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La entrada Camporita: la historia de una vaca sin dientes que inspiró una payada hilarante sobre el cepo cárnico se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“Mi payada se llama Camporita, en honor a una vaca de once años que es la que está en la foto. Alambrado de por medio se puede ver a su último ternero destetado, pues debo alimentarlo yo porque si dejo que ella lo haga se muere. Camporita no tiene dientes, arranca el pasto con la lengua, pero cuando el pasto se viene corto en invierno no alcanza a sacarlo, entonces ahora le damos rollos”, contó Gianoli en diálogo con Bichos de Campo.
Cuando el criador habla de Camporita se refiere a una vaca de la llamada categoría “conserva”, que, hasta la implementación del “cepo cárnico”, representaba una fuente importante de ingresos para los criadores. Gianoli consideró que “los pequeños productores tenemos dictada la sentencia de muerte como ganaderos; piensen que cerca del 30% de los ingresos que llegan a un campo chico como el mío provienen de la vaca conserva”.
El ganadero tiene unas 120 vacas en 65 hectáreas y, de ese plantel, el 12% son vacas que llegaron al fin de su vida útil y que ahora, por las medidas del gobierno, no tienen prácticamente demanda. “Una vaca vive unos ocho años en el campo, pero los criadores la tratamos de tener más tiempo. Entre un 10% y 12% de mi rodeo está compuesto por vaca conserva y ahora me pierdo esa venta porque no tengo compradores”, se lamentó.
Gianoli aclaró que no es lo mismo hablar de la “vaca manufactura” que de la “vaca conserva”; la primera “tiene su origen en vacas que no quedan preñadas en servicio y no necesariamente son vacas viejas, como sí lo son las vacas conserva”.
“Por otro lado, la vaca manufactura se corta, se despieza y luego se venden sus cortes, pero en una vaca conserva eso no existe porque casi que no tiene carne y es tal su dureza que se la termina vendiendo para termoprocesar y enlatar”, relató.
El principal comprador de cortes congelados de vaca, antes de la intervención oficial, era China, mientras que una proporción menor se destina a la Federación Rusa. “Hoy no tengo ningún comprador para este plantel de vacas por las medidas del gobierno”, comentó.
“Yo soy ganadero, no soy un ‘pool’. En Ayacucho somos mayoría de criadores, no somos invernadores ni terminadores y tenemos dos canales de entrada de dinero: una es a través de la venta de nuestro ternero producido y el otro a través de las vacas que se descartan del campo”, explicó.
Cerca del mes de marzo, en el inicio de otoño, la mayoría de los criadores comienza a sacar a las vacas de descarte de su rodeo para reemplazarlas por una nueva camada de vientres. “Sabido es que una vaca con destino conserva, por su condición, raramente sobrevivirá al invierno; entonces el productor la tiene que sacar porque sino se le muere”, declaró.
Hasta mayo, fecha en que prohibieron las exportaciones de carne, a Gianoli le pagaban hasta 110 pesos el kilogramo peso vivo de la vaca conserva. “Venían los camiones de los frigoríficos exportadores hasta mi campo, se llevaban las vacas a sus plantas habilitadas y certificadas para luego salir tipificadas como vaca conserva”, explicó.
¿Qué piensa hacer Gianoli con esas vacas desde ahora? “Hasta el inicio del invierno las aguanté porque me dijeron que iban a abrir la exportación nuevamente, cosa que no sucedió. Ahora tengo dos alternativas: o las vendo a un precio vil o se me mueren en el campo”, resumió.
Cepo Cárnico: En la Argentina siempre ganan los que invierten en el negocio del lobby
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]]>La entrada Sin culpables: Marcelo Gianoli produce en la capital nacional del ternero, que está asediada por los casos de abigeato se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“Los productores pequeños fueron siempre los más afectados por las faenas clandestinas, y de hecho, cuatro de ellos tuvieron que dejar de producir. A un productor con 22 años de actividad le robaron el equivalente a dos camiones jaulas”, contó Gianoli a Bichos de Campo.
“Si uno mira los alrededores de Ayacucho, podrá ver un fuerte desarraigo. Muchos dejaron de producir y no quieren seguir en la ruralidad, no sólo por los hechos de abigeato sino también por los asaltos. En 2017 tuvimos tres casos violentos de tortura”, agregó Gianoli.
Mirá la entrevista completa realizada a Marcelo Gianoli:
El comité de crisis dio, según Gianoli, “buenos resultados”.
“En el Gobierno anterior se trabajó bastante bien y pretendemos, con algún grado de preocupación, que se siga en la linea de trabajo, al menos desde los comandos de prevención rural, donde se dio un trabajo conjunto, porque participa el intendente, su jefe de Gabinete, el director de Producción, el presidente de las entidades agropecuarias y productores del sector Chacras, dentro del cual estoy yo”, describió.
El productor afirmó que en Ayacucho “el pico delictivo se dio en 2015, con 146 casos de abigeato. En 2013-2014, eran más los productores afectados con menor cantidad de casos. En 2017 se produjo una mutación en la forma del delito, concentrándose en menor cantidad de productores, con lo cual el grado de afectación se volvió mayor”.
Para ejemplificar este daño, Gianoli declaró que “a un productor le faenaban de 6 a 8 terneros en un mismo hecho, y lo que es más grave es que todo se circunscribía a un radio de 2,5 kilómetros del pueblo”.
Gracias al trabajo coordinado entre diversos sectores hubo progresos, pero relativos. “Luego de que en 2015 tuviéramos 146 casos de abigeato, con los años bajaron los casos. Por ejemplo, en 2017 tuvimos 56, en 2018 unos 45 y en 2019 tuvimos 54 casos, pero no porque se hubiera trabajado mejor para bajar los índices delictivos, sino por las inundaciones que tuvimos. Todavía los delincuentes no se movían en bote. Nada más que por eso no tuvimos más casos, porque ni siquiera nosotros podíamos acceder al campo”, ironizó nuestro entrevistado.
Para Gianoli, “la Justicia tiene gran parte (de responsabilidad) en todo esto, porque muchas veces se juntaban elementos y nunca alcanzaban para producir los allanamientos”.
-¿Y la carne robada dónde termina?
-Mucha de la carne robada iba hacia la costa atlántica, a Ostende- respondió Gianoli, dando cuenta de que había toda una organización detrás de estas carneadas.
-¿Y cómo se resuelve el tema de la inseguridad?
-Es necesario que los productores se agrupen y se organicen. Yo tuve que encabezar muchas movidas a la misma explanada municipal con ayuda de medios locales y nacionales para poner en el tapete este tema, y eso hizo que se pudiese implementar un sistema más organizado. De hecho, hubo un cambio de la policía rural local y regional, y un trabajo mancomunado.
Acerca del reciente recorte de delegaciones de la Patrulla Rural que hizo el ministro de Seguridad bonaerense, Sergio Berni, quitándole autonomía operativa en media docena de distritos, Gianoli declaró que una policía generalista no sirve para enfrentar el delito rural. Por ejemplo, marcó,”no se conoce cómo se maneja en los caminos rurales”.
“Es absurdo pensar que una patrulla comunal haga el trabajo de una patrulla rural. Hago un llamado a que el doctor Berni nos visite y vea el trabajo que se hizo en lo local. Le dije en persona que veía con gran preocupación un desguace de la policía rural. Espero que esta inquietud se traslade en una ratificación de las patrullas rurales. Y agrego algo: el combustible de las patrullas rurales, en el caso de Ayacucho, salió de los productores”, remarcó.
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