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La entrada A tapar los rollos: Técnicos del INTA afirman que proteger los fardos de alfalfa ayuda a conservar sus nutrientes se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La alfalfa es una pastura que aporta fibra, proteína bruta y energía metabolizable. Sin embargo, en la Argentina es conservada en la mayoría de los casos a la intemperie, ya sea por desconocimiento o por falta de espacios cubiertos, lo que ocasiona pérdidas importantes en kilos de materia seca por temporada.
“Una correcta confección del heno y almacenaje lograrían evitar esta problemática e incrementar la producción de carne y leche por hectárea. Una cobertura permite obtener la mayor cantidad de nutrientes vegetales al menor costo y con las menores pérdidas de heno en el proceso”, explicó Gastón Urrets Zavalía, especialista en recursos forrajeros en base a alfalfa del INTA Manfredi.

El especialista indicó además que una buena cosecha y almacenamiento impacta de forma directa en los costos de alimentación, ya que reduce los kilogramos necesarios de sumplementación con granos de maíz u otros.
Para llegar a esa conclusión se realizó una evaluación comparativa de almacenamiento a campo, entre marzo de 2019 y julio de 2020. El ensayo, que se extendió unos 17 meses, contó con tres tratamientos: uno implicó dejar rollos son cobertura, otro implicó utilizar una red geotextil –una manta no tejida compuesta por fibra de poliéster de uso industrial- solo en la parte superior, y el tercero consistió en envolver por completo el rollo y aislarlo incluso del piso.
De esta forma se evaluaron las prestaciones de la manta comparando con los distintos tratamientos, teniendo en cuenta la pérdida en kilogramos de materia seca (MS) por rollo y de nutrientes, en kilogramos de proteína bruta (PB) y mega calorías de energía metabolizable (Mcal EM) por rollo y por hectárea.

“Los tratamientos dos y tres obtuvieron mejores resultados con diferencias significativas respecto al primero, ya que lograron reducciones de pérdidas de materia seca del 37,8% y del 32,7% respectivamente,”, afirmó Urrets Zavalía.
Respecto a la pérdida de nutrientes, el tratamiento dos ofreció la disminución de un 43,7% y el tres de un 33,8 %. Al mismo tiempo, el caso dos permitió reducir las pérdidas de energía metabolizable en un 42,9% y el tres en un 36 %.
“Los resultados obtenidos en este ensayo inicial ofrecen mejoras con respecto al tradicional almacenamiento de rollos sin cobertura a la intemperie”, indicó el especialista.
Fotos. INTA
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]]>La entrada Una discusión saludable: El agro se puso a debatir sobre modelos alimenticios, en un país donde solo 11% de las personas comen como se debe se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Con eso en mente, el portal Expoagro Digital convocó a especialistas para discutir la forma en que los argentinos se alimentan y hacia donde apuntan las nuevas tendencias. El encuentro estuvo moderado por Fernando Vilella, Director del Programa de Bioeconomía de la UBA, quién había adelantado que “estamos en un contexto donde la nutrición en Argentina está muy desbalanceada.”
El primer exponente fue Sergio Britos, licenciado en Nutrición y profesor de la UBA y de la Universidad Nacional de Entre Ríos. Brindó en el comienzo una serie de datos para entender el contexto actual: un 16% de los niños menores de 17 años tiene inseguridad alimentaria severa; más de 25 millones de argentinos tienen sobrepeso y algún familiar con enfermedades crónicas producto de la dieta; sólo el 11% de la población tiene una calidad de dieta buena.

“Tenemos un problema importante en relación a micronutrientes en la dieta. Al menos en nuestro país tenemos un déficit muy importante de Vitamina A, C, D y calcio. Hay un bajo consumos en frutas, hortalizas, legumbres y lácteos, en un contexto en el cual en los últimos tres años los precios de los alimentos crecieron por encima de la inflación general”, señaló Britos.
¿Cuál es el camino a seguir? El licenciado consideró que sin una política y educación alimentaria definidas será difícil recomponer una dieta que se encuentra “en franco deterioro”. Sin embargo sostuvo que discusiones como las del etiquetado frontal de alimentos pueden ser una puerta de entrada para estructurar políticas públicas e impulsar nuevos modos de producción.
“Hay que aumentar el consumo de aquello que está en déficit y paralelamente disminuir aquello que consumimos en forma excesiva. Hay que hacer mucho más en materia de educación alimentaria”, concluyó.
El segundo disertante fue Agustín Belloso, co fundador y CEO de Tomorrow Food, una empresa dedicada a la producción de productos basados en proteínas vegetales.
“Creemos que en estos nuevos escenarios de la alimentación, este tipo de proteínas tendrán un rol importante porque ayudan a enfrentar dos desafíos que tenemos por delante: cómo producir más y mejores alimentos para una población sustentable en aumento -consumidores conscientes con mayor información- y cómo producir de cara al cambio climático”.
En este sentido explicó que las legumbres son útiles a la hora de buscar secuestrar carbono y destacó que existe una gran potencialidad en la innovación tecnológica con proteínas vegetales.
“Nos motiva el potencial que tiene la región. Lo que queremos lograr de acá a diez años es haber funcionado como catalizador para esos procesos. Nos encantaría ver que a partir del conocimiento que podemos ir generando se forme un cluster de proteínas vegetales, exportando algo más que granos y logrando dietas más variadas y complementadas”, afirmó.
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El último exponente fue José Lizzi, líder en Ganadería de CREA, que introdujo a este sector productivo dentro del debate. En primer lugar señaló que existe muchas veces una mayor preocupación por las dietas de los animales que por las dietas humanas, y consideró que los niveles de consumo de proteína vegetal se deben a una cuestión cultural.
“Consumimos 50 kilos de carne vacuna, 45 de pollo y 15 de cerdo. Estamos entre los países que más consume proteína animal. La ganadería es la actividad más federal del país. Hoy hay 220 mil establecimientos ganaderos y 205 mil productores, de los cuales el 80% son pequeños”, dijo.
Consideró que el eje de la crítica a la ganadería vacuna pasa por la sustentabilidad pero que se han incorporado cultivos de bacterias que permiten una degradación distinta del alimento, mitigando las emisiones de metano.
En cuanto a los nuevos consumidores sostuvo que las certificaciones y la trazabilidad se han corrido de su objetivo original, relacionado al aseguramiento de la sanidad e historia del producto, y que hoy buscan acercar al productor y al consumidor y dar mayor valor agregado.
“Creo que hay muchos márgenes de mejora que no se exploran porque hay restricciones de mercado y no hay necesidad. Las condiciones normalmente no se generan. Hoy es una realidad que hay regiones donde comer mal es más barato. Comemos carne porque es la más barata en góndola en el mundo”, afirmó Lizzi.
“Para que esto vaya en otra dirección, además de escucharnos y escuchar alternativas, hacen falta generar mínimos acuerdos que vayan en esa dirección, y que eso vaya acompañado de políticas puedan trascender, porque son la base de nuestra salud y economía”, agregó Lizzi.
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]]>La entrada Este año se habría superado por primera vez el uso de 5 millones de toneladas de fertilizantes se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>La buena noticia es que ahora, según el tradicional relevamiento que hace Fertilizar entre sus socios (las empresas del rubro, el INTA y otros), “los análisis preliminares sobre el mercado de fertilizantes durante el año 2020 indican un crecimiento algo superior al 7% respecto del año anterior, por lo cual el consumo de fertilizantes estaría superando los 5 millones de toneladas”.
La necesidad de mínima, según Grasso. No quiere decir que se repongan todos los nutrientes que se quitan del suelo con cada cosecha. Pero quiere decir que la agricultura argentina habría llegado a ese decoroso piso.
Andrés Grasso: “El consumo de fertilizante debería superar las 5 millones de toneladas como mínimo”
En este primer balance, habrá que esperar a marzo/abril para confirmar los datos duros, Fertilizar destacó “el esfuerzo de los productores por mantener las rotaciones con cultivos de gramíneas y mejorar el uso de la tecnología, tanto en dosis como en aspectos asociados al manejo”. En rigor, los cereales (maíz y trigo) siguen siendo los rubros que más empujan la demanda de estos fertilizantes inorgánicos.
“Celebramos que este crecimiento en el uso de la tecnología de fertilización se esté dando en un contexto de buenas prácticas agrícolas, donde la mejora en la reposición de nutrientes redundará en un manejo más equilibrado y disminuirá los impactos negativos que se generan cuando el suelo tiene que cubrir los requerimientos de las plantas a costa de su fertilidad natural”, señaló María Fernanda González Sanjuan, gerente ejecutiva de Fertilizar.
Esta grafico de la Bolsa de Rosario resume el consumo de fertilizantes:

Según esta especialista, se percibe que el productor ha comenzado a incorporar estrategias en el manejo de los nutrientes poniendo foco en el suelo como sistema.
“Relevamos un importante crecimiento en aplicaciones de reposición de fósforo al voleo, lo que permite mejorar la calidad de los ambientes de forma paulatina, aportando sustentabilidad a los agrosistemas”, puso como ejemplo.
Haber mantenido la participación de las gramíneas en la rotación es un buen síntoma, ya que “las gramíneas de alto rendimiento permiten fijar carbono del ambiente y cuidar la materia orgánica de nuestros suelos”, agregó González Sanjuan.
“La inversión del productor fue muy importante, ahora esperemos que el clima acompañe para obtener los resultados deseados”, concluyó.
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]]>La entrada Los “siete mitos” que demoran el salto de la fertilización en soja, según Jorge Bassi se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>En una jornada de trabajo, esta semana, esa entidad insistió con la idea a días del inicio de una nueva siembra. Pero reconoció que chocan contra una especie de barrera cultural. Si son ocho los monos, son siete los mitos que impiden una más rápida difusión de estos manejos entre los productores.
Jorge Bassi, presidente de la entidad, se ocupó especialmente de hablar de cada uno de esos siete mitos. Son ellos los que impiden, según calcula la entidad, que en soja los rendimientos se limiten un 15% por falta adecuada de una estrategia de nutrición. No es poca cosa. En una cosecha de 50 millones de toneladas, estamos hablando de por lo menos 7,5 millones que podrían añadirse como potencial
¿De qué se trata esos mitos? “Son conocimientos antiguos y que no permiten avanzar en un mejor tratamiento del cultivo”, dijo el presidente de la entidad,
El primero, “La soja no responde a la fertilización nitrogenada”. Esta premisa es verdadera, ya que “la disponibilidad de nitrógeno (N) en el suelo inhibe la actividad de los nódulos y es por esa razón que se desestima la incorporación de N a través de fertilizantes”. Sin embargo, Bassi apuntó que se trata de “una verdad relativa”, porque la nutrición nitrogenada del cultivo depende de la FBN (inoculación). “La soja requiere de N y es a través de la inoculación que debemos garantizar ese nutriente indispensable”.

El segundo mito es “La soja no responde a la fertilización fosfatada”. Esto es falso, porque “si falta fósforo en el suelo se limita el rendimiento”, dijo Bassi. Por el contrario, afirmó que “hay respuestas, bastante generalizadas ya, a la fertilización fosfatada superiores en algunos casos, al 20% en rendimientos”.
El tercer mito es “el Azufre (S) y los micronutrientes no son necesarios”. Esto también es falso, ya que “al igual que las gramíneas, la soja requiere de un balance de nutrientes y las evidencias actuales indican importantes respuestas a la fertilización con S, y a los micronutrientes Zinc (Zn) y al boro (B)”.
El cuarto mito es “No vale la pena fertilizar la soja con antecesor maíz”. Esto tampoco sería así. “La soja necesita un nivel de nutrientes para optimizar rindes. Sin dudas la rotación con maíz es saludable ya que permite balancear un nutriente como el carbono (C), pero claramente esto no es suficiente para maximizar el rendimiento en soja. Es fundamental cubrir los requerimientos de los nutrientes mencionados y es difícil lograrlo sin fertilizar la soja”. El presidente de Fertilizar enfatizó que “no es el antecesor, es el diagnóstico de suelo el que indica el nivel de nutriente a aplicar”.
El quinto mito es que “fertilizar soja en campo alquilado no tiene repago”. Falso también. “Se puede lograr un repago más que interesante en el mismo año de la fertilización”. El consejo es el mismo del caso anterior, tener un diagnóstico del lote y concretar una fertilización balanceada y con la suficiente disponibilidad de nutrientes.
El uso de fertilizantes volvió a crecer en 2019, sobre todo en azufre y fósforo
El anteúltimo y sexto mito es que “fertilizar con dosis bajas es más eficiente”. Según Bassi, “es el mito más desafiante que nos toca derribar porque el productor de Argentina se ha quedado en la aplicación de dosis bajas”. Hay una mala interpretación de la eficiencia, ya que analizamos la mitad del concepto “producimos más kilos de soja por unidad de nutriente”, pero nos olvidamos de analizar la otra mitad del concepto que es que “producimos pocos kilos de soja porque faltó más nutriente”. “Se debe comprender muy bien el concepto cuando hablamos de eficiencias ya que, hasta la sustentabilidad del sistema debe estar considerada dentro de la eficiencia”, dijo el especialista.
El último mito es que “la nutrición de soja limita la producción de soja en Argentina”. En este caso, Bassi afirmó que este mito es verdadero. “La limitante nutricional es hoy la más importante”, enfatizó. En ese sentido, la red de ensayos de Fertlizar en campo de productores muestra evidencia de limitaciones al rendimiento de un 15% en promedio.
Bassi describió que esta Red donde se comparan diferentes sistemas, el manejo que hace el productor promedio logra resultados más cercanos al testigo sin fertilizantes que a los que lograríamos con manejos adecuados de la fertilización. Sin embargo, alentó que “hay un paulatino aumento del área fertilizada de soja, y es un progreso que queremos destacar, aunque en dosis de ‘arrancador’”.
De una encuesta realizada recientemente por Fertilizar AC, entre 700 productores que hacen soja de primera en la región pampeana, surgió que fertilizaría el 74% de la superficie sembrada. En ese mismo relevamiento, el 12% de los productores manifestaron realizar una fertilización anticipada con dosis altas de fósforo y azufre.
“Son aquellos productores que innovan y apuntan a dosis de reposición, ajustando el momento de la aplicación. Esta es una estrategia que venimos difundiendo hace muchos años desde Fertilizar”, agregó Bassi.
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]]>La entrada Los padres de la agroecología: “Es una revolución de pensamiento, un movimiento superior al que fue la Revolución Verde”, afirma Santiago Sarandón se publicó primero en Bichos de Campo.
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Para Sarandón, la agroecología “es mucho más que una tecnología” que viene a reemplazar otra. “Es una revolución de pensamiento, y es un movimiento superior al que fue la Revolución Verde, por lo que implica”.
Aclara, de todos modos, que “estos paradigmas y cambios profundos en la manera de ver las cosas llevan su tiempo, porque implica deconstruirse y reconstruirse de otro modo. Es otra manera de percibir el conocimiento y lo que son los sistemas agropecuarios”.
Para el ingeniero agrónomo, la agroecología va ganando cada vez más fuerza “porque es cada vez más evidente que el modelo actual de agricultura está colapsando, y los problemas que se pueden enumerar son muy reconocidos: desgaste de los suelos, erosión, pérdida de nutrientes, contaminación, la dependencia cada vez más creciente por los plaguicidas y la resistencia em malezas. Todo esto no son más que síntomas de un modelo equivocado”.
Ante estos problemas es que aparece la agroecología con más fuerza. “La agroecología no es el problema, es la solución. Hay gente a la que parece molestarle su aparición, pero si ésta no existiera los problemas serían peores”.
Mirá la entrevista completa a Santiago Sarandón:
-Me imagino que a esa gente le molesta más el deconstruirse, y por eso su rechazo hacia la agroecología
-Como a todos, porque yo también soy ingeniero agrónomo recibido de la Universidad de La Plata, la facultad más antigua de la Argentina, y con estas nuevas lentes comprendemos que tuvimos una formación muy reduccionista, simplista y hasta inocente, en la idea de que los seres humanos podíamos dominar la naturaleza y construir los sistemas agropecuarios como si fueran una receta de cocina. Pero claro, luego nos dábamos cuenta de que quedaban los platos sucios, o lo que llamamos las externalidades. La mirada de una ciencia reduccionista, que no sólo está presente en las ciencias agropecuarias sino en otras disciplinas, comenzó a ser reconocida como insuficiente. Permitió ciertos avances o ciertas ilusiones de dominio, pero hoy vemos que no dominamos y que se nos escapan miles de cosas aplicando la ciencia. Es decir, este modelo que está colapsando no es producto de no haber hecho lo que la ciencia decía sino que es producto de haber seguido las instrucciones de la ciencia y eso nos obliga a reflexionar que es lo que está mal.
-Pero la ciencia aportó herramientas poderosas a todo este proceso…
-Claro, pero hoy tenemos resistencia de malezas que se volvieron imparables a los herbicidas, y no solo al glifosato. Están apareciendo cuatro biotipos por año, entonces este ritmo es imparable y los precios para controlar malezas en el campo aumentaron. Ahora, la aparición de malezas resistentes la generó la aplicación de tecnología de un modelo simplista que creía que con un herbicida para una planta transgénica que era la soja, durante muchos años, en grandes superficies iba a poder controlar y erradicar las malezas. Bueno, algo falló porque eso no ocurrió y el panorama empeoró. Si pensamos en los responsables, pareciera ser que son cosas que iban a pasar y que era producto de ciertos desajustes, pero para nosotros se trata de algo mucho más profundo.

-Sin embargo las empresas que propiciaron este modelo están buscándole la vuelta para solucionar estas contingencias con más ciencia. Nuevos transgénicos, aplicaciones selectivas, la agricultura digital, etcétera…
-La idea de que quieren solucionar es una percepción subjetiva. Nosotros no sabemos lo que quieren, sólo sabemos lo que ofrecen. Y la evidencia del problema es tan grande que empiezan a reconocer que hay un modelo que está mal, aunque sea indirectamente. El concepto de Buenas Prácticas Agropecuarias (BPA) indica automáticamente que las otras no lo eran. No somos ingenuos y sabemos que una buena aplicación de un producto es mejor que una mala aplicación. La duda es si es esa la solución. Asumimos este reconocimiento que hacen con las BPA para marcar que las otras no eran buenas.
Lo que estamos discutiendo es si la solución pasa por más dentro del mismo esquema, o directamente cambiar de esquema. Hay que ver si esta idea de aplicar más tecnología, eventos apilados, drones, satélites, apretando el acelerador estamos yendo al precipicio a más velocidad o si realmente estamos cambiando. No hay ninguna razón para entender que estos pequeños cambios dentro del mismo modelo puedan conducir a la solución, porque en nuestro análisis, la causa de los problemas es el modelo. Y como dijo Einstein, pretender solucionar los problemas con la misma estructura que los generó es una ilusión. Por eso hay que reflexionar porque estamos donde estamos y como es que se llegó a un modelo agropecuario tan deficiente.
-¿Entonces no resultan creíbles las soluciones ofrecidas por las empresas?
-Las empresas tienen un lucro como objetivo, y van a seguir ofreciendo una solución para seguir vendiendo. El tema es que hoy utilizan algo que nosotros construimos, que es el haber logrado que la palabra agroecología tenga un valor positivo. Si hoy alguien dice que esta comida es agroecológica, significa que para la mayoría es mejor. Hoy ese término está siendo apropiado por las empresas.
-Bueno, por lo menos lo están discutiendo.
-Antes lo discutían, ahora ya no pueden. Acá hubo tres etapas: primero la ignorancia, decían que no teníamos la entidad suficiente para discutir. Después el combate, a través del cual decían que esto no era cierto ni viable, ni científico. La tercera etapa es la cooptación. Por eso son tan importantes las universidades y centros de formación que puedan generar un pensamiento crítico, porque hay que comprender que cualquier tecnología tiene por detrás una idea subyacente, un modelo, y por eso hay que saber ubicarla a esa tecnología en el lugar que corresponde.
-¿Está en condiciones la agroecología de responder a una suerte de mandato mundial sobre la Argentina y el Mercosur? Según este mandato, la región parece estar condenada a ser proveedora de materia prima para el resto del mundo.
-Hay que entender que hay un modelo de flujo de alimentos en el mundo totalmente irracional e insostenible en el tiempo. Que sea rentable en lo económico no significa que sea viable. Y te pongo el ejemplo del modelo sojero en estos países. Ven a la soja como un cultivo de grandes extensiones, que rinde miles de kilos, y cuyo grano se exporta en barcos para servir como alimento a animales en otros países lejanos. Ahora, este es un modelo totalmente irracional, porque vacía completamente el suelo; cada vez que salen 4 mil kilos de soja, se van con ella kilos de fósforo, potasio, magnesio, azufre, etcétera. Y esto lo hacemos desde hace años.
Esta generación se comió los suelos. Pero además de eso, el transporte es muy caro, porque van muchos kilos y llegan a su destino, por ejemplo a China, para darle de comer a los cerdos, generando un problema de acumulación de residuos allá y de vaciamiento acá. Que traiga divisas no significa que conceptualmente sea una buena idea. Es una idea pésima. Por eso hay que, cambiarlo. Va a llevar tiempo, pero es un modelo insostenible físicamente, e intelectualmente no hay manera de probar que sea un buen modelo. Nadie lo ha hecho. A su vez, se tiende a pensar que el modelo agroecológico no podría producir excedentes para exportar, pero no es así. Se podría exportar y obtener las divisas que el país precise.
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]]>La entrada Las razones de tanto nervio: La Argentina gasta más de 1.000 millones de dólares en importar fertilizantes se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“En el año 2019 se importaron 3,2 millones de toneladas de fertilizantes de distintos tipos, lo que representa casi un 68% de la utilización total. En total, las importaciones de fertilizantes demandaron divisas por 1.050 millones de dólares”, determinó un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario sobre este tipo de insumos. Si esas importaciones se realizan a valor oficial, representarían un costo de 70 mil millones de pesos para los productores. Pero a dólar paralelo, esa cuenta se iría a 110 mil o 120 mil millones de pesos.
De allí tanto nervio por lo que suceda con el acceso al dólar oficial y la brecha cambiaria. Hay mucha plata en juego, en especial en el rubro fertilizantes. Y es que la Argentina depende fuertemente del mercado internacional. Del récord de consumo de fertilizantes que se logró el año pasado y que fue otro elemento clave para lograr una elevada cosecha en la campaña 2019/20, casi 7 de cada 10 kilos llegaron desde el exterior. Se usaron 4,6 millones de toneladas y se importaron 3,2 millones, exactamente el 68%.

En todos los rubros de le fertilización la Argentina muestra déficits. De acuerdo al cuadro precio elaborado por la asociación civil Fertilizar, la necesidad de importar se registra incluso en el renglón de los fertilizantes Nitrogenados, a pesar de que el país tiene una gran plante de Úrea. Se usaron 2,6 millones de toneladas de los cuales la mayoría fue importada, ya que Profertil aportó solo 1,2 millones.
En otros nutrientes el déficit es mucho mayor. Entre los fertilizantes fosforados también se importaron 1,2 millones de toneladas, la mayor parte de un consumo de 1,7 millones.
Solo entre los fertilizantes azufrados la oferta local de 123 mil toneladas superó a las importaciones, que fueron de 82 mil toneladas el año pasado. En el rubro Potásicos, casi toda la provisión llega desde el exterior.
Y todos estos númerros deberían crecer, porque en materia de reposición de nutrientes extraidos a los suelos, los niveles de fertilización siguen siendo deficitarios.

“En las últimas tres décadas, el consumo de fertilizantes se incrementó más de 10 veces, pasando de 300 mil toneladas en el año 1990 a 4,6 millones toneladas en el año 2019, según información de la “Cámara de la Industria Argentina de Fertilizantes y Agroquímicos (CIAFA)”. Este destacado del informe de la BCR debe consignar que han crecido mucho los gastos en importar ese tipo de insumos, porque no ha crecido en la misma proporción la oferta nacional de fertilizantes.
Dice el análisis firmado por Emilce Terré y Javier Treboux, analistas de la BCR, que a grandes rasgos “en nuestro país aproximadamente el 65% del fertilizante utilizado por la actividad proviene de la importación y el 35% corresponde a la industria nacional”. Aclara que “sin embargo, el crecimiento del uso de productos de fabricación nacional en los últimos años ha sido notable. Así, mientras que el consumo de fertilizantes de producción doméstica se ha incrementado en un 650% desde el 2000 hasta la fecha, el consumo de fertilizantes importados aumentó un 90%”.

En el período 2010-2019, las importaciones de fertilizante han crecido en un 34%, con el gasto en términos de valor incrementándose en casi un 12% en la década. “A pesar del importante progreso en la producción nacional de fertilizantes, queda a la vista lo dependiente del mercado externo que resulta este sector fundamental en la actividad”, describen los analistas rosarinos.
De allí tanto nerviosismos ante la pretensión del BCRA d limitar el acceso al dólar oficial de todas las empresas importadoras. A la Argentina, de cara a la campaña 2020/21, le queda mucho fertilizante por importar para repetir las marcas de consumo del año anterior.
En rigor, en el primer cuatrimestre de 2020, según datos de INDEC citados por este informe, se importaron solamente 700.000 toneladas de fertilizantes de distintos tipos, contra los 3,2 millones de todo 2019. “En valor, estas importaciones significaron una erogación de unos 192 millones de dólares”, se marcó. En una cuenta rápida, faltaría importar por 800 millones de dólares.
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]]>La entrada La mirada de Martín Díaz Zorita: Todo está en fila, menos la macroeconomía, para que crezca bien la fertilización en trigo se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Las condiciones iniciales para la campaña son buenas, hay agua en el perfil del suelo, hay precios razonables a cosecha y la relación insumo-producto también es favorable. Es un buen momento para fertilizar y cuidar los nutrientes del suelo. Por este tema consultamos a Martín Díaz Zorita, asesor en la asociación civil Fertilizar y especialista en nutrición de cultivos.
“La dosis de fertilización se define en tres pilares. El primero está asociado al lugar, al análisis del suelo y a saber cuándo nutriente hay disponible. El segundo es la expectativa de rinde, cual es la producción alcanzable. En este caso mi consejo es que el que trabaja en trigo no piense en un resultado promedio sino en mejorar el rinde, porque las condiciones son buenas en el inicio de la campaña. Hay que saber a qué se apunta. Y el tercer pilar, no el primero, es la relación insumo producto”, explicó Díaz Zorita.
Escuchá la entrevista completa con Martín Díaz Zorita:
El especialista dijo que “casi toda el área con capacidad de producir trigo está en condiciones agronómicas como pocas veces las tuvo en cuanto a oferta de agua y liberación de lotes por barbechos. Son condiciones por encima del promedio histórico”.
Luego indicó que también es buena la relación insumo producto: “Está en una condición favorable, por debajo del promedio histórico, y eso hace muy atractivo la reposición de nutrientes como visión de largo plazo”.
Diaz Zorita explicó la respuesta del cultivo a la buena nutrición. “Nuestras mediciones de la red de estudios con INTA y universidades, la que llevamos adelante durante más de 6 años, nos dan que se obtiene 14% más de rinde en soja de segunda cuando el manejo de trigo no está limitado en nutrientes. Esto más allá de la mejora en la nutrición del trigo. Pero además el 30% del rinde está en manos de la estrategia de fertilización”, aclaró.
El especialista añadió que los fertilizantes tienen precios bajos y que la inversión se repaga con más cosecha. “Con el valor de 16 kilos de trigo hoy se compra 1 kilo de fósforo. Por cada kilo de fosforo que se utiliza se cosechan 60 kilos de trigo. La relación es super favorable. Para pagar un kilo de nitrógeno se necesitan 7 u 8 de trigo y se obtienen a cambio por los menos 12 kilos”.

De todos modos insistió en que el rinde lo define el lote. Por eso consideró primordial hacer análisis del suelo para conocer con qué base ya se cuenta, antes de definir a las locas una estrategia de fertilización.
Aunque las condiciones están dadas para que haya una muy buena campaña de trigo, eso no significa que el productor vaya a incrementar la inversión correspondiente en la reposición de nutrientes.
En tal sentido Díaz Zorita consideró: “Hay expectativas de siembra sí, pero la expectativa de incorporación de tecnología es moderada. Solo (será mayor) en ambientes o condiciones muy seguras de mejora de rendimiento, suelos con napas, perfiles cargados y buenos resultados de la gruesa. En el resto del país vemos con más frecuencia muy buen manejo que acompaña buenos rindes pero sin mayores expectativas que las del año pasado. No vemos con tanta intención la reposición de nutrientes”.
Esto se debe a la incertidumbre que “en parte tiene que ver con la situación macroeconómica y en parte en el foco. Cuando tenemos que andar con en la producción y en que el cultivo no me lleve puesta decisiones del otros cultivos. Hay un foco muy fuerte en cómo manejar los recursos que van a la empresa. El foco se fija entonces en el ´paso a paso´, en que es lo que se requiere para hacer lo mejor posible para que, cuando esté la cosecha, se vuelva a pensar en lo que se necesita”.
“No hay una visión de mediano y largo plazo”, se lamentó Diaz Zorita.
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]]>La entrada El uso de fertilizantes volvió a crecer en 2019, sobre todo en azufre y fósforo se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>“Una vez más la siembra de gramíneas fue el principal motor de este mercado. Tanto el trigo como el maíz, y el maíz tardío inclusive, han mejorado en el manejo de la tecnología y este es un aspecto muy positivo para la productividad y la sustentabilidad de los sistemas”, señaló Jorge Bassi, presidente de la asociación.
Los fertilizantes de mayor uso, los nitrogenados, crecieron también 8%, menos que los aportes de Azufre y Fósforo. Al respecto, Bassi explicó: “En los años anteriores se había corregido en forma muy importante el uso de nitrogenados, pero esta campaña el productor comenzó a dar más importancia a la fertilización de fósforo y azufre, tanto en gramíneas como en soja. Es impensado concebir la producción agropecuaria si las plantas no cuentan con cantidades suficientes de estos nutrientes, por eso celebramos la mejora en la utilización de la tecnología, que nos conduce hacia un camino de productividad y sustentabilidad”, reforzó el directivo.

En definitiva, el volumen de fertilizantes nitrogenados utilizados en el total de la producción argentina fue de 2,6 millones de toneladas. Le siguen los fertilizantes fosfatados con 1,7 millones de toneladas, los azufrados con 0,20 millones, y luego se encuentran los fertilizantes potásicos, con 0,07 millones.
Desde la entidad reafirmaron la tendencia a un incremento de la reposición de nutrientes en cultivos de trigo y maíz pero también advirtieron sobre una creciente fertilización del cultivo de soja. “Se está despertando la fertilización en soja, con productores líderes que hoy la fertilizan con dosis mayores a los 100 kg/ha. Pero aún tenemos mucho por mejorar en este aspecto”, destacaron.
Del total de toneladas consumidas en 2019, aproximadamente un 66% corresponde a productos importados y los principales países de origen son: Estados Unidos, China, Rusia, Marruecos y Egipto.
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]]>La entrada Una compañía de EE.UU. llega a la Argentina con algo novedoso: encapsula el fertilizante para que resulte más eficaz se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Verdesian, que de esa compañía se trata, además lanzará en el mercado local otro bioinsumo, una molécula llamada “Take Off”, que aplicada sobre las semillas de soja junto con el inoculante tradicional actúa acelerando el proceso de absorción del Nitrógeno. En una segunda instancia, este producto también promete venir para ser aplicado sobre las plantas durante una aplicación normal.

Sergio Melloni, uno de los dos ex Monsanto Argentina -junto a Pablo Guistetti- que convencieron a los capos de Verdesian de fijarse también en el mercado latinoamericano (han dado pasos para ingresar además en Brasil y Paraguay), explicó: “Las tecnologías patentadas que tenemos por un lado disminuyen las pérdidas de nutrientes que ya hoy aplica el productor y, por otro, ayudan a las plantas a aprovecharlos mejor”.
“Nuestro mayor desafío sigue siendo ofrecer soluciones que maximicen rentabilidad pero que también mejoren la sustentabilidad del sistema, la nutrición de cada planta y brinden un futuro más sustentable y rentable para los productores”, añadió.
Verdesian viene trabajando secretamente desde hace un año en varios ensayos validados por técnicos independientes. Los resultados dicen que su producto PresideCL (la molécula que se inocula y mejora el aprovechamiento de la Úrea) permitió mejorar un 6% los rindes de la soja, unos 250 kilos por hectárea. La inversión en este tipo de tecnologías se estima entre 4 y 6 dólares por hectárea.

En los encapsuladores de Nitrógeno y de Fósforo, llamados respectivamente Nue-Charge G y AvailT5, la mejoría de rendimientos en maíz fue de casi 10% en el primer caso y de casi 4% en el segundo. Por supuesto que todo depende de la cantidad de nutrientes que agregue cada productor a su lote.
En Estados Unidos, país del que proviene Verdesian, suele haber problema con excesos de fertilización, que terminan contaminando napas y ríos. Aquí, donde hay un problema de subnutrición, los expertos recomiendan este tipo de soluciones para incrementar los rendimientos manteniendo las dosis de fertilización actuales, pues su sentido es justamente hacer más eficiente su aprovechamiento.
Según contó Melloni, en el caso de la Úrea se puede llegar a perder hasta 50% de la dosis. El producto pare este caso, el llamado Nue-Charge, se aplica sobre el fertilizante granulado y “genera un imán que captura cationes”, que al contacto con el ambiente evitan una rápida transformación del Nitrógeno en, por ejemplo, amoníaco. “Es decir que deja más Nitrógeno sobre la planta y eso significa más rinde”, enfatizó el técnico.
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El otro caso actúa de modo semejante. El Avail T5 es otro polímero “cargado en forma negativa” que encapsula la aplicación de Fósforo cuando este es aplicado y deja un 30 o 40% más del nutriente a disposición del cultivo.
Verdesian, en su país de origen, es tiene más de 20 años de experiencia y lleva invertidos unos 2.000 millones de dólares. En el caso de la Argentina, su plan estratégico y de expansión está planteado a 5 años, con una inversión inicial del orden de los 3 millones de dólares.
Su estrategia, en un principio, será ofrecer su servicios de tratamiento de semillas y de fertilizantes a través de una pequeña red de distribuidores muy bien seleccionados.
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]]>El nutriente que hoy presenta mayor limitación en el país es, según Díaz Zorita, el nitrógeno. “Hoy no podemos pensar en hacer maíz o trigo sin un fuerte suplemento nitrogenado, y eso implica un buen asesoramiento para saber cómo ajustar la estrategia, dosis, fuente y momento de aplicación, de modo que impacte de modo positivo en el sistema productivo y sea rentable”.
Escuchá el reportaje completo realizado a Martín Diaz Zorita:
El coordinador técnico de Fertilizar agregó que “la información relevada por el Inta (Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria), por estudios de mapas de suelos y por informes de universidades y laboratorios es que el 90% de los lotes en los cuales producimos cualquier cultivo, está limitado en fósforo y en azufre. En este último aspecto, hay que tener en cuenta que un manejo balanceado con nitrógeno mejoraría la eficiencia al agregarle azufre”.
“También se observan deficiencias de zinc, que es un micronutriente crítico para producir maíz y soja. Lo mismo ocurre con el potasio, sobre el cual también se observa déficit”, indicó el experto.
Para el especialista, “dentro de 7 a 10 años hablaremos más seguido de estos aspectos para evaluar cómo reforzarlos. En este punto, los análisis de suelos nos ayudarán a definir no solo las dosis a aplicar, sino que también nos indicará en qué lote debemos reforzar o ahorrar aplicaciones para ser mas eficientes a nivel de sistema”
-¿Es tacaño el productor y repone poco?- le preguntamos a Díaz Zorita.
-La reposición es una consecuencia acerca de cómo interpretamos las variables. Hoy la foto de Argentina nos muestra que extraemos de un socio que es el suelo, el cual se está cansando y nos está pidiendo un poco más de ayuda. Pero no es que el productor sea tacaño, ya que es eficiente, le dio sustentabilidad a los sistemas, incorporó las prácticas como la siembra directa en el momento justo, no sólo para conservar el suelo, sino para ser eficiente en el uso del agua y hacer una agricultura de alta producción- respondió.
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