Error en la base de datos de WordPress: [Table 'wi631525_new.wp_ppress_plans' doesn't exist]SELECT COUNT(id) FROM wp_ppress_plans WHERE status = 'true'
La entrada Una pastorcita ante todo: Luciana Martínez, desde su mundo entre ovejas, asegura que “no me veo haciendo otra cosa” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Aquella literatura para niños intenta dejar como enseñanza que siempre hay que hacer frente a las adversidades, no rendirse y perseverar en lo que se desea. Lo mismo se planteó Luciana cuando le propuso al dueño de un campo en Altamirano, partido bonaerense de Brandsen, hacer crecer su planteo de ovinos.

“Cuando vinimos a trabajar a este campo con mi esposo quise hacerme cargo de los 20 ovinos que tenía el dueño que nos contrató. Entonces le propuse que si nos quedábamos yo me haría cargo de ellas obteniendo un porcentaje de las ventas y quedándome con la lana. Quiero llegar a las 100 madres y estoy cerca de lograrlo”, relató entusiasmada Luciana en diálogo con Bichos de Campo.
Oriunda de Gualeguay, Entre Ríos, Luciana se mudó a Altamirano hace 13 años. Hoy tiene 65 madres entre borregas de primera parición y ovejas de segunda y tercera parición. “La realidad es que no llegué aún a las 100 cabezas porque la prioridad del campo en el que trabajo es la producción ganadera bovina, por ende tuvimos que achicar producción ovina para dar lugar a las vacas. Se complica invertir y el pasto es muy medido”, explicó.
Desde que llegó en 2008 a Altamirano, en pleno conflicto campo versus Gobierno por la famosa resolución 125, Luciana se abocó de lleno a la actividad ovina del campo mientras que su esposo lo dedicó a la producción bovina. “Cada uno en lo suyo pero trabajamos a la par. Ambos amamos el campo”, confesó.
Observar uno de los tantos videos que Luciana compartió con la redacción en su día a día basta para percibir su encanto por las ovejas. No parece ser un trabajo que le pese. Al contrario, lo hace con gusto y entusiasmo. Pasarlas al potrero para que coman, atender a algún corderito guacho o algún parto, y encerrarlas para protegerlas de los depredadores. Hasta las llama por su nombre a muchas de ellas. “No me veo haciendo otra cosa”, afirmó.
-¿Desde cuándo sentís esta pasión por las ovejas?
-Las ovejas me gustan desde que tengo uso de la razón. Recuerdo cuando iba al jardín de infantes en Entre Ríos y nos tocaba algún paseo por la sociedad rural de allí. Yo siempre me quedaba parada en los corrales de ovejas, mirándolas fijo. Me llamaban la atención.
-¿Y estudiaste algo relacionado al campo?
-Tengo primario y secundario completo. Al momento no me inscribí en ninguna carrera pero es una asignatura pendiente que tengo. Actualmente estoy haciendo un curso de ovinos dictado por el INTA. Consiste en tomar ocho clases y me gusta porque accedo a experiencias de otros productores y me interiorizo en torno a la ley Ovina incluso.

-¿Y tu familia colaboró en ese gustito por el campo y las ovejas?
-Mi familia me acercó al campo. Mis viejos siempre fueron empleados rurales. Cuando nos vinimos en el año 1989 a Buenos Aires, mi papá se instaló como empleado rural. Yo tenía 9 años y recuerdo que desde chica ya andaba entre ovejas y demás animales de campo. Mis abuelos tenían campo por otra parte, así que imposible no tener ese arraigo a lo agropecuario, a los animales y a la producción.
-¿Y cómo manejás tu plantel de ovejas?
-A las 65 madres las manejo sobre un total de 7 hectáreas. Ahora por ejemplo están en plena parición. Hacemos servicio continuo, lo que quiere decir que los carneros permanecen todo el año con las ovejas. La genética es de Tomás Estrada y la raza que crío es Hampshire Down, los famosos caras negra, muy nobles tanto en carne como en lana. Pero por sus cuidados requieren que estés encima todo el tiempo.
-¿Cuánto tiempo de tu día empeñás en cuidarlas y manejarlas?
-Mirá. La realidad es que la vida y las actividades del campo tienen que gustarte. Tenés que sentirla realmente en las venas, y sobre todo el ovino porque requiere un día a día permanente. Preocupan mucho los depredadores, en nuestra zona más que nada los zorros y los caranchos aunque también los perros vagabundos asilvestrados que andan por ahí. Por eso me manejo con perros comunes para controlar a los depredadores, atándolos cerca del corral de encierro. Yo digo que el del ovino es un trabajo diario, requiere tiempo y pasión, hay que encerrarlos cada día, no importa si hay sol, si llueve, si hace calor o frío. Ellos requieren mi atención permanente.
-¿T entonces cómo es un día en tu vida?
-Mi día arranca muy temprano, a las 7. Unos mates amargos y un pan casero tostado, más ahora con el frío, me gusta tostarlo sobre la salamandra, y al toque me voy a ver a los animales. En mi recorrida no están sólo los ovinos. Aunque ellos son lo más importante de mi trabajo, tengo también gallinas ponedoras, pollos parrilleros y le dedico tiempo a una huerta. Las semillas me las provee el INTA. Luego tengo las actividades propias de mi casa. Arranco por las ovejas, las saco de un potrero y las paso a otro para que pastoreen hasta las 4 o 5 de la tarde, cuando las vuelvo a encerrar para que pasen la noche protegidas de los depredadores.
Si hay algún corderito guacho le caliento leche y se la suministro yo. Luego de ver a las ovejas, visito a los pollos parrilleros, a los que debo alimentar cada día, al igual que a las ponedoras, las cuales son criadas libres de jaula.
En estos días también dedico tiempo a juntar algo de leña en el monte y acumular carretillas para abastecer luego la salamandra.
-¿Te queda tiempo para el descanso u otra actividad?
-No lo veo como una carga, por eso digo que el campo te tiene que gustar de verdad. En mis tiempos también coordino un grupo de mujeres rurales de Altamirano donde buscamos capacitarnos y aprender más para independizarnos en lo laboral y tener la posibilidad de proyectar cosas. La pandemia no nos ha dejado juntarnos pero continuamos nuestras gestiones por WhatsApp. Nuestra idea es conseguir un lugar para poder seguir con las charlas y las capacitaciones.

-Hablando de mujeres, ¿considerás que encontraron un espacio activo y visible en el mundo agropecuario?
-Creo que las mujeres somos más visibles ahora que surgieron diversos grupos feministas luchando por sus lugares, pero es cierto aquello de que el campo siempre se vio como un universo masculino. En lo personal yo no noté exclusión porque mi esposo siempre me dio espacios. Ambos trabajamos a la par en el campo, pero sí considero que sigue habiendo machismo. Por eso creo que deberíamos meternos más en política y tener más cupo femenino, pero con mujeres reales de campo, que conozcan la problemática, y de todas las provincias, no sólo de Buenos Aires. Me gustaría que haya más referente que hayan vivido y sentido el campo, que sepan lo que es trabajar un día de lluvia y salir en caballo cuando es necesario. Falta todavía pero de a poco vamos cobrando cada vez más visibilidad. No te niego que me gustaría que se escuche más a la mujer rural porque todavía no está ese equilibrio que yo quisiera entre hombres y mujeres, ni en el tipo de trabajo ni en los sueldos. Imaginate que si eso cuesta en la ciudad, en el campo es peor.
Fábula La Pastorcita, de Rafael Pombo
Pastorcita perdió sus ovejas
¡y quién sabe por dónde andarán!
-No te enfades, que oyeron tus quejas
y ellas mismas bien pronto vendrán.
Y no vendrán solas, que traerán sus colas,
Y ovejas y colas gran fiesta darán.
Pastorcita se queda dormida,
Y soñando las oye balar.
Se despierta y las llama enseguida,
Y engañada se tiende a llorar.
No llores, pastora, que niña que llora
Bien pronto la oímos reír y cantar.
Levantóse contenta, esperando
Que ha de verlas bien presto quizás;
Y las vio; mas dio un grito observando
Que dejaron las colas detrás.
Ay mis ovejitas ¡pobres raboncitas!
¿dónde están mis colas? ¿no las veré más?
Pero andando con todo el rebaño
Otro grito una tarde soltó,
Cuando un gajo de un viejo castaño
Cargadito de colas halló.
Secándose al viento, dos, tres, hasta ciento,
Allí unas tras otra ¡colgadas las vio!
Dio un suspiro y un golpe en la frente,
Y ensayó cuanto pudo inventar,
Miel, costura, variado ingrediente,
Para tanto rabón remendar;
Buscó la colita de cada ovejita
Y al verlas como antes se puso a bailar.

La entrada Una pastorcita ante todo: Luciana Martínez, desde su mundo entre ovejas, asegura que “no me veo haciendo otra cosa” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La entrada “Siempre hago desde el hacer”, se presenta Teresita Martinoya, la primera mujer en integrar la conducción de la cooperativa ACA se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“Es un gran orgullo y honor ser la primera mujer en participar del consejo de ACA. A la vez es un cargo que me genera una enorme responsabilidad. Pero como me gusta decir a mi, las cosas siempre se demuestran haciendo, por eso hay que participar de las instituciones”, reflexiona en diálogo con Bichos de Campo.

Oriunda de Pigüé, en el sudoeste bonaerense, obtuvo en noviembre de 2020 el cargo de consejera regional zona sur, representando a las tres Comisiones Asesoras Regionales (Cares) que conforman la provincia de Buenos Aires. También tiene a su cargo el sudoeste de Buenos Aires, La Pampa y Río Negro.
ACA es la mayor cooperativa agropecuaria de segundo grado del país y de América, integrada por 150 cooperativas primarias que agrupan a unos 50 mil productores y que conforma un engranaje clave dentro de la cadena agroindustrial de la Argentina.
Dentro del consejo administrativo históricamente las sillas fueron ocupadas por hombres. Lo cierto es que al igual que Teresita, son miles las mujeres que trabajan codo a codo, pero que lamentablemente “lo hacen desde un lugar invisible y muchas veces no reconocido”.
“Creo en la igualdad entre hombres y mujeres. Por eso considero que las posibilidades deben ser para ambos, sobre todo cuando estamos convencidos de que lo que hacemos lo hacemos bien. Son muchas las mujeres que ponen el hombro todos los días dentro de su explotación y en su trabajo diario, y sobre todo en montones de economías regionales. Solemos ver el producto terminado sin ver el sacrificio que hubo en el medio hasta llegar a ese producto”, asegura.
-¿Cómo te definís?
-Como una mujer muy emprendedora que va siempre para adelante, me encantan los desafíos.
-¿Lo tuyo siempre fue el cooperativismo?
-Si. Vengo de Pigüé, donde vive una población netamente agropecuaria, y nací en el seno de una familia agropecuaria que desde siempre estuvo muy ligada al sistema cooperativo. Por parte materna mi bisabuelo fue el primer presidente de la cooperativa “El Progreso Agrícola de Pigüé Seguros”, que en 1896 fue la primera cooperativa argentina de seguros. Mi padre también estuvo muy vinculado al sistema cooperativo, en su caso el bancario, cuando fue gerente de la Caja de Crédito Pigue, y luego se vinculó al campo. Así que llevo al sistema cooperativo en mis venas.
-¿Cómo fue tu formación hasta ocupar este espacio?
-Mi carrera universitaria fue aprender en el sistema cooperativo. Pero mi primer lugar de formación, mis primeros pasos, los hice en la juventud agraria de la Cooperativa La Alianza de Pigüé Agrícola Ganadera. Ahí me formé también en lo personal, en afianzar los valores que realmente tiene este sistema, en conocer y disfrutar lo que me brindó en ese momento que era conocer personas en la misma que yo pero que vivían en otros lugares.
-¿Tuviste posibilidad de conocer el sistema cooperativo de otros países?
-Si. Cuando empecé a hacer mi trayectoria a nivel nacional y regional en el consejo central de juventudes de ACA, tuve la posibilidad de recorrer todas las cooperativas del país vinculadas al ACA, conociendo su gente, su cultura, sus tradiciones, fortaleciendo los principios y valores cooperativos. Y tuve también la posibilidad de conocer el sistema cooperativo en Europa, donde hice un intercambio en el que conocí productores, sus cultivos y sus formas de vida. Luego tuve la posibilidad de conocer el sistema cooperativo en Mondragón, un grupo de cooperativas y empresas originario del País Vasco y actualmente extendido por el resto de España. Esa experiencia fue realmente una gran enseñanza y una apertura de cabeza muy grande.

-¿Aparte de integrar el consejo administrativo de ACA, dónde más estás?
-Hoy me encuentro participando del consejo de administración de mi cooperativa y también soy la primera mujer en hacerlo. También me encuentro dentro del consejo de administración de Avalian, cooperativa de prestaciones de salud. Además, estoy vinculada a un negocio familiar: la casa de fotos de uno de mis bisabuelos, la casa más antigua de Pigüé, fundada en 1896. Por eso esto de seguir con ese negocio de la fotografía tan antiguo es otro gran desafío para mi. Lo trabajamos todos los días y le ponemos mucho esfuerzo en honor a lo que hizo un inmigrante italiano con una visión de futuro muy grande. Y seguimos en ese camino.
-Es ese arraigo familiar el que parece definirte…
-Mis recuerdos de chica era pasar los veranos en el campo y hoy es un lugar del que sigo disfrutando mucho. Hoy administro una sociedad con mi hermano y mi madre. Yo cubro toda la parte administrativa mientras que mi hermano se aboca a la parte productiva. Tengo tres sobrinos a los que les encanta el campo y valoran el esfuerzo de sus abuelos y bisabuelos. Eso es muy importante para los que trabajamos en la producción agropecuaria. Y es mi familia la que me llevó a participar de las instituciones. Yo siento que siempre hago desde el ´hacer´, porque creo que las cosas siempre se demuestran haciendo. Aprendo todos los días, de la vida, del sector agropecuario y del sistema cooperativo. Aprendí a disfrutar el día a día, a valorar lo que tengo, a agradecer lo que mi familia logró con tanto trabajo y hoy, poder sostener esto que nos dejaron es un gran desafío y lo hacemos en familia, nos llena de mucho orgullo eso.
-¿Qué pensás de “el campo”, un espacio tradicionalmente concebido como un universo más masculino?
-Es algo cultural. El campo es un mundo liderado por hombres porque venimos de una cultura donde el patriarcado estuvo muy marcado. De todos modos, pienso que las mujeres venimos ocupando lugares convencidas de que estamos haciendo las cosas bien. Nos podemos capacitar de la misma manera tanto hombres como mujeres, ya que estamos a la misma altura y en las mismas circunstancias. Pero sí, generalmente la cultura manda y el hombre es el que más participa, y esto se ve mucho en las cooperativas, donde generalmente son los hombres los que integran el consejo directivo y los que participan de las reuniones, pero al mismo tiempo se ven montones de mujeres que de a poco se van animando y van buscando ese lugar que les pertenece.

-¿Cómo está ese universo de mujeres rurales hoy? ¿Son realmente muchas?
-Si, montones de mujeres trabajan en la producción agropecuaria, incluso ahora se las ve en los encuentros y seminarios de ACA. Hay mujeres participando pero creo que muchas lo hacen en silencio y con un perfil muy bajo. De todos modos eso no quita que hay muchas que le ponen garra desde la primera hora del día en un trabajo muy loable aunque a veces no se visibilice o comparta.
-Noto un gran compromiso en vos con el verbo ´hacer´. ¿Cambiarías algo de este sistema cooperativo?
-Es que tengo un gran compromiso por los lugares de los que participo, pero también guardo un gran compromiso en la economía social y por el otro. Creo que es muy importante que cada uno de nosotros se involucre en las organizaciones y las sienta como propias, porque es el único camino por el cual podemos empezar a cambiar las cosas. Podemos cambiar desde nuestro metro cuadrado; si nos responsabilizamos en las pequeñas cosas que hacemos todos los días ya estamos aportando ese granito de arena que todo el país necesita. Considero que todos los días hacemos política y sobre todo los que estamos dentro de las organizaciones y cooperativas. A veces se confunde con política partidaria porque todos hacemos política de alguna u otra manera, en las instituciones, en los clubes, en las cooperadoras. Yo no le cambiaría nada, solo pediría involucrarnos más para mejorar.
La entrada “Siempre hago desde el hacer”, se presenta Teresita Martinoya, la primera mujer en integrar la conducción de la cooperativa ACA se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>