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La entrada Para Cabaña San Edmundo el hecho de no tener tierra propia se terminó transformando en una fortaleza estratégica se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“Esa debilidad se convirtió en nuestra fortaleza. Una de las cuestiones que más sufren los animales es la mudanza y, al hacerlo, las que quedaban sin duda eran vacas con muchísima rusticidad. Se fortificaba así el rodeo porque implicaba que había superado todas las pruebas. De ahí han surgido toros, hijos de esas vacas, que han trascendido mucho”, dijo Fernando Hernández a Bichos de Campo.
Aunque en los papeles dice que estudió la carrera de Letras, todo lo que Hernández sabe lo aprendió de su papá, que fue productor en la zona de Tandil, y de amigos que estudiaron veterinaria y agronomía, que lo llevaron a trabajar en distintos campos de la provincia de Buenos Aires. Es por eso que a la hora de crear su cabaña, tuvo más certezas que dudas.

El proyecto se inició en General Belgrano, pero el rodeo luego visitó las localidades de Carlos Tejedor, Chascomús, Ayacucho, Benito Juárez, Tandil y Brandsen, localidad esta última en la cual permaneció más tiempo. El mayor número de animales que llegó a tener fue de 300, distribuidos entre Hereford y Angus. Actualmente tiene animales en las zonas de Brandes, Ranchos y en Vivorata, cerca de Mar del Plata.
“Hay dos modelos distintos. Cuando el campo lo asesoro yo, las vacas están capitalizadas y el manejo depende de mí porque yo manejo el campo. Al campo le corresponde un porcentaje de los terneros por la capitalización, por ende compartimos la producción. En cambio, en los momentos en que estamos a pastoreo, se paga por kilo de carne, por animal, por mes, y el manejo depende del dueño del campo”, indicó Hernández.
La experiencia, de todas maneras, le ha hecho aprender a elegir el manejo propio, ya que en varias oportunidades debió afrontar importantes índices de mortandad, ante los malos cuidados del rodeo por parte de terceros.
Otra característica que distingue a San Edmundo es que cuenta con distintas sedes en el país y en el exterior, que le han permitido agrandar la zona de influencia de sus genéticas. Una de ellas es San Edmundo Puntano, ubicada detrás de las Sierras de Comechingones, en San Luis, donde aportó semen y embriones para armar un rodeo en conjunto con un socio de esa localidad.
También está San Edmundo Andino, en Arequipa, Perú, a partir de la cual han logrado desarrollar su genética en condiciones muy especiales. “La cabaña en Perú está desarrollándose en un desierto. Los animales ahí se han comportado de forma distinta y ya estamos replicando esa genética en Cuzco, en la selva, y en zonas a más de 3000 metros sobre el nivel del mar”, señaló el cabañero.
La última apertura será la de San Edmundo Patagónico, en el departamento de Pilcaniyeu, en Río Negro, que está próxima a concretarse. A diferencia del caso de San Luis, allí Hernández tendrá un rodeo ciento por ciento propio. Y a futuro el proyecto es abrir una nueva sede en la provincia de La Pampa.
Todos los animales de la Cabaña San Edmundo mantienen desde hace 30 años una dieta basada completamente en un modelo pastoril regenerativo, que ha significado para la empresa no sólo un ahorro económico importante, sino la posibilidad de desarrollar un negocio sostenible.
Este rasgo para Hernández es clave porque ha sido otro de los causales del mejoramiento de su genética. “Hay momentos de restricciones, por sequías o inundaciones, donde los animales que mayor cantidad de alimento demandan, sufren. Animales como los nuestros, acostumbrados a consumir pasto y con un tamaño más pequeño, tienen una mejor respuesta frente a esas restricciones. Hemos puesto una selección muy dura”, afirmó el criador.
San Edmundo ya lleva acumulados varios premios entre los que se destacan 13 grandes campeones, 19 campeones, 35 segundos premios y 26 terceros premios. Aún así, las exposiciones no son para el bonaerense la principal fortaleza ni objetivo.

“A veces tenemos que compatibilizar cuestiones en la preparación de los animales que no son de nuestro agrado. Los animales que están diseñados para ser expuestos tienen un manejo y una alimentación diseñados para eso. Nosotros tratamos de tenerlos lo más naturales posibles. Pero es un aporte a desmitificar que quienes van a Palermo tienen grandes genéticas y son la ‘oligarquía’. El nuestro es un claro ejemplo de un proyecto que no está atado a las grandes familias tradicionales de Argentina”, afirmó Hernández.
-¿Este manejo que San Edmundo propone terminó siendo rentable?- le preguntamos al cabañero.
-Yo crié a mis hijas y tuve lo que tuve con esta actividad. Tenemos gastos que quién está en campo fijo no tiene, como los fletes. Los animales que se pierden por las mudanzas podrán ser vistos como un gasto, pero nosotros tratamos de mirarlo como un costo con el que hemos logrado una fortaleza mayor. Lo nuestro es una genética rentable.
-¿Qué representa para usted esta cabaña?
-Parte importante de mi vida. Yo empecé sin nada y hoy hay genéticas nuestras en varios países de Latinoamérica. Hay genética que incluso, indirectamente, ha llegado a España por descendencia de vacas nuestras. Hoy veo involucradas a mis hijas, que me ayudan cuando pueden, y eso implica dejarles un camino un poco más liviano que el que me tocó vivir a mí.
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]]>La entrada La veterinaria Lorena Caruso hace ecografías de vacunos y ovinos: “Hemos pasado a ser una parte importante en la tarea de mejoramiento animal”, se alegra se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>A los 2 o 3 años empezó a investigar también sobre la raza bovina San Ignacio -que fue creada por la misma Universidad Católica, y que es una cruza de animales sudafricanos con Angus y Hereford-, porque se buscaba conocer su potencial desde el punto de vista carnicero. Esta raza fue desarrollada para tener resistencia a climas desfavorables, de mucho calor. Ella llegó a la conclusión que esta ventaja no le jugaba en contra de su calidad de carne.

“En esta rama de la genética no se engancha mucha gente porque los resultados se ven a largo plazo, conlleva muchos cálculos matemáticos, lo que no es común en nuestra profesión”, recuerda Lorena, quien se fue apasionando cada vez más. Tanto le gustó el mejoramiento genético que en 2009 le alquiló un ecógrafo a la Facultad y se puso a hacer trabajos para afuera. Recién en 2014 logró comprarse su primer ecógrafo.
Al año siguiente Lorena fue mamá y tuvo que trabajar poco y cerca de su casa. Su pareja no prosperó, pero en 2019 conoció al uruguayo Gustavo Ocampo, con quien convive hasta hoy y desde el comienzo la apoyó en su carrera profesional. Él venía de otro rubro que hasta hoy conserva, un taller de corte láser, pero comenzó a viajar con ella y a ayudarla en su trabajo.
Un día, cuando volvían juntos de brindar servicios en Venado Tuerto, él le empezó a sugerir crear una empresa. Al llegar a Córdoba ya se habían decidido. Así nació EcoMeat, empresa de servicios ecográficos, mejoramiento genético y calidad de carne. Gustavo comenzó a ocuparse de la logística, administración, publicidad y ventas. Fue un desafío apostar a algo que desconocía.
Lorena formó equipo con la ingeniera agrónoma Gabriela Molina, especialista en genética y doctorada en Italia, que había sido su profesora en la Facultad, en la cátedra de Mejoramiento Genético. Cuando Gabriela se fue a Italia, dejó a Lorena a cargo como adjunta hasta que en 2019 pasó a ser la titular y hasta hoy continúa a cargo. Hoy Lorena además es jefa de Trabajos Prácticos de Zootecnia.

“Empezamos a hacer determinaciones DEPs (Desvío Esperado en la Progenie), en ovinos de raza carnicera, cuando en esa época nadie las realizaba en ovinos. Éstos sirven para diferenciar a los animales con respecto a la media poblacional. De esa forma podemos seleccionar a los reproductores superiores, no sólo por su fenotipo sino también por los genes favorables que éstos van a dejar en su progenie. Es algo novedoso en cuanto a aplicarlo en ovinos de razas carniceras, ya que en lanares se venía trabajando desde hacía un tiempo”, nos explicó.
Y agregó que “gracias a esos DEPs, la cabaña El Harem hace pocos días vendió reproductores a precio récord alcanzando los 6 millones de pesos por una hembra que se exportará a Paraguay. Y varios productores de la raza Hampshire Down están empezando a trabajar con los mismos, para mejorar las características de sus majadas”.
Por primera vez en el país se subastarán reproductores ovinos con su respectiva información genética
“El mejoramiento genético está aplicado al mejoramiento productivo. Es una prueba o respaldo científico con datos fehacientes para demostrar cuáles animales son superiores”, explica Lorena.
“Por un lado me fui enamorando de esta tarea de hacer ecografías, porque a mí me gusta viajar y disfrutar del camino, compartiendo los mates con Gustavo. Él fue enamorándose del campo y ganándose el aprecio de los paisanos. Hoy disfrutamos de relacionarnos con peones, capataces y patrones de los campos. A mí me encanta hacer amistad con los clientes e involucrarme con sus proyectos, aunque entre ellos sean competencia, porque quiero que a todos les vaya bien. Y me gusta trabajar con las ovejas porque sus dueños las conocen individualmente y hasta les ponen nombres o apodos”, relata.
Reflexiona la ecógrafa: “Seguramente todo esto me viene de mi padre, que fue viajante de comercio, pero como a él siempre le tiró el campo, un día decidió comprar uno con su hermano y dedicar algo de su tiempo a la producción agrícola-ganadera”.
Cuenta Lorena que al principio hacía ecografía de bovinos, pero decidió dedicarse casi con exclusividad a los ovinos, porque a causa del duro trabajo con los bovinos tuvo que operarse de sus dos muñecas y de un codo. “Yo se que por esta cuestión mi trabajo tiene fecha de caducidad, además de que viajar también desgasta mucho”, sentencia.
Explica Lorena para que sirve su trabajo: “Las y los ecografistas logramos información de la calidad de la carne del animal sin necesidad de faenarlo, porque cuando se lo faena, el mismo no deja progenie y entonces no deja sus genes. Haciendo una medición carnicera la ecografía nos da una estimación de cuánto va a rendir un animal una vez faenado”.

Considera que “de este modo hemos pasado a ser una parte importante en la tarea de mejoramiento animal. Hoy algunos están haciendo muchas pruebas para lograr animales terminados en el menor tiempo posible y sin un depósito de grasa excesivo en el depósito de grasa dorsal, y midiendo la grasa intramuscular o `marmoreo`, que le confiere calidad a la carne. Es que se ha comprobado la relación entre el área del ojo de bife, el depósito de grasa dorsal y el rinde carnicero. De modo que se trata de elegir reproductores en las cabañas que dejen `hijos` que serán `los padres` en los rodeos comerciales”.
“Yo tenía el preconcepto de que en este rubro los clientes iban a contratar a varones, antes que a mujeres. Es que la mayoría de los ecografistas están en Buenos Aires, unos 13, más 2 en Córdoba y 2 en Corrientes. En Córdoba soy la única mujer y creo que hay sólo 2 más en Buenos Aires. Pero resulta que no fue tan así y las pocas mujeres que éramos al comienzo nos hemos ido abriendo camino”, dice orgullosa Lorena y sostiene esperanzada que: “Este trabajo crece y tiene futuro, porque los productores cada vez invierten más en tecnología, como es el caso de las ecografías”.

Como Gustavo es uruguayo, cada tanto cruzan hacia el país vecino. Resulta que un día, Lorena le dijo que cuando llegaran a jubilarse, le gustaría irse a vivir a allá, cerca del mar y hacerse más tiempo para su hija y también para escribir, ya que la literatura es otra pasión que hoy no puede desarrollar. Entonces decidieron comenzar a montar una sucursal de su empresa EcoMeat en el Uruguay. Para eso, en su último viaje compraron un ecógrafo homologado y certificado, y lo dejaron en lo de una tía de Gustavo.
Dice Lorena: “Hoy hemos logrado vivir de esta actividad que a mí me apasiona y que, si no necesitara trabajar, la seguiría practicando como hobby. Gustavo apunta a profesionalizar cada vez más la empresa, renovando equipos y brindando un servicio de calidad garantizando al productor que los trabajos saldrán bien”.
Lorena y Gustavo se despidieron dedicándonos “Tracción a sangre”, del disco “Fuerza Natural”, de y por Gustavo Cerati.
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]]>La entrada Roxana Roeschlin hace biotecnología en el INTA para mejorar el algodón: Sabe que es un trabajo largo y no se distrae con capullos de colores se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Han pasado más de 20 años desde aquella promesa, Monsanto fue comprada por Bayer y finalmente nada de eso sucedió: no hubo capullos de colores.
Roxana escucha la anécdota sabiendo el final de la historia, pues trabaja con biotecnología agrícola dentro del INTA y sabe que no se trata de soplar y hacer botellas. Que no deben venderse espejitos de colores. De todos modos, como consuelo, le muestra a Bichos de Campo un frasquito que contiene un poco de fibra de algodón de color amarronado. Aclara que ese es su color natural, pues no es material OGM sino una de las muchas variedades de algodón que tienen en el banco de germoplasma del organismo y que son la base de sus ensayos.

“En el laboratorio de biotecnología lo que hacemos es buscar características que queremos que tenga ese algodón y efectuamos cruzamientos. En nuestro país y en el mundo hay distintas tonalidades que se pueden utilizar para el mejoramiento genético del algodón. Mejoramiento es lo que hacemos aquí”, explicó Roeschlin, que estudió biotecnología en la Universidad Nacional de Rosario (UNR) y luego se mudó a Reconquista, en el norte de Santa Fe, cuando en 2017 el INTA inauguró este laboratorio de avanzada.
Allí lo que menos les interesa por ahora es el color que vaya a tener cada capullo. Pero no dejan de hacerse otras preguntas: ¿Se puede lograr cultivos más resistentes a la falta o sobreabundancia de agua? ¿Hay forma de que esas semillas germinen en suelos salinos? ¿De qué manera se puede lograr que resistan a distintas enfermedades o plagas?
Para poder trabajar más aceleradamente en el mejoramiento del cultivo de algodón, que es una economía regional muy importante en las provincias del NEA, el INTA Reconquista acaba de inaugurar un segundo laboratorio de Ecofisiología Vegetal, y además tienen equipos para realizar una medición a pequeña escala industrial de los parámetros de la fibra, como el largo, el grosor y la resistencia. De estas cosas hablaremos en otros artículos.
La gran apuesta de este grupo de investigadores es poder ofrecer al sector algodonero nuevas variedades de semillas en los próximos años, porque la oferta varietal actual es realmente muy limitada. Nada de capullos de colores. Las pesquisas que hacen Roxana y sus compañeros apuntan a resolver algunos dilemas productivos mucho más urgentes.
“En principio lo que buscamos es mejorar la producción, el rendimiento de ese cultivo y la calidad del algodón”, indicó Roeschlin.
Mirá la entrevista con Roxana Roeschlin:
¿Y cómo se introduce una variación en una variedad? En el laboratorio de Biotecnología pueden leer el ADN de cada cultivo y marcan las características que les interesa investigar a través de los marcadores moleculares. Luego de tener “marcados” esos rasgos de potencial interés, comienza la multiplicación y los ensayos con cientos de variedades, tanto a campo como en invernadero.
“Hay distintos tipos de mejoramiento. El clásico es que uno siembra esas semillas en el campo, ve una característica favorable de alguna planta en particular, agarra esas semillas y la vuelve a sembrar. Pero eso tarda, son campañas y campañas. Lo que te permite hacer el mejoramiento asistido con identificadores moleculares es que uno evita ir tan temprano al campo. Podemos hacer en un mismo año 2 o 3 cruzamientos de lo que queremos mejorar e ir seleccionando”, señaló la investigadora.
Eso termina por traducirse en un ahorro de tiempo y recursos. Hoy en día el país cuenta con siete variedades comerciales de cultivo de algodón. No son muchas y debería haber más, porque a mayor cantidad de variabilidad y de genotipos disponibles en el mercado, habrá mejores chances de mantener los cultivos sanos durante toda la campaña.

“Cuando ocurre algo en el ambiente o se desarrolla alguna plaga o enfermedad, si tenés poca variabilidad de semillas con el mismo fenotipo, podés perder toda la producción ese año”, sentenció Roeschlin.
El trabajo con cruzamientos no es la única forma de generar variabilidad en semillas, sino que también en este laboratorio se puede trabajar a partir de provocar mutaciones. Los investigadores trabajan con agentes mutagénicos para alterar el ADN original de una variedad y luego analizan los resultados. Esto les permite obtener caracteres que todavía no se encuentren presentes en el banco de germoplasma existente.
-Bueno, me queda claro que no se dejarán tentar por los capullos de colores y que buscan otra cosa más útil. ¿Pero cuánto tiempo más crees que el INTA podrá demorar en presentar nuevas variedades?
-Los tiempos son más o menos cuatro o cinco años para llegar a presentar una variedad. Una vez que se mejora ese cultivar, hay que probarlo al menos dos o tres años consecutivos, para que ese genotipo este enfrentado a tres campañas con condiciones ambientales distintas. Así veremos si se comporte de la misma manera. Si un año se comportó de forma espectacular y al año siguiente cambian las condiciones y no rinde como debería haber rendido, algo no está bien.
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]]>La entrada Mejoramiento genético de Sudáfrica a la Argentina: La odisea de Ignacio Vidal para importar embriones de caprinos y ovinos de élite y tener así “el mejor rodeo del país” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Por suerte para él, esta historia tiene un final más que feliz.
Junto a su familia, Ignacio Vidal, productor agropecuario de la localidad entrerriana de Villaguay, mantiene un campo en la provincia de Chaco, que se dedica a la producción y cría de reproductores de chivos y ovejas. Con el tiempo el trabajo de desdobló y el productor abrió su propia cabaña de reproductores en Entre Ríos, bajo el nombre de Cabañas del Impenetrable.
Las razas con las que trabaja son Dorper y White Dorper, en ovinos, y Boer en caprinos. Su trabajo en el mejoramiento genético ha sido más que un éxito si se tiene en cuenta que la cabaña obtuvo grandes campeones durante las exposiciones rurales de Palermo en 2014, 2015, 2016, 2017, 2018 y 2019. La de 2020 no se hizo. Por eso sea que quizás no ganó.
“Hacemos el mismo trabajo que las cabañas de toros, con el agregado de que somos una de las únicas cabañas en Argentina, te diría la única, que trabaja con la tecnología de transferencia embrionaria y lavado de embriones de donantes. Tenemos nuestras madres seleccionadas y sobre esas madres producimos nuestros propios embriones que son de hembras de élite”, explicó Rodríguez Vidal a Bichos de Campo.
“Los embriones se sacan y se congelan para guardar, o se implantan en el momento en hembras receptoras para multiplicar genéticamente a esa hembra de élite. Nosotros apuntamos mucho al mejoramiento genético y tratamos de difundir a nuestras hembras. Si haces un servicio natural tenés una cría. Por embriones, en cambio, tenés un promedio de ocho a diez crías por cada lavado que hagas”, agregó el productor.

En 2015 Vidal viajó hasta Sudáfrica para trabajar dos meses en una cabaña de criadores de Dorper y Boer. ¿Y por qué ese destino en particular? Porque allí se encuentran las cabañas con las mejores genéticas del mundo que, sorprendentemente, nutren de material genético a otros países que producen ovinos y caprinos.
De hecho, Argentina importa estas genéticas pero lo hace con algunas dificultades. “Sudáfrica le vende mucho a Australia. Australia se queda con lo mejor que llega y lo restante lo saca a la venta. Mucho de ese producto va a nueva Zelanda, que a su vez se queda con lo mejor y vuelve a vender lo restante. Eso es lo que llega a la Argentina. El origen que tenemos de Boer y Dorper viene generalmente de Nueva Zelanda”, indicó Vidal.
¿Y qué tienen de distintivo las genéticas sudafricanas? En líneas generales sus biotipos favorecen un mayor peso de los animales en el nacimiento, una mejor conversión de kilos a carne, un mayor peso del animal en su adultez y hasta mejores características raciales.
Todo esto fue lo que motivó al entrerriano a visitar Sudáfrica nuevamente en 2019, para elegir donantes de élite, producir embriones e importarlos de forma directa y sin intermediarios a la Argentina.
De esta forma el cabañero se hizo con las genéticas del Gran Campeón Mundial Dorper de 2018, del Gran Campeón Mundial Dorper de 2016 y del hijo del Gran Campeón Mundial Dorper 2018, además del Gran Campeón Mundial Boer de 2019. Pero la noticia quizás más importante para los productores caprinos es que Vidal también adquirió la genética Kalahari, un tipo de cabra colorada de la que Argentina no tenía línea pura hasta este momento. De ella trajo al Gran Campeón Kalahari 2019.
Ahora bien, hasta aquí el negocio parece sencillo, pero ¿es realmente así? Vidal respondió a Bichos de Campo con un rotundo “no”.
“Es totalmente desgastante. Imaginate que arranqué en 2019 y me llegó todo hace diez días. Por diferencias sanitarias y políticas, de acuerdo al gobierno de turno de Argentina y de Sudáfrica, cambian las políticas de reciprocidad constantemente. Lo que venía un día, al día siguiente no funcionaba porque me decían que se rompían las relaciones. Fue terrible”, confesó el productor.
Para poder iniciar con el proceso de inseminación de las hembras y posterior recolección de los embriones, los países deben ponerse de acuerdo en el protocolo sanitario. Es recién allí que comienzan las tareas que culminarán con el congelamiento de embriones, que después deberán afrontar inspecciones sanitarias y mucho papelerío.
A eso hubo que sumarle el estallido de la pandemia, que afectó por obvias razones a todas las rutas aéreas, por lo se tornó una odisea conseguir un vuelo que pudiese transportar el tanque con nitrógeno líquido que refrigeraba al material genético.

“Económicamente es una inversión enorme. Vos tenés entre un 70% y un 80% más de impuestos por sobre lo que vale esa genética en Sudáfrica. Un embrión en promedio está entre 350 y 450 dólares. Se pone precio por unidad pero se venden por paquetes de a diez prácticamente. Un paquete te puede salir 3.500 dólares, pero si comprás más, baja el precio”, detalló Vidal.
Pero como dijimos al comienzo de esta nota, la historia tuvo un final feliz. Luego de mucho esperar el productor consiguió un vuelo que conectó a Sudáfrica con Holanda y Argentina, y hace poco más de diez días los embriones llegaron de forma exitosa a Entre Ríos. Fueron 78 en total: 32 embriones de la raza Boer, 32 de la Dorper y 14 de la Kalahari.

Y como frutilla del postre, ocurrió lo impensado: como consecuencia de un brote de fiebre aftosa que el país africano tuvo a comienzos de 2020, este no podrá vender ningún material genético a ninguna parte del mundo durante los próximos ocho años. Esto convirtió a Vidal en el único productor de la región en tener genéticas de élite y le otorgó una ventaja importantísima respecto a otros que quieran eventualmente emprender este mismo negocio.
“Gracias a Dios, en lo que es América del Sur, Australia y Nueva Zelanda compartimos el mismo protocolo. Ninguno de estos países podrá ingresar genéticas sudafricanas”, señaló emocionado el entrerriano.
Ahora solo resta iniciar el proceso de multiplicación y lograr uno de los mejores y más competitivos rodeos de caprinos y ovinos del sector.
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]]>La entrada En Jujuy funciona una cabaña experimental de cabras criollas para apuntalar a los pastores de la Puna y la Quebrada se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“La Quebrada tiene muchos años de historia de producción caprina, principalmente para hacer queso, pero también con gran porcentaje de autoconsumo de carne. La particularidad del recurso genético local es que no se conoce su potencialidad, sus niveles de producción y de adaptabilidad”, explicó a Bichos de Campo Juan Quiroga Roger, ingeniero agrónomo que trabaja en el IPAF NOA, el instituto del INTA que se ocupa de generar tecnologías y recursos para los pequeños productores.
Mirá la entrevista completa con Juan:
El último censo agropecuario realizado en 2018 indicó que había 1700 explotaciones agropecuarias en la provincia de Jujuy y 70.000 cabezas caprinas registradas. Este número viene decreciendo desde 2002, año en que se llegaba a un número de 100.000.
Teniendo en cuenta este proceso, los técnicos del INTA decidieron formar una majada experimental, que permita estudiar las características genéticas y establecer técnicas de manejo que terminen por mejorar los resultados económicos de la actividad. La majada se integra a partir de machos reproductores que ceden los propios productores. Luego se llevan otros reproductores mejorados, de modo de ir paulatinamente mejorando el rodeo general de cabras criollas.
Uno de los objetivos perseguidos fue aumentar la producción de leche y algunas técnicas de manejo. Para eso se trabaja alrededor de dos criterios de selección: uno vinculado a la reproducción y otro al color del pelaje. En la pequeña majada experimental también se están ensayando con la suplementación estratégica de las cabras con cultivos y subproductos de la zona. Hoy esa práctica es muy inusual entre los pastores.
En la raza criolla, nos explicó Juan, “hay una ventaja adaptativa que genera mayor cantidad de crías y por lo tanto mayor cantidad de hembras que produzcan leche”.
Otro criterio que se privilegia es que “el color de capa –el pelaje- sea oscuro para soportar la insolación, y que tenga una franja blanca para que se los pueda ver cuando se hacen pastoreos en la ladera de la montaña”, indicó Quiroga.
En el INTA de Jujuy, Tomás Vera trabaja para recuperar la genética de las cabras criollas
Aquellos animales con defectos o que no superen los promedios deseados son separados del grupo en la experimental de la IPAF. Luego se realizan entregas de reproductores validados por el INTA a productores de la zona, que no disponen de un sistema de cabañas de reproductores como el que existe en la región pampeana con la raza bovina y otras especies.
“Esto alimenta las relaciones tradicionales de la Quebrada: el trueque, el intercambio o préstamo de reproductores por conocimiento de familia. Lo que queremos es alimentar esa estrategia a través de animales adaptados, locales, y validados”, aseguró el ingeniero.
Mientras tanto, gracias a un financiamiento especial de la Unión Europea, este programa realiza talleres donde se evalúan las inquietudes de los productores, se brinda información sobre la producción caprina y se intercambian saberes tradicionales. El objetivo es realizar diez talleres en un plazo de tres años. Al momento ya se han realizado cinco.
“Entendemos que hay un envejecimiento de los pastores, una necesidad de irse a los centros urbanos por acceso a servicios, y que estamos en un proceso de retroceso. Pero en cualquier momento esto se puede revertir. Hay cosas, como el turismo, que pueden ser la forma de apuntalar e impulsar la producción”, dijo confiado Quiroga.
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]]>La entrada KWS celebró su aporte a la genética del maíz argentino: “En siembra tardía da estabilidad, rentabilidad y hasta puede ganarle a la soja”, aseguró Fernando Guerra se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>En KWS creen que realmente hay mucho para festejar y muchos desarrollos para poner en marcha, más allá de las dificultades propias de cualquier actividad productiva en contextos climáticos adversos, tal como sucede este año, y con políticas que no siempre acompañan.

“Cumplimos quince años del primer programa de mejoramiento de maíz en Argentina y quisimos celebrarlo con nuestras familias y clientes para contar nuestros avances y experiencias, y para mostrar cómo la genética pudo soportar el peso de adaptarse a las diferentes situaciones en estos años”, dijo a Bichos de Campo Fernando Guerra, coordinador de servicios agronómicos de KWS.
Escuchá la entrevista completa a Fernando Guerra:
Guerra explicó que en esa semillera mantienen vivo el desafío de estar siempre “más cerca del cliente y entender las zonas dentro de nuestras regionales; sabemos cuáles son las limitantes productivas y desafíos de cada una, por eso desarrollamos productos con dos programas de mejoramiento, uno apuntando al potencial de estabilidad y otro tomando el desafío de la sanidad”.
El especialista dijo que, teniendo en cuenta el efecto de la seca este año, es muy probable que se apunte a hacer más maíz tardío. “Aparte del beneficio de los buenos precios, en siembra tardía el maíz da estabilidad, rentabilidad, y puede competir e incluso ganarle a la soja”, declaró Guerra.

El investigador de KWS consideró que se trata de “un muy buen negocio desde lo económico, y la empresa no sólo ofrece los híbridos regionales que se desarrollan en cada zona, como por ejemplo el norte de Córdoba, donde hay mucho cultivo tardío, sino que también ofrece los beneficios de tener híbridos que dan estabilidad de rinde y potenciales altos. Eso le da seguridad al productor en saber que la cantidad va a ser buena y estable, y que va a poder aprovechar la suba de precios”.
El especialista agregó que “analizamos los márgenes continuamente, el negocio acompaña, el clima va a ser muy particular en esta campaña pero lo que intentamos es darle al productor estabilidad y que tenga materia prima para negociar y aprovechar los precios”.
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]]>La entrada Alfredo Paseyro quiere que haya semillas argentinas en todo el mundo: “No hay en el Cono Sur países con tanta historia en mejoramiento genético”, destaca se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“No hay en el Cono Sur países con tanta historia y trayectoria en mejoramiento genético y con articulación público privada”, destacó Paseyro a Bichos de Campo. “La Argentina tiene un potencial y una realidad concreta, y es que hay que utilizar el conocimiento que tenemos de lo público y de lo privado, aplicado al mejoramiento genético y a la producción con calidad, porque ya por estar ubicados en el Hemisferio Sur, somos un proveedor de semillas en contraestación a todo el Hemisferio Norte”, ratificó.
Mirá la entrevista completa a Alfredo Paseyro:
El directivo de ASA explicó que el país no solo cuenta con tierra y clima para producir las semillas, sino que también cuenta con conocimiento. “Producimos, a nivel comercial, semillas de maíz y soja en contra estación, y además, participamos como centro de investigación para acelerar los ciclos. Por ejemplo, la manera de poder sembrar tanto en el norte como en el sur, le permite a un mejorador (un investigador que mejora las variedades) tener dos ciclos en un solo año. Nosotros somos parte de esos programas de aceleramiento. Todo eso existe con mucha trayectoria”, manifestó.
Todo el conocimiento y el cumplimiento de requisitos de calidad de parte de los clientes demandantes de este tipo de semillas, según Paseyro, llevó a que incluso aparecieran empresas aquí “que se han desarrollado de la mano de la contraestación, y no sólo se convirtieron en enormes proveedores de ese mercado de contraestación sino que también son enormes proveedores de multiplicación local”.
Paseyro explicó que hay dos componentes para desarrollar esta veta: uno climático y otro que tiene que ver con ser parte de la agenda global de lanzamientos en semillas.
“En lo climático, cuando en 2012 ocurrió la seca norteamericana, la Argentina capitalizó eso, haciendo todo bajo riego, y fue una carrera contrarreloj porque después hay que llegar con el tiempo justo para distribuirla y que el productor pueda sembrar. Bueno, ese año estuvimos cerca de los 350 millones de dólares en exportaciones. Un récord”.
“Luego están los lanzamientos de nuevas variedades o eventos que se hagan en el Hemisferio Norte, los cuales Argentina acompaña, estando cerca de los 100 o 150 millones de dólares” de exportaciones habituales, describió.
El presidente de ASA declaró que, por ejemplo, Chile es un gran proveedor de semillas en contraestación, pero en cultivos hortícolas, especialmente para Europa. “Ahí, en Europa es donde tenemos algo que resolver con la provisión de semillas de maíz, en donde no se siembra ningún cultivo de maíz con evento biotecnológico y te piden traza cero”, dijo Paseyro sobre ese mercado.
Añadió que la Argentina también podría crecer en ese segmento del mercado. “San Juan es una provincia que tiene un aislamiento natural y bien podría ser un polo de semillas sin biotecnología. Lo hemos conversado con el gobernador de San Juan. Marcelo Alós, el secretario de Alimentos, Bioeconomía y Desarrollo es de allí. O sea, estas iniciativas están pero hay que darles forma y generar las condiciones, porque no se puede montar toda una estructura para un negocio de un año”, agregó Paseyro.

-¿Cómo está compuesto el sector semillero en Argentina?
-Acá hay empresas con nombre propio de 90 años, como es el caso de Basso, que no es una multinacional ni nada que se le parezca. Es una empresa gerenciada por dos hermanas tercera generación, y son relevantes a nivel mundial en este negocio. La industria semillera es esto, la gestión del conocimiento aplicado al mejoramiento genético, y es conocimiento público y privado.
Para Paseyro, más allá de la competencia entre empresas locales con multinacionales, “hay una convivencia natural, que está dada porque el vehículo de la semilla es unívoco. Tenés el germoplasma, la transgénesis, la edición génica, pero no hay forma de separar los componentes. La oportunidad se da, en la contraestación o como proveedores” de variedades.
Allí fue que remarcó que en el capítulo de las semillas forrajeras también el país aparece como proveedor en los mercados internacionales. “Ese también es un negocio importante. Y en todos los casos estás exportando conocimiento”, resaltó.
-¿Y se puede desarrollar el sector sin la renovación de una ley de Semillas? La vigente quedó anclada en los años ´70 y el mundo se modificó…
-Hay que ver cómo se resolverá todo lo referido a edición génica, y esto hay que articularlo con los tratados internacionales, la propiedad intelectual respecto de la UPOV (Unión Internacional para la Protección de las Obtenciones Vegetales) y los sistemas regulatorios en los mercados. La Argentina es un lugar natural donde tanto empresas nacionales como extranjeras pueden desarrollar interesantes actividades económicas que dan territorialidad y un trabajo calificado. La actividad semillera es muy diversa y tiene una cantidad de especialidades. Por eso, la ley no es para la industria, sino para la Argentina.
-¿Entonces insistirán con la ley?
-Hay que encontrar la solución política de que esto le de la oportunidad a la Argentina, y no a la industria. Entonces tendremos posibilidades para todo, para los cultivos extensivos, para las economías regionales, para las especialidades, para lo orgánico, y si querés hasta para la agroecología. Dividamos y que la conversación sea ordenada.
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