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La entrada Los gauchos de Chicago: Marcelo Yasky pasó por la función pública y se esforzó por mejorar la información disponible para los analistas agrícolas se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Como cualquier consultor, Yasky define a su trabajo como uno que brinda herramientas comerciales para leer el mercado a quien las necesite. Lo cierto es que más que leerlo, hay que traducirlo al castellano porque reviste una gran complejidad.

Hasta 2014 Yasky se desempeñó como subsecretario de Agricultura de la Nación. Ya en ese entonces, y emparentado también con su trabajo actual como analista agrícola, sus deberes implicaban analizar los llamados “fundamentos del mercado de granos”, es decir todos los elementos que inciden en la oferta y la demanda. En ese entonces, el desafío era hacerlo desde la esfera del sector público.
Para este consultor su trabajo también significa desmitificar un poco a las herramientas comerciales, que muchas veces son emparentadas con la “timba” o la ruleta. “Sigue existiendo una idea equivocada de estos instrumentos, en lugar de imaginarse que pueden servir para cubrir o asegurar precios”, señaló a Bichos de Campo.
“Los instrumentos en sí mismos no son buenos ni malos. No tienen vida propia. El que les da sentido es quien los usa. Uno puede imaginarse un escenario futuro de precios pero la bolsa de cristal no la tiene nadie”, agregó.
Mirá la entrevista completa a Marcelo Yasky:
Aún así, Yasky considera que se debe apuntar a aplicar los cálculos y estimaciones más afinados posibles, porque de allí nace la transparencia y confianza en los mercados. Esto de alguna forma marcó su paso por la función pública, donde todavía es recordado como uno de los responsables de actualizar el sistema para el cálculo de las estimaciones oficiales de granos, en especial del maíz.
Pero no solo intentó optimizar la red de estimaciones que tiene el Ministerio de Agricultura sino que también quiso presentar de mejor modo la información, pues con el cálculo de oferta -según su mirada- no alcanzaba para hacer un buen análisis. “Mi preocupación era que un elemento tan básico como la hoja de balance de oferta y demanda, que para mí es el instrumento básico del análisis de los fundamentos, el Ministerio no lo publicaba como información, ni lo publicaban las Bolsas de Rosario o de Buenos Aires”, recordó.
Hasta ese momento, la fuente de información más consultada eran los famosos “informantes calificados”, que implicaban confiar en la palabra de un tercero sin cotejar con las estadísticas correspondientes. “Es un método muy barato y malísimo, y es el método que usaba el gobierno cuando yo me senté ahí”, afirmó Yasky.
Ese fue el puntapié inicial para pensar en una alternativa y, analizando las herramientas que se aplicaban en países como Estados Unidos, se comenzó a aplicar el “muestreo aleatorio estratificado con marco de área”. Su aplicación supone la selección aleatoria de un muestreo de hectáreas y controlar lote por lote su producción. Eso luego puede cotejarse con imágenes satelitales.
-¿Hay buena información oficial sobre la producción, la oferta y la demanda en Argentina?- le preguntamos al ingeniero.
-Sí. El único dato que creo que debería mejorarse, y que el Ministerio tiene la información y debería disponibilizarla, es sobre los stocks. Porque desde por lo menos tres campañas atrás está el SISA, el sistema unificado de información, donde los productores deben declarar el stock. La información que publican en el Ministerio sobre stocks es en instalaciones comerciales: acopios, depósitos de la industria y en depósitos de la exportación. Pero esto servía cuando no había silobosa. Hoy tenés un montón, sobre todo en maíz y soja, guardado en las bolsas. Aunque sea una vez por año, esa foto te permite proyectar.
-¿Cuál es entonces el rol del consultor?
-Tenés que seleccionar adecuadamente lo que utilizas de una paleta importante de datos. La diferencia que uno puede hacer va por seleccionar las mejores opciones de información y las más confiables. El tema es que va de la mano de cierto cambio generacional, que va haciendo que cada vez más jóvenes profesionalizados sean los que asuman la actividad productiva y manejen mejores instrumentos, más avanzados para la producción y para la toma de decisiones comerciales.
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]]>La entrada Se han perdido 3,5 millones de hectáreas de maíz. ¿Quién las tiene? se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Flaco favor le están haciendo a la transparencia en el mercado de maíz el Ministerio de Agroindustria y las dos principales bolsas de cereales del país, la de Rosario y la de Buenos Aires, al no ponerse de acuerdo y unificar sus criterio para lanzar estimaciones respecto de la superficie sembrada y la producción esperada de maíz, el segundo cultivo de importancia en el país.
Al 18 de octubre, los expertos de la Bolsa de Rosario estimaban un avance de la siembra de maíz del 27%, sobre un área final proyectada en 5,20 millones de hectáreas.
El Panorama Agrícola Semanal de la Bolsa porteña, en tanto, coincidía en que al 19 de octubre las sembradoras habían avanzado sobre 27% de la superficie que será ocupada por el grano forrajero, aunque la calcularon algo por arriba, en 5,40 millones de hectáreas.
Hasta aquí, los del sector privado son cálculos bastante coincidentes. Aleluya.
El problema es que este jueves, en su primera estimación oficial sobre la siembra de maíz, el Ministerio de Agroindustria aseguró que el área implantada con maíz sería de 8.920.000 hectáreas.
¿Nota la diferencia, amable lector? ¿Cómo puede suceder que desde las bolsas se hable de 5 millones de hectáreas y pico, y desde el Gobierno se afirme que en realidad con maíz se sembrarán casi 9 millones de hectáreas?
Me faltan casi 3,5 millones de hectáreas de maíz. ¿Quién las tiene?
La diferencia se explicó repetidas vece, pero vale la pena insistir. El gobierno, aún a pesar del cambio de signo político, insiste en una fórmula que el Ministerio de Agroindustria comenzó a aplicar en 2013 para que Cristina Fernández de Kirchner pudiera declamar entonces, en plena campaña electoral, que “hemos batido récord de producción: más de 105 millones de toneladas de producción granaria de la Argentina”.
Eran los días del 54%, donde todo se inflaba menos la inflación.
La fórmula utilizada entonces para estirar los números de la cosecha fue aplicar un nuevo modo de cálculo de la superficie sembrada con maíz, que sorpresivamente -sin anuncio ni explicación previa- creció de 5 a 6 millones de hectáreas entre el informe oficial de junio de 2013 y el de julio de 2013, en apenas un mes. Con ese salto, la producción prevista de maíz creció de 26,1 a 32,1 millones de toneladas. Récord absoluto. Aplauso, medalla y beso.
La maniobra fue tan burda que mereció incluso una investigación de Chequeado.com, que tildó de “engañoso” el anuncio presidencial sobre aquel presunto récord.
En aquel momento, los técnicos de Agricultura defendieron las modificaciones aplicadas al sistema de estimaciones. El entonces subsecretario Marcelo Yasky declaraba que “hace cuatro años el Gobierno comenzó a desarrollar un nuevo método para estimar las áreas sembradas con cultivos, basado en el envío de un equipo de analistas del Ministerio a las distintas regiones agrícolas del país”. Es lo mismo que hacen las Bolsas, pero Yasky explicaba que este cambio permitió sumar al área sembrada con maíz para el circuito comercial la de maíz con destino forrajero, para consumo dentro de cada establecimiento.
Lo curioso es que pasó aquella polémica y pasó incluso aquel gobierno, pero Agroindustria nunca revirtió su nuevo modo de calcular la producción de maíz. Al contrario, lo ratificó. Tampoco hicieron una revisión las bolsas, que se mantuvieron con su tradicional método de estimación. Con la recuperación de la producción de maíz, la brecha comenzó a agigantarse.
Ahora me faltan 3,5 millones de hectáreas. Y frente a semejante distorsión entre los cálculos, ¿quién me asegura de qué lado tienen la razón? La transparencia de ese dato para el mercado se fue al tacho.
Hasta el anuncio del gobierno, que al dar a conocer su estimación habló de un saludable crecimiento de la siembra de maíz del 7%, pierde valor.
Parece idiota que no se puede conciliar un único método de cálculo luego de cuatro años desde aquel manoseo. Pero en Argentina algunas cosas cambian para que no cambie nada.
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