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La entrada Para fomentar el contacto con la naturaleza y la biología, crearon el proyecto “Una casa, una huerta” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>El proyecto obtuvo el nombre de “Una casa, una huerta” y se enmarca en un escenario más amplio, relacionados con los propósitos de esta organización. ¿Qué busca Plan País? “Elaborar –valga la redundancia- un plan de país compuesto de políticas públicas de Estado que trasciendan los ciclos políticos”. Lo que en criollo explicaríamos como “que no venga un nuevo gobierno y cambie todo lo que hizo el anterior”.

Dentro de ese plan de mirada macro, esta ONG diseñó uno específico para el agro con foco en la bioeconomía y la tecnología, para fomentar por ejemplo la producción de las economías regionales. Es allí donde se incluye el programa de la huerta, que consiste en la entrega de materiales educativos y prácticos para la realización de cultivos sencillos, para el consumo personal.
“La campaña arranca con cultivos para todo el año: acelga, espinaca, rabanitos, lechuga, remolacha, ciboulette. Entregamos las semillas con un instructivo que dice la forma de siembra, la distancia entre plantas, y los días aproximados que pasan hasta la cosecha. Y también un paso a seguir para armar la huerta, que aclara cómo elegir el lugar y cómo seleccionar la especie según el tipo de espacio disponible”, explicó Fernando Lapolla, ingeniero agrónomo y miembro de Plan País, a Bichos de Campo.

La entrega de los materiales se realizará en coordinación con distintas instituciones, especialmente aquellas educativas, que podrán aplicar para este programa a través de la web de la organización. El proyecto se financiará a través de los aportes de sus voluntarios.
“Vamos a empezar de abajo hacia arriba, de los chicos a los padres, para que cualquier persona la tenga. No es un programa comercial”, señaló Lapolla y agregó: “Creemos que los beneficios más importantes que de tener una huerta es fomentar el contacto con la naturaleza a través de las plantas, estudiar y conocer el proceso de crecimiento, observar el desarrollo de los seres vivos, valorar el agua y no malgastarla, entre otros. Todo esto genera un hábito de despertar curiosidades, ingenio, de tener paciencia”.

En este sentido el agrónomo indicó que el foco no estará puesto en los debates sobre la producción orgánica o la agroecológica de forma específica, pero si en el cuidado del medio ambiente, de los recursos y del uso racional de fertilizantes y otros productos.
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]]>La entrada Claudio Bertonatti es naturalista: “El problema ambiental es el resultado de una educación utilitarista que no enseña a amar” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>-La mayoría de las personas viven en grandes ciudades, alejadas de la naturaleza. ¿Qué problema nos trae este divorcio?
-El alejamiento geográfico o físico, racional y emocional de la naturaleza alimenta falsas creencias y sensaciones. Por ejemplo, que no somos parte de ella, que no dependemos de ella; por lo tanto, que no la necesitamos, que ocupa territorios de modo improductivo y que su destrucción no tiene repercusiones sobre nuestra vida. Nada hay más alejado de la verdad que todos estos falsos supuestos. Porque las ciudades donde vivimos la mayoría de las personas son ecosistemas artificiales que no se autoabastecen. Necesitan agua de los ríos o de las napas subterráneas, aire purificado y una multitud de recursos naturales que están fuera de esa traza urbana. Esto, desde lo material. Pero desde lo espiritual, psíquico o anímico necesitamos de su belleza, de su misterio, de su contemplación…
-¿Para qué?
-Para disfrutarla con el asombro de los niños, inspirarnos artísticamente (para aquellos que tienen inquietudes literarias, musicales, pictóricas, escultóricas, artesanales u otras), estimular sectores de nuestra mente que nos traen calma o mejor comprensión de la realidad, realizar actividades físicas o terapéuticas, imitar sus estrategias de resolución de problemas para aplicarlas a la tecnología (lo que se llama biomímesis)… En definitiva, estar más sanos, creativos y con más posibilidades recreativas o de felicidad.
-O sea que ese alejamiento físico impide observarla, vivenciarla y disfrutarla…
-La distancia mental dificulta comprenderla cabalmente y vincularse emocionalmente. Y, como no se puede querer lo que no se conoce (o consideramos lejano) crecemos con un déficit de valoración y de amor por la vida en el más amplio sentido. Esta forma de desarrollar o estructurar nuestro pensamiento configura la causa de todos los problemas ambientales: desde la agresión a los paisajes silvestres (que son incendiados, contaminados, erosionados, desforestados, desfaunados o reemplazados al máximo por urbanizaciones o campos agropecuarios) hasta el maltrato por los animales domésticos y la violencia entre nuestros semejantes. Porque, en definitiva, estas actitudes son partes que responden a un todo mental y conductal. Divorciarse, entonces, del resto de la naturaleza trae infelicidad, angustia, depresión, violencia y destrucción. Pero existe un camino inverso, desde luego.
-¿Por qué a pesar de toda la información que hay acerca de la importancia de respetar la naturaleza el mensaje no llega del todo y seguimos creyendo que a los habitantes de la ciudad al final no nos pasa nada?
-Hay una convergencia de razones, pero la responsabilidad más grave recae sobre los decisores de nuestro sistema educativo, que se acopla a esos alejamientos que mencionamos antes. Si revisamos la forma en que se nos enseña nos daremos cuenta que esa distancia entre los paisajes silvestres y los estudiantes no se achica, sino que se consolida. Se estudian aspectos sobre las ciencias naturales, el ambiente o la ecología pero… ¿el resultado final cuál es? ¡Es el mismo que cuando nos enseñan a leer y escribir! Aprendemos estrictamente eso: a leer y escribir. Punto.
-Y eso no alcanza, ¿no?
-Es que no se nos educa para amar la lectura, para disfrutar de la aventura que representa escribir un ensayo, una poesía o una novela. Aprendemos las leyes de la física o las fórmulas matemáticas, pero son más los aburridos que los apasionados por esas ciencias. Es el resultado de una educación “utilitarista”, que no enseña a amar. Es una educación que desatiende los valores humanos y las emociones. No se plantea como objetivo lograr que una persona egrese feliz, con una versión mejorada de uno mismo. Por eso, las escuelas y las universidades “producen” meros aprobadores de exámenes, como decía el gran Claudio Naranjo. Por lo tanto, su mayor esfuerzo se centra en compartir o inculcar información y no, valores que son más importantes que la información, porque determinan que un estudiante pueda egresar con mayores herramientas de realización personal y de ser feliz si ha sido estimulado adecuadamente para que se sienta valioso, capaz y comprometido con dar sentido a su vida mejorando algún aspecto del mundo.
-¿Y por dónde se empieza?
-Para educar hay que mantener vivo el sentido del asombro con que nace todo niño. Así entendía ese desafío Aristóteles hace más de dos mil años. Y para ello se necesita un maestro, guía o compañero de aprendizaje con quien contemplar la naturaleza, redescubrir sus misterios y experimentar la alegría del conocimiento. Cuando uno pasa una red por la laguna y observa lo que vive bajo ella se activan muchas sensaciones. Y cuando luego se devuelven sanos y salvos esos peces, renacuajos o larvas al agua, también.
-Usted es de los que cree que el mundo está lleno de sorpresas…
-¿Pero cómo dudar de eso si basta mirar un poco para comprobarlo? Es una pena que con el correr se diluya de los años esa suerte de instinto de búsqueda hacia lo que es hermoso y que inspira admiración por el mundo. Pareciera que esas sensaciones se derivan en su mayoría hacia lo artificial o lo tecnológico. Y no se trata de lo uno o lo otro, sino de balancear nuestro interés y energía por cultivar lo natural, emocional y espiritual con lo tecnológico, racional y material. Podemos mirar un atardecer para despedir el día valorando su belleza y su realismo, y eso es compatible con razonar cómo podemos resolver nuestros desafíos o problemas cotidianos. Activamos sectores de la mente que son complementarios con los impulsados por la tecnología. Incluso, con los juegos electrónicos que suelen basarse en elegir rápido qué dedo presiono. Decisiones rápidas y capacidad reflexiva es una combinación poderosa. Más cuando decidimos con empatía y generosidad por los demás. Conectarse con el mundo real sin despreciar la virtualidad nos permite ubicarnos en el mundo literalmente.
-Pero eso implica un gran cambio educativo. ¿Es posible?
-Tan posible y necesario que se está construyendo desde múltiples lugares y gradualmente, permeando poco a poco, aunque parezca imperceptible. Pero un día notaremos que en todas las escuelas primarias la enseñanza se equilibrará entre las cuatro paredes y el aire libre, con las reservas o parques naturales investigados con lupas y largavistas… Ese día, nuestro sentido de conexión con las demás formas de vida se habrá hecho camino y, al transitarlo, confirmaremos que somos parte de la naturaleza y que ella no depende de nosotros, pero nosotros, sí, dependemos de ella.
Fotos: Lorena Pérez
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]]>La entrada ¿Una nueva ruralidad? Victoria y Eduardo crearon una EcoAldea en Cañuelas y cuentan la experiencia de vivir como una comunidad se publicó primero en Bichos de Campo.
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–¿Cuál es la idea de vivir en la ecoaldea?
-Volver a tomar contacto con la naturaleza que somos y reformular nuestro transcurrir por este mundo desde este vínculo. También entendiendo que somos animales sociales, cooperativos y que todo es más fácil y mejor cuando se hace con otres. Por eso nuestras premisas son el vínculo respetuoso con la naturaleza (de ahí las prácticas que tienen que ver con la agroecología, las energías renovables, la bioconstrucción) y también el vínculo respetuoso con las otras personas. Y acá hay todo un aprendizaje que creemos que es el más difícil porque implica desarmar la manera en que nos constituimos como personas en una sociedad que nos prepara para la competencia y la eficiencia, y revincularnos desde la cooperación, el afecto y la tolerancia.
–¿Cómo nació?
-Vivir en un entorno natural e imaginar lo comunitario es algo que a ambos nos atraviesa desde muy jóvenes. El movimiento hippie y Woodstock dejaron huella en nosotres y si bien en nuestra vida adulta “cumplimos con todos los deberes,” el espíritu que impulsó a esos movimientos siguió estando ahí, esperando que la vida nos reuniera para darnos el valor de lanzarnos a esta aventura y que solos no nos animábamos a concretar.
–¿Cuándo empezaron?
-Hace 20 años empezamos a leer experiencias de ecoaldeas en el mundo y en 2001 nos incorporamos a una situada en la provincia de Buenos Aires. Vivimos allí durante dos años y medio que fueron bastante duros y movilizantes, donde no coincidimos en muchos de los aspectos que allí se planteaban ni en cómo se organizaban colectivamente pero que nos permitió reconocer nuestras propias fuerzas para iniciar este nuevo proyecto.
–¿Cómo dieron los primeros pasos?
-Convocando a personas que conocimos en la ecoaldea e iniciando la búsqueda del terreno donde asentarnos. Finalmente dimos con este espacio que ocupamos ahora, que nos ofrecía recursos para nuestras construcciones, como generación de energía y sombra ya que tiene una gran cantidad de eucaliptus que nos brindan las ramas que caen en las grandes tormentas. Al mismo tiempo implicaba un gran desafío ya que es una tierra muy arcillosa y compactada por muchos años de explotación ganadera y que debía ser recuperada con mucho trabajo para lograr el objetivo de cultivar nuestros alimentos y la restauración del sistema ecológico local. Inspirades por todo esto salimos a buscar apoyo para que la compra fuera posible entre estas personas que se nos habían acercado y también, entre amigues y conocides que comulgaban con nuestro sueño de sustentabilidad. Fue gracias a todas estas personas que aportaron para la causa que en dos meses logramos reunir los fondos para adquirir el terreno.




–¿Hay algún código de convivencia específico?
-No. Es un proceso que está sucediendo continuamente y continuamente está cambiando. Lo que siempre se enfatiza es que los acuerdos, las discrepancias, inclusive las tareas concretas que hacemos colectivamente se hagan desde esa premisa de respeto mutuo y tolerancia, entendiendo que, más allá de los desacuerdos específicos que puedan surgir, tenemos un trasfondo en común, un entendimiento de base y sobre todo un afecto que es lo que nos fortalece como colectivo.
–En sus redes se ve que hacen reuniones alrededor del fuego. ¿Es parte de la convivencia?
-No tenemos prácticas preestablecidas que “hagan” a la convivencia. Sí estamos abiertos a reaprender prácticas que hacían y hacen a la consolidación de otras comunidades (más sabias, quizás) en su vínculo con la naturaleza y consigo mismas. Por eso vamos incorporando estos rituales que celebran ciclos naturales y también otros que celebran hitos de las personas o de la comunidad. Pero lo hacemos desde un lugar de respeto hacia esos pueblos y trayéndolos a nuestra realidad que es que no somos pueblos originarios. Creemos en el poder del fuego para convocar, para evocar y para imaginar nuevas realidades y nos reunimos alrededor de él cuando nos sentimos llamados a hacerlo. No hay una práctica sistemática en ello.
–¿Se reciben nuevos integrantes?
-Siempre estamos deseantes de ampliar la comunidad. Se necesitan muchas manos y corazones para sostener estos proyectos. Sin embargo, no tenemos un proceso estipulado para incorporar nuevos miembros a la ecoaldea sino que confiamos en que los procesos sean los que, de tener que serlo, decanten en nuevas incorporaciones. Lo que queremos decir con esto es que siempre hay un proceso largo de mutuo conocimiento previo que se da a través de la participación en las actividades y rutinas de la ecoaldea que nos van acercando (o no) a las personas, algunas de las cuales terminan formando parte de nuestra comunidad. Nunca hacemos este proceso al revés, es decir, que la gente se instale para luego recién comenzar a conocerla. Hemos tenido experiencias de este tipo en el pasado y realmente fueron muy frustrantes para todes ya que la convivencia es una instancia que requiere muchísimos acuerdos y tolerancia y es difícil que eso se logre sin una paciente construcción conjunta.
–Con esta pandemia, ¿han recibido más consultas?
-Sí. Las grandes crisis, como la que estamos viviendo, generan movimientos importantes en las personas. Hay mucha gente que hace años viene soñando con la posibilidad de salirse de las ciudades y vivir otro tipo de vida y este tipo de eventos hace que esa necesidad se vuelva más patente. Y también, a muches otres, todo lo que generó la pandemia y la cuarentena tan prolongada les puso de frente con las dificultades que implica vivir en lugares tan reducidos, sin contacto cotidiano con la naturaleza (en el caso de familias con niños pequeños esto es catastrófico), sin posibilidad de compartir la cotidianeidad con otres… Son muchos temas sobre lo que como humanidad tenemos que reflexionar si queremos construir un mundo más vivible.

–¿Cultivan sus alimentos?
-Tenemos una huerta lo suficientemente grande como para abastecer a todas las familias, aunque no siempre es tan productiva. Tiene sus períodos de gran abundancia y otros en que nos es necesario abastecernos por fuera con productores agroecológicos locales. También tenemos gallinas que nos proveen de huevos y está en nuestro horizonte seguir ampliando el espectro de producciones para la autosubsitencia.
–¿Generan algún tipo de ingreso colectivo o cada uno trabaja por su lado?
-En este momento cada familia obtiene en forma particular de sus trabajos. Sin embargo, hay varios proyectos productivos que nos brindan ingresos extras y que esperamos se conviertan en los ingresos principales de todes quienes vivimos aquí. Estos proyectos van desde la producción de cosmética natural, hasta la fabricación de instrumentos de música, la venta de plantas y el turismo ecológico. Hay muchísimo movimiento y entusiasmo puesto en todos estos proyectos que, esperamos, en el mediano plazo se convierta en la posibilidad de sustentarnos.
–¿Sienten que viven como soñaban?
-Cuando iniciamos este camino pensamos ingenuamente que todo sería más fácil. Veíamos a la comunidad como la gran oportunidad de conocernos a nosotres mismes y de crecer en este intercambio como seres humanos. Pero los cambios de paradigmas implican un largo proceso donde hay momentos de mucha felicidad y momentos muy dolorosos, a veces difíciles de sobrellevar. Hubo un tiempo en que pensamos que lo nuestro había sido una gran utopía y que la posibilidad de un auténtico cambio sólo podría estar en las nuevas generaciones. Pero seguimos apostando y hoy, con toda la experiencia pasada, vemos cómo se va configurando nuestro sueño día a día y esto nos hace sentir que no hay vida más rica y plena que la que estamos llevando.
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]]>La entrada Para nosotros y el país: El biólogo Cristian Desmarchelier explica por qué la biodiversidad puede ser también un buen negocio se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>–¿Es cierto que conocemos el 1% de la riqueza natural de nuestro Planeta?
-En verdad, es una forma de decir que lo que conocemos de la biodiversidad es muy poco. Por ejemplo, ¿cuántas especies de plantas existen en el Planeta? Quizás medio millón, pero sólo conocemos en profundidad un porcentaje muy pequeño de ellas. Y sin embargo ese porcentaje tan pequeño nos ha dado alimentos, medicina, y hasta productos industriales.
-¿Y en Argentina?
-En nuestro país se calcula que hay unas 10.000 especies de plantas que son autóctonas, es decir que no fueron traídas de otras partes del mundo. Pero no creo que lleguen a diez en total las que han sido estudiadas exhaustivamente desde el punto de vista nutricional o medicinal, y menos aún puestas en valor desde lo económico. Si miramos esa cifra, el 1% quedó grande. Entonces, si de un porcentaje tan pequeño se pudo obtener un impacto económico tan grande para la humanidad, el potencial de lo desconocido es enorme.
-¿Quiere decir que todos nuestros avances en medicina y ciencia los hemos hecho desconociendo el mundo en que vivimos?
-Al contrario. En el caso particular de la biodiversidad, los avances han sido gracias a su observación y estudio. El problema es que quedaron varios factores fuera de la ecuación, como el hecho de que los recursos genéticos y los ecosistemas en los cuales los encontramos no son ´gratis´ e ilimitados. El Planeta se va achicando por decirlo de alguna manera, y muchos recursos que antes parecían ilimitados ahora sabemos que no lo son. Pasa con el agua, el aire, y también con la biodiversidad. Además, estuvo siempre la idea equivocada de que la naturaleza no le pertenece a nadie y que por lo tanto podemos tomar lo que queramos de ella sin pedir permiso ni perdón.
-¿No es así?
-¡No! Los recursos genéticos se encuentran en países, provincias o regiones donde también evolucionaron sociedades que tienen un profundo conocimiento de sus usos y aplicaciones, y que en la actualidad son reconocidos como los dueños legítimos de esos recursos a quienes se les reconoce algún tipo de derecho sobre su explotación. Entonces, es necesario que la puesta en valor de la biodiversidad de aquí en más se haga en forma sustentable y con un reparto justo y equitativo de los beneficios. La ecuación poco a poco va cambiando.
-Usted menciona que el 20% de las especies ha desaparecido o lo hará pronto. ¿A qué se debe?
-En parte porque la biodiversidad (que se encuentra casi siempre representada en ecosistemas que muchas veces son considerados un freno al desarrollo económico) va desapareciendo para dar espacio a actividades productivas como la ganadería y agricultura, a la urbanización, y otras presiones típicamente demográficas. También como consecuencia del cambio climático, como es el caso de la degradación en la Gran Barrera de Coral de Australia. Pero esto se podría revertir poniendo en valor a la biodiversidad desde un enfoque financiero.




-¿Cómo sería?
-Un ecosistema puede tener valor económico gracias a su capacidad de captación de carbono de la atmósfera, de la generación de agua, y de los organismos vivos que la componen, que podrían ser de valor para la industria de los alimentos, cosmética o de la salud. Y esto es sólo un ejemplo.
-¿Cómo incide el avance de la frontera agropecuaria?
-Depende a qué nos referimos por ´agropecuario´. Si hablamos de producción de ´commodities´ como la soja o carnes, que por lo general se asocia a la idea de desmonte y reemplazo con monocultivos o cría ganadera, el impacto es negativo, ya que para aumentar la producción es necesario reemplazar áreas de diversidad biológica. Pero existen algunas alternativas que pueden ser menos traumáticas como la incorporación de agricultura agroecológica o de agroforestería, dos modelos productivos que tendrían un menor impacto sobre la biodiversidad. Desde la agricultura convencional también se vienen incorporando mejoras tecnológicas como la siembra directa, la utilización de bioinsumos obtenidos a través de procesos biotecnológicos y la incorporación de nuevas características en cultivos gracias a la biología molecular. Bien utilizadas, permiten, en teoría, un uso más eficiente y racional de las zonas de producción tradicionales. Ello conlleva a un menor impacto ambiental y a una mayor productividad por hectárea, lo cual a su vez debería reducir la presión sobre áreas silvestres.
-¿Cómo se hace para aprovechar la naturaleza económicamente y sin perjudicarla?
-Existen muchos modelos y en algunos casos se va dando algo así como una ´marca país´ que diferencia unos de otros. Por ejemplo, Brasil es el mayor emisor de bonos verdes de Latinoamérica, un instrumento financiero que permite poner en valor a regiones de alta diversidad biológica como la Amazonia; Costa Rica se transformó en un destino de ecoturismo a nivel mundial; Perú hace ya más de dos décadas impulsó el concepto de ´biocomercio´, y más importante aún, se transformó en un símbolo de gastronomía global. Y todo esto gracias, en parte, a la puesta en valor de muchos de los recursos genéticos originales que ellos tienen. Es posible que Panamá se esté perfilando hacia la bioprospección, que consiste en la búsqueda de nuevas moléculas para la industria farmacéutica. Quién sabe, quizás la próxima molécula disruptiva en la industria farmacéutica provenga de las selvas del Darién en Colombia y Panamá.
-¿Por qué si Argentina tiene tan alta biodiversidad permanece desconocida incluso como posibilidad económica?
-Creo que la oportunidad que existe en Argentina no radica en el hecho de presentar una biodiversidad interesante; de hecho, nuestro país ni siquiera se encuentra catalogado dentro de la lista de los países megadiversos. Lo que sí tenemos es un ´mix´ que no es tan fácil de encontrar en otras partes del mundo, y que consiste en la combinación de recursos genéticos, un sistema científico-tecnológico capaz de desentrañar el potencial de esos recursos, y un sector empresarial capaz de transformarlos en productos innovadores. Ahí está el secreto. Por otro lado, el desconocimiento del potencial económico de la biodiversidad no es un problema que sólo se da en Argentina, sino que es a nivel global. Recién en los últimos años se está tomando conciencia de que la biodiversidad no es un impedimento al desarrollo económico sino más bien una oportunidad para desarrollar nuevos negocios, y que la sustentabilidad ambiental y el impacto social pueden ser rentables.
-¿Hay nuevas ideas de usos sustentables de biodiversidad?
-Además de los antes mencionados hoy se habla del ´lujo sustentable´. Se trata de desarrollar productos innovadores y de alto valor agregado para los mercados premium y que incluye alimentos funcionales, indumentaria, salud y belleza. Los productos deben tener impacto ambiental positivo y una participación activa de las sociedades que están vinculadas con los recursos genéticos, o sea poblaciones campesinas, nativas, o productores rurales en zonas de interés ecológico. Tienen que ser percibidos como productos sanos, naturales, amigables con el medioambiente, y sobre todo con un impacto social positivo.

-¿Existen casos de este tipo de productos en nuestro país?
-Existen pocos pero son suficientes para confirmar que es un modelo posible: aceites esenciales de plantas patagónicas para la industria cosmética, indumentarias a base de lana de vicuña del altiplano, mieles diferenciadas del parque chaqueño, productos para el cuidado capilar a base de arbustos del desierto, y fitoterápicos elaborados con plantas de la selva misionera.
-¿Todo eso ya existe?
-Sí, son productos innovadores, de alto valor agregado, validados científicamente, y de comprobado impacto positivo sobre los ecosistemas de donde provienen y de las poblaciones que los habitan. Son los atributos por lo que el consumidor responsable está dispuesto a pagar.
-Parece de vanguardia…
-Lo es y si bien todavía estamos lejos de lograr un porfolio de productos que genere divisas para el país a cambio de la preservación de nuestra biodiversidad, la valoración de los pueblos ancestrales y de las economías regionales, que hay una gran oportunidad frente a nuestros ojos, un modelo innovador que hay que explorar.
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]]>La entrada Carlos Fernández Balboa: “Muchos extranjeros creen que todavía tenemos una pampa para galopar sin límites” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>–¿Puede definir a Hudson en 3 renglones?
-Naturalista, ambientalista y humanista argentino. Reconocido como uno de los más importantes escritores de lengua inglesa en el siglo XX. Y como muchos argentinos célebres, ignorado en su país.
–¿Qué diferencia hay entre la pampa que él describía y la actual?
-La parcialización de la tierra a partir del alambrado en 1888; luego la incorporación del ganado y los monocultivos como la soja modificaron todo. Hudson pudo ver una pampa casi virgen donde abundaban los venados y no había límites para galopar.
–¿Queda algún lado así hoy?
-El Parque Nacional Campos del Tuyú en Buenos Aires o algunas pequeñas zonas en San Luis. Muy poco espacio en relación con la pampa húmeda idílica del gaucho y que todavía muchos extranjeros suponen que tenemos.
-¿Cómo pueden vivir en armonía naturaleza y conservación?
-Conservar implica utilizar racionalmente y eso está en contra del modelo ultra-capitalista donde el sobreconsumo es la regla. En este proceso la naturaleza siempre pierde y todo lo que se haga (como crear parques nacionales) será un paliativo a una segura destrucción futura si no se modifican las pautas de consumo. Hudson lo advierte en su obra Un naturalista en el Plata ya en 1892, por eso se lo considera uno de los primeros ambientalistas argentinos.
–Usted que trabaja en educación ambiental, ¿qué falta para unir al urbanita con la naturaleza y al campo?
-Lo mismo que le falta a toda la sociedad en este momento: empatía y un poco de humanidad. Hemos evolucionado en la naturaleza y es extraño que hayamos quedado tan desconectados, porque estar en contacto con ella nos beneficia física y espiritualmente.
–¿Con empatía se refiere a respetar al entorno?
-A prestarle atención al entorno y a las otras personas: caminar en la naturaleza con los sentidos abiertos y mirar a los ojos a nuestros interlocutores. Tener contacto con la naturaleza porque es una necesidad fisiológica como animales que somos. Recomiendo un libro que me impactó: La dosis natural: por qué la naturaleza nos hace más felices, de Florence Williams.
-¿Y cómo acercamos al ambientalismo con el campo?
-Creo que el ambientalismo cayó en la trampa de tratar de “combatir” el sobreconsumo con las mismas herramientas que impone el capitalismo. Por eso la palabra “sustentabilidad” se ha vaciado de contenido tanto como “ecología”. Son palabras que toma el mismo sistema imperante para no cambiar nada. Por otro lado, los primeros ambientalistas (de Argentina y del mundo) eran naturalistas, tenían un contacto directo con la naturaleza, veían su destrucción y luego se convertían en activistas para impedirla. Hoy hay ambientalistas de escritorio que hasta se jacta de no leer y de confundir el yaguareté con el yacaré. Creo que cambió mucho la visión ambiental y si no salimos de nuevo al campo para después motivar a los urbanitas sobre lo que pasa, todo se convierte en una cuestión cíclica que no conduce a nada.
–¿Y qué hacemos?
-No todo está tan mal como las noticias lo pintan. Deberíamos dejar de mirar tantos noticieros e invertir ese tiempo en cultivar la amistad. Creo que el camino es volver a encontrar el disfrute en la naturaleza: tratar de que la mayor cantidad de gente experimente salidas al campo, a mirar en lugar de ver y a tener contacto con los animales, desmitificando que son peligrosos, dañinos, etcétera. No hay nada que reemplace al contacto directo…tanto de la naturaleza como de las personas entre sí. La tecnología es muy buena e irremplazable para muchas cosas, pero hay una sobrevaloración de la información y de los sistemas tecnológicos. Lo cierto es que no podemos vivir sin la naturaleza y sin el contacto con el otro, e ignorar esto es coquetear con el suicidio. El hombre se dará cuenta a tiempo.
*Carlos Fernández Balboa es Licenciado en Museología y Educador ambiental con una maestría en el Instituto de Investigaciones Ecológicas de Málaga (España). Autor de 22 libros y varios artículos de su especialidad, actualmente se desempeña como docente de materias vinculadas al patrimonio cultural y natural en las universidades de San Martin, Avellaneda, Buenos Aires y en la Universidad de Entre Ríos. Es el museólogo del Parque Ecológico y Cultural Guillermo Enrique Hudson, solar natal del escritor, en la provincia de Buenos Aires.
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]]>La entrada Una tontería: La actividad humana pone en peligro de extinción a cerca de 1 millón de especies se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La divulgación del informe, que coincide con la reunión de los ministros de Medio Ambiente del G7 en Metz, París, intenta ser un llamado de atención para que los responsables políticos y las empresas tomen medidas decisivas, enfatizando la urgente necesidad de alcanzar en 2020 un nuevo acuerdo para la naturaleza y las personas.
El estudio científico tiene 1.800 páginas y es el primer panorama completo del estado de la biodiversidad mundial desde 2005. Lo han realizado entre 400 expertos de 50 países.
Ver The Nature Conservancy: “El medio ambiente y la agricultura deben volver a casarse”
El análisis, que reitera muchos de los hallazgos del Informe Planeta Vivo publicado por la Organización Mundial de Conservación (WWF por su siglas en inglés) y difundido en el país por Fundación Vida Silvestre Argentina en 2018, presenta una imagen alarmante sobre las extinciones de especies, la disminución de la vida silvestre, la pérdida de hábitat y el agotamiento de los servicios de los ecosistemas que son cruciales para nuestro sustento y desarrollo económico.
Según los resultados del informe IPBES, las acciones humanas han alterado significativamente la naturaleza en todo el mundo. A saber:
El informe también ofrece un estudio exhaustivo de la interrelación entre el cambio climático y la pérdida de la naturaleza.
“El informe de la Evaluación global ofrece evidencia irrefutable no solamente sobre la pérdida de la naturaleza sin precedentes, sino también de los riesgos que le presenta a la vida humana y la prosperidad. La necesidad de actuar urgentemente nunca ha sido más clara. Seguir como siempre ya no es una opción. El informe ofrece esperanza para empezar la recuperación de la naturaleza a través de un cambio transformador al redefinir nuestro enfoque para un futuro más sostenible”, dijo Rebecca Shaw, la Directora Científica de WWF.
Ver Llegan 150 palitos para no seguir pegándose palos con el cambio climático
En el capítulo argentino, Manuel Jaramillo, Director General de Fundación Vida Silvestre Argentina, señaló: “Es necesario revisar las políticas contradictoras que promueven la transformación de áreas naturales para establecer nuevas áreas de cultivos para generar alimentos que luego son desechados en gran porcentaje; o que subsidian el desarrollo de infraestructura para la extracción de hidrocarburos con métodos altamente cuestionados a nivel internacional como la fracturación hidráulica, generando un impacto negativo sobre el calentamiento global mundial, la conservación de los ecosistemas sanos de la Argentina y las futuras generaciones”.
“En nuestro país y en todo el mundo es central que consigamos un Nuevo Acuerdo para la naturaleza y las personas. Es la única forma de cambiar este rumbo”, agregó el directivo de Vida Silvestre.
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