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La entrada Don Pedro Lucio Sarciat lleva ocho décadas en busca del mejor caballo indomable: Incansable impulsor de las jineteadas, llegó a desfilar hasta en la cancha de River se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Cerca de Rauch, donde vive, Sarciat tiene un campo familiar donde cría caballos de tropilla para jineteadas. En la ciudad, su antigua casa data de 123 años y bien podría convertirse en museo de la cultura gaucha y equina.
La asociación trata de una de las actividades más antiguas de la cultura equina en nuestro país, pero es de las más jóvenes y fue fundada recién en 2018.
Mirá la entrevista a Pedro Lucio Sarciat:
-¿De dónde le viene esta pasión por los caballos?
-Mi familia materna, Ballester, se remonta al 1600, y en aquellos tiempos fueron criadores de caballos a la fuerza, porque en esa época el caballo era fundamental para la vida y el trabajo rural. Allá por 1920 se comenzaron a traer manadas y empezaron a hacerse selecciones de la raza criolla en la Argentina, de razas para el trabajo agrario y luego para las carreras, etcétera. Mi abuelo Lucio Ballester ayudó a Emilio Solanet. Ambos veterinarios, comenzaron a buscar una tropilla que respondiera a las características originales de la raza criolla. Eso se hizo en la Patagonia porque allí aún no se habían cruzado las razas.
Nacimos con el caballo. Con mis hermanos nos criamos en el campo e hicimos toda la escuela primaria yendo de a caballo. Muy pocas veces en un Ford A, que teníamos, con puertas de lona. Y algunos de mis familiares fueron los primeros jugadores de Pato en la Argentina.
-¿Cuál fue su mejor caballo o el que más recuerda?
-Tuve muchos caballos. Pero tuve un bayo rosillo, cruza de criollo con un puro de carrera, al que domé y era muy mansito, tanto que mis hijos lo andaban en el campo. Trabajó de apadrinador -que son los que ayudan a los jinetes a dejar su propio caballo en las jineteadas- y me acompañó en las fiestas, lo llevé a Palermo muchos años. Entraba a la pista de una fiesta y apenas escuchaba la música ya se ponía en acción y esperaba a que lo mandaran a hacer lo que él debía. Era un maestro, ese caballo.

-¿Es cierto que llegó a jinetear en la cancha de River?
-Sí, fue en 1960 cuando se hizo el sesquicentenario de la Revolución de Mayo y el Ministro del Interior del gobierno de Frondizi, Alfredo Vítolo, armó una semana de destrezas criollas en la que todas las provincias estaban representadas. Hubo salteños, cordobeses, mendocinos, bonaerenses. Y a los que no participábamos en las noches de modo oficial -porque éramos jóvenes estudiantes- nos dieron la oportunidad de jinetear todas las mañanas.
-¿La jineteada es la más representativa de las actividades de competencia del caballo?
-En todo el mundo, el hombre domesticó al caballo y le costó. Y al que no lo pudo dominar para poder andarlo, terminó destinándolo a las jineteadas, es decir, los indomables. Es el desafío entre el hombre y el caballo, de ver si lo voltea o no. Hay jineteadas en todo el mundo, en Macedonia, Australia, Nueva Zelandia, donde el rugby es el principal deporte y las jineteadas están en segundo o tercer lugar.
De ahí partió la Asociación de Destrezas Gauchas, porque hay gente que ha hecho una selección de ese tipo de caballos indomables y crían caballos en cantidad y no les fallan, unos más, otro menos, pero todos les salen indomables, con esos genes ocultos que están en todos los caballos y se despierta sólo en algunos. No hay una raza específica, de cualquiera salen caballos indomables. Yo tuve un caballo de pura raza criolla y toda su familia en su pedegree, fueron mansos, pero éste salió indomable.
Fundamos la asociación con carácter nacional, y celebramos un convenio con la Sociedad Rural Argentina por el cual ella aprueba como “nueva raza”, con estatutos, estándares (tipo de uniformidad y características generales) y lleva los registros de los pedigree. La cría utilizando la genética, transmisora de caracteres, hace la diferencia para trabajo o pruebas de rienda o la cría ya consolidada de caballos para jineteadas, que son los bravos, indomables. También hace la diferencia para las paleteadas o coleadas, pero éstas dos no entran en la categoría de “destrezas gauchas” de nuestra asociación.

-¿Usted ha vivido de las jineteadas toda su vida?
-Desde siempre nos hemos criado a la par de grandes jinetes y ellos nos han encaminado en esta pasión. Uno pasa por distintas etapas, de aficionado a ser un deportista medianamente bueno, hasta que empieza a decaer y termina organizando, ayudando y enseñando. No se si fui jinete, pero subí a varios reservados y he sacado algunos premios. Pasé a criar caballos de jineteadas, comprando, a tener cantidad y a armar fiestas tradicionalistas, siempre a beneficio de escuelas y otras instituciones. Nunca lo hice con fines de lucro ni viví de esto, pero siempre traté de hacerlo bien.
-Me imagino que además de River, la cima es llegar a La Rural de Palermo.
-Yo participé en las primeras jineteadas que se hicieron en Palermo, desde 1962 a 1964, pero luego me alejé porque me vine a Rauch a trabajar al campo. Luego volví a hacer jineteadas desde 1996 hasta 2006, en las exposiciones de julio, que son las más importantes. También participé en las primeras “paleteadas” y “coleadas” de Palermo, con los caballos criollos. Después me vinieron a ver unos chilenos para preguntarme si me animaba a hacer un espectáculo en la fiesta de la Media Luna, en Rancagua, donde se hacen las finales anuales de los rodeos. Acepté y armé una especie de cirquito, porque llevaba mis caballos reservados, mis jinetes y hasta cantores. Me llevaban ellos y me traían. Lo hicimos a partir de 1999, durante cinco años, porque fue un éxito, algo muy lindo, la pasamos muy bien y guardo buenos recuerdos. Y al final terminaron comprándome los caballos que había llevado.
-¿Cuál fue la jineteada que más recuerda?
-Hay muchas, sobre todo recuerdo las de pleno invierno, cuando terminábamos todos emponchados, del frío, en una escuela, o cuando se largaba a llover y se suspendía la jineteada y había que sacar a todos los autos encajados en el barro.

-¿Cómo explica esta pasión o atractivo en la gente de campo, de todo tipo y clase social?
-Es el atractivo natural del gaucho. El que anda a caballo se divierte el día domingo, en el campo, arreglando un caballo, tusándolo -que es cortarle la cerda-, acomodándolo, ensillándolo, domando algún animal nuevo. Y se entretiene adiestrando o jineteando.
-Existe toda una corriente de gente más bien urbana que no está de acuerdo con que esta actividad se practique como un deporte. ¿Le ve futuro a la actividad de las destrezas gauchas?
-Yo creo que tiene futuro, pero hay que luchar mucho. Yo he tenido diálogo con muchos representantes de estas posturas. Nosotros nos oponemos a una humanización del animal. Pero nosotros lo entendemos y lo queremos al caballo. Tenemos reglamentos para evitar que el caballo se lastime. Los tiempos de las jineteadas van de 8 a 14 segundos. No es una actividad tan exigente y cruel, porque se han aceptado todas las reglas, en todo el mundo. Ya sea en Estados Unidos o en Australia. Hay muchachos argentinos que están participando de los rodeos australianos y se han adaptado en sus espuelas, recados, monturas, a la perfección para que el animal no sufra.
-¿Y ve que es algo que guste a las nuevas generaciones?
-Sí, pero es distinto a los jinetes de antes, porque se ha vuelto muy profesional y los jinetes de ahora son mucho más atletas que nosotros. Tengo un yerno, de 25 de Mayo, que fue campeón en Diamante y siendo de campo se preparaba como un boxeador, saltando la cuerda, y ahora tienen hasta la cama elástica. En Estados Unidos se ha vuelto totalmente profesional. Allá hay toros y caballos mecánicos para enseñarles a manejar el cuerpo, como se hace en las escuelas de jockey acá en la Argentina.

En medio de la entrevista, Sarciat relata que lo han llamado de Uruguay para recorrer ellos el mismo camino y crear su propia asociación, porque hasta ahora se manejaban de modo informal. “Esto nos abre un camino nuevo que trasciende las fronteras y no tiene fin”, define.
-¿Y sigue asistiendo el público?
-Si, sigue habiendo un público entusiasta, algunos a favor del caballo y otros a favor del jinete, como en las corridas de toros, donde algunos están deseando que el toro le pegue una cornada al torero.
-Ustedes es amante de los caballos indomables… ¿Quién prefiere que gane?
-El hombre, porque duelen los golpes. Uno puede desear que el caballo haga todas sus demostraciones, que sea bueno, para que se destaque lo que uno cría, pero el jinete sufre más.
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]]>La entrada Cristina Espíndola es trans y su mejor educación fue la del campo: “Elegí domar caballos en lugar de trabajar en una esquina de Buenos Aires” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“Hasta el invierno del año pasado me dedicaba a alambrar y domar potros, y encerraba a las vacas. Sé hacer de todo en el campo. El dueño de ese campo de 300 hectáreas en las afueras de Escobar me quiere y hasta me dejaba tener mis caballos allí, pero hace un mes vendí mi último animal porque quise venirme a la ciudad”, relató.
Claramente las cosas no fueron fáciles para Cristina cuando a sus 21 años decidió que quería ser Cristina. “Yo siempre me sentí una mujer y siempre actué como tal. Un día me puse un vestido con unos zapatos en casa de una amiga y me sentí yo misma. Pero eso me valió la indiferencia de mis viejos, sobre todo mi papá, una persona muy machista. Ambos me dieron poco afecto, pero también entiendo que es porque tuvieron una vida difícil”, declaró.
Cristina confesó que ama los ritmos del campo pero al mismo tiempo algo la repele. “Quizás sea más difícil para mi, pero sigo percibiendo mucho machismo, y cualquiera que vaya al campo lo puede notar. En muchos casos se trata con gente quedada en el tiempo. Yo amo la vida del campo y me crié allí. Elegí domar caballos en lugar de trabajar en una esquina de Buenos Aires”, afirmó.

-¿Qué recordás de tu familia y de tu infancia en el campo?
-Nací arraigada al campo y estuve viviendo allí hasta los 14 años. Vengo de padres y abuelos gauchos. Mi abuelo alquilaba un campo pero el cuatrerismo lo agotó. También hacía producción porcina. Mis padres están separados hace 14 años. Con mi mamá me hablo, pero con mi papá no. Mi papá además es plomero, un tipo super machista, y tengo una hermana menor que yo con la que dentro de todo me llevo bien. Al principio le costó entender mis decisiones. Y tengo una sobrina de 4 años que amo con locura. Pero a la persona que más quise fue a mi abuela materna, Ramona. Ella era un amor, y de hecho viví con ella mientras trabajé en el campo, pero falleció de covid hace dos meses.
-¿Eso te llevó a la ciudad?
-En parte sí, pero también porque quería buscar algo que me diera más ingresos que el trabajo en el campo. Hasta hace un tiempo trabajé en un bar en Capital Federal, pero ahora me siento de vuelta rara. Siento la discriminación en la ciudad y en el campo y al mismo tiempo percibo las diferencia entre campo y ciudad. La gente del campo suele criticar a la gente de ciudad en la forma de vida que llevan y por no saber cómo se trabaja y produce en el campo. Pero ya sea en el campo o en la ciudad, yo quisiera que me valoraran por mis aptitudes, sin tanto prejuicio.
-¿Y qué te gusta del campo?
-Me encanta ir a desfiles patrios, y antes participaba de jineteadas pero hoy no las apoyo tan abiertamente. Amo los caballos y el aire que se respira en el campo, pero la caga el entorno que lleva a la discriminación. Ojo, tengo muchos gauchos amigos, por eso no meto a todos en la misma bolsa.
-¿Qué sentís cuando domás un caballo?
-He domado de todo, criollos, para polo y salto también. Me apasiona esta actividad porque te das cuenta cómo el animal va aprendiendo y eso te da satisfacción al tiempo que creas un vínculo único con el animal. Yo elijo hacerlo siempre desde el amor y sin violencia, y te puedo asegurar que el animal evoluciona porque vos le enseñaste bien. ¿Quién aprende con golpes físicos?
-¿Cómo era un día de tu vida en el campo?
-Laburé en varios campos de la zona. Por lo general me levantaba a las 5 y las 6 ya estaba en el campo. Me tomaba unos mates y recorría el campo a caballo. Hacía un conteo de las vacas, chequeaba aguadas y comida, luego me ponía a alambrar, ya que estábamos haciendo el alambrado a nuevo, y más tarde encerraba potros para hacer la doma. La tarea de la doma lleva mínimo una hora por día y luego es mejor largarlo al animal, sino se cansa. Todo eso lo aprendí de mi abuelo materno, Facundo.
-¿Estudiaste algo Cristina?
-Terminé la secundaria, pero luego no encontré una carrera que sintiera que quería seguir. Pero no creo que haya sido eso un impedimento para trabajar, sino que al principio te subestiman, pero yo he elegido hasta trabajar un día gratis para probar mi valor y capacidad. Y así conseguía oportunidades.
-¿Cuál es el caballo que mas amaste?
-Llegué a tener 4 criollos, y los vendí a todos. El que más amaba se llamaba Tito y era un cuarto de milla. Lo tuve desde chica y lo amaba, hasta que se lo robaron del campo de mi abuelo. Ese fue el caballo que más ame.
-¿Qué pensás de la política agropecuaria?
-No me gusta hablar de la política, pero pienso que se están haciendo las cosas mal. Milité un tiempo para La Cámpora en 2010 y vi cosas que no me gustaron. Mejor dicho, ahí entendí cómo era la política, donde se compra a la gente por interés.
-Necesito preguntarte esto, porque de algún modo llegaste a la fama por irrumpir en un desfile conocido. ¿Cómo fue la historia?
-El desfile era de la marca Ginebra, de Micaela Tinelli, en 2019. Mi otra faceta es que amo el mundo de la moda y siento que más de una vez me cerraron las puertas. Tengo amigos productores de moda que ese año me consiguieron un permiso VIP para sentarme en primera fila. Cuando arrancó el desfile dejé pasar 10 modelos y entonces me subí a la pasarela y mostré un cartel que llevaba escondido y que decía: “Yo también soy modelo”. Cuando quise volver a mi asiento me sacaron los de seguridad y ahí al toque se me vinieron encima los periodistas.
-¿Y cuál era tu objetivo?
-Uno solo y bien claro: llamar a la reflexión acerca de la poca inclusión que ofrece el mundo de la moda. Yo no quería escrachar a nadie, sólo quería ser visibilizada. Luego vinieron las notas y un par de apariciones en programas, pero lo importante era decirles que por lo general buscan una mujer real en una chica trans, y eso no existe. Por eso es que vivimos así. Se nos impone que para ser mujeres debemos parecernos a una mujer biológica pero no es así. Yo pienso que debemos cuidar y amar nuestro cuerpo tal cual somos. Debemos aceptarnos y querernos mucho, y que se nos respete por lo que elijamos ser.
-¿Cómo es Cristina?
-Cristina es el nombre que elegí porque al nacer mi mamá me puso Cristian. Seguro le causó algo ese nombre y no quise cambiar eso. Gisele es mi segundo nombre por la modelo Gisele Bündchen, a quien aprecio mucho. De ella aprendí a modelar y es el perfil de mujer que me gusta. En 2012 hice el trámite para obtener mi DNI femenino y de hecho fui la primera en la ciudad de Escobar en lograrlo.
-¿Y cómo te ves dentro de unos años?
-Me veo envejeciendo en el campo pero me gustaría sentir una mayor aceptación de la que tengo. Si diéramos más oportunidades en la vida y juzgáramos menos seríamos una mejor sociedad tanto en la ciudad como en el campo.

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]]>La entrada Todo bicho que camina va a parar al domador: Fabricio García amansó hasta los clones de la yegua favorita de Cambiaso se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Su formación como domador y jinete comenzó de chico con los caballos de campo de su papá. Cuando la oportunidad se presentó, comenzó a trabajar con los Cuarto de Milla y los Criollos, y tamb ién aprendió todo sobre la doma americana. “Todo te va aportando y con el correr de los años, juntas eso y sale algo. Así es como se aprende”, aseguró.
Mira la entrevista completa a Fabricio García acá:
Aunque Fabricio trabajó con todo tipo de caballos, quizás el hito más importante de su carrera haya sido domar los primeros clones de caballos de polo que se crearon a partir de “la Cuartetera”, la yegua favorita de Adolfito Cambiaso. Luego de 12 años de trabajar en La Dolfina, hoy celebra con orgullo que todos los clones jugaron –o siguen jugando- y lo hacen logrando altos hándicaps.
Para aquellos curiosos y amantes de la ciencia ficción, García afirmó: “Si bien sabía que tenían los genes, la doma fue normal. No porque fueran clones noté algo distinto. Lo que si noté es que les quedaba fácil jugar a polo”.
Hoy este domador cuenta con su propio establecimiento en la localidad de Lobos, donde se dedica a amansar los potros -junto a veterinarios, montadores, herreros, ingenieros agrónomos, etc.- de aquellos que quieren “cultivar” sus caballos. “Diez meses a un año es lo que lleva domar un caballo para entregarlo bien. Acá hacemos todo el servicio: descanso, agarrada. Tengo todo organizado para hacerlo”, dijo.
-¿Lo podes hacer durante mucho tiempo más esto?- le preguntamos.
-Mientras te dé el físico y tengas ganas… No me imagino haciendo otra cosa. Capaz me gusta algo más pero nunca lo probé. Siempre estuve con caballos.
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