Error en la base de datos de WordPress: [Table 'wi631525_new.wp_ppress_plans' doesn't exist]SELECT COUNT(id) FROM wp_ppress_plans WHERE status = 'true'
La entrada La ONG INCUPO relanzó la publicación actualizada de “El Monte nos da comida”, un aporte al reconocimiento de nuestra identidad alimentaria se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Es el fruto de un gran trabajo en el territorio del Gran Chaco, realizado por INCUPO (Instituto de Cultura Popular), con sede en la ciudad de Reconquista, Santa Fe y que el año pasado cumplió 50 años de vida al servicio del campesinado y de los aborígenes del NOA y NEA.

El trabajo surgió en la década de 1980, encabezado por Magui Charpertier, cuando les llamó la atención que los niños eran flaquitos y comenzaron con una investigación participativa –compartiendo su cultura, sus saberes ancestrales y sus costumbres alimenticias- para saber si estaban mal nutridos. Pero resultó que los niños estaban bien nutridos y entonces investigaron de qué se alimentaban.
00-TAPA y Contratapa INCUPODe todos modos comenzaron un trabajo para mejorar la alimentación, en cuanto a abaratar los costos, en el consumo de plantas, frutos y animales silvestres, aprovechando su sabiduría ancestral en cuanto a sus modos de cómo cocinarlos, conservarlos y cuidar el monte nativo, recolección, siembra y cosecha.
Desde INCUPO organizaron a través de jornadas de alimentación y de cocina el cultivo de las especies naturales, para multiplicar los alimentos y acercarlos a las casas. Como resultado se publicó el libro “Valores nutricionales de las Plantas Alimenticias Silvestres del Norte Argentino” sobre desequilibrios alimenticios identificados en las comunidades, sistematización de cada planta silvestre, nombre, descripción botánica y resultados estadísticos de los análisis químicos de las muestras.
Luego, para divulgación popular, se publicaron en formato accesible dos cartillas con el título: El monte nos da comida, que incluía la información de la investigación, acompañada de las recetas elaboradas en las comunidades. Tuvo varias reediciones debido al gran interés que suscitó en profesionales e instituciones del agro.
Claudia Tofanelli, psicóloga, docente universitaria que integra INCUPO y además trabaja para el Ministerio de Educación de la provincia de Santa Fe, contó que a ella, entre los años 2018 y 2010 le tocó encabezar la revisión y actualización de aquellas publicaciones. Aprovecharon para completar la información, nuevos nombres (porque se van hallando otras plantas), agregar más productos del monte y mejorar las recetas.
“En resúmen se trata de comunicar cómo nos alimentamos, para qué nos sirve cada alimento y cómo cocinarlo, aprovechando sus valores nutritivos y culturales. Porque toda planta tiene una identidad cultural, y por algo está y se ha multiplicado en esa región. Además, la cocina es integradora de saberes y tiene una gran connotación sociopolítica, de modo que todo este trabajo ser traduce en una provocación, un llamado a tomar determinaciones y obrar en consecuencia”, dice.
“En la primera investigación –cuenta- por ejemplo: analizaban el `Diente de león` y descubrían que tenía más valor nutricional que la lechuga, que no es de la región. Lo mismo con los frutos, que pueden tener más valor que una manzana, que tampoco es del Noroeste”. Y hoy se nota un corte generacional, en cuanto a saberes que se van perdiendo, porque los jóvenes conocen el nombre y para qué sirve cada planta, pero no saben ya cómo ni qué cantidad consumir.

Se puede ver en el índice de todo lo que tratan, como alimento del monte: ñanga-pirí, chañar, algarrobo, mistol, pepino del monte, mburucuyá o granadilla, tasi o doca, yuyo colorado, huevito de gallo, tuna, achira, aguay, guaraniná, camambú, chirimoya, irupé, lengua de vaca, verdolaga, sacha pera o saucillo, sacha limón, mamón del monte, pasacana, carandillo, kumandá yvyra`í, guabiyú, yerba dulce o ka`a-he`e, achokcha, papa del aire, tomacó, ñandipá, mora, ivapurú, ají picante, cardo gancho, mieles silvestres, nutria, el carpincho, la totora, el ñandú o suri, anguila, vizcacha, tatús, bagres, tortuga del agua, yacaré, iguana y pastos silvestres.
Una dieta bien balanceada debe incluir verduras de raíces y rizomas, pólenes y plantas mielíferas, chauchas y porotos, y algún plato del día debe contener proteína animal, explica Claudia.
El primer folleto contiene la explicación de cómo trabajar pedagógicamente, las publicaciones. La actualización de ese material cuenta con 49 fascículos individuales impresos en colores, de cada especie autóctona, vegetal y animal, que la identifica, la región donde se encuentra, sus principales características, valores nutricionales, usos que se les da y recetas. Su objetivo es propiciar el consumo de alimentos regionales, sustentables y saludables.
Un equipo del CONICET aportó en etnobotánica, la Facultad de Córdoba descubrió y recopiló bibliografía, también participó un equipo de la Facultad de Ingeniería en Alimentos, además de técnicos, comunicadores y educadores populares de diferentes organizaciones y espacios.
El relanzamiento de “El Monte que da comida” se realizó en un webinar bajo el título: “Promoviendo Patrones Alimentarios Sensibles a los Ecosistemas”. Organizado por INCUPO, el Instituto Sol y el Instituto de Investigaciones de la Facultad de Ciencias de la Salud de la Universidad Católica de Santa Fe, disertaron mujeres docentes, agrónomas y nutricionistas. Se inscribieron 280 personas de diversos países del mundo y de casi toda la Argentina.

Primero disertó Claudia Tofanelli, luego la licenciada en nutrición, Celeste Nessier, después siguió Rina Coassin, abogada y docente de la Universidad Católica de Santa Fe, la ingeniera agrónoma, Magdalena Choque Vilca, Asunción Serralunga, Técnica Superior en Gestión Gastronómico, y finalmente, la ingeniera agrónoma, la nutricionista, coordinadora del Centro de Alimentación y Nutrición en la Univerisad Federal de Río Grande do Sul, Luciana Dias de Oliveira, y Claudia Bachur, cofundadora de la Asociación de Alimentos y Cocinas regionales de las Américas. “La propuesta es seguir en red, empujando, ampliando todo lo que estuvimos escuchando hoy”, dijo Claudia Tofanelli, durante el cierre del evento.
“Necesitamos del monte. Sensibilizarnos y sensibilizar a las poblaciones urbanas, entendiendo que un ambiente saludable es una mejora en la calidad de vida para todos. Tenemos que actuar todos juntos, poblaciones urbanas y rurales, en mantener la `Casa común que tenemos`”, sentenció Celeste Nessier.
Los invitamos a disfrutar La algarrobera, de Manuel Augusto Jugo y Leónidas Jesús Corvalán, por el Dúo Coplanacu (Julio Paz y Roberto Cantos).
La entrada La ONG INCUPO relanzó la publicación actualizada de “El Monte nos da comida”, un aporte al reconocimiento de nuestra identidad alimentaria se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La entrada Murió el Diego: Fue tan grande que hasta hubo un momento en que le prestó su nombre a la soja se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>
Hasta el más mediocre de los estadistas sabe que la mejor guerra es la que no se pelea en el territorio propio. Por eso la primera gran batalla de la contienda comercial europea-estadounidense se libró en Brasil.
En septiembre de 1998 la Comisión Nacional Técnica de Bioseguridad de Brasil (CTNBio) aprobó, luego de realizar una serie de estudios científicos, la comercialización de la soja tolerante a glifosato de Monsanto. Pero posteriormente Greenpeace y el Instituto de Defensa del Consumidor de Brasil (IDeC) iniciaron una serie de acciones judiciales contra esa aprobación que dieron lugar –en agosto de 1999– a una medida cautelar instruida por el juez federal Antônio Souza Prudente. Desde entonces tanto la venta como la siembra de semillas de soja transgénica se encuentra prohibida en todo el territorio brasileño.
Puede decirse que la medida cautelar llegó un poco tarde. Sucede que en 1999 la soja transgénica ya ocupaba alrededor del 15% de la superficie total de soja sembrada en Brasil. Y en la campaña 2001/02 esa proporción se encontraba en el orden de por lo menos un 30% del área sojera total. Es probable que en el período 2002/03 el porcentaje de soja resistente a glifosato haya sido superior al 40% del área total sembrada. El jefe de la Unidad de Biotecnología de la compañía estatal Embrapa (Empresa Brasileña de Investigaciones Agropecuarias) estimó que el 60% de la soja producida durante el ciclo 2001/02 en el estado de Rio Grande do Sul podría ser transgénica. Lo cierto es que, al no haber estadísticas oficiales al respecto, nadie sabe con certeza cuánta soja transgénica se produce en Brasil.
Las autoridades estaduales y federales saben perfectamente que en el sur de Brasil se encuentra activa desde hace tiempo una red de operadores que se dedica a ingresar variedades de soja transgénica desde Argentina para luego multiplicarlas en territorio brasileño. En los papeles se trata de una actividad ilícita. Pero en la práctica el contrabando es tolerado por los funcionarios brasileños porque saben que los productores de soja necesitan disponer de variedades modificadas genéticamente para poder competir con sus pares argentinos.
La soja transgénica fue bautizada en el sur de Brasil con el nombre de soja Maradona. Esto porque las variedades ingresadas a ese país desde Argentina permiten obtener plantas petisas, regordetas y muy productivas. Algunos productores brasileños comentan que ese nombre también fue dado por el hecho de que la soja transgénica es tan legítima como el segundo gol que Diego Maradona le hizo al equipo británico en el Campeonato Mundial de Fútbol de 1986. Fue un gol hecho con la mano. Pero el árbitro de ese partido no logró advertir esa situación y lo consideró como un gol reglamentario. Con la soja Maradona sucede exactamente lo mismo. No está considerada en el “reglamento”. Pero los “árbitros” no imponen sanciones. Y los agricultores brasileños siguen entonces anotando “goles” al usar una tecnología de avanzada sin la obligación de pagar royalties.
El hecho de que la guerra comercial promovida por Europa se haya extendido a Brasil no es fortuito. Sucede que Brasil tiene condiciones para convertirse en la primera potencia agrícola del mundo en un plazo de sólo una década (el primer puesto es ocupado en la actualidad por Estados Unidos). La clave de esa potencialidad reside en una región –conocida como el Cerrado– que se encuentra localizada en el centro de Brasil.
El Cerrado brasileño cuenta con 38,5 millones de hectáreas de monte que pueden fácilmente transformarse en áreas agrícolas. En la campaña 2001/02 se sembraron 15,3 millones de hectáreas de soja en todo Brasil. Pero sólo en el estado de Mato Grosso existen 12,2 millones de hectáreas potencialmente agrícolas, mientras que en los estados de Mato Grosso do Sul y Goiás existen otras 15 millones de hectáreas disponibles para sembrar soja. Las restantes 11,3 millones de hectáreas potencialmente agrícolas se encuentran distribuidas en los estados de Bahia, Maranhão, Piauí, Rondônia, Roraima y Tocantins. El Cerrado está siendo “colonizado” por un conjunto de emprendedores agrícolas –muchos de los cuales provienen del sur de Brasil– que están realizando una verdadera revolución agrícola en esa región. El crecimiento de la actividad agroindustrial también es significativo. Se trata de la región agropecuaria más dinámica de toda América latina.
La potencialidad presente en el Cerrado no puede expresarse completamente en la actualidad debido a dos motivos. El primero de ellos es un problema logístico: la soja producida en esa región debe recorrer una distancia del orden de 1500 kilómetros para llegar a los puertos de la costa norte de Brasil y por el momento una gran parte de las nuevas áreas agrícolas no cuentan con hidrovías, ferrocarriles o carreteras adecuadas para transportar los granos. Para solucionar esto las autoridades brasileñas están implementando un ambicioso programa de infraestructura denominado Corredores Estratégicos para el Desarrollo. El proyecto –que ya se está llevando a cabo– consiste en construir ocho grandes corredores en los que convergerán redes viales, férreas y fluviales. La segunda limitante es que las tierras del Cerrado brasileño están conformadas en su gran mayoría por suelos ácidos (4-5 de pH) con elevados niveles de aluminio (un elemento tóxico para las plantas). Este inconveniente suele corregirse con aplicaciones de cal combinadas con fertilizaciones. Pero también podría solucionarse por medio del diseño de plantas de soja modificadas genéticamente para resistir –por ejemplo– la toxicidad por aluminio. La compañía estatal Embrapa cuenta con especialistas en biotecnología agrícola y recursos económicos suficientes para desarrollar cultivos diseñados a medida de una región tan prometedora como el Cerrado. Pero tiene las manos atadas gracias a la prohibición –vigente desde agosto de 1999– de producir y comercializar semillas modificadas genéticamente.
La mayor parte de los brasileños desconoce que la restricción legal para comercializar semillas modificadas genéticamente ha incidido de manera negativa en la competitividad del sector agrícola de su propio país. El principal beneficiario de tal prohibición fue la Unión Europea: si Brasil hubiese tenido desde el vamos el camino libre para poder expresar todo su potencial agrícola, la producción mundial de granos –fundamentalmente de soja– se habría incrementado significativamente y eso habría contribuido a reducir el valor internacional de los commodities agrícolas. La cuestión es que para las autoridades europeas un menor precio internacional de los granos implica un mayor pago en concepto de subsidios agrícolas. Por lo tanto, todo lo que atente contra los incrementos de productividad agrícola contribuye a mantener en orden las finanzas de los Estados europeos. Se trata, en definitiva, de “comprar tiempo”. Lamentablemente, los brasileños no pueden decir lo mismo: en el juego planteado por Greenpeace y el IDeC, Brasil, además de perder un tiempo valiosísimo en investigación y desarrollo, ha dejado de percibir muchos millones de sojadólares.
Sin embargo, Brasil es el país latinoamericano más activo en materia de ensayos a campo de granos modificados genéticamente: entre 1997 y 2001 se realizaron 62 ensayos de variedades de soja transgénica, los cuales fueron desarrolladas por Aventis Seeds, BASF, Monsanto, Embrapa, Cooperativa Central Agropecuária de Desenvolvimento Tecnológico e Económico y el Instituto Agronómico do Paraná. En cuanto al maíz modificado genéticamente, entre 1997 y 2002 se llevaron a cabo 749 ensayos de semillas desarrolladas por Aventis Seeds, BASF, Monsanto, Pioneer (DuPont), Dow Agrosciences y Syngenta . La cantidad total de ensayos de eventos biotecnológicos en maíz, soja, girasol, algodón, trigo y papa –entre otros cultivos– realizados en la Argentina entre 1991 y 2001 es de “sólo” 495. Brasil lleva por lejos la delantera.
“Ojalá que la aprobación de los transgénicos en Brasil tarde la mayor cantidad de tiempo posible, porque en ese caso va a ser muy difícil competir con ellos”, señala un operador agropecuario argentino que siembra varias decenas de miles de hectáreas agrícolas en la Pampa Húmeda. Razones no le faltan para estar preocupado.
La entrada Murió el Diego: Fue tan grande que hasta hubo un momento en que le prestó su nombre a la soja se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La entrada Un libro afirma que, a pesar de producir más, el agro pampeano “posee una dinámica excluyente y concentradora” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>
Esta investigación está contenida en un nuevo libro que acaba de ver la luz y se llama “Los números rojos de la Argentina Verde”. Lo escribieron tres profesionales vinculados al Centro Interdisciplinario de Estudios Agrarios (CIEA), que funciona en el ámbito de la Facultad de Ciencias Económicas de la UBA: Juan Manuel Villulla, Diego Fernández y Bruno Capdevielle.
“Este libro analiza la situación económica de las mayorías sociales del agro pampeano entre 2008 y 2018. Intentamos así un balance del período que vaya más allá de contabilizar toneladas de granos, rindes por hectárea o cabezas de ganado, y que apunte a lo que consideramos la verdadera medida del éxito de un modelo agrario: el bienestar de las personas que lo conforman. En otras palabras, entendemos que las metas productivas deben estar en función de la satisfacción de las necesidades de nuestra sociedad, y no volverse un fin en sí mismo ni, peor aún, un objetivo que se vuelva en su contra”, explican los autores en la introducción.
Para definir su universo bajo estudio, los autores se basan en el censo de población de 2010, que definía que los trabajadores asalariados constituían el 60% de las personas ocupadas en el sector agropecuario pampeano, y los trabajadores por cuenta propia y sus familias representaban otro 25%. “Entre ambos grupos sociales sumaban el 85% de la población económicamente activa del campo, contra un 15% compuesto de empleadores de distintas escalas”, se explicó.

Las conclusiones del estudio, o los “número rojos” del agro pampeano, es que la situación de esa mayoría de trabajadores de la comunidad agropecuaria no les fue tan bien como indican los números de incremento de la producción.
Según dijo Juan Manuel Villulla a Bichos de Campo hay muchos indicadores que confirman que, entre 2008 y 2018, la situación de esa mayoría silenciosa del campo ha empeorado, confirmando el caracter “excluyente” y “concentrador” de este periodo:
Todos estos datos, a juicio de Villulla y sus compañeros de investigación, confirman que el campo “durante el período analizado no sólo no ofreció un espacio de inserción real a distintos sectores postergados de la sociedad argentina para que se incorporen de un modo u otro a su universo productivo, sino que, además, tendió a expulsar grupos sociales que ya estaban insertos en el”.
El macrismo, supuesto aliado de los productores, vino a empeorar esta situación, según dicen los autores. “Durante los últimos cuatro años se ampliaron las asimetrías entre el capital y el trabajo, con un claro retroceso de este último, en cuanto a cómo se distribuyó la riqueza generada por el sector”, se explicó.
La entrada Un libro afirma que, a pesar de producir más, el agro pampeano “posee una dinámica excluyente y concentradora” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La entrada Un ex secretario de Agricultura cuenta en un libro cómo arrancó el largo conflicto de Monsanto con la Argentina se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Más de 15 años después este conflicto en torno a las regalías que deben cobrarse por las semillas modificadas genéticamente está lejos de haber sido resuelto, pues luego de los sucesos que relata Campos en el libro sobre aquella pretensión de Monsanto de imponer un pago por la primera soja RR, que el país resistió en los tribunales internacionales, hubo una nueva pulseada en torno a la soja RR Pro Intacta. Además, aquella situación desencadenó en el actual debate para actualizar la Ley de Semillas. Sobre este proceso actual en el Congreso también opina Campos en su libro.
Dedicado a su amigo y ex jefe de Gabinete, Patricio Lamarca, Campos accedió a que Bichos de Campo compartiera con sus lectores un capítulo de su libro. Elegimos justamente por su valor testimonial el capitulo que cuenta cómo arrancó esta larga disputa que todavía hoy, para bien o para mal, tiene impacto para toda la Argentina:

“En junio de 2003, apenas asumí como Secretario de Agricultura de la Nación, expresé en una larga entrevista para el diario La Nación que mi intención era liberar al medio ambiente un Maíz RR cuanto antes, para intentar obtener un mejor balance en las rotaciones agrícolas y así recuperar parte del terreno perdido con el boom de la soja.
La regulación para la liberación de eventos transgénicos supone una serie de pasos burocráticos, presentaciones sucesivas y acciones de lobby, que llevan varios años. Si bien el Secretario de Agricultura tiene la potestad de liberar un gen (o evento) al medio, debe pasar por instancias consultivas no vinculantes: la CONABIA (Comisión Nacional Asesora en Biotecnología Agropecuaria) con respecto a la inocuidad ambiental, el SENASA (Servicio Nacional de Sanidad Agroalimentaria) para los aspectos toxicológicos, y la Dirección Nacional de Mercados para los comerciales. A principios de 2004, yo ya contaba con el visto bueno tanto de la CONABIA como del SENASA para la liberación del primer evento de maíz transgénico resistente al glifosato, el NK603, propiedad de Monsanto. La Dirección de Mercados se negaba a darme su placet, atendiendo al riesgo de perder el mercado europeo de maíz, ya que ese evento no estaba autorizado en la Unión Europea. Argentina aplicaba la política denominada de “espejo”, por la cual siempre esperaba la iniciativa de la UE para liberar cualquier evento transgénico.
Yo no estaba dispuesto a esperar mucho, así que les di un ultimátum; y luego, sin el visto bueno explícito de la Dirección de Mercados, en julio de 2004, liberé el NK603 a través de la Resolución 640/04. Fue un acto de suma importancia, que mereció la presencia del Ministro de Economía, Roberto Lavagna, en la Secretaría; fue él quien hizo el anuncio. Lo más trascendente fue que, contra todos los pronósticos, la Unión Europea aprobó también a los pocos días el NK603, por lo que nuestras exportaciones de maíz nunca se vieron afectadas. Habíamos quebrado la política “espejo”, que tantas dilaciones en materia de adopción de nuevas tecnologías nos había generado.
Fue sin duda un hito en la historia de la biotecnología argentina. Al año siguiente, a través de la Resolución 142/2005, liberé lo que yo consideré en ese momento el primer evento apilado de maíz en Sudamérica: el maíz TL 1507 Herculex, de Pioneer y Dow Agroscience, ya que era resistente a una gama muy amplia de lepidópteros pero también era tolerante al herbicida no selectivo glufosinato de amonio.
Tan sólo a una semana de emitido el trascendente anuncio de la liberación del NK603, Monsanto me pidió una audiencia en la que yo pensaba la empresa mostraría su beneplácito y ofrecería alguna muestra de agradecimiento dentro de lo que marca y permite el protocolo. Pero estaba muy equivocado. Sin introducciones ni eufemismos, el flamante CEO en Argentina, Alfonso Alba (hoy trabaja en Bayer), me informó que pretendían comenzar a cobrar regalías a los productores argentinos por el uso de la Soja RR. Aunque no me dijeron la verdadera razón para este cambio drástico de estrategia, yo la sospechaba: Monsanto en cuatro años había perdido su gallina de los huevos de oro; desde el año 2000, había pasado de tener el monopolio del glifosato a tan sólo participar en el mercado casi marginalmente. Quienes ahora lo dominaban eran Atanor y otros glifosatos de origen chino. Nos comunicaron que pretendían cobrar a cada productor, en concepto de regalías por la Soja RR, un monto de 15 dólares por tonelada de grano comercializada. A partir de ese momento supimos, junto con mi Jefe de Gabinete y amigo Patricio Lamarca, que comenzaría una nueva etapa de nuestra relación con Monsanto, signada por el lobbying, la confrontación y, lo que es mucho más grave, la extorsión.
Mi respuesta fue casi automática:
—¡Ah, bueno…! Ustedes están totalmente locos. Monsanto no tiene patente válida en Argentina para su Soja RR. Aun durante el proceso de patentamiento, fueron ustedes quienes decidieron a partir de 1996 y hasta hoy, 2004, entregar semilla de Soja RR, licenciándola con todos los semilleros, a prácticamente toda la Argentina. A esta altura de los acontecimientos, el reclamo de regalías por una patente que no existe carece de validez y de sentido.
—Nosotros —me dijo Alfonso Alba— tenemos que defender los intereses de la empresa y poner en padrones de igualdad a los productores americanos y argentinos. Allá todos pagan regalías. No hemos venido a Argentina a hacer beneficencia.
Con esa frase, creo que, sin darse cuenta, Alba había encendido la mecha de una verdadera bomba. Yo no iba a dejar que Monsanto, aprovechándose de su incuestionable posición dominante, apostara claramente contra los productores argentinos. Los iba a defender con toda vehemencia.
—Allá en Estados Unidos, Monsanto tiene una patente válida para su Soja RR; aquí en Argentina, no. El pago de regalías es un acuerdo entre privados. Imaginarán que desde el Estado no podemos, no queremos y no vamos a apoyar esta solicitud.
— Ingeniero Campos, es importante que sepa que vamos a presentar nuestro reclamo ante la justicia.
—Señor Alba, Monsanto está en todo su derecho, pero no cuente con nosotros.
Luego del accionar consistente y persistente de diversos “lobistas”, tanto en el gobierno como en el sector privado, de varias reuniones sectoriales, de idas y vueltas, la justicia argentina nos dio la razón. La Soja RR no tenía patente válida en la Argentina. Ante esa evidencia incontestable, Monsanto nos informó que, como tenía patente válida en la Unión Europea, destino de nuestras exportaciones de derivados de soja (aceite y harina), nos iba a parar los barcos que llegaran a ese destino, para liberarlos sólo una vez cobradas las regalías pretendidas. A partir de allí, la presión y la extorsión vinieron principalmente desde el exterior y al más alto nivel.
A esta altura de mi narración, es conveniente que mis lectores puedan apreciar la perversidad de nuestro poderoso adversario, Monsanto, en cuanto a su falta de escrúpulos en la utilización de personas y comunidades para el logro de su ganancia económica. El hecho que rememoro a continuación es un claro ejemplo. Había sucedido unos meses antes de la liberación al medio ambiente del Maíz NK603. El antecesor de Alfonso Alba como presidente de Monsanto Argentina, Jorge Ghergo, con quien yo empatizaba bastante, nos había cursado una invitación para visitar la central de Monsanto en Missouri. Cuando todo estaba listo, una semana antes del viaje, los primeros días de mayo de 2004, falleció Jorge Ghergo inesperadamente. Recuerdo que cuando llegamos a Monsanto, nos esperaban unas empleadas con nuestras respectivas tarjetas identificadoras. Para nuestra desagradable sorpresa, no parecían haber tomado nota del fallecimiento de su propio presidente en Argentina. Entre las tarjetas habían puesto una con su nombre. Su persona y los años de servicio prestados a Monsanto habían desaparecido. Se limitaron a preguntar:
—Isn’t Jorge Ghergo with you? Hasn’t he come?
—Jorge Ghergo was Monsanto Argentina’s President. It was he who invited us, who arranged for the trip. He died last week. Haven’t you taken notice of that?— respondí, indignado.
La ira, junto con el asco, me sirvieron mucho para todas las discusiones que siguieron con los cuatro más altos directivos de la empresa, con quienes desplegué durante tres largas horas, sin éxito, todos mis argumentos técnicos para convencerlos de que la estrategia de Monsanto en Argentina estaba totalmente equivocada”.
La entrada Un ex secretario de Agricultura cuenta en un libro cómo arrancó el largo conflicto de Monsanto con la Argentina se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>