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La entrada ¡Celebran los cazadores de liebres! Son el único sector que exporta carnes que no deberá pedir permiso al gobierno se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Esa medida había sido anticipada la semana pasada por el Gabinete Económico, pero solo acotada a la carne vacuna. Ese alimento ha subido fuerte de precio en los últimos meses y, desde la óptima oficial, esto tiene mucho que ver con la demanda de la exportación.
En 2020 -según los datos oficiales- la Argentina produjo 3.163.194 toneladas de carne vacuna y exportó 900.699 toneladas, cerca del 27% del total. El negocio está distribuido entre cerca de 80 frigoríficos exportadores y algunos grupos de productores.

Pero sorprendió en la redacción de la nueva normativa que creó un nuevo registro de exportación llamado DJEC, la inclusión de todo al arco de carnes producidas en el país.
Esto fue definido así en el anexo 1 de la Resolución, que textualmente dice: “Los productos cárnicos a exportar alcanzados por la DJEC son la carne fresca, refrigerada o congelada de las especies bovina, porcina, ovina, caprina, equina y gallus domesticus”.
No se escapa nadie parece… Para los legos, la especie gallus domesticus hace referencia a la carne aviar.
Esa, la de pollo, es la segunda carne exportada por la Argentina, con 228.872 toneladas en 2020. Esto es cerca de 10% de la producción, que en ese mismo periodo fue de 2,22 millones de toneladas. Es decir, el 90% de la producción queda aquí a pesar de que una docena de empresas avícolas integradas se empecinan en exportar y desabastecernos.
Las exportaciones de carne de cerdo también vienen creciendo peligrosamente y por eso debían ser controladas. Hasta 2018 prácticamente no existían, pero el año pasado ya llegaban a 41.271 toneladas, algo menos del 8% de las 654.716 toneladas que se produjeron. Los exportadores de carne porcina no llegan a veinte y entre ellos tallan varios consorcios de productores.

La carne de caballo también recibirá la severa mirada de las autoridades, para evitar la escasez. en el mercado local. Hay cuatro plantas de faena que el año pasado produjeron 19.700 toneladas, de las cuales se han exportado cerca de 15.000. Como se ve, aquí sí se exporta la mayor parte de la producción. Resulta peligroso, aunque aquí casi nadie se anime a comer ese tipo de carne.
Para los ministerios nacionales, los exquisitos corderos patagónicos y de otras latitudes también corren riesgo de desabastecimiento. Según los datos oficiales se vendieron al exterior 4.168 toneladas de carne ovina, que sobre una producción total de 14.258 toneladas implicaron una participación de casi el 30%. Hay muy pocos frigoríficos habilitados para exportar, especialmente en Río Gallegos.
Con la carne caprina también habrá que velar para que no falte de la mesa de los argentinos. En 2020 se produjeron 1.358 toneladas de carne de cabras en los circuitos formales, de las cuales se vendieron al extranjero 576 toneladas. Es nada menos que el 42%. Los argentinos no deberíamos quedarnos sin el clásico chivito. En general, los empresarios desalmados que realizan estas exportaciones son grupos de pequeños productores organizados en diferentes provincias norteñas.

En este escenario, hay que agradecer a las autoridades nacionales por el control total sobre nuestra oferta de carnes. No parece quedar margen para desabastecer el mercado nacional, que es la prioridad: las autoridades de la ex ONCCA y Comercio Interior verificarán diariamente que eso no suceda.
Pero cuidado, porque puede haber filtraciones. Por ejemplo, el Ministerio de Agricultura detectó que en 2017 se exportaron también 4 toneladas de carne de carpincho. O en 2019, cuando se enviaron afuera 57 toneladas de carne de ciervo colorado. Según la nueva resolución, esos embarques no deberían haber sido declarados.
Pero lo que realmente corre peligro es que a los argentinos nos falta la carne de liebre, una especie silvestre que es considerada plaga y que, por esa razón, es el objetivo de cazadores todos los inviernos. Luego, esos simpáticos animalitos se faenan en una docena de plantas habilitadas, que son netamente exportadoras, fundamentalmente hacia la Unión Europea.

Los últimos datos oficiales dan cuenta de la temporada 2019 (en 2020, pro la pandemia, la caza fue parcialmente interrumpida) donde se capturaron 690.417 ejemplares de liebre. Las exportaciones registradas llegaron a las 1.616 toneladas.
Ellos escaparon del nuevo cepo exportador. Los cazadores de liebres son los únicos que festejan.
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]]>Martín Nicola vio en ese nicho una oportunidad y en 2015 decidió invertir en el frigorífico Faecar de Pehuajó. Pudo comenzar a exportar carne de liebre en 2017. Pero este año ya pasó la fecha óptima en que usualmente se habilita la temporada de caza, cada 1° de junio, y los funcionarios provinciales aún no emitieron la autorización correspondiente para que se la pueda cazar con destino a su posterior faena. En el marco de la actual pandemia no lo harán, salvo que en cada región de la provincia de Buenos Aires los intendentes asuman todos los riesgos y se hagan cargo de los protocolos.
Una consecuencia inesperada de la pandemia: Peligra la temporada de caza de liebres en Buenos Aires
La planta que dirige Nicola opera entre inicios de junio y mediados de agosto, que son los meses en los cuales se puede cazar la liebre, porque inverna y no está en etapa reproductiva. Este año ya perdieron 15 días de trabajo sobre 60. La planta de Pehuajó está parada. Y por eso tampoco pueden encarar el trabajo los puesteros, los peones de campo y otros cazadores autorizados para proveer de las liebres al frigorífico. Es una cadena de gente que, según estimaciones, llega a 400 personas.
Escuchá la entrevista a Martín Nicola:
Rarezas de una Argentina que declara esencial a las actividades vinculadas a la producción de alimentos para la exportación y el consumo interno, pero que luego por trabas burocráticas no les permite funcionar.
Nicola explicó el impacto social en el interior bonaerense (en otras provincias como La Pampa sí se habilitó la temporada de caza): “El negocio existe hace unos 50 años, es temporal y de los más importantes de la zona. Mucha gente de bajos recursos y peones de campo dependen de este rubro. Cuando baja la siembra es un gran recurso para peones y encargados de campo que deben contar con las autorizaciones correspondientes”, explicó el empresario.

Además de dar trabajo el negocio de la liebre aporta divisas, ya que la carne “se consume en Europa”. Nicola explicó que “se exporta el 100% de lo que se produce y en cortes. La faena se hace según los pedidos, se hacen los cortes, se encaja y se exporta todo”.
Luego aclaró que las ventas el año pasado significaron ingresos por 10 millones de dólares y que el volumen vendido equivalió a la faena de 800 a 850 mil liebres. Aunque el cupo fue mayor, no se cubrió porque se faena lo que la demanda pide.
El empresario añadió que el año pasado hubo 6 frigoríficos operando en el negocio, pero ahora -en este año tan atípico- están parados a la espera de la decisión oficial, ya que se desconoce los motivos de la demora en habilitar la temporada de caza.
“Estamos esperando que se haga la apertura de la caza, queremos trabajar”, enfatizó. Luego aclaró: “Esto es una industria alimenticia, estamos entre los esenciales, deberíamos estar trabajando. Hay muchas familias de nosotros, es un trabajo intenso, y hay que organizar entre 300 y 350 cazadores”.
“Estamos desconsolados y angustiados”, afirmó Nicola, que invirtió en su planta, da trabajo, genera divisas y ahora sigue esperando una respuesta de las autoridades provinciales para poner otra vez en marcha ese círculo virtuoso.
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]]>La zafra de liebres, que se repite entre junio y agosto de cada año y es habilitada por las autoridades provinciales, es una actividad económica de alto contenido social: los cazadores suele ser la gente más esforzada de campo, que complementa sus ingresos cazando en lugares en donde los autorizan (o no) y vendiendo las liebres capturadas a una serie de acopios, que luego las derivan a media docena de plantas de faena.
Un buen retrato de lo que significa esta actividad para la gente que vive en las zonas rurales lo hizo hace unos años el gran José Larralde, en “Ayer bajé al poblao”. Les recomendamos poner a correr el tema mientras continúan con la lectura:
La carne de liebre forma parte del menú de carnes no tradicionales que ofrece la Argentina a sus clientes del extranjero, sobre todo de Europa, donde hay una tradición culinaria asociada a esta especie. De hecho, la que puebla las pampas es la liebre europea (Lepus europaeus), que fue introducida en el país a partir de 1888. Es decir, se trata de una especie exótica que en muchos lugares ya es considerada una plaga por los daños que provoca a las actividades productivas.
Es así que desde los años 50 se ha montado una industria en torno a la liebre. Los frigoríficos específicos comienzan a trabajar cada invierno, preparando las piezas producto de la caza, para exportar la carne hacia el viejo continente.
En 2019, según datos del Ministerio de Agricultura, se han faenado 690.417 liebres en todo el país, de las que se obtuvieron unas 1.600 toneladas. Es un 20% menos que en 2018 pero mucho menos que hace diez o quince años, cuando la captura de liebres superaba las 2 millones de cabezas. Se trata de un negocio en lento declive, pero todavía vigente. Constituye una fuente de ingresos para muchas personas radicadas en el interior del país, sobre todo en provincia de Buenos Aires, donde se registra el 60% de las capturas.
La gente caza liebres si tiene quien se las compre. Si los frigoríficos permanecen cerrados, pues la gente no saldrá a cazar, por más que la actividad agropecuaria esté considerada exenta de cumplir la cuarentena. Como sea, la irrupción del Covid-19 complicó la normalidad de la temporada de caza este invierno, pues las autoridades provinciales temen que el desplazamiento de grupos de cazadores por distintos partidos del interior bonaerense pueda convertirse en un factor adicional de riesgo. Por cierto, parecen haber reaccionado demasiado tarde ante el problema que se venía.

Usualmente basta con un decreto provincial que habilita la temporada de caza. Pero este año, por decisión del gobierno de Axel Kicillof, en territorio bonaerense será mucho más difícil salir a cazar porque no habrá tal decreto general, sino que todo dependerá de cada intendente.
“La propuesta es que los municipios nos propongan como controlar esta actividad y que se hagan cargo de todo el proceso, definiendo protocolos sobre cómo se va a cazar, dónde se acopiarán los animales”, explicaron fuentes del gobierno bonaerense a Bichos de Campo. Ya bien entrado el mes de junio, parece poco probable que los partidos interesados en habilitar la caza tengan tiempo de completar esos trámites. La decisión final, además, quedará en cabeza del jefe de Gabinete de Kicillof, llamado Carlos Bianco.
Para algunas empresas especializadas en carne de liebre ha sido esta una pésima decisión, que podría haberse evitado y prevenido de modo más ordenado. “Hemos tenido reiterados contactos con la Dirección de Flora y Fauna, con ministros y con la Gobernación desde el mes de marzo, ya que la actividad se desarrolla en la provincia desde los primeros días de junio hasta los primeros días de agosto. Ya en ese entonces veíamos con preocupación qué es lo que iba a pasar con la zafra”, indicaron desde el frigorífico Faecar, ubicado en Pehuajó. Pese a tanto pedido, nunca obtuvieron una respuesta de las autoridades, a pesar de que presentaron protocolos, modelos de declaraciones juradas y todo lo necesario para operar en medio de la pandemia.
“El impacto del cierre del frigorífico durante esta zafra es significativo para toda la ciudad y toda la región, ya que se emplean en forma directa unas 100 familias, sin considerar todo lo indirecto como lo son los acopios, cazadores, proveedores, etcétera, que llegan a las 400 personas”, dijeron desde esa empresa. En otra nota, Bichos de Campo presentará la posición particular de este emprendimiento.

Sin embargo, hay otro grupo de frigoríficos de liebres que parecen estar de acuerdo con la decisión de no llevar adelante la temporada 2019. Desde el frigorífico Rigon SRL, ubicado en Rufino, contaron a Bichos de Campo que hay cuatro de las seis plantas de faena de la provincia que no abrirían sus puertas en 2019 ni harán el intento de hacerlo. “El motivo de esta negativa es por la pandemia de coronavirus, ya que las liebres que recibimos como materia prima provienen de cazadores que recorren con sus camionetas cazadoras cientos de kilómetros por cada noche de caza, traspasando mas de una jurisdicción provincial, hasta que regresan a la mañana al pueblo, para entregar sus piezas a los diferentes acopios habilitados, donde diariamente se recogen las liebres por medio de camiones frigoríficos para destinarlas finalmente a las plantas de faena”, relató un vocero de esa empresa fundada hace más de medio siglo.
Desde esta posición, llevar adelante la temporada de caza “será esta vez extremadamente riesgosa dado la actual realidad sanitaria y aunque la circulación del virus sea baja en el interior de la provincia”.
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