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La entrada A caballo, ni el Coronavirus lo frena: Marcos Villamil iniciará una cabalgata por toda la Argentina que le llevará un año se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“No quiero ser un manojo de sueños sin cumplir. Quiero conocer la Argentina cara a cara, por mis propios medios, y que no me la cuenten por la TV. Sentir que estuve yo en cada uno de sus rincones con mis caballos, y haber conocido a tanta gente diversa para seguir nutriendo mi punto de vista sobre la Argentina”, relata a Bichos de Campo.
De todos modos, Marcos es loco lindo pero no rebelde sin causa: su idea es partir con sus tres caballos desde sus pagos en General Alvear el 1 de abril, pero solo si se levanta la emergencia sanitaria en el país a fin de marzo decretada por el presidente Alberto Fernández. “Vale aclarar que mientras se mantenga la cuarentena no voy a salir con mis caballos. Si debo postergarlo, lo haré”, avisa. Según sus cálculos, en la cabalgata que planea realizar durante un año, y recorriendo un promedio de 35 kilómetros por día, habrá andado unos 245 días, mientras que los restantes 120 días los pasará descansando en los lugares a los que llegue con sus animales.
El mismo Marcos Villamil nos cuenta sus planes:
Marcos es nacido y criado en Capital Federal, pero confiesa que aprendió el oficio de cabalgar, como dice él, “haciéndolo”. Su familia tiene un campo, “El Centinela”, en General Alvear. Sintió que el bichito le picaba cuando a su tío de San Antonio de Areco le regalaron un caballo. “Y yo de mandado nomás como soy, le dije que me animaba a llevárselo desde General Alvear”.
Así fue como, a sus 17 años, recorrió 400 kilómetros con ese caballo regalado, en un trayecto en el que confiesa, le pasó de todo. “Perdí la billetera el primer día y ahí es donde dije: ‘O sigo o me vuelvo’. Pero como soy cabezón y aventurero, seguí. Estuve 4 días sin dormir, casi al costado de la ruta y si veía al caballo bien, avanzaba. Nunca fui amigo de los celulares, y lo dejé encima en modo avión, con lo cual nunca vi los llamados de mi madre”, recuerda entre risas y no tanto.



El joven ingeniero agrónomo confiesa que en aquella primera travesía hacía entre 60 y 70 kilómetros por día, pero por inexperiencia, porque agotaba al animal. Por eso, ahora piensa hacer un promedio de 35 kilómetros por día alternando entre sus tres caballos. “Yo cabalgaré con uno, llevaré un segundo caballo de tiro, y el otro me seguirá suelto”, explica. Es que “cuando el vinculo con ellos se hace fuerte, ya hasta te siguen solo”. Agrega que viajará con los tres por “una cuestión de seguridad”, ya que por lo general las cabalgatas se hacen con dos caballos. “Yo tengo el pro de que son mis caballos, y no me genera un trabajo extra manejar 3 al mismo tiempo”, aclara.
Marcos se entusiasma en su relato y traza su recorrido en el mapa, indicando su cronograma de viajes. “Empezaré en el norte argentino. Haré Buenos Aires, Santa Fe, Córdoba, y por ahí subiré hasta Santiago del Estero, Salta, y La Quiaca en Jujuy. Desde allí bajaré siguiendo por Salta, Tucumán, Catamarca, Córdoba de vuelta, San Luis, La Pampa, y seguiré bajando hasta Neuquén, Río Negro, Chubut, Santa Cruz y Tierra del Fuego, terminando el trayecto en Ushuaia. Ojalá pueda terminar ahí, en abril de 2021”, comenta.
Este viaje que emprenderá Marcos, al que muchos pueden llegar a considerar una locura, lleva indefectiblemente a trazar un paralelo con lo que fue el viaje de los famosos caballos criollos Gato y Mancha, los que guiados por el suizo Aimé Félix Tschiffely marcharon desde Buenos Aires a Nueva York, Estados Unidos, recorriendo más de 21 mil kilómetros.
Marcos, que conoce muy bien la historia de estos caballos ilustres, asegura que “no es la literatura gauchesca la que cría en mi este sueño, sino la experiencia. Desde chico siempre busqué generar mis escritorios a partir de la experiencia. La realidad es que yo sueño con unir nuestra Argentina a caballo. Cada vez que recorro, conozco mas personas vinculadas a cabalgatas, como es el caso de Benjamín Reynal, que vive en Bariloche, y que hizo una cabalgata de 5.000 kilómetros en 1998. El partió desde Lincoln y recorrió el Litoral, luego Chaco, Salta, La Rioja, San Juan y Mendoza”.
Acerca de sus caballos, ya fueron compañeros de aventuras de Marcos. “A Mora la tengo desde 2009, y en 2012 empecé a domar a Wayra. Con ellas dos y dos amigos, hice una cabalgata de 1.000 kilómetros en 2014. Durante la misma, me sirvieron a Mora y es ahí que nació Tordo, mi tercer caballo”, cuenta Marcos.
Hoy Mora tiene 14 años, Wayra 10 y el Tordo 6 años. Luego hizo otras cabalgatas. Y fue a partir de esa cabalgata de 2014 que se dio cuenta de lo lindo que era recorrer la Argentina a caballo. “Conocí muchas familias y lo lindo de su gente y su hospitalidad. Cerca de 50 campos me abrieron las puertas. La potencia que tiene viajar a caballo no se compara con nada. Y es desde el año 2017 que quiero hacer esta cabalgata de mas de 8.000 kilómetros, la que ahora emprenderé, porque en ese momento no pude hacerlo”.




El agrónomo, que antes trabajó en Lartirigoyen y luego en Banco Galicia, tuvo que dejar su ultimo trabajo en el banco, y no se arrepiente de haberlo hecho: “No me quiero convertir en un viejo con mirada cerrada y sesgada. Quiero poder ser ese anciano al que le veas los ojos y veas vida y libertad en ellos. Ese es mi faro”, confiesa.
Más allá de que Marcos asegura que cuenta con un colchón de dinero para emprender viaje, admite que recibió algunos sponsoreos: Swiss Medical lo cubrirá durante todo el viaje, y también lo acompañará con productos de cuero la talabartería Arandú, y con elementos de supervivencia la casa Pescalandia. “Yo tenía algún dinero guardado, y además quería que este viaje fuera autosustentable. Además, tengo el apoyo de una asociación internacional formada por un francés, llamada The Long Riders’ Guild quienes compartirán mi viaje en su web”, declara.

Algo en lo que se detiene Marcos durante su conversación con Bichos de Campo es en el nombre del proyecto: Abrazarte Argentina. “Es muy representativo. La razón por la cual yo hago esto es porque quiero conocer los rincones de nuestro país. En un momento en que hay tanto palo y palo, quiero poder dar un mensaje positivo de esa Argentina increíble, poder agarrar mis 3 caballos y recorrer 8500 kilómetros, no tiene comparación”, relata el joven.
“Entrar en un puesto, que me reciban en su lugar, poder comer con ellos y hablar, en momentos de desconfianza y temor. Quiero rescatar que hay otra cara de la Argentina. No es todo ventajismo, también hay una Argentina de mirada tranquila, de pausa, el camino de tierra y la gente que te ofrece hasta lo que no tiene para darte”, resume Marcos.
El Instagram es la red social elegida por Marcos para relatar su día a día y se llama Abrazarte Argentina. Desde allí se podrán seguir su viaje, sus aventuras, y la gente que conocerá en cada rincón de la Argentina, de norte a sur, de modo diario. Un loco lindo que sueña con mostrar otra Argentina.
¿Lo conseguirá? Hay mucho más de esta historia en el próximo episodio…
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]]>La entrada Roberto Varela produce zarzamoras en Concordia: “Es algo complicado, porque la planta tiene espinas” se publicó primero en Bichos de Campo.
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“En el momento en que decidimos comenzar con la actividad, el arándano estaba en auge y las cosas eran extremadamente costosas. Entonces, como no podíamos hacerlo, buscamos otras alternativas y encontramos a las zarzamoras”, dijo a Bichos de Campo Roberto Varela, que produce esa fruta en Concordia, en el noreste de Entre Ríos.
Varela explicó que “aunque nuestra producción es pequeña e hicimos experiencias de envíos al exterior y hemos estado en ferias internacionales, no tenemos aún la escala como para estar en ese entuerto. El mercado nacional absorbe lo que producimos tanto en fresco como en congelado, que algunas veces es el descarte del fresco o bien el fresco que no tenemos cómo ubicar”.
El mayor problema para subsistir en esta producción, según Varela “es el de la logística del transporte, que no coincide con la del arándano, sino que está desfasada algunos días, lo que hace que sobre el final nuestro, el transporte se nos complique. (Cuando la temporada de arándanos) ya está cayendo, las oportunidades de transporte a los centros de consumo disminuyen de modo significativo, sobre todo las refrigeradas que son en las cuales debe ir este tipo de productos, ya que son altamente perecederos”.
Mirá el reportaje completo realizado a Roberto Varela:
La mano de obra que requiere la producción de zarzamora es igual de demandante que la de arándanos, “pero con algún grado de dificultad porque, a diferencia del arándano, que uno puede tener la planta de un año para otro, las cañas en las que se produce la zarzamora son nuevas”, y se cambian cada temporada.
Roberto explicó que, entonces, “mientras uno hace la cosecha de este año, están saliendo las cañas en las que se va a fructificar el año que viene. Entonces, llega el momento de final de la cosecha, y hay que cortar todas las cañas viejas. Lo que hay que cortar es una caña con espinas, lo que hace más complicado el tema”.
Varela, quien a pesar de su particular producción es integrante de la Asociación de Productores de Arándanos de la mesopotamia (Apama), dice que una fortaleza de esta economía regional es que “podemos entrar en contraestación en el mercado del norte”. Tanto las variedades de arándanos como de zarzamoras son originarios de climas fríos y han sido adaptadas a las zonas subtropicales.
Lo que hay que ajustar, según el productor, es “el tema de los costos internos. Nosotros no marcamos el precio de una fruta como esta. Por lo tanto, los precios están fijos, por eso no podemos soportar el aumento de los costos internos en dólares, porque eso te pega contra el techo y te deja afuera de los mercados”.
En el ránking de los peores costos con los que carga un productor de una economía regional como la zarzamora, Varela declaró que “están los impuestos primero, y el flete después. también el aumento de combustibles golpeó fuerte”.
Además mencionó la necesidad de “una cadena logística de frío que pueda mantenerse. Por ejemplo, hay supermercados en la zona que son abastecidos por camiones frigoríficos dos o tres veces a la semana, y esos camiones regresan vacíos a Buenos Aires y no se llevan nada de lo que podrían llevarse de acá como carga refrigerada”.
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