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El puntapié inicial fue la creación de la Cooperativa Agrofrutícola El Oasis, en 1988. Los vecinos de Los Antiguos ya habían sido testigos de otros proyectos similares que no habían tenido buenos resultados, como una vieja cooperativa que producía y almacenaba fardos de alfalfa. Pero esto se perfilaba como algo completamente distinto porque suponía producir y vender algo muy demandado por el mercado.
“La gente del INTA, de la estación experimental de Santa Cruz, perfiló a los productores. Eran todos pequeños –tenían entre una y tres hectáreas- y estaban dispersos. A raíz de eso los reunió y propuso que se arme una cooperativa”, contó a Bichos de Campo Federico Guerendiain, productor y miembro del consejo de administración de la cooperativa.

Siendo el primer ingeniero agrónomo que llegó a Los Antiguos 28 años atrás, Federico fue testigo del desarrollo de este proyecto y de todos los obstáculos que enfrentó.
“Santa Cruz era una provincia lanera. No había formación sobre fruta y producir acá es muy difícil. En su momento no había teléfono, los mensajes eran por radio aficionados. Hoy hay serios problemas de electricidad, se produce con motores a gasoil en la usina. Hay un sólo proveedor de internet y no tiene banda ancha”, dijo.
La cooperativa se levantó sobre un predio viejo con un galpón que todavía guardaba algunos de los fardos del anterior emprendimiento. Lo primero que se armó allí fue una estación de empaque sencilla, en 1993.
Hasta ese entonces, los miembros compraban en conjunto cajas de una cartonera de Buenos Aires y realizaban sus propios empaques en sus chacras. Los compradores venían en su mayoría de la ciudad de Comodoro Rivadavia y recorrían cada predio en busca del precio más barato. Quién tenía una camioneta optaba por viajar hasta la ciudad y venderlas allí.
Además de vender en la ciudad, el otra alternativa comercial era la Fiesta Nacional de la Cereza, que se celebra todos los años en enero. El aluvión de turistas era tal que los 4000 habitantes de Los Antiguos recibían hasta 20.000 personas con “hambre” de cerezas.
El salto vino cuando los miembros decidieron colocar algo de su producción en el Mercado Central de Buenos Aires. “Llegamos sin conocer. Nos daban cheques rebotados, no cobrábamos. Hasta hacer la experiencia no fueron buenos años, nos jodían siempre”, aseguró ofuscado el ingeniero. Pero como todo en la vida, se trata de una de cal y una de arena.
Gracias a su presencia en el mercado concentrador porteño, durante una ronda de negocios técnicos del INTA los contactaron con un importador de España. Y en 1995 se concretó el primer envío a ese país –cliente que continúa hasta el día de hoy- y un año después también los recibió Bélgica e Inglaterra.

¿Hay una fórmula mágica detrás de esas cerezas? Se podría decir que sí. “Por la latitud en la que estamos hay mucha amplitud térmica. En enero hay 1°C por la mañana y 20°C por la tarde. Eso hace que el fruto convierta más ácidos en azucares. Con el INTA queremos hacer una denominación de origen”, reveló Guerendiain. A eso hay que sumarle que son las últimas del año y llegan cuando los mercados están desabastecidos, por lo que los productores obtienen muy buenos precios.
Y con los años fueron sumando otros destinos: Emiratos Árabes –hoy es el principal cliente en volumen-, Arabia Saudita, Baréin, Qatar, Rusia y últimamente también Singapur. Hace dos años se envío un cargamento a China, pero por el elevado costo del envío, los números no cerraron y no se concretó otra operación a ese mercado “colonizado” por los productores chilenos.

Hoy el 60% de la producción se exporta vía aérea desde Ezeiza y el 40% restante se comercializa en el Mercado Central de Buenos Aires con clientes ya consolidados.
“Muchos productores quedaron en el camino porque el cooperativismo no es para todos, lamentablemente. Hoy hay 24 socios de los cuales 12 tienen producción propia y el resto está en vistas de eso”, resaltó el productor.
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]]>Según un reporte del organismo tecnológico, el desarrollo se está llevando a cabo en la lejana Agencia de Extensión Rural Los Antiguos, en Santa Cruz, una de las zonas productivas de cereezas. Intervienen también de la iniciativa investigadores del Laboratorio de Agroelectrónica del INTA.
Ver Las cerezas argentinas empiezan su más anhelado peregrinar: de la Patagonia a China
Conocidas por su color rojo y superficie lisa y brillante, las cerezas se destacan por el aporte nutricional y las propiedades antioxidantes que poseen. Son ricas en fibras y en vitamina C y A –en forma de betacaroteno–, tienen un 85 % de agua y, como poseen un patrón de maduración no climatérico, la madurez no avanza luego de la cosecha.

Como se trata de un producto muy delicado, en algunos casos no llega con calidad óptima a los mercados más alejados y a consumidores cada vez más exigentes. Para reducir al máximo el daño que sufre la cereza durante las etapas de empaque y traslado final, Andrés Moltoni, referente del Laboratorio de Agroelectrónica, trabaja con su equipo en el desarrollo de un sensor que registrará la magnitud de los impactos. La idea es medirlos, para evitarlos.
“Durante el empaque, los frutos reciben golpes que luego se traducen en depresiones llamadas ‘pitting’”, señaló Moltoni. Y agregó: “Como esos golpes disminuyen el valor comercial de la cereza, a solicitud del INTA en Los Antiguos, nos enfocamos en el desarrollo de sensor que nos muestre cuáles son los momentos en los que se generan los mayores impactos”.
Uno de los principales desafíos que enfrentó Moltoni y su equipo en el laboratorio, fue el diseño de un dispositivo electrónico cuyo tamaño y peso sea similar al calibre y peso de las principales variedades de cereza que se producen en la Argentina. “Obtuvimos un sensor que permite registrar los impactos y movimientos que se producen durante todo el proceso, un microcontrolador y un transmisor inalámbrico que descarga la información en tiempo real y a medida que la cereza electrónica ingresa a los diferentes sectores de la línea de producción”, explicó Nicolás Clemares, otro especialista en Agroelectrónica del INTA.

La cosas no es sencilla. Además del tamaño reducido, el dispositivo electrónico bajo desarrollo debe poder cumplir con el requisito de estanqueidad, debido a que en la mayor parte del proceso las cerezas se encuentran sumergidas en agua.
El dispositivo electrónico ahora se pondrá a prueba en dos plantas de empaque de la zona de Los Antiguos y será calibrado por los especialistas de la Agencia del INTA.
“Este desarrollo permitirá mejorar la calidad de la producción ofrecida por los productores locales”, destacó Fernando Manavella, especialista en fruticultura del INTA, quien aseguró que “el incremento en la calidad de la fruta que se exporta permitirá, no solo la apertura de nuevos mercados, sino también aumentar el valor agregado agroindustrial del país”.
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