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La entrada ¿Y a usted cómo le suena? José María Cano, el productor que quiere erradicar la palabra “explotación” del lenguaje agropecuario se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>-¿Por qué le suena mal “explotación agropecuaria”?
-Mejor yo le pregunto a usted: ¿a qué le suena ´colaborar´? ¿Acaso a ´cooperadora´?
-Sí… colaborar, cooperar… va por ese lado.
-Y bueno, es que toda palabra tiene una imagen detrás de un sonido que te lleva a una idea asociada. Entonces, “explotación”, ¿a dónde nos lleva?
-Claro, es un tema de lo connotado y acá “explotación” no suena muy bien. ¿En qué momento le empezó a hacer ruido esta palabra?
-Arranqué a estudiar agronomía y al poco tiempo me crucé con una camioneta 0 km en Tandil que decía “Explotaciones Agropecuarias”. Recuerdo que estaban pintadas en las dos puertas con mucho orgullo y me quedé casi mudo, pensando: ¡Qué arriesgado!

-¿Siente que es una palabra que agranda la grieta?
-No, porque la usamos nosotros mismos en el sector sin darnos cuenta. Nos pasamos horas y horas hablando de la salud del suelo y el ambiente, de las posibilidades de prácticas regenerativas, del trabajo en equipo, de la agricultura familiar campesina, de simbiosis biológica dentro del suelo, de fotosíntesis y otros tantos temas que de verdad siento que están alejados de la palabra explotación.
-¿En lo cotidiano, lo habló con colegas? ¿Qué le dicen?
-Cuando les hago esta observación a los colegas me dicen que el término está aceptado por la FAO, y yo les digo: “¿Y, qué tiene que ver, no te suena mal?”.
-Y, es que cuando algo está legitimado por una organización de muchos años cuesta más cuestionarlo.
-Pero yo me pregunto, con tantos buenos comunicadores que hemos tenido dando charlas, ¿por qué nunca se planteó este tema? Hoy más que nunca creo que Latinoamérica juega un rol fundamental en prácticas de conservación de suelos, donde Argentina es líder, y en esta nueva etapa donde empezamos a hablar en todas las instituciones de regeneración podemos concluir fácilmente que no tiene nada que ver con explotación.
-¿Cómo fue el clic para pasar a la acción y proponer cambiar esta palabra por otra?
-En 2020 salió una propuesta de relevamiento a nivel de Ministerio de Desarrollo Agrario provincial sobre productores agroecológicos ponían a estas prácticas como bandera de trabajo. Allí se hablaba de explotaciones agropecuarias y eso me activó a pensar que el impulso de una buena acción como la agroecología no tenía nada que ver con explotación. Es un verdadero contrasentido, ya que uno busca regenerar el suelo, incrementar biodiversidad, y la otra es puramente extractiva, se refiere a abusar, sacar, aprovechar.
-Ese fue el empujoncito final, entonces…
-Sí, porque fue entonces cuando decidí enviar al Ministerio una nota sugiriendo el cambio de ese término por Unidades Productivas Agroalimentarias. Pero seguramente fue un pedido aislado porque no obtuve respuestas; eso me llevo a compartir la idea con distintos actores de nuestro sector.
-¿A quién le está haciendo hoy la propuesta con la carta que escribió?
-A instituciones públicas y privadas del agro con un asunto que dice “Sugerencias de Lenguaje Amigable para nuestro sector”. El objetivo central es ponerlo en mesa de debate; por ahí somos varios los que pensamos igual y podemos llegar a impulsarlo con más fuerza.
-¿Recibió alguna respuesta hasta ahora?
-Sí: en varios casos están analizando el tema en sus comisiones directivas. El jueves pasado tuve la alegría que en una ordenanza municipal de mi ciudad, Tandil, se consideró elegir la palabra “producción” en vez de “explotación”; creo que son granitos de arena.
-¿Qué efectos considera que puede tener cambiar “explotación agropecuaria” por “Unidades Productivas Agroalimentarias”?
-Creo que nos pone en un lugar más justo porque somos productores primarios de la cadena agroalimentaria. Fíjese que durante la pandemia el sector agropecuario siguió trabajando, las vacas continuaron eructando y nos dimos cuenta, “aunque mi amigo Bill Gates no lo quiera”, que el problema de contaminación, cambio climático, etc. etc. tiene más que ver con nuestro modo de vida que con las vacas. También surgió el valor de los alimentos generados en cercanía y cobro muchísima más importancia el producir los alimentos sanos, con mayor información del camino que recorren desde su producción hasta la mesa. Debemos aprovechar este punto de encuentro.

-Usted que le da importancia al uso de las palabras, ¿de qué forma le parece que el lenguaje crea sentido?
-Hace un tiempo en una capacitación CREA pude realizar un intercambio con Emilio Duro, sociólogo español. Allí analizamos en reto a un niño donde no es lo mismo decirle: “Si hacés tal cosa papá no te quiere más” que “A papá no le gusta que hagas estas cosas”, donde no queda en duda el sentimiento de querer a un hijo. Si cerramos los ojos y yo le digo: “No piense en un elefante blanco”, usted pensará en eso inmediatamente. Volviendo a “mi amigo Bill”, él instaló el tema de las emisiones de la vaca, cuando cada vaca emite 2 a 4 toneladas de Carbono (CO2 eq), mientras que nosotros con nuestra vida cotidiana emitimos 13 a 18 tn CO2 eq. ¿A cuánto tiempo estamos entonces de que nos digan que además somos explotadores seriales y que los alimentos sintéticos son la solución?
-Viendo este panorama, ¿por qué cree que en el sector parece no dársele importancia a los temas de lenguaje?
-Creo que hace un tiempo el significado de las palabras no era tan importante como ahora donde cobran sentido, marcan tendencias y nuestros hijos nos corrigen a cada paso porque para los jóvenes este tema sí es importante. Muchas veces no tener tiempo para detenernos a pensar y la inmediatez de las acciones diarias para superar la línea de costos juega a favor de dejar las cosas como están.
-En esta línea, y separándolo del sesgo político, ¿qué opinión tiene sobre el lenguaje inclusivo?
-Está allí, es un movimiento que se va dando. Empezamos a tener amigos, hijos, alumnos y colegas que le encuentran sentido a hablar de una manera diferente y entonces, si puedo agradar con una adaptación de mi lenguaje, no me parece mal.
-¿Le parece que hablar de otra manera puede ser uno de los puentes entre la ruralidad y lo urbano?
-La palabra es “hablar”. Como sea y de todas las maneras que sean posibles: nos merecemos comunicarnos más y mejor. He propuesto en otras notas que tengamos la posibilidad de abrir nuestras tranqueras a la comunidad.
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]]>La entrada La Federación de Ingenieros Agrónomos quiere que cada campo tenga un profesional: “No pensamos en algo obligatorio o coercitivo”, aclara Octavio Pérez Pardo se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Según el texto frío del acta, la FADIA pretende “exigir la intervención de los Profesionales de las Ciencias Agronómicas en toda explotación agropecuaria, a fin de garantizar un uso racional y sustentable de los servicios ecosistémicos, lo que permitirá producir permanentemente bajo las premisas de las buenas prácticas agropecuarias, a fin de obtener alimentos de calidad e inocuidad en todos las explotaciones agropecuarias del país”.
¿Un agrónomo en cada campo? ¿De modo obligatorio o voluntario? ¿También un veterinario para los establecimientos ganaderos? Parece un objetivo demasiado ambicioso para el estado de cosas actual. En el Censo Agropecuario 2018, menos de la mitad de lo productores respondieron contar con asesoramiento de un profesional. Hay un trecho enorme por avanzar. Se lo preguntamos a Pérez Pardo.

-¿Ustedes quieren imponer a los productores la contratación de un ingeniero agrónomo?
-Este punto es un tema muy interesante. Como Federación nosotros aspiramos a mostrar la importancia de tener un profesional asimilado a la actividad que el productor desarrolla. De hecho está pasando. No lo pensamos como una norma que los obligue sino como un conjunto de normas que se van desarrollando en paralelo a que crece la demanda en la sociedad en calidad alimentaria, en producción certificada , en prácticas de conservación de suelos. Además la producción en la Argentina implica fitosanitarios, y para eso se requiere de recetas. De algún modo, el productor ya está obligado a recurrir a un profesional, Si no lo hace, no solo violado la ley sino poniendo en riesgo a sus propios trabajadores y a sus vecinos.
-¿Entonces esto de un profesional por campo caerá por peso propio?
-Nosotros creemos que es importante para el crecimiento de la producción en la Argentina esta demanda de la sociedad. Pero además notamos que los productores están día a día más encaminados y preocupados por eso, que es generar incrementos de producción pero manteniendo la sustentabilidad, evitando el deterioro de los recursos naturales. El camino es generar acciones en los cuales tengan un balance de carbono positivo, o medir la huella hídrica. Todos estos fenómenos se van a incrementar o profundizar. Y hacia ellos vamos a ir de la mano de un profesional que certifique que eso esta pasando.
-¿Nos da algún ejemplo más concreto?
-Hace unos se hablo de un valor adicional por soja certificada por AAPRESID. Pero hay otros ejemplos. Lo que planteamos es ir hacia un modelo de profesionalización de la actividad, donde el riesgo empresario quede en manos del productor y la certificación del manejo sostenible en manos de los profesionales que intervienen en algún momento de la actividad productiva en ese predio. Por eso lo visualizamos como una estrategia de ganar-ganar, más que algo obligatorio o coercitivo.
-Mejor, porque los productores no son muy amigos de que les impongan las cosas…
-Hay muchos casos que muestran que es un proceso gradual. Ya hay programas para una ganadería integrada, en el norte argentino, en donde a través de las normas de bosques se solicita la intervención de un profesional. Hay provincias, como Santa Fe, donde ya existe la figura del corresponsable agronómico, que le hace al productor una planificación predial bianual. En fin, hay diversos ejemplos. Nosotros lo planteamos como una estrategia de país: el empresariado debe mostrar estratégicamente que su producción tiene niveles de cuidados de recursos de sustentabilidad. Por supuesto que esto tiene que venir con políticas estables en materia de comercio, de impuestos, etcétera. Esto no se puede planificar a largo plazo si cambian las reglas.
-¿Sólo para agrónomos lo piensan o para otras profesiones también?
-La Federación está trabajando con la Federación de Médicos Veterinarios y la de Ingenieros forestales, para tratar de avanzar con el sector público para que se vaya dando este proceso. Es un rompecabezas, pero basado en el objetivo a futuro de lograr la sustentabilidad de la producción argentina.
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]]>La entrada A Peco Repetto no le preocupan los debates o las grietas, aunque recomienda: “Lo que nunca tenemos que hacer es alejarnos de la ciencia” se publicó primero en Bichos de Campo.
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-Hoy se habla mucho de agroecología como una forma de recuperar la soberanía alimentaria y usar sólo bioinsumos. ¿Cuál es su opinión?
-La parte positiva es el cuestionamiento que siempre nos tenemos que hacer en cualquier profesión sobre nuestra actividad laboral. Desde ese lugar el mensaje fuerte que se generó nos hace replantearnos muchos temas, aunque no debemos olvidarnos de que esto es más grande y tiene que ver con cientos de actividades que empiezan a cuestionarse por la única razón de que somos más de 7.700 millones de habitantes en nuestro Planeta y de repente nos empieza a quedar algo pequeño nuestro hogar.
–¿Entonces?
-Creo que el concepto de soberanía alimentaria es solo un slogan sin contenido lógico en un mundo francamente globalizado. Y que el concepto de bio-agroindustria es algo en fuerte crecimiento y es ahí donde se insertan los bioinsumos que, por supuesto, son una gran evolución del conocimiento científico.
-Veinte años atrás no se cuestionaba el uso de agroquímicos y hoy cada vez más. ¿Cree que están demonizados?
-Tiene que ver con lo dicho antes. Todo será cuestionado y no me parece mal que así lo sea. Lo que nunca tenemos que hacer como sociedades del conocimiento es alejarnos de la ciencia.
-¿Cómo sería ese alejamiento?
-Es lo que ocurre en esta época de Internet donde hay múltiples “fuentes” y de donde sale el famoso: “Lo leí en Facebook”, como si eso garantizara una fuente confiable de conocimiento. Esto es lo que quiero remarcar: hoy hay grupos de terraplanistas, antivacunas, antibiotecnología y muchos etcéteras que son todos parte de lo mismo: del desconocimiento de la ciencia.

-¿Considera que las BPA (Buenas Prácticas Agrícolas) aseguran que los agroquímicos no dañan la salud de quien los aplica ni de quien consume estos alimentos?
-Así es.
-Entonces, ¿el temor a la relación agroquímicos-enfermedad también es un mito?
-Conozco muchas familias que viven en el campo y nunca vi afectar su salud por fitosanitarios. Es simple: de la misma forma que no debemos automedicarnos, debemos ser responsables en su uso cumpliendo con toda la normativa al respecto.
-Según su experiencia, ¿es posible producir grandes superficies de forma agroecológica?
Sí. Muchísimos colegas trabajan respetando los ejes de la producción sustentable y están haciendo agroecología.
-A veces parece que “la otra grieta” es agroecología y producción convencional. ¿Cuál es su opinión?
-La grieta está solamente en los que se sienten que están de uno u otro lado; es un tema mental, nada más.
-¿Usted dónde se ubica?
-Soy Facilitador en Transición Agroecológica del MDA de la Provincia de Buenos Aires, integro una Regional de Aapresid de la cual son socios regionales la Agencia del INTA Tandil y la Facultad de Agronomía de la UNICEN, y todos trabajamos en forma conjunta y tenemos relación con algunas chacras del MDA. Además soy miembro de un CREA y vocal de la Sociedad Rural de Azul ¿De qué grieta me hablan?

-Por último: hace años que se dice que el campo debe comunicar mejor lo que hace. ¿Le parece que se está logrando?
-Creo que también en este caso estamos hablando de un tema global: es un problema de la producción de alimentos y su relación con las comunidades. Pasa en el periurbano de nuestros pueblos, pero también en cualquier país productor de alimentos de Asia o África.
-¿Y qué se puede hacer para mejorar esa comunicación?
-Seguramente el storytelling es una excelente herramienta para comunicar de qué trata la producción de alimentos. Pero hay algo que es clave: entender que una Comunidad Agroalimentaria, como podría ser la que vivo, es justamente eso: un lugar donde todos producimos alimentos. El día que lo veamos se soluciona este tema.
-¿No será que la gente de la ciudad sí sabe (racionalmente) que el campo produce alimentos pero (emocionalmente) no le interesa? Como que esa información “no le llega”…
-Algo de eso ocurre, por tal motivo creo que hay que bajar barreras y abrir el diálogo hacia la sociedad. Pero para lograrlo hay que ponerse de acuerdo entre las instituciones ligadas al tema y actuar en equipo; de lo contrario es difícil avanzar y sostenerse en el tiempo. En este sentido se está trabajando muy bien en escuelas rurales y ya desde hace tiempo, brindando información de calidad tanto a alumnos como a docentes.
-Lo de las escuelas es fundamental pero pensaba en ir fuera del sector, hablarle al que no sabe nada de campo. ¿No sería ese el gran salto?
-Bueno, algo que nos pasa históricamente es que nos hablamos a nosotros mismos: debatimos las problemáticas entre nosotros, en programas del sector y con colegas… y no sale de ahí salvo que ocurra algo puntual y muy grave, que es cuando los medios nacionales le prestan atención al campo. Sin duda ese el desafío a sortear y el gran salto a dar pero hoy por hoy veo muy complicado que el sector tenga una presencia activa y sostenida en los medios masivos.
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]]>La entrada Luis Lanzavecchia: Un ingeniero agrónomo pide “fumar la pipa de la paz” y lograr legislaciones equilibradas para el uso de agroquímicos se publicó primero en Bichos de Campo.
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Las posiciones encontradas respecto a las necesidades de establecer normas que rijan las aplicaciones de fitosanitarios en nuestro país, nos llevan a buscar respuestas al interrogante de cómo podemos establecer acuerdos o consensos entre las partes disidentes y así lograr un marco legal que satisfaga las necesidades y el interés común: la producción de bienes y servicios, preservar la salud y promover el cuidado del medio ambiente.
Desde tiempos inmemoriales la humanidad se planteó la resolución de conflictos bajo una actitud reactiva que devinieron en enfrentamientos y distanciamientos que tuvieron un saldo poco feliz sin beneficio mutuo. Hoy por suerte somos participes de una etapa en la historia de nuestra humanidad basada en el desarrollo del conocimiento y la innovación tecnológica.
Estas herramientas brindan los aportes sustanciales a las distintas producciones y creaciones agro bio industriales, en un marco competitivo y sustentable juntamente.
Pero también en esta innovación generada a través del conocimiento pulsan tanto la “tecnología de insumos” como la “tecnologías de procesos”. Su conjunción permite poner en agenda percepciones y discernimientos basadas en la lógica y el rigor científico, para no caer en el temor que implica algo desconocido.
Hoy la sociedad toda debe darse un compás de espera y poder establecer un debate que otorgue los “permisos sociales” necesarios de los distintos sectores, el agro y el citadino (parafraseando a Jorge Giaccobe). Construir los fundamentos y argumentos lógicos minimizando el conflicto de intereses, es el desafío para aquellos que tengan la decisión de dictar leyes y ordenanzas que regulen la aplicación de fitosanitarios.
El enfoque que los parlamentarios conciban es medular. Esto contribuye a una regulación, fiscalización y control de las pulverizaciones de fitosanitarios, que implique una tarea o práctica agrícola enmarcada en los numerosos trabajos científicos y evaluaciones a campo que comprenden a una BPA (Buena Práctica). Es la manera de transitar en el rumbo correcto de convivencia entre lo urbano y rural.
Por el contrario, cuando las decisiones parlamentarias son estimuladas por emociones y sensaciones que el temor infundado genera, respondiendo en una forma obsecuente al mismo, se incurre en el error de legislar sin equidad. El soslayar o ignorar las recomendaciones y sugerencias de los expertos o idóneos que aporten a la temática, avienta la posibilidad de que la norma sea en la práctica inviable y de externalidades negativas.
Ing Agr Luis A Lanzavecchia (Mat Prof. CIAFBA 0016)
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]]>La entrada Martín Videla Dorna cuenta la experiencia de Villegas, el partido bonaerense que diseñó otra fórmula para convivir con los agroquímicos se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Martín Videla Dorna es un ingeniero agrónomo de Villegas, que se dedica también a las aplicaciones, y que fue protagonista central de una negociación para que ese partido tuviera las regulaciones más “amigables” con el sector agrícola. Es una isla en medio de una catarata normativa que está dejando miles de hectáreas productivas inundadas de prohibiciones para el uso de esos insumos.
Videla Dorna, que forma parte del centro de ingenieros agrónomos de General Villegas e integra el flamante colegio bonaerense de ese tipo de profesionales, contó a Bichos de Campo cómo funciona el sistema implementado por una ordenanza que se aplica desde hace algunas semanas. Incorpora además otras dos novedades: hay una zona buffer (de amortiguamiento) con una lista de productos prohibidos y donde es necesario contratar a un fiscalizador homologado por la provincia.
Mirá la entrevista con Martín Videla Dorna:
-¿Cómo es que Villegas se convirtió en el partido bonaerense con menso restricciones a los agroquímicos?
-Acá se trabajo durante tres o cuatro años con la gente del municipio, en un convenio de colaboración que ya fue una novedad porque colaborar no es algo muy común en la Provincia. Empezamos a trabajar con los concejales de todas las ramas políticas, con alguna grieta pero charlable. Aceptaron los parámetros técnicos que planteamos, los números y las investigaciones sobre el tema. Se dijo: “Así no podemos seguir”. La idea era lograr algo lógico, porque cuando hicimos las cuentas para aplicar restricciones (como las que hay en otros partidos), nos quedaban miles de hectáreas sin trabajar en Villegas.
-¿En algún momento se pensó en aplicar una prohibición como en otras zonas?
-El planteo de los opositores empezó con alrededor de los 100 metros, un numero manejable, pero el oficialismo quería cero metros. Se llegó a un punto intermedio de 40 metros para la franja de exclusión, en la que no se puede aplicar ningún tipo de agroquímicos en general.
-Es una franja mínima…
-Pero de ahí en más nace una franja o zona buffer que ronda entre los 300 y los 500 metros. Hicimos algo novedoso, que es no poner como límite una cantidad exacta de metros sino tomar el primer alambrado que surja a partir de los lotes, porque habíamos visto que cuando vos pones una franja fija a lo mejor te cae en la mitad de un lote. ¿Entonces que hay que poner? ¿Una bandera?
-En Pergamino hubo unos productores detenidos porque fumigaban y se pasaron unos metros el limite imaginario.
-Se pasaron 12 metros de la línea imaginaria. Y lo mismo pasó en Tandil ahora. Por eso decidimos que esa área buffer vaya variando, pero es de alrededor de 300 metros. Fuimos a una calle, a un alambrado, pero metemos el lote completo. Eso lo hizo la municipalidad, hizo planos que están disponibles por si un productor tiene que fumigar pueda fijarse si el campo esta dentro o afuera de la zona buffer.
-¿Y en esa zona de amortiguamiento qué condiciones se fijaron?
-En ese área se pueden usar productos de banda verde y azul (no los de banda roja, de mayor toxicidad). Pero en la ordenanza se introdujo otra novedad, que es que prohibimos algunos productos. Son los hormonales (2,4D y Dicamba) y atrazina. Los hormonales tienen el problema que gasifican en épocas de más temperatura, se subliman muy fácilmente y entonces se mueven como gas, y entonces no los podés manejar, porque no se mueven como una gota. La atrazina, porque sabemos que es un herbicida con mucho problema de llegada a las napas. También el Paraquat, que es un desecante de alta volatilidad, y el clorpirifos, que es un insecticida que volatiliza muy fácil y encima tiene un olor a huevo podrido importante. Yo creo que es un producto con los días contados en la Argentina, y de hecho ya está prohibido en muchos lugares.
-¿Y el productor no se queda sin alternativas para los tratamientos?
-No, y de hecho todos estos productos son viejos. Ninguno tiene menos de 25 o 30 años desde que se están usando en forma intensiva, y hoy están absolutamente reemplazados. Por supuesto que muchos de los productos que los reemplazan son más caros. Lo que sucede es que muchos de estos productos tienen la licencia vencida, se importan de China en tambores, los rebajan acá, los llevan a la concentración que corresponde y los venden muy barato. Una de las razones de la alta difusión de esos productos es el bajo precio. Es difícil pelear contra eso. Pero la única forma era reglamentarlo.
-Ya tienen la ordenanza. ¿Funciona? ¿Conviven bien los vecinos con el nuevo sistema?
-Esto empezó el mes pasado y por supuesto hubo llamados, gente enojada, gente que decía que no se puede, y cuando se reglamentó se dijo: ¿quién controla esto? El Municipio no está en condiciones de hacerlo, tiene dos o tres ingenieros agrónomos que están en otra cosa. Así que había que ofrecer el servicio de fiscalización a través del colegio de ingenieros agrónomos. Algunos ya hicimos el curso de fiscalizadores que da la Provincia, pero la idea es que todos lo hagan en el corto plazo.
-¿Cuál es el ro de ese fiscalizador?
-Ese fiscalizador tiene la obligación de estar presente el día en que se haga la pulverización en la zona buffer. Y tiene la obligación de controlar dos cosas. Las condiciones climáticas, que van a estar escritas en la receta agronómica, y si los productos que están recetados son los que corresponden.
-Suena a un agrónomo controlando a otro agrónomo…
-No es el ingeniero que hizo la receta sino otro. Eso generó alguna rispidez con algunos arrendatarios o la gente que siembra, porque hay que pagar esos honorarios, es un costo más. Pero es así o no podés sembrar. Si esto se hace con la receta y un profesional que controle, no puede salir mal. Quedan absolutamente claras las responsabilidades de cada uno. Los fiscalizadores son ingenieros agrónomos matriculados por el colegio y aceptados por la municipalidad de General Villegas. El tema agroquímicos está en boca de todo el mundo, todos el mundo opina. Esta es una forma de darle tranquilidad al vecino del periurbano y de brindarle seriedad a ese trabajo, que es controlar y demostrar que controlamos.
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]]>La entrada Agrónomos unidos: Intentan saldar su propia grieta para tener más peso en los debates del sector agropecuario se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Como sea, los agrónomos se han dado cuenta de que si mantienen sus grietas inciden cada vez menos en la agenda pública. Y que la multiplicidad de voces –por ejemplo, la coexistencia del Consejo Profesional de Ingeniería Agronómica (CPIA) y la Federación Argentina de la Ingeniería Agronómica (FADIA)- colabora muy poco para resignificar el rol de estos profesionales en los temas de debate público.
Como presidente de CPIA, el ex decano de la Fauba Fernando Vilella, participó de un hecho histórico que intenta dar una vuelta de página a esa historia de fractura. Lo contó a Bichos de Campo: “Armamos una mesa de ingenieros agrónomos para contribuir con los organismos públicos y privados, participar de la elaboración de leyes, normativas, debates y discusiones en temas que hoy están siendo cuestionados”.
Mirá la entrevista completa realizada a Fernando Vilella:
Vilella, quien además es profesor titular de la Cátedra de Agronegocios y director del Programa de Bioeconomía de la FAUBA, aseguró que la Argentina tiene dificultades en su oferta de productos, no en la demanda. Y que ese escenario impone un trabajo cada vez más profesionalizado en el sector. “Esa oferta requiere trazabilidad y certificaciones, en las que los agrónomos somos centrales. Por ello queremos hacer aportes en la discusión pública”, agregó.
Descargá desde acá el Comunicado sobre el Primer Encuentro de Colegios y Consejos Profesionales
Resulta medio paradójico que sean los ingenieros los que deban formar una mesa para que los incorporen en la elaboración de normativas, políticas públicas, cuando debería ser normal que estén sentados en la mesa de discusión, ya que luego son los responsables de la ejecución de un montón de procesos en el campo, como la emisión de las recetas agronómicas. Pero de paradojas está repleta la Argentina.
“Está el Gobierno, los productores, los ruralistas, los consumidores y las cámaras empresarias, pero nosotros no somos nada de eso y cumplimos un rol diferente e importante dentro del sistema”, explicó Vilella. La falta de voz fue una de las causas que impulsó esta unión de profesionales.
El catedrático sostuvo que se encuentran “en un momento anti-grieta total desde el punto de vista profesional”. Y enfatizó: “Queremos colaborar desde nuestra visión con organismos públicos y empezar a tener una voz más presente en cuestiones que tienen que ver con cuidar el ambiente, producir alimentos sanos, y todo el sistema tiene que estar cuidado para el conjunto de la comunidad y los consumidores”.
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]]>En Bichos de Campo contamos oportunamente el sentido de esta lucha que movilizó a decenas de agrónomos de toda la provincia. Hasta ahora esos profesionales tenían como única opción dirigirse al Colegio de Ingenieros de la Provincia de Buenos (CIPBA). Peor con un universo estimado de 15 mil profesionales agronómicos, esta entidad nuclea a cerca de 1.500, que no forman parte del Consejo Superior y no tienen un peso específico en su vida institucional.
Ver La pelea de los agrónomos bonaerenses por tener colegio propio
“Es necesario reglamentar y transparentar el ejercicio de esta profesión. Por eso era imperioso sancionar esta ley y que los profesionales de la Ingeniería agronómica y forestal puedan independizarse en busca de jerarquizar su actividad”, aseguró el diputado Ricardo Lissalde, contador y del Frente Renovador, un impulsor del proyecto.
Es ley la creación del colegio de Ing. Agrónomos y Forestales bonaerenses.
Este colegio estimulará de todas las formas posibles el desarrollo sustentable de la producción agropecuaria bonaerense, basado en sus tres pilares fundamentales: el económico, el social y el ambiental. pic.twitter.com/3bfPkpzZGs
— Ricardo Lissalde (@RicardoLissalde) April 27, 2018
Según la ley, el nuevo colegio velará a través de sus matriculados, por la implementación de programas específicos destinados a desarrollar la producción agropecuaria, incorporando un mayor valor agregado a la misma.
Asimismo, participará, por intermedio de sus colegiados en el ámbito productivo agropecuario, para incidir en forma favorable en la resolución de los problemas que afecten a la cadena productiva agropecuaria y de comercialización e industrialización, estrechando la más activa participación de todos los agentes involucrados.
“Creando este colegio estamos brindando una nueva herramienta al Poder Ejecutivo, ya que se podrá trabajar en una materia pendiente dentro de la provincia en lo que respecta al estudio del uso del suelo y el uso de los recursos naturales. Asimismo podremos pensar en la implementación seria y responsable para una futura Ley de Agroquímicos y trabajar todas aquellas cuestiones que ayuden a preservar nuestro medio ambiente”, concluyó el diputado del Frente Renovador.
https://twitter.com/RAIABA2016/status/989808014470369280
Había en el recinto varios profesionales que se han agrupado bajo la sigla RAIABA (Red de Asociaciones de Ingenieros Agrónomos de la Provincia de Buenos Aires). Apoyaron la creación del nuevo colegio y pudieron vencer la resistencia del CIPBA que buscó frenar esta iniciativa, mediante la publicación de solicitadas en el ámbito de las redes sociales, donc incluso acusaban a los agrónomos de promover el uso de agroquímicos en perjuicio de la población, o de tener vínculos íntimos con multinacionales del agronegocio.
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