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La entrada Frankestein sigue vivo: El gobierno prepara un engendro para tratar de compensar a molinos y avícolas por la suba de los precios del trigo y maíz se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La iniciativa tiene el pomposo nombre de “Fondo Anticíclico Agropecuario” y no se puede evitar que recuerde al sistema de compensaciones que manejó la ex ONCCA entre 2007 y 2011, y que terminó en un festival de corrupción luego de distribuir más de 3.000 millones de dólares entre molinos, avícolas, aceiteras, lácteas y feedlots, muchos de ellos incluso truchos.
En un borrador elaborado en el área de la Subsecretaría de Agricultura, que maneja Delfo Buchaillot (un hombre vinculado al poderoso aceitero cordobés Roberto Urquía), la cartera a cargo de Julián Domínguez propone subsidiar -con dinero del resto de la cadena- los costos de producción de la bolsa de 25 kilos de la harina de trigo triple cero, y su correlato en paquetes de un kilo; los fideos secos en paquetes de 500 gramos; y el pollo entero refrigerado o congelado con o sin vísceras. Raro que no incluya la polenta, ni otras carnes como las de bovinos engordados en un feedlot o los porcinos.
Este es el anteproyecto:
Fondo Anticiclico-total faim 13.12 (3)
Este subsidio directo a los fabricantes de dichos alimentos se sumaría al subsidio implícito del que ya disfrutan quienes son compradores mayoristas de trigo o maíz en la Argentina. Es que para empezar, molinos harineros o empresas avícolas pueden comprar esos insumos a valores 12% menores que en el mercado internacional debido al efecto de las retenciones, que son un primer mecanismo para desacoplar los precios internos de los externos.
Pero luego, desde el regreso del kirchnerismo al poder también se han establecido diferentes intervenciones en los mercados de trigo y maíz, que consisten en cerrar antojadizamente las exportaciones para que haya mayor oferta disponible en el mercado doméstico. Esta situación usualmente provoca un desacople todavía mayor de los precios que cobran los productores de ambos cereales y que pagan las industrias que los utilizan dentro del país.
En algún momento del gobierno de Cristina Kirchner, por la combinación de retenciones y estos descuentos internacionales, los chacareros argentinos llegaron a cobrar (sin considerar la becha cambiaria) menos de la mitad de lo que se pagaba en el mundo por el trigo o el maíz. En aquellos años, por este motivo, se redujo la producción de ambos granos, en especial de trigo, llegando al punto de casi tener que importarlo.
Estos descuentos que “abaratan” sus insumos no parecen ser suficiente para avícolas y molinos. Por eso Domínguez y su equipo preparan este nuevo mamarracho, tratando de emular un fideicomiso que utiliza la industria aceitera para subsidiar el precio interno del aceite comestible. Pero ambas situaciones no se compadecen, porque los fondos del fideicomiso aceitero se reparten entre un puñado de empresas, mientras que la cámara que integra a los frirgoríficos avícolas (CEPA) tiene 35 socios, la de elaboradores de pastas secas también cuenta con 35 integrantes y la Federación de Industrias Molineras (FAIM) suma 65 empresas, a los que habría que agregar algunas decenas más de la asociación que nuclea a los molinos de menor escala (Apymimra).
El documento de Agricultura, sin embargo, planea destinar la friolera de 14.645 millones de pesos (según un cálculo hecho en base a los precios del trigo y maíz de noviembre pasado) para subsidiar a los molinos harineros, los fabricantes de fideos y las empresas avícolas. El mayor aporte (12.400 millones) sería por el trigo, en tanto que el subsidio al maíz representaría 2.245 millones. Es que se calcula que se necesitarán 3,13 millones de toneladas de trigo (sobre una cosecha de 20 millones) para subsidiar los paquetes de harina. Y 1,5 millones de toneladas de maíz (sobre una cosecha de 50 millones) para dar alimento barato a los pollos.

Ahora bien: ¿Quién pondrá esa plata? Está claro que no será el Estado.
El proyecto oficial calcula que se podrían recaudar los recursos necesarios de los propios exportadores de trigo y maíz, ya que sus ventas en lo que va del año (entre enero y octubre) superaron los 10 mil millones de dólares. Queda claro que el grueso corresponde a un puñado de empresas multinacionales (Cargill, Dreyfus, Viterra, Cofco, Bunge, ADM) y algunas nacionales (Molinos Agro, AGD, ACA). Y queda claro también que, cualquiera sea el tamaño del aporte que deban hacer al fideicomiso, se descontarán los montos de los precios pagados al productor, como sucede con las retenciones.
Por eso se corre el serio riesgo de que este fideicomiso ideado por Domínguez y el secretario de Comercio, Roberto Feletti, termine siendo una retención encubierta, como ya sucedió en los tiempos en que el propio Domínguez (que ya fue ministro entre 2009 y 2011) manejaba el comercio exterior agropecuario junto con Ricardo Echegaray y Guillermo Moreno. Y es precisamente lo que sucede con el fideicomiso aceitero vigente, que representa un derecho de exportación indirecta para la soja.
Para crear este engendro, la estrategia oficial se plantea crearlo por Resolución conjunta de Agricultura y el ministro de Desarrollo Productivo de Matías Kulfas (del cual depende Feletti, al menos en los papeles), para que a partir de allí “todo exportador de trigo, maíz y carne aviar y sus correspondientes derivados estarán obligados a ser parte del aporte al fondo”.
“Las compensaciones se pagarán una vez comprobado el abastecimiento en valor y volumen al mercado interno”, dice la propuesta oficial, que asegura que “habrá mecanismos de revisión para evitar distorsiones”.
Seguramente se traten de los mismos mecanismos de control que rigieron cuando la ex ONCCA distribuía millonarios subsidios en el mismo sentido de los que se propusieron ahora. La historia de ese organismo terminó en febrero de 2011, cuando Cristina Kirchner hizo firmar a todos sus ministros un decreto de disolución del organismo, cuando era ya imposible esconder los numerosos casos de corrupción cometidos en el reparto de esos fondos.
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]]>La entrada Juan Carlos Martínez: “Estudiar cómo se conforma un precio en góndola es sano porque ahí salta verdaderamente el impacto de los granos en los alimentos” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Para Juan Carlos Martínez, presidente de la Bolsa de Cereales de Córdoba (BCCBA), “se generó algún estado de confusión en el gobierno, que entendió que podían llegar a faltar alimentos y, por otro lado, le preocupó el costo de los alimentos en góndola. Nosotros naturalmente estamos desacoplados de los valores de los alimentos en el resto del mundo porque tenemos una estructura económica diferente”.
“Lo importante es que se pueda establecer un ámbito de diálogo permanente”, agregó Martínez en una charla con Bichos de Campo y celebró el estudio de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires (BCBA) sobre incidencia de los granos en los precios de los alimentos . “Estudiar cómo se conforma un precio en góndola es sano porque ahí salta verdaderamente el impacto de los granos en los alimentos. Por ejemplo, en el caso del pan, los estudios dan una incidencia del cereal en el precio del 13%”, precisó.
Mirá la entrevista completa a Juan Carlos Martínez:
En efecto, el estudio de la BCBA revela que en los productos estudiados más del 80% del precio al consumidor no depende del precio de los granos, sino que responde a otros costos, tales como salarios, energía, alquileres, utilidades, impuestos, fletes y otros costos de distribución, que acompañan la evolución del nivel general de precios de la economía. “Si echás mano a ese porcentaje, no se estaría resolviendo el problema y además la suba de precios de los granos genera ingresos adicionales al Estado”, opinó Martínez.
Ante la insistencia del gobierno de Alberto Fernández por lograr acuerdos de precios de los granos con el objetivo de que, si se exporta cada vez más, eso no sea a costa de aumentar los precios internos, Martínez explicó que “el costo de la economía no sólo depende del precio, sino de cuánto entre en mi bolsillo y cuánto pueda comprar. En este punto, la reducción de impuestos impactaría de una manera tal que haría que el costo de los alimentos bajara”.
“Tenemos que pensarlo como un ´todos en el mismo barco y con un mismo fin´; todos queremos que al pueblo le vaya mejor y que se pueda acceder fácil al alimento, nadie quiere la inflación, pero no es enfrentándonos o haciendo compulsas, sino abriendo la mente y discutiendo en la mesa cómo es la verdadera dinámica de las cosas”, remarcó el presidente de la BCCBA.

De acuerdo a Martínez, toda la dirigencia gremial y política tiene una gran responsabilidad en este punto. “La preocupación a veces pasa por generar un título periodístico y muchas veces generan una gran confusión, lo que afecta de un modo impensado a la conducta de los inversores y a los potenciales compradores del exterior”, manifestó.
Martínez expresó la necesidad de generar estabilidad y confianza en los mercados para incitar inversiones y citó a Rubens Barbosa, presidente de la Asociación Brasileña de la Industria del Trigo (Abitrigo) y su preocupación sobre si podrán hacerse del trigo que ese país necesita de la Argentina. “El mejor negocio para nosotros es vendiendo el trigo y Brasil comprándolo; es una pena que no generemos un ambiente de confianza, que es el aspecto sobre el cual se desarrollan los mercados”, dijo.
El dirigente cordobés recordó que “Argentina pasó de niveles productivos en trigo de menos de 10 millones de toneladas a más de 18 millones de toneladas y nunca dejamos de cumplir con Brasil, ni en las malas ni en las buenas, y cuando estuvimos por debajo de los 8 millones de toneladas Brasil compró casi todo lo que pudimos exportar y así y todo consumimos a nivel interno”.
La apertura en la producción permitió a la cadena triguera de Argentina llegar a 48 destinos externos, hecho que celebró el dirigente debido a que “tampoco hay que ser económico-dependiente de un sólo país”, y enfatizó que “si queremos generar riquezas, debemos generar inversiones y estas no sólo dependen de un aliciente económico, sino de calma y un ambiente confiable de negocios; si cambio las reglas de juego de modo permanente, no es sano”.

¿Y entonces qué necesita la producción agropecuaria? “Necesitamos una política de mediano y largo plazo que asegure estabilidad porque nosotros podemos agregar valor a la producción de trigo así como también podemos hacer primera y segunda industrialización saliendo al mercado mundial, pero para eso necesitamos decirle al mundo que confíen en nosotros porque seremos proveedores permanentes”, respondió.
“Me parece que mucho de esto pasa por acabar con los chimentales; esto no se construye peleando sino entendiéndonos y tenemos la obligación de hacerlo porque para eso somos dirigentes y nos cabe esa responsabilidad por encima de nuestro destino personal. Mi obligación primaria es superar las dificultades que tenemos y eso está antes que nada”, concluyó.
La Bolsa de Cereales de Córdoba es una entidad con un rol institucional muy fuerte, no sólo en el registro de contratos en granos y oleaginosas sino porque también aporta información agronómica, económica y agrometeorológica a través de sus diversos departamentos de investigación y capacitación, así como también ofrece servicios en sus laboratorios de análisis y cumple la función de respaldo a través de la actuación de un Tribunal Arbitral en caso de ser necesario, garantizando el cumplimiento de los contratos.
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