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La entrada María Álvarez emigró a Nueva Zelanda, maneja un tambo de 740 vacas, y extraña los bizcochitos: “Argentina siempre será mi hogar, pero las posibilidades y el bienestar con que se vive acá son algo irreemplazable” se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“Yo me fui de Argentina a finales de 2013. Primero probé suerte en un tambo de Australia, luego volví a Argentina y después me vine a Nueva Zelanda. Al principio pensé un viaje de un año, pero decidí quedarme y hace 6 años que vivo acá y me encanta”, confesó María a Bichos de Campo.
La diferencia de 15 horas entre Argentina y Nueva Zelanda complicó la entrevista de a ratos, pero luego todo fluyó así como también fluye la vida de Álvarez en un país donde se vive de modo diametralmente opuesto al que conocemos en la Argentina.
Luego de empezar en un tambo como asistente (“farm assistant”), que es el trabajo más básico de allí, Álvarez pasó a gerenciar. “Lo hice para evaluar cómo eran los tambos de allí, un país que es líder en lechería a nivel mundial. Quería ver cómo era el sistema y me terminó gustando; aparte vi una posibilidad de crecimiento y la chance de obtener la residencia”.

-¿Desde chica te gusta el tambo?
-La verdad es que en un principio el tambo no me gustaba. Acá en Nueva Zelanda descubrí que el manejo es muy diferente al de Argentina y no lo siento una labor rutinaria como en mi país. También hice tambo en Australia, pero ahí el sistema es más parecido al argentino. Entonces decidí retornar a Nueva Zelanda porque allí es todo más simple.
-¿Aprendiste el oficio de tu familia?
-No, nada que ver. En mi familia son productores ganaderos, lo que hizo que de algún modo estuviera siempre relacionada con las vacas y al manejo en manga entre otras tareas, pero nunca tuve experiencia en tambos. Por eso fue un desafío para mi.
-¿Ya contás con la residencia en Nueva Zelanda?
-Apliqué hace 2 años y espero obtenerla en breve. La realidad es que se complica cada vez más sacarla. El gobierno neozelandés suele otorgarla a personas con cargos más importantes o bien cargos que sean necesarios como el de médico. A su vez también se requiere de cierta experiencia y de un sueldo de determinado valor y estudios. Es como que se ponen muchas trabas y filtros para otorgarla. De todos modos no es imposible conseguirla.
-¿Y cómo es gerenciar un tambo en Nueva Zelanda?
– El campo en que trabajo se llama Verde Holdings, y queda en la isla sur, en la costa este, a sólo 15 minutos del mar. Estoy encargada del tambo (“Manager”) y de hecho me gustaría llegar a crecer en la posición, en un puesto llamado “contract milker”, pero sólo podría acceder a ese puesto si me sale la residencia, ya que así podría tener un negocio a mi nombre. Hoy por hoy soy empleada del tambo Dairy Holdings. La empresa es dueña del campo y de los animales y yo escojo a los empleados con los que trabajo.
-¿Cuál es el premio que te dieron en abril de este año?
-Los premios son los Dairy Industry Awards, uno de los galardones más importantes de la industria neozelandesa, con repercusión mundial. Ahí obtuve un reconocimiento llamado “Dairy Manager of the Year 2021″ en la región donde trabajo, que es Canterbury North Otago. Todos los manager de mi región se presentan en esta competencia y lo que se requiere es que entreguemos una presentación en donde expliquemos cómo es el manejo que planteamos, a saber: pasto, animales, la mano de obra y finanzas del tambo. Luego ellos evalúan objetivamente de acuerdo a la zona, porque esta competencia es a nivel nacional y se percibe mucha diferencia en los manejos por las cuestiones de suelo y clima, pero de este modo pueden hacer un análisis objetivo.
La primera presentación la hice en febrero, y de ahí pasé a la final de la región donde debí presentarme nuevamente. Luego de cada presentación te dan una evaluación con los puntos a mejorar. Yo tuve que hacer tres veces la presentación: en la primera ronda, en la final regional y en la final nacional. En esta última final no tuve ningún premio pero hubo un argentino, Diego Gómez, quien sí obtuvo uno.
-¿Cómo es el tratamiento a la mujer en una empresa agropecuaria neozelandesa?
-Quedé sorprendida al llegar a Nueva Zelanda por la igualdad de género que hay en lo laboral. En el campo no importa si sos mujer o varón, lo que importa es la actitud. Acá todos están dispuestos a enseñarte, no te piden que cuentes con 10 años de experiencia. Hay muchas más oportunidades que en Argentina. No hace falta experiencia para crecer, lo que necesitás es una buena actitud, algo que me gustaría que pasara en mi país.
A mi me pasó de hecho en Argentina, que recién recibida me pedían de todo y así es difícil insertarse en el mercado laboral. Acá las posibilidades están para todos por igual y es más una cuestión personal hasta dónde quieras llegar. Ser mujer en el agro argentino es complicado. Yo hace varios años que me fui, quizás ahora cambió el panorama, pero en el momento en que estaba, era complejo conseguir una posición como agrónoma en el área de producción, siendo mujer, y menos sin experiencia, pero reconozco que tengo amigos que se insertaron bien en el mercado laboral.
-¿Cómo es el famoso sistema lechero neozelandéz?
-El sistema que manejamos en mi zona es un sistema 2, porque el nivel de suplementación utilizado para dar de comer a los animales es prácticamente nulo. Lo único que hacemos es darles una pastura a base de rye grass y trébol blanco, las cuales hacemos con riego porque de lo contrario no podrían crecer en verano. En invierno directamente no crecen y por eso es que pasamos a las vacas a campos donde puedan consumir cultivos forrajeros. Uno de los más comunes acá es el “fodder beet”, una remolacha forrajera que llega a rendir hasta 30 toneladas de materia seca por hectárea, que aparte tiene mucha energía, por ende es un buen alimento para poner peso a las vacas.
El campo al que pasamos a nuestras vacas queda a poco más de una hora de donde está el tambo, así que todos los días viajamos ahí para darles de comer. A su vez hay que ´transicionarlas´ a este cultivo porque puede generar acidosis ruminal, por eso tenemos tres semanas de transición y en ese periodo les damos pasto y rollo de rastrojo de cebada.
A fines de julio ya empiezan las pariciones, por ende las volvemos a traer al tambo para que vuelvan a acostumbrarse al pasto de vuelta, y así poder volver a ordeñarlas. Este año pasamos casi dos meses sin ordeñarlas.
Luego el sistema es super diferente al de Argentina; acá es todo muy estacionado. Por ejemplo, ahora estamos en parición, luego empieza la inseminación, luego es sólo ordeñe y después secado de las vacas y darles de comer en el otro campo, lo que hace que no se vuelca tan rutinario. Por eso me gusta el sistema neozelandés. En cambio, durante mi paso por un tambo australiano, es como que hacíamos todo junto, estábamos alimentando terneros, secando vacas, transicionando otro tanto y me parecía aburrido y rutinario.
-¿Cómo es un día de tu vida en Nueva Zelanda?
-Mi día empieza muy temprano porque el primer ordeñe es a las 5, pero si puedo levantarme más tarde me gusta desayunar con mates. Acá por fortuna se consigue yerba y ahora que han vuelto las exportaciones argentinas podemos hasta pedir encomiendas de cualquier cosa. Quizás ustedes están habituados a tener a diario determinadas golosinas o masitas. En cambio yo ahora estoy en la otra punta del mundo y a veces digo ´qué ganas de comerme unos bizcochitos´. En general dulce de leche puedo conseguir en algún supermercado de acá, aunque no todas las marcas.
Ahora estamos ordeñando a las vacas, le damos de comer a los terneros y pasamos buena parte del día en el tema de alimentarlos, ya que hay que darles rollos. Después de trabajar suelo hacer planes con amigos sudamericanos, mayormente argentinos y tamberos, y con esto de que tenemos horarios tan raros nos juntamos muy seguido entre nosotros. Mateamos y es lindo tener el vinculo con mi país a través de ellos, al menos una vez por semana.
Una vez que arrancan las pariciones, llego de trabajar y me gusta descansar más. Acá, al levantarme tan temprano ceno antes y a las 21:30 ya estoy durmiendo. Ese fue otro hábito que debí cambiar al venir para acá; los neozelandeses cenan muy temprano, algunos lo hacen a las 18, pero por suerte me adapté bastante bien.
La ventaja de trabajar en horarios rotativos, hace que trabajemos 8 días y tengamos 2 días libres, y otras veces tengamos 3 días libres, así que en esos momentos aprovecho a viajar y alejarme del tambo para desconectarme un poco. Tengo el mar muy cerca y un perro, con el cual me encanta caminar por la playa.
-Te vuelvo a consultar sobre el sistema lechero de Nueva Zelanda. ¿Qué lo hace tan simple y efectivo?
-El sistema neozelandés es mucho más simple, sobre todo en las comidas. Acá la base es pastura y los animales son mucho más chicos. La raza típica es la Kiwi Cross, una cruza entre Holstein y Jersey, con conversión eficiente de forraje a sólidos en leche. Por lo general son vacas marrones, de 450 kilos de promedio y entonces tienen menos requerimientos de comida y con la pastura están bien. Buscamos mucho la fertilidad, y hacemos inseminación artificial con el objetivo de mejorar la genética, parecido a la Argentina en eso. Otra particularidad es que acá no ordeñamos a las vacas durante el invierno y la guachera de terneros es colectiva, con un tráiler que dispone de 60 tetinas alrededor para darles de comer. En Argentina en cambio usan más la estaca individual. Nosotros ahora tenemos, por ejemplo, dos tráileres para alimentar a 120 terneros por potrero.
Los terneros permanecen en galpones y una vez que juntamos 70 u 80 ya los sacamos afuera para que ingresen al mismo potrero junto a las vacas para que coman pastura. Entran a cobertura de 2200 kilos y ahí los vamos moviendo. Les damos la leche ahí también y eso también hace una diferencia al respecto del sistema argentino.

-¿Y cómo es la calidad de vida neozelandesa?
-Ahí está la principal diferencia. Acá hay más rotación en la mano de obra, tenemos francos habituales, los sueldos son muy buenos, te ofrecen buenas casas, los caminos son espectaculares, jamás te vas a quedar encajado porque es clave que los camiones que retiran la leche puedan transitar, tenemos wi fi, luz, tenemos el correo que llega a la tranquera de nuestras casas. Es como que no sentís que vivís en medio del campo aunque vivas a 25 minutos del pueblo más cercano.
-¿Cómo es la exigencia en cuanto a lo sanitario y el cuidado ambiental?
-Acá en Nueva Zelanda cuidan mucho el bienestar animal y cada vez se vuelven más exigentes con los cuidados ambientales, con el uso de antibióticos y con la calidad de la leche. Son tan detallistas que creo que eso es lo que los vuelve lideres.
-¿Y qué hay del precio pagado por la leche? ¿Es mejor que en Argentina?
-Si. El precio de la leche es otro plus. Nosotros por ejemplo le vendemos la leche a Fonterra que es una cooperativa. Los dueños de nuestro tambo tienen acciones allí, entonces ellos cobran bien. A su vez, el 95% de la producción de todo el país se exporta, por ende el precio obtenido es en dólares y al ser una cooperativa no hay mano negra; a cada uno le toca lo que le debe tocar. Si el precio de la leche sube todos ganan y viceversa si el precio baja. Es acorde al mercado internacional y no depende de lo que una empresa diga. Luego, no todos tienen acciones ya que para hacerlo se requiere de una inversión muy grande, pero también se puede vender la leche a Fonterra y los precios siguen siendo buenos.
Acá la lechería es rentable por lo general y al no tener tantas variables en juego uno puede mantener los costos de producción constantes y bajos en lo posible. Ahora bien, donde empezás a ingresar suplementos como granos ya juegan otras variables en el precio y ahí los costos varían mucho, pero al ser tan simple nuestro sistema podemos mantener los costos bajos.
-¿Cómo se organiza el ordeñe en el tambo que gerencias?
-Tenemos 740 vacas con lo cual la carga animal es de 4,1 vacas por hectárea en 180 hectáreas, o sea que la carga es alta. En el campo tenemos un tambo calesita interno. Normalmente en los tambos calesita la gente se para fuera del circulo y las vacas entran derecho. Pero en este tambo no es así, la vaca entra para adelante y luego debe hacer marcha atrás, y nosotros nos colocamos dentro de la plataforma de modo tal que podemos verlas a todas sin tener que pegar toda la vuelta en el circulo como sí lo requiere un tambo calesita común. Pero esto también tiene sus desventajas ya que no es natural para la vaca que deba hacer marcha atrás, y entrenarlas en eso a veces se vuelve una pesadilla. La ventaja es poder ver el ordeñe integral desde dentro del circulo.
Tenemos dos rodeos y un tercero más chico con las vacas que están en tratamiento con antibióticos y enfermedades. Ordeñamos dos veces: a las 5 dos horas y media y a las 14 lo hacemos durante dos horas. Teníamos 660 vacas la temporada anterior y este año llegamos a 740. Al principio tardábamos más por las vaquillonas, que no sabían qué tenían que hacer, pero el tambo calesita en general hace las cosas mucho más simples. Tenemos removedores automáticos de pezoneras, con lo cual sólo se requiere de una sola persona para ordeñar y de otra persona para buscar los rodeos.

-¿Pensás volver a la Argentina María?
-Volver a Argentina es complicado. Extraño a mi familia y amigos, trato de ir una vez cada dos años y que alguien de mi familia venga una vez por año a visitarme, pero volver definitivamente no es una opción para mi salvo que algo me salga muy mal acá o que no pueda obtener mi residencia. Me da tristeza decirlo porque Argentina siempre será mi hogar, pero las posibilidades y el bienestar con que se vive acá son algo irreemplazable.
-¿Tan diferente es la calidad de vida?
-Si. Acá yo veo que, si bien ahora tenemos un gobierno más socialista que ayuda poco al campo, se ven mas facilidades para invertir, para progresar y no hay tantos impuestos a la producción. Es decir, hay impuestos y son altos pero así y todo la ecuación sigue siendo rentable y se ayuda a los productores. Por ahí se nos complica que hay cada vez más cambios en lo ambiental que aún no sé como llevaremos a cabo. Por ejemplo están restringiendo mucho el uso de nitrógeno, uno de los principales factores de producción de pasto para nosotros. A su vez las políticas migratorias complican la búsqueda de personal. No hay gente para trabajar y el gobierno socialista quieren que contratemos a los neozelandeses, pero estos no quieren trabajar en el tambo.
Por otro lado, acá vos sos tu propia limitante, en cambio en Argentina el progreso es difícil. Lo veo en mi hermano y en mis amigos, quienes pese a intentar crecer, no saben cómo saldrán las cosas cada año, si habrá nuevos impuestos, si pondrán mas retenciones. Es difícil trabajar en el campo de modo tan sacrificado con la incertidumbre que te da Argentina.
Yo ya tengo mi novio y mis amigos acá. Es como que ya acepté mi lugar en Nueva Zelanda. Además tengo seguridad y tranquilidad; mi auto siempre queda abierto con las llaves dentro, mi casa nunca se cierra con llave, ni cuando me voy de viaje. Esa tranquilidad no la cambio por nada. Y me doy más cuenta de lo bien que vivo acá cuando vuelvo a Argentina y otra vez me vuelve el estrés de cuidar mi cartera y celular, de mirar a todos lados y de sentirme insegura. Acá esas cosas ni las pensamos si bien han empezado a verse algunos casos de robo. Parece paradójico porque la gente de acá me suele decir que están mal y yo les digo ´vayan a Sudamérica dos meses a darse cuenta lo que es vivir con inseguridad´.

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]]>La entrada ¿Se puede crear una vacuna para controlar la producción de gas metano en el ganado? Eso es lo que está investigando Nueva Zelanda se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Se trata específicamente de la búsqueda, que ya lleva 18 años de trabajo ininterrumpido, de una vacuna que permita reducir las emisiones de gas metano que producen los vacunos a través de la fermentación entérica. En criollo: los eructos de las vacas.
El metano se produce durante la digestión de los alimentos, a partir de la interacción de microorganismos con los forrajes que consumen los animales. Hoy se sabe que ese gas incide en el cambio climático y de allí nace la preocupación por disminuir esa fuente de emisión a través de diferentes alternativas.

Como el objetivo es lograr una mejoría al respecto a nivel mundial, los neozelandeses pensaron en una solución que pueda abarcar a los rodeos de todos los países ganaderos. De allí surgió la idea de crear una vacuna que pueda agregarse fácilmente a los programas de sanitarios ya existentes.
¿Y cómo funcionaría? Jeremy Hill, presidente del Consorcio Pastoral de Investigación de Gases de Efecto Invernadero de Nueva Zelanda y director de Ciencia y Tecnología de Fonterra, la principal compañía láctea de esa nación, explicó al sitio neozelandés Stuff que lo que se busca es introducir anticuerpos en la saliva del bovino para que llegue al rumen y, en contacto con los microorganismos naturales, se produzca hidrógeno en vez de metano.
El proyecto es más que ambicioso y ha sido catalogado por el propio Hill como “muy desafiante”. Desde 2003 se han invertido aproximadamente 85 millones de dólares australianos y la investigación, además de recibir ayudas estatales, ha estado también acompañada por Beef and Lamb New Zealand, DairyNZ, Deer Industry NZ, AgResearch, Fertilizer Association, Landcorp y PGG Wrightson Seeds, entre otras.
“Hemos demostrado en principio que no hay nada que nos impida hacerlo; podemos desarrollar los anticuerpos adecuados y podemos hacer que los animales los produzcan. Pero conseguir que eso funcione para que obtengamos una cantidad consistentemente grande de anticuerpos, que luego entren en la saliva y al rumen, sigue siendo el obstáculo que estamos tratando de superar”, indicó Hill.
Si bien ningún investigador se arriesga a decir que esta cruzada tendrá éxito, ya han afirmado que en los próximos cinco años el trabajo “tendrá un gran impulso”.
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]]>La entrada Un negocio que muchos quieren impulsar en la Argentina: Nueva Zelanda dejará de exportar ganado en pie en 2023 se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“En el centro de nuestra decisión está mantener la reputación que tiene Nueva Zelanda de tener altos estándares respecto al bienestar de los animales. Tenemos que estar por delante en un mundo en el que aumenta el escrutinio sobre el bienestar de los animales”, dijo a través de un comunicado el ministro Damien O’Connor.
¿Cuánto falta para que la Argentina exporte ganado en pie a Medio Oriente?
Explicó que no todos los barcos encargados del transporte tienen las condiciones necesarias para asegurar la seguridad de los animales, y agregó que se está trabajando para mantener la reputación “de ser los productores de proteínas ganaderas más éticos del mundo”.

Para ese país, las exportaciones de ganado en pie tienen un valor de 354 millones de dólares al año y representan el 0,2% de las ventas al extranjero que realiza el sector primario desde 2015.
La medida se toma luego de que la industria se convirtiera en el centro de atención tras el hundimiento del Gulf Livestock, en septiembre del año pasado en el Mar de China Oriental, luego de salir de Napier. En ese incidente fallecieron 41 tripulantes, incluidos dos neozelandeses, y 6.000 cabezas de ganado que estaban cargadas en el barco.
Solo en 2020, Nueva Zelanda exportó cerca de 110.000 cabezas de ganado a China, triplicando los números de 2019.
La exportación de ganado en pie a nivel global ha tenido otros incidentes que le ocasionaron muy mala fama. El más reciente ha sido el caso de un barco que salió cargado con más de 1.000 novillos, fue rechazado en los puertos de destino de la mercadería, navegó sin rumbo por más de tres meses las agus del Mediterráneo y luego volvió a su puto de origen, donde los vacunos debieron ser sacrificados.
En la región, las exportaciones de ganado en pie se han hecho moneda corriente sobre todo en Uruguay y Brasil. Desde allí se envían grandes contingentes de ganado especialmente hacia los países árabes, que realizan luego la faena bajo ritos musulmanes. Pero China también ha comenzado a husmear en torno a la posibilidad de importar directamente los bovinos.
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]]>La entrada Alejandra Yommi, del INTA, revela los secretos del kiwi en el área de Mar del Plata, la nueva gran zona productora de esa fruta se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“Desde fines de los ´80 que hay kiwi en Mar del Plata. Lo que pasa es que por problemas de manejo muchas zonas dejaron de producir y luego, en 2004 hubo una vuelta a la producción y un crecimiento en superficie”, expresó la ingeniera agrónoma Alejandra Yommi a Bichos de Campo.
Yommi trabaja desde 2012 en la Estación Experimental de INTA Balcarce, y se especializa en el cultivo del kiwi del cual estudia, sobre todo, cómo estirar la vida comercial del fruto, para prolongar la presencia de la fruta nacional en el mercado y achicar la ventana en la que ingresan kiwis importados, en especial de Italia.
Si bien hay otras provincias productivas como Córdoba, en la actualidad más del 60% del kiwi que se consume en la Argentina se produce en Mar del Plata, Balcarce y Sierra de los Padres, en donde hay 600 de las 1.000 hectáreas totales que hay en producción en todo el país.
Mirá la entrevista completa a Alejandra Yommi:
En esta nueva y pujante zona productora incluso ya se ha formado una Cámara de Productores de Kiwi, integrada por unos 30 emprendimientos que buscan hacer crecer aún más la oferta, ya que la realidad es que la producción argentina no llega a cubrir el mercado interno y apenas alcanza el 40% del consumo total. Por eso se hace necesario importar la fruta de otros países. En el plano global, China, Nueva Zelanda e Italia figuran como líderes en la producción.
“Para esta época ya casi no queda fruta local y comienza a venir importada en contraestación de países como Italia, pero también de Chile. Luego a partir de marzo o abril comienza a ingresar nuevamente desde Argentina, ya que es la época de cosecha”, explicó la agrónoma.
La cosecha del kiwi es íntegramente manual. Los trabajadores recolectan la fruta con mochilas y luego la descargan y pasan toda esa producción a cámaras de frio, donde el kiwi se conserva. Yommi trabaja ajustando desde el estado de madurez en cosecha, pasando por la práctica del curado -que consiste en dejar dos días la fruta en un ambiente ventilado para que cicatrice sus heridas de cosecha-, y en técnicas de retardo de maduración con compuestos autorizados y atmósferas controladas.
La lógica de sus investigaciones es la de tratar de estirar la vida útil de la fruta. “Tenemos que abastecer desde mayo a diciembre a todo el mercado interno. Por eso precisamos que haya volumen y fruta que no se ablande, que son las dos causas más frecuentes de descarte. Con tecnología y buen manejo reducimos las pérdidas y llegamos con fruta de calidad”, remarcó.
La especialista comentó que las plantas de kiwi llegan a su producción máxima a los siete años y, dependiendo de los cuidados que reciban, pueden llegar a producir hasta los 30 años. En la zona marplatense todavía quedan plantaciones de los años ´80 que ofrecen buenos rendimientos.
Por ahora el crecimiento de la producción local es por sustitución de importaciones, pero también existe una interesante veta exportadora.
Según la agrónoma del INTA Balcarce “se estima una producción de 9 mil toneladas y el consumo está en 20 mil toneladas. Producimos el 40% de ese consumo y si exportamos más fruta, más déficit habrá para el mercado interno, por eso hay que producir más”.
¿Y cómo producir más? Yommi dice, por un lado, que hay posibilidades de producir otras variedades en zonas más cálidas incorporando más zonas de producción.
Pero en la zona de Mar del Plata, “hay muchas plantaciones jóvenes de baja producción y hasta el séptimo año no se llega al rendimiento máximo. Por eso tenemos la esperanza de que cuando se hagan adultas esas plantas jóvenes se pueda aumentar la producción”, respondió Yommi.
En cuanto al manejo del kiwi, la polinización es un factor clave. “Tenemos plantas femeninas y masculinas y ambas están separadas. Lo que tenemos que lograr es que el polen llegue a las flores y para eso tenemos que ver si es mejor a través de abejas, polinización artificial o combinando ambas tecnologías. En eso también estamos trabajando”, dijo.
Suelo permeable, noches frescas y horas de frío son el combo perfecto para lograr una buena producción en la zona, pero hay que prestarle atención a otro elemento: el viento característico de Mar del Plata y Balcarce. “Lo solucionamos con cortinas forestales con malla monofilamento. Cada lugar tiene sus condiciones y hay que adaptarse a ellas”, expuso la especialista.

La llegada de nuevos jugadores no es sencilla ya que se requiere entre 30 y 40 mil dólares en inversión por hectárea. “Sin contar la tierra, es la cifra que se precisa en plantas, estructura de mallas y riego. Sin todo eso, no es aconsejable hacerlo”, explicó Alejandra.
“Hay una demanda muy grande de parte de los productores en el manejo de esta fruta y en encontrar el mejor estado de madurez de cosecha para prolongar su conservación. En esta zona se produce muy buena calidad de fruta con mucha materia seca y eso hace que pueda conservarse por mucho tiempo en frío. Y en países como Nueva Zelanda pagan por materia seca”, resaltó.
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]]>La entrada El kiwano llegó a la Argentina: Una fruta que no deja indiferente a nadie se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>También llamado pepino cornudo o melón africano, el kiwano es una verdadera rareza en el reino de las frutas que estamos acostumbrados a observar. Su sabor es raro de describir, pero varía entre ácido y dulce, y no deja de constituir un refresco veraniego ya que como buen melón está compuesto por agua casi en su totalidad.
El kiwano no tiene nada que ver con el kiwi. Proviene en sus orígenes del desierto de Kalahari, en África, y pertenece a la familia de las cucurbitáceas. Pero la similitud entre ambos nombres proviene de la marca comercial que le dieron los neozelandeses, quienes iniciaron en 1981 las primeras plantaciones y se convirtieron así en los principales productores de kiwano del mundo. En Argentina, y bajo la marca “La Bergerie”, Boulay es el único que compró esa licencia comercial por 10 años.
“Producir alimentos es para nosotros una gran alegría. En 2010 comenzamos a experimentar con el mamón, pero luego de tres años notamos que no nos daba resultados buenos. Allí buscamos otras alternativas, y por recomendación de un agrónomo del INTA, comenzamos a producir maracuyá en nuestras dos chacras, con la cual elaboramos también mermeladas, y sumamos la producción del kiwano, una fruta con la que trabajamos desde hace ya dos años y encontramos todas las condiciones en Misiones para desarrollarlo”, describió Boulay a Bichos de Campo.
Con respecto a la forma de trabajar en Misiones, Boulay señaló que “nos inspiramos en la forma de producir en Ecuador o Perú, y tuvimos la suerte de instalar riego por goteo al pie de las plantas”. No obstante, el productor advirtió que “es un mercado muy fluctuante, sobretodo el maracuyá, porque si vienen importaciones desde Brasil baja el precio de la fruta”.
Escuchá el reportaje completo a Frederic Boulay:
Al igual que el maracuyá, que les costó un año de trabajo pedagógico, adaptarse al kiwano también les llevó tiempo. Debieron diseñar estrategias de promoción para ubicarlo en el colectivo de la sociedad misionera sobre todo, y expandir sus mercados también más allá. “Es una fruta que venimos investigando mucho. Logramos conseguir semillas que pudimos comprar por Internet y durante dos cosechas multiplicamos esas semillas para alcanzar una escala interesante de venta, más que nada en verduleras, zonas francas y en el mercado concentrador de Posadas. Y también logramos venderlo en el Barrio Chino de Buenos Aires”, declaró Boulay.
Se trata de una planta trepadora, que se siembra cada 60 centímetros. Cada planta puede dar hasta 50 frutas y requiere de bastante agua. Lo que se debe evitar es que sufra estrés hídrico.
El kiwano, según Boulay, “no deja indiferente a nadie. Suscita mucha curiosidad porque es una fruta fantástica. Se parece mas a un erizo que a una fruta. Cuando está madura es naranja. Por dentro está más cerca del pepino, y tiene sabor a banana. Contiene buena dosis de magnesio, potasio, calcio, zinc, hierro y vitaminas. Sus semillas están lubricadas en Omega 6. Es una bomba de minerales”.
Ahora en el invierno, Boulay explicó que están probando cultivarlo en invernáculos. “Estamos en un baja de producción por ser invierno. Pero a partir de octubre se lo podrá encontrar” de nuevo en el mercado porteño.
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]]>La entrada Vos haceme caso y amarrocá manteca… se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>No suena muy fino para los grandes inversores decir: “Yo apuesto todo a la manteca”. Definitivamente no suena lindo.
Pero la manteca es uno de los productos que más ha subido de precio en los últimos meses a escala global. Y todo parece indicar que en 2018 mantendrá sus elevados precios actuales.
Este es el índice sobre precios de los alimentos que elabora la FAO. El renglón que mide la evolución de los productos lácteos en setiembre se ubicó en 224,2 puntos, un 2,1% por arriba del mes anterior y nada menos que 27,4% por encima del valor de hace un año. “El incremento de septiembre refleja la persistencia de las restricciones de la oferta en Australia, Nueva Zelandia y la Unión Europea, con un crecimiento en los Estados Unidos que sigue siendo tímido. La mantequilla y el queso siguen siendo los productos lácteos más demandados, especialmente en Asia”, explica el organismo internacional.
Por culpa de la manteca, entonces, los precios de los lácteos son los que más están subiendo en todo el planeta.
Sumamos un informe del OCLA (Observatorio de la Cadena Láctea Argentina) que habla de esta situación a partir de la traducción de un texto de Agrimoney.com. Lo que se dice allí es que “el escenario parece estar listo para una continuación de los precios elevados de la manteca, con los envíos de los dos principales exportadores que se espera que disminuyan el próximo año, producto del estancamiento en la producción”.
Es decir que la producción de manteca no se recuperaría y en consecuencia perdurarán el año próximo que las condiciones para los altos precios.
Nueva Zelanda, el exportador más grande de manteca y grasa láctea anhidra, tiene previsto aumentar en solo 2.000 toneladas sus exportaciones de ambos productos en 2018, a unas 519.000 toneladas, según la oficina del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (Usda).
La Unión Europea, el segundo gran proveedor internacional de manteca, volcaría al mercado 185.000 toneladas, sin aumentos, según la misma previsión del USDA.
La UE y Nueva Zelanda son responsables de más del 80% de las exportaciones mundiales de manteca. De allí lo obvio: “Las previsiones apuntan a la continuación de las condiciones del mercado que han llevado los precios del producto a niveles récord y también han impulsado los valores de otras grasas lácteas”.
Por eso, apueste todas sus fichas a la manteca. El informe del USDA, en definitiva, pronostica que “la producción de manteca de 2018 se mantendrá en el mismo nivel que en 2017, principalmente porque la mayor producción de leche cruda se destinará a la producción de queso”.
Esto sucede mientras “el mundo continúa siendo sobre abastecido con leche descremada en polvo y los precios internacionales languidecen en la parte inferior del ciclo de precios sin un final a la vista en el corto plazo”.
Este análisis de USDA coincide con una advertencia de Dairy Australia conocida la semana pasada. Decía que las enormes reservas de leche descremada en polvo de la UE “probablemente serán una fuente de inestabilidad en los mercados de productos lácteos en el futuro y una fuente de continua divergencia” entre los precios de la proteína y de la grasa. La manteca, está claro, es básicamente grasa.
“Mientras continúe la incertidumbre en torno a las existencias de intervención de la UE (de leche descremada en polvo), los precios de este producto se mantendrán bajos”, avisó este análisis.
Resumiendo: la leche en polvo descremada es abundante y los precios están en baja. Por eso habrá menos leche cruda destinada a esa producción y más irá a la de quesos y leche entera en polvo, que ofrecen mejores retornos. Este ajuste redundará en una menor producción de manteca, que es el producto obtenido del batido y amasado de la crema extraída de la leche.
Por eso, haceme caso y amarrocá en manteca. Vos podés hacer tu propia manteca en casa:
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