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jorgelina recarte – Bichos de Campo http://wi631525.ferozo.com .:: Periodismo que pica ::. Wed, 23 Jan 2019 15:23:18 +0000 es-AR hourly 1 https://wordpress.org/?v=5.8.13 http://wi631525.ferozo.com /wp-content/uploads/2018/06/cropped-mosca-32x32.png jorgelina recarte – Bichos de Campo http://wi631525.ferozo.com 32 32 Recetas para el alma: El havannet http://wi631525.ferozo.com/recetas-para-el-alma-el-havannet/ http://wi631525.ferozo.com/recetas-para-el-alma-el-havannet/#comments Wed, 23 Jan 2019 15:23:13 +0000 http://bichosdecampo.com/?p=17567 La gramilla esta húmeda. Hace una hora ha amanecido. El cielo esta enamoradamente rojizo. Llevo huevos y esencia de vainilla. Deshago la manteca con las yemas de los dedos, agrego azúcar, continúo… La esencia perfuma este granulado y minutos más tarde el chocolate estará fundiéndose lentamente, como esos besos que acarician la espalda después de […]

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La gramilla esta húmeda. Hace una hora ha amanecido. El cielo esta enamoradamente rojizo. Llevo huevos y esencia de vainilla. Deshago la manteca con las yemas de los dedos, agrego azúcar, continúo… La esencia perfuma este granulado y minutos más tarde el chocolate estará fundiéndose lentamente, como esos besos que acarician la espalda después de un largo día intenso, con el apenas roce de los labios. El aroma de la cocina perfuma mi vida y me sonrío. Con un poco de harina y unos golpeteos formo un bollo de masa que estiro sobre una tartera recubierta con un disco de papel manteca, y al horno.

Mi abuela tiene alzheimer. Algún día no podrá pegar la vuelta, pero mientras tanto, que es ahora, el hoy que la sostiene y aun permanece aquí.

El chocolate caliente trae veranos adolescentes a tomar el sol que ya calienta los cristales. Trozo un puñado de nueces, escuchando los sonidos del Epu peñi, escuchándome caminando por el pasto con un cuenco de dulce de leche, trayéndolo entre mis manos. Un cuenco en donde mi abuela se pudiese recostar hasta quedarse finalmente dormida, a pesar de que no tuviera idea de que yo soy una de sus nietas.

Recuerdo nítidamente esta primera noche con mi abuela perdida por primera vez; recuerdo que ella me comentaba acerca de su familia y me dijo que tenía nietas. Aun así, sin saber quién era yo, sin saber quizá quién era ella, finalmente se quedo dormida en su cama con mucha paz. Creo que hay algo en el inconsciente que la puso a salvo de sus temores, trayéndole la tranquilidad para dormirse.

Hay noches que son mas cóncavas que otras, mas mullidas, mas hundidas, más largas, noches en las que el tiempo ha invertido los roles. Esta noche soy yo la que, apoyada en el marco de la puerta de su cuarto, la observo dormida.

Mezclo las nueces con el dulce y estiro hacia los bordes, como uno estiraría todos los momentos alegres que ha compartido con una persona para atesorarlos por el resto de la vida, o como se estiraría mi memoria para rescatarle algún recuerdo no contado antes de que lo olvide todo.

En mi familia las mujeres tenemos carácter fuerte, no somos de permanecer calladas y somos sinceras hasta el hueso en ocasiones. Pero hoy mi abuela esáa como el dulce tibio.

Pico chocolate semiamargo y lo deshago en crema hirviente, con movimientos en ocho. Antes de incorporar el chocolate, la crema debe estar fuera del fuego… El brillo se va apoderando de la mezcla hasta quedar completamente negra brillante; disfruto de este instante relajada, solamente integrando el chocolate con la crema caliente, y me alegro de los obsequios del destino, de las pequeñas florcitas que la huella me ha puesto en el camino. Esta es una de ellas, unos minutos en esta cocina que huele a infancia, a adolescencia tendida al sol, a hijos correteando, a un cariño que por sorpresa regresó…

Derramo la ganache de chocolate tal cual como se derrama la vida cuando te desconectas de este mundo y flotas en el sin tener conciencia de vos ni de los demás.

Qué delicioso el aroma de este havannet cuando el corazón estaba necesitando una receta para el alma. (Jorja).

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Recetas para el alma: Scones de queso http://wi631525.ferozo.com/recetas-para-el-alma-scones-de-queso/ http://wi631525.ferozo.com/recetas-para-el-alma-scones-de-queso/#comments Thu, 13 Dec 2018 01:31:43 +0000 http://bichosdecampo.com/?p=15878 Por Jorgelina Recarte En esos días en que pareciera que el mundo permanece callado, cuando ya no pudiera haber existido más silencio en cada hora, me llegó tu mensaje. Tan simplemente abrazador que no contuve la lágrima. Hay silencio que acompaña, hay silencio que se disfruta, hay silencio que sana, hay silencio que hace cosquillas […]

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Por Jorgelina Recarte

En esos días en que pareciera que el mundo permanece callado, cuando ya no pudiera haber existido más silencio en cada hora, me llegó tu mensaje. Tan simplemente abrazador que no contuve la lágrima. Hay silencio que acompaña, hay silencio que se disfruta, hay silencio que sana, hay silencio que hace cosquillas y están los otros silencios, los que despiden, los que echan candados, los que aturden, los que nos hacen invisibles, los que terminamos silenciosamente callando.

Pero lo maravilloso de tu mensaje fue su mágica manera de convertir en papel picado a este silencio asfixiante. Un puñado de papel picado qué me hizo emocionar para inmediatamente reír. Un puñado de papel picado como este puñado de harina común que reservo en un bowl. Será 1 kilo. Agrego sal, unos 30 gramos, y 150 gramos de queso rallado. Mezclo y esperando tu respuesta preparo el fermento.

No sé si está bien esperar. A veces creo que he esperado mucho de personas que no tuvieron algo para ofrecer. Así es el camino. Se da, no se escatima en arar el corazón. Se recibe, se germina la huella o se queda la semilla expuesta al sol sin más que silencio.

Pero a pesar de no saberlo, espero a que mi fermento comience a hacer como burbujas en este cuenco. Este cuenco que, con su tibieza, casi siempre me termina de emparchar el corazón y de arriar el alma. La vida es un poco como estos 50 gramos de levadura fresca desgranados con alguna desilusión, que mezclo con una cucharadita de azúcar y un poco de agua calentita.

La vida es también espacio para leudar lo que sea que deba ser, más allá de nuestras ganas o a pesar de nuestros latidos.

Parece que tu mensaje me ha cambiado el ánimo. Lo festejo aunque nunca lo vayas a saber. Un simple mensaje acompaña más que una tropilla de promesas.

En el bowl en donde tengo esa lluvia de queso, incorporo 80 gramos de manteca o grasa y la deshago como deshago aquel silencio… Agrego el fermento y uno. Convierto todos estos ingredientes en un bollo tierno. Un bollo que va a leudar con paciencia hasta que la masa intente treparse por los bordes del recipiente. En este momento la saco y la golpeo un poco sobre la mesa. Un poco, no más, cómo me ha golpeado a veces la realidad para mostrarme que el surco no es el que creía.

Estiro la masa de unos 2 centímetros y con una copita de licor corto estos scones de queso que huelen a un día feliz aunque también nunca lo sospeches.

Horno fuerte 15 minutos y a mi me ha parecido una eternidad convertirte en un segundo de silencio. Una receta para el alma callado y un corazón en silencio. Jorja

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Recetas para el alma: Galletitas de manteca http://wi631525.ferozo.com/recetas-para-el-alma-galletitas-de-manteca/ http://wi631525.ferozo.com/recetas-para-el-alma-galletitas-de-manteca/#comments Thu, 29 Nov 2018 12:17:32 +0000 http://bichosdecampo.com/?p=15610 Por Jorgelina Recarte La última gota que pendía del extremo del alero se ha perdido entre el escaso pasto empapado. Más bonita no podría ser esta mañana recién parida en el Parque Luro. El cielo rojizo se rasga de a tramos con suspendidos trozos de organzas blancos. Es una acuarela este senderito ríspido y solitario. El […]

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Por Jorgelina Recarte

La última gota que pendía del extremo del alero se ha perdido entre el escaso pasto empapado. Más bonita no podría ser esta mañana recién parida en el Parque Luro. El cielo rojizo se rasga de a tramos con suspendidos trozos de organzas blancos. Es una acuarela este senderito ríspido y solitario.

El áspero suelo que mis alpargatas pisan me llevará hasta una elevación en donde pueda echar al aire mis miradas. Y ya sentada en este suelo de La Pampa, con el mate orillando la profundidad del caldenal, respirando su fría humedad silenciosa, me veo unos años antes sentada en la placita González, con el mismo mate, mirando a mi hijo en la arena jugando con recipientes plásticos vibrantes de colores primarios. Lo veo acarreando a otros niños, que comparten este espacio que se columpia al sol, sus creaciones mágicas. Seguramente esa niña se debe llamar Josefina.

Un rato antes mi cocina olía a galletitas de manteca. Ese movimiento suave con las yemas de los dedos que va desarmando los 125 gramos de manteca pomada con los otros 125 de azúcar común hasta transformarlos en una arena gruesa que irá cambiando su textura a medida que le agrego los 2 huevos y la yema mezclados con la esencia de vainilla. Los 250 gramos de harina se unen fácilmente hasta conseguir un bollo liso y suave que, envuelto en una bolsa de nylon, dormita unos 15 minutos en la heladera.

Con la masa fría estirada sobre la mesa, Nacho cortó las estrellitas, los corazones, las lunas, los soles…

Miro hacia el otro lado, hacia lo que fuera el antiguo casco de esta estancia. Miro hacia el castillo. Si comenzara a caminar hacia la laguna sentiría las ramitas al quebrarse por las corridas de los jabalíes. El silencio mudo de este sendero lo hace un estallido de palabras.

El mate está medio lavado y rico. La caminata me trajo hasta el tanque del millón y me regaló esta vista fabulosa de una reserva tan mágica como misteriosa; quizá sea el Matusalén centinela del sur…  

Vuelvo mi mirada sobre el columpio de la plaza González, hamacando a Nacho con paciencia, poniéndole el gorrito cada vez que se lo quitara, cantando alguna canción o contándole alguna historia.

Las masitas de manteca huelen a la infancia de mis hijos, a las caminatas anochecidas por el Parque Luro, a los fogones crujientes de charlas entrañables, mientras al remover las brazas algún latido se iba encendiendo.  Huelen a ese nido que tanto entibié en La Pampa y que tanta trilla de emociones nos ha obsequiado.

La última gota no fue la última definitivamente. Un inusual  aguacero llueve sobre barrio Fitte y mientras saco las galletas de manteca del horno y Nacho juega cerca de mí, yo escribo estas líneas en imprenta sobre hoja cuadriculada para que algún día él lea lo que se le haya olvidado de su infancia. Y qué mejor, en ese instante, que tener a la mano una tibia receta para el alma.

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