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La entrada Pandemia mediante, la exportación de fruta fresca creció un 6% respecto al 2019 se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Según los datos recolectados por el Senasa sobre los cargamentos certificados, del total de frutas frescas exportadas, 321.278 toneladas correspondieron a pera; 247.985 a limón fresco; 98.446 toneladas a manzana; 73.956 toneladas a naranja; y 32.767 toneladas a mandarina.
Los principales destinos fueron países de la Unión Europea; la Federación Rusa y Estados Unidos, entre otros. También se registraron envíos de arándanos, uva, kiwi, granada y cereza, entre otras frutas frescas.

“Este logro es producto de una conjunción de fuerzas, entre los productores argentinos que no bajan los brazos y el trabajo incansable del Senasa, que debió adaptar sus tareas y ajustar los controles para seguir certificando las exportaciones en este marco de pandemia, demostrando que las instituciones se fortalecen incluso en tiempos difíciles cuando hay políticas públicas que acompañan”, exageró el ministro de Agricultura, Luis Basterra, en una gacetilla oficial.
Respecto al 2019, la exportación de pera creció un 11% siendo sus principales destinos Brasil con 91.794 toneladas, Rusia con 85.071, Estados Unidos con 38.294 e Italia con 25.367 toneladas.
En segundo lugar quedó el limón con un crecimiento del 6%, en un año convulsionado por las restricciones que llegaron desde la Unión Europea ante la aparición de mancha negra en cítricos. Para fortuna, la mayoría de los cargamentos pudo llegar a destino y la exportación superó las cifras interanuales del año anterior.
Los principales mercados para el limón fueron Rusia con 57.932 toneladas; Estados Unidos con 33.536; Países Bajos con 31.829 y España, 25.171 toneladas.
Quienes no crecieron este año, según datos de la Secretaría de Mercados Agropecuarios para el período de enero a septiembre de este año, fueron las mandarinas con un 12% menos de exportación, las naranjas con un 5% de caída, los pomelos con un 14% de retroceso y las frutillas con un 77% de reducción.
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“Mi viejo empezó con pocas hectáreas que eran del abuelo. Hace 22 años se fue a Buenso Aires (y abre su propio puesto de venta de cítricos en el Mercado Central), fue creciendo y adquiriendo más hectáreas (hoy tienen 300), luego se invirtió en la cámara de frío, transporte propio y también tenemos un puesto mayorista en el Mercado Central. Es esa integración la que nos permite sobrevivir”, relató el joven.
En esa linea, Stivanello consideró que el productor chico que no se integra y no incorpora otro eslabón en la cadena tiene poca vida por delante, porque la macroeconomía complica demasiado las cosas para quienes producen en la Argentina. “Hay muchos productores que la sufren, tienen que vender al empaque, para que éste venda la fruta a otro mercado. Entonces el precio que reciben es muy bajo. En el mercado se vende a precios mínimos y gana el que vende el producto”, explicó.
Escuchá la entrevista completa a Exequiel Stivanello:
Este citricultor repite lo que tantos otros, a lo largo de estos años en los que se vió como muchos pequeños productores de las economías regionales fueron quedando fuera del sistema. “El pequeño productor siempre queda afuera y lo más difícil es acceder a políticas regionales. Por ejemplo, peleamos por la Ley de Emergencia Citrícola y al final solo nos postergaron tres vencimientos de IVA y nada más. Las economías regionales tienen todas los mismos problemas, a pesar de que mueven mucho y dan mucho trabajo”, reflexionó.
Stivanello se refirió a lo que está pasando con esta producción, que acaba de ponerse a cosechar en esa zona del litoral.
“Venimos de años muy malos, la suba del dólar influye mucho porque producimos con insumos importados, tenemos altos costos y bajos ingresos, porque vendemos todo al mercado interno. No hacemos exportación por cuenta propia. Y entonces entra la mercadería y el mercado se satura”, comentó a Bichos de Campo.
Esa saturación reduce los precios que finalmente llegan al productor. Contó que el valor del cajón de 18 kilos de naranjas, que se vendía hace unos días a 700 pesos, cayó ahora a 500 pesos, lo que resulta inferior al costo de producción, que ronda los 550 a 600 pesos.
Además el sector primario tienen dificultades con la fruta de descarte que usualmente se vende a la industria que hace jugos. Exequiel relató que allí “entregas lo que no se comercializa al mercado interno, pero los pagos son a 6 o 8 meses. Imagínate lo que se devalúa el dinero”.
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]]>La entrada Javier Siviero, productor de cítricos, se enojó con Bichos: “¿Qué quiere que arranque? Si esto está vivo, es parte nuestra” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Javier vive en Mocoretá, en el sudeste de Corrientes, a pocos kilómetros de la frontera con Entre Ríos. Estas tierras salpicadas por las aguas del caudaloso Río Uruguay fueron colonizadas por italianos y españoles, pero antes pertenecían a un gran estanciero. En este caso la familia Sáenz Valiente, alguno de cuyos integrantes se había casado con una hija de Justo José de Urquiza.
El abuelo de Javier se llamaba Santos Siviero. Santos no era citricultor cuando, como colono recién llegado a estos parajes, arrendaba un poco de tierra a esa estancia: 33% de todo los que se producía iba a parar al patrón en concepto de alquiler. Santos, como el resto de los inmigrantes, producía lino, producía tártago, producía cebolla, producía maní. Todo lo que se necesitara para sobrevivir.
Al abuelo de Javier, sus vecinos, lo trataron de loco e irresponsable cuando anunció que además iba a implantar, si el patrón lo dejaba, unos naranjos desde la semilla (en esa época ni siquiera había plantines). “Como la tierra no era de él lo miraban raro, cuenta Javier. Le decían: “Pero Santos, ¿cómo se te ocurre producir naranjas en tierras arrendadas? Quizás estés en otro lado para cuando esos árboles den frutos”.

El escenario mayor de la fiesta de la citricultura en Mocoretá lleva el nombre de Santos Siviero. Los naranjos prosperaron y Santos pudo saborear su jugo, porque pudo comprar finalmente un pedazo de campo, instalarse definitivamente y hacer familia. Ahora es considerado una suerte de patriarca de la citricultura en la región. Entre el sur de Corrientes y el norte de Entre Ríos existen unas 70 mil hectáreas implantadas con naranjos y mandarinos.
Ver Fernando Borgo: “Los citrícolas nos hemos ido mediocrizando y hoy luchamos por sobrevivir”
Javier, el nieto de Santos, ahora habla con Bichos de Campo. Se le salen algunas lágrimas cuando describe que aquella economía regional que nació con su abuelo y tuvo su época de esplendor con su padre, hoy está languideciendo. Le tocan las generales de la ley de las economías frutícolas, donde los bajos precios de la fruta no siempre llegan a compensar los costos de producirla. Donde no hay árbitro que defienda a los productores. El Estado, de cualquier rostro, se ha convertido al algo peor al viejo estanciero: se lleva más dle 33% de los ingresos.
Mirá la entrevista completa con Javier Siviero:
En el departamento de Monte Caseros, donde están las 70 hectáreas de cítricos de la familia de Javier, hay en total unas 18 mil hectáreas sembradas con naranjas y mandarinas, algo de limón y también de pomelo. O mejor dicho, “debería haber 18 mil -nos aclara Javier-, porque se han ido abandonando muchas. Hay mucha gente que no está pudiendo llegar con los costos desde hace muchísimos años. No es reciente, y lo aclaro porque no solo es culpa de este gobierno. A veces se juntan factores climáticos con cuestiones económicas, pero lo cierto que no llegan a cubrir los costos”.
Javier ha venido cobrando unos 2 pesos por kilo de naranja ombligo colocada en el mercado de Buenos Aires y su conurbano, y quizás algún peso más por kilo de mandarina. Es más o menos lo mismo que se ha venido pagando los últimos dos años. Sus costos, si él hiciera lo óptimo, estarían bastante por encima de eso, pero Javier y el resto de los productores van achicando la inversión, con lo cual mal la podrían medir. Le quitan fertilizantes a las plantas, dejan de podarlas, descuidan la pelea contra alguna plaga. Se pauperiza todo.

A veces, y este año le sucedió, Javier ha debido tirar lotes enteros de fruta, dejarla pudrir en los suelos, al pie de los árboles, donde por lo menos sirven para aportar algo de materia orgánica. “A veces ni siquiera se encuentra mercado para colocar la fruta. No hay mercado”, nos dice. En su propio ejemplo, nos cuenta que “pasó todo junto. Los valores eran pésimos, no cubrían los costos de cosecha, y por más que algunas veces uno quisiera venderla al costo, no se vendía. Era llevarla hasta allá para tirarla en el mercado”, completa.
-¿Qué se pierde cuando cierra una chacra?- le preguntamos a Siviero.
-Se pierde la dignidad, el amor propio, se pierde todo. Es una angustia incalificable. Aparte de los económico, que está clarito, la familia se disgrega, la gente se va. esta es una producción que da mucho trabajo. Lo cataloguen como lo quieran catalogar, es trabajo y la gente se lleva dinero a la casa, sea en blanco, sea en negro. Se critica mucho pero no podemos estar dentro siempre de lo que es la ley laboral. Uno necesita un montón de gente un día y al otro día nada. Es una actividad zafrera. La fruta es algo que hoy pide el mercado y que mañana no se vendió. Y no se vendió.
Javier dicen que en el mejor de los casos, cuando llega a obtener un retorno de 1 peso por kilo de fruta, necesita la ganancia de un bin completo de 350 kilos para poder enfrentar la compra de un kilo de pan.
“Acá hay dos castigados: uno es el productor primario y el otro es el consumidor final. Pero de esos dos hay uno doblemente castigado, que es el productor, porque también es consumidor. También compra gasoil, comida o ropa”, razona.
Ver La mayor distorsión ahora está en los cítricos, según el relevamiento de precios de la CAME
Siviero, tercera generación de citricultores, nieto del “loco” al que se le ocurrió plantar naranjos desde la semilla en tierras alquiladas, se fastidia con Bichos de Campo cuando le preguntamos provocativamente por qué si pierde tanto dinero no reconvierte sus tierras a otros cultivo, o directamente cierra y se dedica a otra cosa.
“Usted es periodista. Me imagino que lo hace porque le gusta. Nosotros hacemos esto porque nuestra alma está acá, es parte nuestra, es eso. Esto está vivo, lo plantamos nosotros, no es arrancar y cortar y poner otra cosa. Es parte nuestra”, nos responde.
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]]>Este sencilo diagnóstico está en linea con lo que viene diciendo, mes a mes, la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) en su capítulo de Economías Regionales. La entidad mide la distancia que existe entre lo que cobra el productor y lo que paga el consumidor por una canasta de productos agropecuarios. Con esas información va confeccionando un índice que siempre muestra lo mismo: buena parte de lo que el productor necesita para sobrevivir está en la cadena de intermediación. El problema es que no le llegá.
Este mes, como si hubiera estado premeditado, resultó ser que los cítricos (mandarina, naranja y limón) son, según esta medición de la CAME, los productos que muestran mayor distorsión, al mostrar la distancia más grandes entre los precios al productor y los que paga el consumidor de estas tres frutas. Dice que el consumidor, por ejemplo, pagó hasta más de 13 veces del valor que recibió el productor por la mandarina. Para redondear en el limón la brecha fue de 12 veces y en la naranja de 11 veces.
Para volver al razonamiento del principio, la CAME detectó que los productores de mandarinas cobraron en agosto pasado 2,8 pesos por kilo. Pero ese mismo kilo, ya en las ciudades, se pagaba 36,6 pesos. El razonamiento del productor era que si 2 de esos casi 37 pesos derramaban en precio al productor, estos casi que duplicarían sus ingresos sin tenr necesidad de aumentar los precios al consumidor.
Este es el listado de todos los productos relevados por CAME:

En promedio, según este medición, el mes pasado los consumidores pagaron 5,6 veces más de lo que cobró el productor por los productos en la tranquera de sus campos, cuando en julio la diferencia fue de 5,15 veces. Hay muchas dispersiones: mientras en la mandarina la brecha fue de 13,3 veces, en la frutilla fue de 1,73 veces.
En le promedio, la participación del productor en el precio final se mantuvo prácticamente estable, apenas bajó 0,3% a 23,6% promedio, desde el 23,7% el mes anterior.
Mirá el programa especial de Bichos de Campo sobre la economía citrícola:
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]]>Los cítricos dulces argentinos se cultivan casi en su mayoría en una zona que va del norte de Entre Ríos al sur de Corrientes. Las naranjas y mandarinas que se consumen en todo el país salen de ahí. De todos modos, no existe un censo bien hecho sobre la superficie plantada y productiva, pero se sabe que están en actividad muchas menos de las 60 mil hectáreas que han sabido haber.
Aquí la entrevista completa con Fernando Borgo:
Borgo, que integra la FeCiER (Federación del Citrus de Entre Ríos), cuenta que en su provincia había en 2016 unos 1.600 productores y que no cree que desde allí hayan bajado tanto la cantidad de empresas sino que cayeron las hectáreas productivas, quedando mucha quinta -monte- abandonada.
“Hoy todo se emparejó hacia abajo. La rentabilidad vienen en caída año a año. Con los insumos dolarizados -fertilizante y agroquímicos- y el mismo precio de la fruta hace tres años, todo cuesta mucho”, destacó el productor a Bichos de Campo.
Ver Ariel Panozzo Galmarello: “En los últimos 12 años perdimos más de 15.000 hectáreas de cítricos”
Uno de los mayores cuellos de botella que tiene la actividad es que el 70% de la fruta cosechada se la lleva el mercado doméstico,mientras que otros 15% va a la industria juguera y el restante 15% va a exportación, con suerte. De modo que buscar divisas en el exterior no es una salida para la mayoría de los productores. Con el consumo interno tan deprimido, casi que no tienen escapatoria.
“La exportación puede hacer que tengas un horizonte más alto, pero nada más. El fuerte es el mercado interno. Ahora con un mercado local retraído tenemos indefectiblemente una citricultura retraída”, destacó Borgo.
El dirigente citrícola describió: “En este país hay dos agros: el agrícola de la zona núcleo que le trae divisas al país, y las economías regionales que damos empleo, con un impacto social en el interior muy grande”.
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]]>La noticia de hoy es la de la mandarina envenenada. Un oprobioso nuevo caso de mala praxis en el sector agropecuario.
No es cuento: acá no hay una bella durmiente ni una reina malvada. Es una mandarina a la que le inyectaron un agroquímico llamado carbofuran, que antiguamente se utilizaba para la desinfección de semillas o como insecticida en los suelos. Su uso estaría prohibido en citrus desde hace rato. ¿Se entiende? Hay un productor o algo parecido que lo utilizó a pesar del peligro que suponía. Supuestamente la siguió utilizando (¿él solo, o hay muchos?) para espantar los pájaros de su lote, asustarlos. Pero pasó una niña.
El diario La Nación cuenta que en el marco de la causa que investiga la muerte de esta niña de 12 años, en la localidad correntina de Mburucuyá, el fiscal Osvaldo Ojeda informó que la autopsia reveló en el cuerpo de la nena rastros del pesticida Furadán, que es una marca comercial del carbofuran. Dice el diario que es un “agrotóxico que está prohibido en el país por su grado de toxicidad”. No hay detenidos, ni imputados ni nada por ahora.
Solo un cuento que se repite y que termina mal. En las redes sociales los productores que hacen lo que se debe ahora se quejan de la falta de controles adecuados del Senasa, pero ya es tarde. La nena que comió la mandarina envenenada muerta está.
Es el mismo Senasa que…
A partir del 30 de Septiembre, el Senasa deberá dejar de caratular expedientes en papel, para hacerlo como “Expediente Electrónico”.
— Matías Longoni (@matiaslongoni) September 19, 2017
El mismo Senasa que acaso alguna vez dentro de no mucho tiempo deberá controlar los alimentos artificiales que por estas mismas horas tienen asombrado al productor agrícola y ex directivo de AACREA, Santiago del Solar, que anda de gira por el Sillicon Valley y se ha convertido en un cronista impensado de la agricultura del futuro para el mismo diario La Nación.
Cuáles son los alimentos "imposibles" que en Silicon Valley son "inminentes" https://t.co/uuU8R9vR3R vía @LANACION
— Matías Longoni (@matiaslongoni) September 19, 2017
“Hay empresas que crean sustitutos vegetales de la carne animal. Caso emblemático es la ya famosa hamburguesa de Impossible foods, que probé. Tiene textura y sabor bastante similar a una hamburguesa de carne vacuna. Desde ya que sobre gustos hay más de una opinión. Pero lo cierto es que hay muchos millones invertidos y por invertir en lograr que la “carne” vegetal se parezca cada vez más a la carne real. Y yendo más lejos aún, existen ya impresoras biológicas 3 D que producen en base a células animales multiplicadas en laboratorio “cortes” de carne vacuna y pollo. Alimentan las células animales originales con proteínas vegetales, y logran la biomasa necesaria para posteriormente, vía una impresora biológica 3D moldear el producto final símil pechugas de pollo, carne vacuna o bien cortes del popular Wagu con el veteado visible”.
Las crónicas de Del Solar nos recuerdan a una novela de Julio Verne, anticipando sin dudas lo que definitivamente va a venir. De lectura imperdible, marcan el fuerte contraste entre esa producción futurista y la historia de la nena que se murió por comer con inocencia una mandarina envenenada con un agroquímico de la vieja agricultura.
Otra noticia, en el diario La Capital, nos cuenta que en Entre Ríos se está poniendo en marcha un inédito juicio por una “fumigación” sobre una escuela rural, el primero de este tipo en esa provincia. El hecho ocurrió en diciembre de 2014 en Colonia Anita. Y ahora los Tribunales de Concepción del Uruguay buscan establecer las responsabilidades del dueño del campo, del piloto y de la empresa de aviación por la intoxicación sufrida por la docente Mariela Leiva, los directivos de la escuela y cinco alumnos de ese establecimiento.
Noticias como esta van a ser cada vez más frecuentes a menos que en la Argentina se genere una fuerte conciencia y se establezcan castigos severos (que se deberán hacer cumplir) para quienes hagan mal las cosas. La peor receta del sector frente a lo que sucede es el corporativismo.
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