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La entrada La Peña del Colorado: Un brindis por los que trabajan en este país, donde los políticos hacen siempre lo contrario se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Así fue como anduvimos por Tucumán, por Córdoba, por la provincia de Buenos Aires, y hace muy poco por Santiago del Estero.
En todos los casos nos maravillamos de encontrar a personas que a diario emprenden, arriesgan y siguen apostando al trabajo y a la producción a pesar de las adversidades que todos conocemos. En todos los casos hallamos un común enemigo: los gobernantes de turno, que despliegan políticas con permanente esquizofrenia. Es decir, con una suerte de doble personalidad: una que propone programas de desarrollo, pero en paralelo otra que no se ocupa de que haya seguridad jurídica, estabilidad económica, reglas de juego claras, previsibilidad, infraestructura, educación y capacitación, buenos caminos, trenes, seguridad policial, acceso al crédito y tanto más.
Esto me remonta al personaje “El Contra”, de Juan Carlos Calabró. Vieron que todos nos cruzamos con personas que van a hacer siempre lo contrario de lo que les pedimos, y que como no dejan de hacernos la contra, nos obligan a pedirles que hagan lo contrario a lo que nosotros deseamos que hagan, para que, finalmente, al hacernos la contra, hagan lo que nosotros queríamos que hicieran.
Así hemos llegado a escuchar que si les damos a las y los gobernantes mil ideas de cómo salir de la crisis, pues ellas y ellos se ocuparán de hacer todo al revés, porque de eso se trata: de impedirnos crecer, como cuando alguien nos pone un palo en la rueda, por envidia, celos o vaya a saber qué oscura motivación.

Alguien, con mucha malicia, demonizó al “campo” con una generalización odiosa e injusta. Nos resultó maliciosa, porque en el campo están los peones, los propietarios chicos, medianos y grandes, los ricos que lo son por su talento o buena suerte y algunos mafiosos que tienen mucho poder porque hacen trampa. De estos últimos, los hay en todos los sectores privados e incluso en el Estado.
El campo genera divisas, pero no logra agregar valor a través de la industrialización de la materia prima, que generaría mucho más. Seguimos siendo el granero del mundo. Todos queremos ganar más y nadie se negaría a agregar valor para aumentar sus ventas. Y de nuevo llegamos a la conclusión de que los gobernantes nos llevan a una inflación desmedida, a endeudarnos, a saber que es más seguro invertir en la especulación financiera que en el trabajo y la producción.
Tenemos pocas opciones. O comenzamos a proponer a los gobernantes que queremos más inflación, más inseguridad, más desigualdad, más pobreza, para ver si, por hacernos la contra, se equivocan y empiezan a hacer lo que verdaderamente necesitamos y queremos. O si no, deberíamos empezar a pensar en buscar otros caminos alternativos a la partidocracia, que más bien se ha convertido en “dedocracia”. No puede ser que todos los que pasan por nuestra casa de gobierno se equivoquen siempre en nuestro perjuicio y nunca hagan lo que cualquier ciudadano sensato haría.
Los invito a escuchar una obra poética y musical de excelencia, escrita por el poeta uruguayo, Horacio Ferrer, quien se aquerenció en nuestro país, la Argentina, y le cantó a esta cultura común, la rioplatense. La música es de Astor Piazzolla y la obra se titula Milonga del Trovador. La dedico a toda esa gente que sigue apostando desde muy temprano, al trabajo y a la producción, sabiendo que es nuestra única salida a la mayor crisis de nuestra historia.
Pero también se la dedico a los jóvenes que se están yendo de nuestro pago, en busca de un futuro mejor para sus vidas. A todos les deseo Feliz Año Nuevo y les dedico la bella versión del grupo vocal Cantoral junto a Rubén Juárez en voz y bandoneón. Y además, les dejo la letra para que la aprendan a cantarla en el mundo entero:
Milonga del Trovador
Letra: Horacio Ferrer / Música: Astor Piazzolla
A León Benarós
Soy de una tierra hermosa
de América del Sur,
en mezcla gaucha de indio con español.
De piel y voz morochas
vi en mi guitarra
que al mundo van las coplas, y me fui yo.
Con un rumor de nido
volaban tras de mí,
aquellos pañuelitos en la estación.
Pero soy peregrino
y a mi nostalgia
le canto así en la oreja del corazón:
Vamos a la distancia, sí,
que soy el trovador,
si la distancia llama,
yo jamás veré ponerse el sol.
Vamos a la distancia, ya,
y si no llego, amor,
vos le darás mi alma
de argentino y de cantor.
Mi casa es donde canto
porque aprendí a escuchar
la voz de Dios que afina en cualquier lugar,
ecos que hay en las plazas
y en las cocinas,
al borde de una cuna y atrás del mar.
Si en esta andanza un día
me espera la vejez,
ya mi niñez le hará la segunda voz;
y al fin con dos gargantas,
a mi agonía,
le cantaré en la oreja del corazón:
Vamos a la distancia, sí,
que soy el trovador,
si la distancia llama
yo jamás veré ponerse el sol.
Vamos a la distancia, ya,
y si no llego, amor,
vos le darás mi alma
de argentino y de cantor.
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]]>La entrada La Peña del Colorado: Los imperdibles curas musiqueros que influenciaron a Ariel Ramírez y su Misa Criolla se publicó primero en Bichos de Campo.
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Les recuerdo que la “Misa Criolla” liderada por el músico y pianista Ariel Ramírez fue lanzada en 1965 con el grupo Los Fronterizos, Jaime Torres, Chango Farías Gómez, Raúl Barboza, Luis Amaya, el coro de la Basílica del Socorro y una orquesta con instrumentos regionales. Simultáneamente Ariel compuso “Navidad nuestra” con letras del poeta Félix Luna -el autor de Alfonsina y el mar- y la incluyó en el lado B del disco de la Misa Criolla.
Pero pocos recuerdan que don Ariel recibió una enorme influencia de tres sacerdotes católicos: Alejandro Alberto Mayol, Antonio Osvaldo Catena y Jesús Gabriel Segade.
Mayol fue un cura futbolero, hincha de River, amigo del padre Carlos Mugica y junto a éste y al padre Catena integró el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo. Catena pasó los últimos diez años de su vida sacerdotal en Benito Juárez, provincia de Buenos Aires, donde creó el Grupo Pueblo de Dios y grabó toda la liturgia del año católico con ritmos folklóricos. Hasta le puso una bella letra religiosa a una melodía de un yaraví anónimo.
Mayol fue poeta, músico y quien irrumpió en la televisión cantando con sotana, su canción “La Creación” que decía: “Al crear la vaca, Dios hizo la leche, hizo el dulce `e leche, todo lo hizo bien”.
El Padre Alejandro ejerció el sacerdocio desde 1960 a 1969 y luego se casó y tuvo cuatro hijos. Compuso música e interpretó piezas teatrales, incluyendo canciones infantiles y sus Óperas cancheras. Compuso la obra folklórica “La Pasión según San Juan”, grabada por el Grupo La Fuente y representada en 1982 y 1985 en el estadio de Vélez Sársfield para 40.000 personas, en eventos organizados, en primer lugar por el Movimiento del Buen Viaje, y luego por su desgajado Ser.Cu.Po. (Servicio a la Cultura Popular). Mayol también creó “Sinfonía inconclusa en la mar”, en colaboración con el cantautor Piero, y sus obras trascendieron las fronteras de nuestro país, como la misma Misa Criolla que literalmente dio la vuelta al mundo.
En 1974, Mayol compuso la obra musical “Cantata Navideña Emmanuel”, que fue grabada por el conjunto folklórico Los Abrileños. Los invitamos a googlearla y disfrutarla en estos días. En 1985 compuso una ópera popular basada en la historia sobre la identidad nacional, titulada “La Patriada”, con el poema “Yo soy el bombo”, en el que el mismo bombo es quien nos relata la historia de nuestro país.
En 1990, Mayol compuso la obra “El hálito”. En 1992, grabó la comedia musical “El cachuzo rantifuso”, con letra de él y música de Piero, interpretada por Juan Carlos Baglietto, Piero y Marilina Ross. También fue autor de “Fe tropical”, un CD de cumbia interpretado por músicos tropicales, y de una cantata navideña que se representó en la Navidad del Milenio (diciembre de 1999) en el Obelisco de Buenos Aires, con Pedro Aznar, Teresa Parodi, Julia Zenko, Opus 4, Abel Pintos, Guillermina Béccar Varela y Chango Farías Gómez.

Fue autor del guión de los audiovisuales El changuito de Belén y Los cuadrados y los redondos, como de numerosos cuentos para niños y no tanto, al estilo de María Elena Walsh. Escribió: Cuentos para la vida que te mira (1989), El panzazo, Historia de una semillita, Las dos casitas, El dueño de la vida y El hijo que volvió (1977). También Zamba del grano de trigo, Pajarito de rastrojo, los tangos El alumni y la clave, y Mirón; el bolero Llaga, Zamba del Señor de Renca, Cha-cha-cha condicional, Bailecito del tío, y Las invasiones, chacarera.
Otros temas inéditos de Mayol: Las zambas El tractorista; Nostalgias de infancia; Zamba de la compañera; El camionero (tango); Don Romero; Ya llegó el tiempo `e la poda; Triunfo de la espera; La bruja Garrapata; Canticuento a barlovento; Cielito del aguacero; Huella de la palomita; Obertura por chamarrita; ¡Chamuyeta presente!; Conga mistonga; La salsa de Papirusa; Milonga canchera; Salamanqueando recuerdos (chacarera); Diálogo entre el poder y el sueño; Leyendo lunas (loncomeo); Don Quijote y Dulcinea de Indias (romance-guarania); El mestizaje (galopa); Bajo el horizonte de agua (cifra); Chayita de la reconquista; El entrevero (cifra); La Vuelta de Obligado (candombe); Los negros del corralón; Zambita para mi tierra; Chamamé de la buena leche; Chayita de los huerteros; Rap de los piojos; Murguita de los jardines; Huellita pa’ don Silvio Dessy, y mucho más para googlear.
Es evidente que la obra folklórica de los reconocidos sacerdotes Mamerto Menapace y Julián Zini abrevó en estos tres pilares que los antecedieron. Todos ellos bregaron por fortalecer la identidad de nuestro país, recatando los ritmos y géneros musicales de todo su territorio, elevando nuestra cultura con su talento y erudición.

El cura Segade repetía la frase del famoso San Agustín, de la ciudad de Hipona, África: “El que canta, reza dos veces”. A Catena lo apodaron “Osvaldo Armando Bochinche” porque le encantaba tocar música para hacer bailar a la gente, al igual que Mayol.
Les deseamos Felices Fiestas y no dejen de bailar. Les dedicamos la “Ranchera de los pastores”, de la obra “Emmanuel, cantata navideña”, del padre Mayol, interpretada por el tucumano Claudio Sosa y la mendocina Mónica Abraham:
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]]>La entrada La Peña del Colorado: Facundo Picone comparte el folklore surero tanto en París como en una casita de barro y caña que construyó en su querida Chascomús se publicó primero en Bichos de Campo.
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Sus antecedentes familiares han ido forjando en este artista la pasión por el folklore, la tradición, el gauchaje y el criollismo. Su padre, Guillermo (73), es también cantautor, compositor, guitarrista y fue muy amigo de Omar Moreno Palacios. En estos menesteres Facundo es un privilegiado, porque cuenta que don Omar, siendo también de Chascomús, se mudó de joven a la ciudad de Temperley, pero cuando regresaba a su pago natal, no dejaba de pasar por la casa de su amigo Picone.
Antes de eso, su bisabuelo llegó a la ciudad de Gándara, cercana a Chascomús, y puso un almacén de ramos generales, donde sabemos que nacieron las pulperías y las primeras peñas folklóricas. Eran lugares de encuentro en los cuales se comenzó a intercambiar la palabra, el canto y hasta la danza. Sus abuelos continuaron con el almacén y luego se mudaron a Chascomús, pero la música y el canto ya afloraron en el corazón y en las manos de su padre.
Cuenta Facundo que cuando apenas tenía ocho años ya tocaba la guitarra y luego su padre, Guillermo, lo mandó a tomar clases con el maestro Jorge Canosa, quien además le enseñó a leer música. Al año siguiente hizo su primera actuación artística en su escuela, para el día de la madre. Y desde entonces siguió presentándose en distintos escenarios y programas radiales. Formó un conjunto pero más tarde se lanzó como solista. Hoy sigue viviendo en Chascomús, está casado y tiene dos hijos.
En 2007 se ganó la admiración de Omar Moreno Palacios, quien decidió apadrinarlo. Fue ese año que editó su primer disco titulado “Cuadro Surero”, presentándolo en la Casa de la Provincia de Buenos Aires y luego en Chascomús. Ese mismo año el presidente de la Academia Nacional de Folklore, Antonio Rodríguez Villar, realizó una “Antología de la canción criolla” en la cual incluyó la milonga de Facundo, “El viento y la flor”.
En el año 2008 fue ternado para los premios “Santos Vega” en el rubro solista surero. Recibió también de las autoridades municipales de Chascomús un testimonio de honor por su aporte a la preservación y transmisión de nuestras tradiciones. Ha llevado su música a todo el país y al resto del mundo. En el año 2009 editó su segundo disco, “Huella de barra”, en el cual escribió unas palabras Marcelo Simón. Ese mismo año fue ternado para los Premios Atahualpa en el rubro solista vocal masculino de la “nueva hornada”.

En marzo de 2010 participó en la grabación del Martín Fierro, como el hijo segundo, trabajo que sería distribuido a todas partes del mundo con motivo del Bicentenario de la Nación. Fue seleccionado para representar a la Argentina en el Bicentenario, junto a grandes artistas, el día de la música, un 21 de Junio, en París, Francia. En el mismo año regresó a Francia a representar nuestra música folklórica en el festival “D´ile de France”.
Homenajeó a Alberto Merlo en el auditorio de Radio Nacional junto a los más importantes referentes de la música surera. Fue jurado en el certamen por canción inédita “Abel Fleury” y en el año 2017 recibió el premio “Cóndor de Fuego” en reconocimiento a su labor y su trayectoria.
Facundo es autor y compositor de “La pulpería” y de “Como en antes”; de la milonga “Arriando bichos”, es compositor y la letra es de su padre, Guillermo Picone, como también, de Cuadro surero.
En el terreno de su casa, Facundo se ha hecho con sus propias manos un ranchito de caña y barro con el fin de tener un espacio acorde para juntarse con sus amigos. Este artista cabal y de gran prestancia nos ha querido dedicar la milonga “Cuadro surero”, a través de la cual pinta su pago como si su guitarra y su voz fueran pinceles que colorean el aire de la pampa.
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]]>La entrada La Peña del Colorado: Abelardo Epuyén pasó su vida “tropiando” penas con las que supo crear bellas canciones cordilleranas se publicó primero en Bichos de Campo.
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Esa ciudad vio nacer en 1929 a Justo Abelardo Epuyén González, quien llegaría a ser uno de los máximos referentes de la canción cordillerana. Aprendió a tocar la guitarra a los 14 años y desde allí nunca dejó de cantar ni de hacer música y poesía.
Epuyén, era su segundo nombre, no su apodo ni su apellido, y se lo pusieron sus padres en honor a su ciudad natal. Luego lo apodaron “Pinocho”. Abelardo llegó a ser un hombre grandote, rubión, de ojos claros, bien gringo, siempre de bombacha, sombrero y cuchillo. De enormes y curtidas manos, con las cuales tocaba muy bien las cuerdas de su guitarrón.
Sabía bien sobre lo que escribía y componía. Alguien que lo conoció, lo describe así: “Vivía con su madre en las cercanías del campo del turco Tufí Breide, gran jabalicero como él. Tenía un campito y se rebuscaba la vida alambrando, arriando su hacienda, sembrando, cosechando, y sobre todo guapeándole a esa vida patagónica tan dura y agreste”.
En sus primeros años las rancheras y las milongas conformaban gran parte de su repertorio, interpretado en cumpleaños, casamientos y fiestas camperas. Compuso unas 100 canciones con letra y música propias, en ritmos de cuecas, zambas, estilos, gatos, chacareras y loncoméos.

Abelardo fue llegando con sus canciones a los escenarios de Esquel, Comodoro Rivadavia, Trelew, hasta llegar a tocar en gloriosas peñas de la Capital Federal, como el Rancho de Don Fernando Ochoa, El Palo Borracho y El Hormiguero allá por la década de los 70. Estuvo un tiempo viviendo y trabajando en el campo de Cafrune, en la provincia de Buenos Aires.
En 1965 grabó cuatro canciones de su autoría en un disco de vinilo simple: Cazando Jabalí; Tropiando Penas; Mi arroyo; y De Los Lagos. También le pertenecen: Quimey tripanto, Hueley Ñarqui, La araucaria, Damajuana de 10, El chiverito, La gualjainera (cueca), La lelequera, Jabaliceando, Respirando tierra, Mi zaino negro y muchas más.

En una noche trágica, al salir de un boliche en la ciudad de El Bolsón, Abelardo discutió fiero con otro paisano, ambos pasados de copas, y allí nomás lo ensartó con su daga. Luego llegó la Policía, y fue encarcelado en Bariloche, donde falleció el 11 de diciembre de 1978. “Dicen que el alma de aquel guitarrero, surero de ley, volvió a ser libre”, escribió alguien.
Han cantado y cantan la obra de Don Abelardo: Pancho Quilodrán, Cholo Barriga, Efraín Azocar, Edgardo Lanfré, Nelson Ávalos, Miguel Trafipán, Chele Díaz, Eduardo Paillacán, y hasta últimamente Facundo Picone, de los pagos de Chascomús.
Dijo Christian Valls: “Sus canciones sobrevivieron a la tragedia; muchos años después se reinventan a sí mismas y siguen en la tarea de sumarle belleza a la cordillera”.
Les compartimos la letra de uno de sus temas más profundos, que es una apología o defensa, del alma nochera:
Tropiando Penas
Mas me gusta andar de noche
son mañas que tengo yo.
Si a veces pa´ mí, la luna
alumbra mejor que el sol.
No me gusta noche oscura
enlunadita es mejor,
Las penas que voy arriando
me dan trabajo, señor.
LLevo una tropa de penas,
por el camino que voy,
puede ser que venda alguna
si es que encuentro comprador.
Las traigo de hace mucho tiempo,
por eso son de valor.
Nunca pude vender una
y son muy hondas, señor.
Mas me gusta andar de noche
son mañas que tengo yo.
Y les queremos dejar también su canción más popular: “Cazando jabalí”
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]]>La entrada La Peña del Colorado: Don Osvaldo Sosa Cordero expresó en sus canciones el alma de sus paisanos del litoral se publicó primero en Bichos de Campo.
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Don José Osvaldo del Socorro Sosa Cordero nació un 6 de julio de 1906 en Concepción del Yaguareté Corá, Corrientes, y allí se nutrió de todo el paisaje y la cultura de los paisanos de los esteros correntinos. Pero aún siendo niño se trasladaría a vivir a Buenos Aires, donde también el tango lo cautivó.
Contó que de niño le dijo a su padre: “Yo quiero ser bohemio”.
Sosa Cordero fue poeta, autor, músico, compositor, dibujante, escritor y periodista. Comenzó escribiendo parodias, luego sátiras, espectáculos folklóricos y comedias musicales para diversas obras de teatro de Buenos Aires y de Corrientes.

En 1940 realizó una muestra plástica de sus dibujos sobre “El Tango en caricatura”. Autor de Cambá cua, Alma Guaraní, Juan Payé, A mi viejo Taragüí, Litoraleña, La Chonga, Naranjerita, Nendivei, Correntina y la polca Mi provincia guaraní, entre otras. Escribió la pieza Anahí, sobre la leyenda de la flor del ceibo, que fue incorporada al repertorio escolar de la Argentina desde el año 1943 e interpretada varias veces por el Coro del Teatro Colón.
Fue autor de más de 250 canciones de folklore y tango: chamamé, candombe, milonga. Escribió Charol, Café, Pialando Leguas, Yo llevo un tango en el alma, y mucho más. Produjo libretos y animación de audiciones para radio y televisión. Musicalizó el film Tierra extraña. Fue el primer director de cultura de Corrientes. Junto a Waldo Belloso grabó en 1967 la obra conceptual Kurundú (amuleto).
Cansado de ver tanta desvaloración por el género chamamecero, organizó el primer simposio de chamamé en la ciudad de Posadas. Integró el directorio de SADAIC, la Junta de Estudios Históricos de Santiago del Estero y la Academia Argentina de Idioma Guaraní. En 1985 recibió el premio Konex y es considerado entre los mayores autores de la poesía folklórica nacional.

Don Osvaldo falleció en Buenos Aires el 19 de septiembre de 1986. Hoy, el escenario del Anfiteatro “Tránsito Cocomarola”, de la ciudad de Corrientes, lleva su nombre. Los invitamos a disfrutar uno de sus poemas, que revela su conocimiento y pasión por el paisaje y la cultura del paisano de su amado Litoral.
La tarde filtra zafiros / sobre el sueño de los pastos. / Un abanico de teros / se agita sobre el pantano.
Se mezclan grises y añiles / bajo el alero del rancho / donde un paisano que puso / su jornada sobre el campo / pulsa una vieja cordiona / y con ella sigue arando.
Los hondos ojos se beben / En silencio aquel ocaso: / La agreste polifonía / Le penetra hasta las manos / Y van los dedos entonces / Apretando y apretando / Como requiriendo el zumo / De algún motivo increado.
Y allí el estero y el monte / Con su prodigio de pájaros / Y el mugido y el relincho / Y el palmar y los naranjos.
Caballitos invisibles / Van galopando en los bajos / Y un son dulce y primitivo / Sale volando hacia el campo.
Hombre, paisaje, sosiego, / Todo es uno, amalgamado / Para dar en chamamé / Lo que callan mis paisanos.
Chamamé De Osvaldo Sosa Cordero
Los despedimos invitándolos a escuchar una joya, llena de nostalgia: “Quedó mi corazón allá en Corrientes”, de Don Osvaldo Sosa Cordero y Edgar Romero Maciel, interpreta por Rodolfo María Regúnaga.
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]]>La entrada La Peña del Colorado: Josué Escudero, el agrónomo cantor que sueña grabar un disco con sus hijos mientras promueve las aplicaciones selectivas en Las Lajitas se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“Mi mamá tocaba la guitarra y cantaba, y toda mi familia materna tenía íntima relación con la música. Yo recuerdo que a mis 6 años quería rasgar su guitarra, y a los 9 ya cantaba y tocaba. Mi papá siempre tuvo mucho oído y fue quien me enseñó a interpretar, a leer las letras para poder entender lo que iba a decir con mi canto, y a poder transmitir mejor, lo que el autor quiso decir”, explica Josué. Cuando cumplió 16 años conformó el cuarteto Los Jilgueros, con amigos de toda la vida.

Decidió ir a Tucumán, a estudiar agronomía, en la UNT y, mientras tanto tuvo que trabajar. A partir de allí comenzó una vida con una marcada vocación de artista folklórico, en el canto y en la música, pero además, comprometida en lo social con el prójimo más desvalido, creando una fundación de asistencia a los niños desnutridos. También se abrazó a su profesión de ingeniero agrónomo, que hasta hoy le apasiona tanto como el folklore.

En sus años de universitario en Tucumán, aprovechó su amor por la música folklórica y se vinculó para cantar con Los Hermanos Paz, con Chaleco Padilla, con “Alico” Díaz, y hasta con el reconocido cantor lírico Ramón “Monchi” Poliche. Durante unos años integró el grupo Los de Jujuy, siempre aclarando con picardía que era el único salteño. Luego integró el cuarteto vocal e instrumental “Querencia”. Editaron el disco “Esto es Querencia”, y se presentó en un teatro junto al guitarrista Gerardo Macchi Falú y al poeta Jorge Díaz Bavio. Más tarde grabó dos discos como solista: “Ya que han pedido que cante” y “Sangre gaucha”. Y uno más, a dúo, con Pucho González: “Coplas de ausencia”.
En cuanto a su vida profesional, se recibió de ingeniero agrónomo en 1993 y su primer trabajo fue para una empresa en Las Lajitas, Salta, como vendedor de insumos agropecuarios y compraba cereales. En 1998 pasó a otra empresa, Agricultores de Anta, haciendo el mismo trabajo, pero luego lo pasaron al departamento de producción agrícola. Fue en ese momento que decidió ser asesor técnico de empresas de modo independiente, tarea que realizó hasta el año 2012. Simultáneamente, también asesoró a una sociedad de Salta y Jujuy, que producía soja y maíz en Paraguay.

Pero cuando dejó de viajar, junto a su amigo y colega Fernando Battistella, armó su propia empresa, Escudero-Battistella y Asociados SRL, con la que ambos brindan servicios de asesoramiento técnico, de pulverización terrestre, total y selectiva, y administran y participan en sociedades de siembra. Los dispositivos de pulverización son los de Weedit, que leen la presencia de clorofila, y los de Weedseeker, que leen el índice verde. Esta tecnología permite un ahorro del 85% en el gasto de insumos y minimiza el impacto ambiental.
Cuenta Josué que en Las Lajitas ya hay algunas empresas que están haciendo Siembra Variable a gran escala. Y también varias están incursionando ya en la Fertilización Variable.

Dijimos que Josué, además, siempre tuvo un perfil solidario y de compromiso social: fue socio fundador de la Fundación Nutrir Salta, desde la que luego participó en la fundación del primer Centro CONIN en esa provincia. Luego fue presidente de “Fundación Nutrir Anta”, que tuvo un Centro CONIN en Las Lajitas y que funcionó durante 10 años, llegando a tener en asistencia permanente, a casi 100 niños.
Es bueno destacar que Josué fue muy amigo del periodista Carlos Bonduri, quien tuvo un memorable programa de TV llamado “Salta a la olla”. Los hermanos de este periodista crearon en Buenos Aires una marca de empanadas y locro, “La Casa de Salta”, siendo auténticos embajadores salteños en la gran ciudad. Desarrollaron una cadena de franquicias que vendían empanadas de masa casera, amasada con pimentón, y carne cortada a cuchillo, y un locro bien pulsudo, pero con un cuidado nivel de grasa y con ingredientes de buena calidad, que se ganaron el paladar de las clases media y alta. Hasta el Hotel Sheraton del barrio de Retiro ofrecía sus exquisitos productos criollos.
Josué vivió cuatro hitos en su historia artística: en 2003 César Isella lo invitó a cantar con él, en el escenario del festival de Cosquín y no se pudo negar. En 2007 cantó en público junto a Don Abel Mónico Saravia. Tampoco pudo, en el año 2008, rechazar la invitación del Chaqueño Palavecino, a cerrar con su espectáculo, el festival de Jesús María, donde cantó ante 40.000 personas. En 2017 cantó “Plaza 9 de Julio”, en el espectáculo “Notables”, en Salta, junto a Juan Carlos Saravia, quien además habló de su padre, porque fueron amigos.

También en 2007 Josué hizo realidad un sueño: el de grabar un disco junto a sus hijos. Pero la menor de los seis, era muy pequeña para cantar. De modo que sueña con grabar otro, esta vez con sus 6 hijos cantando junto a él. Y tiene dos sueños más, que pronto hará realidad: grabar un segundo disco con Pucho González, y además, anda con muchas ganas de grabar este año otro disco como solista.
El 17 de agosto pasado Josué cumplió 30 años de casado con Adela Merello Cornejo. Su hijo Josué, el mayor, es “millennial” y ya es ingeniero agrónomo. Se dedica a la agricultura de precisión para una importante empresa que tiene la representación de una famosa marca de maquinaria agrícola en Salta y Jujuy. Le asombra que su hijo tiene en su teléfono, en tiempo real, muchísima información del trabajo que van realizando cada una de las máquinas.

Dice Josué que tiene la esperanza de que algún día podrá concretar un viaje a alguna playa, con su familia completa, incluyendo a sus yernos y nueras. Esta vez decidió celebrar su aniversario de casado con un viaje de paseo a Ushuaia con su esposa, hace pocos días.
Josué nos despidió dedicándonos “Tal vez”, una canción interpretada por él mismo en guitarra y voz, cuyo autor y compositor es Martín Alemán Mónico.
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]]>La entrada La Peña del Colorado: Otro saber misterioso del campo argentino lo llevan consigo “los cortadores de tormentas” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Volvemos a tomar como base un reportaje que el periodista Ernesto Cepeda le hizo al maestro rural y escritor tucumano Octavio Cejas (qepd), en la Revista Producción Agroindustrial del NOA, en el que Cejas habló de los temas que trató en su libro El Tukma mágico. Esta vez, sobre Los Cortadores de Tormentas. Transcribimos el fragmento sobre el tema:
“Intuitivamente, el campesino sabe que no debe teorizar con su hijo, la enseñanza es empírica, se predica con el ejemplo, hablar poco, hacer y repetir, ese es el tema. En mis andanzas, que no son destructivas, sino de documentalista, investigador, simple curioso, encontré en Simoca, al Chacho Ocaranza, un ‘cortador de tormentas’, curiosa profesión de unos pocos elegidos.

Y viene al caso recordar que en Cosquín, para todas las noches del famoso festival, tienen (Nota: suponemos que ya no tendrán…¿?) preparado a uno de estos especialistas, para que el espectáculo no se agüe. Una vez asumió sus funciones una nueva comisión organizadora que decidió dejar de lado tales ‘supersticiones’; les llovió de tal manera durante dos noches seguidas, que tuvieron que salir desesperados a buscar al cortador de tormentas (Octavio se ríe).
Ocaranza, como todos estos personajes cuasi mágicos, jamás me reveló sus secretos, pero accedió a describirme el procedimiento. Lo primero es munirse de un mortero de palo, cuya boca debe apuntar hacia el lugar de donde viene la tormenta, y allí se le clava un hacha en cruz, al tiempo que se reza y dicen algunas frases especiales.
Estos conocimientos son transmitidos desde épocas ancestrales, y ‘en artículo mortis’, es decir, cuando la persona dotada siente que va a morir, si no se cumple con este requisito, o la persona elegida para receptar las facultades no es digna, el poder se pierde irremediablemente.
Vea Ernesto, con el tiempo he aprendido que en el campo no siempre dos y dos son cuatro, a veces es tres, o cinco, y hay que creer o reventar”.

Cuenta Enrique Pfaab, en la Revista UNO, que en el campo “Tampoco faltaba la ristra de ajos colgada de algún clavo o del tirante… para amortiguar el temporal y fundamentalmente para ahuyentar la tormenta ‘eléctrica’”.
Bastaba que el cielo se nublara para que las abuelas comenzaran a esconder las tijeras, cubrir los espejos con sábanas y “apagar” la radio por temor a que algún rayo la quemara o terminara matando al locutor. Como por aquellos años tampoco teníamos una información muy precisa sobre meteorología, lo más seguro era guarecerse en algún lugar donde ya hubiera caído algún rayo, puesto que las estadísticas de nuestros antepasados señalaban que los rayos no caen dos veces en el mismo lugar”.

Se solía cortar las tormentas con rezos y bendiciones. Se echaba sal gruesa sobre la tierra -muchas veces frente a la puerta del rancho- formando una cruz y se clavaba un cuchillo en el medio o un hacha. También se solía acostar el mortero con su boca mirando a la tormenta y se le cruzaba el palo para que la desviara, “para errar la tormenta”, como aún dice Nelly Rojas, de la localidad de Weisburd, Santiago del Estero.
Pero no es esa la única función mágico-religiosa de esa herramienta ancestral de la alimentación. También se cuenta que en el Litoral argentino, las mujeres que no querían que sus hombres no les “metieran los cuernos” o “gorrearan”, es decir, que no les fueran infieles, les quitaban el sombrero durante su siesta a éstos, y lo golpeaban contra el mortero. Ese mismo mortero que se erguía como utensilio de cocina, para moler los cereales, como la algarroba para preparar el patay o la añapa, el mistol para preparar el bolanchao, el maíz para la mazamorra o el anchi, el ají del monte para endiablar las comidas, o majar el charqui para preparar un charquicán o una empanada. Ese mismo mortero, que tomó siempre vuelo mágico para intentar dominar a la naturaleza o a los hombres, como también la sal que nos da vida y está siempre en las cocinas.

El hacha, el cuchillo, también se tornan mágicos. Tal vez todas las cosas puedan ser simple utensilio o herramienta y, a la vez, puente mágico hacia el misterio. Como el mismo árbol ancestral y sagrado, del algarrobo. Quién sabe qué fue de los Cortadores de Tormentas?
Nos despedimos con el chamamé Avío del alma, de Julián Zini y Julio Cáceres, interpretado por Los de Imaguaré, con recitados del poeta Julián Zini que, cual chamán, supo describir ese algo más de las simples cosas.
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]]>Es que, su hija, la prestigiosa cantante folklórica Marité Berbel, a principios del año 2020, ordenando papeles de su padre fallecido el 9 de abril de 2003 en su provincia natal, Neuquén, halló el poema escrito de su puño y letra, pero inédito, al que tituló “Colmenero”.
Resulta que Marité es amiga del poeta y apicultor (y colmenero) de Allen, Río Negro, Bernardo “Lalo” Martínez, al que un tiempo antes le habíamos hecho una nota en Bichos de Campo.
Sabores y saberes: Lalo Martínez endulza su vida entre danzas, miel y poesía
Marité encendió un audio de Whatsapp, lo leyó y se lo envió grabado a su amigo Lalo. Con Lalo nos quedó una profunda amistad por nuestra común pasión por el folklore e inmediatamente me envió el audio de Marité. Fue tal mi emoción ante la excelsa belleza del poema, que le pedí a Lalo el teléfono de Marité y le pedí permiso para compartirlo con la audiencia y honrar a los apicultores. Ella aceptó con total generosidad. Pues bien, llegó el día esperado y acá les compartimos los audios de Marité.
Primero el recitado de Colmenero:
Y luego la historia de este poema:
Agradezco a mi amigo Lalo, a él se lo dedico por ser apicultor, y con él a todas y todos las y los “colmeneros” del mundo, que eligieron tan apasionante y sacrificado oficio.

Me tomé la licencia de desgrabarlo a mi manera, sin saber cómo distribuyó los versos el poeta. Ya conseguiremos que Marité nos envíe foto del texto para ver cómo lo redactó él, en cada verso y cada estrofa. Aquí sólo lo pasamos por escrito para que puedan apreciar cada sublime metáfora del gran poeta patagónico.
Colmenero
Colmenero, acopiador de primaveras
sabedor de los secretos
de la reina y de la obrera,
y del mundo pequeñito
que palpita en la colmena.
En un cofre de dulzuras y de cera
hay un sueño de panales,
que ellos cuidan y tu sueñas,
y que silva entre tus labios
cuando zumban las abejas.
Habrá un vuelo nupcial y, por el vuelo,
partirán las princesas hacia el cielo
y las flores del jardín y las silvestres,
como ayer, sentirán un beso nuevo.
Una antigua tristeza, siempre en celo,
se te irá por los ojos, Colmenero.
Porque el tiempo junta el sol y lo hace polen,
arcoíris de la vida, donde nacen los colores,
te enamora las abejas y te roba sus amores.
Un perfume de miel rubia anda en tus manos,
prisioneras del enjambre,
el que nutre de veranos
a la ninfa, la celdilla,
que está viva, y es tu arcano.”
Marcelo Berbel

Nota: Marcelo Berbel nació el nació el 19 de abril de 1925 en Plaza Huincul, Neuquén. Poeta, escritor, compositor y músico folklorista de la Patagonia. Hijo de Juan Berbel y de María Teresa Arriagada, natural del Neuquén descendiente de mapuches. Falleció el 9 de abril de 2003 en su provincia natal. Fue uno de los poetas más influyentes de la región patagónica. Compuso los himnos oficiales de la provincia del Neuquén, “Neuquén Trabún Mapu” y de su capital, “Regreso al Ayer”, el primero junto al compositor Osvaldo Arabarco. Sus canciones han sido interpretadas por reconocidos artistas como Cafrune, Larralde, Gieco, Malón y Rubén Patagonia. Compuso algunos temas con autores, como el poeta Pablo Neruda.
Alguna vez dijo de sí mismo “Mi política es celeste y blanca y mi patria son los mapuches”. 2Padre de los integrantes del dúo Hermanos Berbel, conformado primero por Néstor Armando Berbel (“Guchi”) y Hugo Marcelo Berbel (“Chelito”) y luego de la muerte de “Guchi”, por “Chelito” y Marité Berbel, logrando todos ellos, llevar su música a tantos escenarios nacionales como del extranjero. (Fuente: Wikiepdia)
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Cuenta el “Coya” Chavero: “El Tata quedó huérfano de padre a sus 13 años de edad. Antes de esto, para poder recibir clases de guitarra de Bautista Almirón, le cuidaba a éste los rosales de su jardín. Después, como relata él mismo, fue “pinche” de escribanía, corrector del periódico La Verdad de Junín, y hasta peón rural en Entre Ríos. Cuando huyó a Uruguay –a causa del fracaso del alzamiento en contra del general Uriburu- se dedicó, junto al tucumano Germán García Hamilton, a amansar caballos, en la ciudad de Durazno. Al regresar a su país hizo de todo para sobrevivir. Cuando se fue a Tucumán, para conocer su país y a sus paisanos, peló cañas, fue panadero, hachero, cargó bloques de sal, trabajó de picapedrero en una cantera, de arriero en la cordillera, y en Bolivia trabajó en las minas”.
“Obviamente mi Tata no se eternizaba en esas tareas –continuó el Coya-, pero le servían para conocer la vida de quienes vivían de hacer esos trabajos. Y no hay que olvidar que en su infancia campesina tomó contacto con todos los oficios de la llanura pampeana. Además, en su segundo exilio, en Europa, conoció a los campesinos húngaros, que se parecen mucho a los nuestros en sus costumbres. Más tarde en el norte de África, conoció a los ‘hombres azules’, expertos jinetes y guerreros, y compartió con ellos alguna celebración. También recordemos su paso por Santiago del Estero y Salta, donde conoció a los hacheros y musiqueros campesinos, como también a los cañeros de Tucumán, donde vivió”.

“‘Yo me he criao a puro campo’ escribió mi Tata –siguió contándome el Coya, y me describió su propia crianza para mostrarme la vida rural que llevó junto a Don Ata-. Yo viví una maravillosa niñez en Cerro Colorado, junto a mi padre: la chata carguera -vehículo de carga de nuestros mayores-, los montes, el río con sus crecidas y su lecho seco en los años `50, las víboras, los chelcos (lagartijas, en quichua), los pájaros, las historias del almacén de los Argañaraz, o el de don Justo; pumas y chanchos del monte, caballos baguales y hacienda cimarrona, los obrajes en los montes del Chaco santiagueño, las noches de luna llena y las de luna nueva en que casi podíamos acariciar las estrellas. Hoy quiero honrar esa vida, sin agua corriente (buscábamos agua en el río hasta que se cavó el pozo), sin electricidad, sin juguetes, sin radio, ni televisor, ni auto”.
Yupanqui fue un profeta del paisaje, porque anunció al mundo su mensaje, el mansaje de la Tierra para el hombre. Y ese fue el mensaje que nos trajo de la lejana hondura de la Tierra y del universo. Don Ata anima -le pone alma- y humaniza al paisaje. En su obra es el paisaje mismo que le habla al hombre. Atahualpa no sólo le canta al hombre, de hombre a hombre, y no sólo le canta como hombre al paisaje, sino que interpreta lo que el paisaje le dice al hombre, a él mismo y a todos los hombres: “Yo no le canto a la luna… Yo he visto a la luna buena “besando” el cañaveral”. “Tú que puedes, vuélvete! Me dijo el río llorando. Los cerros que tanto quieres – me dijo – allá te están esperando”.

Les compartimos una selección de coplas donde Yupanqui cuenta sus oficios rurales:
Coplas del payador perseguido
Eso lo llevo en la sangre
dende mi tatarabuelo.
Gente de pata en el suelo
fueron mis antepasaos;
criollos de cuatro provincias
y con indios misturaos.
Mi agüelo fue carretero,
mi tata fue domador;
nunca se buscó dotor
pues se curaban con yuyos,
o escuchando los murmullos
de un estilo de mi flor.
Trabajé en una cantera
de piedritas de afilar.
Cuarenta sabían pagar
por cada piedra polida,
y era a seis pesos vendida
en eso del negociar.
Apenas el sol salía
ya estaba a los martillazos,
y entre dos a los abrazos
con los tamaños piegrones,
y por esos moldejones
las manos hechas pedazos.
Otra vez fui panadero
y hachero en un quebrachal;
he cargao bloques de sal
y también he pelao cañas,
y un puñado de otras hazañas
pa’ mi bien o pa’ mi mal.
Cansao de tantas miserias
me largué pal Tucumán.
Lapacho, aliso, arrayán,
y hacha con los algarrobos.
¡Por dos cincuenta! Era robo
pa’ que uno tenga ese afán.
Sin estar fijo en un lao
a toda labor le hacía,
y ansí sucedió que un día
que andaba de benteveo
me topé con un arreo
que dende Salta venía.
Me picó ganas de andar
y apalabré al capataz,
y ansí, de golpe nomás
el hombre me preguntó:
¿Tiene mula? Cómo no
le dije . Y hambre, de más.
A la semana de aquello
repechaba cordilleras,
faldas, cuestas y laderas
siempre pal lao del poniente,
bebiendo agua de virtiente
y aguantando las soleras.
Tal vez otro habrá rodao
tanto como he rodao yo,
y le juro, creameló,
que he visto tanta pobreza,
que yo pensé con tristeza:
Dios por aquí no pasó.
Se nos despeñó una vaca
causa de la cerrazón,
y nos pilló la oración
cueriando y haciendo asao;
dende ese día, cuñao
se me gastó mi facón.
Faltar, no faltaba nada:
vino, café y alpargatas.
Si habré revoliao las patas
en gatos y chacareras.
Recién la cosa era fiera
al dir a cobrar las latas.
¡Qué vida más despareja!
Todo es ruindad y patraña;
Pelar caña es hazaña
del que nació pal rigor.
Allá había un solo dulzor
y estaba adentro e’ la caña.
Riojanos y santiagüeños,
salteños y tucumanos,
con el machete en la mano
volteaban cañas maduras,
pasando sus amarguras
y aguantando como hermanos.
¡Rancho techao con maloja,
vivienda del peleador!
En medio de ese rigor
no faltaba una vihuela,
con que el pobre se consuela
cantando coplas de amor.
Yo soy del norte y del sur,
del llano y del litoral;
y naide lo tome a mal
si hay mil gramos en el kilo.
Ande quiera estoy tranquillo
pero ensillao, soy bagual.
Les dedicamos Milonga del peón de campo, letra de Atahualpa Yupanqui y música de José Razzano.
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]]>La entrada La Peña del Colorado: El curador de sembrados con la palabra, otro personaje sorprendente de los entornos rurales se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>El escritor Alejandro Dolina, en su libro “Crónicas del ángel gris”, refuta a los ´refutadores de las leyendas´, quienes -dice- “no se limitan a demostrar que el mundo es razonable y científico, sino que también lo desean, y ese es su mayor pecado”. Por eso será que se escuchan explicaciones del tipo de “la luz mala sale del fósforo de las osamentas”; o “la leyenda del perro negro en los ingenios tucumanos, tiene origen en la leyenda inglesa del lobizón”; o “la del Cacuy, en Santiago del Estero, es la versión criolla del mito de Caín que mató a Abel, su hermano, en la Biblia”. ¡Pero qué lindo es soñar despiertos, soñar con las leyendas!
Habíamos comenzado con un texto sobre “Los componedores de caballos”, del libro El Tukma mágico, del maestro rural Octavio Cejas (QEPD), quien un día salió a grabar a la gente de su provincia, sobre lo sus experiencias fantásticas en el campo. En esta ocasión elegimos a los “curadores de sembrados”.
Pareciera que a medida de que avanza el progreso y el cálculo racional, las máquinas robotizadas y los drones en el campo, tenderían a desaparecer estos personajes mágicos. Fue famoso un debate de un cura jesuita, acusado de creer en la magia. Pero el cura se defendió argumentando que su comentario era científico porque había pruebas de que la mente humana podía influir sobre cosas y personas a kilómetros de distancia.
Sea así o no, lo cierto es que sigue siendo muy común, en pleno tercer milenio, que cuando a una persona le diagnostican una enfermedad terminal, sus familiares o ella misma, recurren a un cura sanador o a una curandera. Todo misterio será tal hasta que se demuestre lo contrario.
Hay personas que heredan habilidades especiales de sus mayores. Hay rituales especiales para su transmisión. Y ejercen un oficio que no debe ser rentado sino gratuito. No pueden contar los secretos de su habilidad. Algunos mueren sin habérselo pasado a alguien, siempre a través de un ritual estricto. Ronda lo mágico-religioso con halo de misterio. ¿Será que siempre será así, como las noches de luna llena?.
“En cambio Brizuela, un setentón que vive en Los Córdoba, departamento Río Chico, al sudoeste de la provincia de Tucumán, es ‘curador de sembrados’. Lo busca mucho la gente de la zona, en época de siembra de papa, tomate, pimiento, o cuando la plaga amenaza una cosecha. Yo mismo lo he visto ejercer su ‘oficio’ en Santa María y en Las Mesadas, en campos de papa semilla, y es impresionante. Llega al campo, plagado, de día o de noche, y camina todo el cerco sin compañía alguna – en eso es inflexible – mientras murmura cosas que nadie entiende. Amigo, créalo o no, al poco tiempo la plaga se va, y usted ve los gusanos caídos, muertos, como después de una batalla!” (Extractado y adaptado de El Tukma mágico. Autor, Mario Cejas).
Es curioso que avanza el cálculo científico y técnico acompañado de un desenfrenado afán de lucro que contamina el planeta y trata a la naturaleza como inferior a las personas, de modo contrario al modo religioso como la consideraban los pueblos originarios. Y además, promueve la superproducción de alimentos, pero estos sólo llegan a ser consumidos por una minoría, condenando al hambre a millones de personas. También resulta curioso que un gran movimiento mundial de personas civilizadas vuelven a sacralizar a la Tierra, llamándola “Madre”, como lo hacían los antiguos, y en Argentina lo hacen en lengua quichua, llamándola “Pachamama”.
Lo que es indiscutible, es la intención sanadora, desprendida del lucro, y con el espíritu comunitario que estos personajes misteriosos, como los antiguos chamanes, se siguen manifestando de modo ejemplar en la ruralidad.
Elegimos la canción Siembra, compuesta por el grupo Rialengo, que además fue animada en videoclip por Édgar Álvarez, dentro de un movimiento por volver a respetar a la Naturaleza.
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