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La entrada No es sencillo el arte de gobernar mal: Para evitar el “doble estándar” entre frigoríficos, podrían volver a revisar la norma sobre la media res se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>El lunes, pero también ayer martes y seguramente hoy miércoles, en la mayoría de los frigoríficos de bovinos que tienen un pie en el negocio exportador había ejecutivos agarrándose la cabeza porque no se entendían bien los alcances del decreto y las resoluciones emitidos por el Ministerio de Agricultura en las primeras horas de 2022 y que justamente determinaron un nuevo esquema para las exportaciones de carne vacuna. “Van a hacer falta varias resoluciones aclaraciones, porque hay muchos puntos grises”, decían en una de esas plantas. “Cuando llamás a Agricultura a preguntar te dicen que lo vemos la semana que viene”, contó otro empresario preocupado.
Pero donde la mala calidad de la política pública se expresó a sus anchas fue en la Resolución Conjunta 10 firmada por los ministros de Agricultura, Julián Domínguez, y de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas. Dispone sucintamente que habrá más tiempo para implementar la decisión argentina de dejar de comercializar la carne vacuna (el productos emblemático del país) en medias reses. Sí, algo tan trascendental también viene muy mal parido.
En la reunión que el lunes se realizó en Agricultura varias cámaras de la industria frigorífica (UNICA, Cadif y FIFRA, para empezar) y también la Cámara Argentina de Matarifes (Camya) expresaron sus reparos con lo que establece esa resolución, que básicamente dispuso una prórroga en la fecha de aplicación del cuarteo o troceo obligatorio de la media res de seis meses o un año dependiendo del tipo de frigorífico. Los de matrícula nacional (es decir, auditados por Senasa y con tráfico federal) tendrán ahora seis meses más para adaptar sus instalaciones a las nuevas exigencias del negocio. Los de habilitación municipal o provincial, hasta un año de plazo.
Es decir que el primer grupo de plantas podría seguir mandando medias reses al mercado hasta por lo menos el 1° de julio mientras que el segundo conjunto extendería el periodo de gracia hasta el 1° de enero de 2023.
Todo el mundo dice querer dar el demorado salto de un sistema a otro y avanzar en las reformas necesarias en la industria frigorífica (más capacidad de frío o salas para el troceo) para dejar atrás la comercialización de la media res y comenzar a sacar de las plantas de faena piezas de no más de 32 kilos de peso. El problema es cómo, cuándo y quiénes.
En la reunión del lunes los frigoríficos y matarifes más enfocados en el mercado interno (que absorbe el 75% de la carne vacuna producida) pidieron rever el diferente tratamiento otorgado a los distintos tipos de plantas (las federales versus las de habilitación provincial/municipal), porque advierten que podría suceder un corrimiento de operadores desde un tipo de matrícula a otra, de modo de ganar tiempo y hasta de evitar las nuevas exigencias.
Esto, en la jerga del negocio frigoríficos, podría acentuar el “doble estándar” sanitario entre los lugares habilitados para faenar vacunos en el país, que suman 400, ya que muchos podrían recurrir a matrículas provinciales o municipales justamente para esquivar las nuevas exigencias nacionales. Esto ya sucedió en los años 90 y tomó más de veinte años repararlo. Fue cuando Felipe Solá, el ex secretario de Agricultura del menemismo, impulsó un programa llamado “Corte por lo Sano” que justamente impulsaba el cuerteo de la media res: muchos matarifes y plantas del conurbano tomaron matrícula de la provincia de Buenos Aires, donde el ex gobernador Eduardo Duhalde se mostraba mucho más permisivo.
Las medidas anunciadas para contener los precios de la carne vacuna y modernizar la cadena con bendecidos y castigados con plazos diferenciales, al igual que ocurre con la energía, marchan rumbo a un rotundo fracaso. Reinciden en los mismos errores cometidos de 2006 en adelante
— Marcelo Rossi (@marcelorossi52) January 4, 2022
“Advertimos que esta medida no será viable por cuanto introduce una profundización en el doble estándar sanitario al fijar plazos diferentes de adecuación a las plantas de tráfico federal en relación con las provinciales y municipales. Adecuar las plantas requiere inversiones tanto en las plantas industriales como en la logística de distribución que impactan en los costos y requieren plazos de amortización razonables, que si son desiguales ponen en distintas condiciones de competencia a los actores del mercado”, avisó la Cámara de Matarifes.
CAMyA, al igual que otras organizaciones de frigoríficos consumeros, pidió unificar y estirar los plazos para la entrada en vigencia del troceo, y al parecer las autoridades de Agricultura aceptaron que debían hacerlo, porque lo que habían hecho estaba mal.
Según los matarifes, la nueva resolución 10 “facilita la competencia desleal a favor de las plantas provinciales y sus operadores comerciales, ya que inevitablemente el sistema ajustará para abajo y actores inescrupulosos del sector, seguramente minoritarios pero con fuerza suficiente para alterar el normal funcionamiento el mercado, buscarán sacar ventaja mediante la desinversión y la especulación sobre nuevos plazos y prórrogas, lo que podría llevar al fracaso de la medida y la afectación de la actividad y fuentes de trabajo de los sectores vinculados al circuito federal”.
Los únicos que quedaron fuera de este reclamo, según los testimonios, fueron los grandes frigoríficos exportadores del Consorcio ABC, históricamente los mayor impulsores del troceo obligatorio de la media res, tanto en tiempos de Solá como ahora. Es que fueron ellos los que negociaron a mitad de año pasado con el ministro Kulfas esta imposición y propusieron la fecha de entrada en vigencia para el 1° de enero de 2022, que ahora ha sido postergada.
Este de la media res es un claro caso de cómo se hacen las cosas en la Argentina: de mal modo, sin consensos necesarios, siempre entre tironeos de intereses cruzados.
La discusión comenzó como una imposición del Ministerio de Trabajo, que a pedido de los sindicatos del sector legisló que ningún trabajador de la carne podría cargar o descargar piezas mayores a los 25 kilos de pesos. Esto implicaba erradicar de plano las medias reses, que todavía se cargan al hombro desde el camión hasta las carnicerías.
La fecha de vigencia de esa norma laboral era 2019, pero nadie la respetó porque lo que menos importa acá es la salud de los trabajadores. Pero la exigencia quedó latente.
En el marco del cierre de las exportaciones de carne, el Consorcio ABC negoció con Matías Kulfas (la voz cantante del gobierno en esta negociación hasta octubre pasado) avanzar decididamente hacia el troceo obligatorio y entonces se emitió una resolución conjunta con Agricultura para establecer como fecha tope para la media res el 31 de diciembre de 2021.
Previamente a eso, y como para confirmar que aquí lo menos importante era la salud de los trabajadores, se dispuso que las piezas de carne debían tener ya no un máximo de 25 kilos sino hasta 32 kilos de peso, pues esto era lo aceptado internacionalmente y blá, blá, blá. En realidad, esto se adapta mejor a los intereses de los frigoríficos, que pueden entonces realizar menos cortes debido al peso del animal usualmente comercializado en la Argentina.
En su momento, Kulfas anunció la implementación de una línea de créditos para ayudar a los frigoríficos a hacer las reformas necesarias de sus instalaciones para el cuarteo, pero estos préstamos jamás aparecieron. Mientras tanto, el ex ministro Luis Basterra fue reemplazado por Julián Domínguez en Agricultura, y éste reclama concentrar bajo su mando todas las cuestiones vinculadas con la carne. Este tema de la media res también queda bajo su órbita.
Recién a principios de diciembre, con los plazos casi cumplidos, Domínguez y Kulfas introdujeron la posibilidad de financiar este tipo de obras en la línea de prestamos a tasa subsidiada por supuestos 100 mil millones de pesos (porque hay que decirlo, nadie sabe si en realidad habrá tanta plata disponible).
Ahora se dispone esta prórroga que estaba cantada. Pero con la discriminación entre los diferentes tipos de plantas habilitadas, que según los propios privados degenerará en una explosión del “doble estándar” sanitario, que luego termina siendo también laboral e impositivo. Ahora se reclama una nueva revisión de esos criterios.
Parece hecho a propósito, pero no. Es la Argentina, un país especializado en el arte de gobernar mal.
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]]>La entrada Aguante la media res: Los frigoríficos tendrán hasta un año más de plazo para instrumentar el cuarteo se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La Resolución 10/2021, conjunta entre los Ministerios de Agricultura y de Desarrollo Productivo (raro que no figure Trabajo, quien emitió la normativa original), finalmente no prorrogó la entrada en vigencia de otra Resolución Conjunta del pasado 21 de abril, que obligó a los frigoríficos a despachar la carne vacuna hacia el mercado “en unidades resultantes del fraccionamiento de las medias reses en trozos cuyos pesos individuales no superen los 32 kilos”. Por lo tanto, la medida está en vigencia ahora, desde el 1° de enero.
Pero en la Argentina todo es trampa, y entonces nadie estará obligado realmente a dejar de enviar medias reses de inmediato al mercado a partir de la llegada de 2022.
¿Por qué? Porque la nueva resolución estableció “en función de la zona y el tamaño de los establecimientos, la implementación progresiva de la medida” que modificará la forma de vender carne vacuna en el mercado interno, ya que obligará a trozar la media res en piezas que no superen los 32 kilos. Una media res puede llegar a pesar entre 70 y 120 kilos. Por eso será necesario dividirla en tres o cuatro partes.
¿Cómo se aplicará esta prórroga que no parece prórroga pero es prórroga?
“Los Frigoríficos de tráfico Federal deberán presentar dentro de los 90 días corridos el Plan de Inversión y Adecuación de las instalaciones y dentro de los 180 días corridos haber ejecutado y puesto en marcha el Plan de Inversión y Adecuación señalado en el apartado anterior.
Es decir que los grandes frigoríficos habilitados por el Senasa tienen medio año de plazo antes de dejar de enviar la media res.
Para los Frigoríficos de tráfico Provincial o Municipal los plazos de gracia serán del doble de tiempo. Habrá 180 días corridos para presentar el Plan de Inversión y Adecuación de las instalaciones y luego 365 días corridos para llevarlo a cabo.
Como “la presente medida entrará en vigencia a partir del 1° de enero de 2022”, los tiempos corren desde ahora y entonces la media res seguirá vigente hasta por lo menos el 1° de enero de 2023.
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]]>La entrada Feletti sigue encendido: “Si no hay una política de desacople en maíz, trigo y carne, no es posible sostener la política de precios” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Pero Felleti no escarmienta.
En una entrevista con radio La Red, cuando se le consultó por los precios de la carne, el trigo y el maíz, Feletti insistió en la necesidad de desacoplar los precios internos de los internacionales.
“Vemos una suba de los precios internacionales (y el año que viene va a seguir), entonces si no hay una política de desacople en maíz, trigo y carne, no es posible sostener la política de precios que venimos llevando adelante”, planteó. Para el secretario, por eso “se tienen que desacoplar los precios para garantizar el abastecimiento del mercado interno”.
“Puede ser a través de cualquier herramienta: desacople, cupo, retenciones o incluso un acuerdo, cruzando precios”, detalló el reemplazante de Paula Español, que destacó los “muy buenos diálogos” que mantuvo con los referentes del sector cárnico.
Sobre el intercambio con los referentes del Consorcio ABC y el resto de las cámaras de la industria frigorífica con las que se reunió esta semana, Feletti advirtió que éstos “quieren un plan de negocios que les permita exportar un millón de toneladas de carne” lo que “significaría que las y los argentinas vamos a consumir menos carne”.
“Si no hay un desacople, la demanda internacional de alimentos y de carne específicamente, va a lograr que las y los argentinos tengamos que cambiar nuestra dieta para peor y comer menos carne; si no se trabaja con un criterio de, primero abastecemos al mercado interno y luego se exporta a precios diferenciales, estamos en un problema”, reiteró.
En ese sentido, señaló que “se está pensando en aumentar la oferta de carne para que baje un poco el precio instalado, pero como tendencia más a mediano plazo. Se debe pensar en el desacople porque, si no, no vamos a poder sostener la canasta regulada”.
La entrada Feletti sigue encendido: “Si no hay una política de desacople en maíz, trigo y carne, no es posible sostener la política de precios” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La entrada Falta solo un mes para que suceda algo que podría transformar el comercio de carne, pero nadie sabe todavía si finalmente sucederá se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Se trata de la división de la media res, el cuarteo o su troceo en pedazos menos grandes. Hoy, y desde hace décadas, de la mayor parte de los casi 400 puntos de faena que tiene la Argentina salen las medias reses, es decir el animal sin el cuero, sin la cabeza y sin el entripado. Cada una de esas piezas puede llegar a pesar hasta 130 kilos, aunque el promedio ha venido bajando mucho en los últimos tiempos -hasta casi la mitad- porque se faenan animales cada vez más pequeños.
De todos modos, sea una media res de 70 kilos o una que pese casi el doble, el sistema de descarga nunca ha evolucionado: un camión (que debería ser refrigerado) carga esas medias reses hasta las barriadas y un muchachote fortachón las carga en el hombro hasta la cámara de frío de cada carnicería. Allí luego es frecuente la imagen del carnicero, cuchillo en mano, haciendo la depostada de la enorme pieza que cuelga de la ganchera. Ese carnicero paga la media a un único precio. Luego va poniendo valor a cada uno de los cortes, según sea su calidad y la capacidad de pago de sus clientes.

Esto sucede sobre todo en las carnicerías, porque en los supermercados suele pasar algo diferente, ya que las grandes cadenas o tienen sus propias faenas o suelen ser abastecidas por los frigoríficos que son exportadores y que realizan la depostada dentro de la planta, ya que quizás una parte de la media res la deban enviar a Israel, otra a China y la Cuota Hilton más apetitosa irá para Europa. En este circuito la media res no existe, pero los exportadores concentran menos de 30% de la faena total y los supermercados otro tanto de las ventas.
Desde el 1° de enero, lo que debería suceder es que desde todos los frigoríficos ya no salgan las medias reses sino trozos más pequeños de carne, de hasta 32 kilos de peso como máximo. Es decir que la media deberá cortarse en dos o tres pedazos. Este cambio sin duda revolucionará muchos de los modos actuales de vender la carne. Para empezar, resolverá aquel dilema de enviar igual cantidad de lomos que de osobucos a los barrios más pudientes o los más desfavorecidos, como sucede hasta ahora. Eso podría ayudar a definir los precios de la carne con mayor racionalidad.
A esta decisión se llega después de dar muchísimas vueltas y con una excusa muy válida: cuidar la salud de los trabajadores, para que no carguen piezas de carne tan pesadas como una media res. En rigor, todo empezó con la Resolución13/2020, emitida a fines de enero de 2020 por la Superintendencia de Riesgos de Trabajo, que depende de la cartera laboral.
“Establécese que toda manipulación, transporte, distribución, carga y/o descarga de productos cárnicos, cuyo peso sea superior a los 25 kilos, que realicen trabajadores y se lleven a cabo en empresas y/o establecimientos dedicados a la faena de ganado bovino, ovino, porcino, equino, caprino, animales de caza mayor y/o menor o industrialización de los mismos, o en su cadena de transporte y distribución mayorista o minorista, se deberá realizar con la asistencia de medios mecánicos adecuados”, dice el primer artículo de esa norma, que da un rodeo para establecer la prohibición de la media res. Porque no es que la prohíbe del todo sino que prohíbe su manipulación sin la asistencia de medios mecánicos. Es decir que si alguien quiere seguir vendiendo la res en dos mitades podría hacerlo, pero siempre y cuando reemplace al muchachote que pone el hombro por un robot o por un sistema mecánico que la lleve hasta la carnicería.
Esa resolución de 2020 no llegó a aplicarse y todo el mundo pensó que la exigencia quedaría en letra muerta, pero cuando comenzó su última ofensiva contra los precios de la carne e intervino en el negocio de la exportación, el ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, volvió a la carga con una actualización de la norma.
En abril pasado, luego de una negociación de Kulfas con los frigoríficos exportadores del Consorcio ABC, la Superintendencia de Riesgos del Trabajo emitió otra norma, la Resolución 22/2021, que elevó del 25 a 32 kilos el tamaño mínimo de cada pieza de carne que podría ser manipulada por un trabajador.
Luego, para reforzar la decisión, varios ministerios emitieron la Resolución Conjunta 4/2021, que no solo ratificó la decisión técnica sino que le puso fecha de entrada en vigencia: el mencionado 1° de enero de 2022. Es decir, falta apenas poco más de un mes para que entre en vigencia.
La normativa, de todos modos, abría por las dudas el paraguas antes de que lloviera. “La medida dispuesta en la presente Resolución Conjunta entrará en vigencia a partir del 1 de enero de 2022, pudiendo el Ministerio de Agricultura y el Ministerio de Desarrollo Productivo en casos debidamente justificados, en función de la zona y el tamaño de los establecimientos, autorizar la implementación progresiva de la medida”.
Esto se debía a que los funcionarios pensaban que en algunas provincias, sobre todo en el norte, llevaría más tiempo aplicar los cambios que se requerían en la industria para poder cuartear la media res: un espacio adicional en la sala de depostada, algunos trabajadores más munidos con sierras, un poquito más de espacio en las cámaras de frío, etcétera. Para facilitar estas modificaciones, Kulfas y compañía anunciaron que lanzarían créditos especiales, pero jamás se concretaron.
Es que nunca más, desde abril pasado, volvió a hablarse de este asunto. Por el contrario, la agenda ganadera ingresó en una vorágine vinculada al cierre de las exportaciones, los cupos por planta, la prohibición de cortes populares, y todo tipo de forcejeo en torno a la regulación de los em,barques. Esa fue la receta utilizada por el gobierno para sofocar la escalada de los precios internos de la carne. Cualquier otra receta o medida conexa, pasó de inmediato al segundo plano. En el medio sucedió la derrota electoral del oficialismo y el recambio de gabinete.

Nadie, en medio de este proceso, ni derogó ni postergó la entrada en vigencia de esta resolución para implementar el cuarteo forzoso de la media res en todo el país a partir del primer día del año próximo. Y lejos de dar certezas, los principales funcionarios del gobierno se enfrascaron en una feroz interna entre ellos, más enfocada a los lineamientos filosóficos que debe tomar la economía local (Que más retenciones, que desacoplar los precios, que liberar exportaciones) que a la gestión concreta y cotidiana de las cosas.
La mejor demostración de que los hombres de Estado andan en babia y ocupados en sus propias miserias es que a poco más de un mes de la entrada en vigencia del nuevo sistema nadie ha definido, por ejemplo, cosas elementales como a dónde deberá aplicarse el sello a los cuartos delanteros, y que hoy se aplican sobre el muslo del animal en el cuarto trasero. Parece una idiotez, es cierto. Pero nadie se está fijando en este tipo de cosas.
Por eso, a ciencia cierta y más allá de la letra fría de las resoluciones, nadie cree demasiado en que el próximo 1° de enero se vayan a aplicar estas transformaciones de fondo en el comercio de carne vacuna, y que podrían colaborar quizás con mucha mayor eficiencia a morigerar la suba de los precios de la carne que cualquier cepo a las exportaciones. ¿Por qué razón? Porque los lomos irán a los consumidores que puedan pagarlos y los sectores de menores recursos tendrán una oferta más abundante de los cortes más económicos del bovino.
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]]>La entrada Kulfas mete dato en su debate con Feletti: Un estudio que afirma que los empleados de empresas exportadoras ganan 30% más que el resto se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Para eso también servía exportar, parece: para mejorar los ingresos de los trabajadores.
“Las empresas exportadoras pagan a sus empleados salarios mayores que las empresas que solo venden su producción en el mercado local”, define un informe elaborado por el Centro de Estudios para la
Producción (CEP XXI) del Ministerio de Desarrollo Productivo.
Luego amplía: “Si bien esta diferencia se puede explicar en parte por el hecho de que estas compañías obtienen ingresos en divisas internacionales, este fenómeno encuentra diversas explicaciones en la teoría económica. En primer lugar, las firmas exportadoras generalmente poseen una ventaja tecnológica, organizativa o de escala que las vuelve más productivas y es precisamente por eso que sus salarios son, en promedio, mayores”.
En otras palabras, pueden pagar mejores salarios porque sus incursiones en mercados mucho más exigentes las han hecho ganar eficiencia. “Penetrar mercados internacionales implica desafíos notorios (conocer marcos regulatorios diferentes a los de Argentina, patrones de consumo distintos, y afrontar exigencias diferentes), de modo que es razonable pensar que solo puede afrontar ese costo una empresa que ya parte de cierta ventaja inicial”.
El documento precisa que “en promedio, las empresas exportadoras pagan salarios 125% más altos que el resto”.
De todos modos aclara que la exportación no es el úinico elemento para justificar semejante diferencia. Y para demostrarlo, cita que “muchas firmas del sector de minas y canteras (básicamente, petróleo y minería) exportan y pagan salarios elevados, mientras que lo contrario ocurre en sectores como por ejemplo la construcción, en donde las remuneraciones son menores a la media y la exportación es muy infrecuente”.
“De esta manera, la diferencia salarial entre esos dos grupos no responde sólo al carácter exportador de las firmas sino a otras variables adicionales, como por ejemplo la productividad sectorial (el valor agregado por puesto de trabajo es 16 veces más grande en el primer sector que en el segundo)”.
Otro apunte señala que algo similar ocurre con las firmas grandes versus las más pequeñas: las firmas exportadoras son de mayor tamaño que la media (el 76% de las no exportadoras son microempresas, mientras que solo el 27% de las exportadoras lo son).
Por este motivo, el trabajo computa la prima salarial por trabajar en una firma exportadora aislando el efecto de otras variables que también inciden en el salario (como el tamaño y el sector de la empresa, así como el género y la edad del trabajador, o la provincia en que se ubica la firma).
Así concluye que la diferencia real de salarios atribuible a la exportación es de casi el 30% (29,8%).
“En otros términos, si se tomaran a dos personas del mismo género, la misma edad, que trabajan en el mismo sector, en una empresa de mismo tamaño y en la misma provincia, y una trabaja en una firma exportadora y otra en una no exportadora, la que trabaja en la empresa exportadora tiene un salario 30% mayor que la que está empleada en una empresa que solo abastece al mercado local”, se explicó en un lenguaje muy llano.
El trabajo del CEP-XXI fue realizado a partir de datos del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA) y de Aduana sobre 2019. Relevó 1,8 millones de trabajadores y trabajadoras formales que se desempeñan en firmas exportadoras.
La difusión de este documento se produce en medio de una discusión entre Matías Kulfas, el ministro del área, y el secretario de Comercio, Roberto Feletti, que responde a los sectores más duros del kirchnerismo y ha dicho que quiere “desacoplar” todavía más los precios internos de los externos.
Para el área de Kulfas, de quien depende Feletti en los papeles, está claro que “el crecimiento de las exportaciones es condición necesaria para aliviar los recurrentes problemas de balance de pagos que la economía argentina ha enfrentado de manera casi continua a lo largo de las últimas cinco décadas, los cuales inciden sobre los salarios de toda la economía”.
Pero además remarca que “exportar más no solo es benéfico en términos de obtener divisas para evitar crisis de balanza de pagos, sino también para incrementar los salarios de los trabajadores que se desempeñan en firmas exportadoras, paso fundamental en la reducción de la pobreza y las privaciones sociales en Argentina”.
La entrada Kulfas mete dato en su debate con Feletti: Un estudio que afirma que los empleados de empresas exportadoras ganan 30% más que el resto se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La entrada Zonceras argentinas: Desactivaron una barrera contra un insumo importado clave para la producción citrícola… que no es producido en el país se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Cuenta esa historia basada en hechos reales que el pasado 14 de abril, es decir en la época del año en que se inicia la temporada citrícola en la Argentina, una resolución del propio Ministerio que dirige Matías Kulfas “procedió al cierre del examen por expiración de plazo” de una investigación por dúmping (daño a la producción de un país que provocan los productos que ingresan desde otro mercado) que se había iniciado siete años antes, en 2014.

El producto que se había cuestionado allá lejos y hace tiempo eran los “fungicidas a base de hidróxido de cobre, oxicloruro de cobre u óxido cuproso, que no contengan bromometano (bromuro de metilo) o bromoclorometano, presentados en formas o envases distintos de los utilizados en aplicaciones domisanitarias”. Esos productos eran importados desde Chile y Estados Unidos en la posición arancelaria 3808.92.91, pero una empresa local denunció que se trataba de una operación que hacía dúmping (ingresaba por debajo de los costos locales) y por lo tanto lesionaba la producción nacional.
Por eso, frente a esa situación, en 2014 se aplicaron derechos antidumping (es decir una tasa adicional que encarecía el producto importado) y la mencionada Resolución de abril firmada por Kulfas lo que hizo fue estirar esa sanción. De ese modo, el fungicida importado debería pagar un 61,04% adicional al valor FOB de cada venta originaria de Chile, y un 40,55% para el caso del producto originado en los Estados Unidos, lo que implica un virtual cierre del mercado argentino.
Bienvenido sea: se había defendido a la producción nacional.
¿Que sucedió? El 10 de agosto pasado, la Asociación Citrícola del Noreste Argentino (ACNOA), que agrupa a los grandes exportadores de cítricos (en especial de limón), se presentó al MInisterio de Kulfas para opinar sobre el asunto. “ACNOA representa a más del 90% de los productores de cítricos del Noroeste Argentino (NOA), responsables del 73% de la producción de cítricos de Argentina. En nuestra región se produce el 97% de la producción de limones de nuestro país (1,5 millones de toneladas), la cual va destinada a la exportación y mercado nacional como fruta fresca y a la industrialización de aceite esencial, jugo concentrado y cáscara deshidratada de limón. Casi toda la producción industrial se destina a la exportación”, apuntó la cámara en su presentación ante Desarrollo Productivo, como para que Kulfas tuviera claro quién le estaba hablando.

En la nota, los citricultores se quejaron, como usuarios del mencionado fungicida, por el “impacto económico que los derechos antidumping aplicados tienen para nuestro sector” y criticaron especialmente la última decisión de prorrogar las medidas antidumping contra ese producto.
“Si bien se han mantenido las mismas alícuotas para las importaciones provenientes desde Chile (61,05%) y los Estados Unidos (40,55%), se dejó sin efecto el derecho antidumping individual aplicado a la empresa chilena Quimetal Industrial S.A. (7,76%), que es el proveedor principal de óxido cuproso de nuestras empresas”, se apuntó.
Esto quiere decir que por un descuido o vaya a saber qué situación, en plena campaña citrícola, el gobierno cerró la última ventanita que estaba abierta para el ingreso de ese agroquímico tan específico, que no son poco importantes para la citricultura sino todo lo contrario. “Estos productos constituyen la base de la estrategia de control fitosanitario de los cítricos de nuestra región, ya que son prácticamente los únicos tratamientos para enfermedades cuarentenarias que permiten cumplir las estrictas exigencias oficiales y privadas en materia de residuos de plaguicidas de los mercados de exportación de cítricos y productos derivados”. A modo de ejemplo, ACNOA citó que los tratamientos para Mancha Negra y Cancrosis utilizan ese fungicida.
“Los productores realizan entre cinco y siete aplicaciones de los mismos a las plantas de cítricos entre los meses de septiembre y febrero de cada año”, se recordó a Kulfas, citando incluso estudios realizados por la Estación Experimental Agroindustrial Obispo Colombres (EEAOC) que dan cuenta de que “el óxido cuproso es el más eficaz de los tres productos alcanzados por esta medida, debido a su doble función de funguicida y bactericida, mientras que los otros productos tienen un uso más acotado (el hidróxido de cobre se usa más bien como bactericida y el oxicloruro de cobre como fungicida)”.
Es decir que una medida pensada en 2014 para proteger a los productores locales de esos insumos terminó afectando a los usuarios finales, los productores.
¿Quién había presentado en 2014 el recurso antidúmping prorrogado en abril pasado? ACNOA recordó que en soledad fue la empresa Tort Valls SA, pero consideró que la misma “no se encuentra en condiciones de satisfacer las necesidades de nuestro sector”.
“Dicha empresa carece de capacidad productiva instalada para abastecer íntegramente al mercado argentino de hidróxido y oxicloruro de cobre. Por otra parte, no produce ni tiene registrado en SENASA la formulación de óxido cuproso que demandan nuestros productores”, se subrayó desde el sector citrícola.

Es por ese faltante de oferta nacional que las citrícolas “necesitamos recurrir a la importación desde Chile de óxido cuproso y de los demás productos alcanzados por la medida antidumping, ya que es el proveedor natural de nuestro país por precio y calidad”. Pero la persistencia de salvaguardas desde hace siete años “incrementa considerablemente nuestros costos de producción, lo cual puede afectar la competitividad de las exportaciones argentinas de cítricos y sus productos derivados, con la consiguiente pérdida de mercados de exportación”.
En la temporada 2020, la Argentina cerró preventivamente sus exportaciones de cítricos a la Unión Europea por las constantes denuncias de casos de Mancha Negra. En abril se reabrieron esos negocios ante la promesa de controles más estrictos. Justo en ese mismo momento, el ministro Kulfas estiraba la vigencia de estos altos aranceles de importación.
“Teniendo en cuenta la proximidad de la campaña de producción 2021-2022 a partir de septiembre del corriente año, que se iniciará con la preparación de las unidades productivas y aplicación de los tratamientos preventivos reglamentarios para las plagas cuarentenarias de preocupación de los mercados de exportación, solicitamos con carácter de urgente la suspensión de la medida antidumping vigente para el óxido cuproso importado desde Chile y, en lo posible, para los demás productos comprendidos en la Resolución 131/2021”, reclamó ACNOA.
Por suerte, detrás de tanta desidia e improvisación manifestada a veces por el Estado Argentino, el ministro de Desarrollo Productivo tuvo un rapto de lucidez y este jueves suspendió los aranceles antidumping aplicados desde 2014 -y ratificados en abril- para las importaciones de “Fungicidas a base de hidróxido de cobre, oxicloruro de cobre u óxido cuproso, que no contengan bromometano (bromuro de metilo) o bromoclorometano, presentados en formas o envases distintos de los utilizados en aplicaciones domisanitarias”.
La decisión se tomó luego de una rápida investigación de las autoridades que demostró que era cierto lo que decía ACNOA y que “la capacidad instalada de la rama de producción nacional no es suficiente para abastecer el consumo total comercializado en el mercado de fungicidas cúpricos, y que, además, la industria nacional no produce comercialmente el óxido cuproso, un insumo que por sus especificidades técnicas presenta ventajas con relación a los otros fungicidas cúpricos disponibles en el mercado”.
Bien, vamos que podemos…
La entrada Zonceras argentinas: Desactivaron una barrera contra un insumo importado clave para la producción citrícola… que no es producido en el país se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La entrada El que parte y reparte: Los matarifes recordaron que “raya la ilegalidad” el sistema de cupos de exportación de carne diseñado por el gobierno se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Luego, con la llegada del nuevo ministro de Agricultura, Julián Domínguez, se habilitó un nuevo cupo de exportación para la carne de vaca vieja que iba dirigida a China. Aunque se pensó en principio que ese nuevo reparto iba a subsanar la injusticia cometida antes con los “exportadores sin planta”, volvió a suceder lo mismo y los nuevos cupos quedaron “atados” al reparto original. Matarifes y grupos de productores se quedaron de nuevo con la ñata contra el vidrio, mirando como otros se apoderaban de todos los resortes del negocio.

En la Cámara Argentina de Matarifes y Abastecedores (Camya) se quedaron mascullando bronca. Y lo hicieron saber este viernes en una carta enviada al coordinador de la Mesa de Ganados y Carnes, Dardo Chiesa, a la que accedió Bichos de Campo. Allí recordaron que, como si fueran narcotraficantes o algo parecido, a “partir de la Resolución conjunta 5/2021 del Ministerio de Desarrollo Productivo y del Ministerio de Agricultura, prácticamente se ha prohibido exportar carne a los exportadores que no cuentan con planta de faena propia”. Como si matar vacas, producir carne y exportarla fuera una actividad ilícita.

En la nota, los matarifes marcaron con todas las letras que a partir de ese andamiaje legal “en las áreas operativas del Ministerio de Agricultura (en referencia a la ex ONCCA) se regulan las exportaciones mediante la administración de cupos y matrículas trabando o impidiendo las operaciones de exportación genuinas de empresas con probada trayectoria en el mercado de carnes”.
“Esta política además de afectar fuentes de trabajo e ingresos de divisas raya la ilegalidad y se presta a la decisión arbitraria de los funcionarios de turno”, enfatizaron los matarifes, que reclaman “un trato igualitario al que se les da a las plantas exportadoras de carne y a las exportaciones de otros rubros”.
Quienes hace posible esta discriminación tan obvia, además de los ministros que firmaron las resoluciones que favorecieron la concentración del negocio exportador solo en manos de los frigoríficos que ya exportaban, barriendo de la cancha al resto de los operadores, son el secretario de Agricultura, Jorge Solmi, y el actual director de la ex ONCCA, Luciano Zarich, responsable de administrar las Declaraciones Juradas de Exportación de Carnes (DJEC). Ambos entraron juntos al gobierno en marzo de este año, con la decisión tomada por el gobierno de comenzar a meter mano en el negocio de la exportación de carne.

“Cuando llegue a la Secretaría a fines de febrero me encontré con un problema muy complejo respecto a la carne. Había muchas empresas fantasmas actuando que presumiblemente exportaban carne y los dólares no ingresaban nunca por el circuito legal, lo cual era una competencia desleal para los frigoríficos. Las resoluciones que sacamos fue para ir ordenando el mercado de la carne, hoy no hay intermediarios que le agreguen precio a la carne. Con esto buscamos que nuestras políticas sean transparente para la cadena”, declaró esta semana el secretario Solmi en una visita a Tres Arroyos.
En realidad, es falso que el Ministerio de Agricultura haya eliminado a una gran cantidad de operadores ilegales, como dice Solmi. En rigor, no hay denuncias judiciales presentadas desde el Ministerio por esas presuntas irregularidades. Y a las sucesivas consultas hechas por Bichos de Campo sobre este asunto se contestó apenas con tres casos de empresas que habrían intentado exportar unos pocos contenedores, que representaban menos del 1% del total de carne exportada. Pero el argumento se utilizó como excusa para dejar fuera de competencia a unas 40 empresas sin planta legalmente constituidas.
En ese sentido, en la carta a Chiesa la CAMyA recordó que una vieja resolución de Agricultura, la E-21 del 2017, estableció la categoría de Matarife Abastecedor “entendiendo por tal a quien faena hacienda de su propiedad para el abastecimiento propio o de terceros con destino al consumo interno y/o exportación”. Es decir que el propio Ministerio que ahora los deja afuera reconoció “al matarife abastecedor con la categoría de exportador en la asignación de matrículas sin plantear exigencia de contar con planta propia”.
Para cualquier observador atento resulta muy visible que la asignación de los cupos -tanto los originales como los nuevos para vaca conserva- se limitaron a los operadores que cuentan con planta para sacar competidores del mercado y dejarle el camino allanado a los grandes frigoríficos del Consorcio ABC. En rigor, los tonelajes de carne disponibles para exportar se distribuyeron en base a los números de habilitación de las plantas en Senasa, dejando afuera los CUIT de exportadores sin planta del reparto. El principal asesor del ministro Kulfas para diseñar esta estrategia, además de Solmi y Zarich, fue el vicepresidente del Senasa, el santacruceño Carlos Milicevic.
Para los matarifes que quedaron fuera del negocio, la serie de normas que conformaron los diversos cupos de exportación “restringen esta posibilidad a algunos operadores al exigir una past-perfomance exportadora arbitraria y fuera de toda lógica, ya que solo reconoce la faena realizada por las plantas faenadoras y no por cada matrícula, con lo que se ha transferido a las plantas un derecho a cupo que no es de ellos”.
“Además se impide la operatoria de exportadores con y sin planta que se inician en la exportación y que, pese ha haber realizado importantes inversiones en adecuación de las plantas, desarrollos comerciales y logística, lógicamente no cuentan con antecedentes en este campo”, agregaron los matarifes, denunciando que también algunos frigoríficos nuevos quedaron fuera de los cupos.
Esta situación había sido reconocida por el ministro Domínguez, quien prometió corregir la situación de “5 o 6 plantas a pedido de los gobernadores” en la nueva distribución de la vaca conserva para China. Pero nada de eso sucedió. Se volvió a repetir la misma matriz injusta.
Para la asociación que agrupa a los matarifes, esta conjunto de medidas “van en sentido contrario a favorecer la producción y el trabajo, promueve la concentración en grandes plantas desalentando a las Pymes violan las normas legales vigentes, y afectan los derechos constitucionales que nos asisten para trabajar todos en igualdad de condiciones”.
En la carta se solicitó a Chiesa “que se incorpore a la agenda de la Mesa de Ganados y Carnes la problemática planteada y se analice que camino tomar para su solución, por afectar esta situación los intereses de toda la cadena de valor”.
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]]>La entrada Al final el gobierno terminará cagando a los ganaderos: Para “liberar” la vaca conserva creará otro cupo y estirará el cepo hasta fin de año se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Las trabas a la carne comenzaron en mayo. Luego, en junio, se formalizó el cepo exportador, con la creación de un sistema de cupos por frigoríficos que tendrían fecha de vencimiento el 31 de agosto: unas 60 empresas (pero en especial las 20 que forman el Consorcio ABC) iban a poder exportar 27 mil toneladas de carne por mes. Llegó el final de agosto y nada de lo prometido sucedió: la prohibición de exportar libremente se estiró hasta el 31 de octubre.
Es decir que todo fue empeorando.
Solo hubo un alivio en el medio: a fin de agosto se creó una cuota adicional de 3.500 toneladas mensuales para la carne kosher destinada a Israel. Esto se hizo básicamente para enfrentar los reclamos de ese país. Pero ya no había un único sistema de cuotas sino dos.
En medio sucedió la gran derrota del oficialismo en las elecciones primarias. Los gobernadores, que hasta ese momento callaban, comenzaron a inquietarse por recuperar votos en el medio rural. A nivel nacional, el Gabinete se renovó y en el Ministerio de Agricultura recaló el abogado bonaerense Julián Domínguez, quien de inmediato metió mano para corregir la situación.
Parecía, por su entusiasmo, que lo lograría. El martes 28 de septiembre se reunió con dos ministros (incluido el nuevo jefe de gabinete Juan Manzur), cinco gobernadores y los cuatro dirigentes rurales de la Mesa de Enlace. Y allí prometió una liberación total de las exportaciones de carne de vaca vieja o conserva o manufactura (categorías E y D) destinada para China.
El acta que se firmó en ese momento con los agropecuarios era concluyente en este punto, pues decía que se iba a producir la “apertura vaca china sin cupo en forma inmediata”. Un éxito total, bombo, redoblante y platillos.
Domínguez, en una reunión inmediata con los periodistas, ratificó que esa era la decisión que iba a tomarse. Y que la liberación de las exportaciones de carne proveniente de esa categoría regiría no solo para unas 140 mil vacas categoría D y E que el gobierno estimaba seguían vivas en los campos sino también para unas 50 mil toneladas de carne que los frigoríficos habían acumulado en sus cámaras, como stock. Bichos de Campo lo escuchó. El ministro no puede ahora negar que dijo lo que dijo.
Pasaron los días y quedó claro que no llegaría la solución reclamada por los dirigentes rurales y prometida por el flamante funcionario. Habrá que esperar a leer la resolución (que podría ahora sí suceder el martes). Pero hasta aquí todo parece indicar que el gobierno volverá a cagar a los productores ganaderos. Y esta vez con complicidad de los gobernadores. ¿Por qué?

Es triste pero real: Antes de que el ministro Domínguez irrumpiera en la escena, la cadena de ganados y carnes tenía un escenario X (el sistema de cupos vencería el 31 de octubre) y a partir de la resolución tendrá uno peor (el sistema se extenderá al menos hasta el 31 de diciembre y incluirá la creación de un nuevo cupo de exportación).
Jorge Solmi, el secretario de Agricultura y segundo de Domínguez en ese ministerio, este sábado adelantó en declaraciones radiales algunos detalles de la resolución que se publicaría el martes:
¿Qué sucedió para que de la “apertura vaca china sin cupo en forma inmediata” que decía el acta se haya pasado a este escenario donde las cuotas de exportación se extienden a diciembre y son cada vez más?
Habrá que preguntarle a Domínguez y a sus funcionarios. También al jede de Gabinete, ya que Manzur convalidó con su presencia un anuncio que ahora se esfuma como arena entre los dedos de los dirigentes rurales.

Lo concreto es que de la apertura definitiva que prometió el gobierno han pasado diez días y la resolución todavía no se conoce. Lo que ya se anticipa es que será mucho menos ambiciosa de lo que prometió el ministro Domínguez. Y que en los hechos, actuará como una nueva cuota o límite a la exportación. Otra intervención. Y posiblemente en nuevas distorsiones en el mercado de las carnes.
En definitiva, cuando se conozca la resolución confirmaremos que el gobierno volverá a incumplir con su palabra. Que cagará a los productores de carne.
En un comunicado, sabiendo que este escenario provocará renovadas críticas desde la Mesa de Enlace y esmerilará la imagen de Domínguez en apenas quince días de gestión, el mismo secretario Solmi trató de suavizar las cosas.
En principio, destacó que este renovado cepo a la exportación de carne (que se extenderá hasta fin de año e incluirá una nueva cuota para la vaca conserva) no ha sido fruto solo de un trabajo de la cartera agropecuaria sino “del trabajo en conjunto” entre esa cartera y las provincias nucleadas en el Consejo Federal Agropecuario. Nunca antes una resolución de este tipo había sido refrendada con ese cuerpo colegiado. Pero ahora sí, como queriendo obligar también a los gobernadores a hacerse cargo del mal trago.
“Se involucró a todos porque es una política federal. Estamos tomando decisiones federales que es lo que tiene que hacer un gobierno federal y más aún en un ministerio como el nuestro donde no podemos tomar decisiones centralizadas cuando estas cuestiones afectan a cada una de las provincias”, remarcó el funcionario. Habría que preguntarle entonces por qué las resoluciones previas que establecieron este sistema de cupos fueron tomadas solo por dos carteras, la de Agricultura y la de Desarrollo Productivo a cargo de Matías Kulfas.

Ese funcionario, que hasta ahora capitaneaba todas las negociaciones por estos cupos de exportación y que tenía trato directo con Mario Ravettino, el titular del Consorcio ABC que agrupa a los grandes frigoríficos exportadores, pareció correrse de escena cuando Domínguez tomó el mando de la negociación con la Mesa de Enlace y las provincias. Pero en las últimas jornadas Kulfas reapareció firmando un nuevo acuerdo de precios con las cámaras del sector frigorífico, extendiendo la “barata” en los supermercados hasta fin de año.
Aunque Solmi y otros funcionarios de Agricultura también participaron de la reunión entre Kulfas y los frigoríficos que dio origen a ese acuerdo, queda claro que aquí volvieron a chocar las estrategias utilizadas por las dos Ministerios que intervienen en el asunto: el de Domínguez que prometió una apertura total de las exportaciones de la vaca conserva a China tropezó con el área que tiene a su cargo el control de precios y que está obsesionada por el precio de la carne. Y que ahora además incorporó a un duro en reemplazo de la secretaria de Comercio, Paula Español. Roberto Feletti, de él se trata, habló pestes del campo, lo tildó de especular con los precios y es defensor de las intervenciones.
Ahora refugiado como ministro de Educación de Formosa, el ex ministro Luis Basterra, sabiendo que finalmente Kulfas y la secretaria de Comercio Interior, Paula Español, llevarían las de ganar cuando el dilema llegara a los oídos de los principales mandos del gobierno (en especial de Cristina y de su hijo Máximo Kirchner), prefería correrse de escena. Domínguez en cambio pretendió acaparar todo el escenario. Pero a los pocos días enfrentó su primer tropiezo.
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]]>Primero los funcionarios del gobierno de Alberto Fernández y hasta la propia Cristina Kirchner -enemistada históricamente con el sector- tomaron con entusiasmo esa alternativa y prometieron apoyarla. Pero después el Poder Ejecutivo generó comisiones técnicas para analizar los alcances y más adelante decidió cajonear la iniciativa durante largos meses. El tiempo de espera recién terminó cuando el sopapo electoral de las PASO convenció a las autoridades de que era hora de mostrar gestión.
El jueves por la noche se encontraron Alberto y Cristina después de aquella resonante derrota, que desencadenó una crisis en el gobierno. Allí, el nuevo ministro de Agricultura, Julián Domínguez, se apropió de la iniciativa y sin siquiera agradecer el aporte del CAA, dijo que su origen se remontaba a PEA (Plan estratégico Agropecuario) que había impulsado tanto él como Cristina en 2010, durante su primer paso por la cartera agropecuaria.
Domínguez, además, repitió que con la sanción del llamado “Régimen de Fomento al Desarrollo Agroindustrial Federal, Inclusivo, Sustentable y Exportador” se iban a poder elevar las exportaciones argentinas a 100.000 millones de dólares y crear 700 mil nuevos puestos de trabajo, como decía el CAA en sus planteos originales.

Pero en el mismo momento en que Domínguez realizaba tan ampulosos anuncios, el Consejo Agroindustrial distribuía un estudio en el que acotaba muchísimos los objetivos que se había planteado inicialmente. Ya no era llevar las exportaciones a 100 mil millones de dólares sino simplemente elevarlas en unos 7.000 millones de aquí a 2026 (la quinta parte de la proyección inicial). Y en materia de creación de empleo, ya no se hablaba de 700 mil puestos nuevos sino apenas de 150 mil.
¿Qué sucedió para que el famoso Plan Agroexportador haya quedado reducido a una mínima expresión de lo que era? ¿Qué sucedió? ¿Qué fue lo que cambió entre el texto del proyecto de ley original y éste que ahora firmó el Presidente para enviar al Congreso?
Salta a la vista, que los objetivos a los que apunta la ley se redujeron de un año al otro -y tras atravesar el filtro oficial- a la quinta parte de lo que eran en los orígenes de esta discusión.
El documento del Consejo Agroindustrial celebraba (porque mejor es poco que nada) los beneficios para nuevas inversiones destinadas a exportar una mayor cantidad de bienes, para generar más divisas y crear nuevos trabajos. Esta es la lista de beneficios previstos en el proyecto: 
¿Y qué fue lo que se quitó del anteproyecto original que elevó el CAA a las autoridades? Pues algo que el mismo gobierno acaba de anunciar este viernes, pero para la industria automotriz.
Para ese sector fabril, que suele ser mimado por todos los gobiernos, el Poder Ejecutivo anunció la eliminación de las retenciones para las “exportaciones incrementales”. ¿Qué quiere decir? Que durante 2022 las empresas que fabrican autos (en buena medida con partes importadas) continuarán tributando las alícuotas actuales de derechos de exportación hasta un monto equivalente a las ventas externas de 2020. Pero que todo lo que exceda esa cifra quedará a salvo del temible tributo aduanero.
La medida a favor de las automotrices fue presentada por los ministros de Economía, Martín Guzmán; y de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, dos de los funcionarios que inicialmente habían dado su visto bueno a la propuesta del Consejo Agroindustrial, pero que luego comenzaron a meterle hacha para podarla y dejarla convertida en una mínima expresión de lo que era.
Lo que la Ley Agroindustria proponía era justamente eso, que si el agro lograba incrementar sus niveles de exportaciones durante la vigencia de la nueva ley, las retenciones a la exportación (que son mucho más elevadas que las que pagan los autos) s fueran reduciendo paulatinamente.
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]]>La entrada Si esto fuera una pelea de boxeo, “El Huracán” Domínguez le ganó a “La Chancha” Kulfas por KO y en el primer round se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Si esta fuera una crónica sobre una pelea de boxeo, lo primero que debería hacer es colocar un mote adecuado para el nuevo ministro: “El Huracán” Domínguez parece ser el adecuado. Es que el estilo del funcionario resultó apabullante: ni bien se subió al ring lanzó manotazos para todos lados y sin medir los riesgos encaró a su rival desde el vamos, dispuesto a sumar puntos desde el primer round.
Luego contaría cómo fue que llegó a ser protagonista de esta pelea. Firmó el contrato a las nueve de la noche, apenas unas horas antes de ese viernes en el que Alberto Fernández anunció su nuevo gabinete, casi de medianoche.
“Yo no pensaba en ser ministro de Agricultura, pero no me podía negar”, confesó el flamante funcionario como si fuera un Rocky Balboa veterano al que no le queda más remedio que volver a pelear por el cinturón de campeón mundial y para revalidar la gloria de tiempos pasados. Domínguez ya fue ministro del área entre 2009 y 2011. Y realmente cree que en su gestión sucedieron cosas muy valiosas para el campo. Lo dice en todo momento.

De todos modos, el flamante integrante del Gabinete explicó que antes de aceptar volver a trepar al cuadrilátero le puso al Presidente (finalmente su manager) algunas condiciones. Primero le exigió tener los recursos necesarios para poder pelear. Esto es, le reclamó a Alberto “recuperar todas las competencias que perdió el Ministerio de Agricultura” a manos de otras áreas de gobierno en los últimos años. Básicamente, el comando de las negociaciones no solo con la Mesa de Enlace sino también con el Consejo Agroindustrial Argentino (CAA).
Primera trompada directamente al riñón de Matías Kulfas, el ministro de Desarrollo Productivo, su rival en esta primera contienda. Kulfas, apodado “La Chancha”, se había establecido como el único interlocutor válido del gobierno frente a ambos agrupamientos empresarios ligados al campo. Pero también le arrebató al Ministerio de Agricultura muchas otras áreas de trabajo, vinculadas a la forestación, la biotecnología, la molinería y otros etcéteras. Según Domínguez, ahora está a la firma del Presidente un decreto que resuelve esta situación de incumbencias entre ambas carteras.
Fue este el primer gran golpe con que El Huracán le marcó a La Chancha como vendría planteada este pelea, a todo o nada.

De pronto, la negociación por el cepo a la carne cambió de interlocutores no solo del lado oficial (Domínguez apareció flanqueado por una hinchada nunca antes vista, compuesta por cinco gobernadores y el jefe de Gabinete, Juan Manzur, además del kirchnerista Wado De Pedro) sino también entre los privados. Es que Domínguez también descalificó la negociación mantenida hasta ahora por Kulfas solamente con Mario Ravettino, el presidente del Consorcio ABC, que agrupa a los grandes frigoríficos exportadores. Y convocó por primera vez a los dirigentes de las cuatro organizaciones que integran la Mesa de Enlace, que hasta ahora habían sido ninguneados. Los empoderó, como se diría ahora.
Más doloroso todavía. En la reunión con los periodistas agropecuarios el nuevo ministro alimentó las sospechas sobre cierto doping propiciado por el Consorcio ABC y facilitado por su tan cercana relación con La Chancha Kulfas. ¿Cómo? Domínguez declaró sin rodeos que el sistema de cupos ideado por su rival del Gabinete favoreció a los intereses más concentrados de la cadena de ganados y carnes -las plantas exportadoras de esa cámara- en perjuicio de los más débiles, que son los criadores y las tamberos que tuvieron que malvender sus vacas conserva. Incluso se comprometió ante los gobernadores a incorporar 5 o 6 frigoríficos provinciales que quedaron heridos y sin tonelaje para poder exportar.
¿Y cuánto estimulante consumió este luchador? Domínguez tiró un manotazo certero a la mandíbula de Kulfas al contar que lo primero que hizo al llegar a su puesto fue encargar un relevamiento del stock de carne acumulado en las cámaras de frío de los socios del Consorcio ABC. Serían unas 50 mil toneladas de carne, la mayoría de vaca vieja que se compró barato y que ahora se podrá exportar a los buenos precios internacionales.
Tambaleó La Chancha. Una cosa es que todo esta golpiza a los productores lo hayamos contado desde el principio con lujo de detalles en Bichos de Campo. Y otra muy distinta es que quien lo diga sea su compañero de Gabinete.

La segunda condición que El Huracán Domínguez comentó que le puso a su avejentado manager Alberto es que había que cambiar la consideración política del gobierno sobre los productores agropecuarios y sus dirigentes. El propio boxeador dijo que, según su visión de país, el agro es un sector fundamental para la economía nacional al que hay que proteger y alentar. Por eso se mostró dispuesto a fijar una reunión semanal con los técnicos de la Mesa de Enlace, para ir removiendo obstáculos. Ese proceso se convalidará con los popes de la Mesa de Enlace con una reunión cada 60 días.
Otra vez una trompada a Kulfas y todo lo que representaba sus modos cansinos para el boxeo: Aunque pensara parecido, La Chancha prefería no dar esta pelea de modo franco y se escudaba detrás de algunas fotos grises con el Consejo Agroindustrial o con la Mesa de las Carnes, que nunca representaba del todo a los ganaderos. También seguía a rajatabla las instrucciones que le llovían desde su esquina K, que ordenaba lanzar golpe tras golpe contra los productores. Retroceder nunca, rendirse jamás.
Obsérvese detenidamente la diferencia de estilos: Antes de las demoledoras PASO, a Kulfas no lo dejaron dar un paso atrás para flexibilizar el cepo y liberar las vacas conserva para China, que es algo que él hubiera querido hacer y que incluso llegó a anunciar en los medios para luego recular. Domínguez, en cambio, lo primero que hizo fue pegar un saltito para atrás para desde allí, con más envión, anunciar la liberación de las vacas conserva para China. Es decir, lanzó el mismo golpe que La Chancha, pero en su caso fue efectivo.
KO, Knockout. El primer rival que le pusieron enfrente a El Huracán quedó desairado y besando la lona. Nadie sabe cuando tiempo más soportará el conteo uno de los economistas preferidos de Alberto. La Chancha parece estar en el ocaso de su carrera pugilística.

Domínguez, el veterano crédito de Chacabuco, superó esta primera parada de su retorno con gran tranquilidad y hasta holgura. No le hizo falta más que un round. Demostró que todavía conserva cintura a pesar del paso de los años y de su visible falta de recursos (de tan improvisado su regreso al ring, no tiene equipo propio de funcionarios y hasta debió confirmar al aguatero que le dejó Luis Basterra).
Ahora el nuevo ministro es banca y ya está pensando en la próxima pelea. Conserva la capacidad de lanzar golpes en andanada, que son muchos y aturden al peleador mejor preparado. Pero el próximo rival seguro será más difícil que La Chancha y le requerirá de mayor entrenamiento.
-Dale Matías, tiranos un centro- pidió un allegado de Domínguez. Salió esta crónica de boxeo, que es un elogio a su desempeño en esta primera pelea, en la que El Huracán lució apabullante ante un rival muy desgastado.
Pero ahora hay que comenzar a discutir política agropecuaria, nada más y nada menos. Es una maratón la que sigue ahora. Y para llegar a la meta hace falta bastante más que una andanada de buenos golpes.
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