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La entrada La historia de Claudia y Ezequiel, dos apicultores argentinos en Canadá: No piensan regresar porque allá tienen mil oportunidades, aunque a veces tropiecen con los osos se publicó primero en Bichos de Campo.
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En enero de 2011 regresó a la Argentina a buscar a su familia. En 2012, Caly viajó con sus hijos como turista. Vivieron 3 meses en la ciudad hasta que alquilaron con opción a compra una casa con 62 hectáreas, a 20 kilómetros del pueblo, en una zona de pasturas, ganadera. A los tres años, cuando pudieron obtener la residencia, la compraron con un crédito a 25 años, porque allá cuesta menos pagar una casa en cuotas que alquilar, explican ellos. Tienen 15 ovejas, 2 chanchos, pavos, un pony, perros, gatos y 60 pollos.
En 2014 iniciaron su propio proyecto de apicultura, al que le pusieron “Clover Fields Apiaries”, que significa “Apiario en campos de trébol”. Compraron 30 familias de mil abejas cada una, de Nueva Zelanda, y 30 abejas reinas, en tubos que les enviaron por avión. “Nosotros queríamos comprar bien puras de la raza Caniola”, explica Ezequiel. Más tarde sacaron otro crédito para comprar maquinaria y materiales, para poder tener más colmenas. Hoy tienen 6 apiarios con unas 30 colmenas cada uno y habilitaron en su casa la sala de extracción y fraccionamiento, mediante un trámite accesible.
“Producimos miel multifloral. En esta región hay floración constante. La abeja puede quedarse no más de 10 días sin flor. Extraemos una vez por año, o a lo sumo hacemos dos cosechas. Lo primero que florece es el diente de león, luego el trébol blanco y el rojo. En Julio, la alfalfa y el meliloto o trébol amarillo, que estamos plantando en el campo porque mejora el suelo, proveyéndolo de mucho nitrógeno, y es una fuente constante de néctar para las abejas”, detalla Caly.
Los canadienses consumen mucha miel. Caly sale a entregar a unas 10 tiendas en un radio de hasta 600 kilómetros de su chacra. Además, venden en 3 ferias, los sábados. Comenzaron vendiendo miel líquida y luego agregaron, cremada, que elaboran con una batidora de panadería y se vende mucho, en envases de vidrio. También en envases de plástico de 3 y de 7 kilos. Luego, sumaron miel con canela en polvo. Ahora también juntan polen, lo deshidratan y venden en estuches de material reciclable. Además venden mucha cera en barras de medio kilo, y protector labial de cera y aceite de coco.
Ezequiel hoy sigue trabajando afuera, en una fábrica de trailers, desde las 6 a las 14. Ellos saben ahora que necesitan llegar a las 500 colmenas para que el negocio le permita a Ezequiel dejar su trabajo alternativo y dedicarse de lleno a las abejas. Caly está a cargo de la chacra y de la operación apícola. Se levantan a la 4:30 y las dos hijas a las 5:30 para alimentar a todos los animales y luego ir a estudiar. Cuando regresan a la tarde, vuelven a darles de comer. El pequeño Igor también ayuda y se hizo cargo de alimentar a los pollos. A fines de agosto es tiempos de cosecha y trabajan todos en ello. La escuela se suspende si la temperatura pasa los 35 grados bajo cero.

“Acá el invierno dura unos 5 a 7 meses. La temperatura más baja, desde que estamos en Canadá, fue de 42 grados bajo cero. En invierno tenemos un metro y medio de alto de nieve en la puerta, pero las máquinas pasan temprano, limpiando los caminos, para que pueda llegar, por ejemplo, el transporte escolar, que es gratis, como también las escuelas primaria y secundaria y los hospitales. Pero los chicos de 14 a 15 años ya tienen sus trabajos y pueden ahorrar para pagarse luego un terciario o la universidad. Acá, la cultura del trabajo es primordial y la gente trabaja toda su vida. Conocemos a un matrimonio, que a sus 60 años de edad acaban de fundar su propia empresa”, explican.
En esas latitudes el trabajo agrario tiene sorpresas y recordaron: “Hace una semana nos entró un oso a un apiario y nos rompió como 7 colmenas. No, los cajones, pero sí los cuadros, porque buscan la miel y las larvas. Entonces decidimos mudar el apiario ese mismo día y terminamos a las 3 de la madrugada”.

Iara y Malvina se inscribieron en un programa nacional de agricultura por el que niñas y niños desde los 9 años de edad pueden criar a un animal, ya sea una vaca o un chancho, para fomentar la cultura pecuaria desde la infancia. Todos los meses deben informar sobre su peso y dos veces al año el Estado los inspecciona.
“Un chico de 16 años de edad acaba de vender un novillo en 10.000 dólares canadienses y debe haber invertido en criarlo, unos 2000. Acá hay muchos programas de fomento del trabajo y muchas becas para los jóvenes”, dicen. Además, ellas tienen 6 colmenas propias y crearon su propio canal de Youtube para contar cómo las mantienen, e incentivar a las chicas y chicos de su edad a que tengan sus propias colmenas como ellas. Es el segundo año que las invitan en el pueblo para realizar un taller de apicultura para chicos de entre 9 y 15 años de edad. Caly y Ezequiel realizan en familia una reunión semanal de trabajo, en la que evalúan y establecen metas, para involucrar a sus hijos y que se reconozcan protagonistas y futuros herederos de la empresa familiar.
Actualmente toda la familia se encuentra expectante, Malvina, la hija de 14, de edad, fue seleccionada para participar en un concurso de apicultura con jóvenes de 12 y 17 años. Cada año se realiza en un país diferente y en 2022 Malvina deberá competir en Rusia.

En enero próximo esta luchadora familia cumplirá 10 años en Vanderhoof. “Los canadienses nos recibieron bien y son muy amables con nosotros. La amistad no es como en nuestro país. A los gringos no podés `caerles` en su casa sin avisarles antes. Pero no extrañamos tanto –señala Ezequiel- porque `tranqueras adentro escuchamos a Larralde, Los Chalchaleros, y tomamos mate. Solemos comer asado, menos en verano, que está prohibido debido a los incendios. Pero la carne de acá no es como la de Argentina. Mis amigos me tildan de yankee, pero yo vivo como cualquier paisano argentino. Un kilo de yerba nos cuesta unos 10 dólares canadienses, pero nos damos el gusto”.
Ezequiel nos quiso compartir la canción que más escucha allá: Un día me fui del pago, de y por José Larralde.
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]]>La entrada El colono Alberto Andruszyszyn advierte que las grandes empresas “se están apoderando de los suelos misioneros”: Propone regular las nuevas plantaciones de yerba se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Puede que haya sido el ojo afilado de los nuevos habitantes nacionales o simplemente el mejoramiento en las semillas, pero lo colonos vieron como una buena alternativa económica plantar yerbales en sus campos y lo comenzaron a hacer en los suelos rojos que caracterizan ese provincia.
Las 5 hectáreas que le permitieron a la familia Andruszyszyn vivir dignamente y mandar los chicos a estudiar se multiplicaron hasta llegar a las actuales 12, que Alberto cultiva junto a su esposa y sus dos hijos. Si bien espera pronto alcanzar las 15 hectáreas, todavía se reconoce como un productor chico de la zona. Su secreto para sobrevivir es que tienen una plantinera especializada justamente en la Ilex paraguariensis, es decir que realizan todo el proceso.
Alberto es yerbatero. Tanto que fue uno de los protagonistas de las movilizaciones que los colonos realizaron entre 2001 y 2002 por los bajos precios que recibían por la hoja verde, lo que derivó en la creación por ley nacional del actual Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM). “Tuvimos que luchar muchísimo para la creación del INYM. Empezamos con protestas, tractorazos, pasamos 52 días en la plaza de Posadas, hicimos negociaciones con el gobierno nacional”, recordó en una charla con Bichos de Campo.
Mirá la entrevista completa a Alberto Andruszyszyn:
Aunque hoy está un poco desencantado, teniendo en cuenta que el INYM muchas veces no puede acordar un precio adecuado para la hoja verde y la yerba canchada (los dos primeros estadíos de la yerba mate antes de ingresar a los molinos) todavía sostiene que valió la pena aquella lucha. En la mayor parte de las ocasiones, la actualización semestral de los precios pagados al productor y el secadero terminan siendo fijados por un laudo del Ministerio de Agricultura, lo que para Alberto es sinónimo de la política metiendo mano.
“Antes no se sabía cuánto salía la yerba. Hoy el Instituto regula el precio. Pero hay que hacer algunos ajustes y pulir algunas cosas”, dijo.
Actualmente en Misiones los pequeños y medianos productores son una inmensa mayoría, unos 15 mil, aunque concentran solo el 40% del total de los yerbales. El 60% restante está distribuido en pocas empresas, como es común que pase en muchas economías agropecuarias, que son quienes reúnen las plantaciones de yerba mate más grandes.

-¿Es negocio hacer yerba?- le preguntamos a Andruszyszyn.
-Es negocio porque deja buena rentabilidad, se vende en góndola. Son los desmanejos políticos los que hacen que caigamos en un pozo sin fondo, cuando no hay buen precio.
Para Alberto no es menos aclarar, sobre todo para quienes no están en tema, que el sector yerbatero se caracteriza por tener momentos cíclicos. Hay años en los que el productor obtiene un buen precio, como es el caso de esta temporada, y años en los que asegura que “no viene cosechar” debido a las bajas cotizaciones. Este es un ciclo de buenos precios. Incluso el valor de referencia fijado por Agricultura está muy por debajo de los que están ofreciéndose en el mercado.
“Esto se da cada ocho o diez años. El tema de que todos tomemos mate garantiza un consumo importante”, agregó.

-¿El hecho de que el INYM sea garante del precio es importante para vos?
-Sí. Hoy abundan más los productores chicos que los medianos y grandes. Hay que facilitar que el productor chico surja, protegerlo para que sigan produciendo yerba. Se tiene que hacer una regulación en el tema de las plantaciones.
Alberto introduce un tema decididamente polémico. Pero no tiene miedo a ese debate. Para él una forma de velar por el pequeño productor sería asegurar las posibilidades de acceso a la tierra. Los altos precios dolarizados de la tierra han favorecido la concentración de las plantaciones en pocas manos, sobre todo de capitales internacionales. Como ahora los precios de la yerba han subido, camino a Apóstoles se notan cientos de hectáreas de plantaciones nuevas, pero todas en manos de grandes empresarios.
“Se están apoderando de los suelos misioneros. No queremos la expulsión de los productores chicos y medianos, porque nosotros tenemos a nuestros hijos, que van a querer un pedazo de tierra para seguir trabajando. Eso les pertenece, era de sus abuelos”, aseguró el productor.

-¿Qué le pedirías a las autoridades de turno nacionales y provinciales?
-Que regulen la tenencia de tierras, que no se permita el ingreso de extranjeros. No solo en yerba sino en otros cultivos también. Que no se permita comprar más tierra porque eso va en perjuicio de los argentinos.
-¿No tenés miedo que te reprochen que tu abuelo era ucraniano?
-Las leyes cambian y los tiempos cambian. En ese momento la ley permitía entrar a extranjeros. Si todo cambia cambiemos nosotros también. En otros países no podemos comprar tierras porque somos extranjeros. Hay que tratar de pensar más en la gente de acá, en los jóvenes.
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]]>La entrada El historiador Roy Hora derriba mitos sobre la oligarquía: “El capitalismo agrario pampeano tuvo una considerable capacidad integradora y los recursos no se concentraban solo arriba” se publicó primero en Bichos de Campo.
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Si de prejuicios y mitos hablamos, el agro carga con varios, que prendieron mucho en una sociedad urbanizada que no suele conocer cómo se trabaja y se vive en el campo. Que los productores son oligarcas, que son envenenadores, que acaparan soja para conspirar contra el resto.
Sea cual sea el mito a analizar, para Hora “el campo es un buen punto de observación para pensar problemas más amplios de la sociedad argentina, porque está en un lugar central de esa sociedad”. Tras sus estudios, este investigador del Conicet sabe que no todo el campo era reflejo de latifundios, oligarquía, poder y familias patricias con grandes extensiones de tierra, sino que en la conformación del agro también hubo espacio y posibilidad para que crecieran otros sectores medios.
“El capitalismo agrario pampeano del Siglo XIX y parte del siglo XX tuvo una considerable capacidad integradora. Los recursos no se concentraban solo arriba”, sostuvo Hora. Y agregó: “No había solo grandes estancias, sino también empresas familiares, a veces campesinas, y a veces no tanto”.
Mirá la entrevista completa a Roy Hora:
El historiador, doctorado en la Universidad de Oxford y docente en la Universidad Nacional de Quilmes (UNQ), relató que “desde muy temprano la agricultura pampeana tuvo unidades productivas muy grandes, porque había muy bajo precio de la tierra, y una ganadería inicial muy primitiva. Había que trabajar en escala”, relató.
Para ejemplificar que este desarrollo también vino acompañado del chacarero y del trabajo familiar, Hora mencionó el caso de Martín Fierro, nuestro poema nacional. “Socialmente hablando, Fierro no era un peón, sino un propietario de ganado que tenía hijos, hacienda y mujer, con todo lo que eso significaba en un contexto de renta de sueldo bajo, donde había mucha tierra y faltaba mano de obra, la cual se importaba más bien. Así llegaron muchos inmigrantes y se dio espacio para que aparecieran empresas familiares. Esto acompañó el desarrollo ganadero y luego subió un escalón en la agricultura”, describió.
-¿Se puede tratar de establecer un paralelo entre aquel Martín Fierro emprendedor que tenía su pequeño capital y figuras de hoy como los contratistas o gente que hace agricultura sin ser dueña de la tierra, conviviendo con el gran latifundio?
-Fierro era parte de una clase popular. El agro de entonces les daba a sus clases populares o los que estaban más abajo, cierto espacio para dejar atrás la condición de trabajador o peón y pegar el salto para convertirse en un productor independiente en tierra que no era propia.
-Entonces, ¿el origen es de grandes latifundios pero con espacio para productores independientes en convivencia?
-Si, a veces, fuera de las grandes empresas, pero también adentro. Es decir, quizás una persona con recursos podía comprar 20 o 30 leguas de campo en 1850 o 1890. Ya el hecho de contarlos en leguas y no en hectáreas nos dice algo sobre el valor de la tierra de ese momento, y es que valía poco. Entonces era más fácil comprar la tierra que darle un uso productivo, porque para eso se requiere invertir en recursos que no son muy abundantes en una economía de frontera. Esto luego da lugar a que aparecieron en el mapa productivo los trabajadores cuyo principal aporte eran su saber y su energía productiva.
Pongo como ejemplo el caso de la familia Anchorena, que en 1850 o 1860 tenía muchísima tierra. Pero cuando uno pone la lupa sobre cómo funcionaban sus empresas, había muchos que cedían una parte de sus tierras para que otros iniciaran sus actividades y luego compartían los beneficios.

-De tan grande que era el latifundio, se hacía inmanejable para la centralidad del propietario…
-La palabra latifundio no me gusta porque evoca un uso irracional de los recursos, y yo creo que si ponemos la lupa en lo que pasaba en el siglo XIX, la tierra era muy abundante a punto tal que era libre en algunos lugares. Pero no es que estaba monopolizada por un grupo social que excluía a otros del acceso a ese recurso. Pasó en otros lugares de América Latina, pero no cuenta bien la historia de la pampa, en donde había grandes empresas que buscaban distintas maneras de combinar capital, de modo de poner en marcha el proceso productivo.
-La Sociedad Rural, en esta contexto, ¿sería algo así como un club de estancieros grandes que se juntan para intercambiar conocimientos y tecnologías, más allá del lobby y poder acumulado?
-Exacto. Y acá es muy importante para entender la era dorada y el crecimiento agroexportador. En la era del cuero y de la lana no hubo tanto cambio tecnológico, pero después sí. La ganadería vacuna se hizo toda con razas importadas y renovando completamente las pasturas. La pampa cambió radicalmente, incluso desde el punto de vista físico, y conquistó los mercados más demandantes de Europa, lo que requería inversión de tecnología y de un grupo empresario que viera un negocio en la inversión y una oportunidad allí de ganar invirtiendo, lo que efectivamente sucedió.
Pero este cambio tecnológico también se dio en la agricultura. Lo que se notó en la alta inversión en maquinaria. La pampa no podría haber sido una potencia exportadora si no hubiera crecido sobre la base de la inversión en maquinaria. Mientras que la agricultura europea de 1900 era de pequeñas parcelas de 5 a 20 hectáreas, muy intensivas, la agricultura pampeana no era así, como tampoco lo era la agricultura de grandes praderas de América del Norte. Por eso, para que pudieran explotarse millones de hectáreas se requirió de mecanización muy acelerada.
-¿El correlato de estas grandes extensiones o estancias es la oligarquía en la política?
-Ahí hay que empezar a hilar más fino. Cuando nos acercamos más al comienzo del siglo XX se empieza a ver un Estado más fuerte, con más recursos y capacidad de controlar los territorios, con políticas más ambiciosas. Había, por ejemplo, aunque no se conecte tanto con esto, un proyecto educativo muy ambicioso y muy caro. Sarmiento no era un propagandista de la educación. Montó un proyecto colectivo que hizo que Argentina tuviera el descenso más rápido en la tasa de analfabetismo de América, y eso no es gratis y no basta solo con discursos. Hubo que poner recursos. Por eso, a la hora de mirar el Estado argentino en la era oligárquica, hay que tener en cuenta que también fue un periodo de formación de burocracias públicas como de desarrollo y políticas públicas en planos que no están vinculados con los intereses de las clases propietarias más poderosas.

-O sea, era un Estado que construía autonomía respecto de la supuesta oligarquía…
-Claro. Acá vemos un fenómeno de complejización de las ambiciones de un Estado que no responde de modo inmediato a los intereses de los sectores económicamente predominantes. Es un Estado que en un contexto internacional favorable, promueve el desarrollo exportador, pero que a la vez es más autónomo al respecto de los intereses inmediatos de los grupos predominantes pampeanos.
Reparemos en esto: hubo crecimiento exportador muy veloz pero también crecimiento industrial muy rápido. De hecho, hasta los años ´30 de la gran depresión, la industria creció más rápido que el campo, y sin embargo partió de una base más baja que el campo. Hacia1930, la Argentina no era solo la principal potencia agrícola, sino que también era el país más industrializado. Brasil y México estaban abajo en PBI, y en la Argentina de ese entonces, el campo empujaba al crecimiento de la economía en su conjunto. Esto también se dio porque el país contó con una tasa de urbanización muy alta desde muy temprano.
-Bueno. Hoy hay demanda, y si el agro genera más exportaciones quizás pueda traccionar a la industria. Pero en el medio pasaron más de 100 años de historia. ¿Por qué decís en tu libro que el origen del campo fue ese y que algo cambió y que ya no es el mismo?
-Es que la Argentina no puede volver a soñar con esa Argentina del centenario como modelo de crecimiento, porque hoy es distinta a como era en 1910 o 1920. En ese período Argentina importaba trabajadores de Europa. La demanda era más grande que la oferta. Hoy no es así, mucha gente no encuentra trabajo y si puede se raja.
Algo pasó en el medio, y lo que yo creo que sucedió es que Argentina, que era de los países estrella de la primera globalización, se vio obligada a cambiar de golpe, porque el mundo cambió. Ese cambio se llamó gran depresión, es decir, el cierre del mercado mundial. Y el patrón de crecimiento que Argentina había adoptado y que permitía que hubiera ricos muy ricos, y que a su vez tenía capacidades para integrar y tener clases medias en expansión, con trabajadores con niveles salariales más altos que los del sur de Europa, se acabó. Lo que ocurre es que en 1930 el mercado mundial se achicó mucho, luego vino la segunda Guerra Mundial, otro golpe importante, y después el proteccionismo agrícola, que fue cuando Europa comenzó a recuperarse.
Entonces, la idea de que Argentina podía crecer como lo hizo hasta los años ´20 o ´30 es equivocada porque el mundo cambió. La Argentina reaccionó y tuvo que buscar un plan B en el momento que el mundo le dio la espalda. Ese plan B se llamó industrialización por sustitución de importaciones, o bien desarrollo sobre la base de la expansión del mercado interno, y ahí el balance es más gris porque Argentina ya no podía ser una estrella de la era industrial; porque no tenía una pampa para brillar, tenía poca energía, no tenía carbón ni petróleo ni minerales, tenía un mercado chico para lo que requería la era industrial, tenía países vecinos más pobres a los que no podía exportar y además tenía los salarios más altos de América Latina. Independientemente de la calidad de políticas públicas, para mi era muy claro que Brasil y México estaban mejor preparados para la era industrial que Argentina, así como antes Argentina estaba mejor preparada para la era agroexportadora.

-Ahora hay un regreso a una nueva globalización, ¿tenemos alguna chance frente a este escenario actual?
-Yo no digo que esa era industrial fue del todo mala (para la Argentina), fue más bien gris, porque hubo progreso social, mejora del bienestar y un mejor nivel de vida en sus clases populares, pero el avance fue hasta los ´70. De ahí en adelante Argentina se quedó. Desde los ´70 el ingreso per cápita no crece. Va y viene, sube y baja, pero no logra progresar.
Hoy tiene más sentido darle al país una oportunidad de estrategia exportadora, y avanzar por un camino que le otorgue a la Argentina una mayor solidez. Yo creo que es necesario que crezca sobre la base del incremento de sus exportaciones, con la salvedad de que no podemos ser la Argentina del centenario, porque nuestra sociedad es distinta y porque tenemos otros problemas. Por caso, mucha pobreza urbana. Por eso no podemos sacar a la mitad de nuestros compatriotas solo con exportaciones. Tenemos que combinarlo con otras cosas.
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]]>La entrada José Kirilinko produce té en Misiones y es maestro rural: “Quiero que los chicos se queden acá, produciendo” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“Gracias a Dios mis padres me pudieron dar un estudio. A los 14 salí a hacer la escuela secundaria, y pude volver y dedicarme a lo que mi abuelo empezó y mi padre siguió. Yo continúo trabajando la tierra e incentivando a los chicos para que no pierdan la cultura del trabajo”, relató Kirilinko a Bichos de Campo. Sus abuelos llegaron al lugar “un año antes de que terminara la Primera Guerra Mundial, porque escapaban de la problemática de la guerra”.
Escuchá la entrevista completa realizada a José Kirilinko:
Kirilinko explicó que “antiguamente el té se sembraba con semillas, pero actualmente, con las nuevas tecnologías se está produciendo otro tipo de plantines a través de modo clonal, que produce mayor volumen. El té sembrado de semillas tiene más años de vida y genera una planta mas resistente; no así el té clonal, que tiene una menor resistencia”.
Una vez sembrada y germinada, Kirilinko describió que “la planta de té queda fija y no se vuelve a sembrar. Durante los meses en invierno, la planta queda inactiva y ahí se realizan las tareas de limpieza y poda, y su apogeo de producción es durante los meses del verano, cuando se lo cosecha, ya que el té necesita un clima húmedo y caluroso para su brotación”.



En cuanto al sistema comercial del té, Kirilinko dijo que “debido al clima puede variar su producción. Los días más frescos la planta no produce tanto. Pero por lo general, cada 35 a 40 días se realiza la cosecha, es decir, se sacan los brotes de té, se los lleva a una planta procesadora donde se los seca”.
El productor explicó que “una vez que el brote está justo, hay que sacarlo. Por eso no se puede retener su cosecha, porque a medida que pasan los días, el té va perdiendo calidad”. Y agregó que “Misiones produce el 90% del té de la Argentina, mientras que la provincia de Corrientes produce el 10% restante”. Las proporciones son muy parecidas en el caso de la yerba mate.
En referencia al precio, Kirilinko dijo que “es incierto, aunque fue fijado por el Gobierno (la provincia de Misiones creo una comisión especial junto a los sectores productivos) en 4,27 pesos por kilo de hoja verde de té”.
“Todavía las primeras cosechas no fueron cobradas, por ende no se sabe el precio exacto. Esperamos una variación hacia arriba porque sino estaremos complicados ya que la inflación y los precios de insumos están muy elevados”, expresó el colono.
La actividad docente de Kirilinko es tan valiosa como la de sus días como productor. Y tiene un plus, ya que José fomenta el arraigo de jóvenes para que no emigren a las grandes ciudades.
“Esta profesión la llevo bien adentro y como me pasó a mi, quiero que le pase a los chicos, de querer seguir acá para producir. En Misiones se producen infusiones pero no alimentos. Por eso se están aplicando políticas para cambiar eso y cuesta mucho. Cuesta cambiar la tradición de cultivar otras cosas. Para eso es clave trabajar con los chicos y adolescentes. La provincia por ejemplo, tiene una ley de huertas escolares, a través de la cual si cada institución educativa cuenta con el espacio, debe tener una huerta”, comentó.



Kirilinko, que trabaja en una escuela rural, destacó: “Llevé ese proyecto de huertas al municipio de Campo Viera donde estoy yo, pero todavía no me dieron el ok para llevarlo adelante, aunque el nuevo intendente electo lo vio con buenos ojos. Por eso el objetivo es el de integrar a las escuelas primarias y secundarias para llevarlo adelante”.
El objetivo de Kirilinko es poder trabajar con el proyecto en el resto de las escuelas rurales de la provincia. “En Misiones falta más empuje aunque las autoridades están haciendo el esfuerzo. Lamentablemente en el último tiempo esas escuelas fueron desfinanciadas a nivel nacional. Entonces, ojalá podamos darle más fuerza a estos proyectos para que los adolescentes no se vayan de sus chacras y se queden alentados pro proyectos de vida”, se lamentó.
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