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La entrada ¿Es cierto que los mejores limones se van para el exterior? Julio Nieva nos muestra el cuidadoso trabajo de selección dentro de un empaque tucumano se publicó primero en Bichos de Campo.
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Julio Nieva, que es ingeniero agrónomo y se encarga del área de empaque de limones en fresco que tiene la empresa Nynagro en cercanías de San Miguel de Tucumán, guio a Bichos de Campo por el proceso industrial para vender el limón en fresco, que es el mercado minoritario de esa fruta cítrica. Tucumán, que es una de las grandes zonas productivas a nivel mundial, cosecha 1,4 millones de toneladas anuales de limón. Los de mejor calidad visual se destinan a este tipo de plantas de empaque, pero 1 millón de toneladas va a la industria juguera. De las 400 mil toneladas restantes unas 250 mil se venden al exterior, y 150 mil toneladas alcanzan y sobran (salvo años de mala cosecha, como el 2020) para atender el consumo interno.
La empresa Nynagro, ubicada en la zona de Los Nogales, tiene fincas distribuidas en la provincia en donde se esfuerzan por hacer el limón de mejor calidad, pensando ene el mercado de exportación, que lógicamente es el que mejor reditúa. Por eso su planta de empaque está muy enfocada a la selección de la mejor fruta. Los limones llegan en enormes bines recién cosechados desde las fincas y lo primero que se hace es una “preselección”, en donde se separan el limón que irá a la industria del limón para fresco.
¿Qué distingue a uno de otro limón? “Si bien internamente ambos limones son iguales, los separamos por características externas, ya sea por color, por algún defecto o forma. Nunca van a ver un limón deforme a exportación; ese limón se manda a industria”, comentó Nieva. A las características de color y calibre, se suman las llamadas enfermedades cuarentenarias, tales como cancro y mancha negra, y que también son motivo de separación. “Los limones que presenten signos de esas enfermedades directamente van a industria”, agregó.
Luego de esa primeras selección sigue el proceso de clasificación y embalado, donde a grandes rasgos se separa lo que es limón para mercado interno del que va a exportación.
Mirá la entrevista completa a Julio Nieva:
Cuando comienza la cosecha hacia marzo y abril, la primera selección que hacen en Nynagro y otros empaques tucumanos es por colores. “Separamos los limones en cuatro colores: amarillo que pasa directo a proceso, pinto que espera unos días, pinto oscuro que se coloca durante 2 o 3 días en cámaras (hasta que madure) y luego el verde oscuro que es aquel que está 4 o 5 días en cámaras con Etileno, cierta humedad y ventilación, de modo tal que acelere el proceso de maduración”, describió el agrónomo.
Los limones ingresan de las fincas a la planta -que es de tamaño mediano comparada con otras que existen en la provincia- en bins de 400 kilos cada uno y el proceso es de cerca de 30 bins por hora. “El proceso está mecanizado, tenemos una maquina con un programa mediante el cual le indicamos qué es lo que queremos que seleccione”, declaró el agrónomo. Sin embargo, se contratan muchas mujeres trabajando en la planta de empaque porque, según Nieva, “tienen el ojo mucho más fino, con lo cual ellas hacen un repaso de lo que hace la maquina y realizan correcciones si son necesarias”.
Al principio del proceso se observan dos grandes piletones. “En el primero se vuelca al fruta en agua con hipoclorito para hacer una desinfección de la fruta que llega del campo. Y en el segundo piletón se agrega bicarbonato, que sirve para curar las heridas, de modo tal que no ingresen patógenos y así evitar pudriciones que puedan aparecer en el empaque o en destino”, precisó.
Con respecto al uso de productos químicos, el encargado del empaque de Nynagro resaltó que “nos redujeron el espectro de productos a utilizar de modo que sólo aplicamos un fungicida durante el proceso para darle durabilidad a la fruta que llega a Europa”. Otro de los productos que asegura la durabilidad del limón es la cera, un producto que le da a la fruta ese brillo característico y que, a su vez, evita la deshidratación de la fruta que es el principal factor de deterioro, más allá de las enfermedades.

Del total de fruta que llega a la planta de Nynagro, la mitad se va para industria y la fruta que pasó la primera prueba, debe atravesar una segunda selección más fina. “Acá ya separamos mercado interno de lo que es exportación”, manifestó, pero aclaró que “no es mala la fruta que va a mercado interno. Lo malo de la fruta ya se fue a industria”.
Acerca de los requerimientos europeos, Nieva especificó que de acuerdo al tipo de cliente, por lo general les piden por color, por tamaño, por presentación (ellos tienen cajas de 6, de 15 y de 18 kilos) y por calidad.
Pero siempre se trata del mismo limón, el que se exporta y el que queda para el mercado doméstico. “Sólo cambia lo estético, pero el sabor es el mismo. Lo que hacemos es hilar más fino porque los europeos piden entre el 70% y 80% de calidad, pero en realidad la fruta que comemos acá tiene la misma calidad de aquella que va a exportación”, indicó el especialista.
La trazabilidad es un proceso presente en todo el proceso, desde la finca y hasta la planta de empaque. Opera con la llamada Unidad Productora (UP). “Cada finca o establecimiento tiene su UP designada. Los bins de 400 kilos ingresan a nuestra planta con un sticker que indica la UP señalando de qué finca es. Cuando exportamos los europeos pueden ver en el código de la caja, un código que les permitirá saber de qué establecimiento y lote es ese limón que compraron”, remarcó.
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]]>En el caso de Nynagro, una empresa limonera que días atrás nos mostró el proceso de cosecha en su finca de Los Nogales, en el departamento de Tafí Viejo de Tucumán, lo que se montó es una planta fotovoltaica en 2018, que genera una potencia de 40 Kilowatts (Kw) y que cuenta con tecnología tracker (cada ocho minutos, los paneles se mueven para captar mejor los rayos del sol).
El pequeño parque solar produce unos 56.000 Kw al año, lo que les permite autogenerar gran parte de la electricidad que consumen sus bombas de riego y así producir energías limpias que colaborar a la reducción de las emisiones de Gases de Efecto Invernadero (GEI). La planta, dependiendo de la época del año, produce más energía de la que la empresa necesita, así que está conectada con la red nacional. Pero lamentablemente la legislación, a nivel país y también en Tucumán, no es lo suficientemente clara como para premiar este tipo de emprendimientos pagando por la energía lo que realmente vale.
La empresa de la familia Maranzana empezó el proyecto hace cinco años con la idea de colaborar con el ambiente en tiempos en que Argentina discutía que debía tener, al menos, la generación de energías renovables para cubrir 20% de la demanda total.
“La idea era colaborar con el tema ambiental pero al mismo tiempo queríamos reunir varias certificaciones que son requeridas por el mercado europeo donde exportamos nuestros limones”, declaró el gerente de Nynagro, Federico Maranzana, a Bichos de Campo.
Mirá la entrevista completa a Federico Maranzana sobre:
La empresa quiso responder a la demanda que existe por innovar en materia energética pero al mismo tiempo buscó cumplir con la exigencia del mercado internacional de producir bajo un marco de energías limpias o sustentables. “Somos la única empresa agropecuaria con el tipo de certificación ISO 50001 y eso nos sirve porque muchos clientes que tenemos en Europa son muy conscientes del beneficio que genera esto, con lo cual nos sirve comercialmente”, remarcó. Avisó además que ene l Viejo Continente “ya hay algunos clientes que directamente no te reciben la mercadería si no contás con algunas de estas certificaciones”.
La planta fotovoltaica instalada en la finca de Los Nogales dispone de 320 paneles solares que alimentan a una bomba que tira 75 mil litros por hora y que riega unas 76 hectáreas. Como particularidad, Maranzana comentó que “los paneles se mueven cada 8 minutos aproximadamente, copiando la dirección del sol, lo que nos permite cosechar un 40% más de energía que si tuviésemos paneles fijos”.
La empresa, que suele utilizar el riego a partir de mayo y hasta noviembre o diciembre, tenía un gran consumo de energía debido a las bombas de riego, por lo cual querían aprovechar la generación de energía limpia teniendo en cuenta, tal como declaró Maranzana, que el área donde se encuentra la planta fotovoltaica “es una zona bendecida por el sol”. El empresario aclaró que no dejaron de prescindir de la energía convencional que les llega desde la red. “La distribuidora nos inyecta su energía y paralelamente nosotros inyectamos energía solar a la red pública”, manifestó.
“No acumulamos la energía por un tema de costos, porque para hacerlo se necesita de muchas baterías, lo que conlleva un costo muy alto”, agregó.

Acerca de la ley 27.424 de Generación Distribuida de Energías Renovables, una iniciativa del gobierno nacional que establece el marco regulatorio para que los usuarios de la red de distribución generen energía eléctrica de origen renovable para su autoconsumo, con eventual inyección de excedentes a la red, Maranzana explicó que cada provincia adhirió con algunas modificaciones pero que “Tucumán viene algo atrasado en eso. Confiamos en que algún día estemos a la altura y recibamos incentivos a quienes invertimos en este tipo de proyectos”.
Como novedad, Maranzana dijo que la empresa Nynagro ahora también comenzó a medir su huella de carbono con el objetivo de reducirla o llevarla a 0. “Hay clientes como supermercados europeos que ya empiezan a hacerlo como algo habitual, esto de que cada productor que le vende sus productos ya tenga ese tipo de mediciones. Nos apasiona mejorar la calidad y colaborar con el ambiente”, resumió.
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]]>La entrada Federico Maranzana, de la empresa Nynagro, nos introduce en la cosecha del limón, que es clave para Tucumán por la alta demanda de mano de obra se publicó primero en Bichos de Campo.
]]>Entre muchachos que iban y venían cargando bolsones con limones que descargaban en los pallets que luego serían llevados hacia una planta de empaque que tiene la empresa en la misma zona, Federico nos explicó que si se piensa producir para el mercado en fresco un buen rendimiento a lograr debe rondar entre 45% y 50% de las frutas de cada árbol, dejando el resto para la industria. Para eso hay que extremar los cuidados y seleccionar la fruta en el momento preciso.
“Es todo cuestión de oferta y demanda, pero nuestro mayor interés es sacar la fruta fresca porque tiene mayor valor que si la entregáramos a la industria”, dijo Maranzana. Del 1,4 millones de toneladas de limones que se cosechan en Tucumán, solo 250 mil toneladas van como fruta fresca a la exportación y otras 150 mil toneladas se destinan al mercado local. El resto, casi 1 millón de toneladas, lo absorbe la industria.
Mirá la entrevista completa a Federico Maranzana:
Aproximadamente en una hectárea de plantas de limón se producen de 50 a 75 toneladas del cítrico, siempre dependiendo del tipo de plantación. En esos casos, el objetivo de Nynagro es que poco más de 35 toneladas por hectárea se destinen al mercado en fresco.
La cosecha del limón arranca a fines de febrero en la zona sur tucumana, donde suele haber mayor índice de lluvias, mientras que en otra zona ubicada más hacia el oeste de la capital provincial, la recolección empieza hacia fines de abril o principios de mayo y se extiende hasta fines de julio o agosto. “Hay varios cortes, pero el primero siempre es el que suele tener más cantidad y calidad de fruta”, aseguró el empresario.
Un aspecto característico del limón es que su cosecha es manual. “El cosechero tiene un aro de entre 60 y 64 milímetros y eso es lo que le dará la pauta acerca de cuál es el limón que debe cortar. Entonces el limón más chico queda en la planta y el otro se corta con tijera y va a su maleta”, describió. En sucesivas pasadas irán recolectando la fruta que va quedando, aunque cuanto más tiempo pasa peor es su calidad.
En cuanto al tratamiento de las plantas, Maranzana indicó que realizan una serie de cuidados agronómicos y culturales. “Se hacen aplicaciones de fungicidas e insecticidas desde el mes de septiembre hasta febrero o marzo. Obviamente, una finca preparada para exportación requiere de muchas más aplicaciones que una fruta preparada sólo para fábrica”, señaló.
Federico es uno de los cuatro hijos socios junto a su padre Nino. Una vez armada la sociedad con el nombre de Nynagro en el 2000, fueron agrandando la producción de a poco, hasta llegar a tener las 200 hectáreas actuales. La firma tiene tres fincas donde produce limones: Norma, Nino y La Soñada, pero además tiene campos en el sur tucumano, en localidad de Taco Ralo, donde produce granos -entre ellos la chía- y crían ganado, totalizando más de 4000 hectáreas.
La cosecha de la fruta es bastante particular, porque a diferencia de otras actividades zafreras que son estivales, el limón convoca mucha demanda de mano de obra en los meses de otoño e invierno. Los cosecharos, además, suelen comenzar a trabajar a mediodía y hasta las cinco de la tarde, cuando comienza a caer el sol. Usualmente las empresas contratan cuadrillas y tercerizan esa labor. Muchos de esos trabajadores continúan luego con la temporada de la frutilla o el arándano. Y ya entrada la primavera viajan a otras provincias, como Mendoza o Río Negro, para continuar trabajando en la cosecha de otras frutas.
El personal permanente de las fincas se ocupa, entre otras cosas, de la implantación de nuevas parcelas. La vida productiva de un limonero llega a los 25 años. En Nynagro intentan renovar el 5 al 10% de la superficie todas las temporadas.

“Cuando pones una planta de estas vos sabés que tenés que estar 30 años invirtiendo”, nos dijo Federico, que solo pide de los gobiernos mayor apoyo crediticio y obras de infraestructura que alivien los altos costos de exportación. Es lo que falta. Celebra en cambio que se hayan abierto muchos mercados.
-El limón es importantísimo para Tucumán en términos laborales y económicos. ¿Vos, como empresario, te sentís importante?
-Toda persona que pueda generar una trabajo suma. La actividad del limón es muy importante para Tucumán justamente por la demanda de mano de obra que genera. La cosecha es manual, así que cuando hay algún problema de mercados (como por ejemplo el año pasado, cuando la Unión Europea cerró las importaciones) se siente a nivel social. Los mercados hay que abrirlos y después hay que cuidarlos.
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