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La entrada Los padres de la agroecología: “Esta es una ciencia, debe ser objetiva y estar más allá de la discusión ideológica”, reclama Eduardo Requesens se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>De todos modos, Eduardo advirtió que se está ideologizando demasiado el debate público en torno a la agroecología. “Hay que tratar de bajar los decibeles de discusión para entendernos un poco mejor. No queremos que la agroecología sirva como excusa de una nueva grieta en el país. Hay que trabajar mucho para evitar que eso suceda”, dijo a Bichos de Campo.
Requesens declaró que “se la está asociando a determinados posicionamientos ideológicos, y la verdad es que una ciencia debe ser objetiva y estar más allá de la discusión ideológica. También se la redujo mucho a la problemática de pequeños productores, cuando en realidad tiene propuestas para todas las tipologías de productores, no sólo los chicos”.
“La agroecología es una disciplina científica, es una síntesis entre la agronomía y la ecología, que son las dos ciencias madres sobre la cual se basa. No podemos tergiversar sus verdaderos alcances. No hay cinco agroecologías. Tenemos que ser coherentes porque es muy común que se la asocie con modos de vida, cuando desde lo científico, es otra cosa”, argumentó.
Mirá la entrevista completa a Eduardo Requesens:
Por cierto, a la agroecología se la suele asociar con conceptos como la “soberanía alimentaria” o a la producción de bolsones de verduras de pequeños productores que llegan a mercados de cercanía. Pero Requesens manifestó que “la agroecología también tiene propuestas para los productores extensivos de mediano o gran tamaño, porque los principios básicos son los mismos, pero las aplicaciones varían de acuerdo a la tipología del productor”.
Lo cierto que todo nace en la crisis de la llamada Revolución Verde, que buscó enfrentar la demanda creciente de alimentos con tecnologías nuevas, fundamentalmente en semillas, agroquímicos y fertilizantes. Requesens explicó que ese proceso, iniciado hace unas seis décadas, “tuvo una serie de anomalías que se acumularon a lo largo del tiempo, como la degradación del suelo y la pérdida de biodiversidad”.
“Los que abordamos la agroecología hace años lo venimos notando, y ahora esto tomó estado público y cada vez más gente se da cuenta”, celebró el docente.
Uno de los principios básicos de la agroecología, de acuerdo a Requesens, es “la biodiversificación”. Esto significa “pasar de sistemas con pocas especies o con tendencia al monocultivo a sistemas mucho más diversificados. Por ende, no se aplica solo a productores chicos de productos hortícolas de venta local” sino que también debería implementarse a gran escala, en la agricultura extensiva.
“La agroecología es mucho más que el mero hecho de quitar agroquímicos de un sistema. Si, por ejemplo, te dedicás al monocultivo de soja bajo esquema convencional, y querés pasar a un sistema orgánico, lo único que debés hacer es quitar los agroquímicos, pero eso no quiere decir que pases a un sistema de base agrecológica, porque no tiene diversidad”, desarrolló.
Sin embargo, Requesens aclaró que “la adopción de la agroecología no es algo que se de de un día para el otro. Hay cada vez más productores que evalúan entrar en un proceso de transición, pero el cambio de un modelo a otro necesita tiempo”.
“Es un proceso, porque para reemplazar una agricultura de altos insumos, se requiere de una preparación del sistema para que este pueda defenderse solo. Implica pasar de uso de insumos a usar tecnologías de procesos”, indicó.
-¿Y se prenden los productores?
-En Azul ya tenemos algunas experiencias agroecológicas, con profesionales que están empujando mucho; incluso estamos viendo de armar una unidad de base agroecológica demostrativa, para que el resto de los productores tenga un espejo en el cual poder mirar y comparar.
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]]>La entrada ¿Qué corno es la Agricultura Siempre Verde? Al final la “intensificación” no era comer mucho sino variado se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>El lunes, cuando comenzaba la semana de actividad más fuerte del congreso, pude escuchar una charla brindada por varios de los productores y técnicos que están al frente del sistema Chacras de la institución organizadora, que no es otra cosa que una red de campos ubicados en diversas latitudes donde Aapresid realiza ensayos agronómicos. Algo así como las experimentales del INTA, pero más abocadas a los dilemas que debe resolver la agricultura extensiva convencional (a algunos les gusta llamarla “agricultura industrial”) que se inició tres décadas atrás, con la irrupción de la siembra directa. Todo ellos estaban ensayando distintos aspectos de un nuevo modo de hacer la agricultura, el bendio “siempre verde”. Mostraban buenos resultados y querían comenzar a contagiar al resto de los agricultores.
También puede escuchar al doctor Rattán Lal, un experto indio que trabaja en Estados Unidos y que recibió el Premio Mundial de Alimentos 2020 por sus innovadoras investigaciones sobre la restauración de los suelos. El tipo machacó conque el sistema global está crujiendo fuerte debido al cambio climático y la acelerada urbanización. También dijo que al planeta no le queda otra opción que comenzar a producir más alimentos con menos recursos y sobre todo regenerando el suelo. Habló de su propia huerta casera donde produce pepinos y berenjenas de modo “agroecológico”, pero también de la agricultura de altura en edificios transparentes, en los techos de las casas y hasta en el planeta Marte de ser necesario. Para las planicies como el medio oeste nortamericano o la pampa húmeda argentina también tuvo una receta: la “agricultura siempre verde”, mencionó , es regeneradora de los suelos, la epidermis del planeta.
¿De qué hay que regenerar los suelos? ¿Y por qué hay que hacerlo con la agricultura siempre verde?
Trato de interpretar: Con lo primero que me surge vincular ese nuevo concepto es con la figura del “desierto verde” tan meneada por los críticos ambientalistas en los años de fuerte sojización de la agricultura local: hasta 21 millones de hectáreas se llegaron a plantar con la oleaginosa. Ahora se moderaron a 17,5 millones y reapareció el maíz y la hacienda como contrapeso, pero hubo un momento en que uno iba por la ruta y veía todo soja, solo soja, hasta en las banquinas. Como la mayoría suele recorrer las rutas en verano, lo que se veía era el cultivo sembrado en primavera que iba a cosecharse en el otoño (o en el mejor de los casos que se sembraba en verano, detrás de un trigo). Una y otra vez se sembraba así la soja, hasta el cansancio e intoxicando el sistema con monocultivo.
Los de Aapresid han sido responsables de buena parte de ese proceso: ellos fueron los que introdujeron aquí finalmente el paradigma de la siembra directa, admirado a nivel mundial porque sirvió para detener la erosión pero provocó -ahora a años luz se lo ve mucho más claro- otros problemas en los suelos.
La siembra directa fue uno de los vértices claves del tridente que impulsó la sojización. Lo hizo junto a la transgénesis de la ex Monsanto y el herbicida glifosato, uno de los hijos dilectos de la Revolución Verde. A esta altura, al hacer estos análisis habría que hablar también de una cuarta responsabilidad y de un cuadrado, ya que las retenciones impuestas desde el Estado también han colaborado mucho -quizás más que el resto- a conducir la agricultura argentina hacia ese sendero donde no se estaban haciendo demasiado bien las cosas y la sustentabilidad corría serios riesgos.
¿Es la Agricultura Siempre Verde el equivalente actualizado de aquel desierto verde? Luego de escuchar varias charlas en Aapresid me voy dando cuenta que nada que ver, que no son lo mismo aunque buena parte de las palabras se repitan.
La primera palabra que se repite es “verde”, pero eso debe ser por culpa de que los citadinos y los militantes ambientalistas que crearon el concepto de “desierto verde” no suelen andar mucho por las rutas en invierno. Queda claro que la mayoría de ellos más bien salen a vacacionar en verano, cuando la mayoría de las sojas lucen ese verde tan lustroso. Y por eso desconocen lo que es el barbecho.
Pienso: si los ambientalistas salieran a recorrer las rutas de la región agrícola también en invierno, quizás a alguno de ellos se le hubiera ocurrido hablar del “desierto ocre”, que es el color que tienen las tierras en letargo, a la espera de un cultivo nuevo. Esto sucede en buena parte de los campos que se dejan en reposo luego de la cosecha, en abril, mayo o junio, y hasta la siembra en septiembre, octubre o noviembre. Para que no aparezcan invadidos de yuyos, en esa espera se apela a los insumos químicos.
Escuché a los técnicos de Aapresid que presentaron los resultados de sus ensayos en cada una de las chacras. Los escuché con la atención que merece alguien que está haciendo algo importante y digno al mismo tiempo. La dignidad surge en que parte de sus tareas pasa por revisar algunos conceptos del modelo de siembra directa que favoreció aquella sojizacióny fue una de las causas de aquel desierto, verde en verano y ocre en el invierno.
Creo, realmente creo, que es muy digna la posición de quien acepta que puede haberse equivocado en algún aspecto e intenta revisar lo que hizo. Mucho más digna es esa actitud que la de muchos ambientalistas que se suben a un púlpito y empieza a arrojar piedras hacia los supuestos pecadores, sin siquiera reconocer que pueden ser parte del problema. Aapresid se está haciendo cargo y corre riesgos. Eso hay que mencionarlo.
La revisión de Aapresid -que ya se había empezado a insinuar en el pasado congreso y que se hizo viva voz en este-, apunta a buscar soluciones a los efectos colaterales que dejó el avance del “desierto verde” sobre el ambiente agrícola argentino. El problema agronómico no es local, sino que es común a muchas otras agriculturas semejantes en todo el mundo: Mencionaré solo algunos colaterales que a esta altura merecen poca discusión por o evidentes que son: Deterioro del recurso suelo, aparición de malezas resistentes, y extrema dependencia de la agricultura a los insumos externos.
Reparo en que hay una segunda palabra que los especialistas de Aapresid repiten mucho y que me asusta porque complica al análisis: “Intensificación”. Ya tenemos dos palabras que son comunes a aquellos tiempos en que se iniciaba la siembra directa y ahora, cuando el modelo agrícola ingresa a boxes para su revisión. Verde e Intensificación. Se decían antes y ahora.
Ando cada vez más confundido: ¿No era que aquella bendita intensificación de la agricultura desde finales de los años 90 fue la que provocó muchos de estos efectos colaterales que ahora notamos y no podemos ocultar? ¿No era que habíamos hecho soja demasiado intensamente? ¿Que fuimos muy intensos al utilizar siempre los mismos principios activos para combatir ciertas malezas? ¿No salta a la vista que la intensificación fue la que nos trajo hasta aquí? ¿Por qué intensificar la intensificación?
Pienso: ¿No habría que apretar el freno en vez de seguir acelerando?
Es lo que proponen, frenar más que acelerar, quienes impulsan la agroecología como remedio a estos daños colaterales de aquella primera intensificación. Dicen que ya no hay que echar más insumos de base química, ni usar semillas modificadas, aunque en esa decisión de clavar las alpargatas en el piso se resignen los altos rendimientos que, según el tal Rattan Lal, necesitará obtener el mundo para alimentar a 11.300 millones de habitantes a 2100, mientras además se ocupa de detener el calentamiento global.
A mi, confieso, me caen bien quienes pregonan la agroecología como el gran remedio a muchos excesos de la agricultura moderna. En Bichos de Campo le damos bastante espacio a contar sus experiencias porque también son un síntoma claro del agotamiento de una época donde la palabra “intensificación” se ha usado demasiado, casi tanto como la soja y el glifosato.
Pero tengo reparos: Simpatía no significa que uno deba darles la razón en todo lo que dicen. Percibo con claridad que sus planteos quizás sean adecuados para una agricultura de cercanía y de baja escala, poco mecanizada todavía. Creo que puedan ofrecer algunos alimentos seguros y nutritivos a la población. Pero lo cierto es que los planteos que prescinden de todos los insumos y las tecnologías todavía hacen agua cuando deben producir a gran escala los cultivos que más demanda el mundo y que son los que generan divisas.
Entonces la mirada vuelve otra vez a esta revisión en la que se ha embarcado Aapresid y muchas otras organizaciones de la agricultura pampeana, como el INTA y Aacrea y varias facultades de agronomía que no son la de La Plata. ¿Por qué me proponen de nuevo intensificar si lo que hay que hacer es reducir la utilización de algunos insumos para poner además freno al deterioro sistémico que están sufriendo los suelos de la región?
Ya no me acuerdo quién fue, cuál de los técnicos lo dijo: lo más probable es que la frase la hayan repetido varios y que gracias a ello el concepto logró penetrar alguna de las capas ociosas de mi cerebro: la intensificación que se propone ahora no implica una mayor utilización de insumos sino de “procesos”. Dicho de otro modo: no se trata de aplicar más remedios sino de cambiar el modo en que vivimos para evitar de ese modo caer enfermos.
La comparación con la alimentación es muy efectiva para entender este concepto de intensificación hacia una “agricultura siempre verde”: si nosotros comemos siempre en un local de comida rápida, siempre lo mismo, terminaremos dañando nuestro organismo al punto en que el médico terminará recetándonos alguna pastilla contra el colesterol o para prevenir riesgos cardíacos. Ese es el escenario actual para la agricultura argentina: está pasada de pastillas, porque va sumando uno y otro remedio para enfrentar los distintos efectos colaterales de este proceso de deterioro que le causó el comer repetidas veces lo mismo.
En cambio, dicen los médicos y ahora los agrónomos de Aapresid, si comenzamos a comer surtido y sano, si lo hacemos diverso, nutriremos a nuestro organismos de modo armónico y le aliviaremos muchos trastornos. El doctor no necesitará medicarnos y las pastillas serán necesarias solamente en casos muy puntuales de enfermedad.
La “intensificación”, desde este nuevo abordaje, no es comer más de lo mismo. Sino comer de muchas cosas diferentes, buscando un equilibrio.
Da algo de risa escuchar ahora a los principales agrónomos del país hablar de manejos holísticos o disputarle conceptos a la más rancia agroecología vernácula. Ahora todos parecen hippies que abusan del vicio de la vicia. Pero es que finalmente la búsqueda de la agricultura convencional no es ahora ir detrás solo de mayores productividades por hectárea sino detrás de un equilibrio. Los de Aapresid se dieron cuenta de que no podían alimentarse todos los días en Pumper Nic, por no mencionar marcas en vigencia.
Reviso: ahora ya sé que la intensificación que pregonan desde Aapresid no es utilizar más pastillas sino comer variado y sano para evitarlas. ¿Pero qué tiene que ver esta intensificación con el siempre verde? ¿Habrá que eliminar la soja que formaba aquellos inmensos desiertos? ¿Y habrá que morfar lechuga por toda la eternidad?
No, nada que ver. Ese “siempre verde” no tiene que ver con eliminar el “desierto verde” sino con prolongarlo a lo largo de todo el año. Entonces, lo que habría que eliminar no es la soja sino aquel “desierto ocre” de los barbechos. Ese en el cual los ambientalistas no repararon simplemente porque no viajan demasiado en los inviernos.
La prédica apunta a sembrar soja o maíz o algún otro cultivo de verano como se hace ahora, pero rotando siempre con algún cultivo de invierno, que evite que el suelo quede al descubierto, en barbecho químico. De esto versaron la mayoría de las charlas técnicas del congreso de Aapresid: de que existen alternativas, ya sea como cultivos de renta o simplemente “de servicio”, que aportan cobertura a los suelos agrícolas en todas las épocas. Es lo que están investigando en las chacras de las que hablaba al principio. No se trata de dejar de comer. Se trata de confeccionar una dieta balanceada y adecuada a cada zona (cada organismo), que prevenga más que curar.
El concepto “siempre verde”, en definitiva, refiere a una opción agronómica que promueve evitar las etapas de letargo en las que el suelo no solo se teñía de ocre sino que parecía muerto, porque en efecto se iba muriendo con el paso de los años.
Los cultivos de servicio o de cobertura que se están ensayando por todos lados son la opción para construir un “puente verde” sobre el “desierto ocre”, para asegurar una continuidad que tiene efectos más que comprobados sobre los campos: evita la compactación del suelo, permite que se recuperen las poblaciones de microorganismos y otras faunas visibles, como las lombrices. Así devuelve nutrientes y permite una mayor infiltración del agua, mejora los niveles de captura de Carbono. Y así permite recuperar paulatinamente niveles de fertilidad previos, y por lo tanto reduce la necesidad de pastillitas, sean estas de fertilizantes o de agroquímicos.
Puf. Me llevó varios días tratar de entender todo esto para poder explicarlo. Intensificar no era comer más sino distinto, más verde, más diverso y más vivo. Me merezco un choripán por tanto esfuerzo.
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]]>La entrada Para el productor Pablo López Anido, es imposible “pretender que un sistema de producción basado en solo tres cultivos sea sustentable” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>En esa frase se esconde la puerta de ingreso al verdadero debate que existe en torno a la agricultura extensiva argentina, sus modos y sus objetivos. Pablo no duda en reconocer que en términos agronómicos “así no funciona el sistema”. Y propone “diversificar” como el mejor remedio a los problemas actuales de los productores. Especialmente frente a la aparición de múltiples malezas resistentes a los herbicidas. Son tantas que parecen reírse de los paquetes tecnológicos en danza.
Para quien se interrogue con honestidad intelectual (y sin dogmas ideológicos) sobre el futuro de esta agricultura, recomendamos con énfasis detenerse a escuchar a López Anido, a quien Bichos de Campo entrevistó en la última edición de la Expoagro en el stand de Aapresid, entidad a la que pertenece y defiende con ahínco.
Mirá el reportaje completo a Pablo López Anido:
Volvamos al concepto: Pablo produce en Bandera, en Santiago del estero, una región agrícola bastante áspera, y se preocupa por la sustentabilidad de su esquema de producción, porque desde el principio, además, ha padecido la aparición de las malezas resistentes al glifosato, que le complican las cosas e incrementan sus costos. Frente a este dilema, cree que el gran problema de la agricultura argentina es que está orientada a producir unos muy pocos cultivos, especialmente soja, trigo y maíz. Dice que así, ser sustentable resulta imposible.
“El problema es que la estructura económica de ese sistema, y cómo está organizado, genera propiedades emergentes que obligan a que sólo se haga trigo, maíz y soja. Y para mi la agricultura que viene pasa por mayor cantidad de cultivos y con agregado de valor local”, revala López Anido durante esta conversación.
López Anido no ve salida a mediano plazo, pero considera que el sistema productivo debe cambiar. “En su momento la liebre saltó por el lado de las malezas resistentes, pero hoy el problema es social y es importante, porque hay mucha gente que no está de acuerdo en lo que hacemos. Lo tenemos que tener en cuenta y debemos ver cómo revertirlo”, reflexiona.
La revisión, según este productor, no debería ser solamente tranqueras adentro, sino de todo el sistema de organización económica y política. Aquí, el procesamiento local debería ser prioritario. Dice López Anido que “todos los cultivos que agregan valor en origen deben vincularnos fuertes a eso, porque así tendríamos mucho más valor dentro. No le veo sentido a tener una gran producción de maíz metro cuadrado por metro cuadrado, para luego cargar el camión y llevarlo a puerto, gastando en gasoil”.
En definitiva, para López Anido, uno de los grandes problemas actuales es que el mercado no paga sustentabilidad. “Estamos produciendo commodities de muy bajo valor intrínseco. El valor está en la cantidad y en la eficiencia para producir millones de toneladas de soja, pero no en la tonelada de soja en sí”, reflexiona.
-¿Y se puede entonces producir otra cosa que no sea maíz, trigo y soja?
-Si yo quiero producir una legumbre como poroto mung, que incluso puede darme un servicio ecosistémico como cultivo, me cuesta un montón, porque me cuesta conseguir más la semilla (es más, no hay semilla legal), no hay mucho trabajo en mejoramiento genético, y su comercialización implica un proceso en donde algún agregado de valor en origen hay que hacerle, porque hay que procesarlo, y entonces se complejiza. Tranqueras adentro somos muy hábiles para incorporar cultivos, pero luego agregarles valor y venderlos, tranqueras afuera, es complicado- respondió el agrónomo.
Ver: Agro.grafías: El poroto mungo, el verdadero brote de soja
Según López Anido, “si nosotros quisiéramos, en Bandera podríamos hacer 18 cultivos diferentes. De hecho, hacemos girasol y algodón, lo que mejora un poco la ecuación de los tres cultivos, pero podríamos producir también centeno y todo tipo de legumbres. Hay incluso, cultivos como el ricino, que da un aceite de altísima calidad industrial, pero que está aún en experimentación”.
El socio de Aapresid añade que se se hicieran otros cultivos, eso impediría que las malezas resistentes sigan proliferando como lo hacen actualmente por toda la geografía. “Si yo a las malezas les doy otro sistema productivo, les es más difícil germinar, porque les estoy cambiando la información de modo permanente. Pero si en cambio les doy siempre las mismas señales, les es más fácil adaptarse a las características ambientales. Por eso la diversificación de cultivos genera un valor importante”, enfatiza.
Obviamente, López Anido está a favor de una incorporación urgente de los denominados cultivos de servicio, en reemplazo del tradicional barbecho químico, que es un cambio que está proponiendo fuerte Aapresid a todos los productores.
Sobre estos cultivos de servicio, López Anido dijo que “son una tecnología de procesos, y no de insumos, Cuando vos hablás de soja RR, hablás de una tecnología de insumos. Por ejemplo, en mi lote anda muy bien el melilotus como cultivo de servicio, pero anda bien si lo hago solo en el 10% de la superficie. Ahora, no por ser un insumo que me anda bien, debo pretender hacerlo en todo el campo. Que lo haga en un 10% de la superficie no significa que esté mal hecho o que se haga poco; a lo mejor es justo lo que hay que hacer, y se vuelve un proceso que te habilita para otra cosa”.
Ahora bien, el problema para incorporar estas tecnologías de procesos sigue siendo el mercado, que no premia a los productores que busquen diversificar o modificar las formas de producir de las últimas dos décadas.
-¿El mercado paga por esa mejora de procesos?
-No. Repito. El sistema está organizado como describí antes. ¿A quién le puede interesar pagar un maíz más caro porque tiene un proceso especial? Por eso digo que nosotros podemos lograr esos mismos procesos de mejoramiento de campo con productos a los que podemos agregar valor. Vuelvo al poroto mung, que es un cultivo fantástico y que en sólo 90 días te da cosecha y te permite un servicio de fijación de nitrógeno. El tema pasa por si lográs comercializarlo y tener algún tipo de renta- respondió.
Otro desafío pendiente para amigar al agro con la sociedad, según el productor, debe ser el cambio de la matriz energética. “Yo creo que en algún momento va a cambiar; lo ilógico sería pensar que dentro de 60 años vamos a producir con la misma matriz energética basada en el petróleo”, se ilusiona.
“En Bandera, por ejemplo, tenemos viento, luz y producción de biomasa de sobra para generar energía sustentable, hasta con gramíneas perennes. Entonces, ¿Por qué tenemos que importar energía? ¿Cómo sería si fuéramos los productores los dueños de la energía? Cambiaría nuestro rol y nos pararíamos de modo diferente. Eso ya existe tecnológicamente, y en Río Cuarto lo están haciendo”, describe el inquieto productor.
En la región agrícola de Santiago del Estero donde produce López Anido, en cambio, “nos pasa que hoy no puede entrar otra desmotadora (planta procesadora de algodón) porque no hay electricidad suficiente para instalarla, y la que ya hay trabaja de modo limitado por la poca disponibilidad de energía”.
La entrada Para el productor Pablo López Anido, es imposible “pretender que un sistema de producción basado en solo tres cultivos sea sustentable” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La entrada Voces del INTA que finalmente definen lo importante: Es innegable la relación entre el nivel de retenciones y la sustentabilidad se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Esto escribió:
“Mucho se escucha, sobre todo en los últimos años, de la lucha contra el monocultivo de soja, los agroquímicos, etcétara. Sin embargo se observa una falta de coherencia entre lo que se dice y lo que se hace desde las políticas públicas.
Veamos como las políticas públicas, específicamente las retenciones, afectan a las decisiones productivas del sector agrícola nacional, analizando dos períodos concretos, entre el 2007 y 2015, y entre 2015 y 2019, marcado por dos políticas diferentes en cuestión de retenciones, básicamente la primera con, y la segunda sin ellas.
Desde la campaña 07/08 a la 14/15, el trigo y el maíz tuvieron retenciones de 28% y 25% en 2007, y de 23% y 20% a partir de diciembre de 2008. En diciembre de 2015 se quitan completamente las retenciones al trigo y al maíz, hasta septiembre de 2018, cuando se resuelve aplicar una retención de 4 pesos por dólar exportado, lo que, según el tipo de cambio de ese momento, aproximadamente 39 pesos por dólar, significaba una retención del 10%, a reducirse a medida que avance la devaluación de nuestra moneda.
Si traducimos esta novela a hectáreas sembradas con estos tres granos, podemos decir que, desde la campaña 07/08 hasta la 15/16, la superficie sembrada con soja y maíz aumentó un 20%, mientras la de trigo se redujo un 34%. Pero sin embargo, desde la campaña 15/16 hasta la 18/19, donde la retención a maíz y trigo fue del 0%, la superficie de siembra de soja se redujo en 12%, mientras la siembra de maíz y trigo sumo 56% y 72% respectivamente.
Si pasamos esto a toneladas cosechadas, podemos decir que el volumen cosechado de soja entre la 07/08 y la 15/16 subió casi 17%, mientras el de maíz subió el 33% y el de trigo bajó 32%, alcanzando este último, volúmenes mínimos en décadas. Lo contrario ocurrió entre la 15/16 y la 18/19, donde el volumen cosechado de soja no se modificó, mientras el de maíz y trigo subió más de 71% y 84% respectivamente, este último logrando cuatro cosechas récord consecutivas.
Si sumamos el volumen de cosecha de los tres principales cultivos, tenemos que el aumento de producción entre la 07/8 y la 15/16 fue de 10 millones de toneladas pasando de 84 a 94 millones de toneladas, mientras de la 15/16 a la 18/19 el aumento fue de casi 30 millones de toneladas, pasando de 94 a 123 millones de toneladas. Todo esto ocurrió en un contexto de precios bajos para los tres cultivos, lo que muestra a las claras que, a pesar de los bajos precios internacionales, a nivel local se lograban precios que permitían recuperar la inversión y obtener ganancias.
¿Cuál es el principal problema del trigo y el maíz, por el que no puede sostenerse un nivel de producción ante la imposición de retenciones, mientras la soja en general puede hacerlo? La respuesta es solo una, costos, y específicamente tres de ellos:
De manera que, tenemos entre costos de implantación, alquiler y flete, comprometido el 80% del ingreso bruto del maíz, 95% del ingreso bruto del trigo y 73% del ingreso bruto de la soja a 120 kilómetros, valores que se transforman en 92% en maíz, 107% en trigo, y 81,5% en soja a 300 kilómetros del puerto. No es de sorprender como se recortó tan drásticamente la producción de trigo, en el período con retenciones.
Estas proporciones están hechas en base a precios disponibles con el actual régimen de retenciones, que equivale aproximadamente a 7% en trigo y maíz, y 25% en soja. Se observa cómo, con las actuales condiciones, se hace inviable el trigo a más de 200 kilómetros, y el maíz a más de 300 kilómetros del puerto, lo que se traduce en alternativas que dejarían de existir con pequeños retoques de precios, sea por bajas de precios internacionales o por suba de retenciones.
Conclusiones: Los números muestran la respuesta inmediata del sector agrícola, ante reglas claras comerciales, producciones récord de trigo y maíz, así como volúmenes de cosecha, lo que se tradujo no solo en aumento de toneladas, sino en incentivo para avanzar sobre prácticas de manejo tendientes a tener la tierra ocupada todo el año y a la rotación de cultivos, versus el desierto pampeano que muestra la foto de soja de primera. Los números son contundentes en cuanto a los mayores costos de los cereales versus la oleaginosa, que da vulnerabilidad a los márgenes de estos cultivos, tan necesarios para fomentar la sustentabilidad del suelo agrícola, como el agregado de valor y diversificación de las cadenas productivas del país.
Comenzamos diciendo que muchas veces no hay coherencia entre lo dicho y lo hecho. Ante un contexto social complejo, en el que la desinversión es lo primero que se practica ante la falta de liquidez, volver a viejas recetas recaudatorias, como las retenciones, sin criterio agronómico, financiero ni comercial, se traduce en un suicidio al potencial productivo argentino y al ingreso de divisas que el mismo genera.
Firma: Marianela De Emilio. Del INTA Las Rosas”
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]]>La entrada Gastón Fernández Palma: “La soja a 600 dólares fue un espejismo que le hizo un enorme daño a la sustentabilidad” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Fernández Palma es capaz de decir, por ejemplo: “Con el título de la siembra directa se han cometido muchos errores. Se ha pasado a sembrar directamente, que no es lo mismo. Y todavía seguimos teniendo problemas de erosión o intoxicación de suelos, con falta de percolación. Eso no es posible”.
En diálogo con Bichos de Campo, el ex titular de Aapresid añadió: “Pasa que hay todo un entorno que hace que no cuidemos el recurso, un tema de tenencia de suelos y sistemas de arrendamiento que han llevado a la monocultura y extracción de nutrientes”.
“La soja a 600 dólares -la tonelada- ha hecho mucho daño a la sustentabilidad de los sistemas agropecuarios. Fue un espejismo que hizo que muchos inversores entraran al negocio, pero sin saber ni tener nada que ver con el campo”, enfatizó.
Aquí la entrevista completa con el expresidente de Aapresid:
“La salud humana y del suelo no puede estar librada al azar”, advirtió además el productor. Que remarcó incluso que “hoy estamos haciendo agricultura en lugares que no son agrícolas. Y eso fue la soja de 600 dólares, que le hizo un gran daño al país”.
La entrada Gastón Fernández Palma: “La soja a 600 dólares fue un espejismo que le hizo un enorme daño a la sustentabilidad” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La entrada Pilu Giraudo: “Hacer soja sobre soja puede ser tentador, pero el suelo lo acusa enseguida” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>En el último congreso de Aapresid, Bichos de Campo averiguó sobre las distintas buenas prácticas agrícolas y consultó a Giraudo sobre la importancia de las rotaciones de cultivos, que casi nunca se cumplen. Ella lo explicó de forma muy didáctica: “Los distintos cultivos poseen distintos sistemas de raíces. Las gramíneas como el trigo, exploran mucha superficie con sus raíces finas en forma de cabellera; el girasol y la soja poseen una raíz única más profunda, que descompacta en profundidad y abre poros más grandes; el maíz es una gramínea pero se comporta entre ambos, cabellera más profunda y con raíces más gruesas que el trigo. De modo que se necesita una alternancia de cultivos para que no exista ni compactación superficial ni subsuperficial”, detalló.
“Eso mirando el suelo, porque arriba tenemos distintos residuos de cosecha (rastrojos) que se descomponen más o menos rápido (soja y girasol -por tener más nitrógeno- se descompone más rápido que trigo y maíz)”, señaló. De modo que la rotación es de suma importancia para el bien de todo el sistema.
Aquí la nota completa con la hoy presidenta honoraria de Aapresid:
“Otro aspecto fundamental es que los distintos cultivos interceptan distintas plagas malezas y enfermedades”, añadió la productora.
Por otra parte, Giraudo se refirió a la cuestión económica. “La soja sobre soja puede ser tentadora por la inversión. Con poca plata plata sembrás soja pero el retorno es que el suelo te lo acusa enseguida. Cuando entrás en el círculo de rotar te das cuenta que obtenés distintos ingresos en distintos momentos y la cantidad de beneficios que te da. A veces no son mejores rindes, pero sí estabilidad, climática y de mercado, dos variables que a nosotros nos pegan fuerte”, finalizó.
Pilu se prestó al desafío de “los cuadernos Gloria de las malas prácticas agrícolas”. Mirá el programa completo:
La entrada Pilu Giraudo: “Hacer soja sobre soja puede ser tentador, pero el suelo lo acusa enseguida” se publicó primero en Bichos de Campo.
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