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las flores – Bichos de Campo http://wi631525.ferozo.com .:: Periodismo que pica ::. Thu, 27 Aug 2020 12:31:45 +0000 es-AR hourly 1 https://wordpress.org/?v=5.8.13 http://wi631525.ferozo.com /wp-content/uploads/2018/06/cropped-mosca-32x32.png las flores – Bichos de Campo http://wi631525.ferozo.com 32 32 Juan Cruz Ramallo cría Pura Sangre y espera con ansias la apertura de los hipódromos: “Hay un nivel redistributivo muy grande detrás las carreras” http://wi631525.ferozo.com/juan-cruz-ramallo-cria-pura-sangre-y-espera-con-ansias-la-apertura-de-los-hipodromos-hay-un-nivel-redistributivo-muy-grande-detras-las-carreras/ Thu, 27 Aug 2020 12:31:45 +0000 https://bichosdecampo.com/?p=45700 La industria hípica en Argentina no lo está pasando nada bien en pandemia y espera con ansiedad que, probablemente en septiembre reabran los hipódromos de Palermo y de San Isidro, con los cuidados y protocolos necesarios. La preocupación no es para menos, ya que por lo menos 80 mil puestos de trabajo dependen de esa […]

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La industria hípica en Argentina no lo está pasando nada bien en pandemia y espera con ansiedad que, probablemente en septiembre reabran los hipódromos de Palermo y de San Isidro, con los cuidados y protocolos necesarios. La preocupación no es para menos, ya que por lo menos 80 mil puestos de trabajo dependen de esa actividad. En esta larga cuarentena esos costos se mantuvieron, pero sin generar ingresos.

Juan Cruz Ramallo está en la base de esa pirámide. Cría caballos pura sangre en su haras El Doguito, ubicado en la localidad bonaerense de Las Flores. En diálogo con Bichos de Campo resaltó que “la actividad de haras, cría y deporte genera una mano de obra impresionante”, 

Para Ramallo, “la cuarentena fue un palazo terrible para la actividad, aunque la parte productiva y de entrenamiento de los haras pudieron seguir manteniéndose, porque son animales y deben continuar con actividades como el vareo diario para evitar cólicos. Pero se necesita cierta recuperación económica también”.

-¿Y de dónde vienen los ingresos?

-La parte de premios en hipódromos derrama, no sólo a una persona (el dueño del caballo) sino al resto de la gente que depende de la actividad. Hay un nivel redistributivo muy grande en las carreras, y eso se complicó- explicó Ramallo.

Mirá la entrevista completa a Juan Cruz Ramallo:

La mayor producción de caballos pura sangre de carreras se realiza, con cerca del 70% de los ejemplares, en la provincia de Buenos Aires, con San Antonio de Areco y Capitán Sarmiento como principales lugares de referencia. Pero también hay haras en el sur de Santa Fe, sur de Córdoba, sur de Entre Ríos, La Pampa y San Luis. A nivel nacional son un total de 425 haras, donde nacen aproximadamente 6 mil crías por año.

“Somos el quinto productor de caballos a nivel mundial, y en esas zonas de producción las condiciones de clima y suelo ayudan a desarrollar las capacidades deportivas de los caballos”, manifestó Ramallo.

Esta pasión por criar caballos es, según Ramallo, “una mezcla de hobby, estilo de vida, amistad y muchas veces es una pasión heredada de algún familiar. En mi caso, yo quiero mucho esta actividad por mi abuelo. Hay mucho de tradición a través de esto”. En otro tramo de la charla confirmó que la mayoría de los que se vuelcan a producir caballos de carrera “lo hacen más por amor y pasión que por rédito económico”.

Ver: Santiago Ballester cría caballos de polo en San Luis: Como todo el sector ecuestre se ilusiona con un regreso a las pistas y las canchas a partir de septiembre

-¿Y cuándo te paga esa pasión volviéndose un negocio?

-Cuando te quedás con el caballo y corrés con el en los hipódromos. Te pongo un ejemplo burdo: si querés hacer un establecimiento de cría, agarrás un campo pelado y tenés que poner los postes, alambrados, pasturas, veterinarios, albañiles para hacer boxes, corrales. Es decir, es terrible lo que tenés que invertir para hacerlo bien. Hacer un caballo de carrera es hacer un deportista, para lo cual se necesita mucho conocimiento, pasión y dinero para arrancar. Luego comprás la yegua, tenés que preñarla. Son 11 meses de gestación. Luego de que para, si pare bien, tenés dos años para desarrollar el caballo y llegar a un ring de ventas, más la doma y el entrenamiento. Es decir que, son tres a cuatro años de mucho riesgo y laburo. Si te ponés a pensar, todo este recorrido de la cría hasta llegada a la pista dura lo mismo que un Gobierno.-¿Y qué fue lo mejor que te pasó en esta actividad?

-Lo mejor que me pasó es haber tenido una conexión especial con mi abuelo, pero además de eso me transmitió algo especial con la actividad relacionada al caballo, y es que realmente ahí te juntás con todo el mundo, desde el peón al petisero. Es una unión muy grande la que generás porque al caballo tenés que darle mucha paciencia. Acá no es soplar y hacer botella; es un laburo muy artesanal, son animales vivos, con lo cual tenés que descifrar su forma de ser.

Ramallo se enorgullece de haber logrado un campeón hace dos años que se llama Nicholas, y que ganó premios como el Joaquín S. de Anchorena, el San Isidro o el Miguel A. Martínez de Hoz.

“También tengo otro caballo que aunque no es campeón, que corrió cinco años y ganó doce carreras, y sigue entrenando de hecho. Y esto también me permitió juntarme con seis amigos con los que corrimos toda carrera que anda dando vueltas, y todavía seguimos en actividad. Terminamos armando una gran familia”, describió.

Ver: José Ignacio de Mendiguren, de Cuarto de Milla: “Ninguno gana dinero criando caballos”

-¿Y en esto, cuánto hay de genética y cuánto de lo que pone uno?

-Bueno, yo justamente me especialicé en la parte de genética, y no se trata de cuánto hay de uno u otro. La genética es una parte, que puede ser el 25% de lo que es el caballo. Sin dudas que una buena unión genética es lo que hace que luego el caballo tenga una chance de ser un buen caballo, y con esto digo que no siempre lo mejor con lo mejor da lo mejor en un caballo de carrera. Cada caballo de carrera tiene un nombre único e irrepetible, tiene su ADN y tiene su registro genealógico desde 1720. Yo puedo ver su árbol genealógico y estudiar sus diferentes combinaciones. 

-Son 300 años de historia, y cada caballo tiene una vida útil de 10 a 15 años.

-Sin dudas, y es tremendo lo que es la base y capacidad de conocimiento que hay gracias a la genética. Luego el sangre pura de carrera tiene algo especial, y es que el contacto entre el padrillo y la yegua es físico, es decir que no hay inseminación artificial ni clonación. Cada cría se registra como a una persona, con su ADN, para dar fe de que tanto el padre como la madre son tales animales. Así arranca la combinación genética que puede ser por físico, por pedigree, por campaña o por capacidad económica. Y luego está la adaptación del gen al medio, es decir, los caballos deben adaptarse al clima y región. La genética es el origen, todo el resto es alimentación y crianza.

-¿Y ahora en cuarentena, cómo se sabe cuánto valdrá el caballo al año siguiente?

-El caballo se vende siempre antes de su doma. El caballo es un potrillo cuando lo vendés, y se vende por el potencial. No tiene un valor estricto de mercado como la vaca. Puede ser 10 o 1000. 

Ver: Nina Pichelli cría caballos de alta competencia y los vende a Emiratos Árabes: “Argentina se ubica en el mercado del Endurance con genética premium”

-Ese sería el trabajo del haras. Yo me refiero a las ventas luego de las carreras

-Ahí la referencia de venta es en función de los premios. Si los premios están más altos, obviamente los caballos valdrán más. Ahora, al no correr en cuarentena, se para toda la rueda; y se genera como un cuello de botella porque no reponés, y entonces queda atrás la generación siguiente. Y esto pasa con otras razas como el criollo o el de polo. 

-Pero tuviste que mantener la estructura de costos al mismo tiempo…

-Obvio, La estructura y el costo se mantienen igual. La parte comercial es algo que hablamos con el Gobierno, porque, es tan apasionada la actividad del turf, que algo funcionó. Pero sí falta la parte deportiva para recuperar parte de los ingresos. Pensemos que, sólo en el sector de los pura sangre de carrera, hablamos de 80 mil puestos de trabajo. La industria interna de los hipódromos es muy grande. Por eso esperamos que pronto pueda volver esa actividad. 

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Pablo Solo Díaz, pintor y payador: “Creo que el campo esconde y tapa una historia compleja, interesantísima y densa” http://wi631525.ferozo.com/pablo-solo-diaz-pintor-y-payador-creo-que-el-campo-esconde-y-tapa-una-historia-compleja-interesantisima-y-densa/ Fri, 03 Jul 2020 12:50:38 +0000 https://bichosdecampo.com/?p=42298 Pablo Solo Díaz es un artista múltiple: pintor, escritor, actor, payador… Y maestro. Y todo su trabajo está atravesado por la ruralidad. Vive en Las Flores, Buenos Aires, y su obra se ve en Mapa Espacio de Arte o en su muro personal.   -¿Se considera un hombre de campo? -A esta altura no sé […]

La entrada Pablo Solo Díaz, pintor y payador: “Creo que el campo esconde y tapa una historia compleja, interesantísima y densa” se publicó primero en Bichos de Campo.

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Pablo Solo Díaz es un artista múltiple: pintor, escritor, actor, payador… Y maestro. Y todo su trabajo está atravesado por la ruralidad. Vive en Las Flores, Buenos Aires, y su obra se ve en Mapa Espacio de Arte o en su muro personal.  

-¿Se considera un hombre de campo?

-A esta altura no sé qué se entiende por “un hombre de campo”. Nací en la ciudad, crecí entreverado con la campaña y  su cultura. Hace cuarenta años que vivo y trabajo en el partido de Las Flores, provincia de Buenos Aires. Que aquellos que observen mi obra saquen sus propias conclusiones.

 –¿También es maestro rural?

-Sí. Con mi título de Maestro Nacional de Dibujo trabajo en cinco escuelas desparramadas en un radio de cincuenta kilómetros, rurales todas. También me gusta mucho dar talleres, los he dado en distintos eventos, en ferias del libro, o en escuelas o bibliotecas. Ahora voy a trabajar más tiempo en mi obra: escribir, dibujar y pintar. Y payar, claro.

¿Dónde suele payar?

-Los payadores somos medio como los juglares de la edad media a quienes todos los escenarios les servían. A mí me pasa algo así. Me gusta decir mis pensamientos en versos improvisados o escritos dónde sea que me escuchen. Trabajé mucho en jineteadas los primeros años, recorriendo el país con mi guitarra y mi relato. Después aparecieron otros ámbitos y lo mismo actúo en encuentros de payadores en Argentina, Chile y Uruguay que en bibliotecas, museos, escuelas, sociedades de fomento, municipios o plazas.

¿Tiene un unipersonal inspirado en Martín Fierro?

-Así es. Hace más de una década que comencé a personificarlo y con ese espectáculo he recorrido media Argentina en moto, desde Tecnópolis hasta el Centro cultural Ricardo Rojas de la Universidad de Buenos Aires y desde la Feria del Libro en CABA hasta escuelas de montaña de Amaicha del Valle, a dónde tuve que llegar con los títeres a cuestas por huellitas donde se va en mula.

-¿Y esta cuarentena cómo lo trata?

-En febrero, antes de que empezara todo esto, recorrí la Patagonia chilena, la zona del Aysen, improvisando con colegas como Saúl Huenchul, en encuentros que juntaron los tres países del cono sur, Chile, Uruguay y Argentina. Ahí realicé varias funciones del “A perro, perro Martín Fierro” y me invitaron para que vuelva. En abril íbamos a ir a Minas, Uruguay pero se canceló por la pandemia.

-¿De qué forma lo inspira el campo?

-Sus temporales inspiran, creo. Sus tensiones. La gesta de su gente. Sus andares. Mi primera muestra fue en 1986, en San Telmo. Venía de tres años de cruzar de a caballo la provincia de Buenos Aires de este a oeste, había llegado a los montes de caldén en la provincia de La Pampa, Quehué, Achá, Utracán, Leuvucó, Potrillo Oscuro. Volví a leer a Mansilla y “vi” los toldos ranqueles y a Mariano Rosas entre los médanos, buscando respuestas. Esa muestra se llamó “Los desaparecidos de la Campaña al Desierto”, título tomado de una reflexión de David Viñas en “Indios, ejército y frontera”.

-O sea que no tiene una mirada bucólica…

-Para nada. Me interesa de lo rural sus tensiones; creo que el campo esconde y tapa una historia compleja, interesantísima, densa, fuerte. Un espacio donde mujeres y hombres de distintas culturas intentaron hacerse un lugar, crecer, formar sus hijos, hacer su historia. El devenir de la propiedad de la tierra, los arrendatarios que poblaron y sembraron y después fueron desplazados, tal es así que los mapas de catastro ni los registran. El ocaso y la desaparición del ferrocarril. Los pueblos pequeños. Hay mucha vida silenciada ahí. No es un paisaje sólo lo que motiva. Es un paisaje observado en la pasión de su gente.

-¿Qué le provocó el boom de la soja?

-Sorpresa primero, horror después. Recuerdo que cuando apareció la siembra directa, en los 90, un vecino, chacarero de toda la vida, probó de aporcar un pedacito del maíz transgénico que habían sembrado. Estaba seguro de que aporcando iba a tener mejor rinde pero terminó resultando que eso que parecía que iba a dar de comer al mundo… en realidad nos está matando. Mató la vida rural, que hoy agoniza. Quién sabe ahora qué sucederá cuando esta pandemia y sus cuarentenas terminen. Tal vez tomemos conciencia. El agua, el aire y la tierra nos pertenecen, son patrimonio de la humanidad. No pueden envenenarse así nomás… porque da dinero. Y sin embargo lo estamos haciendo. El despoblamiento rural no es algo solo nuestro, empezó en el mundo después de la Segunda Guerra y aquí también se dio y se da. La posibilidad de revertirlo, se me ocurre, es saludable y necesaria. Con una tierra que no esté envenenada por agrotóxicos.

-¿Qué se puede hacer para evitar el desarraigo?

-Desde mi ignorancia, desde ser sólo una persona sensible y un maestro que trabaja hace treinta años en la zona, creo que lo principal es que haya trabajo. Pero no trabajo precario: estabilidad y posibilidades de progresar. Hace falta conectividad, luz eléctrica, escuelas rurales. Se están quemando las naves en muchas zonas. Se va rumbo al “desierto” del que hablaban en el siglo XIX. Se quitan tranqueras, molinos, puestos, mangas, corrales. Montes y casas también. Se entierra todo. Parece un chiste pero es así. Un chiste macabro. ¿Entonces? Así no se volverá a poblar, al contrario. Quedamos atados a un modelo que, con perdón, nos está matando. Literalmente.

-¿Siente que hay una grieta entre la persona de campo y el urbanita?

-Tenemos un país extenso y con naciones previas a lo que hoy llamamos “Argentina”, como la Guaraní, la Quechua, la Diaguita, la Tehuelche y otras… A eso se sumó la variedad de costumbres que trajeron los “gringos” que vinieron de toda Europa más los que llegaron -por la fuerza- de África a poner el lomo y que dejaron su sangre en las vanguardias de todos los ejércitos. Esa suma de “argentinidades”, por decirlo de alguna manera, somos hoy. Por eso es muy difícil, creo, hablar de un país. Somos un gran rompecabezas donde cada pieza llena un espacio imprescindible, entonces puede ser que haya, entre otras muchas grietas que también hay, una grieta de desconocimiento entre lo urbano y lo rural. Sin embargo como dice Jorge Drexler hablando de la música: ‘las cosas solo son puras si uno las mira de lejos’. Mirando de cerca todo está entreverado. Todo se mezcla de alguna manera. Y entonces terminamos siendo un pueblo mestizo en muchísimos sentidos.

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