“En pleno invierno, a mis 3 o 4 años de edad, con 40 grados de fiebre salí a la puerta de la casa para que ensillaran mi yegua La Rusa, y terminé internado en el hospital de Rauch con neumonía”, recuerda. Ese fue el principio de un capricho largo, porque le viene durando toda la vida.
Mirá la entrevista con Adrián Brescia:
Explica Adrián: “Con el tiempo, cuando uno se adentra en este mundo de los caballos, se apasiona y comienza a buscar pedigree, función, morfología y demás cuestiones. Pero en mi caso los crío en función de las características que a mí me gustan. Yo busco que sea lindo y para andar, para trabajo”.
En ese recorrido, dice el criador, “uno comienza a tomar como referencia a los mejores criadores, que llevan invirtiendo muchos años en genética, en busca de la excelencia. Pero todo esto va y viene constantemente, aunque más allá de las modas trato de guiarme por mi propio gusto y mis necesidades”.
La de caballos criollos es la segunda raza animal más numerosa de la Argentina, detrás de la bovina Angus. Como líder entre los equinos, Brescia explica que la asociación de criadores “es la que genera más pruebas funcionales y exposiciones cada año”,
A la vez, esta raza de caballos es “la que más gente compra para diversas actividades, como paseos, cabalgatas, trabajo de campo, etcétera. Porque es un caballo muy noble, dócil e inteligente. Y además esta raza moviliza toda una industria que genera trabajo y disfrute a mucha gente, sobre todo a la familia, en fiestas populares y jineteadas”.

Adrián anticipa que está preparando un remate de caballos criollos de distintas cabañas, para diciembre por internet, que además vende muchos caballos mansos y de trabajo para las estancias. En su campo él mantiene la tropilla -los caballos de andar- y además alquila a parcela a Manuel Samartino para criar su manada –las yeguas madres-. En el destete, como hay que separarlos, deja las hembras allí y a los machos los lleva a otro campo en Chajarí. Para las domas confía sus caballos al mismo Samartino o a Manuel Vázquez. Y recurre al vasco Saldubehere para que se los prepare cuando necesita llevarlos a alguna exposición.

-¿Y por qué hacés todo ese despliegue?
-Uno se llena de orgullo cuando llega un productor de Córdoba y te compra una yegua para madre, o un padrillo para reproductor o uno para andar. A mí también me gusta andarlos. Ser parte de los criadores de caballos criollos me da muchas satisfacciones porque se comparte la vida todo el año. Por ejemplo, cuando tenemos que desfilar en el pueblo, en la Fiesta de Las Aves de Raza de Rauch, o llevar las tropillas a las fiestas y eventos en San Antonio de Areco, a Carmen de Areco o a otras provincias. A quien le guste la tradición, como a mí, le recomiendo que críe caballos criollos, que es toda una pasión.
La entrada Adrián Brescia revela la clave de los pequeños criadores de caballos criollos: “Sin pasión esto no se puede sostener, porque va al margen del negocio” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La entrada Por culpa del covid, cayeron a la mitad los ingresos por la exportación de caballos argentinos se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Según datos de la dirección Equina de Agricultura, hasta noviembre -en medio de restricciones de todo tipo- se habían enviado al mundo 1.875 ejemplares, en especial de caballos de polo, un 33% menos respecto de los 2.705 del mismo periodo de 2019.

Pero esa no ha sido la peor noticia para los criadores de las diferentes razas equinas, que suelen encontrar en la exportación de sus caballos una manera de recuperar parte de los costos de la cría, que lleva varios años y no ofrece otras compensaciones salvo en el caso del turf.
La peor noticia es que los ingresos generados por las exportaciones cayeron todavía más, pues hubo un brusco descenso de los precios. La precisión es que si en los primeros 11 meses de 2019 se habían exportado equinos por 27,7 millones de dólares, en 2020 las ventas solo aportaron 12.1 millones. Es decir que los ingresos retrocedieron el 56%.
Hace pocos meses Bichos de Campo realizó un programa especial sobre la actividad hípica, donde ya se anticipaba este fuerte ajuste por culpa de la pandemia:
Esta resultado de las exportaciones de caballos en pie es claramente el peor de los últimos años, ya que desde 2010 el valor promedio de las exportaciones ha sido de unos 26 millones de dólares. El mejor registro se logró en 2018, con 2.700 caballos vendidos por casi 36 millones de dólares. En ese lapso histórico, el valor promedio de venta de cada ejemplar fue de unos 8.800 dólares.
La entrada Por culpa del covid, cayeron a la mitad los ingresos por la exportación de caballos argentinos se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La entrada Caballos que curan: El ángel de cuatro patas que cambió la vida de Elena y Panchi se publicó primero en Bichos de Campo.
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Este rosillo noble y manso enfrentó todos los pronósticos médicos que le decían a Elena que su hijo padecía parálisis cerebral y que por esa condición, quizás ni pudiera sostener su cabeza. Resultó que al poco tiempo de tomar contacto con El Tata, su hijo Panchi -como lo llaman en su familia-, comenzó a evolucionar tanto que ni su madre se explicaba al principio lo que sucedía.
Este inesperado milagro la sumergió en la equinoterapia: Elena abrazó la lucha de tantas otras madres y padres que como ella querían mejorar la calidad de vida de sus hijos. Fundó “Equinoterapia del Azul“, para dedicarse de lleno a la rehabilitación e integración de personas con discapacidad a través de los caballos.
Mirá la entrevista completa a Elena Cataldi:
Elena recuerda el momento en el que descubrió el poder de su caballo sanador. “Nos dedicábamos a las tareas rurales y a la cría de caballos criollos en Azul. Allí nacieron mis tres hijos, Santiago, Clara y Francisco. Al poco tiempo de nacer Francisco, le dio un paro respiratorio que le dejó severas secuelas neurológicas. Entonces comenzamos a viajar al instituto Fleni para hacer rehabilitación, y ahí me hablaron de la cantidad de beneficios que tenia el andar a caballo desde el punto de vista motor, emocional y sensorial”, relató a Bichos de Campo.
A partir de ese momento comenzó a darse cuenta de que tal vez tenía la cura para su hijo más cerca de lo que pensaba. “Para mi los caballos eran parte total de mi vida, una pasión y una herramienta de trabajo, pero la faceta terapéutica la conocí a raíz de Francisco y de esta necesidad de rehabilitarlo”, explicó.
Elena comenzó a viajar mucho para hacer cursos y para instruirse en este método terapéutico. Al cabo de un tiempo, aplicándolo en Panchi, notó una mejora sin precedentes. “Superó las expectativas que los médicos tenían para él, porque dado su gran daño neurológico no esperaban que tuviera siquiera control cefálico”.
“Hoy es un chico de 20 años que camina, que corre, que baila, que monta a caballo solo y que hace montones de cosas más”, declaró Elena, para quien sin duda alguna, influyó el hecho de haberlo subido a un caballo con tal sólo tres meses de edad.

La evolución de Panchi fue realmente notable, como afirma su madre. No sólo mejoró su condición motora sino que creció en él un vinculo emocional muy fuerte con los caballos. “Luego de esta devolución médica, salí con una necesidad enorme de que todos supieran que este método realmente ayudaba. Por eso surgió esta fundación, con la idea de llegar a más chicos que quizás no pudieran tener los caballos tan cerca como los teníamos nosotros”, manifestó la madre.
La fundación de equinoterapia nació la localidad bonaerense de Azul, y por eso toma su nombre. Pero en 2008 Elena decidió volver a su tierra natal, a Salta la linda, junto a toda su familia, para seguir trabajando en el campo y en esta fundación que adquirió raíces más profundas.
En 2016, impulsó la ley provincial de equinoterapia. “Salta es una de las 10 provincias del país que cuenta con esta ley, considerada una terapia más, y por eso ya está incluida dentro de las prestaciones médicas obligatorias. Ahora estamos trabajando en conjunto con más de 240 centros de equinoterapia de todo el país, para que salga una ley nacional”, declaró.
Ahora Elena es miembro fundador de la Red Argentina de Equinoterapia, y aseguró que trabajan fuerte para formalizar y ordenar la actividad. “Queremos seguir investigando, compartiendo información y trabajando en conjunto porque es la única forma de crecer”, dijo.
Alcanzar una ley nacional que ordene la actividad y la profesionalice, es el mayor deseo de Elena. “Nos preocupa mucho que por ahí surjan centros, y se tienda a pensar que porque a un chico con discapacidad lo suben a un caballo, ya eso se considera equinoterapia, y no necesariamente es así. Para que haya terapia, tiene que haber un equipo terapéutico interdisciplinario con diferentes ramas de la salud, de la educación y del área ecuestre. Se trabaja por objetivos y con un plan de trabajo. Por eso es importante que se trabaje de modo serio en esto”, remarcó.
“Queremos que haya un órgano de control que fiscalice lo que hagamos, con caballos sanos y aptos, con instalaciones adecuadas y equipos capacitados, y queremos que esté incluida dentro de las prestaciones médicas obligatorias a nivel nacional, para que todo aquel que lo necesite, pueda acceder a ella para mejorar su calidad de vida”, se ilusionó
¿Y qué fue de Cate El Tata, el caballo que mejoró la calidad de vida de Panchi? Elena relató, con mucha tristeza, que tanto a ella como a su hijo les tocó despedirlo en junio del 2018, con 33 años de vida.
“Lo enterramos en el jardín de casa, al lado de un florido cantero, bien cerquita nuestro. Por todo esto el Tata es mi amor equino y seguro el de muchos chicos mas. El fue un ángel de cuatro patas que hizo más linda la vida de todos lo que tuvimos la suerte de disfrutarlo”, posteó hace poco tiempo en su cuenta de Instagram.
La entrada Caballos que curan: El ángel de cuatro patas que cambió la vida de Elena y Panchi se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La entrada Juan Cruz Ramallo cría Pura Sangre y espera con ansias la apertura de los hipódromos: “Hay un nivel redistributivo muy grande detrás las carreras” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Juan Cruz Ramallo está en la base de esa pirámide. Cría caballos pura sangre en su haras El Doguito, ubicado en la localidad bonaerense de Las Flores. En diálogo con Bichos de Campo resaltó que “la actividad de haras, cría y deporte genera una mano de obra impresionante”,
Para Ramallo, “la cuarentena fue un palazo terrible para la actividad, aunque la parte productiva y de entrenamiento de los haras pudieron seguir manteniéndose, porque son animales y deben continuar con actividades como el vareo diario para evitar cólicos. Pero se necesita cierta recuperación económica también”.
-¿Y de dónde vienen los ingresos?
-La parte de premios en hipódromos derrama, no sólo a una persona (el dueño del caballo) sino al resto de la gente que depende de la actividad. Hay un nivel redistributivo muy grande en las carreras, y eso se complicó- explicó Ramallo.
Mirá la entrevista completa a Juan Cruz Ramallo:
La mayor producción de caballos pura sangre de carreras se realiza, con cerca del 70% de los ejemplares, en la provincia de Buenos Aires, con San Antonio de Areco y Capitán Sarmiento como principales lugares de referencia. Pero también hay haras en el sur de Santa Fe, sur de Córdoba, sur de Entre Ríos, La Pampa y San Luis. A nivel nacional son un total de 425 haras, donde nacen aproximadamente 6 mil crías por año.
“Somos el quinto productor de caballos a nivel mundial, y en esas zonas de producción las condiciones de clima y suelo ayudan a desarrollar las capacidades deportivas de los caballos”, manifestó Ramallo.
Esta pasión por criar caballos es, según Ramallo, “una mezcla de hobby, estilo de vida, amistad y muchas veces es una pasión heredada de algún familiar. En mi caso, yo quiero mucho esta actividad por mi abuelo. Hay mucho de tradición a través de esto”. En otro tramo de la charla confirmó que la mayoría de los que se vuelcan a producir caballos de carrera “lo hacen más por amor y pasión que por rédito económico”.
-¿Y cuándo te paga esa pasión volviéndose un negocio?
-Cuando te quedás con el caballo y corrés con el en los hipódromos. Te pongo un ejemplo burdo: si querés hacer un establecimiento de cría, agarrás un campo pelado y tenés que poner los postes, alambrados, pasturas, veterinarios, albañiles para hacer boxes, corrales. Es decir, es terrible lo que tenés que invertir para hacerlo bien. Hacer un caballo de carrera es hacer un deportista, para lo cual se necesita mucho conocimiento, pasión y dinero para arrancar. Luego comprás la yegua, tenés que preñarla. Son 11 meses de gestación. Luego de que para, si pare bien, tenés dos años para desarrollar el caballo y llegar a un ring de ventas, más la doma y el entrenamiento. Es decir que, son tres a cuatro años de mucho riesgo y laburo. Si te ponés a pensar, todo este recorrido de la cría hasta llegada a la pista dura lo mismo que un Gobierno.
-¿Y qué fue lo mejor que te pasó en esta actividad?
-Lo mejor que me pasó es haber tenido una conexión especial con mi abuelo, pero además de eso me transmitió algo especial con la actividad relacionada al caballo, y es que realmente ahí te juntás con todo el mundo, desde el peón al petisero. Es una unión muy grande la que generás porque al caballo tenés que darle mucha paciencia. Acá no es soplar y hacer botella; es un laburo muy artesanal, son animales vivos, con lo cual tenés que descifrar su forma de ser.
Ramallo se enorgullece de haber logrado un campeón hace dos años que se llama Nicholas, y que ganó premios como el Joaquín S. de Anchorena, el San Isidro o el Miguel A. Martínez de Hoz.
“También tengo otro caballo que aunque no es campeón, que corrió cinco años y ganó doce carreras, y sigue entrenando de hecho. Y esto también me permitió juntarme con seis amigos con los que corrimos toda carrera que anda dando vueltas, y todavía seguimos en actividad. Terminamos armando una gran familia”, describió.
Ver: José Ignacio de Mendiguren, de Cuarto de Milla: “Ninguno gana dinero criando caballos”
-¿Y en esto, cuánto hay de genética y cuánto de lo que pone uno?
-Bueno, yo justamente me especialicé en la parte de genética, y no se trata de cuánto hay de uno u otro. La genética es una parte, que puede ser el 25% de lo que es el caballo. Sin dudas que una buena unión genética es lo que hace que luego el caballo tenga una chance de ser un buen caballo, y con esto digo que no siempre lo mejor con lo mejor da lo mejor en un caballo de carrera. Cada caballo de carrera tiene un nombre único e irrepetible, tiene su ADN y tiene su registro genealógico desde 1720. Yo puedo ver su árbol genealógico y estudiar sus diferentes combinaciones.

-Son 300 años de historia, y cada caballo tiene una vida útil de 10 a 15 años.
-Sin dudas, y es tremendo lo que es la base y capacidad de conocimiento que hay gracias a la genética. Luego el sangre pura de carrera tiene algo especial, y es que el contacto entre el padrillo y la yegua es físico, es decir que no hay inseminación artificial ni clonación. Cada cría se registra como a una persona, con su ADN, para dar fe de que tanto el padre como la madre son tales animales. Así arranca la combinación genética que puede ser por físico, por pedigree, por campaña o por capacidad económica. Y luego está la adaptación del gen al medio, es decir, los caballos deben adaptarse al clima y región. La genética es el origen, todo el resto es alimentación y crianza.
-¿Y ahora en cuarentena, cómo se sabe cuánto valdrá el caballo al año siguiente?
-El caballo se vende siempre antes de su doma. El caballo es un potrillo cuando lo vendés, y se vende por el potencial. No tiene un valor estricto de mercado como la vaca. Puede ser 10 o 1000.
-Ese sería el trabajo del haras. Yo me refiero a las ventas luego de las carreras
-Ahí la referencia de venta es en función de los premios. Si los premios están más altos, obviamente los caballos valdrán más. Ahora, al no correr en cuarentena, se para toda la rueda; y se genera como un cuello de botella porque no reponés, y entonces queda atrás la generación siguiente. Y esto pasa con otras razas como el criollo o el de polo.
-Pero tuviste que mantener la estructura de costos al mismo tiempo…
-Obvio, La estructura y el costo se mantienen igual. La parte comercial es algo que hablamos con el Gobierno, porque, es tan apasionada la actividad del turf, que algo funcionó. Pero sí falta la parte deportiva para recuperar parte de los ingresos. Pensemos que, sólo en el sector de los pura sangre de carrera, hablamos de 80 mil puestos de trabajo. La industria interna de los hipódromos es muy grande. Por eso esperamos que pronto pueda volver esa actividad.
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]]>-¿Endurance son carreras largas?
-Sí, son carreras que van desde los 40 kilómetros (en categoría novicios) a 160 kilómetros, por etapas; se arranca de madrugada y termina hacia el mediodía. Pero en Emiratos Árabes, donde me encuentro ahora, las carreras son mucho más rápidas que en otros países por la facilidad que dan sus suelos, la preparación de los caballos y sus recursos.

-¿Usted dónde realiza la cría?
-Arrancamos en General Belgrano, provincia de Buenos Aires, pero el lugar nos quedó chico. En estos años y con la suerte de que los hijos de Fiorentino (“el” padrillo que les permitió dar el gran salto logístico y económico) demostraron ser caballos de endurance con condiciones increíbles, debimos ampliarnos en instalaciones y en el número de cría, que pasó de ser una cantidad muy pequeño para cubrir nuestras necesidades como jinetes, a criar un lote mayor para cubrir la demanda que tenemos de los establos de Emiratos.
-¿Y ahora dónde están?
-En Entre Ríos, de donde soy oriunda. Cuando por cuestiones de trabajo tuve que empezar a quedarme más tiempo en los Emiratos, decidimos llevar la caballada cerca de mi familia para que ellos, fundamentalmente mi padre que también es un apasionado de los caballos, pudiese controlarlos y ver que todo saliera bien.
Tenemos los caballos repartidos en dos campos: en Gualeguaychú las madres y crías, donde se quedan los caballos a campo hasta que tienen edad para ser domados, lo que nosotros hacemos a partir de los 4 años. En Colonia Hughes (Colón) se lleva a cabo la doma, entrenamiento, clasificación de carreras de velocidad regulada y su cuarentena de exportación, Allí también tenemos los padrillos que solo salen para ir a un centro de reproducción, donde se hacen las transferencias embrionarias, las fertilizaciones y se obtienen las pajuelas para exportar el semen congelado. De esta manera conseguimos controlar la calidad en todos los estadios de la vida del atleta equino, desde su concepción.
-¿Cuánto hace que se dedica a esto?
-Más o menos 10 años. Fue un proceso de aprendizaje, ya que criar caballos deportivos no es lo mismo que un mero cruzamiento de ejemplares; requiere de mucha dedicación y no hacerlo bien iría en contra de mi meta, que es seguir sacando un gran porcentaje de caballos con las condiciones necesarias para esta disciplina. Un caballo de Endurance bien criado depende de un meticuloso plan que lleva la planificación de varias generaciones y una elección sumamente minuciosa de los reproductores a utilizar. Llegar a tener los padrillos y yeguas que hoy forman parte de mi plantel llevó años de búsqueda, constancia, paciencia y negociaciones.
-¿A quién vende sus caballos?
-En Argentina sólo disponemos para la venta servicios de nuestros tres padrillos (LN Fiorentino, LN Spartano y Maktub Parisino), ya que los caballos de nuestra cría se venden en totalidad al exterior, principalmente a Emiratos Árabes Unidos, la meca del deporte. Fiorentino, nuestro primer padrillo, tuvo hijos con muy buenos resultados y él ya es reconocido como un excelente reproductor, lo que nos allanó el camino y facilitó esta posibilidad de vender todo al Golfo.
-¿Dónde aprendió esta profesión?
-Fue día a día. Aprendí mucho del polo y con la premisa de que a caballo se aprende lo que no está en los libros. Mi meta era que los caballos fueran funcionales, que atendieran no sólo a un pedigree sino que demostraran que en sus genéticas tienen las condiciones. Fui aprendiendo con el paso del tiempo y de criadores de Argentina, especialmente de Susana Sánchez. Ella crió durante más de 50 años en inbreeding, bajo la supervisión de genetistas y con sangres del desierto, caballos que mantenían la calidad de los antiguos árabes de los beduinos. Ella consiguió criar verdaderos ejemplares de resistencia.
-¿Qué tiene que tener un caballo o yegua para ser óptimo para este deporte?
-Estructura física, un metabolismo atlético, recuperación cardíaca a alta velocidad (posiblemente lo más difícil de conseguir) y los movimientos. Un caballo para este deporte tiene que tener un físico atlético, con fibra muscular que lo acompañe y capacidad pulmonar. El metabolismo es lo que va a ayudar en su desempeño y performance.
-¿Hay algo que sea lo más importante de todo?
-Que el caballo recupere su frecuencia cardíaca lo más rápido posible luego de haber corrido a alta velocidad. Si bien podemos ver caballos que son buenos recuperadores en sus países de origen, la velocidad con la que se corre en Emiratos deja afuera a varios. Los caballos se pueden entrenar, mejorar y planear estrategias de carrera para obtener buenos resultados pero lo ideal es que tengan las condiciones genéticas de un posible campeón. En endurance los movimientos son muy importantes por la posibilidad de lesiones y su capacidad de desarrollar velocidad, y los aplomos no son algo que se pueda pasar por alto: en mi cría no tienen lugar caballos con defectos de este tipo, sólo se cría con lo mejor.
-¿Cuánto le lleva prepararlo?
-Desde los 4 años empezamos la doma y a prepararlos para las pruebas de resistencia. Un caballo con genética lleva poco tiempo: sólo hay que entrenarlo físicamente y enseñarle a ser un atleta; para cuando tiene 6 años ya está listo para viajar. Un caballo con buen corazón, mente y físico se hace en menos de un año, se adapta fácil a los entrenamientos, no da mayores problemas.
-¿Debe ser de alguna raza en especial?
-Preferentemente árabe, anglo árabe o cruza árabe. El árabe es el campeón de resistencia por antonomasia. El caballo árabe tiene un tipo de fibra muscular que es característica de la raza, no son acumuladores de grasa, por eso se ven tan flaquitos. Esa particularidad ayuda a que no acumulen ácido láctico con facilidad, aumentando su resistencia en relación a otras razas. El anglo árabe (SPC, SPI, Thoroughbred con árabe) debe estar muy bien diseñado para dar buenos resultados.
-¿Cuánto valen en el mercado?
-En Argentina hay caballos de todos precios, dependerá de la calidad de su línea de sangre, condiciones y edad, entre otros factores; en el exterior ya estamos hablando de caballos que valen lo que no se podría pedir en el mercado nacional. Nosotros hemos vendido nuestra genética (semen de nuestros padrillos) también a Chile y España; este año reciben las pajuelas de Fiorentino, así Argentina se vuelve a ubicar en el mercado del endurance, como poseedor de genética Premium.
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