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La entrada Toda una vida en el Arroyo Martínez, César Pohl goza y sufre el delta entrerriano: “Desde que se despoblaron las islas, ya la poca gente no se visita tanto” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>El padre de César, Alejandro, se instaló en el delta en 1942, proveniente de una zona degradada de Entre Ríos, la estancia El Potrero, a 4 leguas de Gualeguaychú. Comenzó como tractorista en las islas, donde sembraban maíz. Le contó una vez a César que llegó una inundación y tuvieron que cosechar en canoas y guigues, especie de piraguas hechas con chapa de zinc.
Juan Domingo Perón expropió a los Álzaga Unzué unas 20.000 hectáreas de El Potrero y loteó 200 chacras para los colonos. Entonces su padre regresó a esa zona de Entre Ríos, a una chacra de un tío, pero al tiempo tuvo que volver a migrar, yéndose a hacer una campaña de algodón al Chaco. Luego anduvo por Maciá, hasta que decidió regresar en 1957 al Delta.

Anduvo plantando sauces y álamos en Sagastume Chico. Luego fue foguista en un aserradero y sufrió la creciente de 1959, refugiándose en un barco de madera del mismo aserradero. Luego, en 1960, se fue de tractorista al “Arroyo Martínez”. Se había casado cuando anduvo en El Potrero y mandó buscar a su esposa. Entonces confirmó familia y se asentó para siempre. Hizo un muelle y construyó un galpón que aún se conserva, me cuenta César.
El padre de César vivió la época de esplendor frutícola de los ´60. Salían 60 canoas a remo, cargadas a pleno, diariamente para el Mercado de Frutos de Tigre, distante a 160 kilómetros de Paranacito. Luego la zona entró en decadencia y comenzó un desarrollo maderero, del que hoy apenas quedan algunas quintas importantes.
Hasta hace poco, dice César, con 74 años de edad, don Alejandro Pohl cuidaba los novillos y los manejaba conversándolos. Hasta los 93, cortaba leña con la sierra de mano, pero falleció en el 2017 y la mamá de César se fue a vivir con una hija a Rosario del Tala.
César aprendió de muy chico los oficios rurales y se ha pasado la vida tractoreando, colocando boyeros, criando animales. Pero por vivir en una isla también ha pasado sus días remando en canoa y luego manejando una lancha. Pero sobre todo pasó muchos años arriba de una retroexcavadora, moviendo los suelos, la tierra, para guiar las aguas del Paraná, “endicando” (haciendo diques) y haciendo “ataja repuntes”, que son otras defensas contra el agua.
Ha vivido muchas crecidas del Paraná, que alguna vez no avisan con suficiente anticipación. Pero por vivir aislado de la civilización aprendió a la fuerza a reparar todos los motores. “A la ´retro´ ya le desarmé íntegro el motor”, dice con orgullo. También tuvo que aprender a ser constructor.

En 1996 se vendió el campo donde se crió y vive César, y donde aprendió tanto de su difunto padre. El campo se vendió a Martín Anguiano y sus socios, quienes le dieron la oportunidad a César, de quedarse trabajando allí. Martín al principio iba los fines de semana, pero hace tres años que se fue a vivir con su esposa. El grupo de Martín apostó a la ganadería, pero una sudestada les abortó el emprendimiento. Luego, montaron un criadero de carpinchos en el que César gastó mucha energía, pero no lograron hacer que se reprodujeran, y abandonaron el proyecto.
Luego el INTA vinculó a Martín con un grupo que quería apostar a la nuez pecán y en el 2008 plantaron pecanes en la chacra. “En el año 2009 llovió demasiado en pocos días. En los esteros, la parte baja, sobrepasaba 70 centímetros de agua y tuvimos que bombear para que no se inundaran los pecanes”, cuenta César. Ahora han comenzado un proyecto de guayabas y plantas nativas del Delta y están en la etapa de vivero. Esta última idea, se la alcanzó el ingeniero agrónomo y consultor frutihortícola, Mariano Winograd, a quien agradezco haberme presentado a César.

César estuvo casado durante 15 años, pero no tuvo hijos. Hoy vive solo, con su perro Cococho, que le ladra a la hora justa en que debe terminar su jornada. Todos los días comparte las mateadas y las comidas con Martín y su esposa Elián. Ayuda a Martín a cuidar su tropilla y un caballo es de él. También lo ayuda a cuidar unos 150 árboles frutales, solo para consumo, que ahora a causa de las nuevas sequías, Martín ha decidido regar por goteo. Los rodean con “el eléctrico” porque si no los caballos, cuando los pican los mosquitos, van a rascarse en ellos y los rompen.
“Los tiempos han cambiado -dice César-. Antes llovía más parejo y no había tanta sequía. Ahora llueve demasiado y después tenemos flor de seca. Y ahora el sol lastima. Y el agua del río se va poniendo turbia y cada vez hay menos camalotes. En las orillas se forma como un verdín azulado, que dicen que es la resaca del veneno que tiran en los campos. En algunas islas se saca mejor agua que en otras, y eso le cambia el sabor al puchero y al mate. A mí me gusta el amargo. De chico me gustaba pescar, pero ahora no tengo paciencia, porque no hay pique como antes”, dice.
La radio es otra gran compañía para César. Nunca la apaga, porque no le gusta la televisión. Cuando quiere ver algo interesante, lo busca por su teléfono móvil, porque tienen buena señal en las islas. Se hizo testigo de Jehová y desde la pandemia predica con su teléfono. No se olvida de una vez que fue a predicar a una isla y justo el dueño estaba discutiendo con su esposa y lo amenazó con la escopeta. Otro, le dijo: “yo te invito unos mates, pasá, pero si no me hablás de religión”, y se quedó mateando nomás.

Algo que lo deslumbra a César es cuando en otoño pasa en lancha por la costa del arroyo Sagastume chico y las hojas de los cipreses “taxodium” se tornan de un color rojizo inolvidable. Estas coníferas americanas fueron plantadas allí porque sus raíces tienen la virtud de contener las costas, debido a que toleran los encharcamientos.
También le encanta comer bagre amarillo, frito en grasa, con pimiento; y la colita de la vieja del agua, en milanesa, que no tiene espinas. Extraña las comidas alemanas de su madre y las tortas fritas, en grasa y amasadas sin levadura, que hacían los vecinos Leiva.
Un tío le dejó una quintita de 20 hectáreas a César, en la isla 9, donde tiene una casita y allí va los fines de semana. Su mejor amigo el Chocho se la bautizó “Estancia La Amistad” y allí se armó una barra de siete amigos que se juntan a churrasquear. “Pero desde que se despoblaron las islas, ya la poca gente no se visita tanto -se lamenta-. Para ir a Villa Paranacito a ver un poco de gente gasto mil mangos de combustible, vaya con la chata o en lancha. La otra es ir a Zárate, que está más lejos, a 80 kilómetros de acá”. Porque se puede andar en camioneta entre las islas y se cruza en balsas. Extraña la Fiesta de la Madera -que desde el año 2001 no se hace más- y la cultura del encuentro en los almacenes de campo y en los clubes.
Ahora le está haciendo un quincho a Martín. Y su sueño es alguna vez viajar y dar la vuelta por todo Entre Ríos. Y si le diera el cuero, también por toda la Argentina. Me dijo que cuando yo quiera ir a visitarlo solo le avise como para ir poniendo la pava al fuego.
Nos quiso regalar La Marcha del inmigrante, por el grupo Los Waigandt, que le tira en su sangre alemana.
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]]>La entrada Invasión de mosquitos: En Santa Fe y la zona de las islas los mosquitos causan estragos entre la hacienda y los trabajadores se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>El baqueano Hilario Amadeo Müller fue protagonista de uno de los videos virales que circuló esta semana. Junto a René Molaro, se encontraba trabajando en la Isla Minin, frente a la localidad de Villa Urquiza en Entre Ríos, cuando fueron cubiertos por una nube de mosquitos que les impidió trabajar.
“Hace 40 años que voy a la isla y nunca vi semejante enjambre de mosquitos. Recuerdo que en el año 1979 hubo una gran mosquitada, pero como esto nunca visto”, relató Müller al medio UNO Entre Ríos. Las picaduras fueron tales que debió recibir medicamentos para bajar la fiebre.
“Entre el repelente que me puse y las picaduras, sentía ardor en la cabeza. Cuando se juntaban entre 80 y 100 animales que se movían se veía todo negro. Hacía días que no íbamos a la isla, y ahora van a pasar varios (hasta regresar)”, confesó el hombre.
Según analizaron las autoridades de la provincia de Santa Fe, la especie que aqueja a la zona es el Culex. Este tipo de mosquito puede poner entre 80 y 100 huevos en el agua. No se crían en pastizales porque les molesta el sol. Es por ese motivo que la formación de cúmulos de agua estancada es ideal para su proliferación.
Si bien no son mortales, pueden generar mucho malestar en la hacienda. En casos muy severos, como la invasión que vivenció la provincia de Córdoba en 2019, el estrés puede ocasionar pérdida de peso y hasta la muerte de los individuos más jóvenes.
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]]>La entrada Aprendé Cabandié: Según datos oficiales, en la última década el stock ganadero en las islas se redujo 30% se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“El 95% de los fuegos son intencionales y provocados”, dijo el ministro. Y en otro tramo volvió a apuntar el dedo acusador contra el sector: “En otros lugares del país se ataca el fuego y en tres, cuatro o cinco días, según la magnitud se termina, pero ahí en el Delta en forma permanente hay fuego. Apagamos el fuego y los mismos isleños, a instancias de los productores, vuelven a encenderlo al otro día”, denunció el funcionario.
¿Para qué prenderían fuego por primera vez los isleños a instancias de los productores? ¿Y por qué volverían a prenderlos a los pocos días? ¿Son idiotas los isleños que ponen a riesgo sus vidas y sus viviendas? ¿Y son siniestros los productores que les ordenan hacerlo?
Las rurales salieron en defensa de los productores de las islas: “La quema no beneficia a nadie”
Cabandié, a pesar de lo que le dice toda la biblioteca especializada en pastizales naturales, insiste con su hipótesis: afirma que en las islas los fuegos vuelven a encenderse una y otra vez debido a “intereses obviamente productivos, para renovar las pasturas, pero con un método que va contra el ambiente, la flora, la fauna y los humanos”, señaló.
“No se trata de desmontar, porque no son bosques nativos, ni tampoco implantados, son pastizales que tienen una altura tal que le impide acceder al ganado vacuno”, apuntó el ministro justiciero, que pidió a la justicia detener a los que inician el fuego. Por este asunto ya hay varios productores imputados por la justicia federal asentada en Entre Ríos.
Los productores y los especialistas en pasturas dicen todo lo contrario: que hay sequía y una bajante histórica del río Paraná, que los incendios en la zona comenzaron mucho antes de la época en que habitualmente se realizan estas quemas, que hay pasto abundante como para abastecer a la hacienda que queda en las islas, que hubo heladas que secaron esos pastos, etcétera.
Pero como chico caprichoso, Cabandié no presta atención a ninguno de estos argumentos. El insiste en que en las islas del delta ha crecido exponencialmente la cantidad de hacienda bovina, corrida hacia allí por el despampanante crecimiento de la soja.
Bueno, querido Cabandié… aprendé.
No solo la superficie sojera cayó en cerca de 3 millones de hectáreas (de 20 a 17 millones) desde los picos de siembra logrados hace una década sino que, según datos oficiales, también decreció la cantidad de ganado que engorda en las islas. Todo lo contrario a lo que decís.
Datos del Senasa, a partir del registro sanitario, dan cuenta de que el pico de hacienda en las islas se alcanzó en 2010, y llegó a 315.168 cabezas. Pero en 2020 ese número asciende a 224.678 bovinos. Es decir que cayó casi 30% tomando en cuenta solo los departamentos de Victoria e Islas de Ibicuy.
Si se toman las islas del departamento Victoria, que son las que se queman frente a la ciudad de Rosario, en 2010 había 280.606 cabezas y ahora quedan solo 139.997. Es decir que el stock ganadero allí ubicado se achicó a la mitad.
Aprendé Cabandié. El problema de los incendios merece un abordaje un poco más complejo.
Tanto es el fastidio que esta mirada sesgada provoca entre los productores que estas nuevas declaraciones del ministro de Ambiente merecieron un comunicado de la Asociación Argentina de Productores Autoconvocados (AAPA), una facción de las que han surgido de la diáspora de la vieja Mesa Nacional de Autoconvocados.
Los productores comparan a Cabandié con Romina Picolotti y Sergio Bergman. Le escribieron una carta pública diciendo que, como aquellos, el actual funcionario no llegaba “ni a medio ministro”. ¿El objetivo de la misiva? “Evitar que siga desinformando interesadamente a la población”.
“Cabandié, nosotros sabemos que ustde no tenía preparación previa para un cargo como con el que lo han honrado, pero debería honrar el cargo instruyéndose al menos en cosas básicas como que la baja humedad relativa, los vientos fuertes, las altas temperaturas de estos días, la vegetación arbustiva y leñosa que permanece encendida internamente, son características suficientes para que el fuego se reinicie”, lo retaron los autoconvocados.
Y agregaron que Cabandié también distribuye con sus declaraciones “informaciones falsas, vertidas solamente para tratar de demonizar a los productores ganaderos de la zona”.
¿A qué se referían” A las declaraciones del ministro “sobre la existencia de millones de cabezas, cuando en realidad es al revés: hay muy bajas existencias ganaderas, por abigeato, por lo que dejaron de ser las reguladoras del ecosistema acumulándose pastizal muy combustible”.
En fin.
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]]>La entrada Un viaje al mundo de los pastizales con Israel Feldman: “No se pueden transformar dos millones de hectáreas del delta en una reserva natural” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>El principal argumento que defiende Israel Feldman es que se pueden hacer actividades ganaderas de modo sostenible, sin alterar el ambiente, y que hay mucha tecnología para hacer de los humedales un lugar productivo.
Pero al hablar de los pastizales hay que hablar por el principio. ¿Qué son los pastizales naturales? En general se refiere a tierras cubiertas por vegetación, utilizadas para el pastoreo de animales silvestres y domésticos. En Argentina los pastizales y la ganadería son una base fundamental que dio lugar a la multiplicación de los rodeos iniciales de vacunos y yeguarizos traídos por los españoles.
“Trabajé durante 18 años en el INTA, y junto a Oscar Knudtsen, un ingeniero agrónomo y amigo que ya no vive, soñábamos constantemente con la creación de una asociación de manejo de pastizales naturales similar a la que funciona en Estados Unidos, llamada Society for Range Management, y no pudimos concretarla”, recordó Feldman en diálogo con Bichos de Campo.
Luego de su paso por el INTA, Feldman se desempeñó como asesor independiente, y no fue sino hasta el año 1999, en San Cristóbal, Santa Fe, que pudo cumplir su sueño de fundar la Asociación Argentina de Pastizales (AAMPN) que, en conjunto con el INTA y otras entidades, organizó varios congresos nacionales.
“Un día me encontré con Guillermo Chiossone en una charla organizada por la Agencia de Extensión de INTA en San Cristobal, donde me invitó a dar una charla sobre pastizales naturales, y fue tanto el interés y el entusiasmo, que le propuse crear una asociación para trabajar en esto. Chiossone también trabajo de modo intenso en esta fundación”, declaró.
Mirá la entrevista completa a Israel Feldman:
A partir de ese momento, Feldman comenzó a tomar contacto con la Society for Range Management en Estados Unidos, lo que le permitió incluso viajar a congresos de allí. “Ellos querían que fuéramos una sección de su asociación, pero pese a seguir teniendo buena relación, quisimos seguir de modo independiente”, relató Feldman, que actualmente es el presidente honorario de la AAMPN.
La AAMPN congrega a investigadores de Universidades Nacionales y del INTA, asesores agropecuarios privados y productores ganaderos, comprometidos con la investigación de la ecología y manejo de los pastizales naturales y su difusión dentro de ámbitos técnicos y productivos.
Para el agrónomo, “cada tipo de pastizal natural requiere un manejo particular; no se puede generalizar porque porque los suelos donde crecen son distintos”. En su pedido de no generalizar, Feldman se refirió también a los actuales incendios en las islas: “Se suele decir ´se están quemando las islas´, pero no es que se quemen todas las islas, sino sólo una parte”, expresó.

Para el veterano agrónomo, “el ser humano es parte del ambiente, somos un animal más. Lo que nos diferencia de los demás animales es que somos el animal más difundido en el planeta tierra y en todos los trópicos. Generalmente, al evolucionar, los animales deben adaptarse a las condiciones del ambiente; por ejemplo, no podés traer un oso polar a Buenos Aires porque se muere, pero si yo te llevo a vos a Islandia, no te vas a morir”.
En un momento de su relato, Feldman citó al filósofo Mario Bunge para explicar el beneficio que tienen los hombres de poder modificar y adaptarse a cualquier hábitat. “Nosotros tenemos la gloria, y lo dice Mario Bunge, de vivir en un mundo que podemos modificar, empeorar o mejorar, y crearlo de acuerdo a sus propias necesidades. Bunge dice ‘un mundo le es dado al hombre´, y por eso no nos podemos dar el lujo de tener poco más de dos millones de hectáreas pegadas a Buenos Aires, a Rosario, con salida al mar, sin producir. ¿Cómo puede ser?”, reflexionó.
De todos modos, Feldman aclaró que “tiene que haber reservas naturales pero no se pueden transformar dos millones de hectáreas en una reserva natural”.

Hace poco, Feldman publicó un escrito acerca de los incendios en las islas, defendiendo la práctica ganadera en ellas. “Cuando comenzaron a ser pobladas con animales vacunos, una práctica generalizada era y sigue siendo, incendiar los pajonales endurecidos por maduración para aprovechar el rebrote tierno que tiene mejor calidad y palatabilidad forrajera”, argumentó, y dijo que “los incendios ocurridos en pajonales de las islas del Delta del río Paraná, frente a Rosario y otras ciudades, se producen por acciones humanas accidentales, o intencionales. Raramente por cuestiones meteorológicas o espontaneas”.
Al hablar de las islas, Feldman, un apasionado de intervenir los ambientes, definió que “los hombres somos parte de la naturaleza de ese ambiente, y debemos crear sustentabilidad en él para sobrevivir, porque si nos equivocamos en su manejo, lo hacemos inhóspito”, y sostuvo que “la naturaleza es un elemento vivo y, a su vez, tenemos que adaptar la tecnologías para que la gente pueda sobrevivir en condiciones dignas. Somos animales gregarios, nos gusta vivir en sociedad”.
Para Feldman, las islas deberían ser repobladas, asegurando su sustentabilidad, y en este punto, cobran un valor supremo los pastizales naturales y su mejor aprovechamiento. “Habría que conocerlos mejor y utilizarlos adecuadamente”, expresó.
Es interesante oir del propio Feldman la cantidad de usos que se le puede dar a los pastizales. “Se pueden construir hasta viviendas con ellos. En 1944, el doctor Cecilio Romaña describió lo que se conoce como el signo de Romaña, un término médico usado para indicar la inflamación unilateral periorbital sin dolor, asociada con la etapa aguda de la enfermedad de Chagas. Él escribió un trabajo en donde proponía construir con pajonales, ranchos higienicos libres de vinchuca”, desarrolló Feldman.

“Hay que dejar volar la imaginación. Lo que pasa es que hay mucha pobreza en este país. Alguna vez yo también tuve hambre, y acá hay que diferenciar hambre de apetito. Hambre es el tipo que no tiene qué comer y tiene hambre, y yo sé lo que es eso, lo he padecido durante mi tiempo de estudiante secundario. Yo hice parte de mis estudios viajando a caballo, 18 kilómetros de ida y 18 kilómetros de vuelta”, filosofó Feldman.
Y podría escribir más conceptos de esta charla profunda entre Matías Longoni y el fundador de la Asociación Argentina para el Manejo de Pastizales Naturales (AAMPN), pero sería una pena, porque mucho más rico sería ver y escuchar este diálogo.
El sentido final es que no podemos perder tantos millones de hectáreas, que tiene que haber una discusión seria sobre humedales que incluya la sociedad, pero que también debemos valorar los múltiples usos que estos pueden dar, no hay que recular e irse de la isla dejándola como un templo sagrado, sino que hay que redoblar la ofensiva y hacer un manejo más inteligente con ciencia y tecnología, para aprovechar esos magníficos recursos disponibles.
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]]>La entrada Eduardo Grimaux dirige la sociedad rural de Victoria: “Hay una carencia total de empatía del gobierno nacional por la gente que vive en las islas” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“El problema principal que vemos los productores es la carencia total de empatía que tiene el gobierno nacional respecto de la gente que vive en las islas, porque enseguida le echan la culpa a los productores diciendo de se trata de prácticas ancestrales que llevan a prender fuego, lo que es erróneo”. afirmó Eduardo Grimaux, el presidente de la sociedad Rural de Victoria. Esa ciudad de Entre Ríos queda en el otro margen del Paraná, enfrentada a una Rosario que muchas veces se vio inundada de humo.
Escuchá la entrevista al dirigente agropecuario entrerriano:
Grimaux explicó que estos persistentes focos de incendio no se originaron por la quema de pastizales, como se dijo desde diversos sectores, ya que no es época para esa práctica cultural que suele realizarse entre septiembre y noviembre de cada año, entrada la primavera.
Las quemas, explicó el ruralista, se realizan “cuando los días son más largos y llueve, y se apunta que el pasto se regenere y haya pasto nuevo y verde. Pero este año las quemas empezaron a aparecer en julio, en plena seca”, remarcó.
El dirigente rural agregó que hay más de 10 mil hectáreas afectadas por el fuego y dijo que “no es un fenómeno que se va a terminar” pronto, por diferentes cuestiones entre las que señaló:
El dirigente rural finalmente argumentó que ni el productor, más allá de que pueda haber algún irresponsable, ni los isleños prenderían fuego en la zona en estas condiciones climáticas y geográficas. “Es irracional pensar eso porque sabe que si prende fuego, en estas condiciones no se va a apagar”.
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]]>La entrada Leonardo Scarparo es vocero de los productores acusados de las quemas en el delta: “Se busca sacar al isleño del lugar y utilizar esas tierras para otra cosa” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Leonardo Scarparo es ingeniero agrónomo y productor en la zona y se convirtió en vocero de este movimiento que reclama la aparición de los verdaderos culpables.
-En el documento que redactaron hablan de grupos ideológicos que buscan desestabilizarlos. ¿Tienen sospechosos a la vista?
-No sabemos quiénes son. Lo que sabemos es que hay una condena social contra nosotros. Nos han acusado de ser los que prendimos el fuego. Cuando hablamos de grupos de cierta tendencia ideológica nos referimos a todo lo que está pasando en el campo, también tierra adentro. La ruptura de silobolsa, la quema de cultivos, todo está relacionado a una acción contra la actividad agropecuaria.
-¿Ustedes relacionan estos hechos a los atentados de vandalismo rural de otras provincias?
-Sí, creemos que está todo en la misma bolsa.
-¿Por qué crees que se los culpa a ustedes?
-En el fondo creemos que se busca sacar al isleño del lugar y utilizar esas tierras para otra cosa. Somos los que estamos ahí. Somos a los que más fácil se puede vincular si se tiene una visión simplificadora y superficial del problema. Hay una nebulosa de información. Se habla de proyectos de explotación porcina, de mega proyectos inmobiliarios y por otro lado hay una tendencia ideológica que está acorde con la fiscalización y expropiación de tierras.
-En la manifestación reclamaban por ocho mil focos de incendio. ¿Se logró bajar esta cifra?
-Va variando. Lo importante es que es inimaginable que sean los productores los que estén prendiendo fuego tres provincias en forma simultánea: Santa Fe, Entre Ríos y Buenos Aíres. Es una cosa increíble.
-¿De qué manera se ven afectados por esto?
-Nos estamos quedando sin campos, el ganado se está quedando sin comida. El daño ecológico que se produce es terrible. Se pierden tierras, alambrados, instalaciones, incluso se pone en riesgo la vida de los pobladores. Aún no hemos perdido cabezas de ganado pero si esto continúa es factible que suceda. Nos estamos quedando sin comida y tenemos que pasar el invierno: sin comida el ganado se muere.
-Según el documento redactado ¿descartan que se trate de un turista descuidado que haya pasado por la zona?
-En otras oportunidades se han producido incendios por turistas desaprensivos o cazadores furtivos, pero esto es algo organizado. No están dadas las condiciones para que naturalmente se produzcan de forma espontánea. La insolación es muy baja. Si bien hay mucho material combustible no hay causas naturales. Esto está organizado y es intencional.
-¿Recibieron asistencia?
-Se ha puesto alguna maquinaria, incluso de forma privada, han venido brigadistas, se han puesto aviones. Pero lo que faltó es comunicación con las autoridades correspondientes, con los organismos del Estado. Nadie nos convocó ni nos preguntó. Nos estigmatizaron y supusieron que éramos nosotros. Incluso la provincia de Entre Ríos. Hay imputaciones pero no se investigó realmente la fuente de los incendios.
-¿Tienen información sobre las denuncias realizadas por el Ministerio de Ambiente de la Nación?
-Se han hecho imputaciones e incluso el fiscal general de Entre Ríos pidió la detención de algunos dueños. Pero no porque se haya probado que ellos prendieron el fuego. Hay campos en donde se ha imputado a dueños que no tienen un metro cuadrado quemado. Han pasado con un avión, ven una coloración oscura en el pasto que está degradado por las heladas y lo toman como un foco de incendio.
-¿Qué cree que puede ocurrir si se sanciona la Ley de Humedales?
-Tengo mis dudas. Cuando hablamos de humedales hablamos de muchos tipos de suelo, no tienen todas las mismas características. Como voy a legislar sobre un arrecife de coral y una isla ribereña de la misma forma. Me parece muy complicado y creo que existen leyes y herramientas para preservar todo el medio ambiente y no se aplican. Está el Plan Integral Estratégico para la Conservación y Aprovechamiento Sostenible (PIECAS) del Delta del Paraná y no se ha puesto en marcha. Hay leyes como la 1479, de sistema de áreas naturales protegidas de Entre Ríos, y no se está haciendo cumplir.
-¿Harán otra reunión?
-Todavía no hay nada programado.
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]]>La entrada Hay varios productores imputados por los incendios frente a Rosario: Dura reacción de los autoconvocados se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“He sido imputado en el las quemas que ha habido durante esta sequía que estamos padeciendo. Me acusan de incendiar el campo que es un humedal y está ubicado en la zona de isla”, contó Enzo a Bichos de Campo. El hombre ni siquiera fue a ver qué sucedió en su establecimiento, decidido a cuidarse durante la cuarentena. Pero sí lo citaron el viernes de la semana pasada, a las 10 de la noche, para ir a comparecer al día siguiente a la mañana. No fue.
El de Enzo no es el único caso: habría otros veinte productores de la zona de islas imputados del mismo modo, por la serie de incendios que se produjeron en las últimas semanas es todo el delta, y que llenaron de humo en algunos momentos la ciudad de Rosario y o la de San Pedro. La situación de estos productores fue denunciada este sábado por un comunicado de la Red Nacional de Productores Autoconvocados.
“Tenemos a lo más granado del kirchnerismo invitando a quemar campos y romper silobolsas (desde Hebe de Bonafini hasta el último militante) y no hemos recibido más que ninguneo, chistes y menosprecio del problema. No han tomado cartas, no han llamado a nadie a declarar (ni a los que han hecho públicas sus invitaciones a cometer delitos), no han investigado el asunto y cuando la situación no da para más, porque el humo empieza a verse desde los centros urbanos, imputan a los productores agropecuarios y aceptan como querellantes a los mismos que integran el bando de quienes han alentado estos hechos vandálicos”, definieron de entrada los autoconvocados en dicho comunicado, dejando a las claras que piensan que se trata de una cuestión política.

“Me acusan porque mi campo se incendio. Pero pruebas no tienen porque yo tengo 70 años, y la verdad es que ya dejé de trabajar en el 2018, y estoy en mi casa encanutado”, contó Vignales, que dice que tiene su establecimiento vacío de hacienda y sin puestero desde hace más de dos años. El productor todavía no tuvo acceso al expediente, según afirmó. Pero afirma que el foco del que lo acusan se habría iniciado el 30 de marzo.
-¿Y quién puede haber empezado el fuego, si no fue usted?
-Hay mucha gente, muchos turistas, gente que va a cazar. Incluso hay lugares de asentamiento, son los que en el fondo hacen a las quemas estas. Es lo que yo sospecho. Porque cómo se incendió no sé.
-Cuando usted trabajaba, ¿solían hacerse quemas en las islas?
-En esta época no se hace el manejo del fuego. En este momento lo que único que podés darle es ceniza a los animales, si tuvieras animales. El manejo del fuego se tiene que mover entre fines de agosto y principios de septiembre, antes de la primavera. Para hacerlo, además, Victoria tiene una oficina a la que vos teníass que dar aviso e iba gente para ver y controlar que no se expanda, cómo iban los vientos. Pero eso hace tres años que no se hace más. Dejé del todo, la ganadería no me era rentable.
En su comunicado, los autoconvocados hicieron sonar los tambores de guerra ante estas imputaciones, que les habrían llegado a una veintena de propietarios de las islas y al parecer estarían basadas solo en el acto de comparar los focos de incendio registrados por las imágenes satélitales con el catastro disponible en el gobierno entrerriano.
Los reproches de los productores que no siempre se sienten bien representados por la Mesa de Enlace llegaron incluso al interior del sector. “Sirva este comunicado como advertencia a los oportunistas que en estos días salieron con bombos y platillos a presentar planes faraónicos (y van…) para aumentar las exportaciones, hablando en nombre de los que trabajamos y producimos bajo el ampuloso sello de goma denominado Consejo Agroalimentario”, dijeron.
Y explicaron esta singular posición: “Es de una ingenuidad (o desfachatez) supina hacer estas invitaciones a bajar la guardia con un gobierno que desde hace 70 años combate al capital y en lo que va del año se viene llevando puesta la propiedad privada en todas las formas: expropiaciones, intervenciones, sabotajes, paros salvajes en medio de una pandemia, aprietes, bloqueos a empresas y parques industriales, roturas de silobolsas e incendios de campos”.
-¿Cómo le parece que se sale de esta situación de los incendios?- le preguntó Bichos de Campo al productor de 70 años.
-Solo si unimos la sociedad con el campo, porque si no la gente nos vamos a matar. Pero el productor no es el que quema los campos. La sequía, un descuido, gente que entra, cazadores, asentamientos, turistas… Seguramente que puede ser una de estas cosas. Lo que hay que hacer es un control ordenado delas quemas, que a veces son necesarias. Pero cuando no hay orden público, ahí sonamos, porque se están haciendo mal las cosas.
La entrada Hay varios productores imputados por los incendios frente a Rosario: Dura reacción de los autoconvocados se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La entrada ¿Por qué nadie le preguntó a los productores sobre los incendios en las islas? “Nosotros no somos los que quemamos”, afirma Enrique Goset se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Cosas como estas y mucho más graves se escucharon durante los últimos días, especialmente en Rosario, ciudad que padeció la llegada de humo desde cientos de focos de incendios que se declararon desde mediados de junio en la zona de las islas que está ubicada frente a la ciudad. Muy pocos preguntaron a los productores involucrados en esa zona si eso era cierto que eran ellos. La mayoría los crucificó.

Enrique Goset es un productor que trabaja en esa zona de islas desde hace casi treinta años. Es rosarino, como la mayor parte de los propietarios de campos en dicho lugar. Se enoja con la cobertura de los medios sobre esta situación y aclara que no son los productores los culpables de haber iniciado el fuego. “Los productores no queman. A nosotros la quema no nos interesa porque básicamente en las islas nos sobra pasto. Para mi esta práctica siempre estuvo fuera de lugar”, aclara.
Goset y un grupo de productores de la porción de islas que va desde el puerto de Timbúes, en el norte de Rosario, hasta Arroyo Seco, al sur de esa ciudad, se comenzaron a reunir esta semana para diseñar una estrategia de defensa frente al dedo acusador de la sociedad. Cuentan con apoyo legal, porque se anticipa una situación pesada. Las islas frente a Rosario pertenecen en realidad a jurisdicción de la provincia de Entre Ríos, y el gobernador Gustavo Bordet ya ordenó a sus fiscales que se inicien causas penales contra los propietarios de los terrenos donde se hayan localizado focos. Las únicas pruebas de la culpabilidad, al parecer, serán las imágenes satelitales.
“Tenemos un gran problema, que es principalmente la acusación en forma infundada de que somos nosotros los que quemamos los campos de isla. Todo el mundo lo dice sin ninguna prueba, desde el periodismo hasta la política, pero todos tocan de oído”, se queja Goset en diálogo con Bichos de Campo.
-¿Y cuál es la situación real? Porque los campos se incendiaron en serio…
-Sí, claro que hubo incendios. Y las principales consecuencias las padecemos nosotros. Lo que la gente no sabe es que por nuestros campos y los ríos que los rodean tenemos una cantidad de gente impresionante, cazando o pescando, que se cree que las islas son públicas. Es muy complejo el tema de producir en las islas. Tenemos robos de todo tipo, nos rompen los alambrados. Nadie tiene idea de lo que renegamos nosotros con toda esa gente- contesta Enrique. En su caso lo último que lamenta es que le robaron un cachorro de Border Collie.
El productor rosarino enfatiza sobre el descontrol que existe en la zona porque -según su visión- cualquiera puede haber sido el causante de los focos que terminaron, por arte y parte del viento norte, molestando con el humo a los rosarinos. Pero Goset se muestra convencido de la inocencia de los productores ante esta situación.
-¿No hay productores que puedan haber iniciado el fuego para limpiar algún lote?
-Puede haber algún tipo que esté totalmente atrasado y recurra a estas prácticas. Pero hoy la realidad es que los campos de isla son muy engordadores y les sobra pasto. La flora que tenemos es primavera-estival, o sea que los pastos en otoño empiezan a secarse. Es su ciclo natural. Pero en general nos sobran grandes volúmenes de pasturas porque los campos están sub-pastoreados. Debido a las crecientes y a los malos gobiernos. los productores en las islas son cada vez menos. Faltan productores y faltan bovinos. ¿Para qué serviría quemar buscando un rebrote si lo que nos sobra es el pasto?
Según los números que maneja Goset, la situación actual de las islas dista mucho de cuando, diez años atrás, la soja valía 450 dólares y empujaba a los productores del continente a sembrarla en cualquier lado y correr las vacas hacia otras zonas. En ese momento las islas sí que se llenaron de animales, rebalsaron. Pero luego vinieron varias crecientes, la soja bajó de precio y ahora en toda esa región hay mucha menos hacienda. De los registros de vacunación contra la aftosa surge que en el éjido correspondiente a Victoria quedan 17.200 cabezas divididas entre 131 productores. El promedio da casualmente 131 bovinos por productor.

-¿Y no queman para sembrar soja como dicen algunos?
-En las islas puede haber algún loco que haya intentado sembrar soja, pero debería ser cerca del puente Rosario-Victoria, por la logística que necesita la maquinaria. Pero todo el resto nos enfrentamos con una gran limitante natural, que es el agua. Si crece el río nos quedamos sin campo.
Este año el Paraná está viviendo una bajante excepcional, que dejó mucha tierra al descubierto: los campos crecieron. Goset reconoce que cuando eso sucede, la oferta de pasto crece todavía más, y que hasta daría para sostener una carga de 4 animales por hectárea. “Te queda mucho volumen de pasto. A veces andás con el caballo y quedás tapado por la vegetación. ¿Para que sirve la quema si tenés exceso de pasto? Y lo que a simple vista parece monte seco, en las parte inferior sigue verde”, enfatiza el productor.
La oferta forrajera estalla usualmente en octubre. Gosset lo tiene medido: dice que todos los 11 de octubre la cantidad de pasto supera a la capacidad de la hacienda para comerlo. Quemar ahora implicaría un rebrote recién para ese momento. Por eso afirma que no tendría ningún sentido hacerlo.
En el ejido de Victoria y Diamante hay unas 360 mil hectáreas de islas, de los cuales el 70 u 80% son todavía tierras fiscales.Dice Gosset que los productores son franca minoría. Demasiada minoría como para echarle toda la responsabilidad a ellos sobre los incendios.
El 14 de junio, en el pico de los incendios, los productores de las islas saben -con imágenes satelitales de la NASA- que hubo 385 focos activos en simultáneo. No descartan que manos anónimas hayan propiciado esta desgracia de modo intencional, pero no lo denuncian. No tienen pruebas.
No tienen pruebas, como tampoco las tienen quienes los acusan solo a ellos.
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]]>“De los casi 3000 focos de incendio que se detectaron, la mayoría está en las islas de Entre Ríos, en lo que es el Delta del Paraná, aunque también hay focos en Santa Fe y en el norte de Buenos Aires. Así como en 2008 el viento trajo el humo para la Coudad de Buenso Aires, esta vez fue para el lado de Rosario. La gente que apareció quejándose en los medios dice que es moneda corriente, que cada tanto hay humo que viene de las islas. Pero ahora, con casi 250 kilómetros cuadrados encendidos, es escandaloso”, afirmó Monkes al sitio de divulgación universitaria Sobre La Tierra.

El docente universitario explicó que usualmente las quemas se usan para ‘limpiar’ de vegetación el terreno y luego sembrar cultivos extensivos como la soja, o implantar pasturas para ganadería. Pero hay que aclarar que los productores de la zona, que son unos 170, no suelen ni sembrar soja ni implantar semillas de pasturas en esa zona, debido justamente a que la misma está permanentemente expuesta a crecidas e inundaciones.
Según Monkes, de todos modos, la práctica de provocar fuegos a fin de habilitar tierras para la agricultura está prohibida en varias zonas del Delta del Paraná, mientras que en otras está permitido con un aviso previo y posterior regulación por parte de la autoridad provincial.
“Los incendios están teniendo lugar en campos de productores agropecuarios. En la práctica, muchas veces los productores ‘piden permiso’ o ‘avisan’ a las autoridades para encender fuego y gestionar un control. Pero en este caso claramente no se procedió así y el fuego se descontroló”, denunció el docente.
Luego indicó que “a nivel nacional, la Ley 26.815 de Manejo del Fuego prevé apercibimientos y multas, entre otras sanciones, para quienes enciendan fuegos en bosques y pastizales, y para los que no den aviso a las autoridades. En el caso puntual de Entre Ríos, la quema está permitida con permisos de las autoridades competentes, todo enmarcado en la Ley 9.868 de Manejo y Prevención del Fuego, que también dispone sanciones y multas para los infractores”, señaló el investigador.
En este sentido, Julián comentó que si bien se desconoce quiénes encendieron los fuegos, Juan Cabandié, actual Ministro de Ambiente y Desarrollo Sostenible, manifestó que ya inició demandas judiciales contra los productores en cuyos campos hay fuegos. Se habría llegado a este dato cruzando la posesión de la tierra en el catastro con las imágenes satelitales que muestran la ubicación de los numerosos focos.

“Necesitamos con urgencia proteger los humedales en el marco de una Ley de Humedales. De 2013 al presente pasaron por el Poder Legislativo dos proyectos de ley. El primero salió con voto unánime de Senadores, pero luego quedó detenido por años en Diputados y perdió estado parlamentario. El año pasado sucedió algo similar con el segundo proyecto de ley, que (impulsado por Pino Solanas) pasó por el Senado y se ‘estancó’ en la Cámara de Diputados. A diferencia del primer proyecto, el segundo atravesó un proceso fuerte de debate con el sector del agro”, puntualizó Monkes.
“Estos incendios lamentables ponen a los humedales nuevamente en la agenda y tal vez sirvan como empujón para que se presente un tercer proyecto de ley, basado en el del senador Solanas. Esto sería lógico porque ése ya tiene incorporada una base importante de discusión y creo que podría salir de manera más o menos consensuada entre las dos Cámaras”, se ilusionó.
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]]>La entrada Ernesto Massa se la pasa midiendo la vegetación en las islas del Paraná: “Los humedales son los ambientes más productivos del planeta” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Esa fue la pregunta que sirvió de disparador para hablar sobre la ecología de humedales en una jornada que se hizo en Gualeguay. ¿Se puede llevar adelante en las tierras del delta la producción de ganado bovino? ¿Es sustentable hacerlo? Massa, que trabaja en el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) de Paraná, resaltó: “Los humedales son ambientes muy productivos, de hecho, son los ambientes más productivos del planeta”. Pero al mismo tiempo recomendó tener prudencia.

“Todo depende del tipo de humedal del que hablemos. Los hay en todo el mundo. En Argentina los encontramos desde en la Puna hasta en el sur. Pueden ser salinos, marinos o de altura. Las sociedades evolucionaron y se formaron, en muchos casos, en la periferia o en cercanía a los humedales. Un gran numero de ciudades se desarrolló a lo largo del río Paraná”, relató el especialista a Bichos de Campo.
-¿Cómo son estos ambientes y cómo es tu trabajo en ellos?
-Los humedales poseen una dinámica particular y compleja. Mi trabajo arrancó a principios de 2008, cuando luego de una crecida extraordinaria del Paraná las islas se cargaron de hacienda. Esa crecida se dio por un período de 10 años consecutivos, de 1998 a 2007. Ese último año el río bajó y se dio en paralelo, un crecimiento espectacular de la agricultura en Santa Fe, Entre Ríos y Buenos Aires, que son las que provincias que componen el delta. Entonces, esa agricultura le ganó superficie a las pasturas sembradas y a la vegetación natural, y el stock bovino tuvo que migrar a las islas. Ahí es precisamente cuando creció ese stock. Sólo recuerdo dos años de pérdidas importantes de hacienda y fueron los años 1998 y 2007, cuando se dieron dos crecidas muy fuertes del río.
Hacia 2008, le siguió una bajante importante (como la que sucede en la actualidad), que se conjugó con una fuerte sequía. Esa seguidilla en un breve periodo de tiempo ocasionó un contraste muy grande, porque pasamos de inundaciones a sequías e incendios que provocaron efectos ecológicos importantes. Por eso, una de las pautas de trabajo a lo largo de los proyectos que desempeño en el INTA es ver con qué herramientas podemos contar para bajar los riesgos y empezar a ver los humedales como lo que son: ambientes productivos, que funcionan con el agua. A su vez, evaluar cómo mejorar la utilización de la vegetación predial que, por cierto, es muy particular y guarda características de tres zonas geográficas de la Argentina. Tiene algo de las selvas misioneras, algo de los pastizales naturales de la Pampa húmeda, pero también tiene algunos rasgos de la provincia fitogeográfica del Espinal (una eco-región de la llanura Chaco-Pampeana).

-¿Por qué decís que los humedales tienen una dinámica particular y compleja, y cómo se configura la hacienda en ellos?
-Es así, y por eso hay que seguir generando conocimiento en torno a ellos. Los ligados al río Paraná tienen una vegetación compleja, con una matriz subtropical, gran biodiversidad del norte, con especies vegetales que crecen en presencia de agua, pero también con temperaturas altas- Por ende, la mayor productividad se da durante los meses estivales. Esto habla de que esa vegetación adaptada proviene de latitudes más al norte, en donde el manejo tradicional de la hacienda se da más en base al engorde, como modo de aprovechar esos pastizales.
Ese corrimiento de la frontera agrícola que describí antes, y que trasladó mayor ganadería a las islas, implicó también el traslado de mucho rodeo de cría. Es decir que ahora tenemos también allí el ciclo completo, aunque el mismo se hace de modo desprolijo porque existen vientres, y toros, y cuando el río lo permite, paren los terneros, y si la bajante del río se alarga, hasta se puede terminar a esos mismos terneros como novillos. Todo depende de cómo vengan las crecientes.
-¿Cómo se conforma el delta?
-El delta estricto arranca en la ciudad de Diamante, Entre Ríos, y se extiende hasta cercanías a la ciudad de Buenos Aires. A grandes rasgos, su clasificación tradicional se hace en 3 partes. La primera es hasta el viaducto Rosario- Victoria, lo que sería la cabecera del delta o delta superior, seguido del delta medio, y por último, el delta bonaerense, que traza una linea recta desde la zona Villa Paranacito hacia Capital Federal. Donde yo realizo mediciones es en el delta superior y algo del Paraná medio.
-¿Cómo se alimenta el ganado en las islas?
-La ganadería de islas tiene grandes variables productivas, y se configura en sistemas 100% pastoriles. Es que son muy pocos los momentos del año en que puede haber una suplementacion con algún alimento balanceado, energético o fibroso. Básicamente, se aprovecha la vegetación natural adaptada al ciclo hidrológico, la cual se reproduce por semillas, aunque muchas veces se hace a modo de propágulos vegetativos, es decir, la misma corriente actúa como dispersadora de la vegetación.
Una variable condicionante de cualquier sistema ganadero es la llamada ´carga animal´, que es, en definitiva, la cantidad de animales por superficie. Pero en una isla, lo que limita la cantidad de hacienda a poner es el estado hídrico y el capital del que se disponga. A su vez, hay que tener en cuenta que las islas no son homogéneas, son más bien superficies muy variables porque influyen la condición hidrológica del río, la acumulación de biomasa y la productividad entre las distintas estaciones del año; por ende, la carga animal en estos espacios se vuelve difícil de manejar.

-¿Y qué especies vegetales puede comer el ganado allí, en las islas?
-En un modo general, y para simplificarlo, podemos decir que en las islas predominan los albardones o zonas altas cerca de los cursos de agua, donde predomina la vegetación árborea o bosques mixtos, aunque también hay gramíneas y especies de otras familias vegetales con producción de bajo monte. Luego tenemos las medias lomas, constituidas por pajonales y carrizales. Y yendo al interior de las islas, predominan las lagunas o zonas bajas, con vegetación de pastizal corto, dominados por gramíneas altamente productivas. Y en el agua, encontramos comunidades vegetales arraigadas al fondo, o flotantes como los camalotes. Cada una de esas áreas tienen una vegetación particular y todas son aprovechadas para alimentar al ganado.
Un último concepto que quiero dejar en claro es el de la conservación, algo fundamental. Tiene que ver con lograr un manejo sustentable usando la vegetación natural para producir, sin degradarla en el tiempo, lo que implica conservar las especies vegetales de mejor calidad forrajera. Me refiero a las especies nativas, adaptadas, que pueden seguir reproduciéndose en el tiempo, siendo compatibles con la producción de carne. Esto es sentido conservacionista.
Mirá el programa especial que hicimos en el delta en octubre de 2018:
-¿Alientan a los ganaderos a usar sólo las especies vegetales del lugar para alimentar sus animales?
-Exactamente. Siempre se puede obtener calidad forrajera Pero para eso hay que ver cuáles son de mayor calidad, cuáles son mas digestibles, cuáles tienen más o menos fibra, y a su vez, hay que saber que cada tipo de vegetación o fisonomía cambia a lo largo del año; por ende también cambiará la calidad forrajera y la productividad. Hablo de obtener productividad por estaciones. A su vez hay que calcular con qué cantidad de ganado hacerla, y no como por lo general sucede en la ganadería de islas, en que se suele dejar libradas a las vacas para que elijan ellas dónde pastorear. Si hacemos esto, hacemos un mal aprovechamiento de la vegetación y eso trae una posterior degradación de los humedales.
-Entonces, ¿Cuál es el mejor modo de producir ganado en islas?
-Muchísimos productores se me acercan y me dicen que quieren reemplazar la vegetación nativa o que quieren apelar a la intersiembra de especies. Pero yo les digo que es mejor trabajar desde la no intervención de los humedales, ya que son muy productivos, poseen una flora muy diversa y un buen numero de especies de calidad forrajera. Simplemente hay que trabajar con almanaque en mano y ver cuáles son los ambientes que más forraje aportan según la época del año. Si uno conoce esa oferta forrajera, se puede aprovechar mejor el alimento de las vacas. Y así también se aprovecharán mejor los bosques.
Ahora bien, los rodeos de cría en islas sí tienen una complejidad extra, y son los crecimientos hidrológicos, los cuales varían cada año, y obligan al movimiento de la hacienda. En un momento de parición, mover el animal implica un alto estrés. Por eso, hay que evitar tener la vaca todo el tiempo en la isla, y es mejor mantener una carga baja.
Igualmente, tratemos de corrernos de la visión de que ´todo lo que hay en una isla es malo´. Sembrar los humedales no es sencillo, ni desde lo técnico ni desde lo logístico, porque tienen suelos con mucha materia orgánica, que suelen estar encharcados, y si re remueven, el carbono almacenado se iría a la atmósfera, cuando precisamente los humedales, entre los múltiples servicios ecosistémicos que generan, se encargan también de almacenar el carbono en tiempos de cambio climático.

-Suena todo positivo cuando hablamos de producir ganadería en humedales. ¿Ni una contra que marcar?
-Bueno, no todo es rosa en el delta. Por su condición de permanecer mucho tiempo inundados, los humedales tienen como contra que son emisores naturales de metano, el llamado ´gas de los pantanos.´ Y a su vez, la materia orgánica presente en esos suelos, tiene una degradación lenta, por eso se suele decir que los humedales son sumideros de carbono. Pero, te tiro una buena: con la alta productividad que tienen, los humedales pueden balancear muy bien esas emisiones naturales, y lo hacen a través del crecimiento vegetal, el cual acumula el carbono en sus células, a través del dióxido de carbono presente en la atmósfera.
También debemos considerar que las islas acarrean sedimentos, en su mayor parte, provenientes de los Andes. Se sabe que más del 50% viene de allí. Pero, y acá otra buena, parte de ese sedimento son también nutrientes, por ende, todo puede ser valorizado.
-¿Y qué hay de las quemas que suelen darse en el delta? ¿No atenta contra la sustentabilidad?
-Bueno, te metiste en un tema muy complejo. En las islas se suelen hacer quemas para limpiar el campo y para tener un rebrote de mejor calidad en la vegetación, sobre todo de los pajonales que tienen baja calidad forrajera y que casualmente, son los que dominan en el delta. Entonces, es cierto, muchas veces se generan fuegos muy perjudiciales por el humo que generan. Fue lo que pasó en el 2008, por ejemplo, y este verano también hubo focos. No soy defensor ni detractor de las quemas. Creo más bien, que el Estado debería tener información científica para poder ordenar los actores del territorio y así tomar medidas.
Los institutos de investigación también deberían ponerse de acuerdo con las provincias en un plan de Manejo del Fuego, para poder generar información y dar fundamentos sostenibles a la hora de imponer multas. Por ejemplo, en Entre Ríos se multa, pero en Santa Fe directamente están prohibidas las quemas. La quema en general no es una buena práctica acá porque se la maneja mal, no porque sea mala en sí misma. Además, sin manejar las otras variables productivas, de nada sirve hacer una quema. Nosotros estamos trabajando en la isla con parcelas de quemas en distintos ambientes, y tratamos de coordinar acciones que nos den información científica, para poder hacer recomendaciones técnicas eficientes.
-¿Está todo ligado al pulso hídrico y al momento del año entonces?
– Y si. Para hacer una cadena forrajera de calidad con la vegetación natural de la isla, sin intervenir la vegetación con una intersiembra de una especie no adaptada al ambiente, hay que saber cuáles son las especies más representativas, cómo producen en cada estación del año y con qué calidad forrajera lo hacen. Con esa información podemos hacer un buen manejo del ganado en la isla, y podemos, por ejemplo, llegar a conocer la receptividad, es decir, cuántas cabezas de ganado puede sostener un determinado ambiente en un determinado momento del año.
Se trata de ver en qué momento pastorear, por ejemplo, los bajos o lagunas internas; tratar de que sean aprovechamientos de alta carga animal pero en cortos períodos de tiempo, para, luego del pastoreo, que es un disturbio de por sí para el ambiente, poder esperar a que esa vegetación se recupere, y así seguir encadenando los usos de los distintos parches de vegetación dentro de un mismo predio.

-¿Cómo trabajan desde el INTA para que toda esta información llegue al ganadero?
-Estamos trabajando con gente del Conicet, con universidades y con el propio gobierno entrerriano, para, precisamente, darle la valoración que estos humedales merecen, y para evaluar qué es lo que trae el agua, además de traer agua dulce en calidad y cantidad, ya que también arrima los propágulos vegetativos, y por ende propicia una siembra natural, algo fundamental desde el punto de vista ganadero conservacionista.
A su vez, estamos trabajando con la Fundación Humedales que, solventa inversiones a través de proyectos que tienen que ver con la generación de datos en varios territorios, para poder, en definitiva, rescatar estos ambientes y darles un manejo adecuado.
No es sencillo trabajar en conservación y sustentabilidad; lleva su tiempo y requiere capacitar y enseñar otra forma de producir. Trabajar en los humedales, además, obliga a saber de vegetación y en poder interpretar el ciclo hidrológico, porque este es el que determina buena parte de esa vegetación, así como de establecer qué especie pastorear, con qué calidad, con cuánta biomasa, y cuándo hacerlo. Quiero que se entienda que los ciclos hidrológicos son la fuerza determinante de la productividad de un ambiente. Por eso hay que saber interpretarlos para amoldar la producción a ellos.
Sé que lo que digo es conflictivo, porque reconozco que también se dan inundaciones, que son, sin dudas, un perjuicio económico para el productor ganadero. Pero, a su vez, de no estar las islas, las ciudades se inundarían más aún, ya que los humedales ayudan a frenar el agua para que no se recarguen los acuíferos. No digo que no se inunden ciudades, pero si los humedales no existiesen, el efecto sería peor.
Ver: Cruzando el charco, dos “gurisas” agrónomas quieren ayudar al ganadero tradicional a implementar modelos más sustentables
-¿Notás una pugna entre los modos y ambientes de producción ganadera?
-Yo no sé si hay una lucha pero, en lo que tanto biólogos como ecólogos estamos en consonancia, es en que la ganadería de islas no es para nada comparable con la ganadería de tierra firme. Y por eso, en algún momento habría que lograr un precio diferencial de la hacienda que viene de las islas, ya que, por lo general, es carne de calidad con muy baja carga de insumos. Es una ganadería, en definitiva, agroecológica, ya que no se utilizan agroquímicos; los únicos insumos que se requieren son los tendientes a hacer las vacunaciones.
Antes, en las islas se ponía a los animales sin mucho manejo, y se los retiraba cuando estaban gordos. Ahora, con el advenimiento de la ganadería de cría a las islas, es decir, los vientres con toros para producir terneros, el sistema se complejiza y la presión sobre el ambiente es otra. Esto implica otra carga y otro estrés a la hora de sacar la hacienda ante una inundación. Por eso merece una conceptualización diferente a la ganadería de tierra firme.-
Nota: Massa es egresado de la Facultad de Ciencias Agrarias de Esperanza, Universidad Nacional del Litoral, y cuenta con un Máster en Recursos Naturales de la Facultad de Ciencias Agrarias de Zavalla. Si desean contactarse con él pueden hacerlo a massa.ernesto@gob.ar
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