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La entrada Un ganadero todo terreno: Alberto Rodríguez no se encasilla en ningún sistema y ha logrado integrar toda la cadena con creatividad y sacrificio se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>El campo contaba con pastizales naturales que sirven para una explotación ganadera limitada, con una carga que en la zona no supera 0,7 vacas por hectárea. Entonces Alberto comenzó a “pivotear” entre el negocio de su padre, el campo y la UCA.
Con el tiempo el campo empezó a demandar más dedicación y en 1995 Alberto sufrió un violento asalto en el conurbano y decidió irse con su familia a vivir a la ciudad de Verónica, cabecera del partido de Punta Indio, cerca de su campo familiar. Apostó a la ganadería con todo. Cuenta que al comienzo hacía 100.000 kilómetros por año comprando hacienda hasta que decidió vender todas sus vacas Angus, compró vacas “conserva” y arrancó de nuevo.
Alberto tuvo que volver a empezar varias veces, porque no tiene reparo en contar que se fundió en la crisis del 2001 y luego también en 2010. “Nos fundimos por las políticas de Estado, pero en cuanto el mismo nos deja de pegar, los productores nos levantamos de nuevo”, asegura.
Mirá la entrevista completa a Alberto Rodríguez:
Con el esfuerzo de años, Alberto hoy pudo constituir una empresa llamada “La Perla Agropecuaria”, que juega en todos los flancos del negocio ganadero. Cuenta con 600 hectáreas propias y otro tanto alquiladas en la zona de Hipólito Vieytes, partido de Magdalena, sobre la Ruta 20. Allí realiza cría, recría y engorde con suplementación.
En el lugar fue agregando silos de autoconsumo con alimento balanceado que él mismo fabrica en su propia planta, ubicada muy cerca, en el parque industrial de la localidad de Verónica. Con el balanceado se abastece para el engorde de todos los terneros de su propia producción y también para engordar animales de compra directa a otros productores.

Su sistema es bastante innovador, pues se trata de un engorde “a consumo voluntario”: los animales pastorean en pequeñas parcelas con uno o dos días de permanencia pero a la vez tienen libre acceso a los comederos para consumir el balanceado. Eligen ellos y Alberto dice que siempre eligen bien. Comienzan con consumos bajos y a medida de que pasa el tiempo, van aumentando el consumo de alimento balanceado con muy buena conversión, ya que la tasa se ubica entre 5 y 6 kilos por kilo de carne ganado, dependiendo de la calidad de los animales.
Este curioso emprendedor tiene cinco hijos y tiene la inmensa fortuna que hay tres de ellos que se integraron al trabajo de la empresa, lo que le permitió agregar más valor a la misma. Así fue como en la planta de Verónica comenzó a producir expeller de soja, aceite y biodiesel, que aprovecha como combustible para los camiones y camionetas de su propia empresa. Y claro, tiene transporte propio.
Como si le faltara algo a este modelo de integración, Alberto faena sus animales y los vende. Una buena parte de su producción la comercializa en dos carnicerías que también pertenecen a la empresa, una en Magdalena y otra en Verónica. Al excedente lo vende “al gancho”, en media res, a otros dirstribuidores.
Tiene además un campo alquilado, de 320 hectáreas, habilitado para Hilton, en el que hace engorde de vacas y novillos, pero exclusivamente a pasto. También comparte con un productor de Punta Indio, un campo de médano y monte, en el que hacen recría precoz y semi-precoz, a porcentajes. “Es un campo que funciona muy bien con esas categorías, nos ayuda a destetar anticipado y nos permite poder comprar vacas viejas con cría. Y hacer por un lado, la recría de terneros, y por el otro, la vaca pasa a engordar para exportación”, señala Alberto.

Inquieto como pocos, Alberto llegó a ser presidente de la Sociedad Rural de Punta Indio entre 2014 y 2020. Hoy se sigue denominando como un emprendedor familiar, a pesar de que La Perla Agropecuaria tiene 25 empleados. Uno de sus encargados suele contar que Alberto no sólo le dio trabajo sino que lo ayudó a superar una dura crisis familiar, por lo que dice que nunca lo piensa dejar, sino agradecerle con trabajo, de por vida.
Cuando empezó la pandemia Alberto armó un grupo para ayudar a las personas que se habían quedado sin trabajo. Lo llamaron “Ayudemos a Ayudar” y se dedicaron a juntar alimentos. Durante 4 meses entregaron más de 1000 bolsones. “Y en ese momento junté a todas las instituciones intermedias del partido, desde Sociedad Rural, Cámara de Comercio, Clubes Deportivos, Centros de Jubilados, Centros Tradicionalistas y otros –unas 35 instituciones- y actuó de coordinador entre las mismas y el Municipio.

Rodríguez dice que su esposa siempre lo apuntaló y que si no hubiese sido por ella, no hubiese llegado a constituir la empresa que hoy exhibe con orgullo. Le duele mucho que uno de sus hijos ha emigrado de Argentina, en busca de mejores oportunidades, luego de ver a su padre cómo pasó largas horas de su vida luchando contra las políticas de Estado que casi siempre le han sido adversas.
Pero Alberto no pierde la esperanza y sigue apostando al trabajo, la producción y la capacitación de su gente, que dice ser “es la única vía para dejar de caer, y volver a crecer como país”.
Recomendamos mucho este reportaje. es un placer escuchar a este ganadero todo terreno.
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]]>La entrada Inspirado en una vieja Infortambo, el agrónomo Germán Garganta decidió elaborar exquisitos quesos de oveja cerca de La Plata: Hasta les hizo una soja para pastoreo se publicó primero en Bichos de Campo.
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En su página web admiten que es un territorio extraño para llevar a cabo un emprendimiento como este: “Presenta una clara vocación agrícola-ganadera, con ligeras ondulaciones y un régimen de lluvias adecuado. Los terrenos declinan hacia el Este, buscando las aguas del Río de la Plata. De antigua tradición lechera, los distintos pueblos de esta cuenca supieron estar unidos por el viejo ferrocarril La Plata-Pipinas. Hoy en día la lechería y la industria láctea continúan su desarrollo y a ella se le han sumado la horticultura y la avicultura”.
-Hay muy pocos tambos de ovejas así en el país. ¿Por qué se decidieron ponerlo en esta zona?
-El queso de oveja se produce desde épocas ancestrales y recordemos que el queso roquefort original se hace en Francia, con leche de oveja. Pero en la Argentina esta actividad experimentó cierto empuje durante la década del ’90. Después decayó y apenas se mantuvieron algunos esfuerzos aislados. El INTA ha sido referente en esta zona y hoy la actividad está volviendo a tener auge. Nosotros tenemos 450 a 500 ovejas en ordeñe y hemos logrado montar nuestra propia fábrica de quesos.
Mirá la entrevista con Germán Garganta:
-¿Cuándo y cómo empezaron con este emprendimiento?
-Mi amigo Nicolás De Gracia había comprado con mi asesoramiento este campo de 61 hectáreas hace 9 años. Él estaba trabajando fuera de Argentina y yo en Corrientes. Dos años después me llamó y me dijo: “Yo me imagino haciendo algo que tenga que ver con la tierra, pero vos elegí qué hacer en ella”. Resulta que cuando yo tenía 18 años había leído en una revista sobre un italiano, Macedo, que en El Bolsón había emprendido un tambo de ovejas y me quedó un idilio con las ovejas para siempre. Le propuse poner uno y me respondió: ‘No sé lo que es, pero si encontrás ovejas, comprémoslas’.
-¿Entonces no hicieron un estudio de prefactibilidad y todo eso?
-No hubo un motivo económico, porque ambos vivimos de otra cosa, sino vocacional, pero mía. Esto sería algo sencillo para mí, que asesoro campos y trabajo con commodities, pero al comienzo nos costó por no saber. Pero hoy no nos arrepentimos.
-¿Cómo es el planteo?
-Hacemos ordeñe durante 10 meses del año y descansamos dos meses. El ciclo productivo de la oveja consiste en que le damos servicio, luego tiene 5 meses de preñez, después tenés el cordero al pie de la madre durante 1 mes, donde se hace media leche y a partir de ahí se desteta y continuamos 6 o 7 u 8 meses más en promedio, según la oveja, produciendo leche. Escalonamos los servicios para poder llegar a los 10 meses en producción.
-¿El tambo funciona igual que uno bovino?
-Ordeñamos una vez por día, siempre a la misma hora, como si fuese un tambo de vacas. Estamos en un promedio de 720 cm3 por día, que es muy fluctuante, según la lactancia, la edad, muy parecido a la vaca.
-¿Y de qué depende de que las ovejas sean más productivas?
-Depende de la sanidad, de la alimentación y la clave del éxito es un componente genético, que en Argentina aún hay que descubrirlo, porque no hay un ‘book’. No es como con las vacas que vos tenés un toro corrector para cada problema. Por una cuestión sanitaria sólo podemos tener genética de Nueva Zelanda (hay barreras sanitarias de otros orígenes). Pero ellos hoy no están mejor que nosotros, sino que aún están practicando aventuras genéticas. Aunque tal vez dentro de 4 años sí, porque ellos están trabajando seriamente en ese tema.

-¿Entonces no tuvieron muchas opciones en el arranque?
-Cuando nos iniciamos en 2013 la actividad ovina estaba en extinción y tuvimos que comprar lo que había. Pero hoy gracias a la ley de promoción ovina, la misma ha crecido y al ser un animal prolífico, porque no es raro que la oveja tenga mellizos, hay más oferta. Hoy si tuviera que empezar de nuevo, haría otra selección, pero aún no tenés seguridad.
-Uno se imagina a las ovejas en otros paisajes, no en éste.
-Para dimensionarlo: querés poner un tambo de vacas en esta zona y una vaca te produce 30 litros de leche por día, y en ese mismo espacio donde tenés una vaca podés tener 7 a 8 ovejas que -con todos los planetas alineados- te producen cada una 1 litro por día. Si bien la leche de oveja tiene más sólidos que la leche de vaca, sus rendimientos no llegan a compensar la diferencia en el volúmen.
-¿Y cuánta leche ovina se necesita par a hacer un queso?
-Nosotros estamos teniendo un rendimiento de 6 a 7 litros de leche de oveja por kilo de queso, y en el caso del queso de vaca necesitaríamos 10 a 11 litros de leche.
-¿Cómo es la alimentación?
-Hacemos pastoreo natural y estamos haciendo pruebas de rotación para ver si funciona. Nuestro problema es el verano y estamos probando con soja, porque el año pasado fue muy seco y lo único verde que había era la soja. Entonces yo pensé: “Ahí está la proteína que necesito”. La diferencia con la vaca es que la oveja requiere de un cuidado diario.

-¿Qué carga de ovejas tenés en estas 61 hectáreas?
-Nuestra unidad económica está basada en 60.000 litros anuales de leche y nuestro tambo tiene una capacidad para no más de 500 ovejas en ordeñe. Fijate que producimos en un año lo que cualquier PyMe de leche vacuna produce en un día. Nuestra tina de elaboración es de 500 litros y cada día por medio la llenamos y elaboramos los quesos. No dejamos que pase más de tres días en tanque de frío, porque hasta tres días mantiene su calidad intacta. Se puede congelar, pero descongelada, no te sale el mismo queso de alta calidad.
-¿Tuvieron que aprender de cero para hacer quesos de ovejas?
-Fuimos con mi esposa a hacer un curso a Italia y un cuñado es técnico lácteo y nos dio la receta y los consejos básicos. La leche de oveja es bastante pesada y hacemos dos tipos de queso: pecorino, que en Italia es un queso de rallar. Lo vendemos con varias maduraciones. Y un caciotta, que parece de pasta hilada, pero no lo es, porque se termina de hacer con agua caliente y acá no es muy conocido. Lo vendemos en restoranes, hoteles y locales especializados, para un público que lo sabe valorar. Hoy no nos queda stock, apenas los ponemos a la venta, se agotan. Por eso nuestro desafío está en producir más leche.

-¿Y cumpliste tu sueño tan anhelado desde que leíste aquella revista Infortambo?
-Mirá, en esta actividad no te podés enganchar si no lo hacés con pasión. A mí me da bastantes satisfacciones porque cuando uno vende algo auténtico, que verdaderamente hace con amor, lo reconforta. Y notamos que a la gente, aunque no entienda de quesos, cuando prueba los nuestros, le gustan.
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]]>La entrada Ramiro Iturriaga cría ovejas, gallinas y cerdos sobre pastizales y con métodos regenerativos: “Quiero dejarle el campo a mis hijos mejor de lo que yo lo encontré” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La Encimera es un campo de 30 hectáreas en donde Iturriada produce ovejas, gallinas, pollos y cerdos pastoriles, llevando adelante un manejo ciento por ciento agroecológico. Además cuenta con varias colmenas distribuidas por el campo. Natalia, su mujer, se ocupa de la comercialización de los productos en una tienda especializada que también forma parte del planteo familiar.

Las distintas técnicas que aplica esta joven agrónomo las aprendió en parte en la facultad, aunque también de manera autodidacta, acercándose primero al sistema de Pastoreo Racional Voisin (PRV) y a los trabajos realizados por el agrónomo estadounidense Joel Salatin sobre ganadería regenerativa, con quien hasta logró hacer una capacitación años atrás.
“Hacemos integración de especies. El campo lo dividimos primero en parcelas de aproximadamente 1 hectárea, y respetamos los periodos de descanso de las pasturas para que puedan desarrollarse y llegar a su vigor. De esa forma fijamos materia organiza, vamos regenerando el suelo y mejoramos la cantidad de animales que podemos llegar a tener”, explicó a Bichos de Campo Iturriaga.
Mirá la nota completa acá:
Las pasturas del campo son las naturales de esa zona productiva, que se caracteriza principalmente por pastizales nativos aptos para llevar a cabo planteos sistemas ganaderos. Allí puede encontrarse una mezcla de raigrás, estipa y lotus.
“Para nosotros una ventaja en este sistema agroecológico que desarrollamos es que no tenemos agricultura cerca, no hay pulverizaciones y podemos hacer esto a lo que apuntamos. Es a su vez una ventaja para las colmenas, ya que las abejas van de mi campo al campo de los vecinos. Es una zona muy buscada para la parte apícola al de no haber agroquímicos en el ambiente”, señaló el agrónomo.
El modelo de integración de especies implica rotar el recorrido que los distintos animales realizan por el campo. Así, luego del pastoreo de las ovejas, las gallinas para huevos y los pollos para carne también realizan un pastoreo libre, y en el lugar ingieren semillas, bichos y larvas que no son incorporados por los ovinos. Esto ha permitido mejorar mucho la situación sanitaria de las ovejas.

Las gallinas “comen las larvas de los parásitos de las ovejas. Nosotros venimos haciendo análisis de HPG, que es el recuento de larvas en la materia fecal de las ovejas, y cada vez venimos teniendo menos por esto mismo. No tenemos que desparasitar y de esa manera usamos menos químicos y algún tipo de medicamento”, afirmó Iturriaga.
La Encimera produce ovejas y cerdos para carne, lana -aunque la misma tiene en esta zona de Buenos Aires poca salida al mercado ante los bajos precios que recibe-, huevos y miel. Todos estos productos más otros elaborados por otros productores agroecológicos son comercializados en un local propio ubicado en la localidad platense de City Bell y en ferias cercanas.

“Es una ideología, una forma de vida, una manera de ver las cosas. Esto lleva mucho trabajo y te tiene que gustar. Acá viene mucha gente a asesorarse para tener este sistema y les digo que no es algo que podes manejar a control remoto. Acá tenés que estar encima y con frecuencia”, dijo Ramiro.
Añadió que “no es fácil en Argentina emprender, pero nos gusta y lo hacemos porque estamos convencidos de que este es el camino de lo agroecológico y lo sustentable. El campo que yo encontré acá quiero dejárselos a mis hijos mejor de lo que lo encontré”.
A continuación remarcó: “La gente de la ciudad piensa en algo muy idílico de lo que es el campo. El campo también es duro. A veces no hay servicios, en una época no había luz. Hoy en día es otro tipo de campo. Tenemos luz, internet, un buen camino. Eso no quiere decir que en todo el país sea así, pero estos modelos son una manera de volver y generar arraigo. Creo que esta es una interesante salida laboral para campos chicos o grandes”.
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]]>La entrada Turismo rural: Miriam Gattari se cansó del estrés de Buenos Aires y encontró en un campo con dos viejos vagones una nueva forma de vida se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Buscando opciones, fuera de su horario de trabajo se había puesto a estudiar turismo, algo que había deseado desde chica. Así llegó a los cursos de turismo rural que en la Facultad de Agronomía de la UBA (Fauba) había creado el recordado Ernesto Barrera. Así Miriam comenzó a reconocer que su corazón le tironeaba hacia la vida campera, de la cual no tenía ni idea.

Un día se enteró de que un colega farmacéutico se había jubilado y se estaba dedicando a la producción agropecuaria. Le preguntó si sabía de alguien que vendiera algún campo y éste le dio unas tarjetas para que llamara. Así fue como halló un campito de 21 hectáreas, en la zona rural de Bartolomé Bavio, partido de Magdalena. El mismo está ubicado a 1 kilómetro de la ruta 36, en el paraje El porteño, a sólo 90 kilómetros de Buenos Aires. Lo compró en 2002, porque le gustó la zona. Pero fundamentalmente le atrajo que tuviera dos viejos vagones de tren.
Recuerda que un día lunes del año 2006 llegó a su trabajo y dijo: “renuncio”. Luego se fue a vivir a su campo y se decidió a dedicarlo al turismo rural. Llamó a su emprendimiento Los dos vagones, porque remodeló los mismos y los aprovechó para hospedar adultos, sin chicos, especialmente parejas.
Mirá la entrevista a Miriam Gattari:
-¿Y no hiciste alguna actividad productiva en este campo?
-Hacemos de todo. Hice cursos en la Escuela Agraria de Bavio para criar cerdos, pero luego cambié por ovejas y hoy tengo unas 140. Además ahora tengo una huerta orgánica, pollos, gallinas, vendo huevos, y una gente amiga nos colocó colmenas y les vendo la miel. También hice cursos para elaborar dulces, mermeladas y licores. En mi vida no había cocinado ni una salchicha y ahora hago hasta la repostería para los huéspedes.
Cada vagón consta de dos dormitorios, con un baño y un comedor. Afuera, una mesa, reposeras y una parrilla. Hay una amplia piscina y un intenso bosque. En un galpón muy grande desplegó el “Salón Los Dos Vagones”. Es una sala de estar decorada con antigüedades y viejas herramientas de campo, con sillones, juegos, libros. Allí se desayuna todo casero y hasta se puede comprar miel o licores o mermeladas para llevar a casa. Todo eso en la mitad del galpón, porque en la otra mitad creó una especie de loft para alojar a otros grupos de visitantes. La casona tiene un antiguo alero bajo el cual sentarse a contemplar el campo, las ovejas y algunas vacas.
Miriam luego aprovechó un “minivagón” (en reallidad es una casilla rural) para hacer una cuarta cabaña para huéspedes. Y ahora está pensando en ofrecer alojamiento a parejas que quieran pasar una noche en una casa rodante. Cuenta que ha realizado eventos como casamientos y sobre todo lo ofrece para escapadas románticas, hasta con noches de luna llena. La mayoría de sus huéspedes son urbanos que buscan un cable a tierra con la naturaleza.
“Me vine a vivir sola y me costó mucho adaptarme a este contacto tan directo con la naturaleza porque no conocía ni el lenguaje de campo. Imaginate que si acá te quedás sin papel higiénico, tenés que hacer 22 kilómetros para conseguirlo. Tuve que resolver el problema de los cortes de luz comprando un generador, instalar internet porque había muy poca señal. Tardé dos años en remodelar las instalaciones y me costó aceptar que a sólo 50 kilómetros de La Plata no tuviéramos buenos caminos”, describe.

“Hoy hago gestiones para resolver problemas, no sólo míos, sino de las pocas familias que viven en el paraje y que trabajan en los distintos emprendimientos. Yo tengo a Miguel que me ayuda con los animales y las tareas de mantenimiento, y otras mujeres que me ayudan. Ya casi no voy a la ciudad, porque este lugar es hermoso y me cautivó. Ya me adapté, si bien conservo mucho de porteña aún, y me encanta recibir gente para que disfrute de la naturaleza y todo esto que a mí me hace feliz”.
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