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materia organica – Bichos de Campo http://wi631525.ferozo.com .:: Periodismo que pica ::. Sat, 20 Nov 2021 17:16:07 +0000 es-AR hourly 1 https://wordpress.org/?v=5.8.13 http://wi631525.ferozo.com /wp-content/uploads/2018/06/cropped-mosca-32x32.png materia organica – Bichos de Campo http://wi631525.ferozo.com 32 32 La política agropecuaria argentina es la receta ideal para potenciar los efectos nocivos del cambio climático http://wi631525.ferozo.com/la-politica-agropecuaria-argentina-es-la-receta-ideal-para-potenciar-los-efectos-nocivos-del-cambio-climatico/ Sat, 20 Nov 2021 17:13:09 +0000 https://bichosdecampo.com/?p=86122 Durante la convención climática COP26, realizada este mes en Glasgow, Escocia, resultó llamativo que la Argentina se quedara afuera de las agendas “de Acción Política para la Transición hacia una Agricultura Sostenible” y “de Acción Global para la Innovación Agrícola”, de las cuales participaron Brasil, Uruguay y Paraguay. Incluso Brasil fue promocionado como uno de […]

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Durante la convención climática COP26, realizada este mes en Glasgow, Escocia, resultó llamativo que la Argentina se quedara afuera de las agendas “de Acción Política para la Transición hacia una Agricultura Sostenible” y “de Acción Global para la Innovación Agrícola”, de las cuales participaron Brasil, Uruguay y Paraguay.

Incluso Brasil fue promocionado como uno de los ejemplos por seguir a nivel global gracias al “Plan ABC”, que se propone abarcar una superficie de 72 millones de hectáreas para reducir emisiones hacia 2030 por al menos 1000 millones de toneladas de dióxido de carbono equivalente (MtCO2eq).

El sector agropecuario es la “carta de oro” para compensar las emisiones de gases de efecto invernadero, dado que, tal como propuso años atrás el Ministerio de Agricultura y Alimentación de Francia con la “iniciativa 4‰”, bastaría una pequeña recuperación de la materia orgánica de todos los suelos –a razón del 0,004% anual– para revertir completamente el cambio climático.

Las prácticas regenerativas, como la siembra directa, los cultivos de servicio y la recuperación de pastizales degradados, son esenciales para preservar la “salud” del planeta y, por extensión, de todas las especies que habitan en el mismo.

Pero las prácticas regenerativas no son “gratuitas”, sino que requieren, además de un mayor esfuerzo intelectual, una enorme inversión en insumos, dado que los procesos agronómicos deben mantenerse siempre activos para darle de comer los 365 días del año a los miles de millones de microorganismos que habitan el suelo.

Para lograr que eso suceda, es necesario que, como mínimo, los productores agropecuarios puedan gozar plenamente del fruto de su esfuerzo, dado que, más allá de los eventuales “golpes” climáticos que son parte de las reglas de juego de la actividad, necesitan recursos económicos de manera constante para mantener la presencia permanente de raíces vivas con rotaciones diversas y múltiples, porque a los microorganismos que residen en el suelo –como a cualquiera de nosotros– les gusta comer bien y variado.

Algunos países incluso creen que es indispensable subsidiar al agro para lograr que eso suceda, con diferentes programas de ayuda y apoyo, o al menos –si se no se tiene mucho presupuesto– dar de vez en cuando alguna palabra de aliento que motive a los productores locales.

Pero en la Argentina, más allá del gigantesco esfuerzo particular que vienen haciendo algunos empresarios agropecuarios para regenerar el nivel de materia orgánica presente en el suelo, a nivel nacional esas prácticas lucen inviables porque el Estado, a través de impuestos y regulaciones, se lleva la mayor parte de los ingresos de las empresas agropecuarias.

Ya sea con tributos, intervenciones de mercado o distorsiones cambiarias, la enorme extracción realizada por el Estado resta o directamente anula la posibilidad de contar con recursos indispensables para implementar prácticas regenerativas, lo que contribuye, en definitiva, a potenciar los efectos nocivos del cambio climático.

No se trata de una cuestión menor, porque, así como es imposible encarar una transición energética sin recursos, también lo es la factibilidad de implementar una producción agropecuaria sostenible sin una moneda en el bolsillo.

Cambio de paradigma: Cómo hicieron los Bombal para implementar un modelo agrícola regenerativo a una escala extensiva

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El INTA insiste con que el suelo es el que sigue pagando la fiesta: “En la Argentina solo se repone el 30% de los nutrientes que se extraen” http://wi631525.ferozo.com/el-inta-insiste-con-que-el-suelo-es-el-que-sigue-pagando-la-fiesta-en-la-argentina-solo-se-repone-el-30-de-los-nutrientes-que-se-extraen/ Tue, 11 May 2021 21:28:52 +0000 https://bichosdecampo.com/?p=66734 En marzo de 2004 el kirchnerismo recién comenzaba su larga estadía en el gobierno y el macrismo era todavía un movimiento político embrionario. La sojización de la agricultura argentina recién comenzaba a preocupar y todavía faltaban cuatro años para que en marzo de 2008 Cristina Kirchner y los productores agropecuarios se enfrentaran brutalmente por unas […]

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En marzo de 2004 el kirchnerismo recién comenzaba su larga estadía en el gobierno y el macrismo era todavía un movimiento político embrionario. La sojización de la agricultura argentina recién comenzaba a preocupar y todavía faltaban cuatro años para que en marzo de 2008 Cristina Kirchner y los productores agropecuarios se enfrentaran brutalmente por unas retenciones móviles que pretendían capturar la rentabilidad de una soja de caso 600 dólares por tonelada, el valor que casi tiene ahora.

En marzo de 2004, mucho antes de todo esto, el diario La Nación publicaba una entrevista que era reveladora: “El suelo está subsidiando a los productores y al país”, advirtió en aquel reportaje Roberto Casas (foto), que por ese entonces era director del Instituto de Suelos del INTA. En una frase resumía la situación real: no había renta extraordinaria de la soja por la cual pelearse, porque los dólares que parecían quedar luego del cultivo eran en realidad un subsidio del suelo al sistema.

Ese subsidio no se pagaba en dólares sino en nutrientes. La caja que pagaba la cuenta era la famosa fertilidad de la pradera pampeana, que se iba debilitando. O dicho de otro modo, si las cosas se hubieran hecho preservando el recurso suelo, quizás la rentabilidad de la agricultura no hubiera existido.

Han pasado 17 años y el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) ratificó aquello que había dicho Casas al informar, con un título contundente, que el suelo sigue subsidiando con el constante sacrificio de nutrientes el festival de dólares que parece dejar la agricultura, y por el que vuelven a pelearse el Gobierno, los dueños de la tierra y los productores.

En la Argentina, sólo se repone el 30 % de los nutrientes que se extraen“. Eso dice la nota. En otro país merecería ser un título catástrofe. Pero aquí ni fu ni fa, a casi nadie le importa.

El informe arranca citando una sentencia de la FAO que dice que “los suelos son una importante reserva de biodiversidad mundial, que permite la agricultura y la seguridad alimentaria, regula las emisiones de gases de efecto invernadero y promueve la salud de las plantas, los animales y los seres humanos. Sin ellos, nuestro mundo no sería el mismo”.

Luego Marcelo Beltrán, un agrónomo del mismo Instituto de Suelos que presidía Casas, describe el estado de situación de ese recurso tan valioso. “En la Argentina sólo un30 % de los nutrientes que se extraen de los suelos cultivados se reponen mediante el uso de fertilizantes”, indicó el especialista, en sintonía con aquel primer y lejano diagnóstico.

“Desde hace varios años, los suelos de la región pampeana han sufrido un intenso agotamiento de nutrientes como consecuencia de una prolongada historia agrícola”, detalló Beltrán, para quien el problema se agrava con el uso de variedades de cultivos de alto rendimiento, que demandan mayor cantidad de nutrientes.

Alberto “Beto” Quiroga (foto), otro especialista del INTA Anguil, La Pampa, agregó que también la ganadería moderna tiene parte de la responsabilidad. “La intensificación ganadera, con cosecha mecánica de forraje y traslado a corrales, triplicó la tasa de extracción de algunos nutrientes”. Y fue más allá al asegurar que “su concentración en corrales y efluentes de tambos acentúa los riesgos de contaminación”.

Ambos investigadores alertaron, según el informe, que desde la década de 90 y como consecuencia de procesos de erosión de los suelos y la remoción de nutrientes sin reposición por fertilización, se inició un proceso de “síntomas del empobrecimiento en nutrientes y reducciones en los contenidos de materia orgánica”.

Como para multiplicar las voces que replican aquello que dijo Casas en 2004, Hernán Sainz Rozas, especialista en fertilidad de suelos y fertilización de cultivos del INTA Balcarce, aseguró que los niveles actuales en toda la región pampeana muestran valores entre un 30 y 40 % menores respecto a los suelos en condición originaria. Es decir, en la comparación contra suelos vírgenes. esta condición “genera problemas físicos (estabilidad estructural y mayor riesgo de erosión) y menor disponibilidad de nutrientes, particularmente de nitrógeno y azufre”, agregó.

En tanto, los niveles actuales de P-Bray (un sistema de medición de Fósforo) son menores a 15 mg kg-1 (0-20 cm de profundidad) en una vasta superficie de la región pampeana, y en los últimos siete años, este problema se agravó. “Esto indica que los niveles actuales de reposición de fósforo (vía aplicación de fertilizantes) están por debajo de la extracción en productos agrícolas (granos, carne, leche, etc.)”, explicó el INTA.

Respecto del pH, el especialista dijo que “hubo un cambio negativo, que se refleja en la disminución de los valores de pH del suelo, sobre todo al norte y este de la región Pampeana, donde se registran preocupantes niveles”. En casos graves de acidificación, aun no alcanzados en la región, en los suelos con pH por debajo de cinco comienza a liberarse aluminio y esto resulta tóxico para las plantas.

Además, la acidez provoca consecuencias sobre diferentes procesos biológicos y químicos que ocurren en el suelo. “En problemas graves de acidez, se recomienda la aplicación de calcita (carbonato de calcio) o dolomita (carbonato de calcio y magnesio)”, recordó Sainz Rozas. En una práctica habitual en otros países, pero muy marginal en la Argentina. Todavía.

Para Quiroga, “que hoy tengamos más de un 30% de suelos degradados o bajo procesos de degradación, donde se ha roto la relación del ecosistema por la presión antrópica preocupa, porque en estos sistemas algunos de los efectos pueden ser irreversibles. El suelo que se perdió no vuelve”, advirtió.

“Es más fácil mantener la salud de un suelo que recuperar un suelo degradado, que frecuentemente condiciona la rentabilidad”, explicó el experto. Es que, la degradación física de los suelos por pérdida de materia orgánica puede afectar la captación del agua, dar lugar a encharcamientos, escurrimientos y dificultar el acceso a los nutrientes por parte de los cultivos.

Voces del INTA que finalmente definen lo importante: Es innegable la relación entre el nivel de retenciones y la sustentabilidad

Un reciente informe de la Asociación Civil Fertilizar aseguró que el consumo de fertilizantes en 2020 registró un récord con 5 millones de toneladas y superaría el 7% interanual. Pero, para Beltrán estas cifras si bien son alentadoras, aún resultan insuficientes.

“En la Argentina, las relaciones aplicación/extracción en grano de nitrógeno, fósforo, potasio y azufre para los cultivos de grano han mejorado durante los últimos años, pero los balances de nutrientes siguen siendo negativos”, señaló Beltrán, recordando que en el país en general se subfertiliza.

“Esto implica una pérdida de fertilidad interanual que repercute en los rendimientos, en la sostenibilidad de los sistemas productivos y en la conservación de los recursos naturales”, agregó, con preocupación, el investigador de Castelar.

Para lograr la sustentabilidad de sistemas agrícolas, Beltrán consideró de vital importancia implementar rotaciones de cultivos que generen un balance positivo de la materia orgánica del suelo en el mediano plazo. Así, se podrá mejorar la calidad del suelo, lo que se traducirá en planteos menos riesgosos y más rentables para el productor y favorables para la salud ambiental.

Ahora bien: ¿Qué hacer ante este escenario?

La primera recomendación del INTA es realizar un análisis de suelo del lote. “Es necesario que cada productor cuente con un análisis de suelo de calidad para conocer el estado nutricional de los lotes en particular y, así, poder llevar a cabo un manejo racional de la fertilización”, remarcó Sainz Rozas.

En un contexto de fuerte incremento en el precio de los fertilizantes, el especialista planteó la necesidad de desarrollar estrategias de manejo que maximicen su eficiencia de uso. Para nutrientes de alta movilidad en el suelo, desde el INTA recomiendan realizar un monitoreo de los cultivos a fin de detectar alertas con tiempo y actuar en consecuencia.

El INTA actualizó el mapa de fertilidad de los suelos y fue lapidario: La caída en materia orgánica llega hasta 50%

Pocos productores todavía hace este tipo de análisis. Y tiene una explicación: “En general, los productores no perciben como un problema la disminución del contenido de materia orgánica en los suelos”, se lamentó Beltrán. La explicación parece ser que la tecnología que se emplea en la agricultura moderna de alta producción permite mantener, o incluso, incrementar los rendimientos de los cultivos, a pesar de la degradación de los suelos.

Como si esto fuera poco, además, está naturalizada la capacidad productiva de las tierras de nuestro país. Pero, para el investigador, “la calidad natural de los suelos tiene límites y sobrepasarlos implica que su vulnerabilidad se vuelva crítica”.

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En medio de la cuarentena se celebra el Mes del Compostaje: ¿El campo puede aprovechar sus residuos? http://wi631525.ferozo.com/en-medio-de-la-cuarentena-se-celebra-el-mes-del-compostaje-el-campo-puede-aprovechar-sus-residuos/ Wed, 08 Apr 2020 13:29:06 +0000 https://bichosdecampo.com/?p=37394 El aislamiento social, además de evitar que el Coronavirus se propague, puede generar nuevos hábitos que aporten al cuidado del medio ambiente y a la reducción de residuos. Estamos hablando del conocido y cada vez más difundido “compost”, que -sin excusas- cualquiera puede hacer tanto en hogares como en unidades productivas agropecuarias. Justamente este es […]

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El aislamiento social, además de evitar que el Coronavirus se propague, puede generar nuevos hábitos que aporten al cuidado del medio ambiente y a la reducción de residuos. Estamos hablando del conocido y cada vez más difundido “compost”, que -sin excusas- cualquiera puede hacer tanto en hogares como en unidades productivas agropecuarias.

Justamente este es el fin que persigue la campaña “Mes del compostaje”, que se está celebrando en plena pandemia (entre el 22 de marzo, Día del Agua, y el 22 de abril, Día de la Tierra). La iniciativa es impulsada por el grupo de Facebook “Compostar es una papa”, y que ya cuenta con el apoyo de Ministerio de Ambiente a través de la Resolución 92/2020. La campaña cuenta además con la adhesión de la Red Nacional de Municipios y Comunidades que fomentan la Agroecología (RENAMA),  del MAPO, la UTT, y la provincia de Río Negro.

Ver ¿Qué puedo hacer durante el Mes del Compostaje?

“La lanzamos nosotros pero el origen es de una ONG santafecina que se llama Huella Ecológica. La idea es que el mes no sea nuestro sino que sea de todo el mundo, que se repita todos los años, como carnaval, como cualquier otra celebración”, explicó a Bichos de Campo Alejandro Vilas, administrador de la página que agrupa profesionales de diferentes ámbitos y gente común que ya transforma su basura en material valioso para la nutrición del suelo.

La campaña “consiste en reflexionar, informar, capacitar y difundir acerca del sistema de reciclaje como parte importante de la gestión de residuos”, agrega Vilas, que además es socio del emprendimiento Punto Compost. Así se podría disminuir la cantidad de basura orgánica de los hogares, que hoy representa un 50% y que de reciclarse pueden ser devueltos a la tierra en forma de humus para las plantas y cultivos.

El compostaje permitiría, también, bajar el porcentaje de cultivos que no son aprovechados. Según la FAO se desperdician un tercio de los alimentos, que se producen en el 28% de las tierras agrícolas. Es en este punto en el que el sector agropecuario juega un papel fundamental utilizando sus residuos y transformándolos en fertilizante.

Ver ¿Qué hacemos con las 1,5 millones de toneladas de guano de gallina que se generan cada año?

“Para el agro argentino no es novedoso el tema. Ya lleva varios años implementándolo en diferentes regiones y tipos de producciones.  El año pasado se logró sacar la Resolución conjunta 1/2019 entre la Secretaría de Control y Monitoreo Ambiental y el Senasa y, además, está en proceso de formación la ASACOMP (Asociación Argentina de Compostaje), integrada por científicos de Conicet, INTA, Universidades y profesionales del tema”, detalló a este medio Corina Leconte, ingeniera agrónoma, doctora en Recursos Naturales y asesora en compostaje para empresas agropecuarias.

Además de ser económicamente viable y ayudar a mejorar la productividad de los suelos, el compstaje en el agro representa un menor riesgo para los cultivos, menor uso de fertilizantes inorgánicos y agroquímicos, y mayor resistencia a la erosión por el viento y el agua. Varios son los ejemplos en establecimientos productivos. Y según el INTA, entre 80 y 90 plantas industriales transforman residuos agropecuarios y urbanos en enmienda orgánica.

“El uso de compost sobre los cultivos resulta estratégico en sistemas agroecológicos y en producciones convencionales con manejo sustentable, porque recupera los residuos que genera el propio sistema, permite reciclar nutrientes y regula el stock de carbono en el suelo”, señaló en diálogo con Bichos de Campo Luciano Orden, técnico del INTA Hilario Ascasubi, en el sur de Buenos Aires.

En lo que respecta a economías regionales “hay experiencias en residuos del deslintado de la semilla de algodón en Chaco, yerba mate e industria forestal en Corrientes, orujo de vid en Mendoza, de manzana y de peras en Río Negro; en Salta y Tucumán con el bagazo de caña de azúcar y cítricos”, afirmó Leconte.

También en Buenos Aires se trabaja con residuos agroindustriales, restos de poda y barros de maltería; con contenido ruminal y rastrojos de cereales; y en Santa Fe con efluentes de cerdo. “En el Mercado de Liniers hay un ejemplo claro que se desarrolló junto con INTA Castelar para hacer compostaje con lo que es estiércol de vaca y cama de caballos”, ejemplificó.

Ver Un santafesino logró producir un ‘compost animal’ a partir de las heces de sus cerdos

Recientemente una firma metalmecánica nacional desarrolló un sistema de compostaje a través de unos equipos cilíndricos de acero, una especie de silos horizontales de 7 m³ a 15 m³ que acelera la transformación y lo que se logra al aire libre en 30 días, se obtiene en 7. Se lo llama Rotorbuey y “hay domésticos y de uso agroindustrial. Ya se está utilizando Laboulage y Montebuey –Córdoba- en criaderos de cerdos”, resaltó Orden quien desde INTA colaboró con la puesta en funcionamiento y análisis físico- químicos y microbiológicos.

-¿Qué es y cómo se hace el compost?- le preguntamos a Leconte.

-Todo el mundo lo llama ´Tierra negra´ aunque no se usa tierra, pero tiene ese aspecto cuando se logra el producto final, que es estable y maduro”- respondió.

Luego explicó de manera sencilla: “Es la transformación de residuos en abono orgánico”, es decir que los desechos pasan por un proceso biológico en el que “es indispensable el oxígeno, la humedad y una etapa de altas temperaturas (mayores a 55°C) para que se haga de una manera eficiente”, agregó la especialista en compost.

Consiste en la mezcla específica de residuos ricos en carbono -aserrines, papel, cartón, cascara de arroz, restos de poda, paja seca- con los ricos en nitrógeno – estiércoles, restos de frutas y verduras, de yerba y té-.

Sus principales ventajas son un menor costo en la gestión de Residuos Sólidos Urbanos (RSU); mayor disponibilidad y recuperación de nutrientes; menor cantidad de residuos depositados en rellenos sanitarios o en basurales; menos vectores de enfermedades y ausencia de patógenos en el sitio de disposición final; y disminución de gases de efecto invernadero (GEI).

Hay algo que quedó en claro entonces: “Cualquier residuo tiene el potencial de hacer una transformación con el compostaje logrando un impacto muy positivo ambientalmente. Una responsabilidad que tiene que estar en cualquier ámbito, doméstico, agroindustrial, y muchos más”, concluyó Vilas.

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Eduardo de Sá Pereira explica muy claro cuáles son los beneficios para el suelo de los cultivos de cobertura http://wi631525.ferozo.com/eduardo-de-sa-pereira-explica-muy-claro-cuales-son-los-beneficios-para-el-suelo-de-los-cultivos-de-cobertura/ Sun, 28 Jul 2019 18:16:46 +0000 https://bichosdecampo.com/?p=25396 Eduardo de Sá Pereira ensaya. No es un cantante de bossa nova, como se podría sospechar por su nombre. Eduardo es simplemente un veterano técnico del INTA de Coronel Suárez. Eduardo ensaya. Ensaya con cultivos de cobertura, para ver si son útiles. Mide sus efectos ante el avance de las malezas resistentes, pero está más […]

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Eduardo de Sá Pereira ensaya. No es un cantante de bossa nova, como se podría sospechar por su nombre. Eduardo es simplemente un veterano técnico del INTA de Coronel Suárez.

Eduardo ensaya. Ensaya con cultivos de cobertura, para ver si son útiles. Mide sus efectos ante el avance de las malezas resistentes, pero está más preocupado y ocupado por la salud de los suelos. Así arrancaron sus ensayos: muchos productores del sudoeste de la provincia de Buenos Aires se quejaban de problemas en sus campos ante el avance de la agricultura continua en una región que antes era más ganadera.

Al pie de sus ensayos, en un día muy frío, Eduardo cuenta a Bichos de Campo que en el INTA comenzaron a estudiar los cultivos de cobertura cuando vieron que en los suelos agrícolas comenzaban a aparecer signos visibles de compactación, de falta de infiltración y encharcamientos. Ahí en Coronel Suárez, a pocos kilómetros de las sierras de la Ventanía, el problema era peor porque hay una leve pendiente que además provoca escurrimiento. Y la consecuente erosión hídrica.

Mirá la entrevista completa con Eduardo De Sa Pereyra:

“Básicamente aquí el problema son los barbechos demasiado largos en todos esos lotes que vienen de la cosecha de trigo y hasta la siembra del próximo cultivo de verano quedan improductivos”, relata Eduardo. El trigo se cosecha en enero y la soja recién se siembra en octubre. En medio hay de siete a ocho meses donde “la cobertura del barbecho es muy baja y no alcanza a devolver al suelo todo lo que los otros cultivos de verano digirieron”.

Eduardo dice que además en esta zona llueven en promedio unos 800 milímetros anuales y explica que un solo cultivo consume la mitad de eso. “Los otros 400 milímetros no quedaron en el suelo. Se perdieron por evaporación o se escurrieron y no los pudimos aprovechar”. Esa es una de las razones de la erosión: el agua se lleva el suelo y se lleva el carbono y se lleva otros nutrientes que se necesitan para producir, se lamenta el técnico.

“Para frenar esa pérdida es que nosotros intentamos colocar un cultivo de cobertura en medio de esos dos cultivos de cosecha o de renta”, resume.

Ver El INTA actualizó el mapa de fertilidad de los suelos y fue lapidario: La caída en materia orgánica llega hasta 50%

En algunos lotes cedidos por el semillero local El Cencerro, Eduardo ensaya desde hace tres años con una vicia del INTA Ascasubi, y con centeno y avena del INTA Bordenave. También estudia el trébol rojo, otra leguminosa como la vicia.

Eduardo ensaya. Hasta aquí ha confirmado que las gramíneas mejoran un 30% la infiltración de agua en los suelos, y que con las leguminosa ese indicador mejora hasta un 50%. Siempre, comparando con un barbecho químico donde no hay cultivo durante largos meses.

El especialsta afirma que si bien este cultivo de cobertura tiene un costo concentrado en la semilla, ese valor en mucho menos que lo que significaría mantener ese barbecho con herbicidas, ya que se requieren al menos tres aplicaciones con glifosato , 2,4-D u otro herbicida para mantener a raya las malezas.

“Por lo tanto el cultivo de cobertura podría ser una alternativa para ayudarnos a mejorar la infiltración de agua en el suelo, abriendo canales que en este momento están cerrados por la compactación, y el mismo tiempo controlar malezas. Los cultivos de cobertura son los grandes competidores de las malezas. Y hemos llegado a tener hasta el 80% de reducción de malezas”, nos cuenta. Habla sobre todo de Rama Negra y Yuyo Colorado.

Eduardo ensaya y ya está convencido de que es por aquí la cosa. Nos agrega que “al mismo tiempo esos cultivos de cobertura, cuando los secamos o rolamos en primavera, nos están aportando carbono a los suelos”, del cual han medido se pierde hasta el 35%. “Ese carbono que se pierde es la materia orgánica joven, que es la que permite justamente la formación de los poros en los suelos, que a la vez permiten que las raíces pueden desarrollarse”.

Eduardo ensaya y no es justamente bossa nova.

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