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La entrada Eloy Manera es productor hace 15 años y una tragedia lo hizo tomar conciencia de las Buenas Prácticas: Hoy las certifica en La Pampa se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>¿Qué sucedió? Una cosechadora tocó un cable de alta tensión que cruzaba el campo y como resultado de eso dos personas fallecieron. “Había errores en la línea y en la maquina, que tenía una antena que pasaba la altura reglamentaria. Cosas que yo veía normales, hasta que pasó lo que pasó. Las tenés delante y no las ves”, contó el empresario con pesar a Bichos de Campo.
Ese incidente derivó en el interés por ofrecer servicios agrícolas abocados ciento por ciento en el cumplimiento de las Buenas Practicas, para evitar una nueva posible tragedia entre operarios. Durante seis meses entabló una comunicación continua con el personal del Instituto Argentino de Normalización y Certificación (IRAM). Una vez que estudió de punta a punta cada manual de Buenas Prácticas disponible, este pampeano decidió aplicar para obtener el certificado de la norma IRAM 14130 de “Buenas Prácticas en Labores Agrícolas”.

Pero el objetivo no era sencillo de cumplir, porque hasta ese momento, ninguna otra empresa en la provincia contaba con dicho certificado, por lo que hubo que hacer camino al andar.
Fue por eso que Eloy se contactó con José Sosa Mendiara, un profesor de la Universidad de La Pampa en la cátedra de terapéutica vegetal, que además se desempeña asesor privado, dictando desde 2016 el curso de operarios con el cual los aplicadores obtienen su carnet desde la Dirección de Agricultura, para iniciar todo esta adaptación de las normas y el tramiterío.
IRAM cuenta con dos normas vinculadas al sector: la 14.110 de Buenas Prácticas Agrícolas vinculadas a la producción primaria de origen vegetal, y la 14.130 referida a las laboras in situ en el campo. Esta última comprende una serie de sub normas, que uno puede elegir o no certificar: Requisitos generales (14130-1); Aplicación terrestre (14130-2); Aplicación aérea (14130-3); Siembra (14130-4); y Cosecha (14130-5). En el caso de la empresa de Eloy, no se aplicó a la norma vinculada a las aplicaciones aéreas.

¿Cómo se logra obtener la certificación? Se debe presentar una cierta documentación en base a tres pilares: la seguridad, la optimización del proceso productivo –porque dicha norma impacta en el mejoramiento de tiempos ociosos en labores agrícolas-, y en el cumplimiento de cualquier norma subyacente, como por ejemplo el registro de la pulverizadora en caso de que la ley provincial así lo requiera.
“El hecho de iniciar este camino, de ser los primeros, no nos permitió poder asesorarnos con alguien que ya lo haya realizado. En La Pampa fue muy importante porque marcó el camino. La norma apunta a que si alguien dice que hace las cosas bien, lo tiene que demostrar. ¿Y cómo se demuestra? Con una auditoria”, explicó José Sosa Mendiara a Bichos de Campo.
En efecto, IRAM realizó una auditoría que duró dos días, en la que controló todos los aspectos declarados en la documentación. Desde la entrega de indumentaria de trabajo –traje, protectores auditivos, gafas, casco, etcétera- que debe estar registrada en la Superintendencia de Trabajo, hasta los protocolos de calibración de la maquinaria.
Los operarios incluso debieron realizar capacitaciones en primeros auxilios, RCP y atención al accidentado, que se desarrollaron junto a profesionales dentro del campo. “Es distinto tomarla en la ciudad donde el enfermero no sabe cuáles son los recursos que vos tenés ahí dentro”, indicó Sosa Mendiara.

Pero esto no termina ahí. En caso de aprobar, el certificado se extiende sólo por dos años, con el compromiso de recibir una nueva auditoría cada 12 meses, evitando de esa forma cualquier instancia de “relajo” en la aplicación de las normas adoptadas por la empresa.
Finalmente hace unos días, y tal como anuncia el titulo de esta historia, se logró un final feliz. Este largo trajín hizo que la empresa de Eloy Manera fuera la primera en detentar el certificado de Buenas Prácticas en Labores Agrícolas de todo La Pampa. Esto no sólo sienta un precedente provincial, sino que seguramente impulsará a otros contratistas a empujar por lo mismo.
Hace un par de meses Bichos de Campo realizó un programa sobre BPA certificadas por el IRAM, pero en este caso en dos empresas de aeroaplicaciones:
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]]>La entrada Para que no les corten las alas, la empresa AeroTrab comenzó a certificar sus aeroaplicaciones bajo las normas de IRAM se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Los dos pilotos lucen apasionados y defienden su actividad en el último programa de TV de Bichos de Campo, convencidos y seguros de que hacen las cosas de modo correcto. De hecho hasta piden más controles sobre ellos y castigos para quienes puedan llegar a incurrir en malas prácticas, como en cualquier otra actividad. No quieren que les corten las alas.

Tras abrir las puertas de su hangar a Bichos de Campo, mostraron de primera mano cómo trabajan los aeroaplicadores como modo de desmitificar los miedos sociales que existen en torno a esta actividad.
¿Pero hacen bien las cosas es solo para la foto? Es cuestión de creer en IRAM, la famosa certificadora a la que decidió acudir la empresa AeroTrab SRL. para obtener ese sello que demuestra que los procesos se hacen como corresponde, para minimizar riesgos.
“Lo que mas nos interesa es la comunidad con la que queremos tener una buena relación y decirles ´che, estamos haciendo las cosas bien´”, resalta Nazarena en diálogo con Bichos de Campo.
Ciertamente las aplicaciones aéreas están seriamente cuestionadas por la sociedad y en algunos territorios los políticos hasta han decidido prohibirlas sin conocer a fondo cuál es su utilidad para la producción agrícola. Son muchas, como poder realizar una aplicación de agroquímicos ante un ataque de alguna plaga, cuando no pueden llegar al lugar los equipos terrestres. O aplicar semillas desde el cielo. O directamente fertilizar.
Los dos pilotos de Aerotrab SRL afirman que, bien hecho todo, los peligros son mínimos.
“Certificar IRAM implica llamar a un tercer integrante de la cadena, alguien neutro que certifica que llevamos a cabo las Buenas Prácticas Agrícolas que se basan en tener la documentación al día, en seguridad e higiene, en calibración del equipo, en cuidar el ambiente, en hacer el triple lavado y el depósito de envases vacíos y en tener gestión y organización del trabajo”, describe Nazarena.
Mirá el reportaje completo a Miguel Nazarena:
La pasión de los aviones fue heredada de parte de los padres en ambos pilotos. En el caso de Nazarena, su padre fue aeroaplicador e inauguró la empresa en Baradero en 1972, pero cuando decidió abandonar la actividad en 2015 Nazarena se asoció a Eceizabarrena y se llevó la empresa familiar a Carlos Casares, en donde su colega ya volaba para una empresa.
“Siempre recuerdo a mi viejo piloto; él me llevaba a volar desde muy chico y ya cuando tuve edad suficiente, hice el curso y siempre seguí por este camino”, rememora Eceizabarrena, quien está en el rubro de la aeroaplicación desde hace 17 años, aunque vuela desde más tiempo atrás.
Tanto Nazarena como Eceizabarrena están convencidos de que la actividad está demonizada injustamente por la sociedad urbana. “Tenemos el ojo puesto y el pie encima y entonces uno tiene que tratar de demostrar que lo que hace no está mal”, cuenta Eceizabarrena.
“A mi me toca muy de cerca porque me crie entre aviones y nunca tuvimos un problema. Mi papá siempre fue respetuoso de la comunidad y nunca recibimos una sola denuncia. Pero reconozco que desde el sector se hicieron muchas macanas y que recién hoy está un poco más profesionalizado”, dice Nazarena.
Las macanas se hicieron arriba en el cielo, pero ciertamente también abajo en la tierra. El tema es que siempre impacta más ver la foto de un avión que la de un equipo terrestre. “De hecho, cuando hablan de glifosato ponen la foto de un avión en cualquier medio de prensa. Pero la realidad es que para nosotros (ese famoso herbicida) representa solo el 3% del volumen de aplicación”, relata Nazarena.
El piloto explicó que por lo general utilizan fungicidas en estadios altos del cultivo, que se aplican en predios donde se busca evitar compactar el suelo con un equipo terrestre. “Nosotros no aplicamos productos banda roja, sino que empleamos productos banda azul, banda verde y alguno banda amarilla”, precisó.
“Molesta la generalización; hay gente que hará las cosas mal y tendrá que pagar por ello, pero no todos hacemos las cosas mal”, remarca Nazarena.
¿Y qué significa hacer bien las cosas? En principio, que no se aplican agroquímicos que no hayan sido recetados previamente por un agrónomo responsable, y que tampoco se sale a volar si las condiciones climáticas no son las adecuadas para hacer estas aplicaciones, sobre todo lo que respecta a velocidad del viento.
Mirá la entrevista completa a Juan Eceizabarrena:
Por otra parte, es necesario tener las instalaciones adecuadas y el avión matriculado -en su caso es un preciosos Cessna- con las verificaciones técnicas al día. Por otra parte, Nazarena y Eceizabarrena son pilotos profesionales que debieron hacer muchas horas de vuelo para conseguir su habilitación profesional.
En efecto, ambos cuentan con una licencia otorgada por la Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC) la cual se renueva todos los años con un examen psicofísico y también tienen una habilitación otorgada por el Ministerio de Agroindustria, la cual también se renueva todos los años.
Si están dadas las condiciones climáticas, es decir que si no hay prácticamente nada de viento o el viento no sobrepasa los 30 kilómetros por hora de velocidad, Nazarena y Eceizabarrena diseñan y trazan el plan de vuelo encomendado por el cliente. Luego, en la fajina, el vuelo se puede seguir por celular y además queda todo queda registrado en la computadora.
¿Y qué hacen si hay una escuela o un arroyo? Los socios de AeroTrab SRL diseñan los vuelos con toda esa información previa, avisan antes y no abren las boquillas sobre puntos sensibles.
“No hay negocio en tirar agroquímicos sobre una escuela. Está ya mal visto que un avión pase por una escuela. Hay que cuidarse de esa imagen pero también pienso que el mejor camino es enseñar y mostrar a esa gente que no todo es como piensan, y que mucha gente hacemos las cosas bien y bajo normas y protocolos”, dijo Eceizabarrena.
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]]>La entrada Las buenas prácticas avanzan sobre los secaderos de yerba mate y la firma la pone el IRAM se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>El INYM está impulsando estas certificaciones junto con el Instituto Argentino de Normalización y Certificación (IRAM), como parte de la políticas orientadas a mejorar la calidad del producto alimenticio para posicionarlo cada vez más en el mercado nacional e internacional. De los 20 secaderos, 9 se encuentran en la etapa final y podrían obtener próximamente el sello de BPM.
Ver Cómo es el largo proceso para que nosotros podamos tomar un mate
Con las BPM “tenemos la certeza de que nuestro producto se obtiene optimizando los procesos de elaboración”, reseñó el ingeniero Alberto Re, presidente del INYM. En las normas IRAM para yerba mate, que se hicieron específicamente para este producto, “se contempla también la seguridad del personal y la preservación del medio ambiente”, explicó a la vez Federico Christen, auditor de IRAM.
Sobre cómo se trabaja con cada establecimiento, el certificador indicó que “lo que se hace es trabajar en función de las mejoras que necesitan y en el plazo que se pone cada secadero o molino, se busca alcanzar la certificación; después hay un seguimiento con auditorias que pueden ser cuatrimestrales o semestrales para ver si se mantienen esas condiciones”.

El INYM comenzó a aplicar el programa de BPM hace cuatro años en la zona productora (Misiones y norte de Corrientes). Como resultado, en el año 2018 fueron certificados los primeros 7 secaderos, actualmente hay 20 que están en proceso de certificación (9 en la etapa final) y otros 6 fueron inscriptos en este 2019, todos con la meta de optimizar la elaboración del producto alimenticio y adecuarlo a las exigencias de los mercados.
A partir del presente año, el INYM también pone esta posibilidad a disposición del sector de la molinería. Así, son 9 los molinos, molinos – fraccionadores o fraccionadores de la yerba mate comenzaron la capacitación en BPM, con auditorias y capacitación de IRAM.
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